
Eros, vita, lumen.
Rubén Darío es el máximo exponente del modernismo hispanoamericano. En su poesía se advierte la búsqueda del ideal y de la belleza que caracterizó el modernismo, así como los elementos eróticos y decadentistas. Sus obras señeras son Azul... (1888), Prosas profanas(1896) y Cantos de vida y esperanza (1905). Abanderado del modernismo, viajó por todo el mundo y conoció y entabló amistad con muchos otros autores: Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Villaespesa... Su poesía, que tanto debe al parnasianismo francés, influyó de manera notable en poetas posteriores: Delmira Agustini, por ejemplo, no puede negar su influjo.
Leda
El cisne en la sombra parece de nieve;
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.
Y luego en las ondas del lago azulado,
después que la aurora perdió su arrebol,
las alas tendidas y el cuello enarcado,
el cisne es de plata bañado de sol.
Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.
Suspira la bella desnuda y vencida,
y en tanto que al aire sus quejas se van,
del fondo verdoso de fronda tupida
chispean turbados los ojos de Pan.
¡ALELUYA!
De Azul...,1892.
A Juan Ramón Jiménez
¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?
Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.
A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez....
Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas obscuras.
Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.
Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni han Alfonsos ni Nuños.
Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.
La América Española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.
¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?
He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros,
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...
...Y un Cisne negro dijo: "La noche anuncia el día".
Y uno blanco: "¡La aurora es inmortal, la aurora
es inmortal !" ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aun guarda la Esperanza la caja de Pandora!
Cantos
de vida y esperanza
A José Enrique Rodó
I
El dueño fui
de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas,
el dueño
de góndolas y liras en
los lagos;
y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz,
cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinitas.
Yo supe de dolor desde mi infancia,
mi juventud... ¿fue
juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan
la fragancia...
una fragancia de melancolía...
Potro sin freno se lanzó
mi instinto,
mi juventud montó potro
sin freno;
iba embriagada y con puñal
al cinto;
si no cayó, fue
porque Dios es bueno.
En mi jardín se vió
una estatua bella;
se juzgó de mármol
y era carne viva;
un alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.
Y tímida, ante el mundo,
de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía...
Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de "te adoro", de "¡ay!"
y de suspiro.
Y entonces era en la dulzaina
un juego
de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de notas del Pan griego
y un desgranar de músicas
latinas.
Con aire tal y con ardor tan vivo,
que a la estatua nacían
de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro
en la frente.
Como la Galatea gongorina
me encantó la marquesa varleniana,
y así juntaba a la pasión
divina
una sensual hiperestesia humana;
todo ansia, todo ardor, sensación
pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...:
Si hay un alma sincera, ésa
es la mía.
La torre de mármol tentó
mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí
mismo,
y tuve hambre de espacio y sed
de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.
Como la esponja que la sal satura
en el jugo del mar, fue
el dulce y tierno
corazón mío,
henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.
Mas, por la gracia de Dios, en
mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel
en mi existencia,
melificó toda acritud
el Arte.
Mi intelecto libré de
pensar bajo,
bañó el agua
castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón
y trajo
de la sagrada selva la armonía.
¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh,
la profunda
emanación del corazón
divino
de la sagrada selva! ¡Oh,
la fecunda
fuente cuyo virtud vence al destino!
Bosque ideal que lo real complica,
allí el cuerpo arde y
vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro
fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.
Perla de ensueño y música
amorosa
en la cúpula en flor
del laurel verde,
Hipsipila sutil liba en la rosa,
y la boca del fauno el pezón
muerde.
Allí va el dios en celo
tras la hembra,
y la caña de Pan se
alza del lodo;
la eterna vida sus
semillas siembra,
y brota la armonía del
gran Todo.
El alma que entra allí
debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así
vibra y así canta.
Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita.
El Arte puro como Cristo exclama:
¡Ego sum lux et
veritas et vita!
Y la vida es misterio, la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás
se entrega,
y el secreto ideal duerme en
la sombra.
Por eso ser sincero es ser potente;
de desnuda que está,
brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye
de ella.
Tal fue mi intento, hacer
del alma pura
mía, una estrella, una
fuente sonora,
con el horro de la literatura
y loco de crepúsculo y
de aurora.
Del crepúsculo azul que dala pauta
que los celestes éxtasis
inspira,
bruma y tono menor ¡toda
la flauta!,
y Aurora, hija del Sol ¡toda
la lira!
Pasó una piedra que lanzó
una honda;
pasó una flecha que aguzó
un violento.
La piedra de la honda fue
a la onda,
y la flecha del odio fuése
al viento.
La virtud está en ser
tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
si triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén... ¡la
caravana pasa!
De Cantos de vida y esperanza (1905)
Bibliografía de urgencia:
*Darío, Rubén: Azul.../Cantos de vida y esperanza.
Ed. Cátedra. Madrid, 1998.
*Darío, Rubén: Prosas profanas. Ed.
Castalia. Madrid.