“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"

Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars

Capítulo 3

Laredo

Tercera parte

Escrito por LLorenç Carbonell

Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.

Dique Espacial, la Tierra

Daran contempló sus dominios y comprendió lo que el Emperador sentía al contemplar el basto Imperio que tenía, porque él mismo se sentía Emperador de los Nuevos Territorios. No en vano el mismo Palpatine le había concedido poderes extraordinarios durante y después de la invasión, convirtiéndose en la extensión del propio Emperador. Nunca nadie antes había obtenido semejante poder sobre los recursos de la marina, el ejército y el gobierno del Imperio.

Poco antes se había reunido con los generales Korvin y Kartner, responsables del personal y la logística de sus ejércitos por petición de estos. Los dos viejos burócratas de las fuerzas armadas se habían aliado y le pidieron que redujera el ritmo de las operaciones de conquista. Argumentaron que se estaba abusando del rendimiento, tanto de los hombres y del material y que no se ralentizaba la operación, pronto el agotamiento se vería reflejado en los combates. Korvin indicó que una sola derrota podría conllevar nefastos resultados para la moral, tanto de sus fuerzas, como las del enemigo.

Pero no fueron aquellos argumentos lo que convenció a Daran. Si no que los dos generales se había unido. Era bien conocida su rivalidad durante los preparativos, las luchas entre ambos habían llegado hasta provocar apuestas entre algunos otros altos oficiales. Pero ahora estaban juntos, hombro con hombro. Y aunque debía confesar que su enemistad le divertía, sabía que los dos oficiales eran competentes en su trabajo y que decían la verdad.

Sobre la mesa tenía la noticia transmitida desde el Verdugo sobre la victoria en la Base Estelar Earhart. Con aquello había vencido al Imperio Romulano, al Klingon, al Dominion y a la poderosa Federación Unida de Planetas. Tan solo quedaban algunas potencias menores como los Tholianos, los Gorn, los Talarianos, los Tzenkethi, aquellos Sheliaks y los Breen entre otros pocos, que podían ser vencidas en cualquier momento.

Era hora de frenar un poco y consolidar sus conquistas antes de que estas se escurrieran entre sus dedos. Tras mostrar su poder había llegado el momento de pactar y los primeros serían los Breen. Estos había sufrido grandes pérdidas en Cardassia Prime, sabían lo que sus fuerzas eran capaces, así que serían los ejemplos a seguir. Luego lo haría con el resto de potencia menores.

Completada la segundo fase del plan ahora debía empezar la tercera, la cual no era menos complicada que la conquista. Mantener y consolidar aquellos cientos y cientos de sistemas sometidos a su control. Debido a la gigantesca envergadura de la invasión se había optado por una táctica denominada Salto de Rana, que consistía en llegar a un sistema, destruir su posible objetivo y abandonarlo para dirigirse a otro, hacer lo mismo y así sucesivamente. Después de destruir a las fuerzas armadas dominantes en la galaxia se procedería a la ocupación del terreno.

Este había sido dividido en seis sectores administrativos, cada uno de los cuales contaba con un Gran Moff, que tendría bajo su control una Flota de Sector encabezada por una escuadra de Destructores estelares de la clase Imperial o Victory, además de otras naves de combate.

Durante los años de preparación parte del Operativo Eckener se había dedicado a clasificar los planetas por su nivel de importancia estratégica. De esta manera se habían dividido en tres categorías: A, B y C.

Dentro del Tipo A de alta importancia estratégica se encontraban planetas como la Tierra, Vulcano, Romulus o Qo’noS. Debía de estar dotados de una tecnología muy sofisticada o eran planetas origen de una raza dominante en la galaxia, así como otros de importancia ideológica o sentimental muy importantes para estas razas. Estos mundos debían de ser ocupados militarmente y cualquier acción represiva tenía que estar autorizada por él mismo. El número de fuerzas terrestres dependería de la población y del nivel de hostilidad de esta. Estos planetas tendrían un gobernador, en su mayor parte el oficial al mando de la guarnición y respondían directamente a Daran en la Tierra.

Los planetas de Tipo B, de importancia estratégica media en su mayor parte eran colonias importantes de las razas dominantes, así como otros mundos de un desarrollo tecnológico inferior como Bajor, Tiburon o Gorn. Dentro de esta categoría entraban muchos planetas de la Federación de menor representatividad en esta. También se consideran de Tipo B aquellos que tuvieran importantes recursos para el Imperio, aunque en realidad pertenezcan al Tipo C. La presencia del Imperio en estos planetas no-solo sería la de un gobernador, en la mayoría de casos militares y el número de soldados estaría basado también en el nivel de hostilidad de la población nativa. Aunque si esta resistencia representaba restar los limitados recursos del ejército, los gobernadores tenían un poder ilimitado podía erradicarla con los métodos expeditivos y si hiciera falta, definitivos que creyeran oportunos.

El Tipo C de importancia estratégica baja, sería los mundos menos desarrollados, colonias pequeñas, así como puestos avanzados o bases estelares remotas. Sin olvidar civilizaciones poco desarrolladas tecnológicamente o no afiliadas a ninguno de los poderes dominantes de la galaxia. Era de suponer que la ocupación de estos planetas no representaría mucha oposición tras la aniquilación de la resistencia en las razas dominantes. La presencia del Imperio será sobre todo naval, cualquier resistencia será sofocada por métodos expeditivos y radicales, en muy pocos casos sería autorizada la presencia militar permanente en estos planetas.

Para ello se habían seleccionado miles y miles de soldados para la ocupación de los diferentes planetas. En total tenía el equivalente a seis Ejércitos de Sector, lo que sumaba más de un millón de hombres y miles de vehículos y tanques cada uno. Y si fuera necesario el Emperador Palpatine le había prometido otros dos o más Ejércitos de Sector para cuando acabara con la Rebelión.

El esfuerzo para transportar todo este contingente de tropas, material y vehículos iba a absorber la mayor parte de los recursos de la Flota en los siguientes meses. Por eso mismo debía detener las operaciones militares. Aunque también tenía pensado utilizar todos los transportes civiles que cayeran en manos de las fuerzas Imperiales. Estos, más lentos que los suyos, transportarían los refuerzos tras las primeras oleadas, así como el material y los vehículos militares no esenciales para la invasión.

La tercera fase de la invasión era la ocupación de todos los planetas conquistados y representaba la obtención de riquezas para el Imperio. Motivo por el que se habían aventurado en la Nuevos Territorios. Esto englobaba tanto la tecnología, las material primas y productos manufacturados, como la mano de obra esclava. En primer lugar llegarían miles y miles de familias de los soldados y administrativos llevados hasta allí. Estas se convertirían con el tiempo en la base de la sociedad dominante, llegando con algunas razas humanoides indígenas a una mestización. Claro que este proceso tenía que ser bien estudiado para impedir aberraciones. Aunque era un proceso lógico y desgraciadamente natural ante su presencia en las generaciones posteriores. El único beneficio que veía era la absorción de esas culturas dentro del Nuevo Orden.

Otra parte de aquella fase de asentamiento tenía carácter práctico. Ya que la permanencia prolongada en aquellas estrellas requeriría un esfuerzo material casi mayor que el de la invasión misma. Para ello ya se habían hecho tratos con numerosas empresas leales para trasladar o crear factorías en los Nuevos Territorios. Una de las primeras había sido Sistemas de Flota Sienar responsables de la fabricación de los cazas TIE, las lanzaderas Lambda y un sin fin de naves y vehículos utilizados por sus fuerzas armadas. Astilleros Kuat y su filial de Impulsores Estelares Rendili también trasladaría numerosos técnicos para evaluar las posibilidades de construir unos astilleros capaces de fabricar destructores de la clase Imperial. Así como otros constructores navales.

Pero no solo había grandes industrias que pronto llegarían con sus fábricas y técnicos, contratistas imperiales de otras ramas habían firmado convenios: Taim & Bak, responsables de las baterías turbolaser o BlasTech de las armas personales. O constructores de androides como Arakyd, de vehículos repulsores o andadores. Sin olvidar las grandes firmas dedicadas a la extracción y refinamiento de materias primas. Así como compañías de comerciales civiles sullustranas e incluso neimoidianas para transportar todo el material desde los territorios Imperiales hasta aquella galaxia y viceversa. Entre las que se contaba un pactado con los trandoshanos para el mercado de esclavos.

Todas estas empresas también habían aportado ingentes cantidades de créditos para sufragar la inversión necesaria en aquella magna empresa de conquista. Parte de la cual se había costeado gracias a las patentes tecnologías procedentes de los Nuevos Territorios y que habían proporcionado grandes sumas de dinero.

Todo ello contribuiría a la consolidación del Imperio en los Nuevos Territorios. Que a su vez encajaba perfectamente en una estrategia personal y si cabía magistral del Emperador Palpatine que mostraba con claridad su genio táctico sin parangón. El Emperador esperaba erradicar a la Alianza Rebelde en la batalla de Endor que en aquellos momentos estaría a punto de librarse, si es que ya no se había producido. Con la Rebelión aniquilada de una vez para siempre, el Emperador utilizaría los ingentes recursos de los Nuevos Territorios, sobre todo en tecnología para consolidar todos sus dominios en las dos galaxias. Convirtiéndose así en el ser más poderoso que jamás hubieran visto las estrellas. Y él, el Gran Moff Daran sería su mano ejecutora.

El Yermo

El capitán Sanders de la Malinche dejó el padd con el informe de las reparaciones sobre la mesa de su despacho y miró por la ventana. Las tormentas de plasma se extendían alrededor de su nave como un manto, ocultándola y protegiéndola. Curiosamente en los mismos lugares donde pocos años atrás perseguía y luchaba contra el Maquis. Eran ciertamente paradójicas las vueltas que daba la vida.

Había defendido Daran V junto a la Cortez pero no frente aquel nuevo enemigo sino contra fuerzas cardassianas. Ratas miserables: habían aprovechado la debilidad de la Flota para atacar y ocupar los últimos planetas de la Zona Desmilitarizada. Lo único que podía decir era que por lo menos que entre él y la Cortez se habían llevado por delante un buen número de cardassianos. Claro que aquello no le consolaba lo más mínimo al pensar la suerte que les esperaba a los habitantes de la colonia. Pero ahora su prioridad era reparar la Malinche y buscar otros supervivientes y luchar contra cualquier enemigo de la Federación.

Capitán, detectamos una nave que se dirige hacia nosotros – le interrumpió en sus pensamientos su oficial ejecutivo por el comunicador.

– ¿Puede identificarla?

Todavía no, señor.

– Ahora voy hacia allí – replicó Sanders saliendo de su despacho.

– Hemos alzado los escudos, pero aun están al 46% de potencia – le informó su primer oficial cuando entró en el puente.

– ¡Armen phasers y torpedos de photones, alerta roja! – ordenó intranquilo –. ¿Cuándo falta para que podamos identificarles?

– Un minuto – indicó su oficial científico –. El plasma que nos rodea interfiere los sensores de medio alcance.

Parecía como si aquellos segundos se prolongaran horas, mientras todo el puente tenía los ojos clavados en la pantalla. Luego como si apareciera de entre la niebla, una figura se destacó entre el plasma anaranjado de las Badlands. Sus líneas eran inequívocas: parecidas a las de un insecto mortífero que se acercaba directamente hacia ellos.

– ¡Estaciones de batalla! – indicó Sanders. Solo le funcionaba un lanzatorpedos y tenía ocho proyectiles y la reserva de energía de los phasers era también limitada, sin contar con los daños en la integridad del casco. Pero aun así sabía que la Malinche iba a plantar batalla honorablemente como en tantas otras ocasiones.

– Nos están llamando – informó sorprendido el oficial de operaciones. Sanders le miró igualmente extrañado. Luego recordó el informe de la explosión que se había detectado en Cardassia Prime que podía calificarse de proporciones planetarias.

– Abran la comunicación – indicó Sanders levantándose de su silla. En la pantalla apareció un vorta al que reconoció gracias a los informes de inteligencia como Weyoun, el ayudante de la líder del Dominion.

– Capitán de la Malinche, no es necesario que active sus armas – empezó a decir el vorta –. Y como muestra de ello, desactivaré las mías.

– Lo han hecho, señor – le confirmó su oficial táctico tan atónito como Sanders.

– Como ve, mis intenciones no son hostiles – continuó el vorta –. Tanto su gente como la mía, han sufrido un ataque de ese denominado Imperio Galáctico. En nuestro caso ayudados por un grupo de traidores cardassianos. Por tanto tenemos a un enemigo común y lo más lógico es que nos ayudemos mutuamente. Por el bien de ambos. Sé que no será fácil, pero las circunstancias nos superan, capitán. Además no sería la primera vez que la Federación y el Dominion cooperen – recordó Weyoun esgrimiendo una sonrisa de autocomplacencia.

El Persilla

Su encuentro con la Ya’Vang había sido providencial. Supieron que la Flota Estelar había sido diezmada y que la Fuerza de Defensa Klingon había dejado prácticamente de existir. Aun así la Ya’Vang vencedora de innumerables batallas no iba a rendirse y se dirigían hacia la Base Estelar Earhart donde la Almirante Shanthi había formado un grupo de batalla para detener al enemigo. Ellos también deberían dirigirse allí: tampoco había otro lugar al que poder ir.

Antes de separarse la Ya’Vang les entregó un transmisor subespacial con el que comunicarse tanto con ellos, como con la Flota Estelar, si llegara el caso. No podían olvidar que viajaban en una nave enemiga.

Pero para llegar hasta Earhart necesitaban aprender a utilizar aquella nave y el más cualificado era Julian Bashir. Se pasó otro día estudiando los controles y antes de la partida el crucero klingon había utilizado el ordenador de la Ya’Vang para hacer varias simulaciones. Este no se podía comparar con los de la Flota pero algo era algo: en dos de las había acertado, mientras que en una había hecho estrellar la nave en la estrella del sistema Zibal. También había repasado aquellos cálculos en su mente infinitas veces y eran correctos. Aun así estaba nervioso. Tan solo podía confiar en la suerte.

Confío en ti” fue lo único que le dijo Kira a Bashir justo antes de que este accionara los controles del hiperespacio.

Julian cruzó los dedos y empujó las palancas de aceleración. Frente a ellos las estrellas se convirtieron en estelas y finalmente en una especie de túnel infinito que giraba alrededor de la nave.

– ¿Cuántas horas cree que tardaremos? – le preguntó el Capitán Homeier.

– Unas pocas – indicó Bashir que no se había movido del puente desde que habían saltado al hiperespacio. La falta de incidentes le tranquilizaba.

El Aniquilador

Vantorel estaba en el puente de su nave insignia, un reluciente Destructor de la clase Imperial II. La joya de su corona, una máquina perfecta, diseñada y construida para vencer a cualquier enemigo.

– El embajador Breen ha llegado – informó uno de los ayudantes.

Vantorel asintió y cruzó el puente del Aniquilador hacia la parte posterior del complejo de mando. La entrada de la sala de reunión estaba custodiada por dos stormtrooper y en su interior le esperaba Thot Gor, el mismo que un año antes había firmado el cuerdo entre el Dominion y la Confederación Breen. Lo observó con detenimiento, embutido en aquel traje que le proporcionaba el frío necesario para su supervivencia.

Nada más entrar el breen empezó a hablar a través de su casco.

– Thot Gor le ofrece sus respetos y desea comunicarle que su gobierno no desea ningún enfrentamiento con el Imperio Galáctico – tradujo un droide de protocolo plateado, aunque no hubiera hecho falta ya que Vantorel había modificado su traductor universal al idioma Breen.

– Indíquele al general que el Imperio tampoco desea enfrentarse a la Confederación Breen – le contestó Vantorel –. Nuestro objetivo en Cardassia Prime no eran sus naves, sino las fuerzas del Dominion. Lamentamos la muerte de Thot Pran y su gente.

El droide tradujo y este asintió aunque era evidente que Gor debía de tener su propio traductor universal. Rápidamente el breen replicó a Vantorel.

– Por supuesto comprenden que en el ataque a Cardassia Prime sus naves destacadas fueran destruidas. Y que tras la derrota del Dominion, la alianza que había unido estos con la Confederación Breen queda anulada.

– Dígale que para el Imperio, así será.

Luego el breen tomó otra actitud y empezó a decir algo que obligó a Vantorel a ocultar su primera reacción. Aunque el tiempo que tardó el droid en traducir al breen le sirvió para meditar una respuesta.

– Thot Gor desea saber si el Imperio intervendría si se produjeran combates contra las fuerzas de Cardassia. Como sabrá uno de los puntos del acuerdo con el Dominion fue el traspaso de diversas colonias cardassianas a su control. Y es seguro que el Legate Broca quiera arrebatárselas.

– Indíquele que mientras nuestros territorios, ni las fuerzas Imperiales sean afectadas por sus luchas con Cardassia, nosotros no tenemos porque intervenir en disputas territoriales.

El droide tradujo y Gor asintió con visible aprobación.

– No obstante, el Imperio desea concretar ciertos aspectos que atañen al futuro de la Confederación Breen – aquello sorprendió a Gor que reaccionó antes de que el droide de protocolo lo tradujera –. Diversos sistemas cercanos a su frontera serán ocupados por fuerzas Imperiales más allá de la Black Cluster y espero ante el buen clima de nuestras relaciones sus fuerzas no opongan ningún impedimento. También deseamos poder entablar relaciones comerciales con su pueblo, para estrechar nuestros lazos. De esta manera queremos abrir una embajada en Breen con su correspondiente delegación comercial y ustedes harán lo propio en la Tierra. De esta manera la amistad que aquí ha nacido entre su pueblo y el mío, salga reforzada.

Gor se quedó pensativo unos instantes, luego dio su respuesta.

– Thot Gor indican que sus fuerzas no osaran oponer ninguna resistencia ante la ocupación de esos sistemas más allá de la Black Cluster. Por otro lado, el pueblo Breen es reservado – tradujo el droide –. Thot Gor no puede contestar a su petición en este momento, ya que ha de consultarlo con su gobierno.

-Lo comprendo. Pero mi tiempo es muy valioso. Si no aceptan todas nuestras peticiones no podré mantener mi posición por mucho tiempo. Por otro lado deseo fervientemente que la amistad y la paz entre nuestros pueblos crezca y se consolide. Por eso esperaré su respuesta. Y le deseo que tenga un buen viaje de regreso – dicho lo cual Vantorel salió de la sala de reuniones. En el pasillo le esperaba Lepira –. ¿Qué le ha parecido?

– Fascinante. Desgraciadamente no tienen otra opción que aceptar todas y cada una de nuestras propuestas – replicó el jefe de la inteligencia –. Aunque he de confesar que tenía ganas de luchar contra los Breen. De todas las razas de mi sector, fue con la que tuve los mayores problemas y no llegué a penetrar entre ellos. Tan solo la captura de un par de sus naves nos ofreció información útil.

– Sí, a mí también me hubiera gustado enfrentarme contra los Breen – le contestó Vantorel –. Creo que hubieran sido formidables adversarios. Son demasiado agresivos, tenga cuidado cuando monte la embajada en Breen.

– He de informarle de otro asunto, algo desagradable – continuó Lepira, Vantorel asintió y el espía prosiguió –. Uno de nuestros transportes de prisioneros no llegó a su destino. Creemos que tuvo un accidente en el hiperespacio.

– ¿Quién iba a bordo?

– El primer ministro Shakaar y parte de los prisioneros hechos en DS9…

– ¿Está seguro de que ha sido un accidente?

– No tenemos indicios de otra cosa. Pero lo investigaré. Otro tema, ¿han podido localizar a Lwaxana Troi?

– No, es escurridiza. Y tengo toda la escuadra de ataque del capitán Fardel rastreando desde Betazed hasta Klaestron. Aparecerá, ha de aparecer.

USS Rhode Island

Faltaba poco para el lugar de la cita, aun así Whatley estaba nerviosa, algo que no hacía falta la telepatía de Lwaxana para darse cuenta. Se habían detectado dos puntos de ruptura dimensional tras salir de la nebulosa. En el primero habían tenido tiempo de esconderse en un sistema cercano lo que se había mostrado erróneo, ya que las naves imperiales entraron en él y lo registraron. Cuando la situación era desesperada Whatley tuvo la acertada idea de colocase en el interior de la cola de un cometa y escondidos en su haz de partículas lograron zafarse de sus perseguidores. Con una nave más grande no lo hubieran conseguido.

El segundo había sido aun peor ya que sucedió en medio del espacio, donde no había ningún sitio donde ocultarse. Whatley recurrió de nuevo a la astucia y apagó todos los sistemas, incluyendo el vital, hasta que detectaron otra distorsión dimensional y la nave imperial desapareció.

No sabía si lo lograría hacer una tercera vez y eso le preocupaba. Pero no era lo único. Sabía de las capacidades telepáticas de Troi, en aquellos días había sido testigo de estas, pero cuando comunicaron a Picard, este no había dicho el lugar de la cita, se había limitado a enviarle un mensaje mental a Lwaxana. ¿Pero estaba segura de que esta lo había entendido? Su marido era betazoide, un ingeniero que había conocido en su primer destino así que no le era extraña la telepatía, era más, en el caso de su esposo le encantaba que este se adelantara siempre a sus deseos. Aun así no estaba segura de que Troi se hubiera puesto de acuerdo con Picard. Claro que su esposo no había sido instruido especialmente en aquel sexto sentido, por tanto no lo tenía tan desarrollado como la nueva Presidenta. Solo podía esperar que todo saliera bien.

Capitán, detecto varias naves – la interrumpió su primera oficial.

– ¿Puede identificarlas?

Están al límite de nuestros sensores – explicó esta –. Pero viajan con velocidad de curvatura, factor cuatro.

– Ahora voy – replicó Whatley con cierto alivio ya que si viajan a warp, eran por lo menos de su galaxia. Incluso podían ser naves estelares.

» ¿Puede decirme algo más? – le preguntó al salir del despacho.

– Todavía no – contestó –. No están lejos de nuestra ruta. Tal vez podríamos desviarnos. Eso no nos retrasaría.

– Lo consultaré con la Presidenta – replicó Whatley y mientras tomaba el turboascensor pensó en como su primer oficial le había leído la mente. Claro que este no era precisamente telépata. Elisabeth se sacudió la cabeza ante aquel pensamiento e intentó relajarse antes de hablar con Lwaxana.

– Adelante – dijo esta detrás de la puerta. Al abrirse vio a la Presidenta reunida con la embajadora Sandar. No muy lejos estaba al hijo de Troi jugando con el altísimo mayordomo, que parecía aun más divertido que el niño sentado en el suelo. Le pareció una curiosa escena, ya que en aquella habitación se estaría tratando del futuro de la Federación y al mismo tiempo un niño jugaba con unas piezas de madera.

– Hemos detectado unas naves…

– Sí, puede variar el rumbo e infórmeme en cuanto sepa algo.

– Gracias… – replicó e Whatley. Asintió de nuevo y regresó al puente. Poco después una de las naves que habían detectado cambió también el rumbo y se dirigió hacia ellos. Informó a Lwaxana, que se presentó en el puente con Sandar.

– Es hora de comunicarse, capitán – sugirió Lwaxana.

– Aquí la capitana Elisabeth Whatley a bordo de la nave estelar Rhode Island, identifíquense.

– Recibimos respuesta – indicó el oficial táctico.

– En pantalla – ordenó Whatley y en esta apareció un oficial de la flota estelar.

– Encantados de verles, soy el capitán Sisko, de la Defiant.

 

– Capitán Sisko, es un placer verle sano y salvo – intervino Lwaxana –. Pensaba lo peor después de la caída de Bajor.

– Por suerte logramos escapar – respondió Sisko tras sobresaltarse de la impresión de ver a Lwaxana de nuevo –. Hemos oído que usted estaba en Betazed cuando fue invadido de nuevo, lo lamento. Aunque me alegra que pudieron evacuar a tiempo. ¿Se dirigen a la Base Estelar Earhart, por casualidad?.

– No capitán Sisko – respondió Lwaxana en un tono que no había visto antes el Emisario en la embajadora: había autoridad, dignidad y convicción –. Y como Presidenta de la Federación le ordeno reunirse con la Rhode Island y acompañarme.

En algún lugar del sector Guigna

– Aquí Nigh Rancor líder – dijo el dug por la radio, que había traducido de su idioma gutural –. ¿Tendremos que esperar mucho?

– Tanto como sea necesario – replicó Seeriu Ajaan desde la Resplandeciente. El iktotchi además de ser el navegante de la Dark Angel, también se ocupaba de ciertas misiones a bordo del viejo transporte republicano –. Y mantenga el silencio de radio.

Maldito bastardo de mynock”, pensó Nierbal en el interior de su caza Ala-X. Realmente el interior de aquellas magnificas naves no estaban pensadas para ser pilotadas por los dugs arbóreos de Malastare. Claro que eran pocos los dugs que se aventuraban a salir a la galaxia. En realidad él había tenido que huir de su planeta para que no le mataran y después de vagar por la Franja Exterior se había unido a la Alianza. Sus razones eran simples: la Alianza necesitaba pilotos y era el único lugar donde le proporcionaban la posibilidad de pilotar cazas interestelares. Le había costado, pero al final logró acostumbrarse a sus reglas paramilitares o fueron ellos los que se acostumbraron a él. Aunque la razón era lo de menos. Lo importante era que se había convertido en uno de sus mejores pilotos, mucho mejor que la mayoría de los humanos. Era más rápido en sus reflejos y capaz de hacer locuras que otros ni imaginaban. Pero estar en la Alianza también había acarreado otros inconvenientes, que no eran precisamente la disciplina. Y no era que la paga fuera mala, era más bien nula. Por ejemplo el traje que llevaba se lo habían hecho a medida y pagado con su dinero, aunque por suerte esto le había dado la posibilidad de cambiar aquel naranja chillón por un color, más discreto. También había tenido que modificar los controles de su nave. Aunque eso había sido más bien una ventaja, ya que los había simplificado. Los humanos tenían la costumbre de hacer las cosas complicadas. Además de añadir alguna que otra alteración en el diseño general, así como a su droide astromecánico, un R2-E1 programado con tácticas de combate y especializado en los sistemas de su Incom T-65.

Mientras meditaba a los mandos de su caza la pantalla se encendió advirtiendo la presencia de una nave que acababa de salir del hiperespacio. Un rápido vistazo al banco de datos indicó que se trataba de una nave de suministros imperial. Instantes después apareció otra señal. Y otra y otra. En total ocho naves salieron del hiperespacio. Era un convoy pequeño con tan solo una fragata Lancer de escolta.

Nigh Rancor líder al resto del escuadrón – dijo por la radio –. Táctica Nierbal IV. Rancor 3 empiece aproximación.

– Rancor 3, entendido – replicó otra voz.

De la inmensidad del espacio los motores de los cazas se encendieron como luceros en el alba y uno de los Ala-X saltó despedido hacia el convoy, seguido del resto sus compañeros. A su lado un antiguo crucero republicano encendía los motores, al igual que los dos Ala-B que le flanqueaban.

Rancor 3 abrió sus alas en formación de ataque mientras se aproximaba a la fragata Lancer a toda velocidad. Detrás de él otros cinco cazas abrían también sus alas en forma de aspa y se desplegaban en abanico.

La fragata advertida de la súbita presencia de los cazas rebeldes empezó a virar hacia estos, preparando sus cuatribaterías láser hacia el primer caza. Pero era una nave lenta y había sido cogida por sorpresa. Rancor 3 tuvo tiempo de disparar dos torpedos de protones justo antes de virar bruscamente y romper el rumbo de aproximación. Las baterías láser le siguieron y abrieron fuego, pero el caza se alejaba haciendo maniobras evasivas esquivando los disparos.

Justo detrás de él los otros cinco cazas Ala-X abrieron fuego sobre la fragata fuera del arco de tiro de sus baterías. En la primera pasada habían dañado seriamente sus escudos y dejado fuera de combate algunos de los cañones cuádruples de la popa. Aunque la sorpresa inicial había sido agotada.

Mientras tanto los siete cargueros habían roto la formación y se alejaban de los cazas enemigos y de la cobertura de la fragata. Seguirían una táctica preestablecida saltarían al hiperespacio para escapar de sus atacantes. Pero en el momento en que se alejaban se encontraron con la presencia de otras tres naves: un viejo crucero y dos poderosos cazas Ala-B que estaban armados hasta los dientes.

Ver en acción aquellos cazas erizaba a cualquiera los pelos de la nuca. La carlinga de mando se mantenía quieta mientras su ala primaria giraba a su alrededor. Así los dos Ala-B se aproximaron a toda velocidad a los cargueros indefensos rotando sus alas y disparando sus cañones láser y de iónes. Los primeros disparos alcanzaron al carguero que iba en cabeza abriendo un boquete en el casco. El segundo también fue alcanzado, esta vez por el fuego de los cañones de iones, dejándolo fuera de combate. El tercero perdió los motores dejándolo a la deriva. El siguiente recibió los disparos en la zona de mando, mientras que el quinto estalló cuando los turbolásers de los cazas dieron de lleno en el reactor principal. Los otros dos cargueros se salvaron del fuego cuando la nave de escolta viró para defenderles del ataque de los Ala-B.

Esto dejó a los cazas de Nierbal justo detrás de la fragata. Se reagruparon y con su líder a la cabeza se aproximaron al Lancer disparando con sus cañones láser. Cuando los disparos de la fragata empezaban a compensar la destrucción de algunas de las baterías de la popa, Nierbal en persona se adelanto entre los disparos y se acercó directo hacia los motores.

– ¡Me han dado! – ladró uno de sus compañeros por la radio.

– ¡Rancor 5 abandone la formación y repliéguese! – ordenó Rancor 8, el oficial ejecutivo del escuadrón y quien muchas veces tomaba el mando en las tácticas en las que su líder se adelantaba al resto de cazas. La verdad es que los mayores reflejos de Nierbal habían hecho que su escuadrón tuviera muchas tácticas señuelo, dejando al líder aproximarse y desviando el fuego del grueso del ataque. Barmich, el segundo de los Night Rancor sabía que algún día su buen y loco amigo dug perecería por culpa de aquellas maniobras. Pero también conocía su pericia.

Mientras tanto Nierbal disparó dos torpedos de protones a muy corta distancia mientras esquivaba el fuego de los lásers. Inmediatamente después rompió la formación en un brusco giro hacia arriba, saliendo del ángulo de tiro de las baterías. Aunque una fuerte sacudida y el griterío chirriante de su droide le indicaron que aquella vez había sido alcanzado por el fuego de la nave imperial.

Pero el daño en esta ya estaba causado y los dos torpedos alcanzaron la fragata dañando todos los motores. Para entonces los Ala-B sé ya aproximaban, cubiertos por el fuego del resto de los Night Rancor.

Los disparos del Ala-B hicieron impacto en la nave ionizando sus sistemas electrónicos, dejándola literalmente a la deriva y sin defensas.

Inerte y sin poder responder el fuego, la fragata empezó a recibir los disparos láser de los cazas de Nierbal el cual permanecía rezagado, mientras su droide astromecánico acababa de evaluar los daños y hacía las primera reparaciones. Por suerte los proyectores tan solo habían alcanzado la pantalla deflectora, lo que hubiera sería un problema si aun necesitaba combatir, pero delante de suyo la fragata Lancer empezaba a desintegrarse bajo el fuego de sus compañeros.

Miró la pantalla y observó como el crucero republicano estaba acoplado a uno de los cargueros. Eran naves containers medias que no contaban con defensas, salvo unos escudos mínimos para los asteroides y los cuerpos inertes que flotaban por el espacio. Comprobó que de las siete, dos habían podido escapar saltando al hiperespacio, otras dos habían sido destruidas en la batalla y dos más flotaban en el espacio seriamente dañadas, mientras que la última estaba siendo abordada por el grupo de Darhk.

Los dugs tenían fama de matones, de buscadores de pelea, de gente sin escrúpulos. Nierbal no se consideraba una excepción. Sabía que muchos humanos despreciaban a los alienígenas como él mismo e incluso hubo un tiempo que él despreciaba a los humanos. Pero ahora, tras convivir con ellos había llegado a apreciarles. No se casaría con ninguno, pero eran buenos compañeros, algo que no hubiera dicho ni soñando unos años atrás. Otro tema era su antipatía hacia el Imperio. Al unirse a la rebelión lo único que le interesaba era pilotar un caza de superioridad espacial, algo con lo que siempre había soñado. Y como siempre ocurría la Alianza necesitaba pilotos y aceptaban a cualquiera, pero con el paso del tiempo había aprendido a odiar al Imperio y lo que representaba, al igual que había aprendido que no todos los humanos eran iguales y despreciables. Tal vez aquel sentimiento había sido creado a raíz de su alistamiento en la rebelión, pero lo que iba hacer en aquel momento, era algo que realmente no deseaba hacer.

Colocó el primer carguero en el punto de mira de sus armas. La nave estaba ionizada, casi sin daños, así que la tripulación aun estaría viva. Incapaz de reparar la nave o de escapar con las cápsulas de salvamento, también ionizadas. Su misión era muy importante y no podían dejar testigos. Disparó sus lásers sobre la nave hasta que estalló en mil pedazos. Luego hizo lo propio con la otra, en la que era poco probable que hubiera supervivientes.

Pocos minutos después el Resplandeciente se desacoplaba del carguero que había sido alcanzado en los motores e instantes después explotaba por las cargas que los marines de Darhk habían dejado en su interior. En aquel caso la tripulación había sido hecha prisionera. Necesitaban interrogarles.

Con la información que querían en su poder, el grupo de ataque del Dark Angel saltó al hiperespacio antes de la llegada de más refuerzos imperiales dejando detrás los restos de cinco naves destruidas.