La Mano de Dios
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RESEÑA,VÍDEO Y DEDICATORIA DE: "Hugo Pratt, la mano de Dios" de Ángel de la Calle
Por SUSANA.
No es que tuviera por costumbre leer biografías o libros de ensayo; siempre había preferido las novelas de ficción, esas que nos llevan lo más lejos posible de la realidad. Pero debe ser que los años nos ablandan la voluntad y los principios y ya empieza una a preferir cotillear en la vida de aquéllos a los que admira o de aquéllos otros a los que empieza a conocer y cuya apasionante existencia nos hace caer en la tentación de ser curiosos.
Y mira por donde a veces la casualidad une a Hugo Pratt con Ángel de la Calle y una no puede menos que rendirse a la evidencia y ponerse a leer el fruto de esa unión en forma de libro editado por Dolmen Editorial: Hugo Pratt. La mano de Dios.
Un libro realmente interesante que llegó desde Avilés con un regalo sorpresa inesperado. Lo podéis compartir escuchando de fondo la “Marche pour la cérémonie des Turcs”, de Jean-Baptiste Lully, que forma parte de una de mis bandas sonoras favoritas, la de la película “Tous les matins du monde”, dirigida por Jordi Savall.
El libro está dividido en tres capítulos, incluyendo al final una bibliografía comentada sobre las ediciones de sus obras, así como sobre las biografías y libros de entrevistas fundamentales para conocer a Hugo Pratt.
En el primer capítulo, Ángel de la Calle va desgranando cronológicamente la vida de Hugo Pratt: su nacimiento en Rimini el 15 de junio de 1927, su infancia en Venecia, su adolescencia en la entonces colonia italiana de Abisinia, sus cómics americanos favoritos (Terry y los piratas, de Milton Caniff, El hombre enmascarado de Lee Falk y Ray Moore, los productos de la factoría Disney, Tim Tyler’s Luck, de Lyman Young), su amor por el dibujo desde sus primeros años o sus lecturas de clásicos de la literatura griega, anglosajona, italiana (Alejandro Dumas, Jack London, Edgar Wallace, R.L. Stevenson), las novelas de Zane Grey y las películas de Hollywood. Nos cuenta sus inicios como dibujante de cómics, tras regresar a Italia en 1943, sus contactos con los componentes de El grupo de Venecia o su marcha a Argentina; sus escapadas de impenitente viajero, más propias de un trepidante aventurero, fundamentales para su formación como artista y narrador; el papel que jugaron sus mujeres; las colaboraciones con Alberto Ongaro, Héctor Germán Oesterheld, Mino Milani o Milo Manara; su decisión de escribir sus propios guiones; la vuelta a Europa, su marcha a Francia en 1970, tras unos años en Italia, para iniciar su colaboración con la revista francesa Pif Gadget y comenzar a dibujar un nuevo personaje, un pirata simpático con un aro en la oreja izquierda, que le convirtiría en el autor de reconocido prestigio que todos conocemos. Todo eso y un montón de anécdotas que le sucedieron a Pratt hasta que emprendió su último viaje el 20 de agosto de 1995, no precisamente a los mares del sur (o sí, quien sabe).
Si en el primero se nos muestra un hombre que simplemente pretende vivir su vida, es en el segundo capítulo, el más teórico, en el que más se aprende lo que no sabíamos sobre su obra y se recuerda lo que ya habíamos leído antes: se nos presentan los personajes creados por Hugo Pratt por orden de aparición en escena y vamos viendo con ellos cómo evoluciona su forma de trabajar a lo largo del tiempo, cómo le influyeron sus lecturas infantiles y juveniles, el cine de Hollywood y, sobre todo, sus viajes, que le confirieron una manera especial de mirar lo que le rodeaba, mezclando la realidad con la ficción y personajes reales con imaginarios, y una capacidad sorprendente para contarlo, utilizando los recursos de que disponía y que no sólo dieron a su obra gráfica y narrativa una gran originalidad, sino la posibilidad de crear prototipos del personaje perfecto que permanecen en el subconsciente colectivo para acabar convirtiéndose en mitos. Con su técnica, Pratt fue poco a poco creando un mundo propio. Ahora, quizás avezados a los diferentes lenguajes del cómic, no somos conscientes de la novedad que suponía en aquella época el uso de ciertas posturas, encuadres, enfoques y actitudes corporales de los personajes que dibujaba y que le acompañaron siempre como señas de identidad: los negros abundantes que corregían o enmascaraban los errores cometidos, la utilización de planos, secuencias y la construcción de las viñetas con las pautas del lenguaje cinematográfico, el romanticismo inherente, los silencios, las viñetas panorámicas que le permitían recrearse en el paisaje, la búsqueda de la imaginación del lector, dándole toda la información de la manera más detallada posible... Todo eso es algo que Ángel de la Calle ha sabido explicar muy bien, dándonos la oportunidad de conocer viñetas de las historias dibujadas por Hugo Pratt en su primera época que yo personalmente no había visto o incluyendo referencias a sus problemas con la distribución de las páginas en tiras y el número de viñetas o con el abuso del texto en las viñetas, o que los aviones y trenes se los dibujaba Guido Fuga porque a él no le gustaba hacerlo, a que él mismo autorizó el remontado de las viñetas o que los últimos años realizaba sus dibujos teniendo en cuenta que iban a ser coloreados posteriormente, incidiendo en la evidencia de las sensaciones que una ya ha tenido al leer a Corto Maltés: que sus historias se convierten en ventanas abiertas a otras historias, que sus personajes nos sumergen completamente en su mundo y nos enseñan que hay algo más allá de lo que se nos cuenta o del momento histórico en el que se vive.
Articulo publicado en el fantástico blog sobre cómics: http://trazosenelbloc.blogspot.com