Manara nos habla de un amigo

Conocí a Pratt en el festival de Lucca, en 1965. Simpatizamos al instante. Mi primer gran recuerdo es el viaje que hicimos juntos a París, fuimos en mi caravana (Hugo viajaba siempre llevando un montón de libros).Poco a poco ideé una historieta, y en el 78 comencé un trabajo sobre él, H.P.
Más tarde trabajaríamos juntos en "Verano Indio" y "El Gaucho". Con él yo trabajé siempre con absoluta libertad. Sus guiones eran formidables y respetaba mi puesta en escena, mi montaje. Yo tenía libertad de interpretación.

Nos unió una verdadera amistad. Hugo tenía un carácter difícil, tenía necesidad de estar sólo, yo sabía cuando quería estar sólo y le dejaba, yo era discreto. Era como un gato asilvestrado, mejor tratarle con cautela. Pero también era una persona extraordinaria: con una libertad interior terrible; tenía más edad que yo pero era más joven mentalmente; su libertad era lo más preciado para él; libertad para partir de viaje, libertad para hablar con todo el mundo. No era una persona interesada. Era el que controlaba el juego;  no tenía reparos para echar una bronca a gente importante. Esto es lo que me más me impresionó: su dignidad, su libertad y su independencia.

Cuando estábamos juntos hablábamos un montón; de las mujeres, de nuestras aventuras; teníamos mucha confianza. Pero no había necesidad de decirnos todo. Teníamos ciertas citas rituales: Por ejemplo, en el festival de Barcelona, al que íbamos juntos, siempre teníamos que comer sopa de pescado.  Junto a él cada viaje era una aventura. Era completamente imprevisible. Estaba continuamente presente la fiesta, la sorpresa, él llevaba por sangre la aventura. Y era muy gracioso.
Con él hubo muchas anécdotas. Una vez se compró un cassette de Manuel de Falla, y no escuchaba más que a Manuel de Falla!!.

Adoraba los desafios. Un día, me dijo que fuera a saludar de su parte a un imam en el centro de Pakistán.  Efectivamente él conocía a Hugo. Pero al comenzar la ruta hacia allá, me pregunté si iba en serio o si era una broma.Uno no lograba saber demasiado bien dónde estaba la realidad y dónde la imaginación.

Ahora siento en falta a un amigo. Alguien tan importante con quien hablar, o viajar. Entre los dos nos habíamos comprado un velero. Muy bonito, de fin de siglo. Habíamos soñado mucho sobre este barco. Sobre la aventura. El velero nunca se movió del puerto de Venecia.

Gracias a Carlos "Corto" Gonzalez por su ayuda en la traducción

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