Luis Alberto de Cuenca

            Pocospoetas hay tan representativos de la evolución de la poesía española en las últimas décadas como Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950). Además de haber sido director de la Biblioteca Nacional y Secretario de Cultura del gobierno español, es un autor que acierta a entremezclar como pocos cultura y vida, humor y lirismo, cotidianidad y misterio, el mundo del cómic y el de la literatura, coloquialismo y rigor métrico, trivialidad desenfadada y hondura trágica. Este autor interesa especialmente a Cisne Negro, porque, como José María Álvarez o Guillermo Carnero, es un poeta de la intertextualidad, como podrá apreciarse en su obra.



Sonja la roja

                   Los querías tanto a los héroes,
           tanto soñabas con sus compañeras,
           que te parecía imposible
           que fuesen sólo emblemas o símbolos
           para explicar el mundo.
           ¡Cómo quisieras que tuviesen ojos,
           labios y dientes, piernas, brazos!
           Y, sobre todos, ella,
           la que viene de lejos para velar tu sueño,
           la que triunfa y se marcha,
           Sonja la Roja, la rival de Conan.

                                           De El otro sueño (1987)
 
 

El desayuno

    Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
"Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno."
                                           De La rosa y el hacha (1993)
 
 

Libros

                   Qué sería de mí sin vosotros,
           tiranos y, a la vez, embajadores,
           de la imaginación,
           verdugos del deseo
           y, al mismo tiempo, mensajeros suyos,
           libros llenos de cosas deplorables
           y de cosas sublimes,
           a los que odiar
           o por los que morir.
 
 

La amazona de Mordor

        Esa amazona rubia que cabalga
por las grises colinas y los yermos
de Mordor; esa chica que ha dejado
atrás la primavera y se dirige
al país de la noche permanente,
donde el señor del mal gobierna.

Por qué no vuelve grupas hacia el mundo
donde el lirio florece y las muchachas
buscan fresas y dan besos furtivos
y tejen y cocinan, donde hay bardos
que cantan las hazañas de los héroes
y veneran a la Gran Diosa.

Esa mujer dorada que galopa
de espaldas a la luz y a la belleza,
persiguiendo sin tregua ni reposo
al oscuro jinete que la rompe
de amor y la consume de deseo,
al enemigo de su alma.

                                           De Por fuertes y fronteras (1996)
 
 

Bébetela

Dile cosas bonitas a tu novia:
"Tienes un cuerpo de reloj de arena
y un alma de película de Hawks."
Díselo muy bajito, con tus labios
pegados a su oreja, sin que nadie
pueda escuchar lo que le estás diciendo
(a saber, que sus piernas son cohetes
dirigidos al centro de la tierra,
o que sus senos son la madriguera
de un cangrejo de mar, o que su espalda
es plata viva). Y cuando se lo crea
y comience a licuarse entre tus brazos,
no dudes un segundo:
bébetela.

 

Los Gigantes de Hielo

Han vuelto los Gigantes de hielo a visitarme.
No en sueños. A la luz del día. Con los yelmos
relucientes y el rostro selvático y maligno.
Tenía tanto miedo que no supe decirles
que te habías marchado. Lo registraron todo.
maldiciendo la hora en que Dios creó el mundo
jurando por los dientes del Lobo y por las fauces
del Dragón, escupiendo terribles amenazas.
Al ver que tú no estabas se fueron, no sin antes
anunciar que darían con tu nuevo escondite
y serias su esclava hasta el fin de los tiempos.
Donde estés, amor mío, no les abras la puerta.
Aunque se hagan pasar por hombres de mi guardia
y afirmen que soy yo quien los envía.

 

Bibliografía de urgencia:
La totalidad de sus libros apareció en el siguiente orden: Los retratos, 1971; Elsinore, 1972; Scholia, 1978; La caja de plata, 1985; El otro sueño, 1987; Poesía(1970-1989), 1990; 77 poemas (antología), 1992; El hacha y la rosa, 1993; Animales domésticos, 1995; Por fuertes y fronteras, 1996; y Fiebre alta, 1999 (publicada en México). Su último libro se llama Sin miedo ni esperanza(2002), en Visor de Poesía, donde recoge poemas fechados entre 1996y 2002.

Su obra hasta 1996 se recoge en este volumen:
*De Cuenca, Luis Alberto: Los mundos y los días. Ed. Visor de Poesía. Madrid, 1998.

Puede encontrarse una magnífica selección de sus poemas, además de una ilustrativa introducción en:
*Treinta años de poesía española. Edición de J. Luis García Martín. Ed. Renacimiento-La Veleta. Sevilla,1996.

Recientemente ha aparecido esta nueva antología:
*Doble filo. Selección y prólogo de Luis Muñoz. Ed. Hiperión. Madrid, 2001.

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