NAAGRUM ARGOH, SEÑOR DE
LOS DEMONIOS ALADOS
He aquí la
continuación de tan terribles hechos que acaecieron en Ghidnaar, el 13 de
septiembre del año 3287 después de la Gran Guerra
Las risas de ARGOH se escuchaban claramente. Todos estuvimos paralizados ante la maldad que emanaba este ser. Todos... excepto FLADNAG, quien imbuido por un extraño sentimiento, lanzó su túnica tolariana, quedándose sólo con su camisa negra, unos pantalones marrones y sus botines de piel, y se lanzó al ataque. Aún tenía suficiente magia para mantener la luminosa espada activa y suficiente valor para lanzarse contra ARGOH en solitario.
Sólo tres personas más le siguieron, con tanto valor como locura: ARGUS, RAGNUS y SANDHURST. Sí, precisamente ellos tres fueron a apoyar a FLADNAG. Los demás sólo podíamos contemplar la escena con incredulidad, mientras apartábamos los cadáveres de nuestros dos compañeros caídos que aún permanecían enteros y dejábamos a KENSOU a un lado.
A todos nos habían afectado las muertes de JAAS y LAMBERT, pero la de ATHENA no tenía ni nombre. Aquél Semidiós no demostraba compasión alguna, era un fiel reflejo de lo que se decía en los cantares de gesta de la Gran Guerra, incluso parecía ser todavía más malvado de lo que se decía.
La sala parecía oscurecerse... No, se oscurecía realmente, pues las nubes del exterior se arremolinaban más y más, juntándose de tal forma que el cielo gris casi oscuro pasó a ser negro. Grandes rayos se vieron y potentes truenos se escucharon, haciendo a muchos temer que el monasterio pudiese derribarse y sepultar a todos los que había dentro. Seríamos héroes, pero éramos mortales; ARGOH, en cambio, podría salir sin un solo rasguño.
Pero este miedo que inundaba algunos corazones no nos detuvo totalmente. Al ver a nuestros compañeros luchar ante tan terrible enemigo y ver que su fe era la que les movía a la lucha contra aquel monstruo, todos nos sentimos contagiados. Habíamos llegado hasta allí para luchar por la salvación de nuestro mundo, para que las nuevas generaciones existiesen y pudiesen conocer un mundo de paz.
ARGOH apenas sí se movía, deteniendo los ataques de sus cuatro oponentes. Pero se fijaba mucho más en FLADNAG, ya que la amenazadora espada luminosa era de naturaleza sagrada y ello no le convenía al Señor Demonio. Apartando a los demás con un amago, ARGOH trazó rápidamente un arco que bloqueó limpiamente el ataque de FLADNAG. El archimago, seguramente ante este terrible contraataque, debió sentir alguna especie de calambre en la mano que le obligó a soltar su espada. En un movimiento de vuelta de la espada del Señor Demonio, ésta hizo que el Filo Luminoso de Aeriul regresase a FLADNAG, pero a una gran velocidad. Pero lo peor era que se dirigió al archimago de manera que el arma se clavó en el pecho de FLADNAG, antes de que la espada de luz se disipase.
Con la mano en el pecho, FLADNAG cayó al suelo, retorciéndose del dolor.
- ¡¡Maldito!! – gritó RAGNUS, mientras su Mandoble Divino trataba de abrir huecos en las defensas de ARGOH. Pero incluso para un Enviado Divino, ARGOH era un rival temible.
Viendo al archimago con semejante herida, ARGUS apartó la Espada Zafiro y agarró a FLADNAG, corriendo hacia donde estaba el resto del grupo, esperando a que MINT le curase. Mientras, RAGNUS y SANDHURST seguían luchando fieramente, más que nada el félido, quién aún estaba cegado por la ira. Ya daba igual si sólo quedaba ARGOH en pie, tenía que vengar a su señora, a su amor. Sería eso, pues era lo que me susurraba DRAUG al verlos luchar.
Pronto se unieron varios combatientes, sustituyendo a FLADNAG y ARGUS. Así, LOTHAR y AKASHA se encararon hacia ARGOH, mientras por detrás tenían el apoyo de NATHAN. DEED, mientras tanto, ayudaba a MINT a curar a FLADNAG. Me acerqué al archimago malherido y me fijé en su herida y en los esfuerzos de ambas muchachas por salvarle la vida. Pero lo que tenía el archimago era una herida demasiado profunda; veía cómo DEEDLIT y MINT se esforzaban, pero la herida no dejaba de sangrar, resistiéndose a cicatrizar. Hasta que FLADNAG tuvo un espasmo que hizo que las dos se echaran hacia atrás y me fijara en su cara. Vomitó sangre y con la mano derecha en el pecho, me miró.
- SARAH... – decía -. No te preocupes por lo que me ha pasado. Yo...
- ¿Cómo quieres que no me preocupe por ti? – pregunté nerviosa -. No, tú no puedes dejarnos ahora. Debes intentar...
- No... Yo... He gastado todas mis fuerzas manteniendo el Filo Luminoso activo... Y si nadie puede curarme ahora, entonces...
- ¡Yo te ayudaré! – puse mis manos sobre su pecho, pero él me las agarró con su mano izquierda.
- Te agradezco... tu intención, SARAH... Pero es tarde ya... – FLADNAG sonreía a duras penas -. Prométeme que seguirás con los estudios de magia... Prométeme que mi cuerpo yazca en Tolaria...
- ¡Maldita sea, no hables así! – grité -. ¡Ya ha habido suficiente muerte! – miré a SATOSHI, con lágrimas en los ojos -. ¿O no crees tú?
El semielfo no respondió, sólo bajó la cabeza. Sabía que estaba de acuerdo conmigo, lo notaba. Entonces sentí que la mano de FLADNAG tiraba de las mías.
- Termina los estudios de magia, SARAH... – decía FLADNAG -. Hazte merecedora del Filo Luminoso de Aeriul... – miró hacia arriba -. He sido un egocéntrico toda mi vida... Pero hoy me he redimido... sí, he aprendido que he estado equivocado todos estos años con mi actitud... ¡Argh...! Al menos... – noté cómo lloraba -. Al menos me he corregido... Aunque ello... me... me ha... ha...
Y ahí lo dejó. Sus ojos se cerraron. Notaba cómo su mano dejaba de apretarme lentamente. La impotencia me impedía levantarme, sólo me permitía ver el rostro de FLADNAG, sereno, sonriente... pero inerte.
Mientras, oía a FËADRAUG respirar. Estaba muy nervioso y JADE parecía decirle algo.
- ¡Esto está llegando demasiado lejos! – gritaba la elfa guerrera -. ¡DRAUG, debes hacerlo ya!
- No... no es fácil... – oía a DRAUG con una voz entrecortada -. Eladamri tuvo que gastar gran parte de su poder mágico para poder hacerlo. Además, no es simplemente concentrar energía...
- ¡¡Han muerto cuatro personas, maldita sea!! – gritó con gran fuerza JADE -. ¡Por favor, demuestra el espíritu del lobo! ¡Sé merecedor de tu nombre!
Levanté mi mirada al fin, pero lo hacía lentamente, aún consternada. Veía cómo FËADRAUG miraba a JADE y luego nos iba mirando uno a uno. Luego observó a ARGOH y a aquellos que luchaban. Yo también observé la batalla. La espada del Señor Demonio casi partía en dos a AKASHA, mientras LOTHAR trataba, junto a RAGNUS, de buscar los puntos débiles de la armadura de ARGOH. También había vuelto ARGUS a la batalla e incluso SATOSHI corrió hacia allí. Mi corazón latía a gran velocidad: el ver a SPIKE correr hacia una muerte segura casi me llevó a un infarto.
La mano del druida elfo se posó sobre mi hombro. Me levanté y le miré a los ojos. Los ojos verdes de DRAUG emitieron un pequeño brillo dorado, muy propio de los elfos que habían vivido bajo la luz. También brillaban por las lágrimas.
- SARAH... Le vengaremos, y vengaremos a todos aquellos que han muerto luchando por el bien – me dijo FËADRAUG, decidido -. Recuerda que nosotros tenemos unos fuertes ideales y son ellos los que nos dan fuerzas para seguir...
- Y también fueron los que impulsaron a FLADNAG... ¡y mírale! – respondí.
- No dejemos que su muerte sea en vano – dijo de pronto MAGNUS -. La visión se está cumpliendo... YUU... JASS... LAMBERT... ATHENA... y ahora FLADNAG... – el enano dejó su hacha rúnica al lado del Gran Sacerdote, quien a pesar de estar curado, no tenía fuerzas para ayudarnos.
Entonces fue cuando MAGNUS lo tenía decidido: con el escudo de Gliântek a la espalda y las dos hachas legendarias del pueblo enano en sus manos, invocó el poder de la runa Heracles y se dirigió a donde estaban los demás luchando contra ARGOH. Siempre había sido un personaje muy poco optimista, pero el MAGNUS que veía, tal vez contagiado por las palabras de FËADRAUG, estaba decidido a cambiar el destino, a evitar que aquella tremenda visión pudiese seguir.
Y vi que no era el único... El fanfarrón de KHANWULF también se dirigía hacia allí... Y aquella cazadora de brujos también... Y CAT, y XENAR, y ÁURON, y RODEAD... Todos los que veían que podían hacer algo, aunque fuese apoyar a sus compañeros, daba igual, pero no iban a quedarse quietos. Tal vez el único al que le costó ir fue al tal DHIS, aunque viendo a su amiga en peligro, no era raro que él también se uniese a la lucha.
JADE esperaba a FËADRAUG. Y FËADRAUG parecía esperarme. Dejé el cuerpo de FLADNAG junto a los de JASS y LAMBERT y junto al inconsciente KENSOU. JULIUS me miró y sonrió, mientras DEED le curaba las heridas. MINT me observó durante unos segundos.
- Hazlo – me susurró.
Miré a los dos elfos que todavía esperaban. Decidida y con mi espada a punto, me uní a DRAUG y a JADE y juntos fuimos con el resto del grupo.
Aquello era horrible. Esa armadura, opaca de un gris oscuro antinatural, aquellos dos grotescos rostros surgiendo de los pectorales de la armadura, chillando, riendo, maldiciendo... Y bajo ese casco, ese extraño casco, unos ojos rojos observaban a los que se amontonaban a su alrededor. Para él, no seríamos más molestos que unos simples insectos. Y diversos remolinos de fuego se levantaron a su alrededor.
Muchos de los que allí estaban fueron afectados de diversa manera. LOTHAR y AKASHA tal vez fuesen los que peor salieron de aquella situación, con sus ropas chamuscadas y grandes dolores por todo el cuerpo. Sus cuerpos parecían no haber sufrido quemadura alguna, pero era ese extraño dolor el que nos hacía saber que aquél hechizo había afectado a algo más que sus vestimentas. Me acerqué a ellos y les pregunté que pasaba. Me respondieron que sentían un frío punzante, doloroso, que los atormentaba. Tampoco parecían tener fuerzas para continuar el combate. Y ni tan siquiera la semielfa era capaz de usar hechizo alguno, era también como si su mente se hubiese bloqueado.
Todos parecían agotados ante esas extrañas ráfagas de fuego. Pero no por ello abandonaron su espíritu combativo. Ver la espada bastarda de XENAR cortar el aire antes de que la garra de ARGOH apartase a la mercenaria, lanzándola varios metros hacia atrás...Ver el hacha y la espada de KHANWULF tratar de atravesar la armadura de ARGOH mientras evitaba el arma del Señor Demonio... RODEAD esquivando los ataques aprovechando su velocidad y ligereza... O incluso observar cómo ÁURON y CAITLIN trataban de atacar a ARGOH por ambos flancos... Sí, podría ser que no tuviesen éxito, pero no descansaban, seguían luchando.
Intenté apartar a LOTHAR y AKASHA de la batalla. DHIS se acercó, incrédulo ante la escena. Ver a AKASHA retorciéndose y sin fuerzas para continuar tenía que ser duro para él. Pero rápidamente, mis ojos se fijaron en la rápida sombra que estaba a punto de golpear a DHIS. De un salto, conseguí apartar al semielfo, antes de que la espada de ARGOH pudiese alcanzarle. En consecuencia, recibí un terrible tajo en el brazo derecho, y eso que el arma sólo pudo rozarme. Caí al suelo, sintiendo que el brazo derecho no me respondía: el hueso estaba roto y yo no podía en ese momento echar mano a mi libro de conjuros para utilizar el Invertir. Así que traté de levantarme y correr junto a BODHISATTVA, tratando de mantener a LOTHAR y AKASHA lejos de la batalla.
Una vez apartados, DHIS examinó mi herida.
- Con esto no puedes seguir, chica – dijo DHIS -. Será mejor que la elfa o la sacerdotisa te lo cuiden o en todo caso, si alguna puede...
Pero antes de que acabase, él observó lo que yo notaba: mi hueso recomponerse y los músculos y la piel regenerarse. Me toqué la zona donde estaba el hueso partido y pude sentir la carne de nuevo. Me volví y vi a DEEDLIT, muy agotada.
- Gracias por el libro – me dijo DEED -. Y ahora... ¡ve!
- DEED... – miré hacia abajo -. Muchas gracias – y levantándome, dejé a los cuatro y volví a la lucha.
Aquella lucha no terminaba, pero sentí un bienestar. RAGNUS había alzado su Mandoble Divino y algo tendría que haber invocado. Tal vez fuese la Ira Honesta del Fiel lo que nos embriagaba. No había tiempo para preguntarse sobre qué clase de bendición tendríamos, todos fuimos al ataque.
ARGOH ni se inmutaba, seguía moviendo su espada de un lado a otro, apartando a la gente que se amontonaba. XENAR volvió, herida tras su “vuelo”, a la carga. Cogió su disco y lo lanzó hacia el cuello de ARGOH, sólo para ver cómo se partía nada más llegar hasta allí.
- ¡Maldita sea, esa armadura no hay quien la atraviese! – exclamó KHANWULF, mientras trataba de recuperar aliento -. ¡Eh, los héroes, hay que espabilarse o este tío no tardará en acabar con nosotros!
KHANWULF se deslizó por debajo de las piernas de ARGOH. Cogió su hacha y la lanzó contra la entrepierna de ARGOH. Pero de poco sirvió, pues el hacha rebotó y si no fuese por su resistencia sería un montón de trozos de metal. KHANWULF la cogió en el aire y trataba de buscar las partes vulnerables de la armadura, como muchos hacían.
Pero todo esfuerzo parecía imposible. Veía que ni la Espada Zafiro de ARGUS servía ante tal enemigo, que el Mandoble Divino sólo podía bloquear los ataques de ARGOH ya que no era capaz de hacer daño alguno. Ni tan siquiera las dos hachas legendarias que portaba MAGNUS abrían brechas en la armadura de ARGOH. El Señor Demonio sólo se quejaba ante la suerte de los aventureros y los héroes de sobrevivir a sus ataques, aunque las heridas que muchos tenían eran muy graves. Los torniquetes y la retirada hacia las sanadoras eran las únicas estrategias que se les ocurrían a muchos ante tan devastador poder.
Lo que me sorprendió fue ver a FËADRAUG, en primera línea de fuego, con su espalda peor que nunca, pero resistiendo. Podía ver que la Ira Sangrienta, con todas sus runas libres, esa fina espada, podía bloquear el gran espadón de ARGOH sin que el elfo apenas sintiera presión. Realmente, el poder de las reliquias no dejaba de sorprenderme. Desde que vi a RAGNUS destruyendo rocas con su Mandoble Divino, pensé que nada podría sorprenderme. Aunque lo de SATOSHI... ¿Cómo se sentiría el ninja?
El escudo de JADE se rompió ante un nuevo mandoble de ARGOH. La elfa cayó al suelo con su brazo izquierdo entumecido. La Armadura de Eladamri había salvado su vida, pues en varias ocasiones el filo de la espada de ARGOH había conseguido rozarle. Tuvo mucha suerte de que ninguna vez fuese en la cabeza y que ningún golpe fuese directo.
RAGNUS cubría a DRAUG en ese momento. SANDHURST intentó escalar la armadura de ARGOH, pero éste le apartó bruscamente, de tal forma que el guerrero felino se empotró en una de las paredes y cayó al suelo inconsciente. ARGUS, por su parte, seguía luchando con su Espada Zafiro, mientras en la otra mano sujetaba una nueva espada que acababa de desenfundar. Pude reconocerla, pues era la Espada del Trueno, un arma poderosa, forjada siglos atrás. Un arma temible, capaz de atacar con la violencia de las más furiosa de las tormentas. Pero... ¿serviría contra ARGOH?
Pocos quedábamos con fuerzas para seguir... KHANWULF, ÁURON, RAGNUS, NATHAN, JADE, DRAUG, SATOSHI, MAGNUS, ARGUS y yo. Junto a DEED y MINT estaban muchos heridos. Pero las sanadoras no daban abasto y apenas sí podían reducir la gravedad de las heridas sufridas en combate. Deberían esperar a los sacerdotes para poder curarse totalmente.
La espada de JADE se rompió. Ella volvió a caerse. ARGOH, sin prestar atención a los demás, alzó su espada y la dirigió contra JADE. En ese momento, alguien consiguió salvarla.
FËADRAUG cayó al suelo, quejándose de la espalda, pero también de su pierna izquierda... o de lo que quedaba de ella. JADE se levantó y corrió hacia él.
- No... no te preocupes, por favor – le dijo a JADE. Yo no podía soportarlo, ¿iba a repetir DRAUG la escena de FLADNAG?
- Te estás desangrando, ¿cómo quieres que deje de preocuparme? – respondió la elfa y mis temores crecían.
ARGOH les miró y de nuevo alzó la espada. En ese momento, varias Lanzas Celestiales chocaban contra la armadura de ARGOH, e incluso alguna consiguió clavarse bien adentro. Pero ARGOH no sentía dolor alguno. Se giró y observó a RAGNUS.
- Un simple Enviado Divino no va a intentar destruirme – dijo ARGOH -. ¡Pero al menos cumplirás con tu parte en esta existencia mortal!
De nuevo, la espada estaba lista para un ataque definitivo. RAGNUS sostenía su Mandoble Divino con todas sus fuerzas, que debían ser muchas ya que apenas sí se le veía agotado. La espada de ARGOH bajó a gran velocidad, pero RAGNUS la esquivó. El Mandoble Divino emitía un aura azul, mientras las runas brillaban como la plata. La espada del Templario golpeó la pantorrilla derecha de ARGOH, quebrando la protección de esta parte del cuerpo. ARGOH no tardó en reaccionar y giró sobre sí mismo, tratando de dar la vuelta. Las enormes alas de ARGOH pasaron por encima de nuestras cabezas, levantando un fuerte viento.
Mientras tanto, JADE conseguía detener la hemorragia de DRAUG. El elfo, con los ojos en blanco, sostenía fuertemente su espada, mientras esta brilla con un resplandor dorado. La acercó a su pecho y la levantó. Pronto, pude ver que la espada brillaba más y más. Y por supuesto que no era la única que veía cómo la Ira Sangrienta dispersaba la oscuridad reinante en la sala, para devolver la luz. Una luz que nos llegó a todos y nos dio fuerzas y esperanzas.
Aunque cojo, FËADRAUG consiguió ponerse en pie. A pesar de su espalda y de sostenerse con una pierna, el druida no se tambaleaba. JADE comprobó cómo el muñón de su marido empezaba a reaccionar de forma extraña. Parecía como si un bulto estuviese intentando surgir de él. Desató lo más rápido que pudo el pañuelo con el que hizo el torniquete en la pierna de FËADRAUG, sólo para comprobar que, lentamente, iba apareciendo hueso, músculos y carne, extendiéndose hacia abajo.
El resplandor no pasó desapercibido para ARGOH, quien se volvió y observó a DRAUG. El elfo estaba recuperando su pierna perdida y aunque agotado, se le veía confiado. La espada seguía brillando con igual intensidad. Y parecía que ARGOH temía lo que ocurriría.
Cuando FËADRAUG habló, nadie pudo reconocer la voz, pues no era la suya...
- Otra vez nos vemos, ARGOH – dijo.
El Señor Demonio sólo pudo decir: - Eladamri... ¿tú...?
- Sí, he vuelto – respondió Eladamri -. Este druida ha estado sufriendo para poder salvar el mundo... Me recuerda a mí cuando aún vivía. Él mismo ha ofrecido su cuerpo para dejarme hacer lo que hay que hacer. Pues yo soy el único que puede debilitarte.
ARGOH retrocedió.
- Y también sus amigos han sufrido para llegar hasta aquí – continuaba Eladamri -, algunos incluso han perecido... Pero hoy tu amenaza volverá a sucumbir... ¡Es hora de que vuelvas al Infierno del que surgiste!
La pierna de FËADRAUG ya estaba totalmente regenerada. Cuando el pie descalzo sentía ya el suelo de la sala, la espada brilló con una intensidad tal que todos los presentes quedamos ciegos durante unos instantes.
Cuando el resplandor desapareció, unos minutos después, todos miramos a donde estaban FËADRAUG, poseído por Eladamri, y ARGOH. El druida estaba en el suelo, inconsciente. ARGOH... Todos nos sorprendimos. Y él se sorprendió más.
Ya no portaba aquella armadura impresionante, sino que simplemente llevaba unos correajes de cuero y taparrabos. Su piel marrón con tonalidades rojizas ya era visible. Y ya no era tan impresionante en tamaño, aunque doblaba la altura de RAGNUS. JADE miró la Ira Sangrienta y leyó las runas:
- “Fëadraug Turmellyrn” – lo que en idioma élfico significa “Espíritu de lobo” y “Señor de los bosques”
El resto de runas habían desaparecido.
Todos miramos a ARGOH. El Señor Demonio se reía.
- ¿Creéis... creéis que despojándome de mi parte astral podréis vencerme? – y seguía riendo -. ¡Tontos, sois todos idiotas! ¡¡Os aplastaré a todos!! ¡¡A TODOS!!
RAGNUS corrió hacia él y su Mandoble Divino le cercenó la pierna derecha. ARGOH cayó al suelo y trató de levantarse. RAGNUS le clavó la espada en la espalda.
- No... ¡¡No dejaré que la historia se repita!! – gritó el Señor Demonio.
Dándose la vuelta, hizo que RAGNUS se apartase, sin darle tiempo a sacar su arma de la espalda del demonio. Aunque la espada se le clavó más, ARGOH no se rendía y lanzó un terrible garrazo hacia RAGNUS. Aunque intentó esquivarlo, RAGNUS no fue lo suficientemente rápido. Ni la armadura que llevaba pudo detener el ataque de su enemigo. La prodigiosa Armadura de Ghidnaar se rompió por la zona del pecho y las uñas se clavaron muy profundamente en la carne del Enviado Divino. RAGNUS no mostraba incredulidad en su rostro, es más, aceptó el hecho. Y sacó la garra en cuanto ARGOH ya no se movía.
RAGNUS se arrodilló, mirando hacia el suelo. Sus heridas no dejaban de manar sangre. Apoyó las manos en el suelo y respiró entrecortadamente. MINT se acercó a él. Intentaba ver sus heridas. RAGNUS se dejaba, pero simplemente miraba hacia abajo. Luego la miró, vio cómo lloraba y la oyó suplicar que resistiese... Lo único que pudo decirle RAGNUS fue:
- Te quiero... Y quiero que vivas con plenitud tu vida – la besó en los labios -. No me olvides... – sonrió y nos miró a todos -. No os olvidaré... – y luego se fijó en MINT -. Te recordaré por siempre.
El cuerpo de RAGNUS cayó hacia delante. La cabeza del Templario reposó sobre el hombro izquierdo de MINT. La sacerdotisa lloró con todas sus ganas y mucho tardó en detenerse.
Habíamos ganado... pero el precio a pagar había sido muy alto. No podemos olvidar a esos seis valientes que dieron su vida en la lucha contra el Caos... ¡Jamás os olvidaremos! ¡Jamás!
Aunque tampoco olvidaríamos a Nicholas Ripstein y sus camaradas, a pesar de cómo nos trataron...