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Me cuesta muchísimo trabajo no terminar una novela cuando la empiezo por primera vez y no me gusta ni interesa porque mi naturaleza optimista me lleva a pensar que en el siguiente capítulo va a cambiar el rumbo de la historia y hará que sea interesante. En cambio, si cometo el error de leerla una segunda o una tecera vez, cuando mi optimismo me dice que tal vez no me gustó por circunstancias ajenas a la obra en sí misma, porque no estaba de humor, me dolía un pie o no le presté tanta atención como debería haberle dado, mi paciencia se agota en seguida si la novela sigue sin gustarme y la dejo sin remordimientos y salgo a dar una vuelta, llamo a Mary jane, enciendo la tele, duuermo la sieste o me voy a comprar unos tebeos.
Esta segunda cosa es lo que me ha pasado con NOTICIA DE UN SECUESTRO, de Gabriel Gacía Márquez: me eché una siestecita.
NOTICIA DE UN SECUESTRO es eso que llaman historia de no ficción (un término mentiroso, todas las historias son ficción desde el momento en que empiezas a seleccionar el material que cuentas en ella, como bien sabe cualquier periodista) o reportaje periodístico largo publicado en forma de libro (aunque recuerdo que cuando se publicó el libro en el 96 o así El país adelantó el primer capítulo porque yo sólo compro ese periódico profascista cuando adelanta cuentos o capítulos de García Márquez, y recuerdo bien esas ocasiones porque me jode darle dinero a la empresa editora de ese periódico, pero esa es otra historia que no viene a cuento y que se acaba ahora mismito) que narra la odisea por la que pasan las personas implicadas en una serie de larguísimos secuestros ocurridos en Colombia en los años 90: un grupo d eperiodistas secuestrados por narcotraficantes para impedir que el gobierno los extradite a Estados Unidos, los narcotraficantes que prácticamente han creado un estado paralelo en varias ciudades colombianas, la clase política bastante corrupta que se ve impotente para solucionar los graves problemas que se le acumulan al país, los familiaes de los secuestrados dispuestos a hacer cualquier cosa para liberar a sus seres queridos, algunos grupos terroristas y guerrilleros que andan por ahí metidos...
En definitiva, García Márquez aprovecha esos secuestros y todo lo que los rodea para describir cómo era la sociedad colombiana en esos años (me lo he mirado un poquito y ahora están peor, con casi medio país en manos de grupos terroristas que se financian con plantaciones de cocaína, políticos inútiles y corruptos, más violencia gratuita que nunca... una verdadera pena, vamos), un país en el que cualquiera podía ser objetivo de los terroristas o de los narcos, donde asesinar a un político o a un periodista era la cosa más fácil del mundo, donde la droga está detrás de todo hasta tal punto que el país prácticamente no existe más que sobre un mapa.
A primera vista, con este triste material de base se pueden hacer cosas muy entretenidas en interesantes (estoy pensando, por ejemplo, en HISTORIA DE MAYTA, una novelita muy, muy, muy curiosa de Mario Vargas Llosa que aprovecho para recomendar a todos los que han disfrutado con LA FIESTA DEL CHIVO porque no deja de ser una variación sobre el tema del poder y de cómo la gente se aferra a él y lucha contra él), pero García Márquez sólo consiguió aburrirme. El problema está en que intenta escribir como un periodista y que fracasa a la hora de mantener el interés sobre la historia que cuenta porque se dispersa muchísimo y se pierde en anécdotas que no aportan nada ni a la historia ni al carácter de los personajes. En esos momentos se permite lo que podríamos llamar algunas licencias poéicas, y es entonces cuando demuestra que no se le ha olvidado escribir como Dios y que cuando quiere es el mejor, como cuando describe el viaje del padre de una secuestrada a Medellín para hablar con Pablo Escobar, el jefe de los narcotraficantes, y el taxista que lo recoje en el aeropuerto está a punto de timarlo porque se hace pasar por el novio de una prima del narco. Lamentablemente, esos momentos son escasos y lo único que hacen es retrasar la narración.
García Márquez describe una sociedad desarticulada, violenta y corrupta al borde de la anarquía, pero nunca me hizo sentir que Colombia era así, sólo me lo cuenta de un modo desapasionado, tal como podría contar que fue a comprar el periódico y volvió a su casa para leerlo y sólo leyó los deportes y luego tiró el periódico y puso la tele. Eso es una narración, cuenta cosas, pero es una mierda de narración, ¿verdad? No pude identificarme ni con el lugar ni con los protagonistas de la historia porque Colombia no me importa nada, no me interesa, está lejos, al otro lado del mar, y mi mundo personal está lleno de cosas más cercanas que despiertan mi curiosidad mucho más que un lugar que se desintegra día a día y en el que nadie parece hacer nada para evitarlo porque tal vez se ha llegado a un punto de no retorno en el que una solución para los problemas de ese país ya no es posible.
Después de 100 páginas de secuestros, asesinatos, depresiones familiares, negociaciones políticas y reacciones internacionales varias y dispares mi desinterés se transformó en aburrimiento y una vez más (creo que ya me ha pasado tres veces con ésta) abandoné la lectura de esta no novela de García Márquez. No puedo recomendarla a nadie, por supuesto, porque no le hace justicia al colombiano ni es algo que valga la pena leer.
Aprovecho la ocasión para recomendar dos buenos ejemplos de no ficción, ambos norteamericanos:
1. PONCHE DE ÁCIDO LISÉRGICO, de Tom Wolfe, sobre el movimiento psicodélico en Estados Unidos en los años 60, centrado en un grupo jipis muy idos, drogados y alucinados que se agruparon alrededor de un escritor (el tío que escribió ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO, no he leído nunca la novela, pero la película está muy, muy, muy bien) y hacían pruebas con LSD y tenían problemas con la policía y llegaron a crear sin pensar mucho en ello una nueva forma de sociedad que Wolfe describe con mucha ironía y mala leche.
ELEGIDOS PARA LA GLORIA, también de Wolfe, es igualmente brillante, divertido, entretenido y mucha más cosas que creo que son buenas en un libro, pero como va de astronautas y a mí esas cosas no me interesan demasiado, prefiero recomendar el primero. Quiero hacer notar que ambos libros tienen ya unos añitos y que no se han quedado antiguos ni viejos, lo que me parece meritorio en este tipo de literatura. Los dos están en Anagrama.
2. THE VEIL (sic), de John Woodward, un clásico del periodismo mundial desde que publicó una serie de artículos que se conocen bajo el nombre genérico de Escándalo Watergate y que fue muy sonado en su momento en Estados Unidos porque echaron a un presidente por eso (bueno, no por eso, pero contribuyó mucho, y ya se sabe cómo le gusta a los periodistas mirarse el ombligo). Aquí se describe y analiza el funcionamiento y las actividades de la CIA durante los ocho años que gobernó Ronald Reagan en Estados Unidos, y como su política exterior fue aún más confrontativa que la del actual presidente y el viejo aquel disfrutaba mucho con los espías y las cosas ilegales y todo eso, os podéis imaginar qué clase de barbaridaes se descubren en el libro, que está centrado en el director de esa organización durante aquellos años, un hombre muy curioso que llegó allí casi por casualidad. Lo tienen en Ediciones B, y yo lo pillé en una oferta muy buena en un Vips hace tres o cuatro años.
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