|
|
|
.217.124.89.111 |
|
|
Los muertos mandan Cuando, en 1909, Vicente Blasco Ibáñez publica esta novela finaliza una etapa de su vida y abre un paréntesis en su oficio de narrador que llegaría hasta 1914. Desde una perspectiva vital, la mutación es casi radical, Blasco Ibáñez abandona el activismo político, alejándose para siempre de la que hasta entonces había sido su residencia habitual, y consolidando su relación extraconyugal con Elena Ortúraz. Tras el arrollador éxito de Sangre y arena, publicada en 1908, el escritor estaba más ocupado en la preparación de su primer viaje a Argentina, iniciado en mayo de 1909, que en la promoción y difusión de Los muertos mandan, que había llegado a las librerías en enero de ese mismo año, y, aunque la totalidad de los estudiosos de su obra , y muy especial y significativamente Joan Oleza, autor de enjundiosos trabajos críticos sobre esta narración, la consideran una de sus mejores creaciones, no obtuvo, en su tiempo, ni la repercusión crítica ni el reconocimiento popular que merecía. Al situar el escenario de su narración en las islas Baleares, en Mallorca, la primera parte, y en Ibiza, la segunda y tercera, prosigue Blasco Ibáñez su recorrido por las diversas regiones españolas que, partiendo de la suya, había continuando en otras novelas que se desarrollaron en Bilbao, Madrid , Toledo y Sevilla, y, como en todos estos casos, el novelista realizó una labor de documentación y conocimiento de las circunstancias que enmarcarían la acción, que le permitieron retratar con exactitud y fidelidad los ambientes y los tipos humanos de las islas hasta tal punto que su obra ha sido considerada como acabado ejemplo de novela de costumbres. La ficción comienza relatando la desesperada situación económica de un noble arruinado, Jaime Fabrer, que imagina poder remediar sus desafortunadas finanzas contrayendo matrimonio con una chueta, hija de uno de los judíos conversos de las islas, que, aunque fuesen poseedores de fabulosas riquezas, eran considerados como una clase social inferior. Esta decisión provoca una reacción unánimemente contraria, en la que participa incluso su amigo Pablo Valls, tío de la joven elegida como futura esposa, Catalina, que se siente abrumada por la superior categoría social de Jaime y por su propia consideración de marginalidad, incompatible con la posibilidad de ser esposa de un noble perteneciente a la familia de los Fabrer, descendiente de los gloriosos marinos que desde tiempos inmemoriales habían controlado el Mediterráneo. Incapaz de resolver sus contradicciones, Jaime Fabrer se traslada a Ibiza, donde en una desvencijada torre lleva una existencia alejada de la civilización, aunque las ancestrales mentalidades de los habitantes de la isla lo reconocen como su dueño y señor y, como tal, le agasajan y sirven, especialmente Pep Arabi y su hija Margalida, bellísima muchacha a la que se conoce con el poético nombre de Flor de almendro, de la que se enamora, participando en el cortejo ritual que determinaría cual seria el pretendiente que conseguiría que fuese su esposa, y , en la salvaje disputa, gravemente herido por uno de sus contrincantes, consigue repeler su agresión y darle muerte. Estos acontecimientos unen a Flor de almendro y al noble, ya no tan arruinado, pues, en su ausencia, su amigo, el chueta Pablo Valls, ha logrado poner orden en su patrimonio . A lo largo de la novela, se constata que el legado de nuestros antepasados no ha de determinar las conductas humanas, sino que deben ser el resultado de nuestras decisiones autónomamente adoptadas, porque sólo a los hombres y las mujeres libres y liberados de perjuicios les será posible responder a la llamada del amor, que es el único sentimiento capaz de dar sentido a nuestra existencia y que no admite ser recluido en preceptos o normas impuestas por los que ya no están. Blasco Ibáñez, mediante unos personajes verosímiles y unas acciones que mantienen el interés de sus lectores, evidencia que el acontecer humano, en el que no debemos permitir que los muertos manden, ha de responder a los impulsos y reflexiones de cada uno de nosotros.
Manuel Parra Pozuelo
No puedo finalizar esta serie de anticipos críticos de las obras de los grandes autores valencianos, publicadas por el periódico Información, sin dejar constancia de mi agradecimiento a Rosa Monzó, directora de la Biblioteca Gabriel Miró, y a todas y todos los que, junto a ella, han atendido mis solicitudes de prestamos bibliográficos, imprescindibles para realizar este trabajo, sin su colaboración amistosa y continuada no hubiera sido posible redactar esas notas, cuyas últimas palabras me gustaría que expresasen mi sincero deseo que los buenos libros, a través de sus sugerencias positivas y liberadoras, lleguen a influir decisivamente en nuestra existencia, de tal modo que no sean los muertos sino estas ideas emancipatorias las que orienten y justifiquen nuestras vidas, y que, gracias a iniciativas como las de Información, estén a nuestro alcance en los mejores libros.
Manuel Parra Pozuelo
|
|
|