AL FIN LA LUCHA
DEFINITIVA
La
guerra, al fin, ha terminado... Y es hora de que sepáis todos cómo acabó la
batalla, pues ahora os contaré lo que ocurrió, tanto en el campo de batalla
como en la lucha contra Naagrum Argoh. Leed pues estas líneas, mis lectores
ávidos de aventuras y batallas épicas, pues esta juglar os deleitará con su
prosa.
Mis
compañeros y muchos soldados me contaron qué sintieron en la lucha, por lo que
trataré de reflejar esos sentimientos lo mejor posible.
Aquel nuevo guerrero-hechicero, de nombre BODHISATTVA, alias DHIS, ya había empezado a meterse en la batalla, pues su espada ancha intentaba mantener a raya a un par de demonios. Recriminaba a su compañera desde hacía años, AKASHA, por los líos en los que se metía.
Los demonios parecían querer llevar la iniciativa. JAAS, el enano berserk, quien no había hecho mucho anteriormente, empezaba a repartir hachazos con el fin de poder descargar tensiones y ayudar a sus compañeros de batallas. Los demonios, sin embargo, no temían morir, aunque muchos yacían en el suelo, la mayoría a manos de un furioso SANDHURST, aún dolido por la desaparición de aquella mujer, tan cruel para nosotros, pero tan tierna para él. La escalera se iba llenando de más demonios ansiosos de guerrear. La escena resultaba grotesca, con todos nosotros observando a los demonios retorcerse e intentar llegar a donde estábamos.
- ¡Tenemos que ir directamente a por ellos dos! – exclamé, pues ya veía que DREADLIN y ARGOH estaban disfrutando cómodamente del espectáculo.
- ¡Dejádmelos a mí! – fue lo que dijo SATOSHI cuando saltó sobre nuestras cabezas.
Nunca supe que ese semielfo, al que yo siempre amaré, pudiese arrojarse con tal devoción a la batalla. Tal vez fuese la ira de que el padre de AKASHA fuese arrastrado al lado oscuro por culpa de DREADLIN, tal vez fuese ésa su fuente de aquella energía que emanaba de él. La Segadora de Dos Filos pasó cerca del pecho de DREADLIN. SATOSHI iba cegado, para él sólo había una sombra más nítida que los demás, la del archidruida. Su arma estuvo a punto de acabar con DREADLIN, pero no conseguía ni tan siquiera rozar la túnica. Cuando el báculo de AUGUSTUS DREADLIN se rompió, sabía yo que pasaría a la acción de inmediato.
Un Orbe Cromático salió de las manos del archidruida, impactando en el pecho del semielfo y mandándolo hacia nosotros. Chocó con MAGNUS, quien perdió el equilibrio por el impacto. Tras ayudar al Señor Rúnico, SPIKE volvió a la lucha. DREADLIN había sacado ya su espada y sonreía con maldad. El choque entre las armas de ambos contendientes resonaba por toda la sala, eclipsando incluso los gritos de los demonios. Ambos iban muy lanzados en el combate, luchando con un frenesí inexplicable. A pesar de su aspecto decrépito, DREADLIN manejaba muy bien la espada y se defendía sin dejar hueco alguno, lo cual desconcertaba a SATOSHI.
A pesar de sus esfuerzos, el líder de los Kusanagi no pudo evitar un tremendo mandoble de DREADLIN. La espada golpeó el brazo derecho, donde estaba la Segadora de Doble Filo. DREADLIN no iba a amputar el brazo, sino que tenía claro su propósito, desarmar al contrincante. SATOSHI se confió demasiado y cuando fue a apartar el brazo, el mecanismo del arma saltó de tal forma que las cuchillas volaron a ambos lados de la sala, una estrellándose contra las paredes y la otra perdiéndose al caer por la ventana. Además, el guantelete se había quebrado de tal forma que algunos trozos quedaron clavados muy profundamente en la carne de SATOSHI.
Pero esto no le echó hacia atrás, pues SPIKE no se rinde fácilmente. Eso sí, la destrucción de la reliquia, del legado de su familia, un arma que había pasado de generación en generación hasta que fue robada, una tradición que él quiso seguir tras recuperarla... El odio alcanzó su cota máxima en el atormentado semielfo. Desenvainando su ninja-tô con la mano izquierda, dirigió su ataque hacia el cuello de DREADLIN. Pero el archidruida le agarró del brazo y lo tiró lejos del grupo. Yo estuve asustada, no quería que SATOSHI saliese mal parado de aquello, tampoco quería ver que sus días acabaran allí. Yo todavía sentía, y siento, algo por él... Además de por otra persona...
Pude observar cómo AKASHA intentaba acercarse, pero también me fijé que ella era uno de los objetivos principales de los demonios.
Una hoja de luz cortó las cabezas de varios de los demonios que rodeaban a AKASHA. FLADNAG se colocó delante de ella, exhortándole que fuese a atender a SATOSHI mientras él los protegía. Ha habido cambios en muchos de nosotros, pero nunca vi a FLADNAG proteger a otras personas que no fuesen él mismo con tanta decisión y sinceridad. Realmente me sorprendió el archimago. Pronto se le unieron JAAS y LAMBERT. Ambos también han conocido bastante a AKASHA y no dudarían en defenderla. Aunque colaboraban en la lucha contra los demonios, LAMBERT y JAAS también ansiaban poder acabar con DREADLIN, sobretodo el bardo. Los seguiré echando de menos, pues fueron de los primeros en caer, sin contar a los que perecieron mucho antes.
DREADLIN fue el artífice de ello. Pero para poder acabar con ambos, primero consiguió apartar a FLADNAG, ya que varios demonios alados atacaron sin piedad al tolariano, obligándole a estar más pendiente del combate que de sus compañeros. Aun siendo débil físicamente, el Filo Luminoso de Aeriul parecía darle a FLADNAG una fuerza sobrehumana, pudiendo bloquear las garras de los demonios, mientras su espada de luz inflingía gran daño a sus enemigos.
Pero para cuando FLADNAG había terminado de luchar, vio algo que lo dejó consternado. Y no fue el único, pues AKASHA y SATOSHI tampoco pudieron evitar que aquella enorme bola de fuego impactase sobre JAAS, haciendo que ellos tres saliesen impulsados hacia las paredes por la fuerza de la onda expansiva. El conjuro también había alcanzado a LAMBERT. Ninguno estaba aún muerto, pero los dos presentaban heridas muy graves, el que más JAAS.
Me decidí a intervenir e intenté que JULIUS me acompañase. Aunque bastante herido, el mediano no dudó en acompañarme y la Daga de Necros nos fue útil para acabar con varios demonios que se ponían por delante. Mis limitados hechizos, poco más que simples fuegos de artificios para aquellos monstruos, no sirvieron de tanto, así que fue la Inspiración del Juglar la que más me ayudó en la batalla.
Esperaba poder salvarles, pero no pudimos hacer nada. Cuando llegamos, JAAS ya no se movía. LAMBERT aún respiraba y se había acercado a AKASHA. Murmuró algo a la semielfa, quien no podía creer lo que ocurría. Ella me contó lo que dijo:
- YURI... INGALA... Acabad con él... No penséis que he muerto en vano, por favor... Hacedlo... por el mundo... hacedlo... por mí...
Y no dijo nada más, pues dejó este mundo, esperando que cumpliesen con lo que él pedía. AKASHA lloró amargamente y SATOSHI tampoco pudo contener las lágrimas.
La cara de incredulidad de FLADNAG al ver a JAAS y LAMBERT muertos aún la seguiré recordando. Lanzando sus gafas oscuras al suelo, miró a DREADLIN de una manera que no olvidaré, con los ojos llorosos e inyectados en sangre y los dientes chirriando, la boca tan abierta que casi parecía que las comisuras de los labios se romperían ante tanta tensión. Con un grito de guerra muy impropio de un mago, FLADNAG se lanzó al ataque con furia infinita. DREADLIN apenas se inmutaba al principio, pero cuanto más rápidas eran aquellas estocadas, más parecía que DREADLIN viese que la cosa se complicaba.
Yo no sabía qué hacer, las piernas me temblaban. JULIUS sentía cómo sus heridas empezaban a quemarle.
Mientras tanto, el resto del grupo mantenía a raya a los demonios. RODEAD SIRVENTÉS no dejaba de vociferar para que sus compañeros le ayudasen mientras los que tenían más oportunidades pudiesen enfrentarse a DREADLIN y ARGOH. Pronto, varios se le unieron a la lucha: CAITLIN, ÁURON, XENAR... No se sentían inútiles por no participar en la batalla final de verdad, pero no iban a quedarse quietos sin ayudar a que esa lucha pudiese ser posible. Por suerte, contaban con DEEDLIT y NATHAN SILVER-RAIN, ya que los dos hechiceros colaboraban con sus conjuros y de vez en cuando la maga elfa aportaba curas.
Los demonios trataban de abrirse paso, pero la férrea resistencia evitaba que avanzasen más. LOTHAR sirvió de gran apoyo para contener a los demonios, aunque su mente estaba fija en los dos grandes enemigos que parecían seguir disfrutando con el espectáculo... O no, pues DREADLIN ya estaba enzarzado en una lucha con FLADNAG. Pero ARGOH seguía impasible, observando todo lo que ocurría delante de él.
Viendo lo que ocurría allí delante, LOTHAR se sintió tentando, quería ayudar a FLADNAG. Pero, ¿podía hacerlo, dejando a sus amigos frente a una horda de demonios tan fiera?
- ¡Déjame ayudarles, tú tienes algo que hacer!
Era la voz de aquella cazadora de brujos, SANDRA JENET. Ella parecía haber adivinado los pensamientos de LOTHAR. Le empujó para librarle de un letal zarpazo y le siguió animando a que se fuera. Los demonios observaron cómo SANDRA era todavía una resistencia mayor de la que podían soportar. SANDRA miró por unos segundos a LOTHAR y con la mirada le señaló a dónde debía ir, al epicentro de la lucha. LOTHAR se volvió para ver cómo FLADNAG estaba en el suelo, exhausto, mientras DREADLIN se preparaba para el golpe definitivo.
Un disco de metal voló hasta la espada de DREADLIN, haciendo que el impacto fuese de tal intensidad que la espada se desviase de su trayectoria. ARGUS, quitándose la capa, sacó su Espada Zafiro. Aquella espada, aun sin filo, era letal para los magos, pues el daño que inflingía era mayor cuanto más poderoso fuese el hechicero. El félido confiaba en que DREADLIN cayese pronto ante tal arma, aunque deseaba que FLADNAG se levantase pronto y pudiese ayudar.
En las paredes, junto a SATOSHI, AKASHA y nuestros dos compañeros caídos, estaba la sacerdotisa MINT, protegiendo al Gran Sacerdote e intentando sanar las heridas de JULIUS. A ella se acercaba alguien. Le vi claramente: FËADRAUG estaba gravemente herido. Las semiplacas estaban totalmente destrozadas y la cota de malla presentaba grandes surcos. Estaba claro que si a AKASHA le atacaban muchos demonios, el portador de la Ira Sangrienta sería el que más recibiría.
Los rápidos cuidados de MINT evitaron que nuestro druida cayese antes de poder medir sus fuerzas con DREADLIN y con ARGOH.
Alguien más se abrió paso entre los demonios, dirigiéndose a la batalla final. JADE y MAGNUS consiguieron acercarse a ARGUS, listos para prestar sus fuerzas. Nunca había visto al rúnico tan poco confiado. Temblaba, tal vez fuese fruto de aquella supuesta profecía que él mismo había visto. Aquél bárbaro, KHANWULF, también consiguió llegar hasta DREADLIN. No sabía que ese musculoso personaje pudiese llegar tan lejos, ya pensaba yo que se conformaría con los demonios.
Aun sin saber bien qué ocurría, DHIS había estado ayudando al grupo que retenía a los demonios. Pude comprobar que no se defendía mal con la magia, aunque sus hechizos no fuesen precisamente muy potentes, pero la mancha de grasa ayudó a frenar a los demonios. Parecía que la presencia de su amiga AKASHA le daba fuerzas suficientes para aguantar la embestida demoníaca.
Volviendo mis ojos de nuevo a la lucha contra DREADLIN, vi que todos los recién llegados estaban atacando al archidruida con todo su espíritu de batalla puesto en sus armas. Pero DREADLIN resultaba ser muy poderoso con la magia y un aura de energía oscura hizo que los que le rodeaban cayesen hacia atrás varios metros. Esa aura se mantenía y los esfuerzos por atravesarla eran nulos. Las hachas de MAGNUS y KHANWULF rebotaban, las espadas de JADE y LOTHAR no hacían más que resbalar sobre la superficie, incluso la poderosa arma de ARGUS era inútil en ese momento frente a aquella barrera.
Y entonces vi aquello. Una bola de energía de color bermellón impactaba contra la barrera que rodeaba a DREADLIN. Consiguió hacer retroceder al archibrujo, o al archidruida o lo que fuese, más de lo que podían hacer las demás armas. Rápidamente, surgieron dos figuras que casi había olvidado: SIE KENSOU y ATHENA ASAMIYA se unían también al combate.
DRAUG se acercó a mí.
- Tienes que intervenir en la lucha, SARAH, tú no puedes quedarte aquí quieta – me dijo. Aunque parecía estar bien físicamente, su voz me revelaba que no estaba del todo recuperado.
- No puedo dejarte indefenso, DRAUG, no con los demonios que hay aquí – respondí -. Escúchame bien, te defenderé y...
- ¡Ayuda a JADE, por favor! – exclamó el elfo -. Ella necesita apoyo, como todos los que luchan contra DREADLIN. ¡Por favor, ve!
Varios demonios cayeron al suelo inertes, con una gran herida en sus pechos. RAGNUS, al igual que SANDHURST, parecía ser quien controlaba realmente el asunto a la hora de matar demonios, y esto lo digo sin menospreciar la labor de aquellos que defendían también al grupo, evitando que los demonios siguiesen subiendo por las escaleras.
Sabía que si yo luchaba, podría correr gran peligro. Pero FËADRAUG es mi amigo y JADE también es mi amiga; y lo menos que podía hacer en ese momento era ayudar, aun sabiendo que pudiese servir de poco. Armada de valor, me adelanté hacia el grupo, mientras ATHENA volvía a usar una de sus bolas energéticas para debilitar la barrera que cubría a DREADLIN.
- ¡ATHENA, tú continúa con tus proyectiles! – le grité, mientras miraba al resto de luchadores -. Voy a ayudar, muchachos. ¡Todos juntos!
FLADNAG incluso se había levantado. Su túnica estaba quemada por algunos lados, sobretodo en las mangas. El archimago seguía pareciendo cansado, pero no quería abandonar. Todos estábamos listos para contraatacar y hacer que DREADLIN desapareciese de este mundo para siempre.
Una última Psycho Ball hizo que
la barrera protectora de DREADLIN estallase. DREADLIN se echó hacia atrás, impresionado y aterrado a la
vez. Realmente, aquel poder, el poder de la mente, era terrible para él. Pero
ya supo qué hacer en ese momento.
Otra onda expansiva apartó a todos de su
camino, incluida yo. DREADLIN cambió la expresión de miedo por una pérfida
sonrisa. Con paso decidido, se acercaba a ATHENA y KENSOU, con la espada lista
para un nuevo movimiento. Ambos Psycho Soldiers se pusieron en posición
defensiva.
Lo que no esperaba KENSOU es que le apartase
tan rápido del combate, sin tan siquiera herirle. También KENSOU fue apartado
por esa extraña onda, que lo lanzó hacia atrás. El Psycho Soldier se estaba
levantando, cuando vio cómo ATHENA luchaba contra DREADLIN.
El archidruida no dejaba de lanzar esas ondas
expansivas a su alrededor, como queriendo que nadie interrumpiese su combate
con la guerrera psíquica. ATHENA seguía usando sus Psicopoderes, pero parecía
que DREADLIN había conseguido superar su miedo. Los gritos de MAGNUS conseguían
avisar a ATHENA de los ataques de DREADLIN. Me pregunto cómo el enano podía
anticipar los movimientos de DREADLIN, incluso antes de que ATHENA terminase su
ataque.
DREADLIN no usa su espada, sino que esquivaba
los puñetazos y las patadas de ATHENA, al igual que los proyectiles de la
muchacha. De pronto, ATHENA se detuvo y se alejó un poco de DREADLIN. Entonces
pude ver cómo su larga cabellera, morena con brillos de color púrpura, se
empezaba a levantar. Una energía de procedencia misteriosa envolvía a la Psycho
Soldier y unos pequeños cristales iban apareciendo alrededor de ella. Levantó
el brazo derecho y extendió el dedo índice. Por encima del dedo, aquellos
cristalitos se iban amontonando, hasta que una esfera brillante y azulada
apareció. El tamaño de la pequeña bola no era excesivo, no creo que fuese más
grande que un coco, pero por esa esfera fluía una energía increíble.
ATHENA lanzó la esfera mientras gritaba en
otra lengua, tal vez fuese la lengua de Oriente. DREADLIN, de nuevo, recuperó
esa expresión de horror ante los Psicopoderes, pero antes de que la esfera le
alcanzase, salieron de él diez lanzas de luz. Las diez impactaron en ATHENA:
ocho se repartían entre los brazos y las piernas y las dos restantes se
clavaron en el pecho de ATHENA. Aunque la esfera impactó, DREADLIN reía.
KENSOU, incrédulo, corría hacia ella. Intentó ayudarla con sus hechizos
curativos, pero pronto vio cómo su compañera se levantaba en el aire.
Al fondo, ARGOH alzaba la mano y hacia un
ademán para que ATHENA se acercara. La Psycho Soldier se sentía atraída hacia
ARGOH, mientras no dejaba de gritar el nombre de KENSOU. Él quiso ayudarla,
pero DREADLIN se puso en medio. Yo me acerqué lo suficiente para escucharles...
- ¿Qué te parece, chico? – DREADLIN sonreía
-. La Magia Blanca también puede usarse contra las personas buenas. ¿Has visto
esas Lanzas Luminosas? Aunque ha sido una suerte que tu amiga siguiese viva, no
va a durar mucho.
- ¿Ma... Magia Blanca? – KENSOU estaba
nervioso. Trataba de apartarse de DREADLIN, pero él no le dejaba pasar.
Y entonces, todos escuchamos el grito.
Ante nuestra incrédula, estupefacta mirada, ARGOH había clavado su
enorme espada en el pecho de ATHENA, haciendo que su cuerpo quedase dividido
en dos partes. Los brazos, sin sentirse unidos al cuerpo, cayeron al suelo
junto al abdomen y las piernas. Poco más de la parte superior del tronco y
más arriba quedaba sobre la hoja de la espada. Sin compasión, ARGOH apartó
la espada y cuando los restos mortales de la Psycho Soldier estaban por el
suelo, un gran fuego lo envolvió a él y a lo que había a su alrededor.
Pocos se fijaron en aquel momento, aún atónitos ante tan dantesco espectáculo,
pero yo sí. Cuando aparté mi mirada ante tan horrible escena, me fijé en KENSOU.
Lloraba, sí, cayó de rodillas, incrédulo ante lo que estaba pasando ante sus
narices. Golpeaba el suelo con furia, mientras DREADLIN reía. Todos quisimos
acabar con aquél bastardo archidruida, pero él nos seguía apartando sin dificultades,
para volver a mofarse de KENSOU.
Y
aquellos ojos húmedos se levantaron, ardiendo con el fuego del odio en ellos.
Casi en un acto instintivo, KENSOU se preparó para una Psycho Ball. DREADLIN ya
iba a atacar, pero entonces, y tras un sonoro “Cho Kyu Dan!!”, una enorme bola
de energía azul se dirigió contra DREADLIN. La carra de horror que en aquel
momento puso el archidruida fue memorable, sí, como muchas cosas que ocurrieron
en aquella batalla. Aunque intentaba detenerla, DREADLIN no pudo con la
tremenda Psycho Ball que estaba consumiéndolo. Porque sí, ante este terrible
ataque, DREADLIN sentía cómo su cuerpo se desvanecía.
Y
todos lo vimos. Vimos cómo al final esa enorme esfera hizo lo que nosotros
intentamos siempre y nunca logramos: acabó con DREADLIN, lo desintegró...
Desapareció para siempre. Había durado tan poco el momento de su muerte que
ninguno nos lo creíamos.
KENSOU
sonrió y murmuró algo, antes de caer al suelo. Me acerqué a él, con MAGNUS
siguiéndome.
-
¿Está...? – no pude preguntar la pregunta debido al nerviosismo.
-
No, SARAH, sólo está inconsciente – me respondió el Señor Rúnico -. Ha gastado
todas sus energías en este último ataque. Ni las curas pueden hacer que se
recupere, lo que el muchacho necesita ahora es descansar. Pero esa herida...
Perder a esa chica no una, sino dos veces... No, ni los más poderosos hechizos
ni los más bellos sentimientos podrán borrar semejante impresión, el chico está
marcado para siempre.
MAGNUS cargó con KENSOU, apartándolo de la lucha y llevándolo junto
a MINT. Los gritos de los demonios seguían escuchándose. Me di la vuelta y
observé cómo el grupo que retenía a los demonios estaba cediendo. Algunos
tenía heridas muy graves. Podía ver cómo DEEDLIT no dejaba de usar
curas con sus compañeros. Con esto así, la elfa no podría utilizar muchos
de sus hechizos. Pero al menos su tutor, su maesse, ese tal NATHAN,
aún podía seguir con sus conjuros, pese a estar gastando gran parte de su
‘arsenal’ frente a los demonios. La magia sería una gran aliada
contra ARGOH.
El
fuego que envolvía a ARGOH se extinguió y el Señor Demonio se quedó mirando lo
que había pasado. No veía a DREADLIN por ninguna parte. Furioso, lanzó un grito
que hizo que las paredes casi se desplomasen. Los demonios incluso se
detuvieron, todo se detuvo a su alrededor. Ante la presencia de ARGOH, la cual
se hacía notar más y más, y no era por su increíble tamaño, los demonios alados
se replegaron, volviendo por donde habían venido, con las cabezas gachas.
SANDHURST
intento perseguirles, pero RAGNUS le detuvo. Realmente, el félido aún no había
saciado su sed de venganza.
Habíamos conseguido que uno de nuestros enemigos cayese, pero nos había costado ya tres vidas. ¿Cuántas más personas debían morir aquí dentro para acabar con la pesadilla? ¿Por qué no era suficiente con las muertes en el campo de batalla? Pero yo sabía que ni las muertes que se producían entre los soldados eran justas, nadie debería morir para librarnos de esta maldad.
Las
caras de mis compañeros eran un reflejo de lo que yo también sentía: todos
estaban consternados, esta muerte, la de ATHENA, había sido un golpe muy duro,
fue una pérdida todavía más dolorosa que la de JAAS y la de LAMBERT juntas. Un
acto cruel... No, nadie merecía eso. ¡Nadie!
LOTHAR fue uno de los muchos que encaró a ARGOH, pero en la distancia. Le miraba con asco, tras lo que había hecho era lo mínimo que podía verse en su cara. Levantó su espada, amenazante.
- ¡Maldito seas, tú, NAAGRUM ARGOH! – dijo el semielfo -. Sólo provocas la muerte y la destrucción allá por donde pisas, ¿por qué? ¿Cómo piensas dominar un mundo yermo?
La respuesta de ARGOH no se hizo esperar:
- Así lo quiso en un principio el Gran Señor del Caos, el Gran Ghriodja Darkmind. El Caos sólo persigue destruir, confundir. No hablamos de dominar un mundo, hablamos de destruirlo, de cumplir la voluntad de Ghriodja. Y vosotros, insignificantes mortales, no sois más que un pequeño bache que me encargaré de solucionar.
La espada de ARGOH se levantó desafiante y golpeó con furia el suelo. Todos los presentes cayeron al suelo, incluyendo los demonios que aún quedaban, por lo que tras eso huyeron junto a los que ya se habían marchado. Las cenizas de ATHENA revolotearon y pasaron cerca del inconsciente KENSOU.
Parecía que DREADLIN no había sido más que un obstáculo. ARGOH sería realmente un enemigo terrible.