El Movimiento de Apertura

Poco después de la Masacre, los sidhe se dieron cuenta de lo que les había costado su arrogante villanía. Los plebeyos tomaron las calles, cazando todo sidhe que pudieron encontrar. Muchos nobles escogieron la mejor parte del valor y se dirigieron al oeste hacia San Francisco. Allí se unieron alrededor del de mayor rango entre ellos, el Primer Señor de la Guerra de la Casa Gwydion, Lord Dafyll. Dafyll era un arrogante presuntuoso entre arrogantes presuntuosos, en lo que a mí se refiere. Aceptó graciosamente el liderazgo de las fuerzas sidhe y planeó el contraataque. Y así, el primer movimiento concertado sobre el tablero de la Guerra del Tratado fue realizado el 12 de mayo de 1970.

La Batalla de la Bahía

La batalla comenzó en Berkeley, donde tuvieron lugar algunas de las luchas más encarnizadas. Los plebeyos del lugar, siguiendo un rumor sembrado de que los perpetradores de la Masacre de Beltaine se habían refugiado en el campus de la universidad, se reunieron en masa allí. Entonces les rodearon fuerzas nobles y fueron conminados a rendirse. Se negaron, y siguió una cruel pero extremadamente des igual refriega. Un puñado de plebeyos logró romper el cerco de sidhe y corrieron a alertar al resto de la bahía.

¿Habrían ganado los plebeyos si toda su población se hubiera unido en un gran ejército? Probablemente. Cifras de tal magnitud serían difíciles de superar, incluso para los sidhe. La mayor debilidad de los plebeyos fue que pocos de ellos tenían alguna habilidad para combatir, y aquellos que la tenían, normalmente habían practicado en peleas de bar o bandas callejeras. Enfrentados a enemigos armados v acorazados con precisión táctica, no tenían muchas posibilidades. Para hacer peores las cosas, las cuadrillas prefirieron defender sus territorios más que luchar por toda la bahía. Dejar indefensas sus vecindades permitiría que esos viles sidhe ocuparan sus feudos. Corno resultado, el área de la bahía fue tomada trozo a trozo. El líder nominal de los changelings de la bahía, Ranalf Sumner, hizo su resistencia en Torre Coit, que estaba localizada en una colina muy escarpada y defendible. Allí mantuvieron a raya a los sidhe varios días. Desgraciadamente, una falsa retirada atrajo a algunos de los defensores fuera de la colina, donde fueron hechos pedazos por arqueros ocultos. La torre cayó poco después.

Cercados por los sidhe en Presidio, Nerrit Skinner, el sucesor de br Sumner, rindió sus fuerzas a cambio de la promesa de perdón para todos los que dejaran las armas. En general, así se cumplió. No obstante, los combates continuaron esporádicamente otro día más, y muchos plebeyos pagaron cara su resistencia. Otros intentaron escapar; de aquellos que huyeron a Chinatown nunca más se volvió a saber. Unos pocos consiguieron deslizarse entre los centinelas y huyeron a San José o Sacramento. Dafyll concedió a los vencidos su libertad a cambio de un número de rehenes. Por supuesto, los sidhe se quedaron con casi todos los feudos.

Uno de los últimos lugares en caer fue, y no es ninguna sorpresa, Alcatraz. La prisión abandonada fue tomada por un variopinto grupo de plebeyos que encontraron las demás vías de escape bloqueadas. Una combinación de ataque aéreo y sutiles cantrips desgastaron a los defensores, aunque no antes de que los cuerpos ele sidhe se esparcieran por el patio. De treinta defensores, sólo doce fueron capturados con vida. Lord Markhill ap Gwydion pasó juicio sumario a los prisioneros; ya que les gustaba tanto la prisión, podían quedarse en ella. Les tuvieron ocultos en confinamiento solitario, lejos de turistas curiosos y apartados unos de otros; la comida les era llevada por quimeras invisibles y que no hacían ruido alguno. El lugarteniente de Markhill, que sobrevivió a su señor en la batalla de Buckhead, olvidó mencionar a esos prisioneros durante las negociaciones de intercambio de los mismos al final de la guerra. Los supervivientes fueron descubiertos en 1979; de la docena, siete continuaban aún vivos, aunque en varios estados ele locura. Una celda estaba vacía: un vidente de la corte afirmó que el inquilino había caído tan profundamente en la Confusión que se había deslizado en el Ensueño.

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