José María Álvarez

            José María Álvarez (Cartagena, 1942) ha ido pasando de una poesía social y de escarceos con la vanguardia a un culturalismo vivencial. El protagonista de sus poemas no es ya el revolucionario que quiere cambiarla vida, sino un decadente vividor que desdeña al vulgo, que ama las causas perdidas (y ese mismo personaje es el que representa en sus apariciones públicas: gusta de vivir su literatura, y así lo pudimos comprobar en su lectura poética en Palma en 2000). Precisamente el vivir en/de/por esa literatura, por el Arte en general, como muestran sus versos, hacen que este poeta sea uno de los de cabecera para Cisne Negro.


De un libro muy amado

               ¿A dónde se fue John Silver?
           ¿Habrá muerto? Quizá, por los años
           pasados. O debe ser muy viejo.
           No, no era John, hombre
           para esperar la muerte lentamente.
           En todos estos años
           ¿qué habrá hecho, qué aventuras
           habrán llevado su ardiente corazón
           por mares y espejismos?
           Ya nunca más veré a John Silver.
           Pero cómo están grabados como fuego
           en mi alma su imagen, sus palabras,
           cenizas del sueño de la libertad,
           el chasquido del ansia de vivir.
           Aunque no me oigas, viejo y querido John,
           cuántas veces te llamo, cuántas veces
           daría media vida por que estuvieras cerca
           y escuchar tu carcajada de desprecio,
                                                                       esa risa
           que como los gritos del loro
           "¡Doblones!", "¡Doblones!",  "¡Doblones!"
           resuenan en mi alma,
           recuerdo de cuando vivir era
           un encantamiento de extraña, alegre e inmutable grandeza.

                                                                                           De El botín del mundo (1994)
 
 

BEZAQUID o PIEDRA DE LA SERPIENTE

            Una vez más, te encuentro. Casi puedo
        llamarte ya buen, viejo amigo,
        querido... Tantas veces
        a lo largo de mi vida
        -como quien al volver una esquina en cualquier sitio
        de pronto ve a un conocido ¿Qué haces tú aquí?

            La primera vez, recuerdo
        muy bien, fue durante
        una enfermedad, de niñó, y cómo me sacaban
        de aquella postració nlas peripecias
        de Candide, Pangloss, el apesadumbrado Martin.
        Hay libros tuyos, por ejemplo
        El siglo de Luis XIV,
        que cuantas veces he leído...
        O tus cartas, tu Diccionario...No sé; y un montón
        de biografías.

            Tú siempre ahí,
        mirándome,
        irónicamente, a mí
        y al mundo. Como aquel día en París,
        cerca del río; caminaba yo muy amargado, y al doblar
        la calle, en la placita, tú, y esa sonrisa.

            Pero esta vez, te lo aseguro,
        has estado magnífico.

            Tú no viniste nunca aquí. No sé por qué,
        pues es una ciudad que bien entraba
        en el placer -y conveniencias-
        de tus viajes.

            Sigue siendo la ciudad maravillosa
        que siempre fue. Y eso que sufren
        una espantosa situación-demencia de los gobiernos. Tú
        supiste
        mucho de esto: Todos son iguales
        en su codicia, su ineptitud, su indiferencia
        ante el dolor humano-: nada funciona
        en la Administración,y no logro entender
        cómo puede este pueblo ni comer.

            En medio de las ruinas
        del mundo que no fue, que fue incapaz de darles
        suerte y fortuna, y el frío de la cuchilla
        del que ahora viene sobre ellos,
        aún luce la hermosura de un palacio
        hoy museo. Se llama el Ermitage. Qué voy a contarte
        de su estado le han quitado hasta la calefacción
        y las luces -de diez, dos, tres- hacen casi imposible
        contemplar sus tesoros. Hay Rembrandt que es inútil
        te pongas donde te pongas a mirarlos,
        o algún Rubens, o Velázquez, Monet, Van Gogh, Leonardo...

            Pero no es la anécdota
        donde quería pararme. Toda Rusia se sume en el desastre
        ahora, pero el coraje de este pueblo
        sobrevivirá -lo ha hecho tantas veces.
        y mañana, un día, este museo
        brillará de nuevo.

            Y es eso lo que tiene
        que ver contigo.
        Cuando, ya, agotado
        de recorrer salas y salas, helado, estupefacto
        antes ese caos, de pronto,
        al pasar a otra sala,
        ¿qué encuentro?

            A ti, querido,
        en tu mármol -también es de Houdon-. Y como siempre
        esa sonrisa fina, esos ojillos,
        más sobre todo esa sonrisa
        de compresión total, esa sonrisa que nos dice:
        Olvida esto, pasará como pasaron
        todas las monstruosidades de este mundo.
        Se llevan a muchísimos, sin duda, pero termina
        por pasar. Y además...
        Son demasiado fuertes. No podríais
        contra ellos. Caerán, y por la misma
        ciega fuerza que los ha encumbrado. Ahora es inútil.
        ¿Que no es justo? La Historia no lo es,
        no está en sus atributos.

            Salvad
        lo que podáis. Que no os arrastre.
        Y el Arte, ciertas costumbre, el máximo posible
        de humanidad entre vosotros,
        engañad -lo que sea-
        a vuestros gobernantes, entendeos
        entre vosotros, tratad que sobreviva
        al menos el recuerdo
        de la Libertad y la Conciencia.

            Y todo eso, no con tono grave,
        apocalíptico, sino
        con esa sonrisa, sabiendo que el humor
        es parte principalísima de esa salvación.

            Por eso te digo que has estado
        magnífico, querido.
        En tu homenaje
        -en un coloquio en la Universidad-
        le dije a mis alumnos
        que tenemos el derecho; es más,
        tenemos el deber
        de traicionar a nuestras patrias,
        <<pasarnos>> y entendernos
        nosotros,
        desobedecer a todo
        cuanto no seamos nosotros,
        lo que no sea
        nuestra Libertad y nuestra Conciencia.

                                                           De La lágrima de Ahab (1998)
 

Bibliografía básica:
*Alvarez, José María: Museo de Cera, Ed. Visor Poesía, 302. Madrid, 1993 (3ª edición).
*Alvarez, José María: Museo de Cera, Ed. definitiva en Renanacimiento. Sevilla, 2001.
*Alvarez, José María: El botín del mundo.Ed. Renacimiento. Sevilla, 1994.
*Alvarez, José María: La lágrima de Ahab,Ed. Visor Poesía, 411. Madrid, 1999.
*Alvarez, José María: La esclava instruida, Ed.Tusquets. Barcelon, 1999 (2ª edición).
*Alvarez, José María: Los decorados del olvido, Ed. Renacimiento. Sevilla, 2002.

            Museo de cera es un conjunto que, en las sucesivas reediciones, va englobando sus libros de poesía (hasta 2001). Yo destacaría El botín del mundo, quizá el que más me gusta personalmente. La esclava instruida no es un libro de poemas, se trata de una novela erótica que trasciende totalmente el género debido al culturalismo con que el autor la sella. Os la recomiendo. Finalmente, Renacimiento ha sacado un enorme volumen llamado Los decorados del olvido, un tomo con sus memorias, que también incluye parte de otros de sus libros, fragmentos de sus novelas eróticas y de los diarios poéticos que escribió paralelamente a los libros de poesía.

(En breve seguiremos la ampliación de los textos y los datos. Gracias a Phidel por su colaboración,
su amistad y su devoción -igual que la nuestra- por este autor)

    Debido a la poca información que circula sobre este espléndido poeta en la red, otras páginas han recogido la información que difunden de Cisne Negro: ¡que no os confundan! 


    Páginas deudoras de Cisne Negro: http://www.ideal.es/poesia

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