Miguel Maya

Jaimitopuntocom
(un cuento infantil)

         Hola, niños.Hoy tengo trigonométrico el corazón, y por ello debo advertirosque no habléis
con extraños sin previa cita ni consulta médica. Os contaréla historia de Jaimitopuntocom. El
susodicho sujeto (en ocasiones adverbio) advirtió un buen día,mientras paseaba a Misifú, su perro
con nombre de garo y pendientes en las orejas, que había unhombre muy raro que le perseguía
leyendo el Marca y comiendo un helado de frambuesa a las finas hierbas.
         <<¿Ysi fuera un maníaco asesino sediento de sangre? Al fin y al cabo,el helado de
frambuesas a las finas hierbas siempre da mucha sed>>, pensóJaimitopuntocom mientras
observaba a la señora Maríatedoysiemprecarameloscaducados,la cual decidió rechazar el papel
protagonista en Titanic, porque dijo que el público no la veríaal saberse ya el final.
         Bueno, el caso esque el hombre que perseguía a nuestro amiguito le gritó aéste para ver si
así le hacía caso y paraba porque tenía que decirleuna cosa. Pero Jaimitopuntocom, que era muy
educado y estaba bien enseñado, sabía que no debíahablar con extraños, y arrancó a correr. Corrió
mucho, la primera a la izquierda, dos a la derecha, todo tieso hastaencontrar un pasadizo secreto
que había puesto el alcalde para atraer a los turistas. Nuestrolittle coleguilla se metió en el pasadizo
secreto anteriormente nombrado y, cuando llegó al otro extremo,atravesó una luz brillante como de
mil bombillas de 102´3 watt y apareció en un lugar multicolorlleno de cereales azucarados. El lugar
en cuestión era un gigantesco bol de leche con chocokrispis,propiedad del gigante llamado
Armandosoytangrandequemecomoun-yogurtycuandomellegaalestómagoyaestácaducadoGarcía, el
cual, sin más dilación... bueno, sería demasiadofuerte para vuestros corazoncitos oírme contar
cómo el gigante le dio un mordisco con la muela del juicio anuestro protagonista, transfomando a
Jaimitopuntocom en tres Jaimitopuntocomes.
         El hombre que perseguíaa nuestro protagonista únicamente quería devolverle un chupachups
(marca registrada) que se le había caído del bolsillode la chaqueta.
         Bueno, espero quehayaís entendido la moraleja de esta historia, y hasta otra. ¿Cómo,que no
entendéis la moraleja? Pero si es evidente: más valehablar con un extraño que quería devolverte
un chupachups (marca registrada) que atravesar un pasadizo secretoy caer en un bol lleno de
leche y cereales azucarados, porque, de ocurrir, vendrá un gigantey te comerá con la muela del
juicio. Más claro, agua.
         Hasta otra, chiquillos,y cuidado con los ribonozores epiláctreos.


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