El miedo está ligado al hombre desde sus orígenes, cualquiera que hayan sido éstos. Su constante presencia está expresada en los mitos de la creación, en las tradiciones, en el surgimiento de los dioses y la magia como medio de exorcizar el mal o de producirlo. El infierno, los demonios, las criaturas que pueden nublar el raciocinio del más valiente se encuentran presentes en todas las culturas humanas. Son la expresión de nuestros temores ocultos convertidos en símbolos. Numerosas generaciones lo han plasmado en sus obras de arte con mayor o menor acierto, utilizando para ello diversos escenarios: desde castillos y monasterios en el terror gótico, hasta los ambientes más cotidianos y realistas del terror moderno. 
La estética ha ido variando con el transcurso del tiempo. El romanticismo se ha transformado en erotismo e incluso en pornografía, el «susto» ha sido sustituido por el efecto psicológico, las escenas de tímidos fantasmas por la violencia gráfica del Gore, en algunos casos. Pero la esencia permanece. Hoy tenemos el placer de presentarles una serie de autores cuyo ingenio tiene poco que envidiar al de los maestros del género.
ANTIGUALLA de Miguel Martín Cruz nos demuestra cómo el poder de la tecnología puede influir en nuestra apariencia, llegando a ser nosotros mismos. Ya no existe la posesión demoníaca, sino la posesión tecnológica.
En ARSAHUAYA de José Antonio González Castro son los demonios de la psique quienes desatan la tragedia. Procuren no suministrarles la ayudita preceptiva.
El terror puede venir del espacio para subyugarnos como en BLANCO COMO LA ESPUMA de Giampietro Stocco. Procuren no ser excesivamente curiosos o cultiven su fuerza de voluntad.
La muerte puede esconderse en un juego para video consola. Así ocurre en BATTLE DEATH de Rakel Archer. Tengan cuidado con lo que compran. ¿Cuál es el mejor castigo para un criminal? ¿La carcel perpetua? Se me ocurre uno mejor. El que ha imaginado Luis Barrera Bermejo en CONSCIENCIA IRREVERSIBLE.




