HUGO PRATT

Un autor de hoy

por Franco FOSSATI
Hace algún tiempo tuve la suerte de coincidir con Hugo Pratt durante una estancia suya en Génova, en cuyo transcurso puso casi punto final a una saga de gran alcance «Balada del Mar Salado». Pero, ¿por qué la suerte? Basta con echar un vistazo a sus datos biográficos para hallar la respuesta.
Pratt nace el 15 de julio de 1927 en una playa inmediata a Rímini; después le encontramos en Etiopía. Más tarde en Italia, Argentina, Inglaterra, Brasil, Francia, Suiza, Alemania, Austria, Italia, Chile... No es ciertamente fácil seguirle en sus «fugas» y sus «retornos».

«He tenido siempre un interés innato por el dibujo -dice Pratt----. Mi primera experiencia fue el Asso di Picche (As de Espadas), creado por mí después de la guerra en colaboración con Faustinelli y Ongaro. Éramos jóvenes e inexpertos, y nuestra experiencia tiene que ser calificada de aventura. Positiva, no obstante, puesto que los componentes del equipo se han convertido luego en profesionales».

El proyecto base del Asso di Picche -y esta noticia será probablemente una novedad para muchos lectores aficionados- nació en una celda de la cárcel de Santa María Maggiore, en Venecia, donde Mario Faustinelli y Alberto Ongaro permanecieron varias semanas durante la Resistencia. Los primeros álbumes del Asso di Picche (que también contenían episodios de otros personajes), editados por Uragano Comics Inc. Venecia, eran de formato horizontal grande. Con el séptimo, a todo color, como los cuatro que le siguieron, el álbum asumía el formato de los comics-books, de los cuales también adoptaba en parte la técnica narrativa (1).

En su día los álbumes acabaron en manos de Matilde Finzi, agente en Europa de la Editorial Abril de Buenos Aires, quien propuso editar su material en Sudamérica. Naturalmente fueron aceptados. Pero la Editorial Abril, que editaba muchas revistas, pedía continuamente nuevas aventuras. Y un día de 1950, cuando llevaban cerca de dos años trabajando casi exclusivamente para Sudamérica, les hicieron la proposición de trasladarse en bloque a Buenos Aires. Aceptaron Pratt, Faustlnelli, Ongaro e Ivo Pavone. Por diversas razones, que no atañen a los comics, no partieron Gíorgio Bellavitis y Dino Battaglia.

En Argentina, Pratt continuó dibujando hasta el 52 «Junglemen» (Hombres de la jungla), historia iniciada en Italia. A este respecto Pratt quiere hacer notar que, a pesar de ser Battaglia nombrado a menudo como el autor de estas historias, Dino dibujó únicamente las ocho primeras tiras, mientras que a él se deben las restantes 470, todas ellas con argumentos de Ongaro.

En 1952 el editor Cesare Civita sugirió un nuevo personaje western y nació el «Sargento Kirk», una gran saga iniciada en enero del 53 en las páginas de Misterix y que en todos estos años no ha perdido nada de su frescura original. A una historia inteligente se une un inmejorable dibujo. Amplias viñetas, trajes oscuros perfectamente adaptados, primeros planos resueltos a veces con pocos y nerviosos trazos, largas secuencias mudas de singular eficacia dramática (2).

Sobre Kirk, Enrique Lipszyc escribió: -El héroe transmite las emociones y se hace humano por su compromiso con la vida antes que con la aventura. Muestra a un hombre real dentro de un ambiente real. Pratt se dedicó a modelar una cabeza dura, torturada, que reflejara las huellas de una vida fuerte al aire libre. Los editores opinaron que eso restaba simpatía al personaje, y, poco a poco, Pratt tuvo que limpiarlo y hacerlo más bonito. Pero su gran triunfo es que, aunque hizo esa concesión el héroe no perdió su fuerza ni su vigor y le confirió solidez en varias partes de la cabeza. Alberto Breccia dijo acertadamente: es un héroe arrancado de la existencia-. (3).

Creo que Kirk es lo bastante conocido para que sea innecesaria relatar aquí su trama, y sólo diré, para aquellos que no la conozcan, que la historia transcure durante la epopeya del Oeste que tantas veces ha servido de tema para novelas, películas y comics; pero esta vez el protagonista, Kirk, es un desertor del ejército que traba amistad co los pieles rojas. Y Pratt nos proporciona una visión de los indios más real que la de tantas y tantas películas en las cuales los •cochinos pieles rojas• eran crueles y traidores.

¿Oué importa que el hombre blanco no haya respetado ningún tratado? ¿A quién importa que los indios combatieran por su propia tierra y para no
morir de hambre? ¿A quién importa si los "malos" eran en realidad los blancos? ¿Si los bisontes eran exterminadas para coleccionar sus colas? ¿O si se pagaba una prima por cada indio muerto? Pues bien, Pratt nos presenta a los pieles rojas y a los rostros pálidos en una dimensión nueva. Y es justo que así sea porque los indios también tienen derecho a vivir, por lo menos en el recuerdo. (Y ruego disculpen este pequeño desahogo a un "viejo" estudioso de los pueblos americanos).

Pero volvamos a Hugo Pratt. Finalizados los contratos con la Edltorial Abril, Pratt entró a formar parte de la plantilla de la Editorial Frontera, que incluía a los mejores artistas sudamericanas: Del Castillo, Vogt, Solano López, Salinas, Pavone y los hermanas Oesterheld.

Allí nacieron otras series de Pratt: La Legión Extranjera, Erlnie Pike, Ana de la Jungla, Ticonderoga y muchas más (4).
De otro libro de Lipszyc entresacamos un nuevo juicio sobre la obra de Pratt: "En este trabajo de historietas de Pratt se aprecia la extraordinaria capacidad de síntesis en función de lograr la expresividad. El encuadre y el ritmo no sufren con la presencia de lo decorativo sino que son tres cualidades que se complemetan y otorgan esa gran personalidad que posee el trabajo de Pratt. Su estilo, tan individual y efectista, ha creado una linea que continúan una gran cantidad de jóvenes historietlstas".

Un personaje es este: Ernie Pike. Un corresponsal de guerra que sirve de hilo conductor en toda una serie de relatos que tienen como fondo los lugares donde se combatió durante la Segunda Guerra Mundial. Las historietas de Pratt, como ha escrito Carlo della Corte al presentarlas al público italiano, "miran cara a cara a la realidad, sin falsos pudores... ¡con todas sus mezquindades! Sin buenos nl malos". Y siempre debería ser así.

Ernie Pike, para cuyo rostro Pratt se inspiró en un amigo, se ha convertido en Sudamérica, por los motivos que ya hemos enumerado, e un gran personaje, y en sus historias, tan ricas en matices humanos, se han basado un poco todos los dibujantes de la Editorial Frontera para poder hacer frente a Ias continuas demandas (5 ).

Ouizá merecería capítulo aparte el intento de explicar el éxito de estas historias bélicas en un país que no combatió durante el último conflicto, pero sería un capítulo que nos llevaría demasiado lejos.

Tras un paréntesis inglés, durante el cual trabajó por cuenta del Daily Mirror Group, dibujó ilustraciones para el Sunday Pictorial y comics de guerra para Ia Fleetway de Roy d'Ami, volvemos a encontrar a Pratt en Brasil, en Sao Paulo. "Colaboré -me dice Pratt- con Enrique Lipszyc en la creación de una Escuela Panamericana de arte. Me convierto en titular de una cátedra de dibujo. Pero dedico la mayor parte de mi tiempo a practicar verdaderas incursiones hacia el interior, en el Matto y en el Amazonas".

Más tarde otra estancia en Argentina, en Buenos Aires dirigió una revista de la editorial Yago. Volvió después a Italia, colaboró en el Corriere dei Piccolì y contribuyó al bautizo de una revista de gran mérito, Sgt. Klrk, en el cual se ha publicado su material argentino junta a otras historias italianas y
americanas, destacando la publicación de una nueva aventura de Pratt, realizada en ltalia a partir de 1967, Una Balada del Mar Salado.

¿Qué personajes prefiere Pratt entre los muchos que ha realizado durante más de veinte años de continua actividad? Es difícil responder.

"No sabría contestar, en tanto que cada personaje es creado en un clima y en un momento particulares. Siento afecto por todos mis personajes, y creo que todos son válidos. No podría elegir entre ellos. Acaso, aunque la respuesta pueda parecer simplista, podría decir que prefiero los que tengo en la cabeza y aún están por realizar. Y también mis personajes "viejos", recuperados y continuados después de otras experiencias".

Pratt - e interesa hacerlo saber por poco conocido, es también pintor. En 1958 expuso en la Galería Bovinos de Buenos Aires, junto con Leopoldo Torres Aguero y Kasuya Sakai, en 1965 en la Galería Número de Venecia y en 1967 en la Galería L'Elefante de Venecia. Y sus cuadros, que en cierto sentido han precedido directamente al pop-art. merecerían un comentario mucho más extenso del que nosotros estamos capacitados para hacer.

Finalmente, Pratt, tomando a su principal personaje de Una Balada del mar salado, lo ha convertido en protagonista de una serie Corto Maltese, que ha realizado para PIF (6).

Hoy Pratt debe encontrarse en Italia pero ¿dónde estará mañana? No lo sabemos. Puede que ni siquiera él lo sepa. ∎ F. F.

Notas Editoriales:

(1) Este primer personaje de Pratt ha sido reeditado en 1967 en la revista italiana Sgt Kirk a partir de su número 5.

(2) El "Sargento Kirk" es un personaje creado literariamente, en 1950, por Héctor Oesterheld a petición del Sindicato Surameris de historietas, dándole forma gráfica Pratt en 1951 (Declaraciones de Pratt en el número 21 de la revista Dibujantes)

(3) Del libro Hugo Pratt escrito y editado por Enrique Lipszyc, Buenos Aires, 1955.

(4) La mayoría de este material ha sido reeditado por la revista Sgt. Kirk, que ha publicado la mayor parte de la obra de Hugo Pratt. En lo literario al menos "Ticonderoga" y "Ernie Pike" fueron creación de Oesterheld, uno de los mejores guionistas en lengua española.

(5) La importancia y posibilidades del personaje "Ernie Pike" han hecho que Oesterheld lo haya resucitado actualmente para una revista TOP (Cielosur, buenos aires) con dibujos de Néstor Olivera, en una magnífica serie de episodios sobre la guerra de Vietnam.

(6) Corto Maltese se ha publicado posteriormente en varias revistas europeas y la editorial Mondadori ha recogido en dos volúmenes (La Ballata del mare salato y Corto Maltese) las aventuras de este personaje.

Artículo aparecido en la revista BANG Nº9, 1973.

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