“El espacio, la ultima frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, buscando nuevos mundos, nuevas civilizaciones, para llegar hacía donde ningún hombre ha llegado jamás”
Gene Rodenberry y Action Tales presentan:
Star Trek Zero
La Última Misión Parte 3
Escrito por Juan Teruel Ramón
Nota: Esta historia esta situada poco después de la aparente muerte de James T. Kirk al principio de la película Star Trek Generations.
Y se encuentra fuera de la continuidad “oficial” del universo Trek AT
Capítulo 6
Nunca te perderé, nunca.
Nada más llegar a la altura de la Cinta, Spock dio la orden de lanzar la sonda, justo a su centro. Con rapidez la vieron perderse en el mar de colores eléctricos que la formaban, y esperaron en tensión los escasos segundos que tardaron en llegarles los primeros datos. En cuanto lo hicieron, Spock abandonó el sillón de mando y se reunió con McCoy en el puesto de Oficial Científico.
- Parece que la distorsión temporal de la cinta no afecta a los objetos inanimados. La sonda transmite con normalidad -McCoy se daba prisa en recopilar todos los datos posibles mientras la sonda luchaba para no ser aplastada antes de tiempo-, sin embargo no detecta ningún signo de vida en toda la extensión de la Cinta.
- Eso no es concluyente Doctor. Jim puede encontrarse en cualquier punto del espacio.... O del tiempo.
- ¡Fíjese, Spock! Según estas lecturas, la fuente de energía de la Cinta no es de origen eléctrico.
- Fascinante, y sin embargo su aspecto externo parece indicar lo contrario.
- Mire, más datos.
La sonda estaba empezando a trazar un perfil estructural de la Cinta. Apenas llevaba una cuarta parte cuando fue aplastada por la presión y ya no recibieron más datos.
- ¡Maldición! ¡Ahora que casi lo teníamos!
- Si Doctor, ha sido verdaderamente inoportuno.... Uhura, transmita los datos a la Flota.
- Transmitiendo, señor Spock.
- ¿Alguna teoría acerca del origen de la Cinta? -preguntó McCoy.
- Tal vez, pero para comprobarlo necesitaría saber cuál es su camino. ¿Me permite, Doctor?
- Con mucho gusto.
Spock se sentó y comenzó a programar. De cuando en cuando se detenía a pensar y momentos después continuaba tecleando a gran velocidad y sin que sus gestos denotaran la más mínima prisa.
- Justo lo que sospechaba -dijo por fin- El origen de la Cinta está en nuestro propio sistema solar.
- ¿¡Qué es lo que está diciendo!?
- Creo que me ha oído Doctor: El origen de la Cinta...
- Pues claro que le he oído, pero no me lo puedo creer. ¿Qué es lo que ha podido originar algo así sin que nos hayamos dado cuenta?
- Me temo que fuimos nosotros, Doctor.
Todos los demás habían abandonado sus quehaceres y ahora miraban a Spock con los ojos casi fuera de sus órbitas. Él continuo con su explicación, ajeno a la atención que había levantado.
- Seguro que recuerda cuando fuimos a buscar las ballenas grises al pasado.
- Perfectamente.
- Bien, pues para regresar tuvimos que recristalizar el Dilitio con isótopos radiactivos. Al parecer, el procedimiento que utilizamos para neutralizar su toxicidad tuvo un efecto con el que no contaba.
- ¿Con el que no contaba...? ¿Usted? Es increíble, Spock.
- Todos somos humanos, Doctor.
- Corríjame si me equivoco. ¿Un viaje en el tiempo que realizamos hace casi diez años ha dado como resultado esa cosa que tenemos ahí delante?
- Así es.
- Fascinante.
- Bien, ya sabemos el origen -intervino Uhura- ¿Hay algo más que debamos saber?- Varias cosas más. La primera es que una vez se entra en el Nexus, jamás se sale completamente.
- Me parece que eso no lo entiendo -dijo Sulu- ¿Vamos a intentar algo que es imposible?
- No exactamente. Se puede salir del Nexus, pero al parecer siempre queda atrapado dentro una especie de reflejo de la persona. No es ningún problema, pero esa imagen permite que la persona no muera nunca. Incluso cuando su existencia física termina, siempre se puede volver al Nexus y recuperarla, pues dentro del mismo el tiempo es una dimensión tan accesible como las otras tres. Una vez dentro seremos capaces de escoger cualquier momento temporal, y cuando muramos, siempre podrá venir alguien a sacarnos y darnos una nueva oportunidad... Les agradecería, por tanto, que esto último lo mantuvieran en secreto, no tengo interés en conseguir la inmortalidad. "La Inmortalidad sólo tiene un problema: es mortalmente aburrida".
- ¿Tennyson? -preguntó McCoy.
- James T. Kirk -respondió Spock.
- Señor Scott, es el momento de preparar el deflector principal.
- Voy ahora mismo, Capitán.
- Mensaje urgente de la Flota Estelar: Nos ordenan que no abandonemos la nave para entrar en el Nexus.
- Contaba con ello. Uhura, dígales que acabamos de ser atrapados por la Cinta de Energía y que no podemos cumplir sus órdenes. Señor Sulu, métanos dentro.
- Vaya, vaya, Spock, veo que se está convirtiendo en todo un profesional de la.... exageración.
- Entrando en el Kampo gravitazional de la Zinta, Kapitán Spock -Chekov hizo que Spock no contestara.
- Ya está hecho. Los escudos aguantarán unos cinco minutos, no más, pero tendremos que bajarlos para transportarnos y eso nos deja con menos de diez segundos para completar el transporte.
- Gracias señor Scott. Vaya a Transportación y espere mis órdenes. Doctor, Uhura, Chekov, acompáñenlo. Señor Sulu, colóquenos de tal forma que la trayectoria de la Cinta no nos empuje fuera.
Los demás salieron del puente con rapidez.
- Los escudos están al ochenta por ciento, ¿Estamos listos, Señor Sulu?
- Cuando usted quiera, señor Spock.
- Pase el control de escudos a la consola de transportación -pulsó el botón del intecomunicador y dijo:- Señor Scott, allá vamos, esté preparado.
- Recibido señor Spock.
- Vamos a Transportación, señor Sulu. Un amigo nos está esperando.
- Si señor Spock.
Ambos salieron a paso ligero del Puente y en un instante se encontraban al lado de los demás, preparados para transportarse.
- Ya he programado la consola -dijo Scotty- un minuto para el transporte.
- Gracias señor Scott. Recuerden que debemos intentar recordar nuestra situación y buscar al Almirante. Puede estar en cualquier punto del espacio o del tiempo, así que tal vez algunos de nosotros no lo encontremos. Que quien lo haga busque a los demás antes de salir... ¿Alguna pregunta?
- ¿Qué haremos para "buscar"? -preguntó Uhura.
- Buena pregunta -contestó Spock, y ya no dijo nada más.
La voz sintética del ordenador desgranaba la cuenta atrás:
- Diez segundos para el transporte.... Cinco.... Cuatro.... ¡Escudos bajados!.... Dos.... Uno.... ¡Transporte!.
Segundos después, la nave se inundó de ruidos metálicos y de explosiones. Cuando la mezcla de materia y antimateria llegó a su punto crítico, el Enterprise se dobló sobre sí
mismo y desapareció convertido en una masa informe de color rojo fuego. Su tripulación estaba ahora pérdida en medio de una distorsión gravitacional desconocida, con la única esperanza de que los cálculos de Spock fueran acertados y con el firme propósito de no dejarse engatusar por ninguna de las maravillas que el Nexus les mostrara.
Capítulo 7
En busca de Jim.
Spock se despertó con el inconfundible vaivén del océano. Miró a su alrededor y sólo vio un pequeño camarote. En seguida pensó: "Una goleta inglesa, Siglo XVI aproximadamente". Después se levantó. Tanteó un momento y por fin encontró lo que buscaba: Su traje de primer oficial de la Flota de Su Majestad, perfectamente planchado y colocado en una percha, preparado para su despertar. Sin tiempo para pensar se lo puso y salió a cubierta. El sol brillaba alto, reflejándose en los torsos desnudos de los marinos. Contempló el barco, el océano, las velas hinchadas por el viento.... Hasta que una voz familiar lo sacó de su letargo.
- Bienvenido al Enterprise, señor Spock.
Venía del castillo de popa.
- ¡Almirante Kirk!
- ¡Ojala! -le respondió la misma voz- pero a menos que tenga usted noticias más recientes soy el Capitán Kirk, de la Armada de Su Majestad. ¿Por qué no sube aquí y charlamos más cómodamente?
Spock obedeció
- Discúlpeme, me siento algo confuso.
- Lo comprendo, lleva durmiendo muchas horas, hace casi dos días que le recogimos de aquel bote.
- ¿El bote?
- Sí, aquel en el que usted se encontraba. Al parecer su barco naufragó y es usted el único superviviente. Como ya le he dicho, soy el Capitán James T. Kirk y se encuentra usted en mi barco: El Enterprise... Ahora respóndame usted: ¿Por qué me ha llamado "Almirante"?
Spock no tuvo mucho tiempo para pensar, así que contestó lo primero que se le pasó por la cabeza:- He sido encargado por la Flota para comunicarle su ascenso al grado de Almirante. Me temo que la certificación de su nombramiento está ahora fuera de mi alcance, pero si quisiera volver a la base seguro que todo podrá ser arreglado.
- ¿A la base? Ni hablar. Ya es la segunda vez que me ascienden, y creo que la primera ya les dejé bien claro que por nada en el mundo dejaría el mando de mi barco. Lamento que haya estado usted a punto de perder la vida por hacerme llegar un mensaje tan inútil.
- Debo rogarle que reconsidere su respuesta, Almirante.
- ¡No lo haré! Éste es mi barco y esta mi tripulación, y no los abandonaré a no ser que muera.
En cubierta se empezaba a escuchar un murmullo creciente, y había más cabezas mirando hacia arriba a cada nueva palabra que Spock pronunciara.
- ¡Señor Scott! ¡Me parece que sus hombres necesitan algo de disciplina!
Spock miró al destinatario de estas palabras, y no se sorprendió al encontrar a Scotty abajo en cubierta, supervisándolo todo y ahora contestando al capitán.
- ¡Si señor! ¡Vosotros, esta es una conversación entre caballeros! ¡Seguid con vuestro trabajo si aún queréis comer!
- Fascinante
- ¿Decía algo, señor Spock?
- Nada capitán.
-Bien. Por cierto, mi primer oficial se encuentra enfermo, y me estaba preguntando si le importaría ocupar su puesto... provisionalmente.
- Será un placer, capitán.
- Entonces venga conmigo. Ya conoce al señor Scott, así que ahora le presentaré al resto de los oficiales... ¡Timonel!
- ¿Señor?
- Mantenga el rumbo.
- A la orden.
- Este es Sulu, nuestro timonel... Ahora, si quiere seguirme...
- Usted primero, capitán.
Se dirigieron a la puerta por la que momentos antes el propio Spock había salido, aunque esta vez pasaron el primer camarote y siguieron unos pasos más allá, hasta una puerta que Spock supuso sería la sala de mapas. Una vez allí, el capitán habló de nuevo:-Señores, les presento al señor Spock, teniente de la Flota, que sufrió el naufragio de su barco cuando se disponía a cumplir una misión inútil.
- Sea bienvenido al Enterprise, teniente.
- Éste es nuestro doctor de a bordo: el señor Leonard McCoy. A su izquierda tiene usted a nuestra cartógrafo, la señorita Uhura. Falta el señor Chekov, nuestro piloto de reserva, que en estos momentos se encuentra descansando, pues tiene el turno de noche.
- Es un placer conocerlos a todos -aparentemente, ninguno de ellos había superado la entrada en el Nexus- Estaba seguro de que una nave con la reputación de la suya contaría con una tripulación tan excepcional como la que aquí veo.
- El señor Spock -continuó el Capitán- ocupará el puesto de primero de a bordo en tanto nuestro querido camarada el teniente Marcus no se haya recuperado. Estoy seguro de que servirá bien y de que el trabajo le hará olvidar la dura pérdida de su barco.
- Muchas gracias capitán, aunque debo reconocer que el concepto que tienen de mi en la Flota no incluye la característica "emocional".
- Bien, entonces podré contar con usted al máximo de sus posibilidades, y Dios sabe que las necesitaremos. Ahora debo regresar a cubierta. Si me disculpan...
Salió resueltamente y dejó a Spock para que intimara a sus anchas con los demás. Fue McCoy quien rompió el hielo:
- Como seguro que ya habrá notado, no contamos con toda la dotación reglamentaria de una nave de estas características. Supongo que eso le intriga un poco, ¿Cierto?
- A decir verdad Doctor, yo...
- Lo suponía. Esta extraña situación se debe a un brote de fiebre amarilla que penetró en el Enterprise durante nuestra última escala en Tonga. Acabó con la mayor parte de nuestros oficiales, pero los marineros tuvieron mejor suerte. Incluso el señor Marcus, nuestro primero, se encuentra ahora muy grave y tiene escasas posibilidades de sobrevivir. Es por esto por lo que el capitán le ha pedido que ocupe el puesto. Normalmente suele ser algo desconfiado con las personas a las que no conoce.
- Doctor, le aseguro que es un placer y un honor el servir en este barco, las circunstancias que me hayan traído hasta donde me encuentro ahora no son de importancia... Ahora si me disculpan me reuniré con el capitán en cubierta, aún tengo que cumplir mi misión aquí.
- Si no es mucha indiscrección -respondió Uhura- ¿podría decirnos de que se trata?
- Es muy simple, al capitán Kirk se le ha concedido el grado de Almirante, y debo convencerle para que lo acepte y regrese a casa. Es mi deber como oficial de la Flota.
- En ese caso, creo que no va usted a ser capaz de cumplir su deber -replicó McCoy- jamás he visto a nadie tan testarudo como Jim en toda mi vida.... Exceptuándome a mí mismo, por supuesto.
- ¿Jim?
- Si señor Spock, cuando no estamos de servicio él prefiere ser conocido por ese nombre.
- Fascinante.
Y dicho esto salió a reunirse con su amigo. Jim miraba al horizonte con la vista perdida, parecía estar buscando algo. En ese momento Spock subió al castillo de popa.
- Señor Spock, pensé que le gustaría descansar un poco antes de incorporarse al servicio.
- Gracias capitán, pero me encuentro perfectamente. Quisiera familiarizarme con la nave, si no le importa.
- Por supuesto que no. El Enterprise es el orgullo de toda la Flota Estelar... Quiero decir, de la Flota del Imperio. Supongo que usted ya me entiende.
- Si capitán, entiendo perfectamente.... ¿Me permite una pregunta personal?
- Adelante, señor Spock.
- ¿Qué estaba buscando en el horizonte?
- ¡Así que se ha dado cuenta! pensé que no se me notaba tanto.... En fin, el caso es que desde hace un par de días tengo una extraña sensación. Creo que algo se va a presentar delante mía, y no consigo saber qué es... Cuando vi los restos del naufragio de su barco supuse que era eso, pero esa extraña sensación sigue ahí.
- ¿Qué es lo que vio?
- ¿Perdón?
- Los restos del naufragio, ¿recuerda lo que había junto a mí cuando me encontraron?
- Por supuesto, había.... ¿qué era?....
- ¿Una tabla?
- ¡Sí!.... es decir, no.... Bueno, no lo recuerdo, eso fue hace mucho tiempo...
Algo había encajado en un remoto lugar del cerebro de James T. Kirk.
- "Que es mi barco mi tesoro" -recitó Spock de repente.
- "que es mi dios la libertad" -continuó Jim inconscientemente.
- "Mi ley, la fuerza del viento"
- "Mi única patria: La Mar".
- ¡Jim!
- ¡Spock!... ¿Qué hace usted aquí?.... Pensé que.... ¡pensé que había muerto!
- No fue el único, Jim.
- ¿y lo estoy...? Quiero decir, ¿estamos...?
- No, Almirante. Seguimos vivos.
- Esto no es el Enterprise, ¿dónde estamos?
- Podríamos decir que estamos en una representación idealizada de nuestra nave. ¿Recuerda cómo llegó hasta aquí?
- ¡Sí!, estaba intentando salvar el Enterprise cuando aquella pared.... Y luego nada... hasta ahora.
- Cuando aquella pared estalló, fue transportado a una distorsión espacio-temporal. Dentro de ella el tiempo no es una barrera mayor que los pocos centímetros que nos separan ahora.
- ¿Pero cómo ha llegado usted hasta aquí? ¡Usted no estaba en el Enterprise!
- No en el mismo que usted, pero he venido. Y también Uhura, y el señor Scott... Incluso el Doctor McCoy.
- Spock -Jim había empezado a recuperar la compostura- Debo hacerle una pregunta difícil, pero cuento con su intelecto vulcaniano para que la conteste..... ¿Cómo demonios vamos a regresar?
- Bien, el Enterprise-A fue destruido poco después de que nos transportáramos...
- Maravilloso.
- ... Pero cómo el Doctor diría: "Ahora podemos pasar por encima del tiempo cómo si fuera una simple alfombra".
- ¿Y a qué esperamos para hacerlo?
- Antes tenemos que "despertar" a los otros. Si me acompaña, será sólo un momento, Almirante.
- Lo haré... con una condición... No me llame "Almirante", por favor.
- Perdone, Almirante.
- Sabía que diría eso -masculló Jim.
Capítulo 8
El Viaje a Casa.
La imagen era ciertamente inusual. Todos vestían sus impecables uniformes de la Flota Estelar mientras discutían acerca del mejor momento de regresar al Enterprise. Sin embargo, la conversación tenía lugar en la sala de oficiales de una goleta inglesa, en el Año de Nuestro Señor de 1.579.- Según el Señor Spock, la nave tardó unos tres segundos en colapsarse.
- Tres segundos coma seis, exactamente.
- Gracias, señor Spock... Como ya he dicho, la nave tardó aproximadamente tres segundos en colapsarse, por lo cual es vital una coordinación perfecta. Si fallamos en algo, la nave y nosotros mismos desapareceremos en el Espacio. Ahora, Scotty, dígame en qué condiciones se encuentra el Enterprise.
- Bien, la sala de transportación tiene los sensores fijos en nuestra posición actual.
- ¿Es posible calcular eso?
- No, pero cómo podemos escoger en qué lugar aparecer, mejor será que acertemos.
- Bien, Scotty. ¿Y para escapar de la Cinta?
- Antes que nada tendremos que activar los escudos. Después podremos salir.
- Pero...
- Pero como el deflector frontal está ajustado para el escape, no tendremos escudo en esa parte de la nave.
- De acuerdo. Nada más llegar, Spock, Sulu y yo nos dirigiremos hacia el puente y esperaremos su señal para escapar enseguida. Usted, Uhura y Chekov ocúpense de conectar los escudos desde transportación.
- Jim -dijo McCoy- no podrás llegar al puente en...
- Exactamente en tres coma seis segundos -intervino Spock.
- ...En poco más de tres segundos.
- Ahí entras tú, Bones. Debes transportarnos enseguida al puente, si no acabaremos más aplanados que el pelo de Spock.
- ¿Cuánto cree que durará toda la operación, Spock?
- Contando con que el doctor es un simple humano, creo que tardaremos... un par de segundos.
Las carcajadas volvieron a la tripulación. Spock había dejado de bromear desde que llegaron a la Cinta, pero ahora volvía a hacerlo.
- Entonces todo está claro. Con un poco de suerte, dentro de poco estaremos de vuelta.
- Jim, ahora que estamos juntos de nuevo hay algo que te quiero preguntar
- ¿Qué es, Bones?
- ¿Qué se siente al estar muerto? Este maldito vulcano nunca ha querido decírmelo.
- Ha sido terrible. He pasado todo este tiempo en mi nave, con mi tripulación y haciendo lo que yo he querido.
- Vamos Almirante -dijo Uhura- no pretenderá que nos creamos que se lo ha pasado bien.
- Lo más probable es que ni siquiera se diera cuenta de nada.
- Tiene razón en parte, señor Sulu, pero no todo ha sido así... La verdad es que en un primer momento tuve mucho miedo. Cuando vi cómo aquella pared, lo único que me mantenía a salvo, desaparecía, pensé: "Hasta aquí has llegado, Jim. Mañana sólo serás una placa en algún salón de la Flota". Después vino lo peor.
- La sensación de haber muerto.
- No Scotty... La de estar solo.
El silencio fue completo tras estas palabras. Sin decir nada, Jim se levantó de la mesa y se dirigió a cubierta. No había ya nadie allí. Cuando Spock le explicó que todo era producto de su mente decidió prescindir de los miembros no reales de la tripulación, pero el resto de la escena seguía allí. Llegó hasta la proa del barco y se puso a contemplar las estrellas, que brillaban en un cielo totalmente despejado.
- Si soy capaz de soñar todo esto, entonces también podré devolverlos al Enterprise.
- Ya tienes tu barco, Jim, ¿estás buscando ahora la estrella?
- ¡Bones! ¡Ojalá fueran de verdad! Las echo de menos, siempre pensé que sería feliz como capitán de barco, pero ahora me doy cuenta de que no necesito olas, sino estrellas. Mi mar no es éste, sino el Espacio.
- Creo que eso podemos arreglarlo
Bones sonrió, y al momento se encontraron de vuelta en el Enterprise, mirando por el ventanal del observatorio hacia las estrellas. Apenas habían pasado unas pocas semanas desde que la última vez que Jim había estado allí con Spock, y aunque ahora sabía que sólo era una ilusión parecía demasiado real para ser ignorada.
- Es fantástico este Nexus. Creo que voy a desear tener de nuevo veinte años para poder vivir una vez más.
- La única pega de la Inmortalidad...
- ...Es que es mortalmente aburrida... Lo sé. Sólo bromeaba. He tenido una vida que cualquiera podría envidiar.... Bueno, salvo tal vez ese monstruo inhumano que me ha metido en este lío.
- ¿Sabes Bones?, jamás pensé que Spock fuera capaz de hacer algo así. Podría haberlo esperado de cualquier otro, pero no de él... Supongo que no lo conozco lo suficiente.
- No creo que haya nadie que lo conozca lo suficiente.
- Sí, creo que tienes razón...
- ¿Jim?
- ¿Sí Bones?
- ¿Crees que lo lograremos?
- Escapamos de una cárcel Klingon, ¿verdad?
- Eso no contesta a mi pregunta, y tú lo sabes.
- Eso es cierto, no la contesta.
- ¿Y bien?
- Vamos con los demás, hay mucho por hacer todavía.
- ¿Que no conoce lo suficiente a Spock? pues ya actúa como él -masculló McCoy.
Dentro, todos los esperaban con impaciencia. Ahora volvían a estar de nuevo en la vieja goleta.
- Almirante -dijo Spock nada más entraron- he estado hablando con el señor Scott y ambos pensamos que la maniobra de transportarnos hasta el puente desde dentro de la nave es muy arriesgada.
- Ya lo hemos hecho antes, Spock.
- Sí Almirante, pero ni siquiera sabemos si los transportadores funcionarán cuando volvamos.
- ¿qué suguiere Zspock?
- Algo muy simple, señor Chekov, que volvamos a la nave en lugares diferentes. El Almirante, Sulu y yo mismo nos transportaremos al puente, mientras que Scotty aparecerá en la sala de máquinas para poner en marcha el motor desde allí. Uhura y Chekov irán con él por si acaso necesitara ayuda. Así evitaremos el peligro de que haya alguna conexión suelta.
- ¿Podemos hacerlo?
- Sí, señor Sulu. Lo único imposible sería volver al Nexus. Sólo tenemos una oportunidad.
- Bien, ¿y a qué esperan? Colóquense en posición, vamos a volver... Spock, una última pregunta: ¿Por qué Espronceda?
- Tenía que escoger a alguien no demasiado conocido y que además hubiera vivido después del siglo XVI, y tras esa época hay muy pocos poetas que hayan cantado a la vida en el mar... Entre todos ellos, José de Espronceda era el más adecuado.
- Fue una buena decisión, Spock.
- Gracias, Almirante.
Todos se agruparon en el centro de la sala, esperando la señal.
- Volvamos a casa -dijo Kirk, y todos desaparecieron.
Instantes después, las sirenas y las luces aturdieron a Jim. La cuenta atrás acababa de extinguirse.
- ¡Spock!, ¡Sulu! ¡A sus puestos!
- Listos para salir, Almirante.
- Vamos Scotty, dame esa potencia.
El intercomunicador habló de pronto.
- ¡Espero que estén ahí! ¡El casco no aguantará mucho, vámonos!
- Potencia máxima, señor Sulu
Las manos de Sulu volaban de un control a otro.
- Spock, ¿cómo está la nave?
- Colapso estructural en dos segundos.
- ¡Agárrense!
Sulu pulsó el último botón, y con el ruido de fondo de los motores llegando y pasando sus límites, el Enterprise se liberó de la Cinta. Durante unos interminables segundos, en toda la nave lo único que se oyó fue la sirena de la alerta roja.
- Cancelen la alerta -ordenó Jim. La sirena calló por fin- Sulu, Spock... ¿Cómo se encuentran?
- Yo estoy bien, Almirante.
- ¿Spock?
- Aquí estoy Almirante. Me encuentro..... Bien.
- vamos a ver a los otros.
Eso no hizo falta, pues en aquel mismo momento entraron Scotty, Uhura y Chekov en el puente.
- ¿Están todos bien?
- ¡Lo estamos, señor Scott!... Ahora dígame una cosa... ¿Por qué tardamos tanto en salir?
- Almirante, es cosa difícil poner en marcha dos motores a la vez.
- ¿Dos.... motores?
- Si señor, durante su ausencia nos tomamos la libertad de hacer unas reformas en el Enterprise.
- ¿Reformas?
- Señor, pretendían convertirlo en un museo, así que la hemos convertido en la nave más veloz y potente de la Galaxia.
- ... Ya me explicarán eso luego. Ahora díganme. ¿Dónde está el Doctor?
- No estaba en transportación, Almirante. Pensamos que estaría con usted.
- Pues no, ¿Lo ha visto usted, Sulu?
- No, Almirante
- Almirante -intervino Spock- Es posible que yo sepa donde se encuentra.
- Lléveme hasta él, rápido.
Spock se dio la vuelta y salió del puente, Jim lo siguió. Juntos bajaron hasta las bodegas y al abrir una puerta se encontraron allí a McCoy, con un buen vaso de cerveza Rómula en la mano.
- ¡Jim! ¡Spock!, parece que lo conseguimos después de todo, ¿Eh?
- ¿Qué estás haciendo aquí, Bones?
- Bueno, después del cambio de planes me quedé sin misión alguna, así que me dije: "Bones, puede que mueras hoy, así que por lo menos asegúrate de hacerlo a lo grande"... ¿Qué?... ¿Les apetece un trago?
Spock miró a Jim, Jim miró a Spock, y ambos se unieron a Bones... no sin antes llamar a los demás.... ¡Qué diablos!, ¡Estaban vivos!
EPÍLOGO:
LA ÚLTIMA MISIÓN
- Cuaderno de Bitácora de la Nave Estelar Enterprise, Nueva Fecha Estelar 0017.0: Hace escasos minutos mi tripulación ha culminado con éxito una de tantas misiones imposibles. Ésta vez mi agradecimiento es mucho mayor que normalmente. Cuando todos pensaron que había muerto, ellos siguieron la pista de una vaga esperanza. Cuando me vi perdido para siempre, mis amigos vinieron a rescatarme. He aprendido muchas cosas en éste poco tiempo, pero la más importante de ellas es que, mientras los tenga a ellos, nunca estaré solo.
Ahora nos dirigimos de vuelta hacia la Tierra, para intentar convencer al Alto Mando de que, aunque nuestros rostros lleven las marcas de muchos años, nuestra ilusión y coraje siguen inalterados. No sé cómo van a reaccionar al vernos, seguro que dicen que a nuestra edad sería más productivo dedicarnos más tiempo a nuestra familia.... Y eso es precisamente lo que vamos a hacer. Eso quiere decir que tendré que renunciar a mi nuevo grado de Almirante. Mi puesto es el de Capitán del Enterprise, y nunca renunciaré a ese privilegio por un puesto en tierra, por muy alto que sea...
Según me han contado, el general Korrd y el resto del Imperio Klingon han sido de gran ayuda en esta misión... En realidad han tenido que convencerme de ello, pero después de ver nuestro nuevo motor he acabado por aceptar lo que me parecía imposible... Spock también me ha dicho que han puesto mi nombre a su nueva nave insignia con motivo de mi muerte, así que seguro que mi reaparición provoca más de una decepción profunda... Tan solo espero que no se desdigan en lo del nombre, siempre es un orgullo que reconozcan tu labor. Nadie en todo el Universo ha destruido tantas de sus naves como yo. Para ser justo debería deshacerme de todo el rencor que siempre les he guardado, pero creo que la edad me está haciendo tan cascarrabias como Bones. Creo que empezaré aconsejando al alto mando que sigamos con el desarrollo del nuevo motor mixto que ahora llevamos, que por fin trabajemos juntos, Klingons y Humanos, como parte de la misma obra maestra que es nuestra galaxia común.
Jim acabó de hablar y revisó frente al espejo hasta el último detalle de su uniforme. Sacudió una manga, estiró su chaqueta y se dirigió hacia el puente. Nadie se cruzó con él, toda la nave estaba vacía, pero siguió andando. Entró en el turboascensor y dijo: "Puente". La puerta se abrió y allí estaban ellos, cada uno en su puesto, como siempre había sido. McCoy, Spock, Uhura..... ¡Y su sillón! Sin decir nada avanzó hasta él y se sentó, mirando fijamente la pantalla principal. Se detuvo un rato a pensar, hasta que se dio cuenta de que todos lo miraban.- ¿Qué rumbo tomamos, Almirante? -Preguntó Sulu.
- ¿Rumbo?.... A casa, señor Sulu, a casa.
- A sus órdenes, Almirante.
- ¡Señor Sulu!
- ¿Almirante?
- No vaya demasiado a prisa.
Estos son los viajes de la Nave Estelar Enterprise. Su misión: Seguir explorando nuevos y extraños mundos. Seguir buscando nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones... Seguir yendo valientemente a dónde nadie ha llegado antes.
FIN
Continuará…