Jorge Etcheverry

           Chileno, ex miembro del Grupo América y la Escuela de Santiago, grupos de fines de los sesenta. En Canadá en 1975, Jorge Etcheverry es doctor en literatura y traductor, Ha publicado The Escape Artist/Elevasionista, Canadá, 1981; La Calle, Santiago de Chile,1986; Tánger, Santiago 1990, versión inglesa, Canadá,1997;A vuelo de pájaro, miniantología personal, Canadá,1998; De chácharas y larga vistas, novela, Ottawa, Canadá,1993; Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Ottawa, Canadá, 1993; Ha publicado prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba y España. En 2000 ganó el concurso de novela corta de escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Su libro Vitral con pájaros acaba de ser publicado por la editorial poetas.com.


XXX
A medida que comenzamos a conocerte adoptamos ciertas costumbres que para
otros podrían parecer perniciosas. No bien terminábamos de ganar algunas
libras cuando ya nos veíamos forzados a volver a fumar. Despertábamos con
café negro. Entonces empezaban de nuevo los dolores en la espalda que nos
hacían abandonar cualquier tarea física apenas comenzada, dejándonos
entregados a los pensamientos y recuerdos. Para equilibrar una sensación con
otra jugaba con mi gato irritándolo hasta hacerlo clavarme las uñas en el
antebrazo. Cuando joven encontraba consuelo en las cosas del mundo y no
podías engañarme con tus súplicas y tus ojos húmedos. No podías martirizarme
con el olor de tu transpiración cuando hacías gimnasia, cruzabas cerca de mí
(o muy lejos). No podías enardecerme al rozar, dizque casualmente, mis
manos, al conversar.

-Ni perderme en un carrusel paranoico al enunciar las diversas señales que
aludían al siempre enorme foso de tu vida al que yo no alcanzaba, haciéndome
abandonar por semanas o meses la elaboración de ese Sistema Nuevo de
Pensamiento que habría de hacer tambalearse de una puta vezal Occidente,
que estaba pidiendo mucho algo como eso, pero no había otroque tuviera el
tiempo o el interés de hacerlo. Cuando era joven y me paseaba por las
pajarerías del jardín de mi padre antes de abandonar quizás para siempre el
dulce suelo natal, y contemplaba sus pájaros mientras se alimentaban con su
mirada estúpida y por eso mismo amable, y me paseaba, con un brillo
nonchalante en los ojos, mientras crecía asediado por un montón de
particularidades, todas valiosas, que como otras tantas mujeres de pubis
ensortijado se bajaban los calzones ofreciéndoseme, ya sea de espaldas a mí
proyectando su trasero, o bien de frente, el sexo como un liquen trepidante.
Alguna sospecha abrigábamos de que no todo era miel sobre hojuelas. Tu
rostro se asomaba a veces detrás de algún visillo a medias corrido, y tu
risa entonces perseguía mi paso leve pero rápido de adolescente aterrado de
súbito, muy circunspecto y bien vestido, tan hermoso que no había mujer que
no me mirara con todos los ojos. Tan distinto a como se es ahora.


 

XXXI

Entonces fue que salí del café, sin poder evitarla mirada conminatoria de
ese sub-producto del género humano, últimamente más disminuido y reducido,
rezumando un odio que supura como la pústula expulsa la pus, o el órgano
masculino el blanco y espeso líquido en la boca perfectamentedelineada de
la amante.
Seguramente, camuflado como una araña en el rincón más obscuro de una
penumbra granate, como un pequeño tumor que asilado en el tejido parietal de
un órgano vital esperara superar su modorra para estirar sus patas zancudas.

Envuelto en un sinnúmero de proyectos y trabajos diversos, asistía a mítines
más o menos secretos, actividades todas que me era necesario realizar
manteniendo un low profile, relacionadas como estaban con mi inminente
partida hacia países de un cielo más puro (casi podía sentirlo con mis fosas
nasales, sensibles como las de un caballo). Eran esas tareas sin embargo
silenciosas e  invisibles, para no excitar la curiosidad y ansias de
destrucción de los competidores. Eran como los trabajos del viento: ante los
ojos de los que no fueran hojas carecían de sentido, y si lo tenían, era
sólo para dejarse llevar.

Y por eso el ovillo negro que algunos años atrás fue un hombre, me miraba
con su único ojo, instalado debajo del reloj blanco y grande, y yo casi
podía escuchar su voz admonitoria ante mi aparente vagancia:"chucheta",
mientras yo nadaba entre el humo, hacia afuera, hacia el pasillo, sintiendo
en la espalda clavarse como palillos las miradas de las muchachas
codiciosas, y pensando en cien distintas solicitudes que debía llenar, y
relaciones que debía encaminar--desde los abismos negros del odio y las
montañas rojas de la pasión--a la simple colaboración profesional.

 
 

 XXXII

La concepción que nos hemos hecho de las palabras es sumamente rara. No nos
ha parecido nunca oportuno atenernos a discutir problemas tales como el del
origen del conocimiento, el carácter fluido o permanente del ser, la
precedencia de la esencia respecto a la existencia o viceversa. No pretendo
negar que gasté mucho tiempo de mi primera juventud, antes que leyendo,
pensando en estos problemas. Como una hermosa polilla de seda parda giraba
por los parques observando a las parejas de enamorados y terminaba por caer
a la Biblioteca Nacional. La ficha bibliográfica de mi primer libro de
poesía, que espero que no sea el último, puede que figure en los ficheros.
Como una marejada de aire nuevo alguna vez mi poesía se detendrá sobre ese
país entre montañas, y se apozará un poco en esa cavidad cambiando el modo
de vida y pensamiento de la gente. (Para estas y otras cosas es para lo que
necesito un seudónimo). No me preocupa la opinión que tengas de mí, sólo me
preocupa el no poder ser consecuente en cada uno de nuestros encuentros, a
los que acudo siempre como un rompecabezas defectuosamente armado que
tuviera la facultad de desplazamiento. ¡Tienen que saben que no tenemos
alma! (Necesito poner algún juicio trascendental aquí. No todo ha de ser
puras trivialidades, ¿No crees?).

 

 XXXIII

Y llegará un día en que habremos de juntar, tú y yo, nosotros, toda esta
furia clara y resonante, si de algo sirven las vitaminas y los remedios que
al igual que los alimentos más variados llenan los anaqueles de todos los
grandes complejos comerciales, como el Rideau Centre, Bayshore, recorriendo
a veces, cuando andamos un poco volados, tú y él, nosotros

Cuando estamos en la onda, tú y yo, con ganas de hablar, o nosotros andamos
con problemas, o los estragos de la edad se insinúan detrás del horizonte,
como la sombra de un pájaro negro, y yo me pongo al nivel tuyo, o de
ustedes, y les desenvuelvo el esquema del universo como un abanico
inmaterial, en el que tú, y él y ella, y nosotros, estamos finamente
dibujados, y los edificios y los ríos y los escaparates de las tiendas más
tenuemente, ya que no son tan importantes como la gente, es decir, tú,
nosotros.

Cuando podremos prolongar la excitación que sentimos al conversar, coronados
y ocultos por pájaros color crepúsculo, y esos pájaros se tiñan de un rojo
violento y consuman la ciudad como un mar discontinuo o cuántico de llamas.
Uno siempre se muestra descontento de lo que tiene. Cuando se le empieza a
tomar el gusto a la vida uno se está muriendo. Mira. Oye. Yo te voy a hacer
alcanzar las gradas del Palacio Presidencial, y voy a sentarte a la mesa de
los emperadores, que todavía existen. Te voy a introducir en el lecho del
Papa por la puerta principal, como la Magdalena entró en los Evangelios.


                                                                                               De Cuaderno de bitácora (inédito)

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