|
|
|
.88.16.129.75 |
|
|
1. El objetivo principal de una editorial es vender libros. Algunas, como Planeta o Alfaguara, lo reconocen abiertamente y no se avergüenzan de ello. Otras editoriales menos multinacionales a veces intentan disimularlo, pero sin mucho éxito. Aunque en todas partes hay pequeñas editoriales que afirman no tener en cuenta el mercado editorial y que para ellos lo importante es publicar obras de gran calidad literaria, yo creo que mienten.
2. Para vender muchos libros hace falta mucha publicidad. Incluso la gente que vende sus novelas antes de que se publiquen, como Gabriel García Márquez, necesita de mucha publicidad. Si alguien cree que vender cuatro millones o así de ejemplares de una novela en todo el mundo es fácil, que se le quite de la cabeza, no lo es, y la mayor parte de ese mérito, en el caso de que lo sea, recae, en mi opinión, en todo el marketing que lo rodee.
3. Las ediciones destinadas a la prensa y demás medios de comunicación son parte del plan de ventas de las editoriales, para que, con un poc de surte, se hable de los libros en algún lugar. Se hace lo mismo con los cds, las películas y cientos de cosas más.
4. Los textos que aparecen en las cubiertas y solapas interiores de los libros son publicitarias. Nunca me ha dado por ahí, de hecho casi nunca las leo, pero casi estiy seguro de que no brillan por su ecuanimidad e imparcialidad, como aquella reseña que leí una vez en El País donde el crítico, tras poner por las nubes la última novela de Elvira Lindo, añadía que la autora, mencionada a menudo como la esposa de su amigo Antonio Muños Molina, preparaba unos tintos de verano buenísimos.
5. El señor Ende me contó una vez una historia buenísima sobre un señor que había escrito la típica novela de templarios que guardan un secreto importantísimo a lo largo de siglos y siglos. Se había pagado él mismo la edición de su obra (no creo que tirase más de 300 ejemplares si usó un taller gráfico de la zona) y la presentó en la institución culturalen la que trabaja la señora Ende. En la contraportada, el texto venía a decir que aquel señor era el nuevo Dan Brown, y supuestamente reproducía una crítica aparecida en una página web. El señor Ende y yo bromeamos sobre la existencia de esa página web, de esa crítica e incluso sobre la autoría del hiperbólico texto que, me gusta repetirlo, sólo sirve para vender la obra.
6. No quería entrometerme en ninguna disputa, sólo saco a la palestra un hecho en el que normalmente no se piensa demasiado.
|
|
|