“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"

Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars

Capítulo 3

Laredo

Primera Parte

Escrito por LLorenç Carbonell/ Portada: Esteban Decker

Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.

 

 

Dark Angel

Jonua sirvió a los asistentes de la reunión y luego se retiró de la sala adjunta a la cabina de Zahn. Sentados alrededor de la gran mesa estaban los jefes de sección, así como los comandantes de los dos escuadrones de caza que en aquel momento servían a bordo del Angel. Siempre se sentía extraño en aquellas reuniones. Nunca había deseado servir en una nave y ni mucho menos ser capitán de una. Pero la vida estaba llena de sorpresas y él ya se había llevado alguna que otra. La mayoría desagradables, valga decir. Y como en la mayoría de naves de la Alianza la tripulación era una amalgama de seres, cada uno de lo más variopinto y de procedencia muy distinta.

Un ejemplo de ello era su jefe de ingenieros Carl Vendell, el único de los antiguos oficiales imperiales que quedaba a bordo. Claro que había sido él quien había iniciado el motín de la nave para entregarse a la Rebelión. Era un tipo grande, robusto, con un gran corazón y aun mayor bromista, incapaz de ganar en una partida de sabacc. A su lado estaba el navegante, Seeriu Ajaan, un iktotchi de cráneo amplio y rojizo que acababa en dos cuernos que le caían sobre los hombros, dándole un aspecto algo demoníaco. Se había unido a la Rebelión de muy joven, tras salir de la Academia Naval de su planeta. Era un ser callado y muy reflexivo, seguramente por su capacidad telepática. Él otro alienígena de su oficialidad era Drahk, un kel dor que mandaba el pequeño destacamento de comandos de elite que había a bordo del Dark Angel. Y bajo la máscara antiox y las gafas que le protegían de la atmósfera rica en oxígeno de a bordo, había un tipo parcheado por todo el cuerpo debido a las heridas que había recibido a lo larga de su carrera en la rebelión. El jefe médico la doctora Darla Aniz había sido una cirujana civil antes que su hijo fuera arrestado por poner en duda el Nuevo Orden y del cual no había vuelto a saber nada más. Owen Rio su artillero en cambio procedía de una familia poderosa del centro de la galaxia que tan solo buscaba aventura, encontrando el trabajo ideal en la Rebelión. Finalmente Treson Moritz era el segundo al mando. Su historia era curiosa: marino mercante se había unido a la Rebelión tras el ataque a Alderaan por parte de la Estrella de la Muerte. Era un tipo excelente y Zahn reconocía que sin él, el Dark Angel no podría ser una de las mejores naves de la flota. En realidad él tendría que ser el capitán de la nave aun así se mantenía en segundo plano, encargándose de la logística, campo en el que era capaz de conseguir cualquier tipo de suministro, teniendo en cuanta el escaso material con que contaba la Rebelión a la hora de abastecer su flota. Pero sobre todo en el trato con los hombres: todo un líder a pesar de su carácter introvertido. Todos eran hombres, mujeres y alienígenas excelentes, que sin ellos sería incapaz de comandar aquella nave.

Para concluir estaban los comandantes de los escuadrones de cazas. Estos eran rotativos y en aquel momento el Dark Angel contaba con uno de Ala-X y parte de los pesados Ala-B. El primero era el mayor Nierbal, un dug con el que ya había servido en varias ocasiones. Su escuadrón tenía la característica de haber pintado en sus morros las fauces de rancor. Había seguido los pasos del Rogue Squadron del comandante Skywalker y los Rancors fueron los segundos en adoptar el concepto de escuadrón sin perfil de misión establecido. Y aunque había una buena relación entre los dos escuadrones de caza, existía cierta rivalidad en demostrar quien era el mejor dentro de la Rebelión. El otro era Tainor Dol, al que no conocía personalmente aunque sí había oído hablar de su reputación. Desgraciadamente en aquel momento no disponía de todos sus cazas Ala-B, tan solo de la mitad, tras su último encuentro con fuerzas imperiales en el sector Malange.

– El alto mando comprende la importancia de localizar a Daran y sus naves en el plazo más breve posible – empezó a explicar –. Sobre todo ante la importante batalla que se avecina para el desenlace de esta guerra civil. Por desgracia la Alianza necesita todas las naves y cazas disponibles. Por tanto nos han encomendado la misión de encontrar esas naves e informar inmediatamente después.

– ¿Solos? ¿No nos envían con más naves? – preguntó Darla.

– Ninguna por el momento. Si llegara el caso, podrían enviar otras naves más pesadas y otros escuadrones de caza. Pero no antes de averiguar donde está Daran y que está tramando.

– ¿Tiene algún plan para localizar a Daran? – preguntó entonces Tainor Dor.

– Sí. Y para nosotros no será complicado.

El Persilla

– Todas las cubiertas están revisadas y aseguradas – informó un oficial andoriano de seguridad, que tenía una antena amputada –. Hemos desarmo a los guardias y a la tripulación y les hemos conducido a las bodegas uno y dos.

– Gracias teniente – replicó Homeier satisfecho. La nave estaba en su poder con un solo disparo y habían hecho más de doscientos prisioneros. En apenas unos momentos habían pasado en ser cautivos a guardianes, aun así tenían el mismo futuro incierto que antes. Se giró hacia el pequeño grupo que formaba el primer ministro bajorano, una oficial de la Flota bajorana que por lo visto no era de Flota, aquel cambiante que les había salvado y el médico de EP9. Ciertamente su futuro era muy incierto.

– Parece que viajamos con el piloto automático – dijo el médico –. La cuestión es saber hacia donde.

– Lo primero que hemos de hacer es variar el rumbo – sugirió el dirigente bajorano –. Y alejarnos del lugar hacia donde nos dirigimos.

– Estoy de acuerdo – replicó la oficial bajorana –. El problema es que no sabemos como funcionan los mandos.

– Yo podría intentarlo. Vi como lo hacían – dijo Odo dirigiéndose hacia una de las consolas –. Esta es la de navegación. Creo que esto es la computadora…

– ¿Por qué no preguntan a esa cosa metálica? – sugirió Homeier.

– Bueno, yo no estoy programado para la astrogración… – dijo el androide frente a la consola.

– Tan solo has de traducir – le indicó Bashir –. ¿Qué es esto?

– Los controles de dirección para velocidades sub-lumínicas.

– ¿Y esto?

– La computadora de navegación.

– ¿Y esto de aquí? – preguntó Kira.

– Son los sensores de proximidad. Si detectaran cualquier masa en nuestra trayectoria cortan la hipervelocidad inmediatamente.

– ¿Conque podemos cambiar nuestro rumbo? – siguió preguntado Bashir.

– Eso lo desconozco, señor – replicó el androide.

– ¿Y porque no nos detenemos?

Dicho y hecho, detuvieron los motores de hiperespacio y la nave desaceleró hasta detenerse en medio de la nave del espacio.

Bashir estudió con el androide los controles y en pocos minutos empezó a leer el alfabeto.

– Estos son los paneles de navegación y este de aquí controla el timón. Aquella consola es de tácticas y aquella de allí comunicaciones.

– Impresionante – exclamó Homeier –. ¿Sugiere una comunicación con efectivos de la Flota?

– Yo no lo recomiendo – intervino Shakaar –. No sabemos cuál es el estado de la seguridad en las comunicaciones. El enemigo podía conocer nuestro paradero y todo esto no hubiera servido de mucho.

– ¿Qué propone entonces? – preguntó Odo.

– Localizar donde estamos y dirigirnos al sistema más cercano.

– Estoy en ello – dijo entonces Bashir, que estaba sentado en la consola de navegación intentando acceder a su ordenador y a las cartas astrográficas. No tardó mucho, el lenguaje que el androide de protocolo había denominado básico, era sencillo y el ordenador no contaba con muchos sistemas de seguridad. Lo que le sorprendió fue encontrar el símbolo de la Federación en la mayoría de mapas. Pronto localizó su posición, habían penetrado en territorio federal y se encontraban cerca de un planeta poco poblado.

Gagarin IV

Una pareja de cazas TIE, con su característico sonido del motor de iones sobrevoló el cañón donde se alzaba la Estación de Investigación Genética Darwin. Procedían del crucero Oráculo de la clase Carrack que había penetrado en el sistema escoltando varias lanzaderas Lambda y Centinel, que rápidamente se habían desplegado en las instalaciones de la Federación.

Sin defensas, la pequeña colonia de investigación había sido rápidamente tomada por los stormtrooper. Justo detrás de estos numerosos técnicos se repartieron por todas los edificios, arrestando a los científicos y empezaron a inspeccionar las instalaciones y los datos del ordenador central. Aunque los científicos habían intentado destruirlos, no lo habían logrado del todo y los imperiales enseguida empezaron a reconstruir los chips isolineales de memoria. La represalia no se hizo esperar y fueron ejecutados todos aquellos que no estaban en las listas que traían consigo el destacamento de asalto.

Poco después otra nave salía del hiperespacio. Era una corbeta corelliana CR-90, utilizada extensamente como nave personal de altos oficiales que estaban interviniendo en la invasión a los Nuevos Territorios. Eran rápidas, estaban bien armadas y su espacioso y lujoso interior, en ocasiones, permitía mantener equipos e instalaciones de mando completas.

La corbeta aterrizó junto las instalaciones y de ella descendió el Coronel Yulen y los técnicos kaminianos que enseguida inspeccionaron los laboratorios. Aunque la clonación estaba prohibida en la Federación, así como las manipulaciones genéticas, la estación Darwin era una de las más avanzadas en su campo, sobretodo en la investigación de enfermedades genéticas y en sus tratamientos en humanoides.

Los expertos imperiales en clonación permanecieron en Gagarin IV algunos días investigando e interrogando en el terreno a los científicos de la federación, antes de embarcar y trasladarse a su siguiente destino.

El Persilla

– Un día y nada – dijo frustrado Homeier.

– El básico es un idioma antiguo y ha recibido muchas influencias a lo largo de los siglos, pero aprender en un día es fácil – replicó Bashir –. Pero hacer cálculos para la hipervelocidad es otra cosa muy distinta.

– ¡Aquí se ha encendido una luz roja! – dijo entonces Kira. Julian se levantó de la consola de navegación y se dirigió hacia donde estaba esta.

– Este es el tablero de sensores. Según esto se aproxima algo a gran velocidad.

– ¿El que? – preguntó Odo.

Bashir hizo un rápido vistazo al tablero y tecleó unas órdenes en el panel. Segundos después una pantalla se encendió y apareció el objeto que se aproximaba.

– Tenemos problemas – dijo Bashir –. Se acerca un crucero klingon.

– ¿Podemos hacer señales? – preguntó Shakaar.

– No sé como y en menos de un minuto entraremos en el radio de acción de sus armas.

– ¡Haga algo, lo que sea, señales con las luces! – sugirió Kira desesperada.

– ¡Exacto! – exclamó Bashir que se dirigió hacia el tablero de ingeniería. Y sin perder tiempo empezó a encender y a apagar todas las luces de la nave, una y otra vez.

IKC Ya’Vang

– No han alzado los escudos.

– Entonces morirán – replicó Kornan, el oficial táctico que había asumido el mando tras la muerte del comandante –. Listos los disruptores y torpedos de photones.

– Recuerda que solo podemos hacer cuatro disparos – puntualizó Tavana, ingeniera en jefe.

– ¡Entramos en el radio de acción de las armas!

– ¡Fuego! – ordenó Kornan apretando el puño. La Ya’Vang se sacudió cuando el primer torpedo salió disparado de la proa de la nave, provocando que una de las consolas del puente estalló en una pequeña nube de humo.

– ¡Te lo dije! – gritó Tavana –. Se han fundido los controles de tiro.

– Da igual – le quitó importancia Kornan –. Apuntaremos manualmente.

El viejo crucero de batalla viró en redondo y se preparó para otra pasada.

– Un momento… ¡No disparen! – gritó el artillero de abordo.

– ¿Qué ocurre? – preguntó Kornan.

– Las luces se encienden y se apagan – dijo el hijo de Worf.

– Sí, ¿y qué?

– Están diciendo SOS. Es una llamada humana de auxilio – explicó este –. Hay humanos a bordo de esa nave.

– El muchacho nos ha traído suerte. Se crió entre humanos – recordó Leskit.

– La nave enemiga tampoco a alzado escudos ni respondido el ataque.

Kornan tenía la mirada clavada en Alexander. Le conocía de cuando los dos servían a bordo de la Rotorran. Era tan patoso que se había convertido en la mascota de la nave, todos decían que les traía suerte, pero también tenía valor, como había demostrado en más de una ocasión y era inteligente, aunque a la manera humana. Luego miró a la pantalla con la enemiga paralizada en medio de la nada. Si no tenía razón igualmente sería destruida.

– Preparen un equipo de abordaje – ordenó.

El Persilla

El disparo impactó sobre la superestructura en un ángulo que la forma de la detonación fue absorbida por el blindaje de la nave. Aun así el Persilla se estremeció y varias estaciones estallaron y la energía se apagó, aunque enseguida se activó la de emergencia.

Kira observó como el crucero giraba y regresaba a cargar de nuevo contra la nave y pidió a los Profetas que les ayudaran. Y cuando pensaba que la nave klingon les daría el tiro de gracia, esta se detuvo enfrente del Persilla.

Segundos después escuchó como se materializaba un transporte en el mismo puente de la nave imperial. Se giró agarrando instintivamente el arma que había capturado a uno de los soldados y apuntó al klingon que se materializaba a su lado. Sorprendiéndose al ver al hijo de Worf: Alexander Rozenko.

– ¡Coronel Kira! – dijo igualmente sorprendido y se giró para observar quien más estaba en el puente –. Doctor Bashir, Odo.

– Bienvenidos a bordo caballeros – replicó Bashir con una sonrisa de oreja a oreja. Había calculado que tenían una oportunidad contra cinco mil trescientas ocho de que aquello saliera bien. Y había acertado.

USS Guadalajara

– Señor, volvemos a tener energía en todos las cubiertas – le anunció su jefe de ingenieros. Para el capitán Martín Bernal aquella era la primera buena noticia en muchos días –. Escudos al 89%, armamento reparado y listo.

La Guadalajara había participado activamente en las primeras operaciones durante la guerra contra el Dominion. Tras la caída en Betazed el alto mando les había enviado para que encontraran una vacuna para un virus que estaba asolando varias colonias betelgeusians fuera de la frontera federal. Al iniciarse los ataques contra la Federación habían recibido órdenes de dirigirse y proteger Bellatrix junto a otras naves estelares. Desgraciadamente había llegado tarde y en ese momento el enemigo había destruido ya una de sus compañeras y estaba acabando con otra.

Bernal ordenó máxima velocidad y se dirigió directamente contra las naves atacantes, no podía hacer nada por la Tian An Men que estaba tocada de muerte, pero sí por la Arquebus. Cogiendo por sorpresa al enemigo logró neutralizar una pequeña cañonera y dañar con una salva completa de torpedos de photones la nave más grande y presumiblemente que estaba al mando del ataque a Bellatrix. Aprovechando la confusión creada con su llegada, logró rescatar los supervivientes de la Tian An Men y dar tiempo a la Arquebus de poder pies en polvareda y alejarse del sistema. Para entonces la línea enemiga se había rehecho y empezaba a cerrar el cerco en torno a su nave, disparando a discreción sobre la Guadalajara, y aunque lograron alcanzar a varios enemigos, en la refriega estos le habían dañaron sus escudos y la carena secundaria. Pero el camino estaba libre y Bernal no podía hacer nada por la suerte de los habitantes de Bellatrix.

No lejos de allí se reunió con la Arquebus que había recibido una fuerte paliza, aunque por suerte aquellas pequeñas naves de la clase Sabre eran muy resistentes. Ahora las dos naves estelares esperaban concluir las reparaciones y dirigirse hacia la Base Estelar Earhart, cuando los sensores detectaron varias naves que se aproximaban.

– ¿En qué situación está la Arquebus? – preguntó Bernal.

– Ha sellado las grietas del casco y reparado su reactor – informó su primer oficial –. Pero aun no ha recuperado el control total del ordenador y su parrilla de escudos está tan fundida como ayer.

– Pónganos protegiendo a la Arquebus – ordenó Bernal al timonel.

– Las naves acaban de entrar en el alcance visual.

– ¡Pardiez, en pantalla! – ladró y ante sus ojos aparecieron tres cruceros de guerra gorns. En sus condiciones aquellos eran un adversario imposible de vencer y más rápidos que ellos, por lo que tampoco podían huir.

– ¿Qué querrán? – se preguntó en voz alta el joven timonel.

– Pronto lo sabremos – le respondió Bernal y para sus adentros esperó que no fueran en busca de los restos del botín que representaba la derrota de la Flota.

Tenak’talar

Weyoun salió de la estancia donde ahora restaban los restos pulverizados de la líder que tanto amaba y que había servido fielmente, bueno casi siempre, desde hacía nueve Weyouns. Observó a los jem’hadars del puente que le observaban inquisitivos. La noticia que les iba a comunicar haría que todos se suicidaran y seguramente le suicidarían a él también. Eso era algo que no podía permitir. Gracias a Damar ya no habrían futuros Weyouns que sirvieran al Dominion lealmente, que obedecieran a los Fundadores en sus más ínfimos deseos. No, él era el último de los Weyouns e iba a morir si no hacía algo para remediarlo. Y rápidamente. Entonces recordó el único incidente que manchaba su vida como fiel servidor a los Fundadores. Sí, tal vez... Weyoun 5 no estuviera tan equivocado como parecía.

– La líder ha muerto – anunció solemnemente al resto de soldados del jem’hadar. Estos se miraron unos a otros. Si hubiera sido telépata hubiera podido leer en sus mentes la idea de inmolarse –. ¡Pero, aun queda un cambiante vivo! – continuó y las miradas de todos se centraron de nuevo en Weyoun –. La Gran Unión vive. El Dominion sobrevivirá. Hemos de servir al Fundador Odo. ¡Larga vida a Odo! ¡Larga vida al Fundador Odo!

– ¡Larga vida al Fundador Odo! – repitieron todos a coro.

¡Sí, sí, sííí!” gritó Weyoun en su interior mientras los jem’hadars gritaban una y otra vez: ¡Larga vida al Fundador Odo!

- Primero ponga rumbo al Yermo – ordenó Weyoun tras unos instantes de vítores y gritos a favor de Odo –. Hemos de localizar a los restos de la Flota Estelar.

– Sí, señor.

La nave de guerra viró y aceleró hasta alcanzar la velocidad de curvatura. Había sobrevivido a la explosión de la luna de Cardassia, logrando junto a algunas naves más poner a salvo a la líder del Dominion. Ahora su misión era hallar al último de los Fundadores, el último de la gran extirpe de la Gran Unión.

USS Enterprise-E

– Detecto tres naves en órbita – informó Daniels –: la Hood, la Gandhi y la Bozeman.

– Salude a nuestro viejo amigo DeSoto – le dijo Picard mirando a Riker con cierta complicidad. Poco después el capitán DeSoto apareció en pantalla.

– Veo que le gusta llegar puntual – dijo este con una sonrisa de satisfacción –. Y que no ha perdido a nadie. Y con ello incluyo a William.

– No lo hubiera permitido – replicó Picard continuando la broma.

– Me alegro de verle, capitán – intervino Riker.

– Yo también. Por cierto, me gusta su perilla – replicó DeSoto, dicho lo cual se giró hacia Picard –. ¿Le importa que nos reunimos en su nave? Mi sala de observación se ha convertido en un almacén.

– Será un honor.

– Dentro de media una hora, todos los capitanes. DeSoto fuera.

Poco después las cuatro naves recién llegadas se colocaron en órbita al quinto planeta del sistema Huiar.

El transportador zumbó y en la plataforma se materializaron dos oficiales. El veterano capitán Morgan Bateson se relajó al completar aquella rutinaria operación, que no siempre le hacía gracia y miró hacia la sala para averiguar a quien habían enviado a recogerle. Se alegró al saber quien era.

– Querida consejera, es un placer volverla a ver – dijo bajando de la plataforma.

– El placer es mío capitán Bateson – dijo este con una gran sonrisa.

– Morgan, por favor.

– Entonces, usted ha de llamarme Deanna.

– Deanna, pues – replicó este, quien se giró hacia su acompañante –. Le presento a la comandante Archer, de la Inteligencia de la Flota.

– Es un placer – replicó la consejera.

– Una nave magnífica esta nueva Enterprise – indicó Bateson ofreciéndole el brazo para escoltarla y salieron al pasillo en dirección al turboascensor.

– No se puede decir lo mismo de la suya.

– La vieja Bozeman en realidad tiene menos años de lo que aparenta – prosiguió la broma de la consejera –. Pensaron que para que nos aclimatáramos mejor al nuevo siglo lo más adecuado era mantenernos en la misma nave. La modernizaron, nos gustó y aquí estamos. Por cierto, no les dimos las gracias por su intervención contra el Borg.

– No fue nada – dijo Deanna quitándole importancia –. Lo bueno es que hicimos algunos buenos amigos. Y ¿cómo se encuentran sus hijos, nietos y biznietos?

– El mayor murió el año pasado. De viejo – dijo sin pesar en sus palabras.

– Lo lamento.

– Yo no. O por lo menos eso es lo que me pidió en su lecho. Había sido oficial de la Flota como yo. Conocía los riesgos y se alegró de volverme a ver en sus últimos años rodeado de sus hijos y nietos. Mis biznietos – continuó Bateson –. Tenía noventa y ocho años. Mientras que mi pequeño está en la colonia Norpin, tiene ochenta y ocho y asistí a su cuarta boda, con una ktarian esta vez. ¡Y de mis nietos, la mitad sirven en la Flota! Desgraciadamente dos de ellos murieron durante la guerra contra el Dominion – comentó en un tono que mezclaba pena y orgullo –. Pero no debemos entristecernos, no se lo merecen. Y finalmente tengo un biznieto en el último año de academia. Yo mismo le di clases el trimestre pasado: historia. Soy un hombre feliz Deanna. Me arrepiento de algunas cosas, sobre todo de cierto viaje a Risa, pero no de alistarme en la Flota.

– Ya hemos llegado – replicó al abrirse las puertas del turboascensor. Miró al oficial que había nacido y criado más de cien años atrás y supo que no necesitaba sus capacidades empáticas para ver a un hombre fuerte de mente y cuerpo, orgulloso de su extirpe. La consejera pensó que aquel entusiasmo era lo que más les hacía falta.

– Entonces vamos a trabajar… – dijo este dirigiéndose hacia el observatorio.

Fueron los últimos en llegar. Encabezando la mesa estaba Picard como anfitrión, a su derecha estaba DeSoto, Teron-Iyero, Satelk y T’Yua, frente a Wenz y a Peter Harkins, del departamento de comunicaciones de la Flota.

– Capitán Bateson me alegro de volverle a ver – le saludó Picard indicándole el asiento que había junto a Harkins.

– El placer es mutuo – replicó el saludo y se sentó.

– Comandante Archer, bienvenida – saludó a la última asistente a la reunión. Esta asintió y se sentó en el último asiento libre, justo frente a Picard.

Cuando estuvieron sentados todos volvieron las miradas hacia DeSoto. Incluso Teron-Iyero y el mismo Bateson no sabían con certeza que estaba sucediendo. Lo última comunicación de la Flota Estelar había sido tan críptica como corta. El almirante Paris les había ordenado dirigirse a la Tierra y evacuar a técnicos y equipo de unas instalaciones de Tokyo y la Luna respectivamente y seguir a DeSoto en la Hood. Nada más.

– Bien caballeros ahora ya estamos todos – inició DeSoto –. Imagino que tendrán mucha curiosidad respecto al Operativo Omega. En realidad hasta unos días yo tampoco conocía su existencia. Me informó personalmente el almirante Paris en la Tierra y ahora les informo a ustedes. Según me dijo muy pocos en el Alto Mando conocen la existencia de estas órdenes y no existe otro registro escrito de su existencia, salvo la pequeña información que todos ustedes pudieron consultar en sus ordenadores. La cual se borra si se intenta acceder a ella sin el código que les entregué. Y nadie conoce el código salvo el comandante en jefe de la Flota.

» Ahora les pondré en antecedentes. Tras la batalla de Wolf 359 la Flota Estelar vio que las posibilidades que otro ataque Borg tuviera éxito eran elevadas. Así que inició los preparativos por si esto ocurriera y la Federación era asimilada. El Operativo Omega era el último reducto que se tenía para sobrevivir al Borg. Por lo menos su esencia y que no se perdiera para siempre.

» Estaba dividido en dos partes. La primera hace referencia a tácticas para sobrevivir en un entorno dominado por los Borg. Así como recursos y tecnología desarrollada para tal evento. La segunda tiene una envergadura mucho mayor.

» Ante la eventual destrucción de nuestras bases y la asimilación de los planetas miembros de la Federación, la Flota Estelar empezó la construcción secreta de un número indeterminado de almacenes. Hay cientos y están repartidos por toda la galaxia conocida, en los lugares más insospechados. Se guarda material de todo tipo: suministros médicos, equipo de supervivencia avanzado, repuestos para naves estelares, bases prefabricadas, vehículos, armas, recursos tecnológicos, maquinaria pesada, replicadores industriales, casas prefabricadas, instalaciones médicas completas, cualquier cosa que puedan imaginar. Fueron construidos por el cuerpo de ingenieros o por compañías privadas que desconocían para que o que es lo que estaban haciendo. Nadie hizo más de uno de estos almacenes y la Flota se ocupó de que los registros de tales actividades y su emplazamiento fueran borrados de los bancos de memoria. Luego naves automatizadas se encargaban de llevar el material hasta allí: transportaban el material y se volvía a borrar toda información de sus archivos. Todo pensado para despistar al borg todo lo posible.

» Para guardar las listas del material almacenado y la ubicación exacta de los emplazamientos se utilizó un ordenador que no estaba conectado a ningún otro. Yo mismo vi como el almirante Paris lo incineraba con un phaser después de transferir parte de la información a este padd – dijo alzando este de la mesa, donde lo había dejado al llegar –. Según el almirante Paris no existe ninguna otra copia.

» El almirante me dijo que usted sabría como guardar esto de forma que no cayera en manos del Borg, ni de nadie más – le dijo a Picard. Este se quedó pensando un segundo y presionó su comunicador.

– Señor Data, ¿puede venir un momento al observatorio? – varios segundos después su oficial científico entraba en la sala procedente del puente –. Data quiero que memorice la información de este padd. Es de vital importancia para le futuro de la Federación. Ha de impedir que esta información caiga en malas manos. ¿Lo ha entendido?

– Sí señor – replicó este cogiendo el padd y en un segundo leyó su contenido, luego se lo entregó de nuevo a Picard –. Ya está capitán.

– Gracias, señor Data. Puede retirarse, más tarde hablaremos con usted.

– Bien, señor – respondió y salió de la sala.

– Pero nosotros no hemos sido atacados por los Borg – intervino entonces T’Yua rompiendo el silencio que había provocado la entrada del androide.

– Pero la Federación está en la misma disyuntiva – replicó Bateson que se dirigió hacia Archer que había estado callada todo el rato –. ¿Sabemos algo más de estos nuevos enemigos?

– Capitanes, pertenezco a la Inteligencia de la Flota y estoy bajo el mando directo del Almirante Toodman, que hasta hace poco era el responsable de la seguridad en el cuadrante Alfa – explicó –. Sabemos muy poco del enemigo, salvo que no es la primera vez que nos lo encontramos. Hace nueve años la Coventry, al mando de la capitán Woronicz se topó con una de estas naves.

– Conocía a la capitana de esa nave – interrumpió Satelk –. Oficialmente la Coventry tuvo un fallo fatal en el motor. Sin supervivientes.

– En realidad detectó una nave no identificada mientras regresaba de su última misión – aclaró Archer que cogió el otro padd que había traído consigo, apretó un botón y en la pantalla surgió la imagen de una nave en forma de punta de flecha. Y se lo fue pasando al resto de capitanes –. Envió esta imagen de sus sensores e informó que iba a realizar un primer contacto. Después silencio. La Flota envió entonces a la Ajax, pero tan solo pudo encontrar restos del casco y parte de la barquilla con claros muestras de disparos de armas de energía. Se creyó entonces que la nave no identificada podía haber capturado prisioneros y a la misma Coventry.

– Y creo que hoy podemos decir que así fue – dijo Teron-Iyero.

– ¿Por qué no se informó al resto de la Flota? – preguntó Picard.

– Desconozco con certeza esa respuesta – indicó Archer –. Por lo que he podido averiguar el estudio realizado a la imagen de los sensores y a los restos de la propia Coventry, se pensó que sería mejor no revelar la existencia de esta nueva amenaza hasta que no se supieran más cosas de ella. Supongo que para no sembrar el pánico.

– Gracias comandante Archer – replicó Picard, que se giró hacia DeSoto –. ¿Cuáles son las órdenes que recibió de Paris?

– Por lo que sabía cuando me entregó las órdenes este nuevo enemigo no buscaba nuestra destrucción total. Hay informes que indicaban un asalto planetario en Tarsas III y en otros planetas klingons y romulanos. Por tanto se modificó parte de la esencia del Operativo Omega. Si inicialmente era la salvaguarda de la Federación, ahora lo que pretendemos es crear una resistencia si la Flota es finalmente derrotada.

» La primero será crear una base en un lugar apartado y empezáramos a prepararnos para combatir a este nuevo enemigo. Pero no estaremos solos. Envió órdenes a otras naves e instalaciones de la Flota Estelar. Los astilleros de Beta Antares fueron evacuados con sus diques secos y todo su personal, con el que debemos encontrarnos en un lugar y fecha próxima. Hay otras tres naves: la Europe, la Cervantes y la Pawn con las que también debemos reunirnos. El almirante me insinuó que estaba formando otros grupos completamente independientes a nosotros.

» Me dio una fecha para ponernos en contacto con este y así empezar a pensar en futuras acciones. No sé exactamente lo que pretendía, reagruparnos y preparar incursiones o esperar a un contraataque. Tal vez la comandante Archer sepa más que yo.

– El almirante Toodman también fue bastante escueto. Me ordenó evacuar nuestras instalaciones con el personal y nuestras familias. Y me entregó una serie de objetivos a realizar en medida de mi capacidad. En su mayor parte es observar al enemigo y analizar sus comunicaciones, su tecnología. Averiguar todo lo que podamos de este en el menor tiempo posible. También me entregó información detallada de diferentes operativos activos de inteligencia, así como nombres de agentes y la forma de contactar con ellos con la intención de mantener, crear y agrandar las redes de espionaje que tiene la Inteligencia de la Flota.

– ¿Le dijo Paris quienes estaban enterados del Operativo Omega? – le preguntó entonces Picard.

– Por lo que sé muy poca gente. Antes de activarse la mayor parte de los que participaron en su creación no sabían para que estaban trabajando realmente.

– Señores, hay otra cuestión de vital importancia que me gustaría comentar – dijo entonces Picard –. Antes de llegar recibí un mensaje por el Código 47 procedente de la Rhode Island. Había salido de Betazed donde se había reunido el Consejo de la Federación. Estos eligieron al vulcano Lojan como sucesor de Jaresho-Inyo y a Lwaxana Troi como vicepresidenta del Consejo de la Federación. Sabemos que el primero fue hecho prisionero, pero Troi escapó y por consiguiente se ha convertido en la Presidenta del Consejo y de la Federación.

» No sé como, pero Lwaxana, la Presidenta Troi sabía que yo estaba involucrado de alguna manera con el Operativo Omega – un rumor planeó sobre los capitanes –. Y he quedado que nos encontraremos con ella.

– Tal vez Troi estaba enterada de la existencia del Operativo – sugirió T’Yua –. Si se quiere mantener la esencia de la Federación, se ha de pensar en mantener también el elemento político de nuestras sociedades.

– Es una conclusión lógica – confirmó Satelk.

– ¿Y que hacemos con la llamada de la almirante Shanthi – preguntó Wenz.

– Nosotros estamos dentro del Operativo Omega. Nuestra prioridad es preservar la esencia de la Federación – contestó DeSoto enérgico –. Y luego luchar para que no se pierda. Conozco bien a la almirante Shanthi – continuó con otro tono de voz –. Aunque no lo parezca es una guerrera nata. Así lo demostró cuando serví bajo sus órdenes durante las Guerras de la Frontera contra los cardassianos. Pero pude ver la batalla que se libró junto al sistema solar. Deseo, pero no creo que Shanthi logré detener al enemigo. No sin estar bien preparado. He pensado mucho en ello. Pero antes de atacar al Imperio debemos conocer como piensa, quienes son, cuales son sus puntos fuertes y los débiles. Hemos de conocerles tan bien como parece que nos conocen ellos. Y entonces, solo entonces les venceremos. Por ahora Shanthi no puede contar con nosotros. Si vence nos uniremos a ella. Si no…

Un silencio planeó por el observatorio. Nadie osó decir lo que todos pensaban. Tan solo se oía el rumor lejano del motor de curvatura.

– Entonces creo que lo más lógico es buscar una base – intervino Satelk rompiendo el silencio –. ¿Alguna sugerencia?.

– Deberíamos buscar un lugar apartado, pero que tampoco esté lejos del territorio de la Federación. He encontrado en los archivos unas cinco posibles ubicaciones – explicó DeSoto.

- Lo más lógico sería buscar alguno que no estuviera en los archivos – intervino Saltelk

–. Hemos de suponer que nuestros enemigos tendrán acceso a estos mismos registros y tarde o temprano nos podrían localizar.

– ¿Y localizar un planeta nuevo? – preguntó Wenz –. Eso es lo que sabemos hacer mejor: explorar la galaxia en busca de nuevos mundos.

– Creo que no hará falta buscar ningún lugar – dijo Bateson y todas las miradas se fijaron en el capitán del siglo pasado –. Hace años rescaté a la tripulación un viejo carguero tellarita. Lo extraño es que estaba en una zona donde no había ningún planeta habitado y ni mucho menos una ruta comercial, cerca del cúmulo estelar Remir. Como transportaba un material que se utilizaba para hacer los revestimientos de los reactores de aquella época, le presioné para que me dijera de donde procedía. Me contó que de una luna de clase M, de un sistema estelar que ni siquiera tiene nombre. Lo mejor del caso es que según nuestros mapas figura que ese planeta no tiene ninguna luna. El tellarita lo descubrió por casualidad y aprovechó que nadie más conocía su existencia para hacer una pequeña fortuna. Según me contó el sector fue explorado por una sonda vulcana de largo alcance y cuando las naves llegaron hasta allí, nadie se fijó en aquel pequeño satélite, todos venían a estudiar el cúmulo estelar Remir.

– Conozco el cúmulo, es un lugar hermoso, se hicieron los estudios científicos más profundos en el siglo pasado – explicó Wenz –. No creo que en estas últimas décadas nadie se haya acercado a él. Además, es una zona con pocos planetas habitados. Cuando era oficial científico a bordo de la Exeter estuvimos para hacer un estudio antropológico de los… mercuran, creo. Pero estaban en la era pre-industrial. No estuvimos mucho tiempo en el sector. Luego nos marchamos.

– Creo que es un lugar perfecto para nuestros planes, ¿no? – dijo Picard.

– Yo estoy de acuerdo – le apoyó DeSoto.

– Disculpe mi curiosidad, capitán Bateson – intervino Satelk –. ¿Y no informó a la Flota Estelar del error en sus mapas?.

– No lo creí oportuno – respondió con naturalidad –. Además, el tellarita me pidió que no lo dijera, era la primera vez que tenía tanta fortuna y quería aprovechar su hallazgo para hacer un pequeño negocio, luego anunciaría su localización. No era algo de prioridad para la Flota y no dije nada. No volví a pensar en ello hasta que me lo volví a encontrar en Altair IV un par de años después. Su fortuna no duró mucho, ya que tan solo había una pequeña veta de mineral y se agotó enseguida, para entonces regentaba un restaurante. Y en mi siguiente misión tuve el encuentro con el capitán Picard, que todos conocen. Como comprenderán en aquel momento no estaba para pensar en una luna que faltaba en los mapas.

- Gracias por saciar mi curiosidad, capitán – replicó Satelk satisfecho.

– Entonces, si todos estamos de acuerdo instalaremos nuestra base de operaciones en …

– empezó a decir DeSoto –. Por cierto, ¿cómo se llamaba la luna o el planeta?.

– El tellarite la bautizó Laredo – explicó Bateson.

– Me gusta – expresó T’Yua.

– Entre la tecnología que el almirante Paris me ha entregado hay unos dispositivos que borran las coordenadas de los archivos de navegación, para evitar que caigan en malas manos y descubiertas nuestras bases, así como los emplazamientos de los almacenes – comentó DeSoto –. Creo que deberíamos empezarlos a utilizar desde ahora mismo. También deberíamos dividirnos el trabajo. Todos conocemos el contacto del capitán Picard con los romulanos. No podemos desperdiciar a ningún aliado para luchar contra el Imperio. Por muy antiguo enemigo que sea. Todos estaremos de acuerdo que nuestra supervivencia depende en que nos ayudemos unos a otros.

– Propongo que busquemos otras naves que hayan sobrevivido a la invasión – sugirió Wenz –. Ya sean federales, klingons o romulanas. Cualquiera que esté en nuestra misma situación.

– Es un razonamiento muy lógico – le apoyó Satelk.

– Entonces ¿qué les parece si hacemos esto? – intervino DeSoto –. La Hood, la Gandhi y la Bozeman nos dirigiremos a Laredo, para preparar las instalaciones y acomodar las familias y los equipos necesarios para apoyar la Resistencia. Creo que he de decir que nuestras naves están abarrotadas tanto de personal, como de material. La Enterprise podría acompañarnos antes de encontrarse con la Rhode Island y la Presidenta Troi. La Valkyrie puede ir al encuentro de las naves que vienen desde Beta Antares y los conduce hasta nuestra base en el cúmulo Remir. La Tirpiz podría ir al encuentro de Europe. Mientras que la Jupiter podría hacer lo propio con la Cervantes y la Pawn que traen el equipamiento que necesitamos en Laredo. ¿Qué les parece?.

– No tengo inconveniente – respondió Picard –. Y si quieren pueden transportar parte del personal y el equipo adicional que transportan.

El Consulat

La corbeta corelliana del General Theron Lepira se alejó del sistema de Bajor y entró en el hiperespacio rumbo al sector 001. El Consulat era su nave privada y la encargada en los últimos años de transportarle en sus numerosos viajes. Además de su comodidad, algo importante para aquel viaje tan largo en el superhiperespacio, la corbeta tenía los equipos equivalentes a los que tenía un pequeño estado mayor. Y con el tiempo se había convertido en su casa, lo más cercano a su corellia natal.

Por suerte aquel viaje no duraba mucho, aunque sí el tiempo suficiente para leer los últimos informes relacionados con la Confederación Breen y de las últimas conquistas de los planetas de la Federación de su sector.

Hacía siete años que le habían transferido al Operativo Eckener para estudiar, analizar y planear la invasión de los Nuevos Territorios. Al principio como lugarteniente general Elgrin hasta la muerte de este en un accidente y como conocía a Eckener desde hacía años, este confió en él para asignarle como supervisor de uno de los sectores más cruciales de aquella basta operación: el de Bajor. De vital importancia si se tenía en cuenta la existencia del agujero de gusano y la presencia de la Unión Cardassiana y más tarde el Dominion.

Por suerte había tenido bastante libertad en su tarea, lo que había repercutido en la obtención de magníficos informes. Dos años atrás empezó a trabajar con Vantorel, a quien se había escogido para mandar las operaciones bélicas del sector y desde el primer momento los dos habían congeniado maravillosamente. Sobre todo porque a los dos les había cautivado aquella nueva galaxia: su exotismo, su variedad, su tecnología, sus gentes. Y en especial el místico pueblo de Bajor y su devoción a aquellas criaturas que habitaban el agujero de gusano y denominaban Profetas. Conjuntamente habían planeado el ataque al sector y de los dos había partido la idea de pactar con los cardassianos, que había desembocado en la destrucción de las fuerzas del Dominion.

Durante todo aquellos años había tenido la oportunidad de estar meses enteros sobre el terreno visitando Bajor, EP9, Cardassia, Ferenginar, las colonias de la Zona Desmilitarizada y numerosos planetas del sector. Incluso había estado en la colonia New Bajor que había en el cuadrante gamma justo antes de la aparición del Dominion.

En aquellos viajes había recabado información muy útil, así como montado una red de espionaje que le había proporcionado informes muy importantes y detallados, sobre todo durante la guerra. Para facilitar el trabajo había utilizado como tapadera la creación de diversas empresas: algunas de transporte, otras de construcción o simplemente comerciales. Y aunque en estas compañías compartía capital con indígenas bajoranos, ferengis o bolianos, había numerosos miembros de la Inteligencia Imperial que pasaban por humanos.

Gracias a sus “empresas” se movían libremente por toda la zona recabando, indagando y observando todo lo que acontecía. También había reclutado nativos que o bien creían que trabajaban para alguna potencia de la galaxia o simplemente no sabían que eran utilizados como agentes. En un principio su misión había consistido en evaluar el potencial bélico, las defensas de los sistemas, el número de tropas, el tipo de navíos de guerra, etcétera. Poco a poco la penetración en el tejido social, económico, político y militar había sido inesperado e importante, llegando hasta el mismísimo gobierno de Bajor, del Tzenkethi y de numerosas colonias de la Federación y planetas menores. También se había puesto en contacto con los bajos fondos y con grupos de resistencia, como el maquis, al que habían estado manteniendo con armas.

En Cardassia la situación había sido algo distinta, aunque al final los resultados obtenidos habían sido espectaculares. Durante los primeros años su red había llegado a estar infiltrada en las altas esferas del Consejo Detapa, sobretodo en la etapa en que los civiles habían ostentado el poder. Por otra parte aquella había sido una de sus mejores maniobras. Pero tras la llegada del Dominion su red en Cardassia había sido virtualmente destruida. El gobierno había sido abolido y sus miembros encarcelados o ejecutados, cayendo así la mayor parte de sus agentes, aunque por suerte ninguno de estos sabía realmente para quien trabajaba. El Dominion creyó haber destruido una red de espías federales, no del Imperio Galáctico.

Pero aunque cayera su red civil, la militar quedó parcialmente intacta, incluyendo algunos contactos en el Mando Central Cardassiano. Desde allí les habían informado de la localización exacta de las bases del Dominion en todo el territorio Cardassiano, con sus características defensivas, el número de tropas e incluso sus puntos vulnerables. Uno de los informadores más importantes había sido Gul Broca, el cual finalmente había traicionado al Dominion a cambio de gobernar Cardassia. No sin antes librarse de cualquier competidor, en especial el Legate Damar y su resistencia.

Gracias a todo ello en el momento del ataque estaban en poder de toda la información necesaria para destruir al jem’hadar y sus bases cuando ellos quisieran. Lo que exactamente había ocurrido.

Su organización no era la única, en los otros sectores en que estaban divididos los Nuevos Territorios se habían creado redes iguales a las suyas. Uno de sus colegas se había valido de las disputas internas para llegar a colocar un agente en el Alto Consejo Klingon, así como en el estado mayor de sus Fuerzas de Defensa. Y sabía de la existencia de otros casos donde se habían infiltrado en varios gobiernos de la Federación que había proporcionado importantísima información del potencial militar de la Flota Estelar. Así como planos de instalaciones y los detalles técnicos de la más avanzada tecnología también habían acabado en manos de la Inteligencia Imperial.

 

Continuará….