Reglas Generales para el Encantamiento
A veces es útil para las hadas llevar a los mortales a su mundo, por necesidad o por razones menos respetables (o ambos). Esto se hace mediante un proceso conocido como encantamiento. Encantar a un mortal es realmente más fácil de lo que uno podría sospechar; es cuestión simplemente de imbuir en el mortal escogido un poco del Glamour propio.
Un hada que desee encantar a un mortal ha de crear un pequeño objeto e imbuirlo con su propio Glamour. Estos objetos pueden tener muchas formas: un trozo de cinta atada a un arco, una figurita de papel, un ramo de margaritas cogidas al lado del camino. Algunos de la Estirpe crean comida o bebida, que imbuyen con su propio Glamour. Sea cual sea la forma, el objeto o la comida ha de darse al mortal elegido (que debe aceptarlo) y bien llevarlo consigo o comerlo. La cantidad de Glamour temporal investido en el objeto determina cuántos días permanecerá encantado el mortal.
Así, por ejemplo, si Higgins, un boggan, quisiera dar a su amigo algunos pastelillos caseros en los que hubiera imbuido tres puntos de Glamour, su amigo estaría encantado tras comer uno de los pastelillos y el encantamiento duraría tres días. Si escogiera darle una baratija construida con trozos de alambre, plumas de pájaro y cintas, tendría efecto tan pronto como su amigo aceptara el regalo.
Un mortal encantado entra por completo en el reino feérico. Puede ver y relacionarse con las quimeras, y sufrir daño de las armas quiméricas. Los mortales encantados sufren daño quimérico del mismo modo que las hadas.
La cantidad de tiempo que una persona permanece inconsciente tras abandonar el Ensueño se determina en la tabla de Nieblas. Los mortales inconscientes parecen estar en un estado similar al coma, y normalmente recuerdan muy poco de lo que les ocurrió.
Los mortales encantados no pueden lanzar cantrips; su Glamour es prestado y no tienen ninguno propio. Pueden usar su propia Banalidad para defenderse de los cantrips lanzados sobre ellos, pero cada vez que lo hacen pierden un punto del Glamour que le habían otorgado. Algunos parientes (mortales con sangre feérica) tienen algo de Glamour propio, pero es difícil para ellos recuperarlo; la mayoría necesita de un hada que se lo proporcione. Los parientes son la excepción a la regla en cuanto a los mortales encantados, y se sabe que algunos han aprendido cantrips que les han enseñado los duendes.
Permanecer en un feudo tiene un efecto extraño en los mortales encantados. El límite de tiempo de su encantamiento queda suspendido mientras están en un feudo, por lo que pueden permanecer encantados indefinidamente mientras estén en él. Además, igual que las hadas, no envejecen dentro de los límites de un feudo. Aunque esto no se notará si el mortal pasa sólo unos pocos días allí; si pasa varios años será muy evidente cuando retorne al mundo mortal. Cuando las Nieblas nublan la mente del mortal, puede parecerle que han pasado varios años o sólo un día.
