HUGO PRATT  en Madrid
Carlos Gonzalez

    Sí, conocí al maestro por un instante, pero suficiente. El primer libro de cómics que me compré fue HP y Giusseppe Bergman. Un homenaje declarado de Manara a la figura de Hugo Pratt. El segundo fue "La Balada". Los Especiales como yo les llamaba porque con mi escaso poder adquisitivo sólo me alcanzaba para comprarme uno al mes. Hugo Pratt me fascinaba con sus historias, el mar, los piratas en busca de tesoros, la Aventura. Corría el año 83 cuando en Madrid se realizó la primera semana del cómic, cómo no, imitando al gran Salón de Barcelona. Por esa época ya había quemado mis cuartos y en mis bolsillos no había más que unas pocas pesetas. Sin duda os imagináis lo mal que lo puede pasar uno rodeado de cómics y sin poder disfrutarlos. Tras darme una vuelta por la feria con mi novia, sin poder adquirir nada, decidí comprar un rotulador y un par de hojas de papel por si tenía la fortuna de que algún autor me dibujase algo.
    Con las hojas y el rotulador en la mano me dirigí a una zona donde otros jóvenes como yo estaban haciendo cola, vaya! al parecer la suerte me sonreía. Tras estar un buen rato andando al fin había encontrado un dibujante. Desde la parte atrás de la fila ni siquiera alcanzaba a ver quién era. ¿Ibáñez, Escobar o incluso algún americano? Bueno la fila avanzaba poco a poco, a medida que la gente iba retirándose pude verle. ¡Ostras! ¡El de los Especiales!. Le conocía por la foto en blanco y negro de la contraportada de los tebeos que en mi cuarto ocupaban la priviligiada balda de los "Especiales", de la biblioteca Tótem. Ahí estaba él, Hugo Pratt. Me quedé en blanco. ¡¿Qué le podía pedir!?. Ya sé, ¡una viñeta!, no! mejor una página entera!, ¿qué pensaría si le pido que me dibuje un libro completo?. Estaba yo en estas disquisiciones cuando alguien me tocó. Pratt estaba sentado frente a mí con un portafolios en la mano, hoy recordándolo veo que en sus ojos había cansancio por aguantar a tanta chavalería, yo apenas acerté a tenderle el papel y el rotulador. Él me hizo un gesto con la cabeza, un a ver... qué. Con los nervios jugando al fútbol en mi cabeza le dije en francés que no sabía qué me podía dibujar. Pratt replicó en castellano con voz cansada que le dijera algo. No lo pude evitar. Un Corto Maltés, por favor. En menos de treinta segundos un Corto sonriente me estaba contemplando desde el papel. Me dió la mano, una mano grande y firme a la par que cálida, todavía no acababa de creerlo, era Hugo Pratt en persona, el maestro. Poco a poco me fui alejando del sofá donde él estaba, no sin mirar atrás unas cuantas veces. En un estanco pedí un sobre para meter el dibujo. Hoy en día hubiera vuelto a hacer cola para que me dibujase otra cosa pero en aquel momento no supe qué hacer.
    Ahora el dibujo está en un cuadro, enfrente mio. Me ha acompañado a todos los lugares en los que he vivido estando más en el corazón que la pared.

Home  |  Corto Maltés  |  Hugo Pratt  | Los Albumes  |  Personajes  |  Galeria  |  Articulos  |  Enlaces  |  El autor