“Cuando un nuevo y misterioso enemigo, aparentemente imbatible, empieza a avanzar por esta zona de la galaxia, todos tendrán que unirse para combatirlo"
Gene Rodenberry y George Lucas presentan: Star Trek-Star Wars
Coalición Parte 2
Escrito por LLorenç Carbonell
Nota: Esta maxiserie esta situada tras el capitulo 24 de la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.
En
uno los edificios de la colonia hondeaba un pabellón rojizo con el símbolo de
Bajor: era la sede del Gobierno de Sakaar en el exilio. Estaba formado además
de por el mismo, por varios ministros que estaban prisioneros a bordo del Persilla. En el que también había dos
centenares de miembros de la milicia, con el coronel Lenaris Holem como oficial
de mayor graduación. Tras aliarse al gobierno de
Pero lo primero que debía de hacerse era saber que estaba ocurriendo en Bajor. Por eso había enviado a Holem a su planeta.
– La situación está tranquila, pero tensa. El Imperio ha construido dos instalaciones, una de sus guarniciones a las afueras de la capital y una gran base cerca de la ciudad de Jalanda. Allí han ocupado los antiguos cuarteles de la 8ª Orden Cardassiana, convirtiéndolo en el Cuartel General de la 4ª Flota Imperial. Hay otras bases pero más pequeñas en la ciudad Tamulna y en la península de Tilar. También han ocupado las antiguas dependencias romulanas en la luna de Derna. Un lugar estratégico para controlar la entra y salida de naves de Bajor.
»
Por ahora las fuerzas imperiales solo patrullan las cercanías de sus instalaciones
y no están interfiriendo en la vida de Bajor. Aun así la sensación que se vive
es de inquietud: están esperando que el Imperio haga lo mismo que los
cardassianos de un momento a otro. Se ven muchas pintadas en ciudades pidiendo
que el Imperio se retire del planeta y también han habido manifestaciones
espontáneas. El gobierno de Kai Winn intenta convencer a la población de las
buenas intenciones del Imperio. Ponen como ejemplo la recuperación del Orbe de
– Conozco bien al general Alhana, fue líder de otra célula de la resistencia – dijo Shakaar –. Siempre estuvo muy vinculado a la facción política de Kai Winn. Aun así es un hombre sin tacha, honorable y muy respetado.
– La gente no está disgustada con Alhana. Los oficiales con los que he hablado me han dicho que hace esfuerzos para mantener el orden sin utilizar la violencia. Se ha presentado varias veces allí donde parecía que los disturbios iban a superar las meras manifestaciones. Es la voz de Kai Winn y la gente le escucha. La cuestión será hasta cuándo.
– ¿Y Kay Winn? – preguntó la ministra de ciencias Rozahn.
–
Dicen que se vio obligada a firmar
–
Alhana teme un atentado contra
– La cuestión es saber si por parte del Imperio o de los bajoranos – intervino Kira.
– ¿Pudiste averiguar si ha habido algún movimiento para preparar una resistencia organizada?
– Hablé con Orta – respondió Lenaris refiriéndose a uno de los legendarios líderes de la resistencia –. Dice que hay varios grupos que han desempolvado las antiguas armas, pero que todos te seguirán. Eres el Primer Ministro legítimo, la gente te votó y confían en ti. Me dijo que hablaría con ellos y esperarían tus órdenes. Yo mismo regresé a bordo de una nave de asalto cuya tripulación quería estar a tu lado.
– Ahora quisiera hablar con Kira a solas – indicó Shakaar y el resto de los asistentes salió de la pequeña sala de reuniones.
–
¿Qué quieres? – le preguntó Kira al primer ministro, imaginaba que querría
hablar de temas de
– No te entiendo.
– Hace tiempo que nos conocemos y quería saber si estabas bien. Por Odo.
– Estoy bien – indicó esta levantándose de la silla y dirigiéndose a la ventana, donde el crepúsculo se veía recortado entre los edificios de la colonia –. Sabía que era lo que tenía que hacer. Es un hombre recto, ecuánime y no podía dejar morir a su gente.
– Te amaba.
– Y siempre lo hará – dijo Nerys recordando el momento en que Odo le anunció que debía marcharse.
«He de curar a mi gente» le dijo en una
colina que podía ver desde la ventana. Era un día hermoso poco después del
Festival de
Shakaar la abrazó cuando las lágrimas de Nerys resbalaron por sus mejillas.
– Está nervioso – indicó Ajaan aunque era algo evidente, ya que estaba maniatado, en una nave extraña y rodeado de alienígenas y unos humanos desconocidos –. Aun así mantiene control de sí mismo. Se pregunta qué le vamos a hacer.
– ¿Puedes comunicarte con él? – le preguntó Zahn, recibiendo del iktotchi una mirada cargada de cierto desdén.
– Tengo ciertas capacidades telepáticas – le explicó –. Pero no puedo entablar una comunicación con alguien que no las tenga.
– El Imperio sí que la conoce – pensó Zahn en voz alta –. Desátenle. Y denle algo de comer. Luego enciérralo en una de las cabinas de atrás.
– ¿Qué está pensando? – le preguntó Ajaan saliendo del comedor de gala.
– Volver esta noche. Y raptar alguno de los oficiales imperiales.
– Es peligroso.
– ¿Y qué no lo es? No te preocupes, nadie sabrá que habrá pasado.
– Lo que me preocupa es como salir de esta. Allí arriba hay un crucero Dreadnaught y varios transportes. Eso es lo que me preocupa – le explicó Ajaan y antes de que Zahn pudiera decir nada, prosiguió –. Sí, seguiré observando a nuestro invitado.
Odiaba cuando se adelantaba a lo que iba a decir.
Montados
en sus motos Morett, Falan y él regresaron a las instalaciones de
Lo que a Zahn le sorprendió fue la facilidad con que se habían logrado internar en aquella zona. Habían visto guardias, aunque eran soldados de ejército, no los stormtrooper de elite. Seguramente el grueso de las fuerzas estaba en la ciudad. O bien podían haber relajando así la seguridad tras la conmoción de la muerte de Palpatine.
Bordearon los barracones de droides y se acercaron a uno que estaba iluminada y con una antena de comunicaciones, que debía de ser del ingeniero al mando de las obras.
Junto a la puerta pudo oír un par de voces y al oír el nombre de Cartal en la conversación esgrimió una sonrisa en sus labios. Era el oficial de suministros que se había trasladado desde su puesto en Krios. Aquel era el momento. Colocó su arma en aturdir e indicó a Morett que abriera la puerta para que Falan y él entraran en la barraca y neutralizaran a los dos oficiales imperiales. Contó hasta tres…
La puerta se abrió cuando Morett provocó un cortocircuito en el cierre y el weequay saltó al interior seguido de Zahn. Y los dos disparando contra los desconcertados oficiales. Dos segundos después habían logrado su objetivo. Falan cogió al ingeniero a hombros y se acercó a la puerta, mientras Zahn buscaba entre los objetos personales que había encima de la mesa. Cogió una computadora de bolsillo y numerosas cartas de datos, un proyector holográfico y una pequeña caja metálica con una etiqueta que ponía “Traductor Universal” que se guardó en una bolsa que llevaba. Luego se subió al hombro al oficial de suministros, el cual era muy joven para ser coronel y responsable de un área que comprendía varios sectores.
Dando
un rodeo llegaron hasta los motos deslizadoras. Amordazaron y maniataron a los
dos oficiales, que colocaron sobre la parte trasera de dos de las motos y se alejaron
a la máxima velocidad que les permitía la visibilidad y volar muy pegados al suelo.
No tardaron tanto en llegar a
– Han dado la señal de alarma – indicó Ajaar que les esperaba fuera de la nave –. Por ahora piensan que han sido los civiles, pero pronto empezarán a buscar fuera de la ciudad y desde las naves en órbita. Si nos marchamos ahora aun podré utilizar este planeta como escudo para alejarme sin que nos detecten.
– Pues larguémonos – fue lo único que dijo Zahn mientras subían la pasarela hacia el interior del crucero republicano.
– ¡Asquerosos rebeldes! – ladró el coronel Cartal aun maniatado en la sala de mantenimiento de droides. También habían traído al ingeniero, llamado Glinko.
– Si no me dice lo que quiero saber, le golpearé hasta que pida piedad – le dijo Zahn suavemente. El semblante de Cartal se endureció aun más.
– No les diré nada. Golpéenme, no servirá de… – no pudo acabar la frase que Zahn ya le había dado un puñetazo que hizo caer al suelo al oficial.
– Pónganle de pie – ordenó Zahn –. ¿Cómo se comunican con los indígenas de esta galaxia? ¿Utilizan droides de protocolo?
– ¡Vallase al infierno! – replicó Cartal.
– No hace falta. Ya estamos en él – le contestó justo antes de golpearle de nuevo, haciéndole que se desplomara en el suelo –. Si no habla, la próxima vez lo haré con una descarga de electricidad… – Zahn se detuvo y miró a Glinko –. O se lo haré a usted, mejor. Sí. Creo que me servirá mucho más si le electrocuto un rato.
Glinko tragó saliva, sudaba a chorros, que le caían por la mejilla. Era mucho mayor que el coronel de suministros. Sería el ingeniero quien se doblegaría.
– ¿Qué tal en los testículos? – sugirió poniendo la sonrisa más macabra que pudo. Lo cual no le era complicado, teniendo en cuenta su cicatriz.
– Se llama traductor universal… – dijo en un susurro –. Es un aparato que se pone en la oreja, en muy pequeño. Está en una caja metálica.
Zahn recordó haberla cogido y sin decir nada salió de la sala y se dirigió al comedor de gala, donde Jonua examinaba el botín traído de la antigua base estelar.
–
Esto es increíble – dijo Jonua al ver entrar a Zahn –. En este ordenador están
los datos que buscabas de
Zahn esperó a que Jonua le explicara aquello para abrir la caja metálica. Efectivamente había un aparato de pequeñas dimensiones, no más grande que una uña. Lo miró con atención y luego se lo colocó en la oreja.
– Háblame en iktotchi, sé que Ajaan te está enseñando – le pidió a Jonua.
– ¿Qué quieres que te diga? – le dijo este en iktotchi.
– Cualquier cosa, pero en ese idioma – insistió Zahn.
– Ya lo he hecho. No te hablo en básico – continuó Jonua en iktotchi.
Los
ojos de Zahn se iluminaron y sin decir nada salió del comedor hacia la habitación
donde habían encerrado a aquel oficial de
Inmediatamente empezó a hablar.
–
Soy el teniente Kevin Roston de
Entonces se quitó el traductor universal y se lo pasó a Roston, que lo miró y se lo colocó también en la oreja.
– Mi nombre es Zahn. Lucho contra el Imperio – dijo este y el oficial esbozó una sonrisa.
USS Phoenix
Argen observó el planeta. Era el sexto de una gigante amarilla sin ningún satélite en su órbita. Tenía un clima cálido con los polos helados, cubierto en tres cuartas partes por mares y sobre estos retazos de nubes que cubrían las grandes islas y sus océanos. Era un lugar hermoso, incluso se podría pensar en colonizarlo. Pero en aquel momento no pensaba precisamente en ello, sino en el campo de prisioneros que el Imperio había instalado en él.
– Detecto la base Imperial – informó su oficial científico –. Está situada en una de las islas más grandes. Deben de haber unas quince mil formas de vida en la base. También hay dos naves en órbita.
– En pantalla – ordenó Argen e instantes después aparecieron frente a ellos. Una era una fragata de escolta Nebulo-B, la otra era un transporte –. ¿Tienen los escudos alzados?
– El transporte sí. La fragata no – contestó su oficial con una sonrisa en sus labios –. Detecto fluctuaciones en su parrilla de energía, es posible que tengan una avería.
– Magnífico. Hemos venido a liberar a nuestros compañeros, pero también ha capturar material de nuestro enemigo para estudiarlo – comentó Argen al resto de la tripulación que estaba en el puente –. ¿No les parece buenas esas dos nave?
– Preferiría un destructor – comentó su primer oficial.
–
Pregunte al capitán Satelk si puede ocuparse de los dos invitados inesperados –
indicó Argen, aunque era algo obvio, ya que a bordo de la Júpiter estaba el grupo que se había estado entrenando a bordo de
– Del transporte está despegando una lanzadera – informó entonces el oficial táctico –. Desciende hacia el planeta.
Varias cubiertas más abajo del puente,
el teniente comandante Wenok observaba la base imperial que aparecía en su
pantalla táctica. Estaba enclavada en el interior de un frondoso bosque,
rodeada por una valla con una altura de diez metros y electrificada de alto
voltaje y una pasarela fortificada dotada de torres de vigía cada cien metros.
El interior del recinto a su vez estaba dividido por otra alambrada también
electrificada con numerosas torretas a lo largo de la misma, con sus cañones dirigidos
hacia el interior. En uno de los lados había una gran estructura de un hangar,
junto a varias pistas de aterrizaje, donde se estacionaban cuatro lanzaderas de
varios tipos. A su lado estaba el generador de energía al campo de fuerza y al
resto del complejo. No lejos varios edificios de varias plantas y de
construcción más sólida, parecían ser parte del complejo administrativo, donde
detectaban una estación de comunicaciones y un buen número de sistemas
electrónicos. Al otro lado de la alambrada, apuntadas por las torretas, había
una serie de grandes barracas rectangulares donde se hacinaban los quince mil
prisioneros. Según los patrones genéticos había vulcanos, andorianos, humanos y
así hasta formar una lista interminable, la mayoría razas miembros de
El plan original era transportar un equipo al planeta fuera del escudo de la base y que se infiltraran con equipos de primer contacto que los harían invisibles, introduciéndose en el recinto y destruir los generadores. Para materializarse por grupos y reducir a la guarnición imperial.
Pero la aparición de aquella lanzadera les hacía el trabajo más fácil y rápido. El primer equipo se transportaría en el mismo momento en que los escudos abrieran una brecha para dejar pasar a la lanzadera. Colocarían explosivos de ultritium en el generador y entonces el resto de grupos les seguiría. El segundo grupo encabezado por él mismo, se encargaría de tomar el complejo administrativo, mientras que otro hacía lo propio del hangar y las pistas de aterrizaje. Finalmente el último grupo se haría cargo del recinto de prisioneros: liberándolos y entregándoles armas para unirse al combate.
Todos los pelotones de asalto estaban bien armados, cada hombre llevaba una pistola phaser y se habían distribuido rifles compresores diseñados para combatir al Borg. También tenían desintegradores isomagnéticos y lanzadores de pulsos de tetryon como armas pesadas. Algunos tenían otras no reglamentarias como él mismo, que llevaba un cuchillo ritual Ushaan-Tor que había estado en su familia desde hacía centurias. Que pronto volvería a probar la sangre de los enemigos de Andoria.
– El capitán Satelk responde que es una conclusión lógica y que será un honor. También indica que su grupo de asalto se ocupará de las torres de vigilancia del perímetro.
– Capitán Argen – dijo una voz por el comunicador –. Aquí el comandante Wenok, mi equipo está listo. En cuanto bajen los escudos transportaremos el primer grupo.
– Muy bien, comandante Wenok. En ese momento la Júpiter empezará el asalto a las otras dos naves.
» Capitán Argen a toda la tripulación –
empezó tras presionar su comunicador –. Estamos a punto de iniciar la primera
acción ofensiva de
Le
habían ordenado escoltar una de las naves de transporte hasta aquel remoto
planeta y permanecer en él durante la semana siguiente. Era una misión
rutinaria que el capitán de
Además las Nebulon-B estaban pensadas para luchar contra cazas, aparatos que en aquella galaxia no eran casi utilizados por desgraciadamente. A su comandante le gustaban los duelos da cazas: una de sus maniobras preferidas era atraer a los Ala-X rebeldes con sus TIE hasta el alcance de sus turbolásers para aplastarlos y desparramarlos como mosquitos de los pantanos de Ryloth. Pero tampoco tenía los dos escuadrones de cazas que normalmente llevaba, por lo que poco podía hacer.
Aquellos
eran los pensamientos del capitán de
Al mismo tiempo frente a la fragata y al transporte, aparecían las dos naves estelares, armando sus phaser y torpedos.
Markore VI
La barcaza era un transporte estándar, con un amplio casco cuadrado, muy parecido al cuerpo de un andador AT-AT y con la cabina típica de la clase Lambda o Centinel. La tripulación era en aquel momento de ocho hombres: dos pilotos y seis guardias que custodiaban a los guardias en la gran bodega trasera. Salieron del Anro y descendieron por la atmósfera planetaria siguiendo las coordenadas dadas por la base en el planeta. Aunque era pura formalidad indicaron el código de entrada y se abrió una ventana en el escudo de la base por encima del hangar. La barcaza lo atravesó y se posó suave sobre una de las pistas de aterrizaje, donde había dos Rayos Saltadores y una lanzadera de la clase Lambda. El piloto desconectó los motores, instante en que una gran explosión sacudía la base alzando un hongo de fuego por detrás del hangar.
En ese mismo momento la energía se desvaneció junto a los escudos. Segundos después se desencadenó el caos.
Transportados
por todo el recinto los MACOs de
El grupo procedente de la Júpiter hizo lo propio con los ocupantes de las torres y de las pasarelas. Para utilizar sus propias armas contra cualquier imperial que veían desde sus posiciones elevadas. Uno de sus objetivos fue un andador AT-ST que estaba a patrullando el perímetro, dejando solamente las patas humeantes.
En el complejo administrativo la lucha se realizaba en todas las habitaciones. Armados con pistolas phaser y granadas sónicas, los oficiales de la flota fueron limpiando habitación por habitación, despacho por despacho, en muchos casos luchando cuerpo a cuerpo o cubriéndose de los disparos blaster de los imperiales.
En la zona de los barracones no se tardó en eliminar a los guardias, mientras iban materializándose entre los prisioneros cajas de rifles compresores y pistolas phaser. Nadie necesitó que le avisaran o explicaran nada y rápidamente las armas fueron repartidas entre los cautivos que se unieron a la lucha disparando a sus guardianes.
La explosión del polvorín, situado en uno de los edificios del complejo administrativo, fue como la traca final. Después de aquello la intensidad de los combates disminuyó rápidamente y pronto solo se oyeron disparos aislados y muchos de ellos de júbilo. Porque tras el ataque e inmediatamente después de este otra explosión de alegría estalló entre los internos.
– Aquí comandante Wenok a Phoenix – dijo este saliendo del complejo administrativo, ahora en llamas, con su Ushaan-Tor goteando la sangre. Delante de él podía ver la verja y al otro lado los prisioneros celebrándolo. A su derecha los soldados Imperiales con los brazos en alto se agrupaban bajo la amenazante mirada de sus hombres –. La superficie está segura, ya pueden transportar a los equipos médicos y a los técnicos.
– Buen trabajo. Argen fuera – replicó el
capitán de
Instantes después los equipos médicos se transportaban para atender a los heridos y a los internos, que llenos de felicidad les abrazaban, les daban la mano y les agradecían a todos su liberación. El andoriano sentía aun la adrenalina correr por sus venas, sus antenas aun estaban alerta gracias a su instinto guerrero. Pero estaba satisfecho, a su manera había empezado a vengar la ocupación de su planeta y aquello era tan solo el principio. “Por la dulce victoria” rezaba un viejo dicho andoriano.
– Teniente comandante – le dijo una voz a su derecha, al girarse Wenok se puso firmes e inclinó la cabeza.
– ¡Almirante Ross!
– No me salude. Soy yo quien ha de hacerlo. Le felicito de todo corazón – dijo alargándole la mano. El andoriano se la estrechó y vio como resbalaba una lágrima por la mejilla del oficial superior –. Todos se lo agradecemos.
– Venga por aquí señor – le dijo Wenok respetuoso y ayudó a uno de sus hombres a trasladar al almirante al puesto médico más cercano. Habían encontrado a Ross en una de las celdas de interrogación, donde estaba claro solo viendo sus heridas, que le habían estado torturado brutalmente hasta unos instantes antes –. No se preocupe, todo saldrá bien.
En la explanada que se extendía entre la alambrada que rodeaba de las barracas y el complejo administrativo, un numeroso equipo de médicos ya estaban tratando a los heridos del ataque: los hombres de los equipos de asalto, a los que hasta unos pocos minutos antes habían sido prisioneros y a los heridos imperiales.
Wenok pudo ver al otro lado de la alambrada, ahora en parte derretida, como la alegría desbordaba a sus camaradas liberados. Otra medida que Argen había previsto había sido transportar alimentos y mantas de abrigo. Era una masa ingente que reía, cantaba, lloraba, felices de estar de nuevo libres, tras pasar las pruebas más brutales que podía imaginar.
– ¿Usted es el jefe del equipo? – le preguntó un oficial con una gran quemadura en el lado derecho de su cara.
– Así es – replicó Wenok.
– He de hablar inmediatamente con el capitán de su nave.
Normalmente
A bordo de la Júpiter iban a ir los prisioneros hechos en el planeta. Saltek preparó dos de sus bodegas con camastros y cuando ya estuvieron todos los imperiales a bordo les advirtió que sus oficiales ya había sido separados. Por tanto no tendría ningún motivo lógico para abrir las puertas exteriores de las bodegas si intentaran algo.
Antes de dejar las naves dejaran la órbita la Júpiter viró hacia el planeta y lanzó media docena de torpedos de photones que borraron la base de la faz de la galaxia.
Junto
las dos naves estelares iban
Continuará…