“El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, buscando nuevos mundos, nuevas civilizaciones, para llegar hacía donde ningún hombre ha llegado jamás”
Gene Rodenberry y Action Tales presentan:
Star Trek Zero

El Enemigo Definitivo Parte 2: Enterprise
Escrito por José Teruel Ramón
Cap. 3: Enterprise
De nuevo ante el espejo… De nuevo buscando señales que le recordaran al James Kirk de antaño… Y esta vez encontró una. No el cabello anteriormente castaño y que ahora aparecía plateado y más escaso. No en su vieja barbilla prominente ahora oculta por sus más prominentes aún mejillas… No, el cambio era mucho más sutil. Estaba en sus ojos, o más bien en su brillo. No era tonto: James T. Kirk sabía perfectamente bien que no iba a subir al Enterprise como Capitán, que su rango de Comandante sólo estaba destinado a no herir su ego, pero que cualquier alférez estaba antes que él en la cadena de mando si llegaba el caso de que el capitán decidiera bajar a algún planeta. No, Jim Kirk no se engañaba y sabía perfectamente que sólo podría estar al mando del Enterprise-B si era la única persona viva a bordo. Lo sabía tan bien como que cualquier mando era irreal sin nadie a quien mandar.
Sin embargo, Jim Kirk se puso su nuevo uniforme e insignias con la misma ilusión que hacía más de 60 años, cuando sólo era un prometedor alférez recién salido de la Academia de la Flota Estelar.
Y eso era así porque mientras estuviera en el Puente de una Nave Estelar – Cualquier nave estelar, aunque si se llamaba Enterprise siempre se trataría de la Nave Insignia de la Flota- Mientras consiguiera mantenerse allí, seguiría marcando diferencias… Por lo tanto, no podría morir como lo hizo Bones, morir por no tener nada más que hacer en la vida. ¿Era aquella la forma de derrotar al Enemigo Definitivo? Jim Kirk no sabía la respuesta, pero deseaba con todo su ser que ése fuera el modo… Si tan sólo pudiera, no derrotar al tiempo, algo imposible hasta para él, pero sí retrasar su victoria final… Era esto, sólo esto, lo que hacía feliz a James T. Kirk.
Llegó puntual como siempre al tele-transportador. Nuevos avances, pequeñas y sutiles diferencias en el aspecto, pero siempre igual en lo básico: Una luz sobre la cabeza, otra bajo los pies, y un operador y una habitación que cambiaban de modo casi imperceptible mientras tus moléculas eran transportadas de un lugar a otro a la velocidad de la luz.
Bueno, al menos Jim Kirk ya conocía la sala de transporte del Enterprise-B. Pudo oír claramente el silbato que anunciaba la llegada de un oficial a la nave, y le alegró comprobar que a su “Permiso para subir a bordo” Era el Jefe de Transportadores y no el ordenador de a bordo quien contestaba “concedido”.
James Kirk, como capitán – No, como Almirante- Había conocido aquella ya lejana época en la que se privó al Jefe de Transportadores de la autoridad última para conceder o denegar el permiso para subir a bordo en favor de complicados programas informáticos. Por supuesto, el capitán seguía pudiendo expulsar de su nave a quien quisiera… Faltaría más, pero sólo el Jefe de Transportadores podía negarse a admitir a cualquier recién llegado sin que el Capitán llegar siquiera a verlo o intervenir.
Solícito, un alférez se le acercó y dijo con respeto:
-¿Desea que le acompañe al puente, Comandante Kirk?
-Gracias, alférez, pero he tenido una escolta durante más tiempo del que hubiera deseado y en este caso preferiría ir solo.
No le resultó difícil hallar el camino hasta el turbo-ascensor, dijo “Puente” y esperó…
-Todo va bien –pensó- de momento no me he encontrado con nada inesperado.
Por supuesto, nada más entrar en el puente, se encontró con la primera sorpresa: Allí, sentado en el sillón de mando, esperaba un vulcaniano joven para su especie. Al girarse el sillón, vio que no era otro que Saat, el hijo de Spock.
Sólo sus años de entrenamiento permitieron que James Kirk identificara las insignias y sin sorpresa aparente dijera con voz clara:
-El Comandante Kirk se presenta al servicio según lo ordenado, Teniente.
-Sea bienvenido, Comandante. La Capitán Sulu le espera en su despacho
¿Despacho? La imperceptible vacilación de James Kirk encontró por respuesta un movimiento de ojos de Saat tan leve que sólo el comandante Kirk lo notó. Con pasos decididos, se encaminó a la puerta que aquel movimiento le había indicado.
-Un despacho en pleno puente para el Capitán –pensó Kirk- Extraño, pero en ningún caso una mala idea. Si no me equivoco, ha de ser un medio magnífico para que el capitán dé confianza a sus oficiales de puente, sin estar directamente presente, pero sí al tanto y alerta para cualquier situación de emergencia… Por no hablar de las broncas que puede dar sin necesidad de caminar por pasillos sin fin… Me pregunto qué me espera a mí.
Era una bronca.
-Capitán Sulu, el Comandante James Kirk se presenta al servicio según las órdenes.
Demora Sulu había cambiado mucho desde aquel día lejano en el que James Kirk la viera por primera vez en el puente del Enterprise-B. No sólo por los años transcurridos, sino por algo nuevo que había en su mirada. Tristeza, por supuesto, pero sobre todo una profunda amargura… Y algo más peligroso aún: Ira. James Kirk supo al instante que él era el blanco de esa ira, y por mucho que había sido odiado antes, en esta ocasión no disponía de escudos que levantar… Ni a Scotty haciendo lo imposible porque siguieran resistiendo.
-Comandante Kirk, le estaba esperando… Francamente, desconozco qué favores ha tenido que cobrarse, y cuántos traseros ha tenido que patear para llegar hasta aquí. Bien, ya lo ha conseguido: Ya tiene usted un sitio en el Puente del Enterprise. Y muy a mi pesar, he de decir. Desconozco qué utilidad puede pensar el Alto Mando que tiene vaciar asilos para llenar sus naves con viejos cuyo tiempo hace mucho que pasó.
El Jim Kirk de hacía cincuenta años habría contestado con rudeza, y muy posiblemente se habría enzarzado en una seria discusión con su nuevo capitán… Pero Jim Kirk, Comandante en misión especial para la Flota Estelar, hacía mucho que había dejado de ser un joven impulsivo.
-Permiso para hablar libremente, Capitán.
-En este despacho, Comandante, siempre se habla libremente.
-Capitán, yo no pedí este puesto. Para serle sincero, ni siquiera sé lo que el Alto Mando espera conseguir con este… Este experimento. Lo único que sé es que carezco de autoridad en esta nave, y que mi cometido será permanecer en el Puente, observando y procurando asesorar en base a mi experiencia. Soy consciente de que dicha experiencia es lo único que puedo aportar ya… Tan consciente como lo soy de mi edad y situación. Capitán, acepté ser degradado sólo para volver a sentirme útil… El Capitán Hikaru Sulu…
-Le sugiero que no continúe, Comandante. Mi padre no es un tema de conversación válido en esta nave – La mirada de Demora Sulu hizo que la temperatura ambiente bajara varios grados- Comandante, espero de usted que sepa mantener la cadena de mando de esta nave; no toleraré la menor señal de que cuestiona una orden… Mía o de cualquier otro oficial. Podrá ofrecer su parecer, pero una vez se haya dado la orden, permanecerá usted sentado y guardando un respetuoso silencio, ¿Está claro?
-Sí, señora
-Una cosa más. Prefiero que me llamen “Capitán”.
-Sí, Capitán, así se hará.
-Bien, comandante, eso es todo. El Alférez Calder le espera en el Puente y le acompañará a su alojamiento. Dispone de treinta minutos para instalarse y presentarse de nuevo en el Puente. Puede retirarse, Comandante.
Jim Kirk se cuadró y salió del despacho, con el regusto amargo de algo que no sospechó antes: Sentirse rechazado nada más llegar.
-Bueno, hay más de cuatrocientos tripulantes en esta nave. De momento sólo me odia el capitán… Espero tener algún aliado aquí dentro.
Esto pensaba Jim Kirk mientras seguía al Alférez Calder hasta su cuarto, situado en el extremo más alejado del corredor de oficiales.
Cap 4 : En MarchaExactamente veintisiete minutos después de las últimas palabras de Demora Sulu, James T. Kirk hizo acto de presencia en el Puente. Antes de poder decir nada, Saat se levantó y se le acercó.
-Comandante, permítame que le presente: Nuestro Timonel, el Sr. Archibald; en Tácticas, la Sra. Watson, la Sra. M’Benga en Comunicaciones…
Jim Kirk saludó con leves inclinaciones de cabeza a medida que Saat hacía las presentaciones. Se fijó especialmente en el Sub-Teniente Ríos, Oficial Científico. De algún modo, estaba acostumbrado a ver a un vulcaniano en tales puestos, pero Ríos parecía terrícola. Intentó no demostrar sorpresa, pero lo cierto es que con Saat en el Puente, había pensado en un primer momento que él sería el Oficial Científico. Agradeció, por supuesto, que la capitana Sulu permaneciera en su despacho, pues había tenido suficiente con su primer encuentro.
-Sra. M’Benga: Abra un canal con Control del Muelle, por favor.
-Canal abierto, Señor.
-Control, aquí USS Enterprise NCC 1701 Beta solicitando permiso para soltar amarras y despegar.
-Permiso concedido, NCC 1701 Beta. Soltando amarras en T menos 10, 9…
-Secuencia de encendido, Sr. Archibald. Prepare propulsor de cola.
-Sí, Señor.
-Amarras soltadas. Buen viaje, Enterprise.
-Gracias, Control… Sr. Archibald, avante un cuarto.
-Avante un cuarto, sí, Señor.
Lentamente, el navío de la Clase Excelsior USS Enterprise se desplazó por el muelle espacial hasta, por fin, volver a ese océano tan familiar que le era el Espacio. Para Jim Kirk fue una sorpresa ver que la Capitán Sulu no había abandonado su despacho durante toda la maniobra. Sin embargo, nada más dejar el muelle, la puerta se abrió y Saat abandonó el sillón de mando. Así quedaron los tres situados, con Sulu en el centro, flanqueada por Saat a su derecha y Kirk a su izquierda.
-Ingeniería, aquí Puente.
-A la orden, Capitán. Aquí Mayo.
-Prevenidos para velocidad WARP progresiva y prueba final de motores.
-A discreción, Capitán.
-Gracias, Mayo. Puente fuera.
-Sr. Archibald, potencia WARP progresiva hasta factor 10. Luego reduzca a factor 6. Rumbo 351, marcación 2
-Rumbo 351, marcación 2, sí Capitán.
-Comandante, ahora comenzaremos las pruebas de motores y su presencia no será necesaria en el Puente durante las próximas horas, por lo que si desea retirarse a descansar…
-Con el debido respeto, Capitán, hace décadas que no tengo la oportunidad de vivir una prueba de motores. Si no fuera inconveniente, quisiera quedarme.
Era una verdad a medias. Las instrucciones –que no órdenes- de Spock consistían en permanecer en el Puente mientras el Capitán estuviera de servicio. De todos modos, Jim Kirk sólo quería demostrarse a sí mismo y a la Capitán Sulu que estaba al nivel del compromiso que se le exigía, por poco que éste fuera.
-Como quiera, Comandante –Fue la cortante respuesta que obtuvo de Demora Sulu-
Jim Kirk apenas había comenzado a arrepentirse de su decisión cuando Saat acudió al rescate:
-Capitán, dado que estimo innecesaria mi presencia en el Puente, solicito permiso para llevar al Comandante Kirk a conocer a nuestro personal de Ingeniería.
-Hágalo, Saat. Será un buen momento para que el Comandante comience a conocer al resto de la tripulación, pero le hago responsable: Que no moleste a mis ingenieros.
-No, Capitán, no lo hará.
Aquel “mis ingenieros” había sonado un tanto agresivo… O tal vez sólo era la animadversión que la Capitán Sulu sentía hacia Kirk. Sea como fuera, James Kirk se sentía feliz de poder dejar por un rato la “compañía” de la Capitán Sulu… Y más feliz aún de poder charlar a solas con Saat.
-Bien, Comandante, ¿Qué le parece el Enterprise-B?
-Sin duda, un navío digno del nombre que lleva.
-No he podido sino observar una cierta tirantez entre usted y la Capitán Sulu…
-Muy observador, Saat. Me temo que resulta demasiado evidente que la Capitán no aprueba mi presencia aquí… Y eso por decirlo de forma suave. De todos modos, le agradezco su “rescate”. ¿Qué tal se encuentra T’Pol?
-Bien, Comandante. Espero que pueda usted acompañarnos durante la cena esta noche.
-¿Acompañarlos? ¿Se encuentra T’Pol a bordo?
-En efecto, Comandante. Es parte de la nueva política de la Flota que los oficiales casados viajen con sus familias si así lo desean.
-Interesante, aunque supongo que nuestro Presidente no está detrás de dicha decisión…
-Así es, Comandante. Por muy presidente de la UFP que sea, seguimos hablando de un Klingon. Para su raza, sólo la casta guerrera o en su caso algún diplomático son dignos de viajar en una nave militar.
-Algunas cosas nunca cambian, Saat.
-Cierto, Comandante… Pero nadie mejor que usted sabe lo mucho que han cambiado las cosas en los últimos años.
Eso era muy cierto. En lo que había durado la vida de James T. Kirk, un nuevo enemigo había surgido de la nada: El Imperio Klingon. Kirk había patrullado como tantos otros durante días y semanas la Zona Neutral Romulana, ya que se suponía que cualquier tipo de peligro para la Federación provendría del Imperio Romulano. Más adelante, el mismo Kirk había entablado las primeras relaciones –por así llamarlas- con una nueva raza que desembocaron en una guerra más o menos abierta, pero siempre sin cuartel.
En la actualidad, lo único que quedaba del Imperio Klingon era su nombre. Aún no eran miembros de la UFP, y por supuesto seguían manteniendo una flota propia. Sin embargo, un Klingon era el Presidente de la UFP y la presencia de sus compatriotas en las naves de la Flota Estelar era ya cualquier cosa salvo una rareza.
¿Había empezado a divagar con los años? Jim Kirk sabía que así era, y que no resultaba raro que dejara de participar en una conversación para sumirse en sus propios pensamientos y recuerdos. Por fortuna, Saat no siguió hablando y así, en silencio, ambos llegaron a Ingeniería.
-Comandante Mayo –Llamó Saat.
La Comandante Elisa Mayo era una mujer terrestre de negros cabellos y no menos oscuros ojos. Sin embargo, su piel aparecía sensiblemente más blanca, lo que producía un bello contraste. Su estatura, algo inferior al metro setenta, la hacía aparecer pequeña ante sus subordinados, algunos de los cuales superaban los dos metros de altura. A pesar de ello, Mayo tenía algo más: Autoridad. Ya eran muchas las salas de ingeniería que Kirk había visitado en su vida, y podía decir sin temor a equivocarse que aquella funcionaba como un reloj, lo que sólo podía significar que allí estaba la labor de un gran Jefe de Ingeniería.
-Teniente Saat –Mayo se dio la vuelta y entonces vio a Kirk- Comandante Kirk, nos preguntábamos cuándo se pasaría a visitar el corazón del Enterprise. Sea bienvenido.
-Gracias, Comandante. Saat y yo le hemos prometido a la Capitán Sulu que no les distraeremos durante la prueba de motores.
-No se preocupe, Comandante. Estoy bastante segura de que si hay algún problema, no aparecerá antes de media hora… ¿Teniente Saat?
-Dígame, Comandante.
-Creo que el Teniente Fernández quería discutir con usted un par de detalles técnicos… ¿Podría por favor…?
-Por supuesto. Con su permiso, Comandante
-Vaya, Saat, por favor –Mayo y Kirk respondieron con una sola voz, lo que provocó las sonrisas de ambos.
Aparentemente, Kirk sí que podía tener algún aliado en el Enterprise. Le gustaba Mayo, tenía seguridad, un trato agradable… Y su primera acción había sido “liberarle” de su escolta, por deseada que ésta fuera.
-Dígame, Comandante Kirk, ¿Cómo se siente uno después de sufrir la mayor degradación en la historia de la Flota Estelar?
-Feliz... Inmensamente Feliz.
-¿Así que el rumor era cierto? ¿Es usted uno de esos “locos del Espacio”?
-Así es, Comandante. No tengo otro lugar donde me sienta más en mi sitio que a bordo de una Nave Estelar... Y por cierto, puede llamarme Jim.
-Si no le importa, le llamaré Kirk. Puedes llamarme Mayo.
-Bien, Mayo. Antes dijiste que no esperabas problemas durante media hora... ¿Algún motivo para esperarlos a partir de ese momento?
-Desde luego. En las pruebas de motores generalmente no se pasa de WARP 8...
-Pero la capitana habló de WARP 10 cuando estaba en el puente...
-Correcto, la Capitán Sulu quiere ser la primera en poner un motor nuevo a WARP 10... Y vivir para contarlo. Dentro de 26 minutos, alcanzaremos WARP 8.1 y entraremos en el mundo de lo desconocido.
-Fascinante... No he de decirte que puedes contar conmigo en esta situación para lo que pueda echar una mano.
-Cuento con ello, Kirk... Descubrirás que no todos en esta nave te consideramos una pieza de museo. De hacho, la gran mayoría pretendemos servirnos de tu experiencia y conocimientos a la menor oportunidad...
-Me temo que mis conocimientos técnicos están un tanto... Obsoletos.
-Tranquilo, Kirk. En lo que a mí respecta, lo que más me interesa es tu capacidad para mantenerte sereno en situaciones de emergencia... Ojalá no se produzcan, pero si me equivoco, me gustaría tenerte cerca por si acaso.
-Eso lo puedo hacer –pensó Jim Kirk- Bueno, ya son dos las cosas que puedo aportar a esta nave.
-Mire, Kirk, aquí está la consola principal de mando...
Jim Kirk siguió atento las explicaciones de Mayo mientras el indicador de velocidad se iba acercando a la frontera del WARP 8. Kirk no se sorprendió al ver que a partir del 8.1, el gráfico cambiaba a color rojo.
Todos contuvieron la respiración hasta WARP 8.7, y sólo entonces se permitieron rebajar sus niveles de preocupación. Al llegar a WARP 9.8, Mayo llamó al Puente por el intercomunicador:
-Puente, aquí Ingeniería. Potencia 10 en “T” menos 20, 19...
La cuenta atrás siguió descendiendo hasta que Mayo pudo al fin decir:
-WARP 10, capitán, todos los sistemas...
Antes de que Mayo pudiera completar la frase, el peor de los infiernos se desató en Ingeniería.
-¡Puente a Ingeniería! ¡Puente a Ingeniería! ¡Mayo, responda!
-¡Capitán! ¡Tenemos graves problemas aquí abajo! ¡Todos los relés y sellos estancos han saltado por los aires! Hemos de desconectar el Núcleo de Curvatura antes de que la nave vuele por los aires.
-¡Hágalo, Comandante! Informe cuando la situación esté bajo control. Puente fuera.
Si hubiera tenido tiempo, Kirk seguramente había pensado que esto sí que era una prueba de fuego para comprobar la capacidad de respuesta de una tripulación... Pero no podía permitirse el lujo de pensar, así que siguió a Mayo mientras ésta corría hacia el Núcleo.
-Tenga, Kirk, localice a los heridos y póngales esto –Mayo le tendió una pequeña caja llena de localizadores para transporte de emergencia, y Jim Kirk se puso manos a la obra.
-Fernández, hay que cerrar esas fugas.
-Estamos en ello, Comandante. El Núcleo ya está sin potencia, pero la reacción materia – antimateria se mantendrá aún un minuto.
-Que nadie más de lo estrictamente necesario se acerque al Núcleo de Curvatura. No quiero más herido.
Cada vez que Jim Kirk ponía un localizador, el herido era transportado fuera de Ingeniería. Había comenzado por los heridos más próximos al Núcleo, esquivando escapes de refrigerante y fugas de plasma.
-¡Saat! ¡Necesito ayuda aquí! –Había llegado al último herido que tenía a la vista, pero una gran pieza de fuselaje le tenía inmovilizada la mitad inferior del cuerpo.
Como un rayo, Saat levantó la pieza y liberó al herido, mientras Kirk le ponía el localizador y el tripulante desaparecía en medio de la luz azul del transportador.
-Gracias, Saat.
-A la orden, Comandante.
Kirk decidió dar una última vuelta para evitar que se le escapara algún herido que no hubiera visto. Entonces, una nueva explosión lanzó hacia él un mamparo. Tuvo el tiempo justo de saltar a un lado, pero cayó de mala manera sobre su brazo izquierdo, oyó un chasquido y pensó “Ahí va mi muñeca”. Se apoyó en el brazo derecho para levantarse, pero Mayo había llegado a su lado y ya le había tendido la mano, que Kirk agarró agradecido.
-¿Está usted bien, Comandante?
-¿Qué he hecho mal para que dejes de llamarme Kirk?
-Déjeme pensar –Mayo sonrió- Sólo has salvado a una veintena de heridos hoy... No está mal para tu primer día de trabajo.
-¿Todo bien, Mayo? –La voz de Demora Sulu sonó desde el intercomunicador.
-Tan bien como podría esperarse –dijo Mayo mientras pulsaba el botón de respuesta- La situación está bajo control. Tenemos unos veinte heridos, pero ninguna baja. Todos ellos están ya en la Enfermería.
-Me alegra oírlo… ¿Qué hay de los sistemas?
-El Núcleo de Curvatura estará fuera de servicio durante 24 horas. Disponemos de potencia de impulso, sensores y todos los sistemas de soporte vital operan con normalidad. Recomiendo no obstante no usar los motores de impulso salvo en caso de extrema necesidad.
-Estoy de acuerdo, Comandante. Tampoco podríamos llegar a ningún lado. ¿Se encuentran el Teniente Saat o el Comandante Kirk entre los heridos?
-Negativo, Capitán. Estoy bien, y Saat está recuperando los datos del ordenador para investigar qué ha fallado.
-Perfecto. Cuando el Teniente haya acabado, preséntense en el Puente. Sulu fuera.
-Comandante Kirk, no está bien mentirle al Capitán –mientras decía esto, Saat le colocó un localizador de transporte, y de repente Jim Kirk se encontró en la enfermería.
-Comandante, esperaba que viniera a saludar antes de requerir mis servicios.
Quien hablaba era un joven mulato de casi metro noventa cuya cara resultaba muy familiar a Jim Kirk.
-Veamos esa muñeca, Comandante –Mientras el doctor le inmovilizaba su maltrecha muñeca, Kirk no pudo resistirlo más y preguntó-
-Discúlpeme, Doctor, pero tengo la extraña sensación de conocerle…
-En realidad soy yo quien le conoce a usted: Soy Scott, Doctor Shaka Scott, Médico de a bordo del USS Enterprise.
-¿Scott…? ¿No será usted…?
-En efecto, Comandante. A mis padres les costó convencerse, pero aparentemente de un Ingeniero de Leyenda y de una de las mejores oficiales de comunicaciones de la Flota Estelar podía salir un médico bastante decente.
-Dese tiempo, Doctor. Seguro que llega a ser bastante más que un “Médico Decente”. De momento, ya se encuentra usted embarcado en la nave correcta para lograrlo… Por cierto, ¿Qué tal se encuentran los demás heridos?
-Todos estables, Comandante; se recuperarán sin duda… Ahora sugiero que vuelva a Ingeniería, Saat debe estar a punto de terminar con el ordenador.
-Gracias, Doctor. Volveré en cuanto me sea posible.
-Aquí me encontrará… Pero espero no tener que curarle de nuevo.
-Vaya –se dijo Kirk- Me siento como en familia. Un Sulu es el Capitán, Saat como Primer Oficial, y ahora Scott. Tengo que seguir conociendo gente, seguro que me quedan bastantes sorpresas aún.
Cuando llegó a las puertas de Ingeniería, Saat ya le estaba esperando, y juntos se dirigieron al Puente.
Continuará…