“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"
Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars
Capítulo 1
Los Perros de la Guerra
Segunda parte
LLorenç Carbonell/ Portada: Esteban Decker
Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.
Base Estelar 220
Las instalaciones orbitales estaban desiertas. Tras la primera orden de evacuar al personal no esencial, había llegado del Alto Mando la de mantener el personal mínimo e imprescindible. Pero aquella noche la actividad era febril. Pocas horas antes habían llegado la USS Pawn y la USS Cervantes con nuevas órdenes de máxima prioridad. Desde entonces los técnicos de los almacenes orbitales no habían parado.
A las dos de la mañana el gran contenedor en forma de lágrima que la Pawn albergaba bajo su fuselaje estaba completamente cargado. El joven capitán de la nave portacontenedores observaba desde el despacho del comandante de la base los últimos trabajos de las lanzaderas embarcando en los hangares de la nave y del contenedor.
– ¿Está seguro que no quiere acompañarme? – le preguntó Deilog apartando la vista de los ventanales.
– Gracias, pero no – le replicó el comandante Skock sin que su rostro vulcano cambiara
–. Este es mi puesto, aquí debo permanecer.
– Como quiera, capitán – dijo Deilog asintiendo, sabía que era inútil insistir con un “orejas puntiagudas” –. En cuanto acabemos de acomodar a los civiles y a su personal partiremos. No quiero permanecer aquí mucho tiempo.
– La Base Estelar 145 y 309 ya han sido atacadas. No están lejos de este sistema, es lógico que esta base de abastecimiento sea uno de sus siguientes objetivos – continuó el vulcano.
– Lamento oír eso – dijo Deilog.
– Es ilógico lamentar algo que está fuera del control de uno mismo – prosiguió Skock alzándose de detrás de su mesa –. Además es una pérdida de tiempo. Los oficiales que se quedan son voluntarios, no se ha de preocupar de nuestro destino. Aunque como dirían los humanos, gracias.
– Comandante, ha sido un placer conocerle – replicó Deilog alzando la mano y saludando a la manera tradicional vulcana. El andoriano no podía negar la valentía del vulcano, un auténtico guerrero –. Larga y próspera vida.
– Larga y próspera vida, capitán – le devolvió el saludo Skock. Tras lo cual vio como su colega andoriano salía de su despacho.
Solo Skock se volvió a sentar y tras coger un padd empezó a escribir una carta. Sabía que sería prácticamente imposible que esta llegara a su destino pero ya que estaban sumidos en algo completamente irracional y fuera de todo control, era lógico hacer algo ilógico en ese momento. Así que empezó a escribirla.
Poco después la Pawn se alejaba del planeta, acompañada de la pequeña y plana Cervantes, las dos cargados de refugiados y suministros. Antes que salieran del sistema, Skock envió la carta al capitán de la Pawn.
Espacio Profundo Nueve
La Venture fue la última nave en llegar a la antigua estación Terok Nor. Con aquella nave de la clase Galaxy la 93ª Ala de Ataque quedaba completada para la defensa del sistema de Bajor. El resto de la 10ª Flota estaba repartida a lo largo de la frontera cardassiana. El almirante Ross se había quedado la 95ª Ala de Ataque en la Base Estelar 375 como fuerza de reserva, mientras que un importante número de naves de la 7ª se había concentrado en la Estación Lya Alfa, de forma que se podría reacciones a cualquier maniobra que el Dominion intentara a lo largo de la frontera cardassiana.
Sisko estaba sentado en su despacho leyendo el informe sobre los últimos ataques dentro del territorio del Dominion y Breen. Según los sensores de la Malinche se habían registrado ataques en diversas bases y puestos avanzados a lo largo de todo en su territorio. Si los informes de inteligencia coincidían, estos puntos coincidían con factorías de soldados del jem’hadar, de los vortas, de fabricación del ketracel blanco y de astilleros. En apenas unos días el Dominion había tenido pérdidas que equivalían a las de toda la guerra. La reacción de sus fuerzas no se había hecho esperar, sorprendiéndole a él y a la Flota: al retirarse a la frontera anterior del inicio de las hostilidades. Betazed, Benzar y otros planetas conquistados por los Fundadores habían recibido ya las primeras ayudas por parte de las naves estelares más próximas. Mientras tanto las fuerzas del Dominion se estaban concentrando alrededor de Cardassia Prime.
– Capitán estamos recibiendo una comunicación desde la Base Estelar 375 de máxima prioridad – le informó Kira por su comunicador. Sisko se levantó y salió de su despacho, en la pantalla de Ops apreció la imagen borrosa del Almirante Ross.
– ¡Nos están atacando! – dijo cuando una explosión hizo saltar chispas y una nube de humo a sus espaldas –. ¡La Exeter ha sido destruida, las defensas!…
En ese momento la pantalla se oscureció. En ops nadie se atrevía a romper el silencio que se había producido. Todos se miraban y miraban a los oficiales de mando que a su vez observaban a Sisko, de pie frente a la puerta de su despacho con la mirada clavada en la pantalla principal.
– Alerta roja. Estaciones de batalla – ordenó por fin –. Señor Worf, jefe O’Brien, Ezri, preparen la Defiant. Coronel Kira, prepare las defensas de Espacio Profundo Nueve.
– Sí, señor – replicó esta, que aun llevaba el uniforme de la Flota Estelar, asintiendo con firmeza. Luego miró a Odo ya recuperado, que tenía una expresión de profunda preocupación. Aquel iba a ser el cuarto ataque a la estación desde que había pasado a manos de la Flota Estelar y el condestable tenía que preparar a sus hombres.
Cardassia Prime
Weyoun observaba las pantallas de los Cuarteles Generales. La situación era caótica. Los ataques habían minado completamente sus ya limitados recursos. Toda las factorías de vortas y jem’hadars habían sido reducidas a escombros. Las bases de abastecimiento y reparación estaban también destruidas. Los puestos avanzados habían desaparecido, al igual que Legate Broca, que no hacía mucho había traicionado a su propia gente. Y por su fuera poco las revueltas de civiles se multiplicaban por todo el planeta al estúpido grito de “¡Por Cardassia!”. El grado de insumisión ya rallaba lo intolerable y hacía unos instantes había tenido que destruir la ciudad de Lakaria con sus millones de habitante como represalia.
Y aunque la insurrección entre las fuerzas cardassianas se había generalizado, su mayor preocupación procedía aquel nuevo y poderoso enemigo. Había salido de la nada y ya había vencido al Imperio Romulano y al Klingon, mientras que en aquellos momentos atacaba los territorios de la Federación y del mismo Dominion, incluyendo a sus aliados. Según los breen algunos de sus puestos avanzados también habían sido atacados.
– Hemos captado una comunicación desde la Base Estelar 375 – informó el Primero de los jem’hadar, entregando al vorta un padd. Este asintió y lo leyó. El Almirante Ross había sido atacado. Se estaban acercando. Pensó Weyoun y miró las defensas de Cardassia Prime. Las plataformas armadas orbitales estaban listas: con mil torpedos de plasma cada una, así como las estaciones bien armadas y con personal leal al Dominion. Y a su alrededor la flota del jem’hadar y Breen. Cualquier enemigo que se enfrentara a ellos recibiría una desagradable sorpresa.
– ¡Weyoun! – le llamó la inconfundible voz de la Fundadora. El Vorta se inclinó servil hacia su divisidad, que estaba acompañado del observador de los Breen –. Thot Gor me ha informado de su deseo de estar a bordo de su nave en la batalla.
– Eso es maravilloso – replicó el vorta inclinándose ante el oficial breen. Este dijo una frase de despedida y salió de la sala con el resto de los de su raza.
– Nunca imaginé que fueran tan guerreros – dijo la líder viéndoles marchar.
– Fundador… – dijo Weyoun cuando él breen salió de la sala. Tenía la mirada baja y su voz rozaba la súplica –. No quiero que piense que le he perdido el respeto. Sería incapaz de ello. Usted lo sabe muy bien. Pero…
– Dilo ya de una vez – replicó brusca la fundadora.
– No es seguro el planeta. Legate Broca ha desaparecido y este nuevo enemigo… No sabemos nada de él y nuestras fuerzas no han sabido responder adecuadamente a estas nuevas circunstancias…
– ¿Estás sugiriendo que me marche de Cardassia Prime? – preguntó altiva –. ¿E ir a donde?
– Tan solo por su propia seguridad… Hasta que el peligro haya…
– Por una vez tienes razón… – dicho lo cual la Fundadora se desplomó frente al vorta, que enseguida se acercó para impedir que cayera. La enfermedad había avanzado mucho en las últimas semanas sobre todo tras la imposibilidad convertirse en líquida. Weyoun sabía que pronto moriría. Que valor, fuerza y entereza tenía los Fundadores, que aun moribundos se enfrentaban a los peligros sin doblegarse. El vorta hizo un ademán a los jem’hadars que se habían acercado para socorrer a su Fundadora para que regresaran a su trabajo al ver que la líder se recuperaba.
– Haré los preparativos para su traslado al Tenak’talar – dijo este, a lo que la líder asintió.
San Francisco, la Tierra
Cuando DeSoto se enteró del ataque a Vulcano supo que aquello sería lo que precipitaría los acontecimientos.
Poco después recibieron un nuevo mensaje en el que le indicaban unas coordenadas de transporte. Que coincidían con los Cuarteles Generales de la Flota. Le recibió la secretaria del almirante Paris que le llevó hacia el despacho de este.
No conocía personalmente a Paris, aunque sí había leído numerosos artículos suyos y había asistido a varias de sus conferencias. Era un oficial muy respetado y uno de los candidatos que se habían barajado para ocupar el alto mando de la Flota. Aunque él mismo había rehusado dicho cargo antes que anunciaran el nombre de los candidatos, sorprendido a más de uno. Poco después el nuevo comandante le nombró responsable del Departamento de Búsqueda y Desarrollo dejando las clases de la Academia.
– Capitán, es un placer conocerle. Aunque sea en estas circunstancias – dijo el almirante desde el otro lado de la mesa del despacho. Estaba tranquilo entre los numerosos padds que cubrían el escritorio. En el que también había varios adornos: una fotografía, unos libros, un ordenador y lo que más sorprendió a DeSoto, un phaser.
– Lo mismo digo, almirante – replicó este tomando asiento.
– Iremos directamente al grano. No hay tiempo que perder – dijo sin preámbulos colocando las dos manos juntas sobre el escritorio –. Le voy a dar la orden más importante de toda su carrera.
Cardassia Prime
Las instalaciones habían sido abandonadas hacía mucho tiempo. Eran minas del principio de la era espacial cardassiana. Anteriores a la hambruna que había hecho alzarse a los militares para controlar la situación. El grupo de hombres que había reunido el Legate Broca era de total confianza: todos habían servido con él en la Segunda Orden en las duras jornadas de las Guerras de la Frontera. Mientras que los ingenieros civiles eran otro asunto. Pero tras eliminarlos tampoco habría problemas. Alguno ya había protestado al darse cuenta de lo que quería hacer y había sido rápidamente silenciado, cerrando la boca del resto de sus compañeros.
– Legate, una comunicación… – le informó uno de sus subalternos. Este miró el padd con el mensaje ya decodificado. Contenía la confirmación de la hora exacta para la detonación. Todo estaba transcurriendo como estaba previsto.
– Devuelva la respuesta acordada – replicó entregándole el padd.
– Hemos interceptado una comunicación del Dominion – continuó este –. Los sabotajes continúan y las represalias han ido aumentado. Dicen que los jem’hadars han matado a toda la población de una ciudad. Dos millones de hombres, mujeres y niños.
– De eso no te has de preocupar. El Dominion recibirá lo que se merece – replicó Broca poniéndole la mano en el hombro al leal Glin –. Prepara la lanzadera. Todo ha de estar listo para abandonar este lugar inmediatamente.
– Bien, Legate.
Poco después los guardias que custodiaban a los ingenieros civiles recibieron la orden de disparar contra ellos. Broca colocó el temporizador y todos se dirigieron hacia la lanzadera que despegó de la luna de cardassia y se alejó a toda velocidad del sistema.
USS Defiant
– El informe de las modificaciones – le dijo O’Brien a Sisko entregándole un padd con las modificaciones que había realizado en la nueva nave.
Este las miró y asintió volviendo a su estado meditabundo. DS9 había sido atacada en numerosas ocasiones: la primera poco después de la retirada de los cardassianos por estos mismos. Luego durante el golpe de estado a Bajor del Círculo. Más tarde los klingons también habían intentado tomarla y finalmente el Dominion. En las primeras ocasiones había estado solo frente al peligro. La segunda vez había contado con la Defiant y el pájaro de presa de Martok. Ahora contaba con una veintena. Entre ellas estaba la nave captura al jem’hadar bajo las órdenes de Damar, así como dos pájaros de presa klingons y el resto naves estelares. La T’Kumbra del capitán Solok, la Sutherland de Shelby, la Potemkin, la Akagi y la Venture, entre otras. Una fuerza formidable. Aunque en la Base Estelar 375 también había un buen grupo de defensa y aun así habían sido superados. Según los sensores ya no se detectaban señales de naves estelares en la última posición de Bill Ross.
De golpe un pitido de alarma se oyó en la consola científica desviando la atención de todos los que estaban en el puente hacia ella.
– Detecto una explosión subespacial – informó Ezri tras consultar los ordenadores y comprobar los datos que estos le mostraban –. En Cardassia Prime.
– ¿Qué magnitud? – preguntó Sisko.
– Devastadora – dijo Ezri dando unas rápidas órdenes al ordenador –. Lo confirmo, la localización de la explosión es una luna de Cardassia Prime.
– Recibimos una comunicación de la nave del Legate Damar – informó Nog.
– Pásela a la pantalla – ordenó Sisko e instantes después este apareció en el puente de la nave del Dominion que habían capturado apenas unas semanas antes.
– ¿Ha detectado la explosión? – preguntó con nerviosismo.
– Así es. Los datos son aun limitados…
– He de marcharme, capitán – le interrumpió Damar –. Mi pueblo me necesita.
– Le comprendo. Buena suerte Damar.
– A usted también se la deseo capitán. Sé que la necesitará.
Los remolcadores llegaron a la hora prevista y lo primero que hicieron fue sacar el armazón de las dos naves en sus primeras fases de construcción, para luego se colocaron en las cuatro puntas de las seis estructuras. En el interior de los diques estaba ya todo dispuesto para la marcha: sus almacenes y talleres rebosaban de material adicional y equipo pesado y en sus hangares se guardaban más lanzaderas y vainas de trabajo que las normalmente asignadas. Todo ello con los técnicos y los ingenieros, así como sus familias que viajarían a bordo de los diques. Estos habían sido construidos especialmente para poder moverse a velocidades de curvatura y trasladarse hasta el espacio profundo si fuera necesario y reparar naves muy seriamente dañadas de forma completamente independiente. Tan solo tenían que colocar en línea su potente reactor, que además de alimentar la estructura, también daba energía a la nave acoplada, con los potentes motores de los remolcadores.
No lejos de allí la Pretorian había salido por ella misma del dique y estaba acabando de evacuar a los tripulantes del complejo de oficinas. A su lado se encontraba la Clipper Maru, una vieja nave de pasajeros de la clase Worfin, que albergaba el triple de los doscientos pasajeros que normalmente podía transportar. El grupo se completaba con los dos cargueros que también estaban al límite de su capacidad. Y finalmente las otras dos naves que estaban remodelándose en los astilleros: la Constitution y la Pathefinder, todos ellos con tripulación mínima.
Pero allí no acababa el asunto. Poco después de empezar la evacuación el almirante Abderramán Shaath, responsable de los astilleros de Antares IV, se había puesto en contacto con Harzel. Cuando la Flota ordenó la construcción de Beta Antares y escogieron a Harzel para llevar aquel proyecto, este fue recibido por Shaath con los brazos abiertos y desde el primer momento le prestó toda la ayuda que necesitaba. Y entre los dos oficiales había ido creciendo una profunda admiración y amistad.
– Peter imagino que estará muy ocupado en este momento – empezó Shaath –. Sé que le han ordenado evacuar Beta, yo he recibido la orden de defender las instalaciones de Antares IV. Ya vienen hacia aquí varias naves y estoy preparando otras de las que tengo aquí. En total tendré una decena.
» Pero he oído lo que ha pasado en el Imperio Romulano y el Klingon. Dicen que no se han hecho distinciones entre civiles y soldados – dijo con profunda preocupación –. Imagino que si te han ordenado evacuar y llevarte contigo los diques será porque la Flota tiene algo pensado.
» Aquí tengo mucho material y muchos técnicos que serían muy útiles allí donde puedes ir. Me gustaría que también evacuaras parte de mi gente.
– Los dos hemos recibido órdenes muy claras – contestó Harzel tras pensar unos instantes su respuesta –. Pero tienes razón. ¿Cuándo estarán listas?
– Ya he cursado las órdenes – replicó este esgrimiendo una sonrisa de complicidad. Tampoco eran tan distintos.
Unas horas después las naves procedentes de Antares IV se concentraban en órbita a la pequeña luna de Beta. En total eran una veintena. Dos de ellas se acoplaron a los diques que habían quedado vacíos. Una era la Tecumseh: que había tenido un malogrado encuentro con los cardassianos y la otra era la Phoenix: dañada durante el reciente ataque a la Tierra. Aunque tenían sus reparaciones muy avanzadas ninguna de las dos podía unirse al grupo de defensa de los astilleros, así que Shaath pensó que no podían permitirse perder aquellas naves, ni su tripulación. Las otras eran dos Saber y una Steamrunner que tenían la misión de escoltar la evacuación. También había un par de naves científicas Oberth y del tipo Raven y una de soporte Springfield. El resto estaban formado por naves muy dispares: desde los extendidos cargueros Antares y Apollo, hasta los veteranos transportes Sydney. Todas ellas cargadas con técnicos y sus familias y con las bodegas llenas de material y equipos.
– Todas las naves informan que están listas – informó el ingeniero que se había colocado en la posición de comunicaciones de la Pretorian.
» El Almirante Shaath nos desea suerte. Y que Alá nos acompañe – concluyó.
– Respóndale que rezaremos por él – dijo Harzel desde la silla de mando –. Que los diques se pongan en marchar.
Segundos después los remolcadores engancharon literalmente las seis estructuras de los diques secos en sus rayos tractores y empezaron a apartarlas de la órbita lunar. Cuando estuvieran más alejadas pondrían los motores de curvatura y rumbo a un lugar que aun Harzel no había desvelado. Les seguirían los cargueros y las naves de transporte.
Rezagada tan solo quedaba la Pretorian.
– Apunte a la Vesta – ordenó Harzel. Millán que se había colocado en la consola táctica cargó los phasers y apuntó a su nave gemela. Para Harzel le resultaba extraño dar esa orden. En sus veinte años de carrera en la Flota nunca había ordenado apuntar nada a nadie. Además consideraba todas las naves de la clase Prometheus como sus hijos. Había sido el encargado del proyecto casi desde sus inicios y destruir a la más joven le dolía –. Fuego.
La pantalla fue cruzada por un rayo amarillento que alcanzó a la Vesta, y su armazón se desintegró en cuestión de segundos.
– Dispare contra la Horatio – prosiguió Harzel y la estructura, aun sin ensamblar las planchas del casco del crucero Sovereign desapareció en una explosión de fuego. Luego abrieron fuego contra el complejo de oficinas. Las órdenes eran claras: no debía de quedar nada de los astilleros de Beta Antares: tan solo escombros. El primer disparo alcanzó la estructura central, justo por debajo de la torre de comunicaciones y esta se hundió sobre la sección central, provocando que una lengua de fuego saliera despedida por la gran puerta del hangar, consumiendo en un segundo el oxígeno que aun albergaba el interior de la estación. Las explosiones en cadena alcanzaron rápidamente al reactor central, situado en la parte inferior de la sección central, que estalló envolviendo el complejo de oficinas del tipo Copernicus en una bola de fuego. Las secciones cilíndricas que sobresalían de la estructura central se separaron y fueron desintegrándose a medida que las explosiones acudían su interior. En pocos segundos los astilleros se habían convertido en un montón de hierros fundidos y retorcidos que flotaban en el espacio. Finalmente bombardearon las instalaciones que había en la superficie de la luna aun en construcción.
» Teniente Albert, introduzca las coordenadas de encuentro con las otras naves.
– Sí, señor – replicó la joven oficial, la única que sabía pilotar aquella nave completamente y que había llegado pocos días antes para realizar los test durante la separación de multi-sector de ataque.
La Pretorian dejó la órbita donde flotaban tan solo los vestigios de lo que había sido uno de los astilleros más recientes de la Federación y donde se construían sus naves más modernas y mortíferas. Mientras se alejaban Harzel pensó irónicamente que el primer objetivo destruido por aquella nave estelar, habían sido precisamente instalaciones de la Federación. Con aquel bautismo, ¿qué futuro le esperaría a su nave? ¿Qué futuro le esperaría en realidad a la Federación y a ellos mismos?
– Señor, detectamos una señal, muy débil… – informó el ingeniero media hora después de partir de Antares.
– ¿Qué tipo de señal? – preguntó Harzel.
– No estoy seguro. Creo que hay un combate. En el sistema.
Harzel miró a DeValois, que estaba a su lado. En realidad todos los presentes en el puente sabían lo que significaba aquello.
– Aumenten velocidad – ordenó Harzel.
Sector 001
Las naves se habían colocado en formación de batalla. Coburn había organizado una línea clásica para el enfrentamiento abierto. Las naves “pesadas” en el centro con los flancos móviles compuestos por naves más pequeñas y maniobrables. Y finalmente una reserva mixta algo rezagada para cualquier eventualidad.
Las primeras naves enemigas se habían detectado fuera del sistema solar no lejos de Saturno. Según los sensores sumaban un centenar de diferentes tamaños, aunque destacaban cuatro de mil seiscientos metros de largo. Prudentemente Coburn envió una avanzadilla para evaluar al enemigo mientras el resto de las naves permanecía a la espera. Pero la reacción no se hizo esperar y la fuerza enemiga formó en una cuña con aquellas naves en forma de punto de flecha como punta de lanza y empezó la aproximación. Para evitar quedarse entre el enemigo y los planetas del sistema solar sin posibilidad de maniobrar, Coburn ordenó avanzar hacia el enemigo.
Poco después las dos flotas estaban frente a frente. Las primeras que salieron de la formación fueron las pequeñas Peregrine que se adelantaron y empezaron a disparar los phasers contra las primeras naves enemigas.
El avance de estas no se detuvo y el primer enfrentamiento directo no se hizo esperar. Tampoco la reacción de Coburn, que veía como la cuña iba a dividir a sus fuerzas, algo que no podía permitir, así que ordenó al flanco izquierdo y derecho que se adelantaran y empezaran a envolver al enemigo.
USS Defiant
El puente de la Defiant permanecía en silencio. Sisko estaba sumido en sus pensamientos, sentado en el sillón de mando y con los dedos entrelazados. Para Worf como guerrero lo peor de la batalla era la espera. Ezri sentada cerca del klingon, todavía no acababa de acostumbrarse a todo aquello, tenía las manos sudorosas y su corazón iba acelerado. O’Brien estaba sentado al otro lado del puente, haciendo las últimas comprobaciones a la nave la cual acababa de poner a punto. Estaba tranquilo en un sentido, Keiko y los niños estaban a salvo a bordo de la Xhosa. Nog permanecía en la posición del piloto, lo tenía todo controlado y mentalmente repetía las maniobras evasivas que tantas veces había practicado en los simuladores, en la batalla todo dependería de él.
De repente la pantalla de Ezri empezó a mostrarle lecturas subespaciales e instantes después los sensores empezaron a indicar puntos de salida dimensionales y de estas naves entrando en el espacio normal. Instintivamente puso en la pantalla lo que sus sensores estaban mostrando.
– Carguen phasers y torpedos de fotones – ordenó Sisko alzando la vista y se puso en pie. Delante de él empezaban a agruparse una veintena de naves: tres de las cuales debían medir casi dos kilómetros de largo.
Flanqueada por la Yeager la Defiant empezó a disparar sus cañones phaser se lanzó contra la primera de las naves de la formación enemiga. Detrás de ellas la K’Tumbra y la Sutherland saltaron para cubrir la primera pasada.
El fuego federal fue rápidamente devuelto por todas el enemigo que tenía como eje central aquellas grandes naves de mil seiscientos metros de largo. La Yeager cayó bajo los certeros disparos de las más pequeñas, le alcanzado la sección de ingeniería obligándola a alejarse del ataque. La Defiant esquivó los primeros disparos y tras la primera pasada se alejó hacia su posición inicial en un gran arco. Las dos naves de la clase Nebula continuaron el ataque destruyendo a una de las contrarias.
El ataque pareció funcionar y el resto de la formación enemiga se abrió para esquivar el fuego racheado de las dos Nebula, lo que aprovecharon la Akagi y la Venture para explotar la grieta en sus defensas.
Con el flanco cubierto por la Akagi, la Venture se dirigió hacia la primera de las grandes naves, la cual parecía haber quedado desprotegida en la primera pasada. Pero ante su sorpresa esta viró y se colocó directamente en el vector de ataque de la Galaxy y empezó a repeler el fuego con una rápida sucesión de disparos desde el flanco de la estructura inferior de la torre. Los primeros impactos alcanzaron a la Venture de lleno. Los disparos eran descargas ultraconcentradas de iones que literalmente quemaron los equipos empezando por los escudos que se colapsaron, seguidos del resto de sistemas de la Galaxy, dejándola completamente indefensa.
Sin energía, ni escudos, ni armas, la Venture no tardó en empezar a recibir los disparos del resto de naves enemigas.
Girando en redondo la K’Tumbra y la Sutherland se dirigieron a socorrer a su compañera malherida. Cinco naves estelares iniciaron un ataque intentando penetrar en las defensas de la formación enemiga, pero la maniobra estaba condenada al fracaso.
Con la retaguardia casi desprotegida las dos grandes naves atacantes empezaron a moverse para colocarse justo detrás de la fuerza de la Federación en una maniobra de tenaza, que sin que estas pudieran evitarlo las envió en una trampa de la que no pudieron salir.
La K’Tumbra se encaró contra la nave del flanco izquierdo cayendo bajo el fuego de esta y de las naves auxiliares. La siguió la Gettysburg y la Concord que pronto quedaron a merced de las armas de iones.
– ¡Ordene a la Andromeda y a la Nautilus que nos sigan! – indicó Sisko.
La Defiant giró sobre si misma y escoltada por las otras dos naves se encaramó de nuevo contra la trampa en que habían caído el resto de naves del Ala de Ataque.
Ágilmente y sorteando la cortina de disparos la Defiant penetró en las defensas enemigas dirigiéndose directamente contra la torre de una de aquellas grandes naves. Acompañada únicamente por la Nautilus, las dos abrieron fuego contra las dos grandes esferas y lo que parecía la estructura de mando. Tras sortearlas con éxito se encontraron con otra nave con forma de sepia que las recibió disparando sus armas pesadas. La Defiant logró sobrepasarla con tan solo algunos impactos, desgraciadamente la Nautilus cayó bajo el fuego directo y estalló envuelta en una bola de fuego.
Para entonces la 93ª Ala de Ataque estaba completamente atrapada entre las tres grandes naves, e iban cayendo una tras otra bajo los disparos de las armas de iones. Era como su hubieran vuelto a caer bajo la trampa de Chinto’ka.
– ¡Daños! – pidió Sisko.
– Escudos al 40% y la carena secundaria ha sido dañada – informó O’Brien mientras hacía lo imposible para redistribuir la energía hacia los escudos.
Mientras en la pantalla podía ver como la Sutherland ardía inmóvil debido a los disparos enemigos. No era la única: la Bradbury tenía daños en la sección de ingeniería; la Constellation había perdido las barquillas y tenía importantes grietas en el casco. La Venture había sido destruida al igual que Potemkin o la Farragut.
– ¡El enemigo se dirige a Espacio Profundo Nueve! – informó entonces Worf.
Cardassia Prime
Enmascarando la firma de curvatura, la pequeña nave de ataque del jem’hadar no tardó en tener el mundo hogar cardassiano a alcance visual. El espectáculo que los sensores indicaban era aterrador. La única luna del planeta había prácticamente desaparecido, como si la hubieran arrancado a mordiscos una tercera parte de su masa. La honda expansiva había arrasado todo lo que se encontró por su paso, incluyendo las formidables defensas orbitales, que aparecían en la pantalla convertidos en restos retorcidos, junto a las centenares de naves del jem’hadar y los breen. La superficie mostraba daños catastróficos debido a la lluvia de meteoritos que había caído sobre ella.
– Solo hay ruinas allí donde antes había ciudades – informó uno de los oficiales. Damar y Garak se miraron horrorizados.
– Muéstrame las naves en órbita – ordenó Garak que parecía haber visto pequeños destellos sobre su planeta.
– Detecto combates – prosiguió el oficial mientras ampliaba la visión de aquellas pantallas individuales para mostrar con detalle las naves que estaban en órbita –. Diría que están disparando contra los restos de la flota del Dominion. Aun hay naves del jem’hadar activas, pero muy dañadas.
– Detengan los motores – ordenó Damar antes de que entraran en el sistema. En la pantalla que tenía frente a su ojo podía ver los fogonazos de las explosiones. Eso significaba que el Dominion estaba sido vencido, ¿pero a que precio? ¿Y qué es lo que buscaban aquellos nuevos enemigos tan sanguinarios que eran capaces de destruir un planeta entero para lograr una victoria? ¿Cuántos de los suyos habían muerto aquel día? ¿Sería su sacrificio recompensado alguna vez?
– Estamos detectado una señal procedente de Espacio Profundo Nueve – indicó uno de sus hombres –. Están siendo atacados.
Sector 001
La maniobra para envolver al enemigo parecía haber fracasado. Las naves de los flancos se habían encontrado con una cortina de fuego que había cortado de raíz el ataque. El fuego dirigido desde aquellas grandes naves barría ataque tras otro. Antes de perder demasiadas naves Coburn ordenó que se detuviera y que los flancos regresaran a la formación original para reorganizarse y volver a atacar. Sobre todo cuando la cuña del enemigo había empezado a hacer efecto y empezaba a dividir sus fuerzas.
Pero también había visto una debilidad en sus líneas defensivas y aquel revés inicial podía volverse contra su enemigo. Aunque las más grandes parecían inexpugnables y auténticos fortines erizados en armas las más pequeñas sí eran vulnerables a los phasers de la Flota. Si rompían las líneas más débiles la cuña perdería su apoyo y se desmembraría, dejando a las naves más grandes indefensas al fuego de los torpedos de photones.
El ataque se concentró entonces en las más pequeñas que flanqueaban la cuña y durante un momento la maniobra pareció tener éxito y la línea enemiga empezó a retroceder. Las naves estelares “pesadas” se lanzaron contra la primera de aquellas grandes naves que para evitar el fuego concentrado inició un repliegue para cubrirse.
Parecía que la batalla empezaba a cambiar de rumbo, sobre todo tras la llegada de los refuerzos de la 74ª Ala de Ataque, procedente de Alpha Centauri, que no solo remplazarían las naves dañadas o destruidas, sino que darían un impulso al combate.
Entonces justo detrás del grueso de las naves de la Flota apareció otra formación enemiga salida de la nada. A Coburn se le heló la sangre al verla: estaba formada por una nave que medía 19 kilómetros de largo y se estaba aproximando escoltada por cuatro más pequeñas de mil seiscientos metros. Estaban rodeados.
Espacio Profundo Nueve
Mientras las naves de mayor tamaño se encargaban de aniquilar a la Flota Estelar un grupo de combate se dirigió hacia Espacio Profundo Nueve. Estaba formado por cuatro naves y decenas de lanzaderas armas y cazas.
– Armen torpedos y phasers – ordenó Kira con la mirada clavada en la pantalla. A lo largo de su vida se había enfrentado a numerosos enemigos: cardassianos, klingons, Dominion y a un sin fin de razas cuyo nombre no podía recordar. Pero era la primera vez que tenía que luchar contra una nave de semejante tamaño y aunque confiaba en aquella estación y su dotación, sentía inquietud.
Rápidas y maniobrables las lanzaderas armadas y los cazas se acercaron cubiertos por las salvas de las otras cuatro naves enemigas.
– Concentren el fuego contra las grandes. Que los phasers lo hagan sobre las naves de asalto – ordenó Kira. Los primeros disparos de los torpedos hicieron retrocedes al enemigo al límete de sus armas, mientras los phasers iban acabando sin dificultad con los cazas y los otros vehículos más grandes.
– ¡Los escudos están al sesenta por ciento! – informó otro técnico.
– ¡Apaguen todos los sistemas no vitales de la estación! – ordenó Kira que no podía creer que los escudos se absorbieran tan rápidamente.
– Detecto naves aproximándose… – indicó otro técnico –. Desde Bajor.
– Bien, que se ocupen de esos malditos naves.
Las naves de ataque bajoranas bordearon la estación y pronto empezaron ha hacer mella entre los cazas que se reagruparon alrededor de las naves más grandes. Parecía que la lucha había quedado en tablas.
Kira concentró el fuego bajo las naves mayores cuyo casco de proa estaba formado por dos secciones alargadas iguales, hasta que los se colapsaron sus escudos y estalló envuelto en una bola de fuego.
Pero en ese momento apareció por detrás del enemigo una de las gigantescas naves en forma de triangular dejando que su panza recibiera los impactos de los torpedos, mientras disparaba sobre la estación. Los disparos de esta sobre los escudos hicieron que al final estos se colapsaran, sobrecargando las consolas y haciéndolas estallar.
Escoltadas por los cazas varias lanzaderas largas y rectangulares se aproximaron a la estación, abriendo una serie de portezuelas desde donde empezaron a salir cuarenta soldados equipados con escafandras de asalto Cero-G. Se dirigieron hacia diferentes puntos de la estación y con sopletes de plasma empezaron a abrir agujeros en el casco.
USS Wounded Knee
Una de las consolas estalló por detrás de Hawk Eye que se agachó instintivamente para evitar la honda expansiva. A su lado el primer oficial no lo logró y ahora yacía en el suelo inconsciente.
Hawk Eye miró la pequeña consola que tenía en su sillón, la parrilla de energía de su nave fluctuaba como un barco pequeño en medio de un tifón, los escudos estaban cada vez más débiles y la cohesión estructural empezaba a estar afectaba, mientras que los daños se multiplicaban por toda la nave. Alzó la vista hacia la pantalla principal: la armada estaba siendo aniquilada ante sus propios ojos. Completamente rodeados eran presa fáciles para aquellas grandes naves y sus armas de iones. En ese momento pudo ver como la Destiny, la nave de su viejo compañero de academia el capitán Rayner, se desintegraba bajo el fuego enemigo. Coburn y la Sovereing hacía tiempo que también habían sido destruidos, así como muchas otras naves. La última vez que había visto aquello había sido en la batalla contra el Borg. Ahora tan solo se luchaba para sobrevivir. Y ya era hora de irse de aquella ratonera.
Se apartó el pelo que le caía por encima de los ojos y se arrodilló al lado de su primer oficial. Tras comprobar que ya empezaba a volver en sí, ordenó que se lo llevaran a la enfermería y se dirigió hacia la estación táctica.
– ¡El reactor está a punto de colapsarse! – informó su ingeniero jefe a través del comunicador.
– Necesitamos salir de aquí – le dijo a su oficial táctico.
– Nos han bloqueado todas las direcciones – le replicó el oficial táctico señalando su pantalla donde mostraba la posición de la armada y de sus enemigos –. La Thomas Paine ha intentado flanquear por aquí, pero ha tenido que retroceder muy dañada, pedía ayuda hace un momento para poder evacuar a su tripulación.
– Diríjanse a recoger los supervivientes – ordenó Hawk Eye cuando otra explosión hizo zarandear todo la nave –. ¿En que situación se encuentra esta nave? – le preguntó señalando el punto en que el Thomas Paine había intentado el ataque. Era una de aquellas grandes naves, la cual parecía retroceder.
– Detecto fluctuaciones en su parrilla de energía, tiene los escudos débiles.
– Creo que ha llegado el momento de atacar antes de que llenen el hueco – dijo Hawk Eye –. Abra los canales de la flota.
» Aquí el capitán de la Wounded Knee me dispongo a atacar un punto de la formación enemiga para abrir una brecha y poder escapar. Prepárense y síganme.
» Evacuen a toda la tripulación de la sección de ingeniería y la parte inferior del plato, carguen los torpedos de photones y desvíen toda la potencia a los escudos.
– Sí señor – replicó su oficial científico.
– Han contestado algunas naves, señor – le informó su oficial táctico.
– Bien, prepárense – dijo Hawk Eye desde su silla. Otra explosión le hizo zarandearse mientras se encaramaban contra aquel monstruo de mil seiscientos metros de largo –. Abran fuego a mi marca.
La Wounded Knee viró y empezó a acelerar seguida por varias naves. La maniobra no pasó desapercibida y desde la nave enemiga empezaron a disparar contra la pequeña formación de ataque alcanzando a la Grissom que se había puesto al lado de Hawk Eye para cubrirle el flanco, pero estaba muy debilitada y los impactos la convirtieron en una bola de fuego. Aun así el ataque no iba a ceder; la superestructura de la nave enemiga se estaba acercándose cada vez más en la pantalla de Wounded Knee mientras Hawk Eye controlaba la distancia en la pequeña consola de su silla.
– ¡Fuego! – ordenó cuando estaba justo encima. Una hondonada de torpedos salió disparada contra la torre de la nave enemiga alcanzándola de lleno. Las dos esferas superiores se convirtieron en dos bolas de fuego y la estructura central también fue alcanzada destruyendo el puente de mando y dejando la nave sin control.
La Wounded Knee saltó por encima de esta, seguida de cuatro naves estelares más, aceleraron y se alejaron de la batalla.
USS Defiant
La batalla estaba perdida. Las fuerzas destinadas a defender DS9 y Bajor estaban siendo aniquiladas: la mayoría de las naves estelares habían sido destruidas o estaban tan dañadas que poco les faltaba. Mientras que Espacio Profundo Nueve había sido atacada y ya se luchaba en su interior.La Defiant recibió un impacto directo que la hizo sacudir violentamente, varias estaciones del puente estallaron incluyendo la de ingeniería, lanzado por el suelo al jefe O’Brien.
– ¡Nos hemos quedado sin escudos! – indicó Worf.
– ¡Maniobras de evasión! – ordenó Sisko –. Señor Nog aléjenos de la batalla.
– ¡Una nave se ha colocado justo detrás de nosotros! – informó este –. ¡No puedo quitármela de encima!
Otra violenta explosión hizo que Sisko saliera despedido de su silla perdiendo el conocimiento. La mesa de situación estalló mientras el humo saturaba el ambiente y se había producido un incendio en el puente.
– ¡Perdemos potencia del reactor, se está colapsando! – continuó Nog desesperado –. ¡Otro disparo y nos destruirán!
– Maniobra de evasión Alfa-Bega – ordenó Worf –. ¡Ahora!.
Nog movió los dedos sobre el tablero del piloto casi instintivamente justo cuando un disparo atravesaba la posición donde la Defiant estaba.
– Active sistema de ocultación – prosiguió Worf.
San Francisco, la Tierra
Los laboratorios estaban en silencio. Los técnicos ya se habían marchado, los ordenadores estaban desconectados, la mayoría los habían dejado inservibles y en el resto simplemente no quedaba ningún tipo de información. Aquel escenario se repetía en todo el Centro de Investigación de Comunicaciones situado en la zona de rascacielos de la ciudad, así como en muchos otros puntos de la Tierra.
No era la primera vez que la Tierra era atacada, pero aquella situación era especial. No se sabía lo que iba a ocurrir después de la batalla. Si fueran los Borg uno contaba con la asimilación de toda la población, pero en aquel momento no se sabía exactamente ni quien estaba atacando. Harkins había visto diversas comunicaciones y las posibilidades iban desde bombardeos orbitales masivos, como en Qo’noS, hasta un desembarco de tropas, como en Tarsas III. Pero por lo menos su familia se encontraba a salvo y él estaba a punto de ser evacuado, tan solo faltaba uno de sus hombres el cual había ido a su casa a recoger una cosa muy importante y serían transportados.
Las puertas se abrieron y apareció el teniente Barclay: en sus brazos llevaba un gato de angora blanco.
– ¡Señor Barclay! ¿Esto era eso tan importante que no podía dejar? – le reprendió Peter Harkins a uno de sus hombres en el proyecto Pathfinder. Pero tenía que reconocer, pese a sus excentricidades, que era un excelente ingeniero, imaginativo y lleno de entusiasmo. Cuando se lo proponía, por lo menos.
– ¡Oh, oh!, lo lamento… – balbuceó este encogiendo los hombros –. Nelix es como, como de mi familia. No podía dejarle. Lo lamento yo…
– Ahora ya está echo – le interrumpió Harkins con un ademán. Miró a su alrededor y se preguntó cuando volvería a estar de vuelta en la Tierra. Resignado presionó su comunicador –. Aquí comandante Harkins, dos para transportar… y un gato. ¡Energía!.
Segundos después el laboratorio se cubrió de una neblina gris hasta que desapareció tras esta. Luego se desvaneció, ya en una sala de transporte de una nave estelar.
– El comandante Harkins informa que todo su personal ya está a bordo, señor – indicó el primer oficial de la Hood.
– Perfecto. ¿Ya han acabado de transportar todo su material? – preguntó DeSoto sin apartar la vista de la pantalla.
– Así es señor, ya lo tenemos todo – replicó este, que se había encargado de distribuir aquella ingente cantidad de material por las bodegas, los hangares y cualquier rincón de la nave capaz de almacenar el equipo. Al que tenía que sumar todo el personal evacuado que no solo correspondía a los miembros de la flota, sino también a sus familias. En aquel momento la Hood estaba literalmente por encima de sus capacidades de evacuación: todas las cabinas estaban ocupadas y muchas de ellas compartidas. Algunos laboratorios se habían convertido en dormitorios colectivos, así como los gimnasios y la mayoría de las áreas de recreo. Doce mil seres y toneladas de material sobrecargaban la veterana nave estelar.
– Envíe un saludo personal a los capitanes de la Gandhi y la Bozeman – ordenó entonces DeSoto, rompiendo por primera vez el silencio de radio con otras naves –. Y que se preparen para seguirnos.
– El capitán Teron-Iyero de la Gandhi y el capitán Bateson de la Bozeman devuelven sus saludos – informó el oficial de comunicaciones.
– Alférez, ponga rumbo 263-761 – le ordenó al timonel.
– Sí señor – replicó este introduciendo las coordenadas en su consola –. Abandonamos la órbita a la Tierra.
En el puente de la Hood se produjo un silencio sepulcral mientras en la pantalla la esfera azulada se apartaba hasta desaparecer, mostrando entonces tan solo el inmenso espacio negro cubierto de estrellas. A partir de aquel momento nadie sabía lo que iba a ocurrir, su futuro era incierto y misterioso.
La Hood se alejó despacio de la órbita terrestre, pero no era la única. Cientos de pequeñas naves abandonaban también la Tierra. La noticia de la pérdida de la batalla se había extendido como la pólvora y ante la inminente invasión emprendían la huida. Detrás de él aquellas naves, pequeños transportes, yates privados, cruceros de recreo cargados de refugiados, así como otras naves de la Flota huían de la incertidumbre que planeaba sobre la Tierra.
Continuará…