“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"
Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars
Capítulo 3
Laredo
Tercera parte
Escrito por LLorenç Carbonell
Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.
Daran contempló sus dominios y comprendió lo que el Emperador sentía al contemplar el basto Imperio que tenía, porque él mismo se sentía Emperador de los Nuevos Territorios. No en vano el mismo Palpatine le había concedido poderes extraordinarios durante y después de la invasión, convirtiéndose en la extensión del propio Emperador. Nunca nadie antes había obtenido semejante poder sobre los recursos de la marina, el ejército y el gobierno del Imperio.
Poco antes se había reunido con los generales Korvin y Kartner, responsables del personal y la logística de sus ejércitos por petición de estos. Los dos viejos burócratas de las fuerzas armadas se habían aliado y le pidieron que redujera el ritmo de las operaciones de conquista. Argumentaron que se estaba abusando del rendimiento, tanto de los hombres y del material y que no se ralentizaba la operación, pronto el agotamiento se vería reflejado en los combates. Korvin indicó que una sola derrota podría conllevar nefastos resultados para la moral, tanto de sus fuerzas, como las del enemigo.
Pero no fueron aquellos argumentos lo que convenció a Daran. Si no que los dos generales se había unido. Era bien conocida su rivalidad durante los preparativos, las luchas entre ambos habían llegado hasta provocar apuestas entre algunos otros altos oficiales. Pero ahora estaban juntos, hombro con hombro. Y aunque debía confesar que su enemistad le divertía, sabía que los dos oficiales eran competentes en su trabajo y que decían la verdad.
Sobre la mesa tenía la noticia transmitida desde el
Verdugo sobre la victoria en
Completada la segundo fase del plan ahora debía empezar la tercera, la cual no era menos complicada que la conquista. Mantener y consolidar aquellos cientos y cientos de sistemas sometidos a su control. Debido a la gigantesca envergadura de la invasión se había optado por una táctica denominada Salto de Rana, que consistía en llegar a un sistema, destruir su posible objetivo y abandonarlo para dirigirse a otro, hacer lo mismo y así sucesivamente. Después de destruir a las fuerzas armadas dominantes en la galaxia se procedería a la ocupación del terreno.
Este había sido dividido en seis sectores administrativos, cada uno de los cuales contaba con un Gran Moff, que tendría bajo su control una Flota de Sector encabezada por una escuadra de Destructores estelares de la clase Imperial o Victory, además de otras naves de combate.
Durante los años de preparación parte del Operativo Eckener se había dedicado a clasificar los planetas por su nivel de importancia estratégica. De esta manera se habían dividido en tres categorías: A, B y C.
Dentro del Tipo A de alta importancia estratégica se
encontraban planetas como
Los planetas de Tipo B, de importancia estratégica media
en su mayor parte eran colonias importantes de las razas dominantes, así como
otros mundos de un desarrollo tecnológico inferior como Bajor, Tiburon o Gorn.
Dentro de esta categoría entraban muchos planetas de
El Tipo C de importancia estratégica baja, sería los mundos menos desarrollados, colonias pequeñas, así como puestos avanzados o bases estelares remotas. Sin olvidar civilizaciones poco desarrolladas tecnológicamente o no afiliadas a ninguno de los poderes dominantes de la galaxia. Era de suponer que la ocupación de estos planetas no representaría mucha oposición tras la aniquilación de la resistencia en las razas dominantes. La presencia del Imperio será sobre todo naval, cualquier resistencia será sofocada por métodos expeditivos y radicales, en muy pocos casos sería autorizada la presencia militar permanente en estos planetas.
Para ello se habían seleccionado miles y miles de soldados
para la ocupación de los diferentes planetas. En total tenía el equivalente
a seis Ejércitos de Sector, lo que sumaba más de un millón de hombres y miles
de vehículos y tanques cada uno. Y si fuera necesario el Emperador Palpatine
le había prometido otros dos o más Ejércitos de Sector para cuando acabara con
El esfuerzo para transportar todo este contingente de
tropas, material y vehículos iba a absorber la mayor parte de los recursos de
La tercera fase de la invasión era la ocupación de todos
los planetas conquistados y representaba la obtención de riquezas para el Imperio.
Motivo por el que se habían aventurado en
Pero no solo había grandes industrias que pronto llegarían con sus fábricas y técnicos, contratistas imperiales de otras ramas habían firmado convenios: Taim & Bak, responsables de las baterías turbolaser o BlasTech de las armas personales. O constructores de androides como Arakyd, de vehículos repulsores o andadores. Sin olvidar las grandes firmas dedicadas a la extracción y refinamiento de materias primas. Así como compañías de comerciales civiles sullustranas e incluso neimoidianas para transportar todo el material desde los territorios Imperiales hasta aquella galaxia y viceversa. Entre las que se contaba un pactado con los trandoshanos para el mercado de esclavos.
Todas estas empresas también habían aportado ingentes cantidades de créditos para sufragar la inversión necesaria en aquella magna empresa de conquista. Parte de la cual se había costeado gracias a las patentes tecnologías procedentes de los Nuevos Territorios y que habían proporcionado grandes sumas de dinero.
Todo ello contribuiría a la consolidación del Imperio en los Nuevos Territorios.
Que a su vez encajaba perfectamente en una estrategia personal y si cabía magistral
del Emperador Palpatine que mostraba con claridad su genio
táctico sin parangón. El Emperador esperaba erradicar a
El capitán Sanders de
Había defendido Daran V junto a
– Capitán, detectamos una nave que se dirige hacia nosotros – le interrumpió en sus pensamientos su oficial ejecutivo por el comunicador.
– ¿Puede identificarla?
– Todavía no, señor.
– Ahora voy hacia allí – replicó Sanders saliendo de su despacho.
– Hemos alzado los escudos, pero aun están al 46% de potencia – le informó su primer oficial cuando entró en el puente.
– ¡Armen phasers y torpedos de photones, alerta roja! – ordenó intranquilo –. ¿Cuándo falta para que podamos identificarles?
– Un minuto – indicó su oficial científico –. El plasma que nos rodea interfiere los sensores de medio alcance.
Parecía como si aquellos segundos se prolongaran horas, mientras todo el puente tenía los ojos clavados en la pantalla. Luego como si apareciera de entre la niebla, una figura se destacó entre el plasma anaranjado de las Badlands. Sus líneas eran inequívocas: parecidas a las de un insecto mortífero que se acercaba directamente hacia ellos.
– ¡Estaciones de batalla! – indicó Sanders. Solo le
funcionaba un lanzatorpedos y tenía ocho proyectiles y la reserva de energía
de los phasers era también limitada, sin contar con los daños en la integridad
del casco. Pero aun así sabía que
– Nos están llamando – informó sorprendido el oficial de operaciones. Sanders le miró igualmente extrañado. Luego recordó el informe de la explosión que se había detectado en Cardassia Prime que podía calificarse de proporciones planetarias.
– Abran la comunicación – indicó Sanders levantándose de su silla. En la pantalla apareció un vorta al que reconoció gracias a los informes de inteligencia como Weyoun, el ayudante de la líder del Dominion.
– Capitán de
– Lo han hecho, señor – le confirmó su oficial táctico tan atónito como Sanders.
– Como ve, mis intenciones no son hostiles
– continuó el vorta –. Tanto su gente como la mía, han sufrido un ataque de
ese denominado Imperio Galáctico. En nuestro caso ayudados por un grupo de traidores
cardassianos. Por tanto tenemos a un enemigo común y lo más lógico es que nos
ayudemos mutuamente. Por el bien de ambos. Sé que no será fácil, pero las circunstancias
nos superan, capitán. Además no sería la primera vez que
Su encuentro con
Antes de separarse
Pero para llegar hasta Earhart necesitaban aprender
a utilizar aquella nave y el más cualificado era Julian Bashir. Se pasó otro
día estudiando los controles y antes de la partida el crucero klingon había
utilizado el ordenador de
“Confío en ti” fue lo único que le dijo Kira a Bashir justo antes de que este accionara los controles del hiperespacio.
Julian cruzó los dedos y empujó las palancas de aceleración. Frente a ellos las estrellas se convirtieron en estelas y finalmente en una especie de túnel infinito que giraba alrededor de la nave.
– ¿Cuántas horas cree que tardaremos? – le preguntó el Capitán Homeier.
– Unas pocas – indicó Bashir que no se había movido del puente desde que habían saltado al hiperespacio. La falta de incidentes le tranquilizaba.
El AniquiladorVantorel estaba en el puente de su nave insignia, un reluciente Destructor de la clase Imperial II. La joya de su corona, una máquina perfecta, diseñada y construida para vencer a cualquier enemigo.
– El embajador Breen ha llegado – informó uno de los ayudantes.
Vantorel asintió y cruzó el puente del Aniquilador
hacia la parte posterior del complejo de mando. La entrada de la sala de reunión
estaba custodiada por dos stormtrooper y en su interior le esperaba Thot
Gor, el mismo que un año antes había firmado el cuerdo entre el Dominion y
Nada más entrar el breen empezó a hablar a través de su casco.
– Thot Gor le ofrece sus respetos y desea comunicarle que su gobierno no desea ningún enfrentamiento con el Imperio Galáctico – tradujo un droide de protocolo plateado, aunque no hubiera hecho falta ya que Vantorel había modificado su traductor universal al idioma Breen.
– Indíquele al general que el Imperio tampoco desea
enfrentarse a
El droide tradujo y este asintió aunque era evidente que Gor debía de tener su propio traductor universal. Rápidamente el breen replicó a Vantorel.
– Por supuesto comprenden que en el ataque a Cardassia
Prime sus naves destacadas fueran destruidas. Y que tras la derrota del Dominion,
la alianza que había unido estos con
– Dígale que para el Imperio, así será.
Luego el breen tomó otra actitud y empezó a decir algo que obligó a Vantorel a ocultar su primera reacción. Aunque el tiempo que tardó el droid en traducir al breen le sirvió para meditar una respuesta.
– Thot Gor desea saber si el Imperio intervendría si se produjeran combates contra las fuerzas de Cardassia. Como sabrá uno de los puntos del acuerdo con el Dominion fue el traspaso de diversas colonias cardassianas a su control. Y es seguro que el Legate Broca quiera arrebatárselas.
– Indíquele que mientras nuestros territorios, ni las fuerzas Imperiales sean afectadas por sus luchas con Cardassia, nosotros no tenemos porque intervenir en disputas territoriales.
El droide tradujo y Gor asintió con visible aprobación.
– No obstante, el Imperio desea concretar ciertos aspectos
que atañen al futuro de
Gor se quedó pensativo unos instantes, luego dio su respuesta.
– Thot Gor indican que sus fuerzas no osaran oponer
ninguna resistencia ante la ocupación de esos sistemas más allá de
-Lo comprendo. Pero mi tiempo es muy valioso. Si no aceptan todas nuestras peticiones no podré mantener mi posición por mucho tiempo. Por otro lado deseo fervientemente que la amistad y la paz entre nuestros pueblos crezca y se consolide. Por eso esperaré su respuesta. Y le deseo que tenga un buen viaje de regreso – dicho lo cual Vantorel salió de la sala de reuniones. En el pasillo le esperaba Lepira –. ¿Qué le ha parecido?
– Fascinante. Desgraciadamente no tienen otra opción que aceptar todas y cada una de nuestras propuestas – replicó el jefe de la inteligencia –. Aunque he de confesar que tenía ganas de luchar contra los Breen. De todas las razas de mi sector, fue con la que tuve los mayores problemas y no llegué a penetrar entre ellos. Tan solo la captura de un par de sus naves nos ofreció información útil.
– Sí, a mí también me hubiera gustado enfrentarme contra los Breen – le contestó Vantorel –. Creo que hubieran sido formidables adversarios. Son demasiado agresivos, tenga cuidado cuando monte la embajada en Breen.
– He de informarle de otro asunto, algo desagradable – continuó Lepira, Vantorel asintió y el espía prosiguió –. Uno de nuestros transportes de prisioneros no llegó a su destino. Creemos que tuvo un accidente en el hiperespacio.
– ¿Quién iba a bordo?
– El primer ministro Shakaar y parte de los prisioneros hechos en DS9…
– ¿Está seguro de que ha sido un accidente?
– No tenemos indicios de otra cosa. Pero lo investigaré. Otro tema, ¿han podido localizar a Lwaxana Troi?
– No, es escurridiza. Y tengo toda la escuadra de ataque del capitán Fardel rastreando desde Betazed hasta Klaestron. Aparecerá, ha de aparecer.
USS Rhode Island
Faltaba poco para el lugar de la cita, aun así Whatley estaba nerviosa, algo que no hacía falta la telepatía de Lwaxana para darse cuenta. Se habían detectado dos puntos de ruptura dimensional tras salir de la nebulosa. En el primero habían tenido tiempo de esconderse en un sistema cercano lo que se había mostrado erróneo, ya que las naves imperiales entraron en él y lo registraron. Cuando la situación era desesperada Whatley tuvo la acertada idea de colocase en el interior de la cola de un cometa y escondidos en su haz de partículas lograron zafarse de sus perseguidores. Con una nave más grande no lo hubieran conseguido.
El segundo había sido aun peor ya que sucedió en medio del espacio, donde no había ningún sitio donde ocultarse. Whatley recurrió de nuevo a la astucia y apagó todos los sistemas, incluyendo el vital, hasta que detectaron otra distorsión dimensional y la nave imperial desapareció.
No sabía si lo lograría hacer una tercera vez y eso le preocupaba. Pero no era lo único. Sabía de las capacidades telepáticas de Troi, en aquellos días había sido testigo de estas, pero cuando comunicaron a Picard, este no había dicho el lugar de la cita, se había limitado a enviarle un mensaje mental a Lwaxana. ¿Pero estaba segura de que esta lo había entendido? Su marido era betazoide, un ingeniero que había conocido en su primer destino así que no le era extraña la telepatía, era más, en el caso de su esposo le encantaba que este se adelantara siempre a sus deseos. Aun así no estaba segura de que Troi se hubiera puesto de acuerdo con Picard. Claro que su esposo no había sido instruido especialmente en aquel sexto sentido, por tanto no lo tenía tan desarrollado como la nueva Presidenta. Solo podía esperar que todo saliera bien.
– Capitán, detecto varias naves – la interrumpió su primera oficial.
– ¿Puede identificarlas?
– Están al límite de nuestros sensores – explicó esta –. Pero viajan con velocidad de curvatura, factor cuatro.
– Ahora voy – replicó Whatley con cierto alivio ya que si viajan a warp, eran por lo menos de su galaxia. Incluso podían ser naves estelares.
» ¿Puede decirme algo más? – le preguntó al salir del despacho.
– Todavía no – contestó –. No están lejos de nuestra ruta. Tal vez podríamos desviarnos. Eso no nos retrasaría.
– Lo consultaré con
– Adelante – dijo esta detrás de la puerta. Al abrirse
vio a
– Hemos detectado unas naves…
– Sí, puede variar el rumbo e infórmeme en cuanto sepa algo.
– Gracias… – replicó e Whatley. Asintió de nuevo y regresó al puente. Poco después una de las naves que habían detectado cambió también el rumbo y se dirigió hacia ellos. Informó a Lwaxana, que se presentó en el puente con Sandar.
– Es hora de comunicarse, capitán – sugirió Lwaxana.
– Aquí la capitana Elisabeth Whatley a bordo de la nave estelar Rhode Island, identifíquense.
– Recibimos respuesta – indicó el oficial táctico.
– En pantalla – ordenó Whatley y en esta apareció un oficial de la flota estelar.
– Encantados de verles, soy el capitán Sisko, de
– Capitán Sisko, es un placer verle sano y salvo – intervino Lwaxana –. Pensaba lo peor después de la caída de Bajor.
– Por suerte logramos escapar – respondió
Sisko tras sobresaltarse de la impresión de ver a Lwaxana de nuevo –. Hemos
oído que usted estaba en Betazed cuando fue invadido de nuevo, lo lamento. Aunque
me alegra que pudieron evacuar a tiempo. ¿Se dirigen a
– No capitán Sisko – respondió Lwaxana en un tono que
no había visto antes el Emisario en la embajadora: había autoridad, dignidad
y convicción –. Y como Presidenta de
En algún lugar del sector Guigna
– Aquí Nigh Rancor líder – dijo el dug por la radio, que había traducido de su idioma gutural –. ¿Tendremos que esperar mucho?
– Tanto como sea necesario – replicó Seeriu Ajaan desde
“Maldito bastardo de mynock”, pensó Nierbal en
el interior de su caza Ala-X. Realmente el interior de aquellas magnificas naves
no estaban pensadas para ser pilotadas por los dugs arbóreos de Malastare. Claro
que eran pocos los dugs que se aventuraban a salir a la galaxia. En realidad
él había tenido que huir de su planeta para que no le mataran y después de vagar
por
Mientras meditaba a los mandos de su caza la pantalla se encendió advirtiendo la presencia de una nave que acababa de salir del hiperespacio. Un rápido vistazo al banco de datos indicó que se trataba de una nave de suministros imperial. Instantes después apareció otra señal. Y otra y otra. En total ocho naves salieron del hiperespacio. Era un convoy pequeño con tan solo una fragata Lancer de escolta.
– Nigh Rancor líder al resto del escuadrón – dijo por la radio –. Táctica Nierbal IV. Rancor 3 empiece aproximación.
– Rancor 3, entendido – replicó otra voz.
De la inmensidad del espacio los motores de los cazas se encendieron como luceros en el alba y uno de los Ala-X saltó despedido hacia el convoy, seguido del resto sus compañeros. A su lado un antiguo crucero republicano encendía los motores, al igual que los dos Ala-B que le flanqueaban.
Rancor 3 abrió sus alas en formación de ataque mientras se aproximaba a la fragata Lancer a toda velocidad. Detrás de él otros cinco cazas abrían también sus alas en forma de aspa y se desplegaban en abanico.
La fragata advertida de la súbita presencia de los cazas rebeldes empezó a virar hacia estos, preparando sus cuatribaterías láser hacia el primer caza. Pero era una nave lenta y había sido cogida por sorpresa. Rancor 3 tuvo tiempo de disparar dos torpedos de protones justo antes de virar bruscamente y romper el rumbo de aproximación. Las baterías láser le siguieron y abrieron fuego, pero el caza se alejaba haciendo maniobras evasivas esquivando los disparos.
Justo detrás de él los otros cinco cazas Ala-X abrieron fuego sobre la fragata fuera del arco de tiro de sus baterías. En la primera pasada habían dañado seriamente sus escudos y dejado fuera de combate algunos de los cañones cuádruples de la popa. Aunque la sorpresa inicial había sido agotada.
Mientras tanto los siete cargueros habían roto la formación y se alejaban de los cazas enemigos y de la cobertura de la fragata. Seguirían una táctica preestablecida saltarían al hiperespacio para escapar de sus atacantes. Pero en el momento en que se alejaban se encontraron con la presencia de otras tres naves: un viejo crucero y dos poderosos cazas Ala-B que estaban armados hasta los dientes.
Ver en acción aquellos cazas erizaba a cualquiera los pelos de la nuca. La carlinga de mando se mantenía quieta mientras su ala primaria giraba a su alrededor. Así los dos Ala-B se aproximaron a toda velocidad a los cargueros indefensos rotando sus alas y disparando sus cañones láser y de iónes. Los primeros disparos alcanzaron al carguero que iba en cabeza abriendo un boquete en el casco. El segundo también fue alcanzado, esta vez por el fuego de los cañones de iones, dejándolo fuera de combate. El tercero perdió los motores dejándolo a la deriva. El siguiente recibió los disparos en la zona de mando, mientras que el quinto estalló cuando los turbolásers de los cazas dieron de lleno en el reactor principal. Los otros dos cargueros se salvaron del fuego cuando la nave de escolta viró para defenderles del ataque de los Ala-B.
Esto dejó a los cazas de Nierbal justo detrás de la fragata. Se reagruparon y con su líder a la cabeza se aproximaron al Lancer disparando con sus cañones láser. Cuando los disparos de la fragata empezaban a compensar la destrucción de algunas de las baterías de la popa, Nierbal en persona se adelanto entre los disparos y se acercó directo hacia los motores.
– ¡Me han dado! – ladró uno de sus compañeros por la radio.
– ¡Rancor 5 abandone la formación y repliéguese! – ordenó Rancor 8, el oficial ejecutivo del escuadrón y quien muchas veces tomaba el mando en las tácticas en las que su líder se adelantaba al resto de cazas. La verdad es que los mayores reflejos de Nierbal habían hecho que su escuadrón tuviera muchas tácticas señuelo, dejando al líder aproximarse y desviando el fuego del grueso del ataque. Barmich, el segundo de los Night Rancor sabía que algún día su buen y loco amigo dug perecería por culpa de aquellas maniobras. Pero también conocía su pericia.
Mientras tanto Nierbal disparó dos torpedos de protones a muy corta distancia mientras esquivaba el fuego de los lásers. Inmediatamente después rompió la formación en un brusco giro hacia arriba, saliendo del ángulo de tiro de las baterías. Aunque una fuerte sacudida y el griterío chirriante de su droide le indicaron que aquella vez había sido alcanzado por el fuego de la nave imperial.
Pero el daño en esta ya estaba causado y los dos torpedos alcanzaron la fragata dañando todos los motores. Para entonces los Ala-B sé ya aproximaban, cubiertos por el fuego del resto de los Night Rancor.
Los disparos del Ala-B hicieron impacto en la nave ionizando sus sistemas electrónicos, dejándola literalmente a la deriva y sin defensas.
Inerte y sin poder responder el fuego, la fragata empezó a recibir los disparos láser de los cazas de Nierbal el cual permanecía rezagado, mientras su droide astromecánico acababa de evaluar los daños y hacía las primera reparaciones. Por suerte los proyectores tan solo habían alcanzado la pantalla deflectora, lo que hubiera sería un problema si aun necesitaba combatir, pero delante de suyo la fragata Lancer empezaba a desintegrarse bajo el fuego de sus compañeros.
Miró la pantalla y observó como el crucero republicano estaba acoplado a uno de los cargueros. Eran naves containers medias que no contaban con defensas, salvo unos escudos mínimos para los asteroides y los cuerpos inertes que flotaban por el espacio. Comprobó que de las siete, dos habían podido escapar saltando al hiperespacio, otras dos habían sido destruidas en la batalla y dos más flotaban en el espacio seriamente dañadas, mientras que la última estaba siendo abordada por el grupo de Darhk.
Los dugs tenían fama de matones, de buscadores de pelea,
de gente sin escrúpulos. Nierbal no se consideraba una excepción. Sabía que
muchos humanos despreciaban a los alienígenas como él mismo e incluso hubo un
tiempo que él despreciaba a los humanos. Pero ahora, tras convivir con ellos
había llegado a apreciarles. No se casaría con ninguno, pero eran buenos compañeros,
algo que no hubiera dicho ni soñando unos años atrás. Otro tema era su antipatía
hacia el Imperio. Al unirse a la rebelión lo único que le interesaba era pilotar
un caza de superioridad espacial, algo con lo que siempre había soñado. Y como
siempre ocurría
Colocó el primer carguero en el punto de mira de sus armas. La nave estaba ionizada, casi sin daños, así que la tripulación aun estaría viva. Incapaz de reparar la nave o de escapar con las cápsulas de salvamento, también ionizadas. Su misión era muy importante y no podían dejar testigos. Disparó sus lásers sobre la nave hasta que estalló en mil pedazos. Luego hizo lo propio con la otra, en la que era poco probable que hubiera supervivientes.
Pocos minutos después el Resplandeciente se desacoplaba del carguero que había sido alcanzado en los motores e instantes después explotaba por las cargas que los marines de Darhk habían dejado en su interior. En aquel caso la tripulación había sido hecha prisionera. Necesitaban interrogarles.
Con la información que querían en su poder, el grupo de ataque del Dark Angel saltó al hiperespacio antes de la llegada de más refuerzos imperiales dejando detrás los restos de cinco naves destruidas.