“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"
Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars
Capítulo 3
Laredo
Primera Parte
Escrito por LLorenç Carbonell/ Portada: Esteban Decker
Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.
Dark Angel
Jonua sirvió a los asistentes de la reunión y luego
se retiró de la sala adjunta a la cabina de Zahn. Sentados alrededor de la gran
mesa estaban los jefes de sección, así como los comandantes de los dos escuadrones
de caza que en aquel momento servían a bordo del Angel. Siempre se sentía
extraño en aquellas reuniones. Nunca había deseado servir en una nave y ni mucho
menos ser capitán de una. Pero la vida estaba llena de sorpresas y él ya se
había llevado alguna que otra. La mayoría desagradables, valga decir. Y como
en la mayoría de naves de
Un ejemplo de ello era su jefe de ingenieros Carl Vendell,
el único de los antiguos oficiales imperiales que quedaba a bordo. Claro que
había sido él quien había iniciado el motín de la nave para entregarse a
Para concluir estaban los comandantes de los escuadrones
de cazas. Estos eran rotativos y en aquel momento el Dark Angel contaba
con uno de Ala-X y parte de los pesados Ala-B. El primero era el mayor Nierbal,
un dug con el que ya había servido en varias ocasiones. Su escuadrón tenía la
característica de haber pintado en sus morros las fauces de rancor. Había seguido
los pasos del Rogue Squadron del comandante Skywalker y los Rancors
fueron los segundos en adoptar el concepto de escuadrón sin perfil de misión
establecido. Y aunque había una buena relación entre los dos escuadrones de
caza, existía cierta rivalidad en demostrar quien era el mejor dentro de
– El alto mando comprende la importancia de localizar
a Daran y sus naves en el plazo más breve posible – empezó a explicar –. Sobre
todo ante la importante batalla que se avecina para el desenlace de esta guerra
civil. Por desgracia
– ¿Solos? ¿No nos envían con más naves? – preguntó Darla.
– Ninguna por el momento. Si llegara el caso, podrían enviar otras naves más pesadas y otros escuadrones de caza. Pero no antes de averiguar donde está Daran y que está tramando.
– ¿Tiene algún plan para localizar a Daran? – preguntó entonces Tainor Dor.
– Sí. Y para nosotros no será complicado.
El Persilla
– Todas las cubiertas están revisadas y aseguradas – informó un oficial andoriano de seguridad, que tenía una antena amputada –. Hemos desarmo a los guardias y a la tripulación y les hemos conducido a las bodegas uno y dos.
– Gracias teniente – replicó Homeier satisfecho. La
nave estaba en su poder con un solo disparo y habían hecho más de doscientos
prisioneros. En apenas unos momentos habían pasado en ser cautivos a guardianes,
aun así tenían el mismo futuro incierto que antes. Se giró hacia el pequeño
grupo que formaba el primer ministro bajorano, una oficial de
– Parece que viajamos con el piloto automático – dijo el médico –. La cuestión es saber hacia donde.
– Lo primero que hemos de hacer es variar el rumbo – sugirió el dirigente bajorano –. Y alejarnos del lugar hacia donde nos dirigimos.
– Estoy de acuerdo – replicó la oficial bajorana –. El problema es que no sabemos como funcionan los mandos.
– Yo podría intentarlo. Vi como lo hacían – dijo Odo dirigiéndose hacia una de las consolas –. Esta es la de navegación. Creo que esto es la computadora…
– ¿Por qué no preguntan a esa cosa metálica? – sugirió Homeier.
– Bueno, yo no estoy programado para la astrogración… – dijo el androide frente a la consola.
– Tan solo has de traducir – le indicó Bashir –. ¿Qué es esto?
– Los controles de dirección para velocidades sub-lumínicas.
– ¿Y esto?
– La computadora de navegación.
– ¿Y esto de aquí? – preguntó Kira.
– Son los sensores de proximidad. Si detectaran cualquier masa en nuestra trayectoria cortan la hipervelocidad inmediatamente.
– ¿Conque podemos cambiar nuestro rumbo? – siguió preguntado Bashir.
– Eso lo desconozco, señor – replicó el androide.
– ¿Y porque no nos detenemos?
Dicho y hecho, detuvieron los motores de hiperespacio y la nave desaceleró hasta detenerse en medio de la nave del espacio.
Bashir estudió con el androide los controles y en pocos minutos empezó a leer el alfabeto.
– Estos son los paneles de navegación y este de aquí controla el timón. Aquella consola es de tácticas y aquella de allí comunicaciones.
– Impresionante – exclamó Homeier –. ¿Sugiere una comunicación con efectivos de la Flota?
– Yo no lo recomiendo – intervino Shakaar –. No sabemos cuál es el estado de la seguridad en las comunicaciones. El enemigo podía conocer nuestro paradero y todo esto no hubiera servido de mucho.
– ¿Qué propone entonces? – preguntó Odo.
– Localizar donde estamos y dirigirnos al sistema más cercano.
– Estoy en ello – dijo entonces Bashir, que estaba sentado
en la consola de navegación intentando acceder a su ordenador y a las cartas
astrográficas. No tardó mucho, el lenguaje que el androide de protocolo había
denominado básico, era sencillo y el ordenador no contaba con muchos sistemas
de seguridad. Lo que le sorprendió fue encontrar el símbolo de
Una pareja de cazas TIE, con su característico sonido
del motor de iones sobrevoló el cañón donde se alzaba
Sin defensas, la pequeña colonia de investigación había sido rápidamente tomada por los stormtrooper. Justo detrás de estos numerosos técnicos se repartieron por todas los edificios, arrestando a los científicos y empezaron a inspeccionar las instalaciones y los datos del ordenador central. Aunque los científicos habían intentado destruirlos, no lo habían logrado del todo y los imperiales enseguida empezaron a reconstruir los chips isolineales de memoria. La represalia no se hizo esperar y fueron ejecutados todos aquellos que no estaban en las listas que traían consigo el destacamento de asalto.
Poco después otra nave salía del hiperespacio. Era una corbeta corelliana CR-90, utilizada extensamente como nave personal de altos oficiales que estaban interviniendo en la invasión a los Nuevos Territorios. Eran rápidas, estaban bien armadas y su espacioso y lujoso interior, en ocasiones, permitía mantener equipos e instalaciones de mando completas.
La corbeta aterrizó junto las instalaciones y de ella
descendió el Coronel Yulen y los técnicos kaminianos que enseguida inspeccionaron
los laboratorios. Aunque la clonación estaba prohibida en
Los expertos imperiales en clonación permanecieron en Gagarin IV algunos días investigando e interrogando en el terreno a los científicos de la federación, antes de embarcar y trasladarse a su siguiente destino.
El Persilla– Un día y nada – dijo frustrado Homeier.
– El básico es un idioma antiguo y ha recibido muchas influencias a lo largo de los siglos, pero aprender en un día es fácil – replicó Bashir –. Pero hacer cálculos para la hipervelocidad es otra cosa muy distinta.
– ¡Aquí se ha encendido una luz roja! – dijo entonces Kira. Julian se levantó de la consola de navegación y se dirigió hacia donde estaba esta.
– Este es el tablero de sensores. Según esto se aproxima algo a gran velocidad.
– ¿El que? – preguntó Odo.
Bashir hizo un rápido vistazo al tablero y tecleó unas órdenes en el panel. Segundos después una pantalla se encendió y apareció el objeto que se aproximaba.
– Tenemos problemas – dijo Bashir –. Se acerca un crucero klingon.
– ¿Podemos hacer señales? – preguntó Shakaar.
– No sé como y en menos de un minuto entraremos en el radio de acción de sus armas.
– ¡Haga algo, lo que sea, señales con las luces! – sugirió Kira desesperada.
– ¡Exacto! – exclamó Bashir que se dirigió hacia el tablero de ingeniería. Y sin perder tiempo empezó a encender y a apagar todas las luces de la nave, una y otra vez.
IKC Ya’Vang
– No han alzado los escudos.
– Entonces morirán – replicó Kornan, el oficial táctico que había asumido el mando tras la muerte del comandante –. Listos los disruptores y torpedos de photones.
– Recuerda que solo podemos hacer cuatro disparos – puntualizó Tavana, ingeniera en jefe.
– ¡Entramos en el radio de acción de las armas!
– ¡Fuego! – ordenó Kornan apretando el puño.
– ¡Te lo dije! – gritó Tavana –. Se han fundido los controles de tiro.
– Da igual – le quitó importancia Kornan –. Apuntaremos manualmente.
El viejo crucero de batalla viró en redondo y se preparó para otra pasada.
– Un momento… ¡No disparen! – gritó el artillero de abordo.
– ¿Qué ocurre? – preguntó Kornan.
– Las luces se encienden y se apagan – dijo el hijo de Worf.
– Sí, ¿y qué?
– Están diciendo SOS. Es una llamada humana de auxilio – explicó este –. Hay humanos a bordo de esa nave.
– El muchacho nos ha traído suerte. Se crió entre humanos – recordó Leskit.
– La nave enemiga tampoco a alzado escudos ni respondido el ataque.
Kornan tenía la mirada clavada en Alexander. Le conocía
de cuando los dos servían a bordo de
– Preparen un equipo de abordaje – ordenó.
El Persilla
El disparo impactó sobre la superestructura en un ángulo que la forma de la detonación fue absorbida por el blindaje de la nave. Aun así el Persilla se estremeció y varias estaciones estallaron y la energía se apagó, aunque enseguida se activó la de emergencia.
Kira observó como el crucero giraba y regresaba a cargar de nuevo contra la nave y pidió a los Profetas que les ayudaran. Y cuando pensaba que la nave klingon les daría el tiro de gracia, esta se detuvo enfrente del Persilla.
Segundos después escuchó como se materializaba un transporte en el mismo puente de la nave imperial. Se giró agarrando instintivamente el arma que había capturado a uno de los soldados y apuntó al klingon que se materializaba a su lado. Sorprendiéndose al ver al hijo de Worf: Alexander Rozenko.
– ¡Coronel Kira! – dijo igualmente sorprendido y se giró para observar quien más estaba en el puente –. Doctor Bashir, Odo.
– Bienvenidos a bordo caballeros – replicó Bashir con una sonrisa de oreja a oreja. Había calculado que tenían una oportunidad contra cinco mil trescientas ocho de que aquello saliera bien. Y había acertado.
USS Guadalajara
– Señor, volvemos a tener energía en todos las cubiertas – le anunció su jefe de ingenieros. Para el capitán Martín Bernal aquella era la primera buena noticia en muchos días –. Escudos al 89%, armamento reparado y listo.
La Guadalajara había participado activamente
en las primeras operaciones durante la guerra contra el Dominion. Tras la caída
en Betazed el alto mando les había enviado para que encontraran una vacuna para
un virus que estaba asolando varias colonias betelgeusians fuera de la frontera
federal. Al iniciarse los ataques contra
Bernal ordenó máxima velocidad y se dirigió directamente
contra las naves atacantes, no podía hacer nada por
No lejos de allí se reunió con
– ¿En qué situación está
– Ha sellado las grietas del casco y reparado su reactor – informó su primer oficial –. Pero aun no ha recuperado el control total del ordenador y su parrilla de escudos está tan fundida como ayer.
– Pónganos protegiendo a
– Las naves acaban de entrar en el alcance visual.
– ¡Pardiez, en pantalla! – ladró y ante sus ojos aparecieron tres cruceros de guerra gorns. En sus condiciones aquellos eran un adversario imposible de vencer y más rápidos que ellos, por lo que tampoco podían huir.
– ¿Qué querrán? – se preguntó en voz alta el joven timonel.
– Pronto lo sabremos – le respondió Bernal y para sus
adentros esperó que no fueran en busca de los restos del botín que representaba
la derrota de
Weyoun salió de la estancia donde ahora restaban los restos pulverizados de la líder que tanto amaba y que había servido fielmente, bueno casi siempre, desde hacía nueve Weyouns. Observó a los jem’hadars del puente que le observaban inquisitivos. La noticia que les iba a comunicar haría que todos se suicidaran y seguramente le suicidarían a él también. Eso era algo que no podía permitir. Gracias a Damar ya no habrían futuros Weyouns que sirvieran al Dominion lealmente, que obedecieran a los Fundadores en sus más ínfimos deseos. No, él era el último de los Weyouns e iba a morir si no hacía algo para remediarlo. Y rápidamente. Entonces recordó el único incidente que manchaba su vida como fiel servidor a los Fundadores. Sí, tal vez... Weyoun 5 no estuviera tan equivocado como parecía.
– La líder ha muerto – anunció solemnemente al resto
de soldados del jem’hadar. Estos se miraron unos a otros. Si hubiera sido telépata
hubiera podido leer en sus mentes la idea de inmolarse –. ¡Pero, aun queda un
cambiante vivo! – continuó y las miradas de todos se centraron de nuevo en Weyoun
–.
– ¡Larga vida al Fundador Odo! – repitieron todos a coro.
“¡Sí, sí, sííí!” gritó Weyoun en su interior mientras los jem’hadars gritaban una y otra vez: ¡Larga vida al Fundador Odo!
- Primero ponga rumbo al Yermo – ordenó Weyoun tras unos instantes de vítores y gritos a favor de Odo –. Hemos de localizar a los restos de la Flota Estelar.
– Sí, señor.
La nave de guerra viró y aceleró hasta alcanzar la velocidad
de curvatura. Había sobrevivido a la explosión de la luna de Cardassia, logrando
junto a algunas naves más poner a salvo a la líder del Dominion. Ahora su misión
era hallar al último de los Fundadores, el último de la gran extirpe de
USS Enterprise-E
– Detecto tres naves en órbita – informó Daniels –:
– Salude a nuestro viejo amigo DeSoto – le dijo Picard mirando a Riker con cierta complicidad. Poco después el capitán DeSoto apareció en pantalla.
– Veo que le gusta llegar puntual – dijo este con una sonrisa de satisfacción –. Y que no ha perdido a nadie. Y con ello incluyo a William.
– No lo hubiera permitido – replicó Picard continuando la broma.
– Me alegro de verle, capitán – intervino Riker.
– Yo también. Por cierto, me gusta su perilla – replicó DeSoto, dicho lo cual se giró hacia Picard –. ¿Le importa que nos reunimos en su nave? Mi sala de observación se ha convertido en un almacén.
– Será un honor.
– Dentro de media una hora, todos los capitanes. DeSoto fuera.
Poco después las cuatro naves recién llegadas se colocaron en órbita al quinto planeta del sistema Huiar.
El transportador zumbó y en la plataforma se materializaron dos oficiales. El veterano capitán Morgan Bateson se relajó al completar aquella rutinaria operación, que no siempre le hacía gracia y miró hacia la sala para averiguar a quien habían enviado a recogerle. Se alegró al saber quien era.
– Querida consejera, es un placer volverla a ver – dijo bajando de la plataforma.
– El placer es mío capitán Bateson – dijo este con una gran sonrisa.
– Morgan, por favor.
– Entonces, usted ha de llamarme Deanna.
– Deanna, pues – replicó este, quien se giró hacia su
acompañante –. Le presento a la comandante Archer, de
– Es un placer – replicó la consejera.
– Una nave magnífica esta nueva Enterprise – indicó Bateson ofreciéndole el brazo para escoltarla y salieron al pasillo en dirección al turboascensor.
– No se puede decir lo mismo de la suya.
– La vieja Bozeman en realidad tiene menos años de lo que aparenta – prosiguió la broma de la consejera –. Pensaron que para que nos aclimatáramos mejor al nuevo siglo lo más adecuado era mantenernos en la misma nave. La modernizaron, nos gustó y aquí estamos. Por cierto, no les dimos las gracias por su intervención contra el Borg.
– No fue nada – dijo Deanna quitándole importancia –. Lo bueno es que hicimos algunos buenos amigos. Y ¿cómo se encuentran sus hijos, nietos y biznietos?
– El mayor murió el año pasado. De viejo – dijo sin pesar en sus palabras.
– Lo lamento.
– Yo no. O por lo menos eso es lo que me pidió en su
lecho. Había sido oficial de
– Ya hemos llegado – replicó al abrirse las puertas del turboascensor. Miró al oficial que había nacido y criado más de cien años atrás y supo que no necesitaba sus capacidades empáticas para ver a un hombre fuerte de mente y cuerpo, orgulloso de su extirpe. La consejera pensó que aquel entusiasmo era lo que más les hacía falta.
– Entonces vamos a trabajar… – dijo este dirigiéndose hacia el observatorio.
Fueron los últimos en llegar. Encabezando la mesa estaba
Picard como anfitrión, a su derecha estaba DeSoto, Teron-Iyero, Satelk y T’Yua,
frente a Wenz y a Peter Harkins, del departamento de comunicaciones de
– Capitán Bateson me alegro de volverle a ver – le saludó Picard indicándole el asiento que había junto a Harkins.
– El placer es mutuo – replicó el saludo y se sentó.
– Comandante Archer, bienvenida – saludó a la última asistente a la reunión. Esta asintió y se sentó en el último asiento libre, justo frente a Picard.
Cuando estuvieron sentados todos volvieron las miradas
hacia DeSoto. Incluso Teron-Iyero y el mismo Bateson no sabían con certeza que
estaba sucediendo. Lo última comunicación de
– Bien caballeros ahora ya estamos todos – inició DeSoto
–. Imagino que tendrán mucha curiosidad respecto al Operativo Omega. En realidad
hasta unos días yo tampoco conocía su existencia. Me informó personalmente el
almirante Paris en
» Ahora les pondré en antecedentes. Tras la batalla
de Wolf 359
» Estaba dividido en dos partes. La primera hace referencia a tácticas para sobrevivir en un entorno dominado por los Borg. Así como recursos y tecnología desarrollada para tal evento. La segunda tiene una envergadura mucho mayor.
» Ante la eventual destrucción de nuestras bases y la
asimilación de los planetas miembros de
» Para guardar las listas del material almacenado y la ubicación exacta de los emplazamientos se utilizó un ordenador que no estaba conectado a ningún otro. Yo mismo vi como el almirante Paris lo incineraba con un phaser después de transferir parte de la información a este padd – dijo alzando este de la mesa, donde lo había dejado al llegar –. Según el almirante Paris no existe ninguna otra copia.
» El almirante me dijo que usted sabría como guardar esto de forma que no cayera en manos del Borg, ni de nadie más – le dijo a Picard. Este se quedó pensando un segundo y presionó su comunicador.
– Señor Data, ¿puede venir un momento al observatorio?
– varios segundos después su oficial científico entraba en la sala procedente
del puente –. Data quiero que memorice la información de este padd. Es de vital
importancia para le futuro de
– Sí señor – replicó este cogiendo el padd y en un segundo leyó su contenido, luego se lo entregó de nuevo a Picard –. Ya está capitán.
– Gracias, señor Data. Puede retirarse, más tarde hablaremos con usted.
– Bien, señor – respondió y salió de la sala.
– Pero nosotros no hemos sido atacados por los Borg – intervino entonces T’Yua rompiendo el silencio que había provocado la entrada del androide.
– Pero
– Capitanes, pertenezco a
– Conocía a la capitana de esa nave – interrumpió Satelk
–. Oficialmente
– En realidad detectó una nave no identificada mientras
regresaba de su última misión – aclaró Archer que cogió el otro padd que había
traído consigo, apretó un botón y en la pantalla surgió la imagen de una nave
en forma de punta de flecha. Y se lo fue pasando al resto de capitanes –. Envió
esta imagen de sus sensores e informó que iba a realizar un primer contacto.
Después silencio.
– Y creo que hoy podemos decir que así fue – dijo Teron-Iyero.
– ¿Por qué no se informó al resto de
– Desconozco con certeza esa respuesta – indicó Archer –. Por lo que he podido averiguar el estudio realizado a la imagen de los sensores y a los restos de la propia Coventry, se pensó que sería mejor no revelar la existencia de esta nueva amenaza hasta que no se supieran más cosas de ella. Supongo que para no sembrar el pánico.
– Gracias comandante Archer – replicó Picard, que se giró hacia DeSoto –. ¿Cuáles son las órdenes que recibió de Paris?
– Por lo que sabía cuando me entregó las órdenes este
nuevo enemigo no buscaba nuestra destrucción total. Hay informes que indicaban
un asalto planetario en Tarsas III y en otros planetas klingons y romulanos.
Por tanto se modificó parte de la esencia del Operativo Omega. Si inicialmente
era la salvaguarda de
» La primero será crear una base en un lugar apartado
y empezáramos a prepararnos para combatir a este nuevo enemigo. Pero no estaremos
solos. Envió órdenes a otras naves e instalaciones de
» Me dio una fecha para ponernos en contacto con este y así empezar a pensar en futuras acciones. No sé exactamente lo que pretendía, reagruparnos y preparar incursiones o esperar a un contraataque. Tal vez la comandante Archer sepa más que yo.
– El almirante Toodman también fue bastante escueto.
Me ordenó evacuar nuestras instalaciones con el personal y nuestras familias.
Y me entregó una serie de objetivos a realizar en medida de mi capacidad. En
su mayor parte es observar al enemigo y analizar sus comunicaciones, su tecnología.
Averiguar todo lo que podamos de este en el menor tiempo posible. También me
entregó información detallada de diferentes operativos activos de inteligencia,
así como nombres de agentes y la forma de contactar con ellos con la intención
de mantener, crear y agrandar las redes de espionaje que tiene
– ¿Le dijo Paris quienes estaban enterados del Operativo Omega? – le preguntó entonces Picard.
– Por lo que sé muy poca gente. Antes de activarse la mayor parte de los que participaron en su creación no sabían para que estaban trabajando realmente.
– Señores, hay otra cuestión de vital importancia que
me gustaría comentar – dijo entonces Picard –. Antes de llegar recibí un mensaje
por el Código 47 procedente de
» No sé como, pero Lwaxana,
– Tal vez Troi estaba enterada de la existencia del
Operativo – sugirió T’Yua –. Si se quiere mantener la esencia de
– Es una conclusión lógica – confirmó Satelk.
– ¿Y que hacemos con la llamada de la almirante Shanthi – preguntó Wenz.
– Nosotros estamos dentro del Operativo Omega. Nuestra
prioridad es preservar la esencia de
Un silencio planeó por el observatorio. Nadie osó decir lo que todos pensaban. Tan solo se oía el rumor lejano del motor de curvatura.
– Entonces creo que lo más lógico es buscar una base – intervino Satelk rompiendo el silencio –. ¿Alguna sugerencia?.
– Deberíamos buscar un lugar apartado, pero que tampoco
esté lejos del territorio de
- Lo más lógico sería buscar alguno que no estuviera en los archivos – intervino Saltelk
–. Hemos de suponer que nuestros enemigos tendrán acceso a estos mismos registros y tarde o temprano nos podrían localizar.
– ¿Y localizar un planeta nuevo? – preguntó Wenz –. Eso es lo que sabemos hacer mejor: explorar la galaxia en busca de nuevos mundos.
– Creo que no hará falta buscar ningún lugar – dijo Bateson y todas las miradas se fijaron en el capitán del siglo pasado –. Hace años rescaté a la tripulación un viejo carguero tellarita. Lo extraño es que estaba en una zona donde no había ningún planeta habitado y ni mucho menos una ruta comercial, cerca del cúmulo estelar Remir. Como transportaba un material que se utilizaba para hacer los revestimientos de los reactores de aquella época, le presioné para que me dijera de donde procedía. Me contó que de una luna de clase M, de un sistema estelar que ni siquiera tiene nombre. Lo mejor del caso es que según nuestros mapas figura que ese planeta no tiene ninguna luna. El tellarita lo descubrió por casualidad y aprovechó que nadie más conocía su existencia para hacer una pequeña fortuna. Según me contó el sector fue explorado por una sonda vulcana de largo alcance y cuando las naves llegaron hasta allí, nadie se fijó en aquel pequeño satélite, todos venían a estudiar el cúmulo estelar Remir.
– Conozco el cúmulo, es un lugar hermoso, se hicieron
los estudios científicos más profundos en el siglo pasado – explicó Wenz –.
No creo que en estas últimas décadas nadie se haya acercado a él. Además, es
una zona con pocos planetas habitados. Cuando era oficial científico a bordo
de
– Creo que es un lugar perfecto para nuestros planes, ¿no? – dijo Picard.
– Yo estoy de acuerdo – le apoyó DeSoto.
– Disculpe mi curiosidad, capitán Bateson – intervino
Satelk –. ¿Y no informó a
– No lo creí oportuno – respondió con naturalidad –.
Además, el tellarita me pidió que no lo dijera, era la primera vez que tenía
tanta fortuna y quería aprovechar su hallazgo para hacer un pequeño negocio,
luego anunciaría su localización. No era algo de prioridad para
- Gracias por saciar mi curiosidad, capitán – replicó Satelk satisfecho.
– Entonces, si todos estamos de acuerdo instalaremos nuestra base de operaciones en …
– empezó a decir DeSoto –. Por cierto, ¿cómo se llamaba la luna o el planeta?.
– El tellarite la bautizó Laredo – explicó Bateson.
– Me gusta – expresó T’Yua.
– Entre la tecnología que el almirante Paris me ha entregado hay unos dispositivos que borran las coordenadas de los archivos de navegación, para evitar que caigan en malas manos y descubiertas nuestras bases, así como los emplazamientos de los almacenes – comentó DeSoto –. Creo que deberíamos empezarlos a utilizar desde ahora mismo. También deberíamos dividirnos el trabajo. Todos conocemos el contacto del capitán Picard con los romulanos. No podemos desperdiciar a ningún aliado para luchar contra el Imperio. Por muy antiguo enemigo que sea. Todos estaremos de acuerdo que nuestra supervivencia depende en que nos ayudemos unos a otros.
– Propongo que busquemos otras naves que hayan sobrevivido a la invasión – sugirió Wenz –. Ya sean federales, klingons o romulanas. Cualquiera que esté en nuestra misma situación.
– Es un razonamiento muy lógico – le apoyó Satelk.
– Entonces ¿qué les parece si hacemos esto? – intervino
DeSoto –.
– No tengo inconveniente – respondió Picard –. Y si quieren pueden transportar parte del personal y el equipo adicional que transportan.
El ConsulatLa corbeta corelliana del General Theron Lepira se alejó del sistema de Bajor y entró en el hiperespacio rumbo al sector 001. El Consulat era su nave privada y la encargada en los últimos años de transportarle en sus numerosos viajes. Además de su comodidad, algo importante para aquel viaje tan largo en el superhiperespacio, la corbeta tenía los equipos equivalentes a los que tenía un pequeño estado mayor. Y con el tiempo se había convertido en su casa, lo más cercano a su corellia natal.
Por suerte aquel viaje no duraba mucho, aunque sí el tiempo suficiente para
leer los últimos informes relacionados con
Hacía siete años que le habían transferido al Operativo Eckener
para estudiar, analizar y planear la invasión de los Nuevos Territorios. Al
principio como lugarteniente general Elgrin hasta la muerte de este en un accidente
y como conocía a Eckener desde hacía años, este confió en él para asignarle
como supervisor de uno de los sectores más cruciales de aquella basta operación:
el de Bajor. De vital importancia si se tenía en cuenta la existencia del agujero
de gusano y la presencia de
Por suerte había tenido bastante libertad en su tarea, lo que había repercutido en la obtención de magníficos informes. Dos años atrás empezó a trabajar con Vantorel, a quien se había escogido para mandar las operaciones bélicas del sector y desde el primer momento los dos habían congeniado maravillosamente. Sobre todo porque a los dos les había cautivado aquella nueva galaxia: su exotismo, su variedad, su tecnología, sus gentes. Y en especial el místico pueblo de Bajor y su devoción a aquellas criaturas que habitaban el agujero de gusano y denominaban Profetas. Conjuntamente habían planeado el ataque al sector y de los dos había partido la idea de pactar con los cardassianos, que había desembocado en la destrucción de las fuerzas del Dominion.
Durante todo aquellos años había tenido la oportunidad de estar meses enteros sobre el terreno visitando Bajor, EP9, Cardassia, Ferenginar, las colonias de la Zona Desmilitarizada y numerosos planetas del sector. Incluso había estado en la colonia New Bajor que había en el cuadrante gamma justo antes de la aparición del Dominion.
En aquellos viajes había recabado información muy útil,
así como montado una red de espionaje que le había proporcionado informes muy
importantes y detallados, sobre todo durante la guerra. Para facilitar el trabajo
había utilizado como tapadera la creación de diversas empresas: algunas de transporte,
otras de construcción o simplemente comerciales. Y aunque en estas compañías
compartía capital con indígenas bajoranos, ferengis o bolianos, había numerosos
miembros de
Gracias a sus “empresas” se movían libremente por toda
la zona recabando, indagando y observando todo lo que acontecía. También había
reclutado nativos que o bien creían que trabajaban para alguna potencia de la
galaxia o simplemente no sabían que eran utilizados como agentes. En un principio
su misión había consistido en evaluar el potencial bélico, las defensas de los
sistemas, el número de tropas, el tipo de navíos de guerra, etcétera. Poco a
poco la penetración en el tejido social, económico, político y militar había
sido inesperado e importante, llegando hasta el mismísimo gobierno de Bajor,
del Tzenkethi y de numerosas colonias de
En Cardassia la situación había sido algo distinta, aunque al final los resultados obtenidos habían sido espectaculares. Durante los primeros años su red había llegado a estar infiltrada en las altas esferas del Consejo Detapa, sobretodo en la etapa en que los civiles habían ostentado el poder. Por otra parte aquella había sido una de sus mejores maniobras. Pero tras la llegada del Dominion su red en Cardassia había sido virtualmente destruida. El gobierno había sido abolido y sus miembros encarcelados o ejecutados, cayendo así la mayor parte de sus agentes, aunque por suerte ninguno de estos sabía realmente para quien trabajaba. El Dominion creyó haber destruido una red de espías federales, no del Imperio Galáctico.
Pero aunque cayera su red civil, la militar quedó parcialmente intacta, incluyendo algunos contactos en el Mando Central Cardassiano. Desde allí les habían informado de la localización exacta de las bases del Dominion en todo el territorio Cardassiano, con sus características defensivas, el número de tropas e incluso sus puntos vulnerables. Uno de los informadores más importantes había sido Gul Broca, el cual finalmente había traicionado al Dominion a cambio de gobernar Cardassia. No sin antes librarse de cualquier competidor, en especial el Legate Damar y su resistencia.
Gracias a todo ello en el momento del ataque estaban en poder de toda la información necesaria para destruir al jem’hadar y sus bases cuando ellos quisieran. Lo que exactamente había ocurrido.
Su organización no era la única, en los otros sectores
en que estaban divididos los Nuevos Territorios se habían creado redes iguales
a las suyas. Uno de sus colegas se había valido de las disputas internas para
llegar a colocar un agente en el Alto Consejo Klingon, así como en el estado
mayor de sus Fuerzas de Defensa. Y sabía de la existencia de otros casos donde
se habían infiltrado en varios gobiernos de
Continuará….