EL COMIENZO DEL FIN
“¿Morir?
No, hoy no lo tengo planeado. Tal vez dentro de muchos años, cuando sea un
ancianito adorable rodeado por sus hijos y nietos, pero hoy no." FLADNAG ADAM,
archimago tolariano
LASS, 25 de julio del año 3287 después de la Gran Guerra
Lo que hace unas horas era Lass ha dejado de existir. Llameantes escombros y gran cantidad de cadáveres, sobretodo de mujeres, yacen en el suelo. Aunque mucha gente ha conseguido huir, la masacre ha sido realmente grotesca. Los demonios alados no han tenido compasión alguna y todos han fallecido a merced de estos monstruos.
Una enorme figura se pasea entre los escombros y cadáveres. Los demonios se
inclinan ante él. NAAGRUM ARGOH está satisfecho por el trabajo.
- Aunque esas mujeres ha luchado con valentía - comenta el Señor Demonio -, al
final hemos demostrado nuestra superioridad ante estos mortales.
Mientras observa las consecuencias de la lucha, DREADLIN se acerca junto a
URDUS a la zona donde está ARGOH. El archidruida sonríe satisfecho.
- No ha sido nada complicado - comenta DREADLIN -. Es una lástima que al final
nos retrasáramos mientras esperábamos recuperar los efectivos que se
desperdigaron por el Bosque Oscuro en busca de esos bastardos. Pero al menos
este trabajo bien hecho nos ha satisfecho gratamente.
- Así es - afirma ARGOH. Se queda mirando todo lo que hay a su alrededor -.
Dime, ¿es cierto que vendrán por aquí esos orcos? Sabes que mi premonición aún
no la tengo sin mi parte astral y sólo puedo fiarme de la tuya...
- Vendrán, padre, vendrán - contesta DREADLIN, tranquilo -. Y tienen una
agradable sorpresa...
Unas tres horas más tarde, con el sol en todo lo alto, aparece a lo lejos un
grupo de unos once orcos. Todos son guerreros, excepto uno, que es un chamán,
quien guía a los suyos con su bastón de pedernal al frente. Entre ellos,
destaca una figura humana.
Es una mujer. De pelo corto y oscuro y tez fina y pálida, muestra una gran
belleza. Sus ropas son oscuras y a la espalda lleva una espada, tal vez élfica.
En su brazo derecho se deja ver una H estilizada.
DREADLIN ríe y se acerca al grupo que acaba de llegar.
- Bienvenida seáis, LADY HERUWATH - dice el archidruida -. Parece que traéis la
Ira, ¿no es así?
- Saludos, LORD DREADLIN - contesta HERUWATH -. No os esperaba encontrar tan
pronto por aquí. Y sí, traigo la Ira Sangrienta - y mientras lo dice, saca la
espada. La luz del sol se refleja en ella y los orcos, incluyendo el chamán, se
echan hacia atrás, aterrorizados -. Serëk Rûth la llaman los elfos en
su lengua. Es la pieza clave del rompecabezas, lo que le faltaba a mi padre
para completar la resurrección... y os la ofrezco a vos, mi Señor - y se
inclina ante ARGOH, tendiéndole la espada.
ARGOH está más que satisfecho.
- Admiro vuestra entrega, Señora de la Muerte - responde ARGOH -. Vuestra dinastía
me ha servido con total fidelidad desde siglos antes de la Gran Guerra. Todos
los que se han opuesto a los deseos de los Herugurth han muerto... Aunque
vuestro padre tuvo que ser, desgraciadamente, la excepción.
" Pero ahora podéis vengar su muerte y dominar no sólo el Imperio Soldeví
o el continente Salk, sino todo Daron.
- ¿Todo Daron? - pregunta HERUWATH.
- Sí, todo Daron. ¿Por qué conformarse con un trozo de tierra cuando se puede
dominar todo un planeta? - continúa ARGOH -. Además, vos tenéis la clave para
que ello pueda cumplirse, así que no nos demoremos más y comencemos el rito
cuanto antes.
A DREADLIN no le ha agradado la idea de que tenga que compartir el gobierno
del mundo junto a HERUWATH. Es más, está dispuesto a destruirla en cuanto se complete
la ceremonia.
"Sólo puede quedar un gran brujo en Daron... ¡Y ése seré yo!", piensa
DREADLIN, indignado.
Los demonios empiezan a dibujar, entre los escombros, un gran círculo. ARGOH
se sienta en el centro del mismo y se relaja. Cierra los ojos.
DREADLIN y HERUWATH se acercan. La bruja lleva en sus manos la espada de
Eladamri y la deja fuera del círculo, frente a ARGOH. Mientras, URDUS lleva un
gran libro que pasa a HERUWATH. Ella lo hojea y busca lo que necesita. Al final
lo encuentra y se acerca a la espada.
Pone sus manos sobre ella y empieza a recitar unas palabras en una extraña
lengua, tan extraña que ni el propio DREADLIN sabría que es Apocalíptico
Antiguo si no es porque lo mira en el libro. La Ira Sangrienta empieza a
iluminarse con un brillo rojizo.
La espada tiembla mientras HERUWATH continúa recitando. ARGOH empieza a tener
convulsiones y parece como si estuviese creciendo. Sus músculos son cada vez
más grandes y su cara se vuelve más grotesca que antes.
En la mitad de la conjuración, el cuerpo del Señor Demonio empieza a
cubrirse con una armadura de plata oscura. Un casco, que deja hueco para sus
largos cuernos, tapa su cara, ocultando el horror que ésta desprende. Sus
brazos y garras quedan bajo una gruesa capa de metal, cubierta de pinchos. Unas
enormes hombreras protegen sus hombros y aparecen las placas del pecho y el
abdomen. Sus piernas también son cubiertas por la armadura. Las alas del Señor
Demonio se están volviendo tan duras que no le hacen falta protección alguna,
pero sobre ellas también aparecen placas metálicas.
Al final, de los pectorales surgen dos grotescas caras con vida propia, dos
caras de demonios que ríen y rugen. La Gran Armadura del Señor Demonio está
completa.
Como toque final, aparece ante el totalmente resucitado Señor Demonio una
espada enorme, de unos doce metros de largo. Es negra y sus formas parecen
indefinidas. ARGOH la agarra.
Exhausta, HERUWATH termina el rito. ARGOH se levanta y, si ya de por sí era
alto, sus diez metros actuales impresionan aún más. Se mira a sí mismo. Ve sus
garras, su armadura y su espada. Su risa muestra una voz aún más ronca.
- ¡¡SÍÍÍÍÍ...!! - exclama ARGOH -. Lo que yo profeticé se cumple...
¡¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA...!!! ¡¡YO, NAAGRUM ARGOH, SEÑOR DE LOS DEMONIOS ALADOS,
HE VUELTOOOOOOOOOOOO...!! - y levanta sus brazos, mientras los demonios se
inclinan y alaban a su Señor.
DREADLIN está satisfecho porque al fin la resurrección se haya completado.
"Y ya que todo está listo, hay que eliminar lo superfluo", piensa el
archidruida, sacando la Espada Bruja de Gurthtur y acercándose a HERUWATH. Pero
la archibruja lo percibe y coge la Ira, apuntando a DREADLIN en el cuello.
- ¡El mundo a partes iguales, viejo! - exclama HERUWATH -. Lo quieras o no, tú
tendrás que compartir Daron conmigo, así que guarda tu espada.
ARGOH observa la escena que han montado los dos brujos. DREADLIN, nada
contento, guarda su espada.
- Si vais a empezar a discutir, no dudaré en quitaros de en medio a ambos -
dice ARGOH -, aunque uno de vosotros sea hijo mío.
HERUWATH mira al archidruida.
- Así que ese es tu secreto, ¿eh, viejo? Eres el hijo de mi Señor... Pero no
creas que voy a respetarte como a él, a menos que me lo ordene.
DREADLIN sigue enfadado y estas últimas palabras de HERUWATH le han sentado
peor. Pero sabe que ARGOH quiere que los dos dominen el mundo junto a él. La
pregunta es: ¿hasta cuándo podrán estar los tres juntos? ¿Cuándo se cansará
ARGOH de ellos dos y los eliminará? Hasta el momento, es mejor no preocuparse
de ello.
HERUWATH se levanta. Observa la Ira Sangrienta y se da cuenta de algo: antes
sólo tenía unas pocas runas, pero ahora todo el filo de la espada, tanto por
delante como por detrás, está cubierto de runas, aunque en la parte de atrás
observa que las runas acabas con unas palabras en élfico.
- Muy interesante - dice HERUWATH -. Lástima que no entienda el idioma de los
enanos de antaño... ni de ahora - y guarda la espada en su vaina -. Pero será
un buen trofeo.
La archibruja se dirige hacia su Señor.
- Estoy orgulloso de vuestro trabajo, LADY HERUWATH - dice ARGOH -. Pero me he
dado cuenta de que nuestro ejército de demonios no está aún completo. Llegarán
fuerzas desde Nangör y los orcos nos acompañan en la lucha, junto a algunos
hombres-lagarto y yuan-ti. Pero decidme, ¿vuestro padre no tuvo un pequeño
ejército?
- Sí, mi Señor - responde HERUWATH -. Según unas notas que recogí en los
escombros de nuestra torre en Ghroer, hay un pequeño ejército oculto en la
frontera entre el Imperio Soldeví y el Reino Élfico. Aún guardo la localización
exacta de este pequeño ejército. De todas formas, aunque yo diga que es
"pequeño", los efectivos de orcos, trolls y demonios alados pueden
hacer palidecer a los soldados soldevíes y élficos juntos.
" Si tenemos suerte, podemos encontrar algunos ogros y gigantes para
unirlos a nuestras fuerzas. Lucharemos sin temor contra las fuerzas que se nos
opongan.
- ¡¡En marcha todos, hacia la frontera!! - exclama ARGOH, mientras los
demonios cargan con HERUWATH, DREADLIN y URDUS. Los orcos se van a quedar en
tierra.
- Zeñor, ¿qué haremoz nozotroz? - pregunta nervioso un orco a DREADLIN.
- Seguid a vuestro chamán y localizad soldados orcos, trasgos y trolls de las
fuerzas de HERUWATH y nuestras - responde el archidruida mientras despega en el
demonio que se le ha asignado, ya que ARGOH está harto de tener que cargar con
él -. Recordad esto: en menos de dos meses invadiremos la ciudad de la Diosa de
la Paz - y con estas palabras, se marcha junto a todos los demás.
Los orcos se quedan intrigados.
- Dioza de la Paz... Doz mezez... Chamán, ¿qué quiere dezir el zeñor DREADLIN
con ezo?
- Que busquemos más soldados y ataquemos Ghidnaar en menos de dos meses,
¡pedazo de idiota! - y le da una colleja al orco que le ha preguntado -. Y
ahora, marchémonos de aquí. Pero antes buscad si aún podemos aprovechar algo de
comida o lo que sea...
UNA EXTRAÑA ZONA EN LA FRONTERA, 1 de agosto del año 3287 después de la Gran Guerra
Orcos, goblins, trolls y demonios alados de todos los rangos se ponen en
fila ante la impresionante figura de ARGOH. El Señor Demonio los observa a
todos, listos para la lucha.
- ¡Escuchadme atentamente! - exclama ARGOH, con voz potente -. Nuestro objetivo
es actualmente la ciudad sagrada de Ghidnaar. Arrasaremos las ciudades que
encontremos a nuestro paso hasta llegar a Ghidnaar. Calculamos que para finales
de septiembre llegaremos allí.
" Una vez machacada Ghidnaar, nos dirigiremos a la costa y arrasaremos por
completo todo el Imperio Soldeví. La prioridad será matar al emperador y a los
demás líderes de Salk, que seguramente se están reuniendo para atacarnos. Tal
vez incluso nos ahorremos el trabajo de buscar a los reyes, ya que seguramente
llevarán a sus ejércitos a luchar por todo el Imperio.
" Cuando lo único que quede del Imperio Soldeví sean escombros y
cadáveres, destruiremos el Imperio Oriental. ¡Sin compasión! Esos inútiles no
conocen la magia y ello es un punto débil que debemos aprovechar, sobretodo los
demonios.
" El Reino Élfico será el final de nuestro periplo por Salk. A partir de
ahí, y una vez dejemos el continente libre de elfos, todos los efectivos se
repartirán por los cuatro continentes del Orden: Shura, Nan-Sûlkhelek, Eldôr y
Sither. La ofensiva de Bardraug se verá motivada con nuestras victorias. Así,
Daron será totalmente nuestro y no nos limitaremos a dos continentes y medio...
Tras el discurso, ARGOH termina pronunciando unas palabras en Apocalíptico, que traducidas vienen a decir: "¡Muerte a los hijos de Siffrit!", mientras su ejército grita alabando a su Señor.
DREADLIN y HERUWATH observan detenidamente el fervor de los soldados.
- La batalla se aproxima, oh DREADLIN - comenta la bruja -. Y nuestra victoria
vendrá con ella. Nos vengaremos de esos malnacidos: FËADRAUG, RAGNUS, FLADNAG,
MAGNUS...
- También vengaré a Yoshizuki... Esos dos, AKASHA y SATOSHI, sufrirán mucho
antes de morir... Igual que NATHAN, su protegida y SHIRÔ... Pagarán lo del
Bosque Oscuro...
- Disculpad - interumpe URDUS -. LADY HERUWATH, ¿mencionasteis a MAGNUS?
Dejadme que yo me ocupe de él. Tenemos una cuenta pendiente y no pienso dejar
que ese imbécil no muera en combate singular contra mí.
HERUWATH observa al enano. Está furioso, lleno de espíritu combativo.
- Será todo para ti, URDUS - responde HERUWATH -. Hay mucha gente a la que
debemos humillar y aniquilar y por dejarte a alguno a ti no nos vamos a enfadar
- y besa al enano en la mejilla -. Además, tengo entendido que posees las tres
reliquias enanas, dos de ellas pertenecientes a Nauglord Gliântek, ¿cierto?
- Sí, mi Señora, así es - responde el enano -. Y con ellas acabaré con ese
rúnico.
DREADLIN se queda pensativo. Sabe que la victoria está clara, pero aún tiene
en su imagen la lucha contra los aventureros en el Bosque Oscuro. Sabe que no
será muy sencillo después de todo, pero sonríe y comenta:
- Además... Cuando el Orden vencía, el Caos se aletargaba para más tarde
volver, sediento de victoria. Pero, ¿no habéis pensado qué pasaría si el Caos
venciera una vez?
Sus dos contertulios no saben qué responder.
- ¡No habría más lucha! - termina DREADLIN -. Porque el Orden desaparecería
para siempre - y ríe.
HERUWATH y URDUS también sueltan una carcajada, como si la risa del archidruida
fuese contagiosa. La suposición de DREADLIN podría ser cierta y una victoria
del Caos podría destruir por completo el Orden, sin posibilidad de que se
retomara la lucha...