Hugo Pratt ha fallecido pero nos queda Corto
El homenaje de Umberto Eco
Artículo publicado en l'Espresso, el 4 de septiembre de 1995, y reimpreso en la revista mensual A Suivre, número especial de septiembre de 1995.
El pasado Domingo por la noche encendí la televisión y me enteré que Hugo Pratt había muerto. Era amigo mio aunque raramente nos vieramos y mis diversos artículos a su persona lo avalan. De hecho tengo la sensación de que todo lo que pudiera escribir ahora ya lo he dicho antes, pero no es necesario ser original a cualquier precio cuando se recuerda a un amigo fallecido. Mi contribución se parecerá a un "cocodrilo", y pienso que él apreciaría éste término técnico mediante el cuál los periodistas italianos designan a la necrológica preparada sobre la vida de una celebridad en cuestión, ya que él mismo era un animal exótico, evocador de ríos de sueños o de sabanas, bajo el sol de los trópicos...
Pratt no tardó en convertirse en un personaje de culto. Hará una veintena de años el serio investigador, riguroso, rebosante de fórmulas matemáticas y de referencias kantianas, Jean Petitot dió una conferencia en Bolonia. Conversando con él mencioné por casualidad que Pratt se encontraba en un hotel del centro. Su cara se iluminó repentinamente: ¿Podría llegar a conocer al gran Pratt? Un poco como si se tratara de Corto Maltés en persona. Fuimos a ver a Pratt y pasamos una agradable velada en el bar del hotel. Petitot estaba encantado. Pratt ya era entonces un mito en toda Francia.
Un periodista habló conmigo unos minutos después de la
difusión de la noticia y con la emoción del momento no pude
decirle que Pratt había sido "el Salgari de nuestro siglo", acerca
de esto:
Hay una curiosa diferencia entre los grandes escritores (aquellos de los
que comunmente se dice que escriben bien) y los creadores de mitos cuyo
nivel de escritura puede ser más mediocre. Dumas está entre
ambos tipos:
Los Tres Mosqueteros están escritos con un estilo
seco y preciso pero demasiado abigarrado. Claro está que no es En
busca del tiempo perdido, pero es que de haber estado escrito en el
mismo estilo se habría hecho poco menos que insoportable (y vice
versa). (...) Todos parten de unos mismos arquetipos, el del Eterno Justiciero,
cuyo prototipo es el Conde de Montecristo.
Se pueden crear arquetipos escribiendo a vuelapluma (hasta cabe preguntarse
si un relato ha de ser necesariamente una cuestión de literatura...
- mientras que el concepto de la literatura es bastante moderno, el del
mito es eterno).
(...) Al contrario que Salgari, Hugo Pratt escribía bien. La Balada del mar salado quizás brilla, reluce y destaca porque Pratt "escribía" en viñetas. El placer de las palabras y las imágenes se renuevan cada momento. Los errores son raros o inexistentes pero yo distinguiría a un primer Pratt de estilo un poco cargado, de un segundo Pratt (para mí el mejor) más profundo y estilizado, y un tercer y último Pratt donde predominan la estilización y la simplicidad del dibujo (el estilo dominado por sí mismo). De todas maneras al menos dos generaciones de este siglo recordarán los grandes mitos creados por Pratt. Un formidable narrador además de dibujante (pero ¿hubiera sido tan gran narrador sin ser dibujante?) que era comprensible para todos a pesar de su gran cultura donde afloraban las referencias literarias, mitológicas, etnográficas... era un artista completo.
Yo voy a terminar con una anécdota (que me parece que ya he contado). En una exposición de Pratt en Milán, lo encontré en la terraza Martini y le presenté a mi hija, por entonces una niña, pero ya lectora atenta de sus historietas. Ella me susurró en la oreja que Pratt era Corto Maltés. Sólo un niño es capaz de decir que el rey va desnudo. Corto Maltés es longuilíneo, delgado, atlético, de un tipo del "art Nouveau", virilmente afeminado. Pratt era más bien pequeño, rechoncho, con tendencia a engordar, de semblante grave.
Pero al mirarlo, atentamente, de perfil, tuve que reconocer que mi hija tenia razón; la línea de la nariz, el dibujo de la boca, un no sé qué. Por supuesto, Pratt no es el Corto de la Balada, sino el Corto más mágico de las últimas historias, ésas que en aquella época Pratt todavía no conocía ... Pratt se buscaba, (soñaba con la ayuda de su lápiz y se preguntaba cómo le hubiera gustado ser. Ahora lo sabe: un elfo), errando en persecución de sus sueños y de él mismo. En toda su vida contó sus aventuras tal como le hubiera gustado ser. Y confio en que ler recordemos así: tal como le hubiera gustado ser.
Umberto Eco
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