Cuando Corto llegó a mi vida era ya un poco tarde, pero no demasiado: aún no estaba del todo echada a perder. Me suelo jactar de conservar algo de aquello que Saint-Exupéry atribuía únicamente a los niños y a ciertos escogidos capaces de conservarlo a pesar del tiempo y los avatares de la vida. ¿Soy ingenua, idealista, romántica o tal vez sólo una pardilla? En cualquier caso es una parte de mí que no estoy dispuesta a perder. La vida aún no me ha desencantado y sigo creyendo ante todo en el ser humano y sus enormes posibilidades. El tiempo y el destino no han doblegado mi espíritu y es algo que en parte tengo que agradecer a Pratt, pues la niña que permanece en mí sin duda se llama Corto Maltés.


Porque Corto Maltés me sabe a sándwich de nocilla entre las manos de aquella niña que veía películas de aventuras los sábados por la tarde.


Corto Maltés me huele a mar, la mar, mi mar -qué nostalgia la de los condenados a vivir tierra adentro...-.

Corto Maltés es mis ojos, mis piernas y mi voz en tantas aventuras que vivo -no sin cierta resignación- a través de él, pues a estas alturas y dado el rumbo que toma mi vida no creo que mi camino pase por flotar a la deriva, atada a unos maderos y a merced de la marea, ni por pegar tiros en Etiopía o buscar continentes perdidos. (De todas formas, compañeros, no pierdo la esperanza de correr algún día mis propias aventuras; pues las suyas, aunque intensas, también son limitadas y llegados a cierto punto saben a poco. Corto atenúa mi sed pero lejos de calmara sólo consigue que quiera más.)


Corto Maltés me reconforta cuando a veces me he sentido fuera de lugar. Me identifico, si esta afirmación no es herejía, con su carácter apátrida y su carencia de sentido de pertenencia. Para él todos los cielos son igual de azules, todos los caminos igual de atractivos. Y encontré ahí la solución cuando me andaba preguntando cuál era mi lugar, cuando la palabra patria sonó hueca y vi el uso -o abuso- que muchos hacían de ella.


Así que Corto abre mi apetito de ver mundo, conocer y aprender de otras culturas, desde el respeto y la tolerancia mutuas; Corto me ha devuelto mi patria, que es mi infancia; Corto me ayuda a andar reposada entre el ruido y las prisas, y me impide (o eso quiero creer) ser arrastrada por la comodidad del molde social establecido; Corto me promete que, aunque nunca llegue a salir de estas cuatro paredes, siempre puedo seguir soñando con lugares lejanos y gentes diversas, y releer una y otra vez sus magníficas aventuras.

23-09-2002

En recuerdo de Maitane

En un grano de arena ver un mundo,
y en una flor silvestre, el cielo.
Anclar la eternidad en un segundo:
sujetar el infinito entre los dedos.


Home  |  Corto Maltés  |  Hugo Pratt  | Los Albumes  |  Personajes  |  Galeria  |  Articulos  |  Enlaces  |  El autor

Condenada a vivir tierra adentro.

Maitane Maceiras