Introducción a HP y Giuseppe Bergman
-Milo Manara-
Se sabe que para vivir, en nuestra sociedad, se necesita dinero. Las personas normales, para comer, para cobijarse en algún lado, para vestir, moverse de un lugar a otro, descansar y hacer el amor, continuamente tienen que dar dinero a alguien.
Y para procurarse ese dinero, se sabe que es preciso trabajar prácticamente todo el día.
En nuestra sociedad, por tanto, la mayor parte de la gente se levanta por la mañana y trabaja todo el día, realizando alguna tarea que generalmente no les interesa demasiado, ofreciendo a un patrón su trabajo a cambio de dinero. Luego, por la noche, se descansa.
Por otra parte, se nos pide no ser revoltosos, no ocuparnos de cosas "más grandes que nosotros", limitarnos a votar de cuando en cuando (raramente) y aceptar con pasiva serenidad la vida tal como nos viene organizada e impuesta.
Pues bien. LA AVENTURA es ese muelle que nos hace levantar la cabeza y preguntarnos "¿por qué?".
No es casual que en una novela de autor, en las galerías de pintura y en los conciertos —importantes- busquemos en vano el rastro de la aventura. Ya no existe la gran tradición de la literatura anglosajona de este género, salvo en lo que respecta a la literatura juvenil. La cadena de montaje la ha enterrado para siempre.
A menudo se oye decir que hoy día ya no es posible la aventura porque el mundo ha cambiado. En realidad lo único que ha cambiado, a mi modo de ver, es nuestra cabeza.
Es la clase de civilización en la que nos vamos hundiendo lo que está a punto de matar a la aventura y es precisamente la aventura lo que puede salvarnos de esta clase de civilización. La aventura como cultura, como ética, como modo de vida. La aventura no es seguir pasivamente los acontecimientos. La aventura es autodeterminación. La cultura oficial, con una K, la Kultura, nos obliga a atrincherarnos en casa, atrancando puertas y ventanas, temblorosos, con el oído atento a escuchar las bombas que estallan fuera y los ojos clavados en la tele para saber qué sucede al otro lado de la puerta. La aventura, en cambio, nos impulsa a levantarnos, a salir, a mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: "Pero, bueno, ¿qué diantre ocurre?".
Yo, por lo menos, voy a intentarlo. Y para empezar lucharé contra todos los que quieren relegar la aventura al ghetto de la subcultura, contra los que dicen que la aventura es evasión, contra los que distinguen la aventura del compromiso, contra los que se sirven de la aventura para hacer digerir mitos y modelos de vida.

Pero ¿qué es La Odisea sino un extraordinario relato de aventuras? ¿O acaso es literatura de serie B? De ninguna manera es casual que Danta eligiera a Ulises como símbolo de la aventura en la Divina Comedia. "Fatti non foste a viver come bruti..."
Cuando comprendemos que los dueños de nuestra civilización quieren hacernos vivir exactamente como brutos, arrojándonos para siempre al vórtice trágico, producir y consumir, entonces nos damos cuenta de que la aventura es algo más que un pasatiempo.
La aventura es Lucifer que te tienta y seduce. La aventura es lo que en este mismo instante te hace levantar la mirada y decir. "Pero ¿por quién se toma el plomo este que me da el coñazo con tanto rollo sobre la aventura? Ahora mando a hacer puñetas este libro, me levanto y me voy, me voy, me voy..."
M.M.
Editado por Norma Editorial,