Carlos S. Olmo Bau
Era Agosto. Hugo Pratt, enfermo ya desde hace tiempo, perdía su particular batalla contra el cáncer. Algunos meses antes, merced a su pluma, Saint Exupéry -autor de El Principito- volaba de nuevo hacia la muerte. Esa muerte con la que tantas veces se enfrentara el héroe de papel que lo hiciera internacionalmente famoso y, casi, casi, inmortal.
¿Había nacido en Rimini en 1927, en Malta en los estertores del pasado siglo o en 1967 en las viñetas de Una ballata del mare salato?Manido y socorrido tópico, este de la unión de las biografías de Hugo Pratt y Corto Maltese. Quizás porque, prescindiendo de la siempre necesaria cautela, no resulta tan dificil dejarse llevar por la idea de que Pratt "es" ese héroe de papel. El propio autor habría de desmentir varias veces, a lo largo de su vida, que el personaje responsable de su fama internacional, fuera su doble; reconociendo, eso sí, que la influencia de encuentros y viajes, su experiencia vital, eran ingredientes de ese cócktel especial que son las aventuras del marinero. De poco servirían los desmentidos. Su amigo Umberto Eco, en un artículo de despedida escrito al poco de su fallecimiento, afirmaba "se ha contado a sí mismo para toda la vida, como le hubiera gustado ser".
No podrá, ya, contar el final. Corto Maltese no volverá a enfrentarse a su oscura conocida. Tampoco al tiempo. Y menos aún al fin de sus aventuras, a la ceguera con que se proyectó cerrar las singladuras de un marinero, cuyo último puerto iba a ser la guerra civil española.
Barba incipiente y ojeras, el cigarro sin encender retando desde los labios a la ley de la gravedad, Corto Maltese abandonó aquel Domingo el hospital de Lausane para dejar en una esquina, a escondidas, una lágrima emocionada. Como los personajes de Wheeling o Río Calavera, como Ana de la Jungla, como el Sargento Kirk, como tantos otros... Corto seguirá ahora las rutas ya marcadas, sin más posibilidad de cambiar de coordenadas que aquella que le brinde la imaginación de quien mire y lea los relatos que, desde el Caribe a Irlanda, de Etiopía a Siberia, de Venecia a Samarcanda, de Argentina al mundo de los sueños y las leyendas, de la juventud a la madurez, del país de las sombras a la mitología céltica, de la Cábala al Corán, de la compañías de los Cangaçeiros a la del Sinn Fein, del dibujo un tanto cargado a la estilización y sugerencia máximas,... protagonizó este héroe romántico y humano, de apariencia cínica y espíritu libertario...
Clara muestra de la renovación del lenguaje del cómic, en general, y de las historias de aventuras, en particular; con este personaje que se afeita, besa, bebe, se pelea, orina,... y no encuentra el momento de finalizar la lectura de la Utopía de Tomás Moro... Pratt participó en la revolica del noveno arte, y en general del arte del siglo XX. Una revolución fallida, carente de programa, llena de ilusión, que muchos artistas-profesionales realizaron como sin querer...
Excelente narrador, rescatador, divulgador y creador de mitos y leyendas, personaje a su vez de cómic, autor de novelas y cuentos, cantante y hablador, gastrónomo, políglota, etnógrafo,... de su roqueza y complejidad es buena muestra una obra que es parte fundamental de la cultura occidental y no occidental.
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La muerte de Hugo Pratt, en un año -el del centenario del cómic, precisamente- marcado por otros fallecimientos (Ivá, Périch, Nieto, Blasco, Vázquez) no puede sino acrecentar la sensación de que el cómic, de que el tebeo o la historieta (por huír del anglicismo),... está muriendo. Matizada, la idea queda en la "defunción artística" pero no "comunicativa" de este medio de expresión, en la muerte de la concepción clásica - europea (¿?) de esta, o en las dificultades para la renovación y la difusión. Lejos de semejantes matices hay quien, como Enric Sio, afirma que la muerte ha devenido ya.
De ser así queda, en todo caso, la huella, el espíritu, el espectro de un arte que se aparece aquí y allá. Y se seguirá apareciendo mientras haya quien siga el consejo del mentado Umberto Eco y cuando quiera descansar, lea un ensayo de Engels; pero si busca una lectura seria, coja un Corto Maltese.
Carlos S. Olmo
Bau.
Licenciado en Filosofía. Profesor de Garantía
Social en la Escuela Equipo (Murcia).
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Adiós a Hugo Pratt
Artículo publicado en la revista Thader N3, 1995