“El espacio, la ultima frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, buscando nuevos mundos, nuevas civilizaciones, para llegar hacía donde ningún hombre ha llegado jamás”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan:

 Star Trek Zero

El Enemigo Definitivo Parte 1

Escrito por Juan Teruel Ramón

Nota del Autor.

Éste relato fue escrito en diversos lugares, todos ellos en Sevilla. Lo comencé en un autobús de la línea 2, pero todo lo demás fue escrito en el Parque de la Torre de los Perdigones, en la Taberna del Dragón Verde, en la C Avicena, y en el Pub irlandés Paddy Flaherty’s, en la Calle Alemanes.

Quiero, por tanto dar las gracias a todas las personas que han estado a mi alrededor durante mis sesiones de escritura en el parque, cuyos nombres ni conozco ni creo que llegue a conocer. También a todo el personal de los bares anteriormente mencionados, a quienes ya tuve la oportunidad en decirles en persona que si ésto fuera una película en lugar de un relato escrito, ellos serían los extras. No aparecen directamente en la historia, pero están ahí.

A todos ellos les ruego me disculpen por no mencionar sus nombres, pero aunque conozco los de la inmensa mayoría, no quiero que mi memoria me juegue una mala pasada y se me pueda escapar alguno de vosotros. Permitidme que os deje en las sombras, que a mi modesto entender es el mejor lugar posible. No os verá nadie, pero yo os doy mi palabra de que sin vuestra presencia y colaboración, no habría sido capaz de escribir esto... Por supuesto, sí que he de dar las gracias al Sr. Arthur Guinness y sus sucesores, sin cuya bebida energética no habría podido plasmar correctamente mis ideas en papel.

También quiero recordar a mis amigos Trekkies, empezando por el CSTSE, y a algunos que no son socios del mismo, como Juan Pe Betanzos, Salomé Tirado, Mercedes de Pando, Paula Sánchez de Pando, Sonia Mañas, Ángela Teruel, Jorge González, Sofía del Mar González Teruel y el resto de mi familia... Todos, sin excepción, me ayudaron y estuvieron a mi lado en los momentos extraordinariamente malos que he tenido que pasar desde que el día 2 de enero de 2.009 me ví abandonado en la calle, donde no llegué a verme obligado a dormir pues mi padre volvió a acogerme después de cuatro años sin hablarnos... Como ya sabéis, yo no tenía voluntad para vivir, de hecho sólo quería morirme, y aunque nunca hubo peligro real de suicidio, sin vosotros nunca jamás hubiera encontrado un motivo para seguir viviendo. Este relato es tan vuestro como mío.

Al resto del Fandom Trekkie Español, con especial mención a. Club Cochrane de Madrid y el Colectivo Get a Life de Barcelona, gracias, y espero que disfrutéis leyendo “El Enemigo Definitivo” tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Por último... O casi: De todos los personajes que aparecen aquí, todos son parte de mí, o más bien son distintos aspectos de mi personalidad, excepto tres casos: James Tiberius Kirk, que he intentado basar en el Capitán de la Serie Clásica, dándole unos cuantos años más de vida y experiencia. El segundo es Rafael Ríos, basado en una persona real que murió en accidente de tráfico a principios de 2.009. Rafael era primo de mi gran amigo Antonio Valentín, y en esta vida he tenido la desgracia de no haber podido llegar a conocerlo. No sé cómo era, pero sí que conozco perfectamente la huella que ha dejado en Antonio. También sé el vacío que ha dejado en su vida y en las de todos que sí que llegaron a conocerlo. Ha dejado mujer e hijo, a pesar de que aún veía lejana la fecha de cumplir la treintena… El destino ha querido que no viva para ver ése día, pero yo quise rendirle un homenaje póstumo en el que sé que no he podido plasmar cómo era él. De todos modos, quiero imaginarlo como ese tripulante del Enterprise siempre dispuesto a echar una mano, jamás ocupado en demasía cuando alguien necesitaba de él. Descansa en paz, Rafael Ríos, algún día, espero, nos conoceremos en otro país lejano que tú ya conoces y al que yo espero poder tardar en seguirte.

La tercera persona es Elisa Mayo, inspirada y que refleja a una gran mujer que conocí en la Taberna del Dragón Verde... Mayo. Ojalá te guste.

Y acabemos ya con un compromiso por mi parte: El de haceros llegar a todos y cada uno de vosotros esta historia para que podáis leerla y decirme después que os parece.

Una vez más, gracias, de corazón.

Sevilla, 3 de abril de 2.009


Capítulo 1: Reflejos.

Jim Kirk miró su reflejo, intentando reconocer algo familiar en aquella imagen invertida de –no había duda de ello- sí mismo.

Invariablemente, todas las mañanas seguía el mismo protocolo: Ducha, afeitado y reconocimiento en el espejo.

-¿Dónde estás, Jim Kirk? –el espejo, por supuesto, no pudo contestar.

Su rostro, en un tiempo anguloso, había sufrido un lento e inexorable proceso de hinchazón, y ahora todo él era una forma redondeada. ¿Cuánto hacía? Sería hace unos quince años, a lo sumo, cuando observó preocupado por primera vez que su mentón prominente comenzaba ser engullido por sus mejillas. Una vez se convenció de que no estaba equivocado, comenzó a ir al gimnasio. A sus ochenta y cinco años, apenas pesaba cinco kilos más que cuando dejó de comandar su querido Enterprise. Sin embargo, ni su rostro volvió a ser el de antes ni sus músculos parecían notar las horas de esfuerzo que les dedicaba. Cuando una década atrás fue a ver a su amigo Bones, el diagnóstico que le dio fue tan breve como demoledor:

-Te has hecho viejo, Jim.

¿Qué frase había usado luego…? “I’ve been wasting time all my life and now time doth waste me” (He pasado toda mi vida gastando el tiempo y ahora es el tiempo quién me desgasta a mí).

Ojalá éste nuevo enemigo no hiciera tan bien su trabajo…

Echaba de menos a Bones. Su fallecimiento años atrás fue un duro golpe. Una mañana, Bones ya no se despertó. Ninguno de los médicos que examinaron su cuerpo pudo dar con la causa. Sólo el bueno de Hikaru expresó con palabras de qué murió en realidad:

-Ya no le quedaba nada por hacer en esta vida.

Irónicamente, menos de un mes después era el propio Sulu el que moría. Vaporizado por rebeldes de alguna facción desconocida mientras intentaba poner paz. No le era desconocido ese trabajo, pero sólo alguien como Sulu podía reconvertirse de timonel a Capitán de nave estelar… Para después jubilarse y reaparecer como embajador y mediador… Y con éxito, además.

Comparado con Sulu, Jim Kirk había sido un simple objeto decorativo desde su jubilación. Por supuesto que había protestado, en realidad había armado un auténtico Pandemonio, pero el mismo Presidente de la Unión Federal de Planetas le había ordenado evitar cualquier tipo de actividad peligrosa.

Todo oficial de la Flota sabía que aún fuera del Servicio Activo, seguía estando obligado a acatar las órdenes que se le dieran… Y no quedaba ni un sólo funcionario de la UFP que no supiera de la gran habilidad del Capitán James Kirk para estirar y doblar las órdenes, sin romperlas, pero adaptándolas a sus propósitos.

-Antes o después, capitán, todos pagamos por nuestros pecados… Bien, ahora le toca a usted.

(Las palabras del Presidente se grabaron a fuego en el cerebro de Jim Kirk).

-Tendrá usted escolta permanente. La UFP no puede arriesgarse a que el único comandante que ha conseguido sobrevivir a la misión inicial de 5 años pueda morir de causas no naturales.


Desde aquel día, más de 10 capitanes de nave estelar habían sobrevivido a su misión inicial. Cada vez que esto ocurría, Jim Kirk elevaba un muy respetuoso y no menos formal comunicado solicitando la anulación de aquella orden.

Invariablemente, a las 72 oras terrestres, el capitán Kirk recibía una contestación extensísima que siempre acababa con las mismas palabras:

“Lamentamos tener que rechazar su solicitud”.

Jim Kirk pasaba el tiempo de conferencia en conferencia, prestando lo único que se le permitía ofrecer: Su experiencia.

Dado que no se le permitía viajar fuera de la Tierra, muchas de tales “conferencias” eran charlas intrascendentes vía subespacial. Pasaba el tiempo y Kirk se daba cuenta de que cada vez más y más de los asistentes dejaban bastante claro que sólo lo consideraban ya un viejo dinosaurio sin conocimiento real de las relaciones galácticas actuales.

-No los culpo en realidad yo mismo pienso eso exactamente de mí.

Su última salida fue a Vulcano, para la boda de Saat, hijo de Spock y Saavik. Recordaba Jim Kirk cómo había susurrado al oído de Spock:

-Por una vez puedo estar presente en un Khunat Kalifi sin tener que luchar a muerte con el novio.

Ni un sólo músculo más allá de los estrictamente necesarios se movió mientas Spock respondía:

-¿Está usted seguro de eso, Capitán?

Habían pasado demasiado tiempo juntos como para que Jim Kirk no supiera que su amigo bromeaba, pero no pudo evitar que todos sus músculos se tensaran y el vello se le erizara mientras la adrenalina comenzaba a fluir por su cuerpo.


-Veo que sigues siendo un hombre de acción, Jim.

Jim Kirk sonrió. Spock permaneció serio y atento a la ceremonia. Ahora que Bones no estaba, éste “vulcaniano de sangre verde” era la persona que mejor le conocía en el Universo.

Cuando por fin Saat tocó el gong hexagonal, James T. Kirk exhaló relajado el aire que retenía en sus pulmones.

Después, llegó el momento de los aparentemente fríos intercambios de parabienes entre los asistentes. Aparentemente sólo, pues su ceremoniosidad sólo era la evolución vulcaniana del cariño expresado en la Tierra. Jim Kirk, a su vez, era el terrícola que mejor comprendía los ritos de Vulcano.

Faltaban los recién casados, por supuesto, que aún antes de que se apagara el eco del gong habían desaparecido en su nuevo hogar. El Pon Farr podía retrasarse, nunca evitarse, y parte del Khunat Kalifi estaba diseñado para que los novios no tuvieran necesidad de agasajar a los invitados… Esa tarea recaía en las familias, mientras que a los novios sólo se les permitía dedicarse a otras actividades infinitamente más placenteras.

Conociendo la proverbial resistencia de los hombres (y mujeres) de Vulcano, Jim Kirk sabía que pasaría casi una semana antes de que Saat y T’Pol volvieran a salir de su casa. Sabía que Saat tenía una cuarta parte de sangre terrícola en sus venas, pero ese otro cuarto de sangre romulana que había heredado de su madre Saavik, debería compensar cualquier posible carencia.

Eso había sido años atrás, pensó Kirk, y de repente tomó una decisión.

-Seguro que lo lamentaré el resto de mi vida –pensaba mientas redactaba una petición más inusual y desde luego mucho menos formal y respetuosa que todas aquellas que había dirigido anteriormente al Presidente de la UFP.

La firmó, por primera vez, con su auténtico rango:

“Contra-Almirante James Tiberius Kirk”.

Pulsó “enviar” y se dispuso a esperar las 72 horas que sin duda tardaría la respuesta, rogando no arrepentirse de lo que acababa de hacer…

Apenas 5 minutos después, se sobresaltó por el aviso sonoro que le informaba de la respuesta. La leyó y la releyó hasta convencerse de que no se equivocaba:

-“El Sr. Presidente le recibirá mañana a las 09:00h. Se le espera correctamente uniformado”.

“En Marcha”, pensó Jim Kirk, y ya no pudo tranquilizarse en todo el día.

Capítulo 2: Futuro.

-El Contra-Almirante James T. Kirk se presenta.

Mientras decía esto, el reloj de pared cambió de las 8:59 a las 9:00h.

-Sea bienvenido, Contra-Almirante… Teniente

-¿Señor?

-Sus servicios de escolta al Contra – Almirante no son requeridos desde este momento.

El Teniente Shears fue incapaz de disimular su absoluta incomprensión ante las palabras del secretario.

-¿Señor? Mis órdenes son las de esperar al Contra-Almirante Kirk hasta que termine su audiencia con el Sr. Presidente.

-Esas órdenes han cambiado, Teniente, tenga.

El Secretario alargó un PADD que el Teniente Shears leyó para después cuadrarse y decir:

-Contra-Almirante Kirk, permítame indicarle que servirle de escolta ha sido un privilegio para mí.

-Gracias, Shears, para mí también ha sido un placer. Quisiera preguntarle por su próximo destino, si no tiene inconveniente…

-No, señor. He sido destinado al mando de la USS Stargazer, con ascenso inmediato al rango de capitán.

-Mi más sincera enhorabuena, Capitán. Ha sido usted un excelente perro de presa para este viejo zorro. Le deseo lo mejor a usted y a su tripulación.


El recién nombrado Capitán Shears se cuadró una vez más, musitó un “gracias, Señor”, y dejó el ante-despacho de forma elegante.

-Contra Almirante Kirk.

-Señor Presidente… Mis excusas, Señor, estaba despidiéndome del teniente… Quiero decir, del Capitán Shears.

-Sus disculpas no son necesarias, Kirk. Pase, por favor.

Como no podía ser de otro modo, el despacho del Presidente de la UFP se encontraba dentro de un híbrido entre Base Estelar y Nave Espacial. De este modo, el Presidente podía desplazarse y orbitar alrededor de cualquiera de los planetas miembros de la UFP. En el Siglo XXIII, la política seguía consistiendo en gran medida en la habilidad para que nadie resultara ofendido sin comprometerse más allá de lo estrictamente necesario.

James Kirk no pudo sino admirar la magnífica vista de la Tierra que se le ofrecía desde el despacho del Presidente. Precisamente por eso le sorprendió el escuchar de los labios del mismo éstas palabras:

-Sé que ya conoce al nuevo Almirante al mando de la Flota Estelar; el Almirante…

-¡Spock!

-Saludos, Contra-Almirante. Es un placer volver a verle.

El Presidente aseguró las puertas y desactivó el inter-comunicador.

-Caballeros, si no estoy muy equivocado, nos encontramos entre amigos, así que les sugiero que dejemos de lado los rangos y demás formalismos militares. Ustedes saben bien que sólo soy un civil con suerte en la política. Llámenme Karg.

-“Karg” –pensó Kirk- Por mucho que no perteneciera a la élite guerrera, tanto a él como a Spock les resultaba extraño llamar por su nombre a un klingon que rozaba los dos metros de altura. Más aun cuando se trataba del Primer Presidente Klingon de la UFP.

-Señor Pres… Karg –se corrigió inmediatamente Kirk- fui yo quien le solicitó ésta audiencia, y debo reconocer mi sorpresa cuando se me concedió con tanta rapidez. Quisiera conocer el motivo.

-Verá, Kirk, el caso es que en los últimos años he recibido de usted no menos de veinte solicitudes de que se le permitiera volver a salir al espacio de algún modo, y siempre me he visto obligado a denegar dichas solicitudes… Hasta hoy.

-¿Y cuál es el motivo de este cambio? No alcanzo a verlo

-Creo que el Señor Spock, aquí presente, puede responder mejor que yo a su pregunta.

-¿Spock?

-Jim, si mal no recuerdo, ésta es la primera vez que firmas una solicitud de cualquier tipo con tu auténtico rango.

-Querrás decir con mi rango “oficial”. Soy y siempre seré capitán; sólo sé mandar una Nave Estelar.

-El Presidente Karg y yo mismo pensamos que eso no es totalmente correcto.

-Así es, Kirk –el Presidente retomó la palabra donde Spock la había dejado- Spock y yo mismo llevamos un tiempo contemplando un posible destino para usted… Un destino que creo que nos satisfará a todos, y para el que está usted sobradamente preparado gracias a todas esas conferencias a las que le hemos hecho acudir.

-Con todo el debido respeto, Señor –Jim Kirk no pudo en esta ocasión evitar el formalismo militar- Los asistentes a dichas conferencias me consideran de modo unánime como un viejo dinosaurio.

-Tienes razón, Jim… Pero lo que no sabes es que esos mismos asistentes han recordado tus palabras una vez  acabadas las conferencias. Algunos de ellos se han enfrentado a situaciones similares y han actuado como tú recomendaste que se hiciera en esos casos. Sabes que los Vulcanos no mentimos, así que te diré que otros no han seguido el curso de acción que les propusiste… Tanto los que siguieron tus consejos como los que no han tenido casi siempre éxito, pero si hay algo que nos ha quedado claro según sus informes es que a todos ellos, sin excepción, tus palabras les abrieron nuevas perspectivas, nuevos caminos de acción que no habrían visto de no haberte escuchado.

-Spock, ¿Es cierto eso que dices?

-Muy cierto, Kirk –Una vez más, el Presidente continuó sin dificultad aparente el discurso de Spock, provocando la inquietud de Jim Kirk, que se tensó al pensar cuánto tiempo llevaba en marcha aquel proyecto del que no sabía nada- Spock lleva años recopilando y analizando sus informes, y su conclusión es la única posible con los datos disponibles.

-Spock… Karg… ¿A dónde quieren llegar?

Un pequeño “bip” indicó que el Presidente había vuelto a activar el inter-comunicador, y un segundo sonido, que había activado su función de grabación.

-Contra-Almirante Kirk, ¿aceptaría usted ser degradado a Comandante para volver a embarcarse en una nave estelar?

James Kirk se cuadró antes de responder con un rotundo “sí, Señor”. Luego, todo se volvió negro y se desplomó sin sentido sobre un sillón que milagrosamente se hallaba a su espalda.

El negro pasó al gris… Luego, sólo una nube rosácea cubría sus ojos. Por fin, James Kirk abrió los ojos. Un rápido vistazo a su alrededor le sirvió para confirmar que seguía en el despacho del Presidente de la UFP, donde sólo se encontraba acompañado por Spock y el propio presidente. Un segundo vistazo al reloj de pared le indicó que su desvanecimiento apenas había durado un minuto.

-¿Estás bien, Jim?

-¡Spock! ¿He oído lo que he creído oír?

-Así es, Jim, lo que has oído es lo correcto. Te queremos a bordo de una nave estelar… Y esta vez no serás tú el capitán.

-Anda, suéltalo. Tengo muy claro que teníais esto más que preparado, así que no me levantaré de este sillón, pero quiero saberlo todo.

-Verá, Kirk –el presidente de nuevo- Spock y yo hemos estado pensando mucho, acerca de antiguos capitanes como usted, con años y años de experiencia al mando de una nave estelar… Y al mismo tiempo, hemos pensado en lo inexpertos que son algunos de nuestros actuales capitanes.

Inmediatamente, Jim Kirk pensó en el Capitán John Harriman, y el desastroso rescate de las naves El-Aurianas.

-Sí, Jim, estás en lo cierto. Aquel día empezó este proyecto. De no haberte tenido a bordo, habríamos perdido a todos los refugiados, por no hablar del Enterprise-B y toda su tripulación. Gracias a tu actuación, pudimos salvar a mucha gente, Jim.

-Pero el Capitán Harriman…

-John Harriman murió hace dos meses, Jim. El Enterprise-B lleva todo este tiempo en reparación en los astilleros de Utopia Planitia, en Marte.

-¿John? ¿Muerto? ¿Cómo?

-Murió salvando su nave, Jim, como tú mismo habrías hecho. Ahora, el Enterprise-B necesita un nuevo capitán…

-No lo discuto, pero creo haber oído que yo no volveré a mandar una nave estelar…

-Y ha oído bien, Kirk. El nuevo capitán será Sulu… Demora Sulu.

-Entonces no comprendo… Demora… La Capitán Sulu está muy bien cualificada para…

-Pero necesita tu experiencia, Jim –Spock le interrumpió- Es por eso por lo que hemos pensado en crear un nuevo puesto dentro del Puente de Mando de cada nave… Un puesto destinado a alguien capaz de ofrecer alternativas al capitán de la nave. Alternativas que dicha persona jamás encontraría por sí misma.

Leonard Nimoy as Mr. Spock

-Para eso está el Primer Oficial, para ofrecer alternativas…


-Así es, Kirk, pero no podemos evitar que en la inmensa mayoría de los casos, el Primer Oficial suela tener aún menos experiencia en su puesto que el propio capitán… Seré franco con usted, Comandante –El Presidente utilizó por primera vez su nuevo rango, lo que hizo que James Kirk considerara como oficial el resto de la conversación- Usted ya no es el único capitán que ha sobrevivido a su misión inicial de cinco años, como bien sabe. Pretendemos que usted sea el primero de esos capitanes fuera del servicio activo que sigan embarcados en una nave estelar y que nos sirva usted para evaluar si nuestra idea es factible, y sobre todo, útil… ¿Qué me dice, Comandante Kirk?

-¿Pretenden que sea una especie de Consejero sin auténtica capacidad de mando?

-Así es, Comandante.

Cuente conmigo, Señor Presidente… Señor Almirante…

Continuará…