La Isla del día de Antes (1994)
Umberto Eco

Primera página del capítulo XIX de la Novela “La isla del día de antes”. Pongo estos párrafos porque se encuentra en ellos un guiño a Pratt en la figura del maltés que aparece aquí reflejado en busca de cierta isla.....

ESPEJO DE NAVEGANTES

“El Amarilis había salido de Holanda y había hecho una rápida escala en Londres. Aquí había cargado furtivamente algo, de noche, mientras los marineros formaban un cordón entre la puente y la bodega, y Roberto no había conseguido entender de qué se trataba. Luego había zarpado hacia el suroeste.

Roberto describe divertido la compañía que había encontrado a bordo. Parecía que el capitán había puesto el mayor esmero en elegir pasajeros soñadores y estrambóticos, para usarlos como pretexto de la partida, sin preocuparse si luego los perdía durante el viaje. Dividíanse en tres formaciones: los que habían entendido que el navío habría navegado hacia poniente (como una pareja de galicianos que quería reunirse con el hijo en Brasil y un viejo judío que había hecho voto de peregrinar a Jerusalén por la vía más larga), los que todavía no tenían una idea clara sobre la extensión del globo (como algunos calaveras que habían decidido probar fortuna en las Molucas y las habrían alcanzado mejor por la vía de Levante), y por fin, otros que habían sido embaucados a lo grande, como un grupo de herejes de los valles piamonteses que querían unirse a los puritanos ingleses en las costas septentrionales del Nuevo Mundo, y no sabían que el navío se habría dirigido directamente hacia el sur, haciendo la primera escala en Recife. Cuando estos últimos habían dado en la cuenta del engaño, estaban llegando precisamente a aquella colonia, entonces en mano holandesa, y aceptaron en cualquier caso que los dejaran en aquel puerto protestante, por temor de correr mayores peligros entre los portugueses. En Recife el navío había embarcado a continuación un caballero de Malta con cara de filibustero, el cual habíase propuesto volver a encontrar una ínsula, de la que habíale hablado un veneciano y que había sido bautizada Escondida, cuya posición no conocía, y nadie más en el Amarilis había oído jamás el nombre. Signo de que el capitán sus pasajeros buscábaselos, como se suele decir, con candil.

Y tampoco se habían preocupado del bienestar de aquella pequeña muchedumbre que se apiñaba en la segunda cubierta: mientras habían atravesado el Atlántico, la comida no había faltado, y algún bastimento se había hecho en las costas americanas. Pero, después de una navegación entre larguísimas nubes hiladas de copos y un cielo celeste de azul, allende e1 Fretum Magellanicum, casi todos, menos los huéspedes de grado, habían estado, durante por lo menos dos meses, bebiendo agua que daba lombrices, comiendo bizcocho que olía a orina de rata. Y algunos hombres de la chusma junto con muchos pasajeros habían muerto de escorbuto.

Para hacer aguada, el navío había remontado al oeste las costas del Chile, y había dado fondo en una isla desierta que las cartas de marear llamaban Más Afuera. Habían permanecido allí tres días. El clima era sano, y la vegetación lozana, tanto que el caballero de Malta había dicho que habría sido una gran fortuna naufragar un día en aquellas riberas y vivir feliz allá, sin desear ya el regreso a la patria; y había intentado convencerse de que aquélla era Escondida. «Escondida o no, si hubiera permanecido allí -decíase Roberto en el Daphne- ahora no estaría aquí, temiendo un Intruso sólo porque he visto su pie estampado en la bodega.»

Luego había habido vientos contrarios, decía el capitán, y el navío había ido contra toda buena razón hacia el norte. Roberto los vientos contrarios no los había notado, antes, cuando habíase decidido aquella desviación, el navío corría a toda vela, y para descaecer el rumbo había sido necesario tomar por abante. Probablemente el doctor Byrd y los suyos necesitaban proceder a lo largo del mismo meridiano para hacer sus experimentos. El caso es que habían llegado a las islas Galápagos, donde habíanse divertido volcando sobre el lomo enormes tortugas, y cocinándolas en su misma concha. El maltés había consultado durante largo tiempo ciertos papeles suyos y había decidido que aquélla no era Escondida..........”
 
 

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