“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"
Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars
Capítulo 4
Reagrupación
Segunda Parte
Escrito por LLorenç Carbonell
Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.
USS Enterprise
Aquella tarde se celebró otra reunión, esta vez a bordo de la Enterprise y con un número más reducido de oficiales.
– Primero de todo quiero decirles que no sabía lo que Lwaxana Troi iba a proponer – empezó diciendo Picard –. Me siento halagado y al mismo tiempo abrumado. Y me gustaría contar con ustedes para formar mi estado mayor, aunque preferiría llamarlo un Gabinete o Consejo de Crisis. Robert, hace tiempo que nos conocemos y no dudo de tus capacidades, por eso quiero que seas el jefe de este estado mayor. Que coordines nuestras fuerzas y que asumas el mando si fuera necesario.
– Será un honor – replicó el capitán de la Hood.
– Capitán Sisko. Hace siete años usted y yo… Bueno, comprenderé que no acepte la proposición que le haré. Pero es famosa su reputación de táctico: planeó la operación de recuperación de EP9 ataque al sistema Chin’toka y un sin fin de otras misiones durante la guerra contra el Dominion. Me gustaría que fuera mi jefe táctico: organizando y planeando los futuros ataques que realizaremos contra las fuerzas del Imperio.– No tendré ningún problema para ello, capitán.
– Gracias – dijo Picard con cierto alivio –. Capitán Whatley, la Presidenta Troi me ha pedido expresamente que usted actuara de enlace entra la Flota y ella. Si usted no tiene ningún inconveniente, yo tampoco.
– No señor. Para mí será un placer. Tratar con la Presidenta Troi es un poco chocante al principio. Pero mi marido es betazoide. Al final uno se siente más cómodo con ellos. No se como lo hacen, pero es así.
– Si usted lo dice – replicó Picard refiriéndose más a Lwaxana que no por su propia consejera, con la que sí había acabado por encontrar aquella relación –. Capitán Harzel su papel en el Operativo Omega es muy importante, ya que gracias a sus diques podremos reparar nuestras naves. Pero también es el oficial de mayor graduación del Cuerpo de Ingenieros de la Flota. Me gustaría que asumiera el mando de este departamento. También le pediría que controlara nuestros recursos.
– Lo intentaré lo mejor que pueda.
– Se lo agradezco – luego se dirigió hacia Valerie Archer –. Comandante, según los planes del almirante Paris, usted trabaja subordinada al almirante Toddman en el Departamento de Inteligencia. Quisiera que organizara ese departamento y fuera mi enlace.
– No habrá ninguna dificultad – explicó Archer –, evacuamos nuestras instalaciones de que teníamos en la ciudad Tycho en la Luna y ya estamos acabando de montarlas en Laredo. Aunque no interrumpimos nuestro trabajo a bordo de la Bozaman, donde el capitán Bateson nos permitió seguir con él y fuimos recopilando toda la información que pudimos. Sobre todo a través de las comunicaciones. Ya hemos ido presentando regularmente informes de los movimientos del enemigo al resto de capitanes.
– Perfecto, comandante. Luego quisiera que me informe más extensamente.
» ¿Alguna otra cuestión?.
– Bueno, yo tengo una – dijo Harzel –. Es estos momentos las reparaciones de la Phoenix y la Tecumseh están prácticamente concluidas. Por otro lado tengo cuatro naves que no tienen ni capitán, ni tripulación completa: la Constitution y la Pathfinder, de la clase Sovereign y Nova modificadas, así como las dos primeras Prometheus: la Mitras y la Pretorian, todas ellas en un estado muy avanzado de construcción. A la Constitution, la Pathfinder y a la Pretorian tan solo les faltan completar algunos pocos sistemas auxiliares. Lo que les faltan son tripulaciones.
– Dos naves de la clase Prometheus. Ya supe lo que hizo su prototipo cuando fue capturada por los romulanos. Ciertamente nos serán de mucha utilidad – comentó Picard –. Lo primero que tendríamos que hacer es completar sus tripulaciones.
– Yo tengo una propuesta para mandar una de esas naves – intervino Sisko –. Y creo que estaremos de acuerdo en que es el oficial idóneo para una nave de la clase Prometheus. El teniente comandante Worf.
– ¿Pero no forma parte de la tripulación de la Defiant? – le preguntó DeSoto.
– Así es. Y es un oficial excepcional. Por eso mismo lo propongo.
– Si el capitán Sisko está dispuesto a desprenderse de un oficial así, no tengo ningún inconveniente de entregar a Worf una de las Prometheus – dijo Picard.
– El Capitán Rixx perdió la Thomas Paine en el Sector 001 – comentó DeSoto.
– Si nadie está en contra, propongo que al capitán Rixx se le entregue el mando de la Constitution. Sería un comandante perfecto – propuso Picard y todos estuvieron de acuerdo.
» Otro tema, la Base Estelar Laredo. Necesitamos un oficial que se encargue de esta. Tareas administrativas, esas cosas. ¿Conocen a alguien adecuado?
– ¿Qué tal el comandante Mark Jordan de la Base Estelar 153? – sugirió Harzel.
– Me parece bien – indicó Picard, que ya tenía formado su estado mayor: DeSoto su segundo; Sisko el superior táctico; Archer de Inteligencia de la Flota; Harzel encargado de la reparación y logística de los astilleros; Jordan supervisor de las operaciones en la base y Whatley enlace con Lwaxana Troi. Ahora ya podía empezar a trabajar.
– Comandante Worf – ladró la voz de Sisko a través del comunicador –. Preséntese ahora a bordo de la Enterprise.
– Ahora voy – replicó el klingon desde la Phoenix, que estaba acabando de sincronizar el sistema de ocultación. Poco después se transportaba a bordo de la Enterprise donde le esperaba Riker para llevarle al puente.
– Me han comentado que estuvo prisionero de los Breen – preguntó este tan oportuno como siempre en el turboascensor.
– Sí, comandante. El Legate Damar nos ayudó a escapar poco antes de sublevarse contra el Dominion – respondió Worf y cambió de tema para evitar pensar en lo ocurrido entonces –. ¿Y como le va con la Consejera?.
– Muy bien. La verdad es que somos felices.
– Me alegro por ustedes. Nunca lo deberían haber dejado – replicó justo antes de que se abrieran las puertas del turboascensor y Riker le hiciera pasar al observatorio.
Allí se encontró con toda la antigua oficialidad de la Enterprise: Geordi La Forge, Data, la doctora Crusher, Deanna y junto al capitán Picard, también estaba Sisko, O’Brian, Ezri y Nog. Lo que le sorprendió mucho.
– Comandante Worf, por favor acérquese – le indicó Picard y el klingon así lo hizo. Miró hacia Ezri interrogativo, pero no obtuvo nada de ella, salvo una sonrisa que no decía mucho. Realmente no podía dejar de ser encantadora, todo tenía que decirse.
» Señor Worf hace tiempo que nos conocemos – continuó Picard –. Y lo que ahora voy a decir es algo que me enorgullece. No solo a mí, sino a todos los que estamos ahora en esta sala.
» Atención a las órdenes. Como oficial la mando de la Base Laredo y en representación del Alto Mando de la Flota Estelar, al comandante Worf, hijo de Mogh. En este día se le pide y requiere para que tome el mando de la nave estelar Pretorian, de la clase Prometheus. ¿Acepta?.
– Acepto – dijo el klingon atónito.
– Entonces aquí tiene los códigos de su nave, ya han sido transferidos – continuó Sisko entregándose un padd –. La Pretorian no ha sido alistada del todo, ni tiene la tripulación completa. Pero es suya Worf. Completamente suya.
– Yo… Bueno… Gracias – fue lo único que pudo farfullar Worf.
– Felicidades – le dijo Riker estrechándole la mano.
– Enhorabuena Worf – le felicitó Ezri, dándole un baso en la mejilla.
– Le felicito de todo corazón – prosiguió Deanna y así todos los presentes le fueron felicitándole. Para Worf aquel era un momento muy especial, no solo por la entrega del mando de una nave, sino porque estaba rodeado de todas aquellas personas a las que quería. O por lo menos casi todas ellas.
– Le hemos preparado una pequeña fiesta para celebrarlo – le indicó Picard.
Daran ya estaba completamente instalado en el Dique Estelar. Aquella zona estaba destinada a las oficinas de la estación, así como a recepciones oficiales y residencia de invitados ilustres. Ahora las antiguas oficinas administrativas se ocupaban del arduo trabajo de dominar y subyugar los Nuevos Territorios.
También la ocupación de la Tierra y el Sector 001 había concluido. La maquinaria imperial ya estaba acomodada en las antiguas instalaciones gubernamentales de la Federación y la Flota Estelar. El Dique Estelar era el lugar desde donde se controlaban los Nuevos Territorios. En Utopia Planitia y en la Luna estaban instalados el cuerpo de Ingenieros, tanto para reparar las naves dañadas, como para el estudio y el análisis de la tecnología indígena. Los Cuarteles Generales de la Flota y la Academia en San Francisco, eran utilizando por el Estado Mayor del Gran Almirante Gorden. Y la Presidencia de la Federación en París eran ahora la sede del COMPNOR, la Comisión para la Preservación del Nuevo Orden, cuya misión era la implantación de las ideas del Emperador en aquellos mundos. Esta estaba bajo la supervisión del Consejero Imperial Molzer, quien había sido escogido por el Emperador para aquel trabajo. Y curiosamente con el tiempo se había convertido en un aliado.
Su trabajo era complicado ya que al contrario que había ocurrido en su galaxia, en los Nuevos Territorios, el Imperio no había surgido como la salvación del caos de la Antigua República, si no que eran unos invasores de otra galaxia. Aun así los responsables eran optimistas: pronto empezaría el adoctrinamiento ideológico de los humanos indígenas. Se había previsto la inscripción obligatoria de todos los menores de 6 a 14 años en escuelas especiales, donde se les enseñaría la ideología del Nuevo Orden. Primero en los grandes planetas como la Tierra y en otras colonias humanas como Alfa Centauri o Daran V. Poco a poco estas escuelas se irían extendiendo a otras razas humanoides como los trill, los angosianos o los fabrini. Por supuesto otras razas humanoides inferiores como los tellarites, andorianos, benzitas, klingons y otras visiblemente no humanas, serían excluidas de la ciudadanía Imperial. No obstante estarían bajo control y gobierno Imperial, teniendo que pagar por su puesto sus respectivos impuestos. Aunque se había previsto otorgar a algunas razas privilegios especiales, sobre todo para aumentar el número de razas leales al Imperio: los bajoranos y los vulcanos eran los primeros de la lista.
Finalmente estaba planeado que otras razas de menos importancia en la galaxia e históricamente hostiles, aumentaran relativamente su poder e influencia. Alentando antiguas rencillas, de forma que lucharan entre estas. Un ejemplo claro eran los remianos que habían sido esclavizados por los romulanos durante siglos. O los kriosianos con los Klingons, a los cuales se les había otorgado la independencia así como la tutela de parte del territorio de sus anteriores dominadores. A los Gorn, a los Talaritas y otras también se les permitiría aumentar sus territorios, sobre todo planetas de la Federación y Klingons, reduciendo así el ingente número de planetas que el Imperio debería ocupar físicamente. Por supuesto todas estas razas pagarían al Imperio por sus nuevos sistemas. Y nunca se dejaría que crecieran lo suficiente como para convertirse en una amenaza. Otras razas no alineadas, con mucho menos poder y belicosas, como los naussicanos o los flaxians o los t’lani también agrandarían más territorios. Divide y vencerás, esa era su máxima en aquel tema. Otra manera de control estaba en la reducción de las comunicaciones, muchos de los repetidores subespaciales ya habían sido destruidos y los que quedaban intactos estaban bajo control de droides especialmente programados para dicha tarea. Mientras que todo tratado comercial debía de ser renegociado con las nuevas autoridades. En ese aspecto iban a concederse nuevos privilegios a los ferengi, así como a tavnias y alguna otra especie que se dedicaran al comercio.
En un par de décadas los planetas de la antigua Federación serían por completo leales al Imperio. Tanto por el adoctrinamiento de sus hijos, como por la inmigración de las familias del personal y las fuerzas armadas Imperiales. Entonces empezaría la expansión del Imperio en aquella Galaxia. El único gran obstáculo que debían superar eran los Borg, pero estos también acabarían derrotados por el Imperio.
Pudiera parecer presuntuoso pero en realidad los Borg eran los únicos que podía derrotar al Imperio en aquella galaxia. Eran poderosos e invencibles, al menos en apariencia. Pero ya había empezado a preparar sus tácticas contra aquella raza de ciborgs. Para ello tenía el potencial humano de la Federación, se había tenido mucho cuidado en separar a todos aquellos prisioneros que habían trabajado en planes y estratégicas contra los Borg. Y especialmente en la falta de escrúpulos de su Cuerpo de Investigación. El cual tenía un departamento especializado en los Borg instalado en unas instalaciones de la Baikonur.
Daran cogió el informe que tenía sobre la mesa y repasó los últimos planetas ocupados por sus fuerzas. Aquello no le gustó nada, ya que iban muy retrasados según los planes originales. Aunque debía de ser comprensivo, aquellos hombres, soldados, marineros y oficiales, acababan de invadir media galaxia para honor y gloria del Imperio. Debía tolerar aquellos retrasos, por lo menos para que descansaran antes del inicio de las insurrecciones planetarias, las reubicaciones forzosas y la expoliación de sus riquezas. También debía de contar con la persecución de las naves que hubieran quedado de la Federación, los Klingons o los Romulanos. Porque tenía que ser sincero, alguna nave solitaria y desorganizada abría escapado del ataque inicial. Lo único positivo de ello era que mantendría el nivel de eficiencia que la Flota Imperial exigía.
USS Enterprise-E
– La USS Bozeman es una nave idónea para operaciones de vigilancia electrónica – explicaba Valerie Archer –. Aunque parezca antigua los ingenieros de Yoyodine hicieron un trabajo magnífico al modernizarla.
– Imagino que el capitán Bateson está dispuesto a trabajar en este campo – comentó Picard en su despacho, donde estaba conferenciando con la responsable de inteligencia la comandante Archer.
– Por lo que pude tratar con él, no creo que tenga ningún problema. Es un hombre muy capaz – comentó Archer.
– Le he pedido al comandante Data que estudiara, junto a mi ingeniero en jefe, Geordi La Forge el nivel tecnológico y las tácticas utilizadas por el Imperio – continuó Picard –. Me gustaría que le entregara todos los informes que tenga a este respecto y que colabore con él. Lo primero que debemos hacer es conocer a fondo al Imperio.
– Perfecto, la Wounded Knee capturó lo que parece una sonda Imperial – explicó Archer –. La gente del capitán Hawk Eye sé que ha investigado los restos. Le pediré que también ayuden al comandante Data.
– Capitán Picard, se acerca una lanzadera al sistema – interrumpió la voz Riker a través de su comunicador.
– Ahora voy Nuevo Uno – respondió este dando por terminada la reunión que tenía con la comandante Archer. Los dos se levantaron y salieron de su despacho –. ¿La han identificado?
– No. Es una lanzadera pequeña. Le encuentra al límite de los sensores. Pero se acerca a gran velocidad – le explicó Riker –. Por lo menos factor 9.999.
– ¿Está seguro? – preguntó Picard sorprendido.
– Sí señor.
– ¿Qué nave está patrullando ese perímetro?.
– La Gatwick.
– Pídales intercepten la lanzadera. ¿Se ha comunicado con ella? – preguntó Picard sentándose en su silla.
– Sí, pero no obtenemos respuesta – le respondió Riker.
– Recibimos un mensaje – anunció entonces Daniels –. Pero no tiene sentido. Solo es audio.
– Páselo – ordenó Picard. Y por los altavoces del puente se empezó a oír lo que parecían una serie de ritmos musicales.
– ¡Oh Dios mío!. Esto no es posible – dijo de repente Riker lanzando una carcajada. Picard le miró sorprendido.
– ¿Lo ha identificado?.
– Creo que sí señor – dijo el primer oficial girándose hacia Daniels –. Compárelos con los ritmos de la Ceremonia Algarian.
– ¿Usted cree? – preguntó Picard incrédulo a lo que le decía su memoria.
– ¿Por qué no?.
– Coinciden, señor – anunció Daniels.
– Abran un canal – ordenó Picard que no se acababa de creer lo que estaba pasando. Antes de decir nada miró a su oficial ejecutivo, que tenía una de aquellas sonrisas de pillo de oreja a oreja, tampoco podía creer lo él mismo –. Aquí el capitán Jaen-Luc Picard de la nave estelar Enterprise. Lanzadera no identificada. Responda.
– Buenos días, señor – dijo una voz conocida por los altavoces
– Recibimos señal visual.
– En pantalla – ordenó Picard y ante sus ojos apareció el interior de la angosta lanzadera, a los mandos de alguien de la familia –. Señor Crusher. ¿Es realmente usted?.
– Sí señor. Es un placer volverles a ver.
– El placer es mutuo Wesley – contestó Picard. La verdad es que aquello era increíble. Pero también era lo mejor que les pasaba desde hacía semanas. En realidad desde que se había iniciado la invasión del Imperio: encontrar a uno de los suyos; el hijo pródigo que regresaba a casa –. ¿Y que es lo que le trae por aquí?.
– Pensé que les iría bien una mano. Aunque sea la mía.
La pequeña lanzadera entró en el sistema y se dirigió hacia la luna donde la Enterprise se encontraba en órbita. Era la primera vez que Wes veía la nueva nave. Sus líneas más agresivas, estilizadas y aerodinámicas no le acabaron de gustar. Sinceramente prefería la clase Galaxy. Su Enterprise en definitiva. Aun así no se estuvo de observarla con detenimiento, haciendo una pasada por encima del plato y las barquillas antes de virar y encararse al hangar situado detrás del puente. Las puertas se abrieron y con suavidad se posó junto al comité de bienvenida.
Beverly se abalanzó sobre su hijo nada más poner un pie en la nave, abrazándole con todas sus fuerzas.
– ¡Oh Wes! – fue lo único que alcanzó a decir Beverly al ver a su hijo de nuevo tras cinco años de ausencia. Había recibido algunas cartas después de dejarle en Dorvan V, pero luego habían ido alargando hasta interrumpirse.
» ¡Cuánto te he echado de menos! – continuó diciendo, apartándose un poco y observarle mejor de arriba a bajo.
– Yo también te he echado de menos, mamá – replicó este.
– Pues nadie lo diría por el número de cartas que me has escrito últimamente – le reprendió. Su hijo tan solo sonrió y se giró hacia el resto del comité de bienvenida.
– Pido permiso para subir a bordo, capitán – dijo formalmente.
– Usted siempre será bienvenido a bordo de la Enterprise – replicó Picard estrechándole la mano.
– Gracias, señor.
– Curiosa jugada lo de la Ceremonia Algarian – le indicó Riker al saludarle.
– Pensé que sería una forma de identificación apropiada.
– Bienvenido a bordo, Wes – le saludó Geordi adelantándose y estrechándole la mano.
– ¡Se quitó el Visor…! – dijo sorprendido –. Está mucho mejor así.
– Muchas gracias – replicó el ingeniero.
– Es un placer volverle a ver, señor Crusher – continuó Data.
– El placer es todo mío – dijo dando un paso atrás y viendo a todos sus antiguos amigos. En aquel momento, a bordo de la Enterprise, rodeado de su familia, de sus compañeros de mil y una aventuras, se sintió en casa. Aunque no fuera su Enterprise.
– Hacía tiempo que no comía tan a gusto… – dijo Wesley tras acabar de cenar con su madre y el capitán Picard. Y antes de que su madre pudiera decir algo, Wes se adelantó –. No creas que he comido mal, es la compañía.
– Tenía tantas ganas de volverte a ver – replicó Beverly cogiéndole la mano. No cabía en si misma de la alegría que tenía. Ver que su hijo estaba bien, fuerte y feliz era el mejor regalo que podía tener, sobre todo en aquellas terribles circunstancias.
Durante la cena había estado explicando su estancia en Dorvan V, los problemas iniciales con los cardassianos, los ataques y las humillaciones que habían padecido, hasta que la situación se relajo. Para entonces lo que tenía que aprender ya lo había aprendido y junto al Traveler habían abandonado el planeta para continuar su aprendizaje. En Tau Ceti C era donde se había enterado de la invasión de la Federación.
– ¿Cuál es la situación capitán? – preguntó entonces Wesley.
– Mala – replicó Picard –. Muy mala. La Federación ha sido prácticamente invadida. La Flota ha sido derrotada y desmembrada. Quedamos algunos grupos que nos estamos organizando, pero aun no sabemos realmente contra quien nos enfrentamos.
– Comprendo – dijo Wes, que también conocía la derrota de los Romulanos, de los Klingons y aquel nuevo enemigo del cuadrante Gamma, el Dominion –. Sé que renuncié… Pero mi intención es, si fuera posible, unirme a ustedes y ayudarles en todo lo pueda. Por eso he venido.
– En estas circunstancias, toda ayuda es bien recibida – replicó Picard.
– Conocí a otro Traveler. Me dijo que había estado en la galaxia de donde proceden estos invasores – empezó a explicar, captando toda la atención de Picard –. No sé detuvo mucho tiempo. Pero me dijo que el Imperio estaba envuelto en una guerra civil y luchaba contra una llamada Alianza Rebelde. No me explicó mucho más.
– Eso ya es importante – dijo pensativo Picard, aquella información era muy útil –. No olvidemos que los enemigos de mis enemigos, son mis amigos. ¿No?.
– Señor Crusher, preséntese en mi despacho – dijo la voz del capitán Picard a través de su comunicador. Este lo presionó y respondió que iba enseguida.
– Me alegro de que estés aquí de nuevo – replicó su madre mientras le miraba llena de alegría por volver a vera su hijo.
– Volveré enseguida y continuaré explicándote cosas sobre los lugares que he visto, ¿de acuerdo? – replicó este levantándose. Rodeó la mesa del despacho de su madre y la abrazó de nuevo.
– No hagas esperar al capitán – le advirtió Beverly y se quedó mirando como su hijo salía de la enfermería. Había cambiado tanto en aquel tiempo, se dijo. Ahora ya no era su niño, sino un hombre y estaba orgullosa de ello. Pero añoraba a aquel pequeño Wes que revoloteaba nervioso por la Enterprise, inquieto y sediento de conocimientos y aventuras. El niño adulto ahora ya era un hombre. Y cada vez más parecido a su padre. Sí, Jack estaría orgulloso de Wesley. Seguro de sí mismo, dueño de su destino. Muy distinto al joven perdido y desorientado que había visto en Dorvan V. Y por encima de todo, se alegró de que estuviera en casa. A pesar de las circunstancias.
Se abrieron las puertas del despacho de Picard y este indicó que entrara. Además del capitán también estaba Riker y Worf.
– No sabía que estaba a bordo, señor Worf – le salió Wesley al guerrero klingon que vigilaba que se hubiera ido a dormir a la hora años atrás. Aunque le parecía que habían pasado siglos desde aquellos días.
– Señor Crusher, hemos estado considerando su propuesta de ayuda – empezó Picard cuando este tomó asiento –. La tripulación de la Enterprise está completa. Pero no así la dotación de la nueva nave del capitán Worf.
– No lo sabía, felicidades – intervino Wesley.
– Es la Pretorian, de la clase Prometheus – continuó Worf –. Es un nuevo tipo dotado con una separación multi-vector de ataque. Sí está dispuesto a aceptar el reto que supone su nuevo destino, estaré orgulloso de que sirva bajo mi mando.
– Será un honor, señor Worf – replicó Wesley abrumado. Conocía a Worf desde que tenía quince años y habían pasado muchos aventuras juntos, pero jamás imaginó que le ofreciera una cosa como aquella.
– Por supuesto será como alférez. En funciones – le dijo Riker con aquella media sonrisa burlona que tenía.
– Eso no tiene importancia. Pero se lo agradezco. De veras.– Bien, señor Crusher – continuó Worf –. Ya puede subir a bordo y preséntese a la comandante Norel para que le asigne una cabina. Le veré mañana a las ochocientas horas en el puente de la Pretorian. Espero que no se retrase.
– No lo haré, señor… Capitán – dijo este levantándose para marcharse –. Capitán. Comandante.
Dicho lo cual salió del despacho con una sonrisa de oreja a oreja. Respiró hondo y empezó a preparar mentalmente lo que necesitaría… De golpe se detuvo y su sonrisa se le borró de la cara. Sintió algo, en su subconsciente una señal de alarma se encendió en su mente. Alguien, muy lejos de allí… No estaba seguro, pero. Algo pasaba.
Continuará…