“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"

Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars

Capítulo 3

Laredo

Segunda Parte

Escrito por LLorenç Carbonell/ Portada: Esteban Decker

Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.

 

 

Kuat

Estaba anocheciendo y las calles estaban desiertas. Tan solo por encima de sus cabezas surcaban el aire algún que otro deslizador con su zumbido característico. Nadie se percató de como un pequeño grupo de cuatro hombres dejaba la calle principal para internarse en las callejuelas de la ciudad antigua. En cabeza iba Drahk, seguido de Zahn y Carl Vendell, su jefe de ingenieros, mientras que uno de los infiltradores de Drahk cerraba la formación. Los cuatro llevaban vestiduras holgadas y con capucha para esconder las armas que llevaban bajo estas y para ocultar sus rostros ante la presencia de la policía.

Pero eso no fue necesario ya que llegaron a su objetivo sin encontrarse con ninguna patrulla. Se detuvieron en la entrada de una casa rodeada de un jardín, como bien demostraba las ramas de un frondoso árbol que sobresalían de encima de la vaya. Les había llevado hasta allí la última información que la Rebelión tenía sobre el Gran Moff Daran. Se le había visto unos meses atrás en las dársenas de los Astilleros de Impulsores Kuat durante la ceremonia de entrega de un superdestructor estelar. Después de aquello había desaparecido de la faz de la galaxia, junto con un gran número de naves que Zahn había estimado cerca de un millar. En realidad no estaba muy seguro, los datos los había extraído de aquí y de allá: de habladurías, rumores y comentarios hechos en tabernas o salas de relax. Lo único que sostenía su teoría era un mensaje personal que había logrado descifrar: donde un alto oficial de la marina se quejaba de la pérdida de varios destructores que habían sido entregados al Gran Moff Daran y se preguntaba que se traía entre manos el heredero de Tarkin.

Drahk manipuló los controles electrónicos de la entrada y abrió la puerta automática sin que saltara la alarma. Con rapidez los cuatro entraron, dejando en el jardín al soldado vigilando su vía de huida.

La casa tenía dos pisos de estilo colonial corelliano. Ninguna pretensión ostentosa, tan solo comodidad y sencillez. En el segundo piso la luz permanecía abierta. Drahk comprobó la cerradura de la casa pero estaba desactivada, así que tan solo pulsando uno de los botones esta se abrió. Los tres entraron encabezados por Vendell que sin pensárselo dos veces se dirigió hacia el piso superior, seguido de Zahn, mientras el tercer rebelde se quedaba inspeccionando la plata baja.

Una suave música salía de una de las habitaciones. No era difícil de identificar, se tocaba en cualquier taberna, desde Tatooine hasta los bajos fondos de Coruscant.

Con sigilo Vendell abrió la puerta, entreviendo un despacho plagado de trastos, herramientas, pedazos de droides y un sin fin otros trastos. Inclinado en sobre una mesa un hombre trabajaba sobre varios aparatos electrónicos dándole la espalda. No tardó en reaccionar y girarse, sorprendiéndose de quien veía en su puerta.

– Creía que estabas muerto – dijo este tras sobreponerse de la primera impresión.

– Puedes ver que no – le contestó Vendell.

– ¿Quién es él que te acompaña? – le preguntó al ver a Zahn detrás de él.

– Un amigo.

– Yo no acojo a rebeldes en mi casa – continuó levantándose. Era un hombre robusto, con el pelo encanecido, seguro de sí mismo.

– No lo hagas más difícil de lo que ya es, Don – le pidió Vendell.

– ¿Difícil? – repitió este –. Mi hijo estaba a bordo de la Estrella de la Muerte. No pienso ayudar a la Rebelión. Ni a ti Carl, aunque seas mi hermano.

– No tiene otra opción – intervino entonces Zahn.

– ¿Quién es ese?

– Mi superior – respondió Carl –. No queremos hacerte daño.

– Y si me niego.

– No se lo recomiendo – continuó Vendell, enseñándole su blaster.

– No conseguirán nada. Nada de mí.

Dicho lo cual este se dirigió hacia el comunicador que había encima de la mesa. Antes de que llegara Zahn le disparó con el arma aturdiéndole.

– ¿Cómo pretendes llevártelo? – le preguntó Vendell tras comprobar que su hermano mayor estaba bien, aunque sin sentido sobre el suelo.

– Con esto – dijo enseñando un pequeño transmisor y apretó la punta –. Jonua, trae el deslizador.

– Muy bien – replicó una voz metálica.

El planeta era una importante base militar imperial, al igual que un puerto comercial del Centro de la Galaxia de primer orden. Así que un viejo crucero republicano pasó completamente inadvertido para las autoridades. Se alejó del planeta y de sus instalaciones orbitales, saltando al hiperespacio para encontrarse con el Dark Angel.

La desaparición de uno de los supervisores de los astilleros de AIK fue descubierta al día siguiente y esa misma mañana las autoridades hicieron un amplio despliegue para localizarlo. Pero la única pista que consiguieron fue la declaración de un vecino que vio como un deslizador se posaba en el jardín del ingeniero. Era un vehículo corriente, como los que se pueden alquilar en cualquier espacio puerto de Kuat.

USS Wounded Knee

– Lo lamento – dijo el jefe médico. En su rostro se reflejaba el agotamiento de días atendiendo a heridos y más heridos. En total habían muerto treinta y dos hombres y tenía más de un centenar de heridos.

– No se preocupe, sé que hizo todo lo que pudo – le intentó consolar Hawk Eye –. Descanse. Lo necesita. Es una orden.

El médico le miró y esbozó una sonrisa con esfuerzo debido al cansancio.

– Como usted diga, capitán – dicho lo cual se levantó y abandonó la enfermería, no sin antes dejar al mando de esta a su segundo.

– Lamento la muerte de su primer oficial – dijo la voz del capitán Rixx detrás de Hawk Eye. Este se giró lentamente, entre los supervivientes del Thomas Paine estaba su comandante, quien malherido había sido arrastrado hasta una cápsula de escape por su segundo, que no había podido tomar la siguiente.

– ¿Se encuentra mejor? – le preguntó Hawk Eye.

– ¡Oh!, sí. Gracias. Su equipo médico hizo un trabajo excelente con las quemaduras de plasma – explicó este señalando su pecho –. Ahora tan solo necesito ir a unas buenas instalaciones médicas para que me quiten las cicatrices de la mitad de mi cuerpo. Que dirán sino en Risa.

– ¿Siempre está de broma? – le preguntó su anfitrión.

– Solo cuando las cosas van mal dadas. ¿Cuántas naves sobrevivieron?

– Que nosotros sepamos, cinco – tras lo cual le indicó que tomara asiento en una de las sillas del despacho de su jefe médico. Él lo hizo detrás de la mesa –. Luego encontramos una lanzadera civil que había logrado escapar de Utopia Planitia.

– ¡Por el gran creador! – exclamó el boliano –. ¿Hacia donde nos dirigimos?

– Hacia la Base Estelar Earhart, la almirante Shanthi está formando un grupo de batalla para hacer frente al enemigo – explicó Hawk Eye –. Pero lo estamos haciendo con lentitud. Además de los daños en nuestras naves, estamos intentando esquivar todos los sistema susceptibles de poder caer o que hayan caído en manos del Imperio. Por tanto, tardaremos más de lo que desearíamos todos.

– Comprendo. ¿Cuántos supervivientes ha habido de la Thomas Paine?

– Treinta y dos. ¿Quiere hablar con ellos?

– Sí, pero ahora no. Tal vez más tarde.

– Como quiera.

– Por cierto. ¿Sabe cuantos planetas más han sido invadidos?

– Betazed donde habían convocado al Consejo de la Federación fue ocupado sin resistencia y el Presidente Lojan fue hecho prisionero – explicó Hawk Eye –. Hay informes confusos desde la Base Estelar 515, de Delta, de Bynaus y de colonias atacadas en el sistema Boradis, así como Sauria, Benzar, New Fabrina y Bolarus X. Lo lamento.

– Parece como si supieran cuando debían atacarnos – reflexionó Rixx –. La Flota estaba diezmada tras dos años de guerra contra el Dominion. Más tras la pérdida en Chin’toka que nos obligaron a sacar fuerzas de otros sectores para reforzar la frontera cardassiana. Sin nombrar el ataque a la Tierra por parte de los Breen. Y no éramos los únicos: los klingons estaban muy debilitados tras años de lucha, primero contra los cardassianos, luego contra nosotros y ahora contra el dominion.

– Descanse capitán – le sugirió Hawk Eye al verle tan preocupado.

– Es lo que vengo haciendo desde hacer días. Y ya estoy cansado.

Capitán, detectamos una nave en el límite de los sensores – anunció la voz de su oficial de seguridad.

– Ahora subo – contestó Hawk presionando el comunicador –. ¿Quiere venir?

– ¿Por qué no? – respondió el boliano.

– La nave lleva los identificadores apagados y está ocultando la firma del warp – explicó Malcolm al entrar los dos capitanes en el puente –. Pero diría que es una nave de la Flota Estelar. Del tipo Nebula o Galaxy.

– Informe al resto de capitanes que viramos para interceptarla – ordenó Hawk Eye sentándose en su silla de mando, Rixx tomó asiento a su lado –. Abra un canal de comunicación. Mejor que sea de emergencia.

– Ya está – informó Malcolm.

– Aquí el capitán Eugen Hawk Eye, de la nave estelar Wounded Knee. A nave estelar no identificada.

Las estrellas de la pantalla se desvanecieron y ante sus ojos apareció una bajorana con el uniforme de capitán de la Flota.

– Cierre la comunicación y mantenga el rumbo – dijo de golpe esta desapareciendo inmediatamente después.

Los dos capitanes se miraron extrañados.

– ¿La conoce? – preguntó Rixx.

- Sí. Es Nera Sul capitán de la Europe – replicó Hawk Eye que se dirigió hacia su piloto

–. Mantenga el rumbo de interceptación.

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Dark Angel

Se había despertado unas horas antes en aquella celda. De fondo se odia el rumor de un motor, lo que quería decir que se encontraba en una nave espacial. Poco después le habían traído algo de comer, una mesa y una silla.

Sabía que le iban interrogar y sabía sobre que. Pero jamás se lo diría. Nunca vendería secretos a los hombres que habían matado a su hijo. Antes se dejaría torturar hasta la muerte.

Varias horas después la puerta se abrió y entró en la celda el hombre que había acompañado a su hermano a su casa para secuestrarle. Era alto y fibrado, se movía con la seguridad que le daba la experiencia en aquellos menesteres. Sus ojos eran claros y tenían la frialdad de un asesino. Curiosamente vestía como un oficial imperial: una chaqueta de cuello alto completamente negra. Un blaster colgando del cinturón, unos pantalones y unas botas altas. Todo ello también negro. Tan solo faltaban las insignias de rango en el pecho y la gorra.

Aquel hombre se sentó en la silla y le sonrió.

– Me llamo Zahn – se presentó –. Soy el comandante de esta nave.

– No puedo decir que sea un placer – replicó el ingeniero malhumorado.

– Me lo imagino. Y también imagino que ya sabrá que hace aquí.

– No les diré nada. Mis conocimientos se irán conmigo a la tumba.

– No me gusta oír eso. Y creo que a su hermano tampoco.

– Carl es un traidor. Traicionó al Nuevo Orden. No le reconozco como a mi hermano.

– Entonces tiene suerte. El sí que le reconoce. Y por tanto no le haremos ningún daño. Aunque sí necesito cierta información. Y usted me la facilitará.

– Jamás – replicó tajante.

En ese momento Zahn se metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeña aparato. No era más grande que una moneda, aunque más gruesa y con dos luces rojas que se encendían y se apagaban.

– ¿Sabe lo que es esto? – le preguntó al ingeniero enseñándole aquello. Este negó con la cabeza con firmeza. No tenía miedo del dolor –. Es un aparato muy curioso. Lo desarrollaron hace tiempo pero no se comercializa. En realidad se hacen por pedidos. Son muy caros. Y cada raza necesita unos cambios muy específicos. Este es para humanos. Es muy efectivo. E indoloro. Tan solo se ha de colocar en la base del cráneo y produce unas hondas que afectan al cerebro. E instantáneamente el individuo se convierte en un ser obediente. Tan solo le has de dar unas instrucciones simples.

Don tragó saliva. No podía quitar la vista a aquel pequeño aparato. Había oído hablar de ellos. Los utilizaban las fuerzas del Imperio para controlar a quienes ellos querían. Pero jamás le creyó que le Nuevo Orden necesitara algo así. Hasta aquel momento.

USS Defiant

– La superficie está arrasada, señor – informó Worf –. Detecto formas de vida, pero lejos de las instalaciones de la Base Estelar 211.

– ¿Alguna noticia por los canales de la Flota? – preguntó Sisko. Ezri le miró y negó con la cabeza –. Ponga rumbo a…

– Recibimos una señal de emergencia, señor – le interrumpió Ezri –. Es muy débil. Está transmitida a través de un canal civil de la federación. Intentaré aumentar la potencia.

– ¿De donde procede? – preguntó Sisko.

– Del sistema Aral – respondió Ezri.

Aquí la SS Staples – anunció una voz medio oculta por la estática –. Hemos sido atacados por naves desconocidas. Necesitamos ayuda urgente, hay un incendio a bordo. El capitán y parte de la tripulación han muerto y hay una abertura en el casco. Repito, aquí la SS Staples...

La Staples es una nave de pasajeros – indicó Worf –. De la clase Cup.

– ¿Cuánto tardaríamos en llegar? – preguntó Sisko.

– Menos de una hora a máxima velocidad – indicó O’Brien con sonda preocupación en su rostro. Lo que significaba forzar los maltrechos motores.

– Rumbo al sistema Aral. Máxima velocidad – ordenó Sisko.

Espacio Profundo Nueve

Quark abrió su local junto al resto de establecimientos de la estación. El primer cliente del día fue Morn y el segundo un oficial imperial. Se sentó en la barra y con una arrogancia que no había visto ni en un cardassiano, le pidió que le sirviera un brandi suriano.

Como al resto de civiles tras la ocupación del Imperio todos habían estado recluidos en sus estancias. El día anterior le habían ido a buscar a su camarote para llevarle a Ops. Allí conoció al nuevo administrador de la estación: un joven oficial de pelo rubio y ojos fríos: el mayor Sheckil. Tras observarle con desprecio, le invitó a sentarse en la misma mesa que había ocupado Sisko.

– Usted es el representante de los comerciantes ¿verdad? – le preguntó con una sonrisa de superioridad.

– Sí. Lo soy.

– Ferengi, ¿verdad?

– Sí. Así es.

– He leído sobre ustedes. Curioso pueblo el Ferengi – continuó Sheckil y cambió súbitamente de tono –. Espacio Profundo Nueve se convertirá en un importante centro de comercio de primer orden. Incluso más que antes. Así que todos los servicios de la estación han de estar en funcionamiento rápidamente. Las normas serán llevadas por los comerciantes rigurosamente, cualquier falta acarreará un drástico castigo. Pero como verá nuestra administración no es tan severa como parece, tan solo nos hemos de conocernos mejor. Aquí tiene las nuevas normas.

Dicho lo cual le entregó un padd.

– Ya puede retirarse.

– Sí, señor – contestó Quark cogiendo el padd y saliendo del despacho, el cual aun conservaba la pelota de beisbol de Benjamin Sisko. Al cruzar las puertas se encontró con dos soldados con sus armaduras blancas que giraron sus cascos al mismo tiempo sorprendiéndole. No debía permanecer allí por más tiempo y salió corriendo.

Al coger el elevador Quark observó ops, que hervía en actividad: soldados con aquellos uniformes grises iban y venían de las consolas. Al Ferengi aquella escena no le gustó nada. Si la ocupación del Dominion había sido mala, aquella sería peor, lo presentía. Y lo peor de todo era que si en la anterior vez había acabado disparando contra dos guardias para salvar a sus amigos, ¿qué era lo que le tocaría hacer en aquella ocasión?

Pero en aquel momento, detrás de su barra de bar, con las mesas de dabo preparadas para los clientes Quark tan solo esperaba que aquellos nuevo ocupantes de la estación consumieran más que el jem’hadar. Y le sirvió la copa de brandi sauriano al oficial imperial, quien le pagó con unas monedas que jamás había visto. Pero no las rechazó. Luego recordó las normas imperiales, pero si se había acostumbrado a las cardassianas y a las de la Federación, haría lo mismo con aquellas. Los negocios, eran los negocios.

USS Defiant

La Defiant invisible tras su sistema de ocultación avanzaba a través del vacío espacial. A bordo Ezri controlaba los sensores de largo alcance. Worf intentaba reparar por lo menos parte del armamento de la nave dañado durante la batalla. O’Brien mantenía vigilado todo el sistema de propulsión, mientras Sisko permanecía en el puente pensativo. No en lo que iban a encontrar en el sistema Aral, sino más allá de este. Las comunicaciones de la Flota Estelar mínimas. Tan solo había esporádicos mensajes de naves y sobre todo bases estelares atacadas.

– Entramos en el radio de acción de los sensores – indicó Ezri despertando a Sisko de sus pensamientos. Su viejo amigo le miraba preocupado, pero había otros problemas que resolver –. Detecto dos naves en órbita al quinto planeta, pero ninguna es la Staples, parece que son dos cruceros Yridians.

– En pantalla – ordenó Sisko y ante sus ojos apareció un gigante gaseoso rodeado de anillos concéntricos de vivos colores –. Seguramente la Spales se habrá escondido entre las rocas de hielo de los anillos.

» ¿Tenemos armamento señor Worf? – preguntó presionando el comunicador.

Los cañones phaser delanteros están al 45% de su capacidad – respondió este desde la cubierta inferior –. Tendremos medio centenar de disparos antes que vuelvan a fundirse los circuitos.

– Más que suficiente. Procure mantenerlos – replicó Sisko más animado. Por lo menos aquellas naves desconocidas no eran del Imperio. Si no simples carroñeros que se aprovechaban de aquella invasión para lucrarse –. Señor Nog prepare para desocultarnos. Escudos y armas a máxima potencia.

– Sí señor – respondió O’Brien que acababa de entrar procedente de ingeniería.

La Defiant entró en el sistema y mientras desaceleraba se apareció de detrás de su capa invisible, enseñando sus dientes a aquellas dos naves piratas.

– Las naves viran hacia nosotros – informó Ezri aunque la pantalla ya lo mostraba –. Cargan armas y escudos.

– Fuego a mi señal. Señor Nog prepárese para una trayectoria ovalada por encima de las dos naves.

– Sí señor – contestó el ferengi con ánimos recuperados.

La Defiant empezó a disparar sus cañones phásicos nada más entrar en el radio de acción. Las dos naves Yridian respondieron pero para entonces la pequeña nave estelar cambió de trayectoria y sin dejar de disparar sobrepasó a las dos naves piratas.

– Hemos dañado sus escudos en un 35% – indicó Ezri al tiempo que Nog hacía virar la nave sobre si misma y se colocaba detrás de sus contrincantes, que más lentas y menos maniobrables, empezaban a girar.

En la siguiente pasada volvieron a disparar contra sus enemigos, alcanzando la parte posterior.

– Una de las naves a perdido los escudos, la otra tiene problemas con el reactor – indicó Ezri tras consultar los sensores.

– Capitán, será mejor que no dispare más – advirtió Worf –. Estamos a punto de fundir los circuitos de conexión.

– Se retiran – informó Ezri con visible satisfacción.

– Cambie de rumbo, diríjase hacia el sexto planeta – le ordenó Sisko al ferengi. E instantes después la Defiant se colocaba en órbita por encima de los anillos –. Abran un canal. Aquí capitán Sisko de la nave estelar Defiant, a la nave de federal Staples...

Aquí el Staples – les interrumpió una voz juvenil al tiempo que frente a la Defiant la nave de pasajeros emergía de las profundidades de los anillos de rocas de hielo, justo encima de donde las naves yridian se encontraban poco antes. Era una nave alargada y achatada con una parte central redonda, donde se encontraba un arboletum, teatros, holodecks y todo aquello que necesitaran los pasajeros en los cruceros de lujo que hacía normalmente aquella nave a través de la galaxia. Segundos después su imagen fue sustituida por el rostro de una joven. Detrás suyo se distinguía la sala de ingeniería con su reactor visiblemente averiado –. Le agradezco profundamente su ayuda capitán. Los piratas estaban a punto de localizarnos.

– Ha sido un placer – indicó Sisko –. Indicaron que tenían un incendio a bordo y una grieta en el casco.

– El incendio lo pudimos controlar y la grieta en el casco… sellamos la sección. Pero lo peor es el reactor tuvimos que apagarlo y ahora no responde.

– Jefe O’Brien ayúdeles – ordenó Sisko, el ingeniero asintió y salió del puente.

» Dígame, ¿qué es lo que ocurrió? – prosiguió Sisko volviéndose hacia la pantalla.

Formábamos parte de un convoy de evacuación de Altair IV – explicó la chica –. Cuando nos atacaron el grupo se dividió y en la confusión nosotros pudimos huir, no sin antes ser alcanzados: el puente fue destruido y el capitán murió. Nos dirigimos a este sistema y nos escondimos en el anillo de rocas. Luego llegaron ustedes.

– ¿Los oficiales del Staples murieron? – preguntó Sisko.

Mis padres eran oficiales de la Flota, capitán. Me he criado a bordo de naves estelares y el año que viene tenía intención de entrar en la Academia – le explicó.

– ¿Cuántos pasajeros hay a bordo? – prosiguió este cambiando de tema.

Cerca de quinientos. Algunos de nosotros procedíamos de una escuela de preparación para la Academia que había en Altair.

– Jefe O’Brien, ¿cómo está ese motor? – le preguntó entonces a su ingeniero.

No tendremos muchos problemas al repararlo – respondió este –. Tan solo necesitaremos algo de tiempo.

– No tenga prisa.

USS Enterprise-E

Los colores naranjas, amarillos y rojos del cúmulo Remir ocupaban la mayor parte de la pantalla. Aquella nebulosa de gas y polvo interestelar abarcaba medio sector y en su interior se escondían varias estrellas en formación. Pero aquel no era el lugar a donde las cuatro naves estelares se dirigían y pronto apareció en a pantalla un pequeño punto brillante y poco después los primeros planetas que orbitaban alrededor de aquella estrella. De todos el quinto era un gigante gaseoso de un rojo pálido y junto a este, mucho más pequeño una luna azul verdoso colgaba por debajo de él, como sujeto por la mano invisible de la gravedad.

– Haga un escáner completo de la luna señor Data – ordenó Picard –. Y localice el mejor lugar para un emplazamiento en la superficie.

– Sí señor – replicó este mientras la Enterprise se clocaba en órbita, junto a sus tres compañeras estelares.

Mientras Data accedió a los controles de los sensores y realizó un reconocimiento del planeta. Tenía una masa algo inferior a la de la Tierra, su atmósfera era rica en oxígeno y nitrógeno, con importantes masas de agua, muy influenciadas por la gravedad de la gigante gaseosa que acompañaba. La vegetación era abundante y había muchas formas de vida animales, sobre todo en los mares, así como anfibia en las grandes zonas costeras y en el interior de los continentes. También buscó construcciones artificiales y solo halló la mina del tellarite.

– He localizado una zona templada en el interior de uno de los continentes. Es un lugar con agua y vegetación abundante – informó el androide poco después –. No lejos detecto las estructuras de la antigua mina de retitium en un avanzado estado de abandono. No hay indicios de toxinas o bacteria dañinas en el aire.

– Bien número uno, creo que le toca inspeccionar el terreno – le dijo a Riker.

– Señor Data, teniente Daniels – les llamó para hacer el equipo de misión –. Doctora Crusher, ¿puede dirigirse a la sala de transporte?

Ahora voy – respondió este por el comunicador.

El equipo iba formado por otros dos miembros de seguridad, poco después fueron materializados en un hermoso valle. A su derecha se extendían unas onduladas colinas cubiertas por un bosque no muy frondoso, mientras que un río cruzaba el valle por su derecha. A lo lejos podían ver unas montañas con sus picos nevados y a su espalda se alzaban unos cerros poco pronunciados. Y encima de sus cabezas podían ver la gigantesca bola roja del planeta gaseoso. Tanto Data como Crusher sacaron sus tricorders y empezaron a rastrear la zona.

– ¿Dónde ha dicho que estaba la mina, Data? – preguntó Riker.

– Detrás de aquellas colinas – dijo este señalando a la espalda –. A unos kilómetros de distancia.

En ese momento un grito les puso todos en alerta y sus miradas empezaron a observar nerviosas a su alrededor. Crusher guió su tricorder hacia el bosque y poco después un gran pájaro salió de entre las copas de los árboles y emprendió el vuelo.

– Se parece a un dinosaurio – dijo Daniels.

– Es un reptil – indicó Crusher –. Pero no es un dinosario…

Entonces otro equipo de misión apareció a pocos metros de ellos. Estaba formado por dos humanos, una vulcana y un sauriano. El de mayor graduación se acercó.

– Soy el comandante Lumière, de la USS Gandhi… – dijo acercándose, aunque se detuvo al reconocer a Riker –. ¿Usted es William, verdad?

– Así es – replicó Riker –. De la Enterprise.

– Es un placer conocerle – replicó este esgrimiendo una sonrisa y los dos grupos se presentaron –. Tenemos órdenes de empezar a construir el campamento. Enseguida empezarán a transportar los edificios prefabricados y el equipo pesado.

Terra Nova

La primera colonia terrestre fuera del sistema solar había sido creada en el 2087, pero el infortunio hizo que los colonos perdieran el contacto con la Tierra durante cerca de un siglo, hasta la llegada del capitán Archer en el 2151. En el siglo XXIV la colonia no estaba muy poblada y la mayoría de los supervivientes de la Conestoga vivían en la capital Logan City donde también se encontraba el emplazamiento de la Base Estelar 26.

El Oráculo salió del hiperespacio lo más cerca que pudo del pozo gravitacional del planeta e inmediatamente después de ponerse en órbita ordenó la rendición de la Base Estelar 26. Estos aceptaron. Se había pactado con los novanos que la base de abastecimiento de la Flota Estelar no ofrecería resistencia para no provocar la represión sobre la población civil. Al igual que había sucedido en Gagarin IV el destacamento de stormtrooper se desplegaron en las instalaciones federales y en los edificios gubernamentales de la colonia, tomando a dirigentes y oficiales como prisioneros.

Esa misma noche se ejecutaron a los dirigentes políticos, así como a un centenar de civiles, todos ellos personas influyentes en Terra Nova. Los oficiales de la Flota serían trasladados a los campos de prisioneros repartidos por los Nuevos Territorios.

Pocos días después llegó una nave del Cuerpo de Ingenieros Imperiales, que empezaron a construir junto a la Base Estelar 26 una guarnición estándar. En pocas semanas se alzaría una fortaleza digna del mismísimo conde Dracul, con muros de 10 metros de grosor y torretas turboláser, así como un perímetro rodeado de una valla de alto voltaje y torres de observación. Cuando estuviera acabada albergaría tres mil hombres, entre los cuales habría 800 stormtrooper con sus respectivos andadores.

Pero aquella fortaleza de opresión no sería la única construcción imperial que se alzarían en el planeta. Terra Nova había sido escogido minuciosamente debido a factores ambientales, entre ellos la salinidad del agua o la compatibilidad genética de la fauna autóctona, muy similares a las que se podían encontrar en Kamino.

Así a varias millas en el interior del océano se empezaron a alzar los primeros pilares de una réplica a escala de una ciudad kaminiana, donde se instalaría el complejo de clonación imperial.

Estación Jupiter

Lepira entró en la sala de reuniones donde se iba a celebrar una conferencia al más alto nivel con todos los jefes de los diferentes departamentos del Operativo Eckener: Análisis, InterCrip, Tec, Ops, Interrogatorios, DiploSer y ConInt.

Análisis era el corazón del operativo, por sus manos había pasado toda la información recogido por este y se había encargado de establecer las relaciones políticas, económicas y sociales de los Nuevos Territorios, para diseñar el cómo, cuando y donde, de la invasión. Para ello tenía un grupo de investigadores que habían redactado los memorándums de actuación, sugiriendo las tácticas más adecuadas, los puntos débiles y fuertes del enemigo, el personal que debía ser neutralizado y cualquier otra cosa que tuviera interés para la operación.

Luego estaba InterCrip: Interceptación & Criptografía se dedicaba a captar y descodificar las comunicaciones de las diferentes razas y potencias. Para ello estaba equipada con naves Imperiales especializadas para captar las comunicaciones enemigas, así como otras originarias de la Vía Láctea que pasaban completamente desapercibidas y que tenían la misma función. Así como numerosos robots sonda.

Tecnología, también conocido como Tec, se había especializado en la evaluación de la diferente tecnología de aquella galaxia. Tanto en el beneficio que podía aportar a las Fuerzas Imperiales, como la forma de adaptarlas. Así como para contrarrestar sus efectos. Tec había sido una de las secciones más grandes durante la preparación de la invasión y entre otras tareas se había dedicado a enseñar a los miembros de Inteligencia como utilizar la tecnología indígena para poder pasar completamente desapercibidos.

Otro departamento que había tenido mucho trabajo antes del ataque había sido Operaciones. Lo primero que se hizo fue instalar en un remoto sistema de la Vía Láctea una base de operaciones, cabeza de puente de la invasión. Desde este puesto avanzado se habían realizado numerosas incursiones para capturar naves y personal indígena a los que estudiar e interrogar. Gracias a los informes de las diferentes redes, una nave de Operaciones saltaba al hiperespecio, la interceptaba y regresaba con la captura. De esa manera se habían estudiado naves federales, klingons, romulanos, cardassianos, gorns y de decenas de otras razas. La información que contenían sus bancos de datos era estudiada concienzudamente, sobre todo en lo referido a los mapas estelares y todos los datos cartográficos, los cuales serían introducidos en las computadoras de navegación de todas las naves imperiales, para realizar los saltos de hiperespacio con seguridad. Dentro de Ops había otras subdivisiones, como Desestabilización, que había participado en la caída del gobierno militar cardassiano en el 2371. O Infiltración, que también había trabajado estrechamente con las diferentes redes extendidas en todos los Nuevos Territorios.

Y precisamente dentro de Ops estaban encuadradas las redes de inteligencia para cada uno de los sectores en los que se habían dividido los Nuevos Territorios. Su misión no había acabado, ni mucho menos. Tras recabar la información necesaria para la victoriosa invasión ahora tenían la tarea de vigilar cualquier movimiento resistente en los territorios ocupados. Por eso mismo y exceptuando el caso de Gul Broca en Cardassia, casi ninguno de los agentes indígenas había sido avisado de su verdadero amo.

Otro departamento era Interrogatorios cuyo trabajo quedaba claro con su nombre. Además, tenía bajo su control a todos los prisioneros que las fuerzas imperiales habían capturado. Habían construido diversos campos repartidos por todos los Nuevos Territorios, donde los cautivos serían interrogados y clasificados por su importancia. Tal y como ya habían hecho durante los últimos años y era de estos de donde se había extraído mucha información. Gracias a las drogas y a las torturas, oficiales de las diferentes fuerzas de la galaxia habían acabado dando todo tipo de revelaciones, en algunos casos ultrasecretas de sus compañeros y gobiernos. Otros habían sido reeducados y se habían utilizado para enseñar el funcionamiento de la tecnología o redactados informes de la situación política o de exobiología, muy interesantes para Análisis.

DiploSer o el departamento de Servicios Diplomáticos, podía parecer el menos peligroso de todos, pero era uno de los más importantes para el futuro cercanp. Este aportaba el personal que debía ser incorporado en todas las guarniciones planetarias y en todas las misiones comerciales y diplomáticas que el Imperio realizara tras la invasión. Todos ellos habían sido bien adiestrados con el conocimiento cultural, social, político, tecnológico, exobiológico, etcétera que habían acumulado los diferentes departamentos, para asesorar a los gobernadores planetarios y a los Moff de los Nuevos Territorios. Serían los ojos y los oídos de la Inteligencia tras la ocupación y debía informar de todas sus acciones, así como la de sus superiores.

El departamento más oscuro de todos era por supuesto Contraespionaje Interno, ConInt. Su tarea era simple: buscar a los agentes enemigos infiltrados en la Inteligencia Imperial. ConInt era en realidad un servicio de inteligencia en miniatura, con sus propias secciones de Análisis, Operaciones y Servicio de Inteligencia, cuyos agentes estaban en todos los departamentos y nadie, ni los jefes de estos, conocían su nombre ni número. Pero que en los años anteriores habían obtenido diversos éxitos al descubrir y neutralizar varias penetraciones en las redes de espías indígenas. Una realizada por la Sección 31 de la Federación y otra por un cambiante. En ninguno de los dos casos se había puesto la invasión en peligro. El jefe del ConInt, el coronel Nass jamás hablaba en aquellas reuniones aunque siempre acudía, tan solo observaba tras su gélida mirada al resto de oficiales sin relacionarse con ellos. Sus informes eran entregados únicamente a Eckener y Daran.

(no intervención de COMPNOR)

– Primero de todo quiero hacerles partícipes de las felicitaciones que el Gran Moff Daran me ha expresado por el buen trabajo realizado durante estos últimos años. Han sido muchos los esfuerzos, no pocos los problemas y hemos sufrido algunas pérdidas, pero lo hicimos. Y ahora esta galaxia está bajo nuestros pies y nada puede detenernos. Pero esto no significa que nos podemos distraer, que podemos bajar la guardia. Precisamente todo lo contrario. Ahora empieza un nuevo, largo y laborioso camino. Consolidar nuestra conquista para la gloria del Imperio y del Emperador Palpatine. Hemos de concentrarnos en la posible resistencia, tanto en el ámbito local, como organizada – un pequeño murmullo se alzó en la sala y Eckener detuvo su discurso hasta que esta se disipó –. Sé que esto puede parecer ridículo ya que nuestras fuerzas han vencido a todas y cada una de las flotas a las que nos hemos enfrentado. En todos los casos gracias a nuestra información. Pero aun así, no podemos eliminar esta posibilidad. No olviden que nuestro enemigo juega en casa.

» Ahora procedan con sus informes.

La reunión se alargó varias horas, mientras todos los responsables de los diferentes departamentos de la situación en que se encontraban. Tecnología informó que ya se había puesto en marcha un plan para recabar toda la información que tenía la Flota Estelar con respecto a los Borg. Una amenaza que nadie podía desdeñar y en la que los métodos tradicionales de la Inteligencia eran impracticables. También estaba avaluando los daños sufridos en los astilleros, sobre todo los de la Federación.

Interrogatorios dijo que se habían tomado más de ochenta mil prisioneros solo en la Flota Estelar y que pronto sus centros de internamiento estarían al doble de su capacidad. Y pidió la colaboración de tecnología para el mantenimiento de tal ingente cantidad de prisioneros, cuyo número no paraba de subir día tras día.

Luego cada uno de los responsables de las redes de sector informó de lo acontecido en sus áreas de influencia. El general Torbert que tenía bajo su responsabilidad a la Base Estelar Earhart indicó el número de fuerzas que estaba reuniendo allí Shanthi. Eran datos precisos de uno de nuestros agentes que trabajaba en las Instalaciones de Recreo Bonestell, donde muchos oficiales intentaban relajarse ante la inminente batalla. También informó que Shanthi había intentado que los Tholianos enviaran naves y les apoyaran pero estos se habían negado. Quién sí se había unido a Shanthi habían sido numerosas naves klingons que procedentes de cardassia que no habían logrado llegar a su imperio antes del colapso de este. E indicó que si no se daban prisa en atacar, la fuerza que defendería la Base Estelar podía estar compuesta por trescientas naves.

En el Imperio Romulano la resistencia parecía haber cedido tras los últimos golpes de fuerza en los sectores cercanos a Achernar. Mientras que en el klingon sobre todo continuaba la lucha en la superficie de diversos planetas. Otras potencias que por ahora no habían sido atacadas permanecían expectantes, aunque listas para la lucha.

El último en hablar fue Lepira quien informó de los movimientos de Broca en cardassia, el cual se había ocupado de limpiar diversas zonas donde un resistían fuerzas del jem’hadar. Al tiempo que luchaba contra otros oficiales y los restos de la resistencia de Damar. Tampoco había dudado en ocupar los planetas a lo largo de la Zona Desmilitarizada, así como otros que estaban más allá de esta.

Por otra parte los Breen se habían retirado a su territorio y según sus informes se habían reagrupado alrededor de los planetas más poblados de su Confederación.

– Finalmente la resistencia de la Flota Estelar se ha desvanecido – continuó informando Lepira – debido sobre todo a la captura del comandante de la 5ª Flota en Betazed el almirante Whatley. También se capturó al sucesor de Jaresho-Inyo en la presidencia de la Federación un vulcano llamado Lojan, junto a diversos representantes planetarios. Los dos estaban a bordo de la Valley Forge que no opuso resistencia a la captura porque en el momento de nuestra llegada el gobierno de Betazed declaró el planeta libre y ninguna nave lo defendió, aunque algunas lograron dispersarse antes de que les diéramos caza. Desgraciadamente parte del gabinete del nuevo Presidente Lojan pudo escapar. Creemos que se dirigen hacia la Base Estelar Earhart. Es la embajadora Lwaxana Troi de Betazed. He pedido al Almirante Vantorel naves para que rastreen diversas rutas creo que su captura es de carácter prioritario, ya que era la vicepresidenta de Lojan y el último representante legal del gobierno de la Federación. Si cayera en nuestras manos, la Federación quedaría decapitada legítimamente para siempre.

– Le doy la razón Theron – intervino Eckener –. No podemos permitir que se convierta en otra maldita Mon Mothma. Por último quiero pedirles que hagan una lista lo más completa posible de las naves, sobre todo de la Flota Estelar, que han sido destruidas y sobre todo de las que no, así de cual fue su última posición. Análisis se ocupará de la relación, pero todos han de aportar los datos lo más rápidamente posible.

» Esto es todo. Espero sus informes diarios. Buenas tardes.

USS Defiant

– Los motores ya están reparados y el resto de sistemas no tenía muchos daños – indicó O’Brien.

– La cuestión es saber que hacer con ellos – dijo Sisko pensativo.

– No podemos permitir que nos acompañen – intervino Worf con su profunda voz klingon.

 – ¿No pensarás dejarles, verdad? – le interrumpió Ezri.

– No están armados ni tienen ningún sistema defensivo, además de que nos harían vulnerables frente un ataque – explicó el klingon firme.

– Estamos hablando de civiles indefensos. Ciudadanos de la Federación, no podemos dejarles a merced de los Ytidian. Y ni mucho menos del Imperio – insistió Ezri.

– Detecto dos naves que pasará cerca del sistema – les interrumpió Nog.

– ¿Está dentro del alcance visual? – preguntó Sisko.

– No. Tendríamos que salir del sistema – indicó el ferengi.

Staples aquí Sisko la Defiant se alejará un momento – dijo tras presionar su comunicador –. Les sugiero que se escondan de nuevo en el anillo, corto.

– Entendido Defiant, Staples fuera – replicó la voz de Johana Nalson.

– Salga de la órbita, conecten sistemas de ocultación, rumbo de intercepción – ordenó Sisko y todos volvieron a sus puestos. Segundos después la pequeña nave estelar empezaba a abandonar el sistema.

– Alcance visual – indicó Nog poco después.

– En pantalla – ordenó Sisko y ante sus ojos aparecieron dos naves estelares que se alejaban. Una era una nave médica de la clase Olympic, la otra una Shelley.

La Hypocrates y la Azanty – indicó Worf –. Lo últimos que sabíamos de ellas era que estaban en Betazed antes de que cayera.

– Desactiven sistemas de ocultación, abran frecuencias – dijo Sisko e instantes después la Azanty giraba en redondo, al tiempo que la pantalla cambiaba y aparecía el rostro de un capitán napean.

– Es un placer ver a la Defiant y a su comandante vivos – dijo este –. Pensábamos que habían caído junto a DS9.

– Todavía no, capitán. Pero estuvimos a punto. ¿Y ustedes?

– Recibimos órdenes del almirante Whatley de abandonar Betazed justo antes de la llegada de las fuerzas Imperiales. Las autoridades planetarias no deseaban que la Flota defendiera el planeta para evitar represalias contra la población civil, así que sé estaba dispersando las naves allí congregadas. Nosotros tuvimos suerte, la nave de Whatley no tuvo otro remedio que rendirse.

– ¿Hacia donde se dirigen?

– Nos dieron órdenes de llegar a la Base Estelar Earhart o a otro puesto de la Flota o la Federación donde podemos ser de utilidad. Sería un honor si nos quieren acompañar, capitán Sisko.

– No estamos solos. Con nosotros hay un crucero de pasajeros – explicó.

– Este sector no es seguro, no creo que haya inconveniente de que vengan – respondió el capitán de la Azanty.

USS Rhode Island

Una nebulosa les ocultaba de cualquier extraño que pasara cerca. Habían detectado puntos de ruptura dimensional en su ruta y Whatley se había desviado para evitar que fueran detectados. Su nave era de la clase Nova diseñada para investigaciones científicas de corta duración y no estaba equipada para misiones de espacio profundo. La dotación era de 80 oficiales y tripulantes, sus sistemas defensivos eran limitados y solo podía alcanzar factor de curvatura ocho. Por tanto no quería arriesgar, ni la nave, ni sus importantes pasajeros a un combate contra su enemigo.

– ¿No cree que ya hemos permanecido mucho tiempo aquí? – le preguntó Troi.

– Supongo que sí – replicó Whatley que importó las órdenes correspondientes. Y poco después la pequeña nave científica salió tímidamente de la nebulosa. Rastreó el espacio cercano sin encontrar ninguna nave más y se alejó de su escondite. Una de las pocas cosas que tenía a su favor la Rhode Island, eran sus sofisticados sensores, normalmente utilizados para sus misiones científicas, ahora les permitían conocer el movimiento de cualquier partícula espacial con relación a la rotación de la galaxia.

Troi dejó el puente y se dirigió hacia una pequeña sala de conferencias, donde había reunido a su equipo así como a los embajadores que le acompañaban. Todos habían estado de acuerdo en no dirigirse hacia la Base Estelar Earhart e ir al encuentro de la Enterprise. Y todos ya se habían puesto a trabajar.

Continuara…