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Padre Merryn, nos honra con su visita.
Es verdad, serían deseables ciertas restricciones hacia la exportación de productos de entretenimiento de Japón. También es verdad, no se nos olvide, que el manga fomenta la piratería, que es un delito, y en la Biblia los Apóstoles nos instan a respetar y seguir las leyes impuestas por nuestras autoridades para nuestro bien.
Y es muy común ver las secuelas que produce el mal del manga y el anime en las mentes jóvenes, con chicos perdidos y descarriados que entran aqui diciendo sin sentidos y balbuceando incoherencias, respondiendo a mensajes de hace años o pidiendo que les envíen cosas a su mail... y lamentablemente, es más usual de lo que parece.
Hay que preocuparse al ver la situación de Japón, con tantos suicidas y productos a su alrededor, páginas webs donde estas personas se comunican para acordar suicidios en grupo, o series de dibujos que tratan el tema y lo muestran de forma despreocupada. O las webs donde se intercambian materiales perniciosos de contenido pedófilo, como las obras de un tal Saigado, que contienen imágenes de abusos a menores de edad.
Y nuestros jóvenes toman por vicio y falso ídolo al manga, y dedican sus vidas a ello. Se encierran en su mundo imaginario y rechazan todo lo demás, y repiten los nombres de las series como zombies e intentan convertir al mundo a su consumo, amparándose en su libertad para restringir la libertad ajena... ¡Una plaga! Lo que yo les diga es poco, que siempre nos supera la realidad...
Lo más increíble es como este consumo indiscriminado daña el cerebro. Naruto, que supuestamente es un producto para niños, lo ve gente de 18, de 25 años... Como si en su día no hubieran visto ya Dragon Ball. ¿Es que no se cansaron acaso de todas las sagas de DB? Pues ahí los tienen, postrados ante el monstruo japonés, pidiendo y queriendo aún más. Y no entienden por qué no se sacian, se preguntan por qué quieren más.
Pero yo sé por qué, y es porque el manga es un producto que está hecho para inducir al vicio, a la adicción. Crea una resistencia, como la droga, así el otaku siempre quiere más y más.
Es verdad, ¡vienen a por nosotros! A los japoneses no les ha bastado con corromper su archipiélago, ahora quieren hacerse con el mundo y nosotros se los estamos permitiendo. Ya lo decían los textos de Nostradamus cuando nos advirtieron contra el mal que procedía de Zipango...
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