CIAO HUGO...


Llevaba muy bien el verano, la tranquilidad de la ciudad y el trabajo al ralentí se me habían acoplado muy bien y empezaba a desear que el mes de Agosto no llegase a su fin, pero de repente he sufrido un golpe que me ha dejado estupefacto, me he sentido en el vacío, cayendo en un agujero sin fin, y el motivo no ha sido otro que la noticia de la muerte de Hugo Pratt, il Maestro, como le han apodado en las esquelas aparecidas en los periódicos suizos.
Su muerte se produjo el domingo 20 en un hospital de Lausanne debido a un cáncer de estómago que apareció a principios de año.
Muy mal lo ha debido pasar por el estado en que le vi, embalsamado, el día del funeral, pues me recordó a El Quijote por su cara larga y su delgadez, y me costó varios minutos hacerme a la idea de que era él. la sorpresa fue mayúscula, también la de Didier Cornés, que lo contemplaba asustado desde el otro lado del ataúd.
Se me hace muy duro pensar en el sufrimiento físico, pero aun más cuando imagino el dolor psíquico de un hombre tan presumido y orgulloso como Hugo al ver cómo se derrumbaba durante estos meses anteriores a su fallecimiento. Hugo era un hombre especial, con él había que tomar posición definida ya que no le gustaba la diplomacia. Él era duro y mordaz cuando uno menos se lo esperaba, y otras veces su comportamiento era amigable y hasta cariñoso si la distancia era corta y sin compañía, ya que si había alguien, él prefería sacar su soberbia y ofender antes que pronunciar una frase al uso.
Era también muy proclive a atacar al editor delante de otros autores, de ahí que a mí me costase mucho llegar a tener una amistad con Hugo, y que esta llegase sólo hace cinco o seis años, pues ambos teníamos caracteres fuertes y chocábamos. Fue necesario que alguien me abriese los ojos, algo que agradezco a mis amigos de Casterman, para que entendiese mejor el carácter de Hugo y, a partir de ahí, he disfrutado de una buena amistad que ahora se ha visto truncada.
Mis visitas a su casa nos acercaron mucho y sus llamadas eran regulares. A veces me llamaba únicamente para charlar un rato. A él le gustaba mucho hablar en argentino, país donde pasó más de veinte años de su vida, y era un torrente de ideas que se podían ilustrar o maneras de publicar un trabajo, pero lo que realmente buscaba era un rato de charla.
Su funeral reunió a autores, admiradores, editores, familiares y amigos en un número cercano a doscientos, lo cual indica la fuerte relación que tenía con tantas personas, pues casi todos los asistentes habían recorrido de mil a mil quinientos kilómetros para ir a decirle adiós por última vez.

Pratt en Barcelona, 1993Tenemos la suerte de haber contado con Hugo varias veces en Barcelona y que muchos han conocido al aventurero que dio la vida a Corto Maltés, su alter ego, el héroe sin patria. Vaya nuestro más sentido pésame a sus cuatro hijos y nuestro agradecimiento a los amigos que le acompañaron y dieron ánimos hasta el último momento, sobre todo a Patrizia y a Gian-Luigi.


Y a Hugo sólo le diría que cuando nos volvamos a ver, no le llevaré a un restaurante afrancesado de platos grandes y porciones pequeñas... y que siempre recordaré cuando me comentó que decían de mí que era un buitre... pero que él prefería tener a un editor buitre antes que a un editor conejo...
Adiós, Maestro.

Rafa Martínez

Editorial aparecida en la revista Cimoc Nº173.

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