Magos

En los primeros días, los Tuatha de Danaan y los suyos se movían como el sol por la tierra. Sostenían sus Sueños brillantes en alto en dedos delgados y los llevaban a las cuevas malsanas en las que moraban los mortales, plagados de pesadillas. De su luz, los Tuatha nutrían a los humanos, les inspiraban nuevos sueños, visiones más brillantes.

Pero no eran los únicos que Soñaban.

Se dice que Neul el Azul descubrió a los hermanos en un claro. Una noche, una estrella cayó de muy arriba y se estrelló en una arboleda. Neul siguió su caída maravillado. Cuando llegó a ver las ruinas, Neul encontró a cuatro jóvenes — dos chicas y dos chicos — cuyos ojos brillaban en el crepúsculo. A diferencia de los mortales grises que Neul había encontrado hasta entonces, estos tejedores creaban Sueños de pensamientos andantes. Conforme lo hacían, la tierra cambiaba a su alrededor. El mismo aire brillaba donde se hallaban, y crujía con potente Glamour. Atraído aunque aterrado, Neul corrió a encontrar a sus primos. Intrigados, volvieron con él en grandes grupos.

“¿Quiénes sois?”preguntó Neul. “Nunca hemos visto a los de vuestra clase antes. ¿Sois como nosotros, como los mortales, o como alguna otra cosa?”

Una hermana habló: “Somos los Primeros, los descendientes de la llama.”

Su hermana habló: “Somos la Tierra, los hijos de las nubes.”

Un hermano habló: “Somos los Artesanos, los que dan forma al mundo.”

Su hermano habló: “Somos el Fin y el Principio. Lo somos todo.”

“No tiene sentido” replicó la Reina Rhayne, la líder de la multitud. Pero los demás dudaron. Había verdad en lo que decían los niños. “Probad lo que decís” prosiguió la reina inconsciente, “u os devolveremos a las cuevas a las que pertenecéis”.

Los niños sólo rieron. “Os llamáis a vosotros mismos los dadores de sueños” dijo la primera hermana. ‘Nosotros Soñaremos para vosotros, pero Sueños de nuestra propia creación. Veremos quién envía a quién a las cuevas, orgullosa dama, y quien transmite las maravillas a nuestra gente.”

Y así diciendo, la primera niña soñó como el fuego. Sus ojos brillaron como las brasas de Samhain, y habló en tonos sin sentido. A su grito riente el aire se convirtió en un horno. Los Tuatha se quemaban con su toque, y huyeron de ella. Lejos y a salvo, la llamaron Té la Loca.

La voz de la segunda niña era como la luz, y sus Sueños vientos. Habló como una brisa y el aire se aclaró; rugió como un huracán y el viento lanzó a los duendes. Sus palabras llevaban la calma, la alegría y la ira. Los que la oyeron dijeron, “No tentéis su ira “, y la llamaron Li la Sombra.

Los Sueños del tercer niño eran piedra. Sus palabras rascaban como guijarros sobre pizarra, y pesaban tanto que el aire se convirtió en polvo y el polvo se tomó una prisión. Algunos Tuatha se quedaron demasiado cerca del niño y se retorcieron gritando en oscuras prisiones de piedra. Aunque lo intentaron con su poder, nadie pudo liberar a los cautivos; con el tiempo expiraron y se unieron a la roca. “Él es anatema” gritaron los supervivientes, y le llamaron Ihenn el Hacedor de Hierro.

Los Sueños del cuarto niño burbujearon desde el suelo agrietado. El cielo lloró mientras corría y brincaba. Sus ojos eran oscuros, aguas salvajes, como remolinos u olas dementes. Su voz era dulce agua envenenada, deliciosa al paladar pero mortal si se tragaba. Atrajo a algunas hadas en un baile feliz, luego se lanzó sobre ellas como un grifo y redujo sus huesos a astillas. “Es una maravilla” dijo la familia sombría. “Es un demonio” dijeron sus hermanos brillantes. Decidieron que era ambas cosas, y le llamaron Chla el Desencadenado.

La reina Rhayne se volvió piedra bajo el suelo. Neul el Azul se quemó al contacto de la Loca. Los Tuatha supervivientes se reunieron lejos del claro y discutieron sobre los niños durante muchas largas noches. Finalmente se decidió que los hermanos debían ser dejados solos. Los Tuatha los buscarían cuando llegara el momento adecuado, hasta entonces, debía dejarse a los niños que siguieran sus propios caminos.

Con el tiempo los hermanos crecieron, se aparearon y tuvieron sus propios hijos. Algunas hadas cortejaron a esta progenie mágica, bebiendo su Glamour como excelente vino; otras huyeron de su vista, y otras buscaron venganza. Se hicieron tratos, se formaron alianzas y se crearon amargos enemigos. Los temperamentales hermanos tuvieron hijos temperamentales, y pronto cada uno luchó contra los demás. Conforme la Edad de Plata se tomó la Edad de Bronce, y la de Bronce en la de Hierro, los Soñadores Despiertos tomaron a sus primos de la mano y los guiaron fuera de las cuevas. Los mortales dejaron los sueños de lado y los niños de la estrella caída tejieron sus propios hechizos en la tierra. Años después, sus dones tienen diferentes formas, pero aún reforman el mundo.

Obsérvales porque Sueñan en un estado de vigilia; hazte su amigo, porque incluso los más estúpidos entre ellos respiran Glamour como si fuera aire; ten cuidado con ellos porque su Glamour es tan potente como para destruir al más poderoso rey feérico. Estos son los hijos de la estrella caída. Baila en sus huellas pero manténte lejos de su vista.

Como revela el cuento de los cuatro hermanos, las hadas entienden tres cosas muy importantes sobre los Despiertos llamados “magos”: primero, que son Soñadores expertos, con talentos similares a las Artes feéricas, pero mucho más poderosos. Segundo, que epitomizan los cuatro elementos de la creación — cambio (fuego o Merodeadores), estasis (piedra o Tecnócratas), decadencia (agua o Nefandos) y equilibrio (aire o las Tradiciones, Artesanos y solitarios). Y tercero, que son compañeros atrayentes aunque peligrosos.

Los lazos entre los magos y las hadas se remontan a los inicios del tiempo. Ningún otro Pródigo comparte tales lazos con la noche mística. Los duendes y los hechiceros han sido aliados, enemigos, primos y amantes, pero nunca han sido extraños. Aunque los magos se denominan orgullosamente a sí mismos “Despiertos”, las hadas saben la verdad: los magos caminan por la vida en un precioso estado de semi-sueño, Despiertos para las posibilidades de la vida, pero lo suficientemente Dormidos como para soñar nuevas realidades. Los mejores de ellos son fuentes de Glamour; los peores oscuros pozos de Banalidad. Estas criaturas cambiantes fascinan a las hadas, y la atracción parece ser mutua. Los magos y los duendes son compañeros de viaje en el mismo camino. Cuando se encuentran el resultado usual es un grupo… o una guerra.

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