“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"

Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars

Capítulo 2

Operativo Omega

Segunda Parte

Escrito por Llorenc Carbonell/ Portada: Esteban Decker

Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.

 

 

 

Estación Jupiter

Desde la cabina de su nave privada el general Eckener observaba aquella estación de investigación. Estaba compuesta por dos estructuras gemelas, cada una con tres platos unidas entre sí por varios pasillos y en la parte superior tenían varios paneles solares. Aquel era un lugar perfecto para instalar su cuartel general: amplio, dotado de alta tecnología de la Federación, apartado pero al mismo tiempo junto a la Tierra.

Image:JupiterStation.jpg

Por supuesto no era la primera nave que llegaba a la estación, antes otras lanzaderas de asalto se habían ocupado de asegurar el lugar. El cual no había opuesto resistencia.

Pero había otro motivo por el que Eckener había decido ocupar aquel lugar y era la tecnología que en el se desarrollaba. La holográfica. Desde el primer día que había podido observar una holosuite se había quedado prendado de ella. No era como los sistemas holográficos de comunicaciones, allí podía reproducir un ambiente a la perfección y con el adecuado ordenador crear personajes perfectos. Ese era el otro motivo para ocupar la estación de Júpiter: sus sofisticados ordenadores.

Pidió al piloto que sobrevolara la estación antes de aterrizar en ella y este así lo hizo. De aquella manera observó con detenimiento el que se convertiría en su hogar.

– Prepárense para acoplarse – le indicó al piloto.

– Nos informan que ya tienen el control del transportador – indicó un técnico.

– Perfecto entonces – indicó Eckener y poco después se desaparecía del interior de la nave corelliana.

El piloto miró a su compañero y le dijo que antes de que convirtieran su cuerpo en átomos, prefería que toda una manada de dewbacks le pisotearan.

USS Enterprise-E

– Recibimos una comunicación por los canales de la Flota – informó Daniels.

– En pantalla – ordenó Picard. En esta apreció el Almirante Hayes, sentado frente a una mesa metálica y con una pared desnuda detrás.

– Les habla el Comandante Supremo de la Flota Estelar – empezó a hablar, parecía tranquilo –. El sector 001 ha sido ocupado por las fuerzas Imperio Galáctico. Nuestras fuerzas han sido derrotadas en una batalla de la que no han podido huir ninguna nave estelar. Muchos otros sistemas de la Federación han corrido la misma suerte que la Tierra y ahora está en manos del Imperio. Para ahórranos más sacrificios inútiles acabo de rendir la Flota Estelar. En la Fecha Estelar 53105.5 todas las naves y bases estelares cesarán toda resistencia. Las naves regresarán a las coordenadas que se han establecido para su entrega al Imperio. Las bases esperarán a que el Imperio se haga cargo de ellas. De esta forma el Imperio se ha comprometido a mantener los convenios de Seldonis IV sobre los prisioneros de guerra. Cualquier nave estelar que no obedezca esta orden se la considerará renegada y a sus tripulantes se les considerarán criminales.

» Todos los territorios bajo el control de la Federación Unida de Planetas quedan bajo la jurisdicción del Imperio Galáctico. A estos planetas se les mantendrá su sistema político, social y judicial, pero toda relación interplanetaria, así como comercial, pasará bajo el control de las autoridades Imperiales del sector. Cualquier resistencia será castigada con severas represalias hacia la población civil.

Llegado a aquel punto Jean-Luc miró a su consejera.

– No habla por sí solo – dijo esta –. Hay algo que le obliga ha decir lo que estamos oyendo. No puede luchar contra ello, pero lo intenta.

– Corten la comunicación – ordenó entonces Picard –. Póngame con el resto de capitanes. Quiero hablar con ellos en mi despacho.

Se sentó y conectó el pequeño ordenador que tenía sobre la mesa y segundos después apareció la pantalla dividida en tres partes cada una de los cuales tenía a cada capitán de la Jupiter, la Tirpitz y la Valkyrie.

– Imagino que han oído lo mismo que yo – les empezó a decir, los tres asintieron con cierto pesar –. Personalmente no pienso obedecer esa orden. Aunque las consecuencias hacen que se me erizan los pelos de la nuca.

– Es de lógica suponer que el Almirante Hayes está hablado bajo presión – intervino Satelk de la Júpiter –. Tampoco pensaba seguir esa orden.

– Todos hemos visto lo que es capaz de hacer el Imperio – dijo T’Yua –. Creo que las represalias serán horribles. Pero no dejaré que el nombre de la Flota Estelar quede en la historia como los que se rindieron sin luchar. Nunca.

– Jamás se me ocurrió hacer caso de esa comunicación – dijo por fin Wenz.

Picard se recostó en su butaca. Nunca antes la Federación se había enfrentado a unas circunstancias similares. Durante la guerra contra el Dominion la situación había sido muy peligrosa en diversos momentos, incluso las incursiones Borg habían estado a punto de conquistar la Tierra e iniciar una asimilación de todo el cuadrante. Pero una derrota como aquella podía, significaba, el fin de muchas cosas tal y como las conocían. Lo peor de todo era que aun desconocían las intenciones de aquellos invasores. Que iba a ocurrir a partir de ese momento era lo que le preocupaba. Aunque de una cosa sí estaba seguro: no se rendiría.

– Aquí Picard, que los oficiales de puente se reúnan conmigo en el observatorio ahora mismo – ordenó este tras presionar su comunicador. Minutos después estaban sentados alrededor de la mesa de conferencias.

– El capitán DeSoto se comunicó conmigo a través del Código 47 – empezó Picard para ponerles en situación –. Este nos ordenó que a partir de ese momento estábamos bajo el Operativo Omega. En los archivos sellados con un código de autorización personal que hasta la llamada de DeSoto desconocía son escuetos. Tan solo informan que el operativo se activa bajo una situación de que la Flota Estelar se encuentra bajo el Código Factor 1. Su objetivo es preservar la esencia de la Federación y protegerla, con el mismo grado de implicación que la Directriz Omega. No indica nada más salvo que bajo el operativo nos encontramos fuera de la cadena de mando de la Flota. Así como de las leyes de la Federación, incluyendo la Primera Directriz.

» Dentro de unos días nos encontraremos con el capitán DeSoto. Hasta entonces desconozco nuestras órdenes. Creo que la Flota Estelar nos ha escogido para ser de alguna forma el último reducto de la Federación. Por tanto la Enterprise continuará su ruta hasta vernos con DeSoto.

– Toda la tripulación estará con usted – replicó la doctora Crusher.

– No espero menos de ellos – confirmó Picard –. Consejera, quiero que esté atenta a la moral de la nave y que me informe inmediatamente de cualquier cosa.

– Sí capitán.

– Es muy probable que tardemos mucho tiempo antes de poder ser abastecidos en una base estelar, si es que sobrevive alguna. Quiero que hagan un inventario de sus departamentos y preparen un plan para empezar a ahorrar en repuestos y cualquier otra materia en la que no seamos autosuficientes, Geordi ocúpese de eso. No hace falta decir que confío ciegamente en todos ustedes y con toda la tripulación.

» Señor Daniels. Intensifique sus ejercicios tácticos, quiero estar preparado para cualquier eventualidad. Eso es todo.

– Sí, señor – replicó este y con la reunión acabada los oficiales se levantaron de la mesa y empezaron a abandonar el observatorio. Entonces Picard se dio cuenta que Data se rezagaba, quedándose pensativo en su asiento unos segundos más que el resto.

– ¿Algún problema señor Data? – le preguntó Picard.

– No exactamente – replicó el androide –. Estaba pensando en algo que me ronda la cabeza desde que partimos de la base estelar 234.

– ¿El qué?

– Son unas extrañas lecturas en los sensores – explicó este de camino al puente –. Como si tuviéramos un eco que nos siguiera.

– ¿Un eco?

– Sí, como una nave camuflada.

– ¿Cree que los romulanos nos están siguiendo?

– Es posible. No estábamos tan lejos de su frontera.

– Aclare su misterio, señor Data. No quiero encontrarme con sorpresas de última hora. Y mucho menos en este momento.

– Sí señor – contestó este poniéndose manos a la obra.

Poco después Picard entraba en el puente.

– Señor Data, ¿cómo está su misterio?

– Estoy recalibrando los sensores – replicó este sin perder de vista sus controles. Poco después acabó de hacer los cálculos y esperó el resultado en su pantalla. No tardó en arquear la comisura de los labios en una sonrisa de éxito. Y se giró –. Lo han intentado enmascarar resonando con las múltiples burbujas warp de nuestra formación. Pero no cabe duda. Nos sigue una nave romulana camuflada.

– Entonces será mejor darle la bienvenida – replicó Picard estirándose el uniforme y alzando una ceja al mirar a su número uno –. Abra un canal de comunicación.

» Aquí el capitán Jean-Luc Picard de la nave estelar Enterprise, a la nave romulana que nos está siguiendo. Desactive su sistema de ocultación, tanto el Imperio Romulano como la Federación han sido atacadas por el mismo enemigo y creo que es absurdo mantener más tiempo esta…

– Están respondiendo – le interrumpió Daniels.

– En pantalla – ordenó Picard y delante de él apareció el rostro impasible de un romulano al que no era la primera vez que veía –. Es un placer volverle a ver, comandante.

– Capitán Picard, ciertamente tiene una gran oratoria. ¿Seguro que no tiene sangre romulana?

– Nunca se sabe, comandante.

– He captado la emisión desde la Tierra – continuó Galathon cambiando de tema –. Hemos extrapolado su rumbo, no se dirigen hacia la base estelar Earhart donde la Almirante Shanthi está organizando una fuerza de combate…

– ¿Por qué no sabe a bordo y hablamos? – le interrumpió Picard.

– Como quiera capitán – replicó este y cortó la comunicación.

– Indique a las otras naves que prosigan el rumbo – le indicó Picarda Riker –. Nosotros nos reuniremos con ellas después de hablar con los romulanos.

 

USS Defiant

Sisko continuaba observando la pantalla cuando el Almirante Hayes ya había desaparecido, mientras a su alrededor el puente permanecía en silencio.

– Mantengan velocidad y rumbo – ordenó Sisko instantes después. Le dolía la cabeza, seguramente de la herida sufrida en la batalla así que decidió descansar un poco ahora que todo estaba en calma –. Señor Worf, tome el mando.

– Sí, señor.

Ezri vio como se marchaba y le siguió.

– ¿Qué ocurre? – le preguntó al alcanzarle en el pasillo.

– ¡Oh viejo amigo! Esta vez estamos solos.

– Eso no lo sabemos – replicó Dax intentado tranquilizar a su viejo amigo –. Es casi imposible que hayan destruido toda la Flota. Dentro de unas semanas nos reuniremos con Damar y Garak. Estoy segura que no estaremos solos para entonces. ¿Adónde se fueron Kasidy y Jake?

– Están en Dreon VII. Allí Kasidy tiene amigos y estaban lejos de cualquier amenaza – le explicó sin convencer a la consejera y vieja amiga.

– Benjamin, no podías hacer nada – le recordó Ezri –. Ahora hemos de empezar de nuevo. Hemos de buscar más naves estelares para seguir la lucha.

– Lo sé.

 

USS Enterprise-E

– Los ataques empezaron en nuestras fronteras más lejanas – explicó Galathon reunido con Picard en el observatorio –. Primero fueron bases y puestos avanzados sin importancia. En un principio nuestro alto mando pensó que una fuerza del Dominion había logrado infiltrarse hasta aquellos territorios. Pero pronto se vio que no había relación. Se envió una fuerza de combate a la región, sin que encontraran nada. Los ataques fueron incrementándose y cada vez más cerca del corazón del Imperio. Tenía que ser una fuerza impresionante pero no detectamos movimiento alguno en nuestro espacio. Aun así estos atacaban nuestras bases y al poco tiempo otra base alejada años luz seguía la misma suerte. Y en ningún caso informaban de la aproximación de ninguna fuerza agresora. Era como si aparecieran de la nada y cada vez sus ataques eran contra instalaciones más importantes. Entonces se ordenó a las naves situadas en la frontera cardassiana regresaran a casa. Como no podíamos localizar la fuerza atacante en tránsito, concentramos nuestras fuerzas cerca de Romulus, bajo el mando del Almirante Tomalak y en otros puntos estratégicos del Imperio. Pero todos fueron destruidos, uno tras otro. Para entonces la invasión ya se había extendido por el Imperio Klingon y la Federación.

» Yo tenía órdenes de dirigirme a uno de nuestros puestos avanzados cerca de la Zona Neutral. Pero al llegar ya había sido arrasado. Intenté ponerme en contacto con Romulus, pero no obtuve respuesta. Lo único que conseguí es saber que el planeta había sufrido un bombardeo orbital que había arrasado nuestras ciudades. Decidí acercarme a la Federación y les detecté cerca de la frontera. Entonces les seguí.

– ¿Sabe si hay más naves supervivientes como la suya?

– Imagino que sí, pero desconozco su paradero. En nuestros canales habituales el silencio es total. Creo que hemos perdido todas nuestras bases. En ocasiones se captan señales de emergencia o comunicaciones de colonias apartadas. Nada más.

– ¿Qué es lo que va a hacer ahora?

– No lo sé. Romulus arrasado. La armada destruida… – respondió visiblemente afectado. Estaba solo y perdido. Picard aun recordaba la última vez que le había visto, poco después de encontrar el mensaje en código dejado por los primeros seres que habían habitado la galaxia. “Parece que al final no somos tan diferentes en lo que esperamos, en lo que tememos” le había dicho antes de alejarse del planeta, “Tal vez algún día…”. Tal vez, sin quererlo, aquel día ya había llegado.

– Comandante Galathon en estos momentos no puedo decirle a donde me dirijo o que es lo que voy hacer ante la cada vez más probable derrota de la Flota Estelar y la ocupación de la Federación – le dijo Picard –. Pero le aseguro que no pienso quedarme con los brazos cruzados. Le propongo un encuentro dentro de unas semanas. Mientras tanto busquemos el mayor número de naves posibles para luchar contra este nuevo enemigo. Cada uno por su lado.

– Me parece bien – contestó Galathon –. ¿Qué le parece como lugar de encuentro Ruah IV?

– Un lugar apropiado – dijo Picard recordando lo ocurrido allí.

– Entonces que así sea – sentenció Galathon poniéndose en pie –. Nos veremos dentro de… ¿cuatro semanas terrestres?

– Cuatro semanas – confirmó Picard levantándose.

 

El Verdugo

Aunque había una reunión diaria de situación aquella iba a ser la primera desde su llegada a la Tierra. Como siempre Daran fue el último en entrar, apagando el rumor de conversaciones que había entre los oficiales allí reunidos. En silencio recorrió la Sala de Guerra, que era una copia exacta de la que había en la estación Estrella de la Muerte de Tarkin. Se sentó y el resto le imitó. Mientras tomaban asiento Daran observó a su Estado Mayor. Estaba formando por el Gran Almirante Gorden, sentado a su derecha, así como los encargados de los diferentes departamentos: operaciones, logística, personal, inteligencia, planificación, ciencia y por supuesto tres los Consejeros de Emperador, que debían ayudarle a controlar aquellos Nuevo Territorios. Así como vigilarle para informar de ello a Palpatine en Corruscant.

– Empezará la reunión el general Pion con el informe de la ocupación del sistema Solar. General – dijo cuando todos estuvieron listos.

– Gracias, señor – dijo este levantándose –. La invasión se ha llevado a cabo con rapidez y sin problemas. En varios lugares hubo cierta resistencia pero fue rápidamente erradicada. Nuestro despliegue fue rápido, desgraciadamente muchas instalaciones de la Flota Estelar fueron saboteadas antes de nuestra llegada, pero no tardarán en estar de nuevo en funcionamiento. Cabe destacar que hemos capturado intactos los depósitos de suministros y equipamientos que la Flota tenía en los Urales y en Mare Orientale en la Luna, así como la mayor parte de la industria pesada del sistema. En Utopia Planitia hubo importantes actos de sabotaje por parte de algunos técnicos civiles. En contrapartida los astilleros Copernicus y la base Tranquility de la Luna, el Cosmodromo de Baikonur, la estación McKinley, los astilleros de San Francisco, así como el Duque Espacial fueron tomados sin problemas y en perfecto estado.

» Como usted indicó – continuó dirigiéndose al Gran Moff –. El Dique espacial está siendo revisado minuciosamente y en poco tiempo podremos utilizarlo sin complicaciones. El resto del sistema estará limpio en unos pocos días.

» No se ha producido resistencia a nuestra ocupación por parte de la población civil y hemos proclamado el estado de excepción y el toque de queda en todo el sistema. Ya hemos arrestado a la mayoría de políticos y embajadores y cuando se nos ordenes empezaremos la purga de alienígenas no productivos. Las zonas que han de ser evacuadas para alojar a nuestras fuerzas y familias ya han empezado a ser marcadas.

– Gracias general. Ya puede retirarse – le indicó Daran cuando concluyó. Este asintió y salió de la sala. Ahora le tocaba el turno a su jefe de estado mayor y encargado de las operaciones –. General Ferrie.

– Sí Señor – dijo este activando el hologroyector que había en medio de la mesa y sobre sus cabezas apareció la imagen tridimensional de aquella parte de la galaxia, donde aparecían marcadas las diferentes potencias y los planetas importantes –. Caballeros nos encontramos en el final de la segunda fase de nuestra invasión. El Imperio Romulano y el Klingon fueron neutralizados, así como lo ha sido el grueso de la Federación y el Dominion, tal y como estaba previsto.

» La 1ª Flota está ocupando los planetas más importantes del centro de la Federación: La Tierra, Vulcano, Andoria, Tellar, Alfa Centauri, entre otros. Como estaba previsto tras la destrucción de la Flota Estelar la resistencia es simbólica, exceptuando Andoria, donde nuestras tropas planetarias sí han encontrado una importante oposición, produciéndose serios daños en los astilleros. La ocupación del resto de sectores de la Federación se está realizando sin complicaciones inesperadas. Nuestras naves ya hemos ocupado: Trill, Aldebaran, Denobulan, el sistema Rigel, Tiburón.

» La 2ª Flota ha acabado sus operaciones en los sectores asignados y ha ocupado los planetas y sistemas asignados del Imperio Romulano y de la Federación. Debido al retraso que ha tenido la Tercera Flota en erradicar la resistencia en el Imperio Klingon, se le han asignado para ocupar otros planetas en los sectores meridionales de la Federación. Cabe destacar una fuerte resistencia en la Base Estelar de Lya III bajo el mando del almirante Haden con medio centenar de naves. En un principio la reacción nos cogió desprevenidos y perdimos uno de nuestros destructores Imperial, pero nuestra presión diezmó sus fuerzas y al final apenas hubo supervivientes.

» La 3ª Flota tras acabar con la resistencia en el Imperio Klingon se está preparando para el ataque a la Base Estelar Earhart, donde se está concentrando un importante número de naves de la Flota Estelar procedentes de los sectores centrales y septentrionales bajo el mando de la Almirante Shanthi. Luego se le unirá la Segunda para realizar incursiones dentro de los territorios Gorn y de la Alianza Tholiana.

» La 4ª Flota está acabando de limpiar el territorio fronterizo entre la Federación y Cardassia, donde estaban desplegadas el grueso de la Flota Estelar. Dentro del territorio cardassiano están acabando de destruir las fuerzas del Dominion que escaparon a la destrucción de Cardassia Prime. El almirante Vantorel ha pedido retrasar las operaciones contra los Breen, Tamarianos y Tzenketis a fin de acabar con toda la resistencia de la flota en su sector y ocupar los planetas más occidentales y meridionales de la Federación.

– Una exposición ejemplar, gracias general – le halagó Daran, que se giró hacia el jefe de personal.

– Siento si mi intervención no sea tan optimista como las anteriores. Pero no me entrenaron para ser diplomático – empezó con cierta sequedad el general Korvin –. Como ya dije cuando se planeaba esta invasión, contamos con un número de hombres muy por debajo de la envergadura necesaria. Nuestras fuerzas están exhaustas.

» Las ofensivas planetarias que estamos sosteniendo están alargando al máximo la capacidad de resistencia de nuestros soldados. Los trasladamos de un planeta a otro sin que puedan descansar y cada vez tienen que enfrentarse con un enemigo fresco y lo peor de todo, bien atrincherado. Están agotados y necesitan descansar.

» La marina se encuentra aun en peor estado. Los oficiales y los hombres están al borde del agotamiento. Los combates han sido continuados y sin pausa desde que iniciamos los ataques al Imperio Romulano.

» Mi recomendación es aminorar el ritmo de las operaciones y dejar que los hombres descansen.

– Y como ya le dije este es el máximo número de naves y tropas que pudimos obtener – le contestó Daran con suavidad. Kovin era tosco y en ocasiones demasiado pesimista, pero también era un administrador excepcional y por eso le soportaba –. Todos sabíamos que esta operación tenía proporciones titánicas. Los hombres sabían lo que se esperaban y estaban motivados. Pronto habremos ocupado los planetas de la Federación que teníamos previstos, así como destruiremos a la Flota Estelar en su totalidad. Entonces aminoraremos el ritmo de las operaciones. Hasta entonces los hombres aguantarán, porque la victoria está ya muy cerca.

» Imagino que el general Kartner tendrá un informe similar al del general Korvin. ¿No es así? – continuó Daran dirigiéndose al oficial de la logística.

– Correcto, señor – replicó este –. Aunque espero no ser tan pesimista como mi colega. Hemos sufrido unas pérdidas mayores de las previstas, sobre todo en los ataques a los territorios Klingon y Romulano. Por consiguiente, hemos perdido nueve destructores de la clase Imperial y una docena más sufren daños grabes y necesitan repararse en astilleros. Por otro lado los veteranos destructores Victory, Venator y Acclamator están resistiendo mejor de lo que se esperaba en un principio. Seguramente por que las defensas planetarias no tienen un huso tan amplio como en nuestra galaxia. La pérdida de naves de menor tamaño ha sido un veinte por ciento más elevadas, por lo que en estos momentos carecemos de la potencia de combate con  que contábamos para la tercera y cuarta fase de la invasión.

» Por tanto la provisión de repuestos es inferior a la que necesitamos. Es imperante conseguirlos lo antes posible. Tal vez a corto plazo esto no detenga el ímpetu de las operaciones, pero a la larga nos puede detener irremediablemente.

– Gracias por su intervención ha sido muy constructiva – replicó Daran –. Y sepa que haré todo lo posible para conseguir los recambios que necesitaremos. También confío que la tecnología y las instalaciones capturadas nos ayuden a reparar nuestras naves. General Doin: ¿cómo está ese tema?

– Trabajamos en ello – replicó el responsable de ciencia y tecnología –. Capturar los astilleros del sistema solar intactos ayudará a agilizar todo el proceso. Empezaremos a trabajar inmediatamente y en breve aplicaremos la tecnología que hemos capturado en nuestras propias naves. Trabajaremos día y noche. No se preocupe.

– Sin olvidar a nuestro amado cuerpo de ingenieros – continuó Daran.

– El cuerpo de ingenieros también está trabajando día y noche – replicó el general Ustel –. Nuestras instalaciones avanzadas están al máximo de capacidad y en cuanto las áreas ocupadas estén limpias nos trasladaremos a estas.

– Ve. Las cosas nunca son tan malas como parece – replicó Daran para tranquilizar al responsable de logística –. Eckener empiece son su informe de inteligencia.

– Señor. Señores. Creemos que el mando de la Flota ha sido transferido a la Base Estelar Earhart a la personal de la almirante Shanthi. Cuenta con naves pertenecientes a la 1ª, 4ª, 8ª y 11ª Flotas y suman al menos de trescientas naves. La mayor parte de la 8ª Flota asignada a patrullar las fronteras Romulana fue destruida en Lya III. Por otro lado tenemos la certeza que la 3ª, 5ª y 6ª Flotas asignadas a la Tierra, Vulcano y otros sectores centrales de la Federación fueron destruidas en el asalto a estos sistemas. La 9ª, 7ª, 3ª y 10ª Flotas están sido diezmadas y vencidas en numerosas escaramuzas en el sector de Bajor y la frontera cardassiana. Hasta ahora estas estaban luchando contra el Dominion y representaban el grueso de la flota de combate de la Federación. También hay un número indeterminado de naves realizando misiones de escolta e incluso de exploración e investigación científica repartidas por toda la galaxia, que no estaban asignadas a ninguna fuerza de combate. Están muy repartidas y no pueden considerarse una gran amenaza. No será difícil cazarlas.

» Los restos de la 2ª y 10ª Flotas se están agrupando cerca de Betazed junto con un número importante de representantes de planetas de la Federación. Creemos que están preparando un nuevo Consejo y posiblemente elegirán otro Presidente. Sugiero apoderarnos de Betazed antes de que los diplomáticos regresen a sus planetas de origen.

» Como ya informamos el grueso de las fuerzas del Jem'hadar ha sido exterminado en Cardassia Prime, aunque un número importante de naves quedaba repartido por el territorio cardassiano. Desgraciadamente para ellos conocemos la localización de la mayoría de ellas y la 4ª Flota pronto dará buena cuanta.

» Fuera de la Federación los Gorns se están preparando para una lucha sin cuartel alrededor de los planetas más importantes. Las escuadras Tholianas también se han reagrupado cerca de la frontera con la Federación. Los Tzenkaty se están atrincherando en sus territorios, así como muchos planetas independientes están haciendo lo mismo.

» Por otra parte creemos que las fuerzas klingon han sido erradicadas. Ya no queda ninguna base estable. Aun así hay informes de movimientos de fuerzas planetarias… Es posible que aun mantengan un razonable número de naves operativas escondidas. Trabajamos en ello.

» Los romulanos parece que están reagrupándose en el sector 814. El número no es significativo, creemos que no suman más de media escuadra de pájaros de guerra y naves más pequeñas.

– Eso es ridículo, los romulanos fueron aplastados en Romulus – le interrumpió molesto el almirante Gorden –. No escapó ninguna nave del cerco.

– Si usted lo dice – replicó Eckener indiferente.

– ¿Algo más que decir? – preguntó Daran terminando aquel intercambio de ideas antes de que llegaran a más.

– Bueno… No. Nada más. Inteligencia no tiene nada más que decir – concluyó Eckener dubitativo –. Por ahora.

– Bien antes de acabar les informaré que enviaré al Verdugo a la Base estelar Earhart: su potencia de fuego hará más fácil el trabajo y animará a las tropas. También comunicaré al Almirante Vantorel que no se precipite en atacar a los Breen y el resto de potencia menores, si lo necesita pronto le enviaremos al superdestructor estelar para apoyar sus operaciones. Que se concentre en ocupar los planetas asignados y que cierre el acuerdo con el cardassiano.

» Para el resto de flotas, retrasaremos por ahora las operaciones que teníamos previsto contra los Gorn y los Tholianos.

» Eso es todo la reunión ha concluido – dijo Daran y todo el mundo empezó a levantarse y recoger sus informes –. General Eckener quédese un momento – le pidió el Gran Moff que permaneció en silencio hasta que se quedó solo –. ¿Qué ocurre?

– Hay algo que no me gusta Oren – le respondió tuteándole, algo que solo hacía en privado y en contadas ocasiones.

– ¿El qué?

– Vengo de varias instalaciones federales. Estaban vacías.

– ¿Y qué? Han evacuado, ¿recuerdas?

– Lo sé. Pero me ha parecido como si ya estuvieran esperando el momento.

– ¿Qué quieres decir? ¿Qué sabían que vendríamos? – le interrogó levantándose de su silla y empezando a caminar por la sala.

– No. Es algo distinto. Más bien es como algo previsto. Contábamos con la precipitación, el caos. Pero los lugares que te digo no había eso. No había esa confusión que se produce en toda evacuación precipitada. Los almacenes estaban a medio vaciar y todo el material que quedaba estaba muy bien saboteado. He de confirmarlo, pero creo que faltan muchas familias.

– Eso era previsible. La Flota Estelar despliega las familias de los tripulantes a bordo de sus naves. Y por otro lado, nos retrasamos demasiado en Romulus. Incluso dio tiempo que la flota klingon desplegada en la frontera cardassiana llegara a Qo’noS. Ese tiempo precioso, pudo hacer que la Federación preparara una evacuación de sus fuerzas más organizada de lo esperado. Nada más.

– Lo sé. Pero aun así… Tan solo son intuiciones. No me hagas caso.

– Suelo hacerte caso. Investiga más el asunto. Llega hasta el fondo. Sé que puedes hacerlo.

Betazed

Un año atrás el hermoso y pacífico planeta de Betazed había sido ocupado por las fuerzas del Dominion en una ofensiva que había cogido por sorpresa a la Flota Estelar. Unas pocas semanas antes esas mismas fuerzas habían abandonado su conquista y se habían replegado a las antiguas fronteras. Inmediatamente después Lwaxana Troi, Hija de la Quinta Casa, Guardiana del Sagrado Cáliz de Rixx y Heredera de los Sagrados Anillos de Betazed regresó a su hogar en una de las primeras naves.

Lo que allí encontró la hizo estremecer el alma. No se encontraba en Betazed en el momento de producirse la invasión y se había librado de la ocupación, pero ahora regresaba a su planeta, que había sido brutalmente gobernado por los Vorta, repugnantes vasallos alterados genéticamente por los Fundadores y sometido por la fuerza de los adictos y fanáticos soldados del jem’hadar. El pueblo de betazed era pacífico por naturaleza, extrovertido, en algún caso excéntrico, pero incapaces del albergar maldad, pero habían sido tratados como meros esclavos. Sus instituciones habían sido destruidas, sus lugares sagrados profanados, se habían tomado represalias aleatorias y en el momento de la retirada habían dañados las infraestructuras del planeta.

Inmediatamente después de la partida del jem’hadar la Flota había enviado numerosas naves que se habían puesto enseguida a trabajar en la reconstrucción. La primera en llegar había sido la Hypocrates, una nave médica de la clase Olympic que había empezado a reconstruir el sistema sanitario más primario. Ahora otras se ocuparon de la red de energía global, reparando los generadores dañados y remplazando la red de satélites que controlaban la meteorología del planeta.

Parecía que poco a poco Betazed podría recuperar el esplendor de antaño. Claro que lo más difícil de reparar eran los daños que habían sido infligidos a la población, los cuales eran muchos, terribles y difíciles de reparar. Pero Lwaxana pudo comprobar como su pueblo era fuerte y el pesar y el abatimiento fueron cambiando hacia la esperanza de un futuro mejor, de nuevo pacífico y próspero.

Pero una larga sombra asomó de nuevo en el horizonte. Aquel misterioso ataque que planeaba sobre la Galaxia pronto se aproximó a Betazed. Las noticias eran cada vez más desalentadoras, sobre todo tras la caída de Tarsas III y finalmente del sector 001. La Tierra, Vulcano, Andoria, todos habían sido ocupados.

Antes de la caída de la Tierra el presidente Jaresho-Inyo había convocado una reunión urgente de los delegados de la Federación en Betazed. Su objetivo era mantener el control de la Federación fuera de la Tierra, por si esta caía. Lo que había sucedido el día anterior.

Desgraciadamente no habían podido llegar todos los embajadores. Habían representantes de algunos planetas ya ocupados como Vulcano, Bynaus, Andoria, o la Tierra y otros que por ahora se habían salvado del ataque, como Sauria, Evora, Argelius II o Zakdorn, entre otros. La reunión se celebró en la Universidad de Betazed y presidía la sesión el embajador más antiguo, que recaía en el vulcano Lojan, mientras que ella como representante local era la secretaria de la reunión.

Tras la caída de la Tierra y la captura del Consejo de la Federación lo prioritario era nombrar a un nuevo Presidente. El embajador benzita aconsejó que fuera el mismo Lojan quien ocupara la jefatura de la Federación y pronto otros representantes apoyaron la propuesta. El vulcano era un candidato más que apropiado, debido a su experiencia en acuerdos interplanetarios y de su amplio conocimiento en geopolítica. Pupilo de Sarek el vulcano, era un diplomático hábil y en su haber estaba la reciente firma de un tratado de cooperación con los Tholianos. Por lo que no se tardó en nombrar a Lojan como nuevo Presidente de la Federación.

Tras aceptar, pidió al embajador Joe Longino de la Tierra, que fuera su consejero personal y responsable de la dirección política y al igual que con Lojan todos estuvieron de acuerdo. A su favor Longino tenía una gran reputación de administrador, además era un hombre duro y conocido por su iniciativa. Lo que en aquel momento necesitaba precisamente la Federación. Finalmente el vulcano pidió que ocupar la videpresidencia la veterana Lwaxana Troi, que aun teniendo fama de excéntrica era muy respetada frente a una mesa de negociaciones. Los dos aceptaron ya que no había muchas otras alternativas y la situación no dejaba ocasión a la discusión. Finalmente Lojan escogió al almirante Charles Whatley, comandante de la 5ª Flota que se estaba reagrupando en el sector, como su consejero militar.

La sesión prosiguió varias horas más, no había mucho tiempo que perder así que las discusiones no se alargaron demasiado. Todos se pusieron de acuerdo en la manera de afrontar aquella situación: tenían que mantener la integridad de la Federación y buscar fórmulas para solventar los últimos reveses. La Federación, su esencia y los ideales con los que había sido fundada, debían de mantenerse. Igualmente se tenía que buscar la manera de liberar los planetas ocupados y si llegara el caso, negociar con aquel nuevo enemigo.

Tras la reunión, muchos de los embajadores partieron hacia sus mundos de origen, mientras que el nuevo gobierno y algunos representantes de planetas ya ocupados permanecieron para hacer la primera reunión del nuevo gobierno.

Lo primero que hizo el almirante Whatley fue indicar la precariedad de la seguridad en Betazed: Tenía unas cuarenta naves, pero no todas eran de combate y estas estaban repartidas por todo el sector, ya asolado por culpa de la guerra contra el Dominion. Finalmente no dejó de comentar la llamada que había lanzado Shanthi desde la Base Estelar Earhart y los informes que tenía del resto de flotas.

– Lo lógico sería coordinar a las naves que quedan de la Flota Estelar – indicó Lojan tras escuchar la poco entusiasta situación –. Propongo que la embajadora Troi se dirija a la Base Estelar Earhart por dos motivos: el primero para unir nuestros desperdigamos recursos en acciones conjuntas. El segundo es por seguridad. No me gustaría que los dos fuéramos tomados prisioneros al mismo tiempo. De esta manera, si yo cayera, usted Troi asumiría la responsabilidad de la presidencia y nombraría un nuevo gabinete. En el caso contrario y fuera hecha prisionera, yo nombraría un sustituto. Hemos de mantener siempre un representante legítimo de la Federación.

– Estoy de acuerdo con usted Presidente – replicó Troi, que ya había captado mucho antes aquella maniobra durante la sesión del Consejo de la Federación.

– Además, sus capacidades telepáticas nos serán de mucha utilidad cuando llegue el momento de negociar con ese Imperio – continuó el vulcano –. Porque desgraciadamente y ante la situación actual, es el único camino que veo lógico si queremos sobrevivir como un estado independiente.

» Almirante, lo evidente es que el siguiente paso de nuestro enemigo sea atacar este planeta e intentar apoderarse del nuevo gobierno de la Federación. Disponga una evacuación de los representantes políticos y que sus naves se preparen para abandonar el sistema. No quiero perder más fuerzas en una lucha perdida de antemano – dicho lo cual se giró hacia la embajadora Troi –. Sé que esta orden le afecta personalmente, y que significa a la práctica dejar el camino libre para una segunda ocupación de su mundo. Pero es de lógica suponer que si no se opone resistencia en el momento del ataque, su pueblo no tiene porque recibir ningún tipo de represalia.

Lwaxana se limitó a asentir y durante un instante percibió un sentimiento de amargura en el vulcano. Le dolía tener que dar aquellas órdenes, tan frías.

– Haré los preparativos necesarios – indicó Whatley que se dirigió hacia Lwaxana –. Embajadora, la Rhode Island creo que sería una nave perfecta para llevarla a la Base Estelar Earhart. Es una nave científica, pero por eso mismo pasará inadvertida por las zonas ocupadas que ha de atravesar. Además, confío plenamente en su capitán.

– Yo confío en su criterio, almirante – le respondió Lwaxana, sabedora que Whatley no actuaba egoístamente –. Ahora, si me disculpan, tengo que ir a preparar el viaje.

Espacio Profundo Nueve

Vantorel observó como la nave cardassiana se acoplaba a uno de los pilones de la estación. El oficial imperial acababa de llegar a la estación procedente de la nebulosa Tong Beak, donde había luchado contra las últimas fuerzas del Dominion, que estaban al mando del vorta Tholun. La inteligencia Imperial calculaba que el noventa por ciento de la flota del jem’hadar había sido destruida en Cardassia Primer, con las que los propios cardassianos habían perseguido y las naves aniquiladas en Tong Beak podía decirse que el Dominion en el cuadrante Alpha había dejado de existir.

Ahora iba a entrevistarse con el líder cardassiano y había escogido aquel lugar para recordarle el fracaso que había sido la ocupación de Bajor. Para que no olvidara quien era ahora la potencia dominante en el cuadrante. Broca apareció altivo, escoltado por dos soldados de blancas corazas. Parecía como si estuviera orgulloso de lo que había hecho. Como si hubiera hecho algo, claro, pensó Vantorel. Pero cada uno era como era y no podía juzgar al Legate Broca. Por muy cara de perro que tuviera.

– Siéntese Legate – dijo cortes Vantorel indicándole la silla que tenía delante de la mesa del despacho –. Me alegro de que haya venido. Mis superiores quieren que le transmita su agradecimiento por el trabajo realizado.

– Diga a su gobierno que Cardassia está destruida – continuó este –. Necesitamos la ayuda que nos prometieron. Ahora.

– Por supuesto. Esa es nuestra intención – contestó Vantorel olvidando las formalidades –. En estos momentos nuestras tropas están ocupando Altair V. Según nuestros informes la Federación tiene allí replicadores industriales que les serán enviados rápidamente.

– También necesitamos médicos. Ingenieros. Generadores – continuó Broca con sus exigencias –. La devastación en el planeta fue mucho peor de lo que estimamos. Hemos empezado a quemar los cadáveres para evitar epidemias.

– Realmente horrible. Lo lamento de verdad, Legate – mintió el almirante –.  Pero en estos momentos estamos en plena ocupación de la Federación. Desgraciadamente no podemos enviarle los técnicos que usted reclama…

– Nos prometieron toda la ayuda que necesitáramos – le interrumpió Broca.

En aquel momento Vantorel tuvo la tentación de dispararle el mismo. Nunca había visto tanta arrogancia desplegada ante un oficial de la armada Imperial. Pero no era el momento de crearse un nuevo enemigo. Ya tenían suficientes. Aunque no descartaba la posibilidad de enviar un par de destructores contra Cardassia y acabar de exterminar aquella raza de arrogantes y orgullosos lagartos.

– Tengo una idea. ¿Qué le parece que enviamos a sus territorios unos cuantos técnicos de la Federación? – le propuso entonces Vantorel. Solo en aquel momento tenía más de tres mil prisioneros. Si los cardassianos se ocupaban de alguno, tendría menos trabajo en alimentarlos y custodiarlos –. Médicos, ingenieros, gente así.

– Sería de agradecer – respondió secamente Broca.

– Entonces que así sea. Le entregaré a médicos e ingenieros de la flota estelar. Un regalo, como los planetas de la Zona Desmilitarizada. Que por cierto, ya han empezado a ocupar. Si mis informes no me fallan.

– Pensé que les ayudaría si nos ocupábamos nosotros mismos de las fuerzas de la federación que estaban allí desplegadas – justificó este.

– Claro, claro. Se lo agradecemos – replicó Vantorel y se puso en pie, ya no quería estar más en presencia del cardassiano –. En cuanto tengamos el control de Altair IV le enviaremos los replicadores. Mientras que sobre los médicos e ingenieros, en cuanto pueda cursar las órdenes se los enviarán.

– Cardassia se lo agradece – le contestó Broka, marchándose del despacho.

Cuando Vantorel se quedó solo apretó el comunicador de la mesa.

– ¿Ha partido el transporte con los primeros prisioneros?

Acaba de hacerlo, almirante – le contestó uno de los oficiales que estaba en Ops –. Pero aun no ha entrado en el hiperespacio. ¿Quiere que le llamemos?.

– No. Que se esperen los cardassianos. Gracias – respondió este. Sería mejor interrogarlos antes de enviarles a cardassia. Nunca se sabía lo que podían saber.

Pero por lo menos el asunto cardassiano ya estaba resuelto, se dijo Vantorel. Al igual que el de Bajor. Se había nombrado a Kay Winn como nueva dirigente del planeta. Había sido reacia y parecía distante al principio, pero cuando comprendió los beneficios personales que podía traerle aquello había aceptado de inmediato. Tras lo cual la ocupación de bajor se convirtió en una mera formalidad. La Kai y nueva Primera Ministra había formado un gabinete y un nuevo jefe de la milicia. La cual dejó su atrincheramiento de las montañas y regresó a sus cuarteles, en los que ya se habían requisado todo el armamento pesado. Pocos protestaron. Aunque por supuesto debían de ir con mucho cuidado. Tras la ocupación de cardassia sabía que los bajoranos eran un pueblo que debía de ser temido. Sobre todo porque tenían una experiencia en la guerra de guerrillas que hubiera gastado los limitados recursos con que contaban.

Ahora tan solo tenía que de ocupar los planetas de la Federación asignados a su sector y acabar con la resistencia de los jem’hadar repartidos por el territorio cardassiano, así como prepararse ante una posible ofensiva del Dominion procedente del otro lado del agujero. Aunque tampoco podía perder de vista a los arrogantes cardassianos, sobre todo a su Legate Broca. El cual, más tarde o más temprano, se le debían de bajar aquellos humos. Por ahora el ataque contra los Breen se había retrasado.

Vantorel se levantó y paseó por el despacho de Sisko. Había leído mucho sobre él y hubiera deseado conocerlo. Tanto que había ordenado que la Defiant no fuera destruida en la batalla, desgraciadamente esta había escapado. Realmente Sisko y su tripulación se merecían la reputación que les había dado los informes de Lepira. Vantorel cogió la pelota de béisbol que tenía Sisko sobre la mesa.

– Bien pequeña, tendremos que esperarnos para conocer al Emisario.

La dejó en su sitio y salió del despacho, tenía mucho trabajo que hacer: había planetas a los que conquistar y no querría perderse eso. El primero de la lista: Betazed.

 

El Persilla

La nave se desacopló del dique de Espacio Profundo Nueve con suavidad y empezó a alejarse de la estación. Era un Galeón Estelar especialmente acondicionado para el transporte de prisioneros. En total llevaban hacinados en las bodegas más de dos mil miembros de la Flota Estelar, oficiales en su mayoría, así como altos dignatarios bajoranos. Su destino era uno de los campos de internamiento que habían establecido en diversos puntos de aquella galaxia. Allí algunos serían reeducados, otros utilizados como mano de obra o simplemente ejecutados.

La resistencia en el sistema había sido aplastada con suma rapidez, aun así las órdenes eran estrictas y todo viaje debía de ser realizado en convoyes protegidos. Así que el Persilla se dirigió al punto de salto donde les esperaba otros tres cargueros y una pareja de barcazas rápidas Skipray. Las cañoneras no eran adecuadas para la escolta, pero se consideraba aquel salto de bajo riesgo, tanto en el punto de partida, donde aun permanecían un gran número de naves, como en los destinos. Cargaron las coordenadas en el ordenador astrogración y sin perder tiempo saltaron al hiperespacio.

– Bueno, ahora tenemos algo de tiempo para relajarnos – anunció el capitán Beric acomodándose en el asiento del puente. Todos los equipos estaban revisados, la tripulación, aunque mínima era eficiente. También era sensiblemente inferior el destacamento de soldados que llevaba a bordo, su cargamento estaba fuertemente vigilado. Nada podía ir mal en aquel viaje, en aquellos lugares no había fuerzas rebeldes que atacaran los convoyes, así que empezó a relajarse. Según los informes la resistencia en todo el sector había sido erradicada con rapidez. El Dominion había sido vencido de un plumazo y las fuerzas de la Federación derrotadas en varias escaramuzas. No había motivo por el que preocuparse.

 

USS Rhode Island

En la sala de transporte le estaba esperando la capitán de la nave, que debía de tener la edad de su hija Deanna. Era una mujer segura de sí misma, como pudo captar claramente Lwaxana, ciertamente podía hacer la misión que la habían encomendado.

– Bienvenida a bordo de la Rhode Island embajadora – le saludó esta –. Hemos preparado sus habitaciones. Siento que sean pequeñas, pero esta nave no fue diseñada para misiones diplomáticas.

– No se preocupe por eso. ¿Han llegado el resto de representantes? – le preguntó a la capitana descendiente de la plataforma.

– Usted es la última – indicó esta –. Dejaremos la órbita inmediatamente. ¿Quiere subir al puente?

– No capitán, se lo agradezco. Me gustaría descansar.

– Estoy a su plena disposición, embajadora.

Tras la reunión Lwaxana había tenido que hablar con las autoridades del planeta y explicarles la decisión de Lojan. Todos estuvieron de acuerdo y empezaron los preparativos para declarar Betazed un planeta libre. Luego y en perspectivas de trabajar alejada del Presidente de la Federación, organizó un pequeño grupo de colaboradores que le acompañaría en su viaje a la Base Estelar Earhart. Primero pidió a la embajadora Sandar de New Fabrina que fuera su consejera. La conocía desde hacía tiempo y sabía que era una buena negociadora, dura e implacable, digna de la sociedad matriarcal de los Yonada. Poseía además otra habilidad que le agradaba, era una mujer intuitiva, sabía conocer a las personas con rapidez, descubrir su vulnerabilidad y explotarla para su propio beneficio. Conocía a muchos embajadores que huían de ella y otros tantos que había sucumbido en una negociación.

También escogió a varios ayudantes. El primer fue Kerr Balón, excelente administrador boliano que había estado mucho tiempo trabajando para el embajador Vadosia. Así como al joven diplomático Jono Arkor como su secretario personal. Era hijo de un buen amigo de su primer esposo Ian y ella. Estaba falto de experiencia práctica, pero era muy entusiasta y aplicado. Otro punto a su favor, era que tenía una mente clara y bien estructurada, heredada de un abuelo vulcano. Aunque algo lujuriosa con respecto a cierta parte del cuerpo de su esposa, pero eso era algo que le divertía.

Finalmente había varios embajadores y representes que habían pedido acompañarla, ya que se dirigía hacia donde se encontraban sus planetas. Engon, de Ktaria, un anciano diplomático que había negociado la entrada de su planeta en la Federación y cuya astucia era legendaria. Así como Odan, de Trill y Jungi el Zaranite.

Antes de partir pasó por su residencia para recoger sus pertenencias. Pero había poco que reunir, la suntuosa casa había sido asaltada por los jem’hadar: los muebles estaban destrozados, las paredes agujereadas y su antaño amplio vestuario eran jirones tirados por el suelo. Pidió al señor Homm que buscara algunas cosas, sobre todo recuerdos personales y fueron transportados al Rhode Island.

Ahora contemplaba Betazed desde la ventana de su cabina. Era un planeta hermoso. Siempre le conmovía verlo desde el espacio, pero nunca lo había sentido tan desprotegido y vulnerable como entonces. Era una sensación extraña, amarga y dura.

Notó como una pequeña manitas le cogían la suya. Inclinó la cabeza y vio a su hijo Ian que le miraba con aquellos ojos grandes y negros, con una sonrisa que le iluminaba el rostro.

– No te preocupes mamá – dijo con su vocecilla suave –. Todo saldrá bien.

– Claro que sí, cariño… – le contestó devolviéndole la sonrisa. Era curioso, tan pequeño y tan despierto. Si no fuera porque ya lo sabría, a veces parecía que Ian ya hubiera desarrollado sus capacidades telepáticas. Era un niño encantador, y cada vez que lo veía sonreír daba gracias al cielo por haberle conservado a su lado, tan solo en pensar que le hubiera sucedido en manos de su padre Jeyal, se estremecía.

La sirena característica de la alerta resonó por toda la habitación sobresaltando a madre e hijo. Las luces de posición rojas se encendieron y Ian le apretó la mano con fuerza.

– Ve con el señor Homm. Y haz lo que te diga, ¿de acuerdo? – le dijo con rapidez. Ian le miró como si no estuviera de acuerdo con aquella orden, pero asintió y se dirigió al dormitorio, donde el gigantesco señor Homm había interrumpido la ardua tarea de adecuar las pertenencias de la embajadora en el pequeño espacio de la cabina.

Aquí la capitán Whatley, embajadora Troi – anunció la voz del comunicador –. Hemos detectado diversos puntos de ruptura dimensional. Según nuestros datos estos preceden a la aparición de las naves imperiales.

– ¿Han partido todas las naves de Betazed? – preguntó Lwaxana.

Todavía queda alguna, entre ellas la del almirante Whatley.

– Salga inmediatamente del sistema. Es una orden, capitán. No podemos caer en manos del enemigo.

Sí embajadora.

La comunicación se cortó, instantes después pudo apreciar como Betazed empezaba a empequeñecerse en su ventana mientras la Rhode Island aceleraba alejándose del planeta. Segundos después el pequeño punto luminoso que representaba su hogar desapareció al entrar en velocidad de curvatura.

 

Crucero Mon Calamari, Flota Rebelde

Apenas media hora antes aquella sala había estado repleta de oficiales y pilotos, los comandantes de la Flota Rebelde. Ahora se encontraba ocupada tan solo por un hombre. Paseaba nervioso alrededor del proyecto holográfico, esperaba a que le dijeran la decisión a su petición. Sabía que tenía razón, pero también conocía la importante batalla que se avecinaba y sus intenciones podían verse retrasadas.

La llegada del general Modine le hizo despertar de sus pensamientos. Le acompañaba Mon Mothma, comandante supremo de la Alianza Rebelde. Era la primera vez que la veía en persona y con su túnica blanca y los collares no parecía la mujer con una firmeza de hierro que antaño había formado la Rebelión.

– Comandante Zahn, le presento a Mon Mothma – dijo Modine.

– Es un placer, señora – replicó educado.

- El general me ha explicado el informe que ha presentado y su solicitud. Ciertamente es preocupante la desaparición de un número tan importante de naves de nuestros enemigos. Sobre todo en este momento tan… delicado – le empezó a explicar Mothma. Tenía una forma de hablar lenta y reposada que exigía atención para escucharla. Zahn recordó que aquella mujer de delicadas maneras era el enemigo público número uno del Imperio –. Pero en estos momentos la Alianza no se puede desprender del número de naves que usted pide comandante. Aun así tiene permiso para ir en busca del Gran Moff Daran. Encuéntrele y con él la localización de esa flota.

– Gracias, señora.

– A usted comandante. Que la fuerza le acompañe – se despidió antes de salir de la sala de conferencias. En el pasillo le esperaba el almirante Ackbar.

– Nunca me he fiado de ese hombre – le dijo el calamariano mirando de reojo la sala de conferencias y a los dos hombres que la ocupaban en aquel momento.

– Lo sé estimado amigo – le replicó Mothma continuando por el pasillo –. Pero todos nos merecemos el beneficio de la duda. ¿No lo cree usted así?. Y hace años que sirve fielmente a la Rebelión.

– Sigo fin fiarme de él.

– Además, tenemos pocas opciones. Es imperante conocer que se trae entre manos el Gran Moff Daran con esas naves – continuó más seria –. Y nuestro comandante Zahn está perfectamente capacitado para descubrirlo.

» Hace tiempo que no sabemos nada de ellas. Y si tenemos éxito en nuestra próxima empresa, pronto la Nueva República se alzará donde ahora oprime el Imperio de Palpatine. Y para entonces, Daran y sus naves jugarán un importante papel.

 

USS Rhode Island

– Lo acaban de anunciar por los canales civiles – dijo la capitán Elisabeth Whatley –. Pero creo que debemos considerarla verdadera.

Entre las dos mujeres se hizo un silencio que se prolongó durante un minuto. Lwaxana podía leer en la mente de Whatley los sentimientos que tenía: rabia, dolor, impotencia, sentía gran simpatía por Betazed y al mismo tiempo una férrea voluntad de perseverar, cumplir la última orden que le había dado su padre, el Almirante Whatley y proteger a la última representante legal de la Federación.

– Soy joven embajadora – empezó a decir, pensaba que debía explicar ciertas cosas. Y aunque Lwaxana ya las conocía no la interrumpió, porque la misma oficial necesitaba dar aquel discurso para auto afirmarse  –. Fui la segunda de mi promoción y antes de convertirme en comandante de esta nave, he participado en duros combates durante la guerra contra el Dominion. Estoy perfectamente capacitada para llevarla sana y salva a la Base Estelar Earhart. Cueste lo que cueste, Presidenta Troi. Lo doy mi palabra como oficial.

– Y sé que lo haría, capitán – le contestó Lwaxana mirándola con dulzura –. Pero usted no me llevará a la Base Estelar Earhart.

– ¿No? – le preguntó Whatley desconcertada.

– Earhart tarde o temprano caerá, como lo han hecho Betazed, la Tierra y muchos otros planetas – hizo una pausa para que la oficial asimilara aquello, aunque mentalmente Whatley confirmaba cada una de sus palabras –. La Federación ha de sobrevivir y esta ha de tener un gobierno legítimo. Y aunque nos duela hemos de admitir que poco a poco los planetas de la Federación serán ocupados por el enemigo. Esta reunión ha sido la última en la que los representantes de nuestros mundos han podido reunirse en auténtica libertad. Y hasta que no volvamos a hacerlo, yo represento al Consejo.

» Lo que le diré ahora, teóricamente yo no tendría porque saberlo. Pero durante una ceremonia diplomática en la Tierra estuve charlando con la Almirante Nechayev. Fue poco después del último ataque Borg a la Tierra y pude leer claramente que durante esas horas críticas la Flota había puesto en marcha un operativo llamado Omega. Su objetivo era preservar la esencia de la Federación. Entre lo que pude averiguar, parte de este plan es poner a salvo un número indeterminado de naves y que estas continúen la lucha.

» No sé si ahora se ha puesto en marcha este operativo. Pero imagino que sí, ya que la Federación está en una posición muy parecida a una asimilación Borg. Hemos de unirnos a este grupo de naves, cueste lo que cueste. Esas son mis nuevas órdenes.

– Por supuesto.

– Conocí muy poco a su padre – continuó con la intención de infundir ánimos a la hija de este –. Pero cuando me dijo que esta nave estaba a mi disposición, pude saber que estaba muy orgulloso de usted. Pero sobre todo se quedaba tranquilo dejándome en sus manos. Sabía que me serviría con honor, lealtad e inteligencia. Ahora sé que tenía razón. Confío plenamente en usted, capitán. Y su padre también.

– Gracias Presidenta Troi – contestó esta casi en un susurro. La había emocionado y animado hasta tal punto que Whatley iría hasta el infierno si se lo podía. Esperaba que no fuera necesario.

Lwaxana Troi - Mother from Deanna Troi

– Y llámeme Lwaxana. Lo primero que debemos hacer es localizar a mi buen amigo Jean-Luc y su Enterprise. A bordo está mi hija, que tiene su edad. Estuve mirando si estaba con el almirante Hayes en la Tierra, pero no lo encontré. Tampoco la pude encontrar asignada a ningún otro grupo defensivo. Y conociendo a mi Jean-Luc debe de estar asignado al Operativo Omega. Si no ya hubiese aparecido defendiendo alguno de nuestros planetas.

» Creo que hay un canal privado que solo pueden utilizarlo los capitanes y que no deja rastros… sí, el Código 47 – dijo tras leerlo en la mente de Whatley –. Intente ponerse en contacto con la Enterprise.

 

El Persilla

Las puertas del puente se abrieron y entró uno de los oficiales de Inteligencia que habían asignado al transporte de prisioneros.

– Teniente ¿qué le trae por aquí? – le preguntó Beric cuando el oficial se detuvo a su lado –. ¿Ya ha acabado de acomodar a sus prisioneros?.

– Invitados del Imperio, capitán. No lo olvide.

– Por su puesto – replicó este no sin algo de pitorreo.

– He subido para decirle que el control ambiental de la bodega de carga… creo que la seis, está averiado – dijo colocando las manos en la espalda.

– Alférez, averigüe que ocurre con el control ambiental de la cubierta ocho – ordenó Beric a uno de los técnicos que estaban en el puente. Este se levantó y se dirigió a una de las consolas que se encontraban cerca de la entrada del mismo y empezó a manipular los controles –. ¿Solo ha subido para eso, teniente? – prosiguió Beric.

– Y por su excelente licor ithoriano – continuó esgrimiendo una sonrisa.

– Ya decía yo – replicó Beric con otra sonrisa. Apretó uno de los controles de la silla y pidió que le trajeran la bebida y dos vasos.

Al capitán Beric nunca le habían gustado los oficiales de inteligencia. Uno nunca sabía por donde le podían salir. Pero siempre era mejor tenerlos a buenas, sobre todo cuando viajaban a bordo de la nave de uno. La verdad era que si aun estaba en la Flota Imperial era tan solo por que le quedaba muy poco para jubilarse y no quería perder la pensión de una larga vida de viajes interestelares. Recordaba los tiempos antes que el Nuevo Orden anexionara la flota mercante de la vieja República, cuando se dedicaba a dar vueltas por todos los planetas repleto de mercancías de todo tipo, desde grandes tanques de combustible, hasta piezas de motores de repulsión. E incluso una vez había llevado un rebaño de apestosos banthas de Tatooine hasta un remoto planeta para colonizarlo. Pero últimamente la marina Imperial le habían entregado el trabajo de transportar prisioneros de un lado a otro de la galaxia. Imaginaba que la marina le había elegido porque era un hombre cauto. Ya se lo había dicho el capitán del primer carguero en el que se enroló: “Si quieres prosperar en este negocio, sé discreto y mantén la boca cerrada”.

Poco después un androide de protocolo apareció llevando una bandeja con la botella de licor y tres vasos.

– Me lo trae un viejo conocido desde una colonia del borde exterior. Me sale caro, pero es el mejor que he probado nunca – le explicó Beric mientras servía el espeso licor en su vaso y el del oficial.

– Señor, ya he localizado la avería y he enviado un droide de reparación – informó entonces el joven técnico, recién salido de la Escuela de Ingeniería Imperial.

– Bien, vuelva a su puesto – replicó Beric entregando el vaso al oficial de inteligencia –. La característica que le hace ser tan excelente es que mantiene un toque aromático, a pesar de su alto grado de alcohol.

El oficial asintió con la cabeza y bebió un sorbo del licor, haciendo un gesto de agrado. Entonces Beric bebió el suyo y mientras bebía creyó recordar que en la bandeja había tres vasos. ¿Por qué su droide le había traído tres vasos?. Pero al bajar la vista en la bandeja ya solo quedaba la botella.

Se extrañó y le fue a preguntar al oficial. Pero no pudo. Una forma amorfa y de color dorado estaba justo detrás de este y lo que parecían unas extremidades le rodeaban el cuello. Beric oyó claramente como las cervicales se quebraba y los ojos de este se ponían en blanco, al tiempo que sus dedos dejaban escapar el vaso con el licor, que calló al suelo rompiéndose en pedazos.

La figura amorfa acabó de coger aspecto humano, llevaba un uniforme marrón, y sus facciones eran rectas, como si hubieran sido cortadas con un cuchillo. En la mano llevaba el blaster del oficial que le había quitado al tiempo que le partía el cuello. Le estaba apuntando.

– Diga a sus hombres que se aparten de los controles. O le mataré – dijo aquella figura humanoide. Beric no podía articular palabra, nunca había visto algo semejante, tan solo logró hacer un gesto para que sus tripulantes hicieran lo que aquello le decía.

Advertidos por el ruido del baso, estos contemplaban la escena asombrados. ¿De donde había salido aquel alienígena?. Aun así obedecieron a su capitán.

– Selle el puente – prosiguió este.

Beric se acercó a la puerta y la cerró sin dejar de apartar la vista de aquello, porque no había otra forma de calificarlo.

– Muévanse todos hacia allí – replicó el humanoide sin dejar de apuntar al capitán de la nave, que hizo otro ademán hacia el rincón donde había señalado aquello.

» Quiero que tú inundes las cubiertas con gas – dijo haciendo un ademán al técnico que había manipulado el control ambiental segundos antes –. Si no, les mataré aquí mismo.

Vaciló, aun así empezó a salir del grupo, cuando Beric se lo impidió.

– Lo haré yo – dijo tajante dirigiéndose a la consola. Y sin perder tiempo empezó a manipular los controles, sellando el puente y empezando a inundar este con gas. No iba a permitir que aquello se apoderara de su nave. Segundos después empezó a notar algo extraño en el aire, su vista se nubló y sintió como iba perdiendo el conocimiento. Pero antes quería ver caer a aquello también al suelo. Se giró y aunque ya veía doble y borroso, vio a aquello en pie, mirándole extrañado. Segundos después perdía el conocimiento y se derrumbaba en el suelo.

Crucero Mon Calamari

Cuando Mothma salió de la sala, el general Modine le informó de la decisión del mando de la Alianza y sus órdenes específicas. No tardó mucho en salir de la sala de conferencias al pasillo que llevaba a los hangares. En este le esperaba su asistente.

Había encontrado a Jonua cuando el muchacho tenía diez años herido de gravedad en una colonia arrasada por las tropas imperiales. Desde entonces no se había separado de él y con el tiempo se había convertido para este en una especie de mentor, ahora tenía dieciséis años.

– ¿Nos las han dado? – le preguntó Jonua impaciente.

– Más o menos – respondió Zahn enigmático.

– ¿Cómo que más o menos? – insistió Jonua –. ¿Pero cuántas tenemos?.

– El Dark Angel – le explicó Zhan, dejando al joven ayudante pasmado.

– ¿Tan solo eso?. Pero… pero si Daran tiene la flota más grande que el Imperio haya desplegado jamás – insistió incrédulo.

– Nuestra misión es localizar a Daran y sus naves y luego informar al alto mando. Aun gracias que nos han dejado los cazas.

– ¡Están locos!.

– Tranquilo Jonua. La paciencia es una virtud que te he de empezar a enseñar.

Cogieron el ascensor y enseguida llegaron hasta una de las cubiertas inferiores de la nave calamariana, donde se había acoplado la nave de Zahn. Era un viejo crucero de la república de la clase Consular, utilizado antaño por los enviados del Senado, ahora extinto por orden del Emperador. Por supuesto ya no estaba pintado de rojo y había sido convenientemente modernizado: tanto en lo que se refería a motores, equipos electrónicos y por supuesto estaba fuertemente armado. Técnicamente aquella nave estaba bajo el control de la Inteligencia de la Alianza del general Airen Cracken. Y se utilizaba para escuchar y decodificar las transmisiones enemigas, complementando así el trabajo de los bothans. Aunque también servía para misiones de penetración dentro del territorio Imperial, momento en que estaba bajo el mando de las Fuerzas Especiales del General Madine, como en aquella ocasión.

La vieja nave republicana cuyo nombre Resplandeciente evocaba otros tiempos, se desacopló del crucero Calamari y tras encender los motores se internó entre el resto de naves de la flota rebelde. Fragatas Nebulon-B se mezclaban con corbetas corellianas junto con todo tipo de naves, desde un viejo crucero de la clase Recusant, a las nuevas fragatas de asalto Mk-II y todo tipo de transportes, mientras que parejas de cazas de escolta revoloteaban por la flota como pequeños insectos. Para muchos aquella era una fuerza impresionante, pero Zahn sabía que frente a una Flota Imperial tan solo la suerte o aquello que llamaban la Fuerza, podría llevarles a la victoria.

Algo más alejada del grueso de la Flota apareció el Dark Angel. La nave era una fragata de combate Nebulon-A, más grande y pesadamente armada que sus hermanas que tanto se nutrían la flota rebelde. Pero su historia no era muy distinta a estas. Tras una masacre por parte de tropas imperiales sobre una colonia corelliana que se había opuesto al Nuevo Orden, parte de la tripulación encabezada por el jefe de ingenieros, se amotinó contra sus superiores uniéndose a la nave a la Rebelión. Desde entonces había servido como escolta de convoyes, así como en combates contra las fuerzas imperiales por los sectores exteriores, protegiendo y defendiendo planetas afines a la Alianza. En una de aquellas misiones se habían unido con un equipo de las Fuerzas Especiales para una arriesgada operación de infiltración en pleno corazón de la galaxia. Tras un rotundo éxito el Dark Angel se había convertido en parte de la pequeña fuerza de elite de la Alianza, actuando en misiones muy arriesgadas.

La Resplandeciente planeó sobre la proa de la fragata, sobrevolando la popa para poder posarse suavemente sobre el robusto cuello de la nave. La última de las modificaciones sufridas por el Dark Angel había sido la colocación de unos amarrajes electromagnéticos y un tubo umbilical para acoplar las dos naves. El viejo crucero plegó las antenas que aun conservaba y con ayuda del rayo tractor se colocó cuidadosamente en su sitio. Tras asegurar los inmovilizadores, desactivaron los motores y apagaron el equipo electrónico.

Zahn y Jonua salieron del crucero encontrándose con un pequeño comité de bienvenida formado por su ingeniero jefe y su primer oficial.

– ¿Qué han dicho? – preguntó Carl, el ingeniero con la misma impaciencia que había mostrado Jonua.

– Nos vamos, pero solos – se limitó a decir Zahn, ante lo cual sus oficiales se miraron con cierta preocupación –. Vallamos a mi cabina. Allí hablaremos.

 

USS Enterprise-E

– Recibimos una comunicación – informó Daniels –. Código 47, señor.

Picard se quedó pensando un momento. Según las órdenes de DeSoto no debía de comunicarse con nadie. El capitán de la Enterprise miró a su número uno que encogió los hombros. Luego consultó con su consejera.

– No perdemos nada, supongo – replicó Deanna.

– Pásela a mi despacho – ordenó Picard y se dirigió a este. Activó la pantalla y se identificó. Ante él apareció el rostro de una joven oficial a la que no conocía, pero sí a la persona que tenía al lado.

– Capitán Picard, soy la capitana Elisabeth Whatley de la Rhode Island – dijo presentándose –. Los dos sabemos que no hay tiempo que perder. Ha partido de Betazed donde se ha reunido el Consejo de la Federación y han nombrado al embajador Lojan de vulcano como Presidente y a Lwaxana Troi como vicepresidenta. Desgraciadamente Lojan ha sido hecho prisionero. Por tanto me acompaña la última representante elegida democráticamente por la mayoría de los miembros de la Federación.

– Prosiga – dijo lacónico Picard, entonces se adelantó Lwaxana.

– Hemos de encontrarnos Jean-Luc. ¿Me equivoco si digo que han activado el Operativo Omega o alguno parecido? – este no dijo nada –. Tu silencio te delata y no hace falta ser telépata para adivinarlo.

– Dentro de siete días – fue la respuesta de Picard tras una pausa.

– Muy bien. Allí estaremos, Jean-Luc.

– Picard fuera – y dicho lo cual en la pantalla apareció el símbolo de la Federación. En su despacho el capitán de la Enterprise se quedó en silencio, pensativo en lo que acababa de ocurrir. Y esperaba que la excéntrica Lwaxana hubiera leído en su mente el lugar donde debían encontrarse –. Deanna, venga inmediatamente.

Sí, capitán – respondió esta por el comunicador. Unos segundos después aparecía por la puerta y Picard le informó de la conversación que acababa de tener –. Presidente de la Federación. ¡Mi madre!. Esta si que es buena.

Fue lo único que pudo responder Deanna ante aquella noticia.

El Persilla

Odo vio como Beric se desplomaba así como el resto de sus tripulantes. Era una lastima que él no necesitara respirar. Libre de vigilar a sus prisioneros Odo se colocó frente a los controles y los estudió. Parecían primitivos, pero sencillos, en el centro había una pantalla con el esquema de las cubiertas y el resto estaba lleno de botones. Había observado al técnico y al capitán, así que empezó a desviar los conductos y sellar las diferentes bodegas, inundando el resto de pasillos y dependencias de la nave. Luego se traslado a una de las consolas, seguramente la de seguridad, ya que en sus pantallas iban pasando las imágenes de los diferentes compartimentos de la nave y empezó a buscar entre las bodegas de carga. Los prisioneros estaban hacinados: por lo menos debería haber más de dos millares de miembros de la flota y de la milicia de bajor. También pudo observar su obra y como los tripulantes de aquella nave yacían en el suelo. La nave era suya. Eso estaba claro.

Limpió de nuevo el ambiente y sin perder tiempo, salió del puente en dirección a la bodega número dos. En medio del pasillo empezó a oír los pasos metálicos que se acercaban. Se colocó en un rincón del pasillo y esperó a que apareciera su próxima presa. Sorprendiéndose al encontrar una figura humanoide completamente metalizada.

Esta empezó a hablar en una lengua ininteligible y alzando los brazos de arriba a bajo, como si estuviera horrorizada.

– ¿Eres un robot?.

– Mi nombre es G-3PO, relaciones cibernéticas humanas. Estoy programado con más de seis millones de lenguas diferentes…

Odo le miró y pensó en dispararle, pero había dejado el arma en el puente, aquella hubiera sido la única vez que una pistola le sirviera de algo. Sin interrumpirle le flanqueó y prosiguió su camino hacia la bodega número uno. Detrás de él escuchó los pasos de aquella máquina.

Junto a la bodega había dos guardias en el suelo, los apartó y abrió la puerta, encontrando una muchedumbre apiñada en el interior. En primera fila habían numerosos oficiales de la flota que le miraron sorprendidos. Pero no tenía tiempo que perder, así que se dispuso a llamar a… cuando…

– ¡Odo! – era la voz de Kira.

– ¡Nerys! – replicó este mientras el murmullo de la bodega se alzaba de volumen. Abriéndose paso apareció Kira, que aun llevaba el uniforme de la Flota. A su lado estaba Bashir y el Primer Ministro Shakaar –. ¡Nerys!.

Los dos se fundieron en un abrazo al encontrarse.

– Sabía que no nos abandonarías.

- Nunca Nerys – le susurró al oído. Entonces sintió unos golpecitos en el hombro, girándose para ver que era. Aquella cosa plateada.

– Disculpe, quiera decirle que además estoy programado para el protocolo…

– ¿Qué es esto? – preguntó Kira separándose de Odo.

– Aun no lo sé, pero si no se calla lo apagaré – replicó Odo hastiado.

– Soy el capitán Ralf Homeier, de la nave estelar Bradbury – dijo un oficial de la flota que se había surgido detrás de Shakaar –. ¿Ha eliminado a los guardias?

– Más que eso. Me he apoderado de la nave.

 

Tenak’talar

Weyoun observaba a la líder del Dominion que permanecía estirada en una cama. Hacía mucho tiempo que no podía convertirse en líquido y todo su cuerpo se estaba secando. Casi no se le podía identificar su cara, que se desprendía ante cualquier roce, por muy leve que fuera, incluso el del aire.

– Mi leal Weyoun… – dijo en un susurro la Fundadora girando cabeza, cuyo pelo estaba enmarañado y se desprendió sobre la almohada –. Has dio el único sólido en el que he confiado…

– Yo solo vivo para serviros Fundadora…

– Si eso fuera tan simple…

Tras aquellas palabras su líder, su Dios empezó a cuartearse con rapidez y el antaño poderoso cuerpo de la Fundadora se convirtió en unos segundos en un montículo de arena encima de aquel lecho.

Weyoun contempló los restos de su Dios y se sintió solo, desvalido, sin sentido para su vida. Había fallado a la Gran Unión, al Dominion.

Los dos jem’hadars que custodiaban la puerta de entrada se miraron y sin mediar palabra alzaron sus fusiles, apuntándose mutuamente y dispararon, cayendo al suelo muertos. Un silencio sepulcral se apoderó de la pequeña estancia.

Y ahora, cuando informara a la tripulación el resto de los soldados harían lo mismo. Se suicidarían por no haber podido salvar a un fundador.

Weyoun por primera vez se sintió solo. Damar había destruido la factoría donde estaba almacenado su clon y ya no quedaban más lugares en el cuadrante alfa para clonar vortas. Ahora la extirpe Weyoun se perdería y no podría servir nunca más a los fundadores. Era el último Weyoun.

No quedaría nada a quien mandar, a quien administrar en nombre de la Gran Unión, en nombre del Dominion, de los Fundadores. Tan solo le quedaba el suicidio y moriría, para siempre, junto a la última fundadora...

Entonces se dio cuanta. Aquel cambiante, convertido en polvo no era el último Fundador en el cuadrante alfa. Odo. El sí era el último Fundador.

Sí, su vida volvía a tener sentido. Serviría al último de los cambiantes, el cual sería el padre de una nueva Gran Unión, un nuevo Dominion. Construido junto a Weyund. El último Weyoun y el último Fundador juntos crearían un nuevo porvenir.

Continuará…