“El espacio, la ultima frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, buscando nuevos mundos, nuevas civilizaciones, para llegar hacía donde ningún hombre ha llegado jamás”
Gene Rodenberry y Action Tales presentan:
Star Trek Zero
La Última Misión Parte 1
Escrito por Juan Teruel Ramón
Nota: Esta historia esta situada poco después de la aparente muerte de James T. Kirk al principio de la película Star Trek Generations.
Y se encuentra fuera de la continuidad “oficial” del universo Trek AT
Capítulo 1:
Empezar de nuevo
Cuaderno de Bitácora del USS Enterprise.
Nueva Fecha Estelar 0000.4:
Como último acto de despedida, hoy se celebrará en el puente de mando un funeral por el alma de James T. Kirk, oficial de la Flota Estelar. Debido a la desaparición de su cuerpo, el acto se reducirá a un breve discurso por el Capitán Spock. Una vez finalizada dicha ceremonia, la nave será reformada para albergar un museo conmemorativo de las misiones que en ella y en su predecesora han sido llevadas a cabo, y en las cuales se ha visto a menudo implicada la seguridad de la Galaxia.
Anotación Especial:
Como homenaje a James T. Kirk, le es reintegrado su antiguo grado de Almirante. Al mismo tiempo, todas las referencias que conciernan a la Nave USS Enterprise citarán la Nueva Fecha Estelar, que comienza a contar desde el momento en el que se produjo la desaparición de James T. Kirk. La resolución anterior no se hace extensiva al resto de las naves de la flota; sin embargo, los oficiales de cada una de ellas pueden decidir citarla, pero siempre unida a la Fecha Estelar tradicional. Dichas decisiones tienen carácter inmediato.
En el puente todo era silencio, la gente se miraba, incrédula ante la muerte del que durante casi treinta años había parecido ser inmortal. Todas las miradas confluyeron sobre la delgada silueta de Spock, oficial científico del Enterprise y compañero del capitán Kirk, mientras se encaminaba al estrado. Hizo una pausa reclamando atención y comenzó a desgranar las frases, con ese tono tan ajeno a la emoción que le era característico.
- Me han encargado que pronuncie unas palabras para despedir al tristemente desaparecido oficial de la flota, el capitán James T. Kirk. No estoy seguro de que sea lo que ustedes esperan, pero me gustaría comenzar por los hechos que nos han llevado a todos a reunirnos hoy aquí.
Hace apenas unas horas, el que estaba destinado a ser uno de los días más gloriosos en la historia de la Federación se convirtió en un día de luto para todo el Universo. La nueva nave Enterprise acababa de ser bautizada, con la asistencia de tres miembros de la tripulación que durante treinta años había conducido a su predecesora de una punta a otra de la galaxia: Eran el capitán James T. Kirk, y sus buenos amigos Montgomery Scott y Pavel Chekov.
Durante el primer viaje de prueba se recibió un mensaje de socorro enviado por la nave Lakul, atrapada en una fuerza gravitacional, una cinta de energía. Fiel a su destino, el nuevo Enterprise acudió al rescate que, por una vez no fue totalmente exitoso... Sólo pudieron salvarse 47 de los más de 500 que habían quedado atrapados. Aún peor, el propio Enterprise quedó atrapado por la cinta de energía, y sólo el ingenio del Capitán consiguió liberar a la nave... Sin embargo, el precio que pagó fue su propia vida. Bien saben todos los aquí presentes que yo hubiera dado mi vida por la suya. Tal vez les parezca un comportamiento poco lógico para un vulcano, pero si hay algo que aprendí a lo largo de todos los años que pasé al lado de mi amigo, es que jamás debemos despreciar nuestros sentimientos.
No hace mucho fue él quien se vio en la situación de hablar en mi propio funeral, aunque como todos ustedes saben, para mí hubo una esperanza que al final se convirtió en realidad. Mi Katra seguía vivo en el Dr. McCoy, aquí presente, que soporto de alguna forma esta carga hasta que pudo serme devuelta... Jim arriesgó su vida por la mía, desafió a todo el Universo cuando volvió a buscarme a Génesis, e incluso perdió a su único hijo por mí... Ahora puedo suponer lo que estarán pensando: "Ojalá también hubiera una esperanza para él".
También supongo que me creerán loco cuando les digo que la hay: Mientras nosotros, los que durante tanto tiempo surcamos el espacio a su lado, sigamos vivos, él seguirá estando con nosotros. Incluso más allá, cuando todos los que hoy nos encontramos aquí hayamos seguido su camino, siempre habrá un capitán en alguna nave Estelar que tendrá su coraje, que estirará las normas hasta romperlas por salvar una vida, alguien suficientemente humano para comprender a su tripulación, alguien cuyo ego sólo sea comparable a su seguridad en sí mismo... En una palabra: Alguien que será lo que su tripulación necesite que sea.
Y entonces, cuando los demás lo miren, en el pensamiento de todos estará esta frase: "Sin lugar a duda, el Capitán James T. Kirk sigue vivo".
No te diré adiós, amigo mío, porque sé que nunca nos dejarás. Un buen capitán nunca deja a su tripulación, y tú has sido el mejor. Hasta siempre, James Tiberius Kirk, donde quiera que estés.
Sólo el silencio siguió a estas palabras de Spock. El vulcano que durante tantos años había evitado sus sentimientos por fin se enfrentaba a ellos y los dejaba salir libremente. Ése fue el homenaje de Spock a su compañero desaparecido. A su alrededor, toda la tripulación del Enterprise contenía a duras penas las lágrimas. Uhura, Chekov, Scotty, Sulu... Incluso McCoy estaba emocionado por sus palabras, aunque por supuesto jamás lo admitiría. No había cuerpo que enterrar, ni familia a la que dar el pésame. Ellos habían sido su familia durante toda su vida. Ahora, todos sentían que el padre había muerto. Lentamente abandonaron el puente de mando del Enterprise, su nave, la que había sido apartada del servicio ante la inminente puesta en servicio de la nueva: El Enterprise-B, como todos la llamaban. El suyo, el histórico, había caído en Génesis, destruida por su propia tripulación. La segunda versión, idéntica a la primera, ahora los acogía mientras esperaba para convertirse en el museo más realista que nadie pudiera soñar. "Ahora tendrán que hacer una sección nueva", pensó Sulu. Salió y las luces se apagaron. Todo había acabado.
Habían pasado dos semanas e Hikaru seguía sin poder dormir. Su nave, el Excelsior, llevaba dos semanas en el dique seco, con todos los ingenieros disponibles trabajando en unas "pequeñas averías", como las había llamado él mismo. Había pensado en aprovechar su permiso para descansar, pero cada vez que cerraba los ojos se encontraba a los mandos de nuevo, esperando una orden del capitán que nunca llegaba. Tanto tiempo como capitán de una nave Estelar y seguía soñando con volver a ser un simple piloto... Se sentía solo, y más aún cuando su hija llevaba tiempo en misión con el Enterprise-B... Para empeorar las cosas, no había vuelto a ver a nadie de la tripulación desde el funeral. Suponía que todos estarían tan deprimidos como él, así que no le extrañaba. Se levantó para ir a la cocina y prepararse un té cuando el timbre de la puerta sonó. Volvió sobre sus pasos y la abrió, sin ganas de atender a nadie.
- ¡Señor Spock!, ¿Qué hace usted aquí?
- Bueno, pensé que tal vez estaría usted dispuesto a acompañarnos en una breve expedición sentimental.
- ¿Acompañarlos? ¿Expedición?... ¿¡Sentimental!?
Entonces se asomó un poco más y los vio:
- Uhura, Pavel, ¿Qué hacéis aquí?
- ¡Vamos Hikaru! -dijo Chekov- ¿No sabes preguntar otra cosa?
- Un momento, dejadme hacer mi equipaje y después iré con vosotros al fin de Universo si queréis.
- No es necesaria tanta prisa, señor Sulu -cortó Spock-, aún nos quedan unos cuantos cabos por atar, pero hemos concertado una cita dentro de cuatro días, en el muelle K. Vamos a dar un paseo en nuestra vieja nave.
- ¿En serio?, y qué piensa la Flota de todo eso
- Tranquilo Hikaru -ahora habló Uhura- están de acuerdo en que hagamos un viaje de nostalgia al lugar donde desapareció el almirante... ¿Vas a venir o no?
- ¿En serio esperas que deje a Pavel solo a los mandos? ¡Allí estaré!
- Bien señores, en marcha, aún tengo que hacerle una visita al doctor y convencerlo de que también los vulcanos tenemos ideas buenas de vez en cuando.
Una hora después, en casa del Dr. McCoy...
- ¡Ya Va!, ¡Ya Va!, ¡Malditas prisas!
Bones se dirigió a la puerta y quitó el cierre.
- Buenas tardes, doctor, me alegra ver que su humor no ha empeorado con el tiempo.
La inconfundible silueta de Spock se recortaba ahora contra la luz del pasillo.
- Ahórrese ese maldito sarcasmo vulcaniano, sabe muy bien que no lo soporto.
- Tal vez le agrade más el estilo formalista de los comunicados de la Flota Estelar -dijo mientras le alargaba un papel- Llegó esta misma mañana.
Ambos entraron, Bones tomó asiento e invitó a Spock con un leve gesto de cabeza a hacer lo mismo. Una vez los dos estuvieron acomodados, empezó a leer el mensaje; decía así:
De la Flota Estelar al Capitán Spock.
"Considerando las circunstancias presentes, autorizamos su viaje a bordo de la nave Estelar USS Enterprise NCC-1701-A para rendir un último homenaje a su recientemente fallecido superior, el Capitán J. T. Kirk. Autorizamos también a que lo acompañen todos los miembros de la tripulación habitual que deseen hacerlo. Los interesados deben presentarse en el Muelle K en una fecha a convenir, y que no será concretada hasta que no nos haya sido comunicado el recorrido previsto y los nombres de todos sus acompañantes. Rogamos, por tanto, que dicha información sea remitida con la mayor prontitud."
- ¿Qué es lo que ha hecho para conseguirlo? -preguntó Bones con cara de incredulidad.
- Como usted sabe, tengo una buena reputación, pero ni siquiera eso habría bastado para convencerlos sin contar con la ayuda de los muchos amigos que el almirante dejó.
- Bien, vulcano del demonio, ¿y a qué espera para apuntarme a la excursión?
- Nada doctor, en realidad ya lo está. Salimos dentro de cuatro días, a las 09:00 horas... ¿Puedo confiar en que se despertará a tiempo? ¿O tal vez deba venir a hacerlo yo mismo?
- Spock, si no me despierto... me someteré al Kholinar.
Así pues, la tripulación del Enterprise había sido reunida de nuevo. Sólo quedaba esperar un poco, y de nuevo estarían como en los viejos tiempos.... o casi.
Capítulo 2:
El Reencuentro.
Bones no tuvo ningún problema a la hora de despertarse, sino más bien a la de dormirse. No recordaba haber estado tan excitado anteriormente, y la verdad es que no tenía ni idea de por qué se sentía así.
Cuando llegó al muelle se encontró con Uhura, que al parecer estaba más impaciente que él mismo. Había algo en el interior de Bones que se agitaba demasiado, así que se alegró de tener a alguien con quien hablar.
- Buenos días, doctor -lo saludó ella
- Buenos días Uhura, parece que hemos llegado pronto.
- Desde luego. No sé usted, pero yo no podía dormir, así que llevo aquí un buen rato
dicho esto, miró el reloj: aún quedaba casi una hora para la cita.
-Doctor -continuó ella-, hay algo que me preocupa.
- ¿A usted también? ¿Qué es?
- Se trata de Spock. Usted mismo lo vio en el funeral. Parecía tan...
- Humano -completó Bones.
- Sí, eso es, y luego el traernos a todos aquí para un viaje como este... Debería alegrarme, lo sé, pero eso no me hace sentirme menos preocupada.
- No creo que le sirva de consuelo, pero a mí me ocurre lo mismo... Además me ocurre desde hace años.
- ¿Desde hace años?
- Concretamente desde el encuentro con V'ger (el Voyager 6 convertido en un ser con conciencia) había notado un sutil cambio en su forma de ser. Por supuesto seguía siendo el mismo vulcano frío y lógico hasta la exasperación, pero de vez en cuando su comportamiento se volvía tan humano... Incluso el día de su muerte escogió como últimas palabras unas tan poco comunes entre su especie como "Siempre he sido y siempre seré su amigo"... Por lo menos después de resucitar volvió durante un tiempo a ser el que todos conocíamos -y debo confesar que eso me irritó bastante-, fue casi como si hubiera tenido que volver a empezar.
- Desde luego, debió de ser un duro golpe para él ver cómo un ser totalmente lógico y que poseía todos los conocimientos de la Galaxia sólo quería algo tan simple como los sentimientos humanos.
- Y no se detuvo ahí, pero la verdad, jamás hubiera sospechado que pudiera llegar a hacer algo tan desprovisto de lógica.
- ¿De verdad creen que su actuación es tan ilógica como aparenta?
Sulu acababa de aparecer en escena, y su pregunta quedó en el aire un momento
- ¡Hikaru! ¿Qué quieres decir? -Uhura había entrevisto una posibilidad, pero no podía concretarla.
- A mí me parece claro. Todos sabemos cómo nuestro querido Señor Lógica puede darle la vuelta a todo para que lo claramente emocional llegue a tener un sentido lógico.
- Eszo es scierto Hikaru -Chekov surgió de repente por un pasillo- Aún riecuerdo cómo nos salvó cuando estábamos en aquella lanzadera. Inszendió el combustible y gracias a eszo el Enterprise pudo llegar a tiempo... Luego dijo que szu lógica le había dictado que la única maniera de salvarse iera actuar de forma impulsiva.
- Muy bien caballeros -Ahora habló Scotty, que había llegado con Chekov, pero que se había mantenido callado- Y no nos olvidemos de su teoría sobre el bienestar de la mayoría y de la minoría que utilizó para entrar en el reactor y salvarnos a pesar de la radioactividad.
El asunto había quedado claro; todos pensaban que Spock tramaba algo, pero no podían imaginar el qué. Apenas habían pasados unos pocos segundos cuando una nueva voz rompió de nuevo el silencio. Eran las 08:30 y la inconfundible voz de Spock resonaba a través de los altavoces: "Me alegra verlos a todos aquí. ¿Van a subir para ayudarme o prefieren seguir ahí abajo discutiendo sobre si me he vuelto loco o no?"
- Maldita sea, creo que voy a acabar queriendo a ese monstruo de orejas puntiagudas -dijo Bones con su habitual sinceridad. Los demás sólo sonrieron y esperaron a que Spock los transportara a bordo.
Todo estaba como siempre; si no fuera por la total falta de gente, el Enterprise hubiera parecido dispuesto para la partida. Los controles estaban encendidos, el ordenador funcionaba a pleno rendimiento y cada puesto de mando esperaba a ser ocupado.
- ¿Y el resto de la tripulación?- preguntó Scotty.
- Sólo iremos nosotros, Señor Scott. La Flota Estelar se sintió sorprendida hasta que vieron su nombre en mi lista. Usted ya hizo que el Enterprise fuera gobernado por un solo hombre, yo pretendo algo más sencillo: que nosotros seis seamos su única tripulación.
- Pero para hacer esos ajustes necesito tiempo -Protestó Scott- La otra vez tuve todo un día.
- Tiene usted razón, Scotty -el apelativo sonó extraño en los labios de Spock, pero nadie dijo nada- sin embargo, además de rebajarle el tiempo le he adelantado una gran parte del trabajo. En realidad sólo quedan unas cuantas conexiones menores para que el Enterprise sea completamente operativo desde el puente. Ahora, si quiere acompañarme, solventaremos esos últimos detalles. Los demás familiarícense con sus nuevos puestos... Doctor
- ¿Sí?, Señor Spock
- A pesar de ser éste un viaje de rutina, he embarcado todo el instrumental médico que consideré conveniente. No estaría de más que fuera a echarle un vistazo... Lo siento, pero no he podido encontrarle ninguna enfermera adecuada, por lo que se tendrá que conformar con el Señor Chekov.
Cuando Spock desapareció en el turboascensor, dejó a cinco perplejos miembros de una tripulación que pensaba haberlo visto todo.
- Justo lo que yo decía: ¡Es demasiado humano!.... Chekov, acompáñeme a ver qué nueva encerrona me ha preparado.
- Voy Doktor.
Aunque Bones se había ido, el silencio en el puente no duró mucho. Todos miraron sus antiguos asientos y los controles: nada parecía haber sido tocado. Sin embargo, una nueva consola se hallaba justo delante de la pantalla principal.
- Seguro que es ahí donde se colocará Scotty -dijo Uhura- si se ha molestado tanto en los detalles, no creo que lo haga quedarse solo en la sala de máquinas.
- Fíjate en la consola. No parece algo nuevo, es como si siempre hubiera estado ahí... Sospecho que, cuando acabó el funeral, Spock no volvió a casa como todos nosotros. Más bien se diría que mientras nos hablaba ya tenía preparado todo esto.
- Eso parece, Hikaru. Casi lo puedo ver trabajando aquí, mientras nosotros nos quedábamos en casa. No estoy muy segura de haberme despertado esta mañana... ¿Y tú?
Sulu iba a contestar cuando Bones y Chekov reaparecieron.
- Parece que Spock ha aprendido a leerme la mente sin tocarme. Ha embarcado todo lo que podría necesitar en un viaje de varios años.
- ¿y szi estuviera pensando en eszo?
- ¿En un viaje tan largo? La verdad es que no me extrañaría nada.
- Doctor, ¿hay alguna enfermedad que haga a los vulcanos actuar así? -la cara de Uhura no permitía saber si hablaba en serio o no.
- No lo sé, pero si la hay, espero que sea incurable... Veamos qué ha hecho en el puente.
Sulu y Uhura les explicaron entonces lo de la nueva consola, y también que había colocado otro asiento más, justo al lado del puesto de mando.
- Bien -contestó McCoy- ya sólo nos queda esperar a que termine con Scotty y podremos salir.
- Al menos esta vez no tendremos que robar la nave -apuntó Sulu.
La espera no fue muy larga. Unos diez minutos después volvieron tanto Spock como Scotty; este último parecía enormemente sorprendido.
- ...Spock, ha hecho usted un gran trabajo. Nunca hubiera podido imaginar que tales cosas fueran posibles.
- Simple ingeniería, señor Scott.
Sin mirar al resto de la tripulación se dirigió a su puesto de oficial científico. Tecleó un par de órdenes al ordenador y empezó a hablarles:
- Bien, aquí estamos de nuevo. Antes de que partamos me parece que deben saber cual es nuestro destino... Y nuestra misión. Por supuesto, primero nos dirigiremos al lugar de la desaparición del Almirante, pero después continuaremos un poco más allá. Para que la Flota autorizara este viaje he tenido que hacer un pacto con ellos: Nuestra misión será ir en busca de la Cinta de Energía y estudiarla; no sabemos nada de ella, así que debemos ser nosotros los que demos los primeros datos -En la pantalla apareció un mapa estelar con el rumbo previsto- Como ven debemos darnos prisa, pues la cinta entrará en territorio romulano dentro de ciento veinte horas, y no podemos adentrarnos en él... Nuestra misión ya la conocen:
"Ir valientemente a dónde nadie ha llegado antes"
Una vez más, la nave Enterprise iba a salir al espacio, el lugar a donde pertenecía. Llevaba meses en el muelle, parada, y sólo seis miembros de su tripulación estaban ahora en ella. Sin embargo era el Enterprise, y ellos sus tripulantes. Nunca habían dejado de lado una misión, nunca habían rehuido su deber, y jubilados o no, si la Flota Estelar los necesitaba, ellos estaban dispuestos.
Capítulo 3:
En Marcha.
Había llegado el momento de partir. Hasta el último circuito funcionaba a la perfección, los ajustes de Spock habían devuelto al Enterprise a su mejor estado; ahora sólo quedaba un último detalle... ¿Quién sería el capitán?
Uhura se sentó en su puesto, Chekov y Sulu tomaron el timón y Scott se sentó en su nueva consola. Nada más hacerlo, todos se volvieron a Spock. Mejor dicho, se volvieron al puesto de mando, esperando ver a Spock... Pero él no estaba allí. Como tantas otras veces, había ocupado el puesto de Oficial Científico. Bones, que ya se había sentado, se levantó y fue a su encuentro.
- ¿Qué hace usted aquí, Spock?
- Este es mi puesto, Doctor
- No, Spock, no lo es... ¿sabe cuál es su puesto?
- Estoy seguro de que ninguna contestación impedirá que me lo diga.
- Tiene razón, su puesto es el de capitán. Hoy el Almirante no está, así que como oficial de más alta graduación, le corresponde a usted sustituirlo.
- Pero... -La protesta de Spock fue cortada en seco.
- Spock -dijo Uhura- Queremos que sea usted el que nos dirija. Nadie aceptará ese puesto mientras usted se encuentre a bordo.
- Les estoy muy agradecido por su confianza, pero mi puesto es éste, nadie puede sustituirme.
- Yo puedo -McCoy empezaba a parecer enfadado- Lo hice cuando murió usted, y lo haré de nuevo si es necesario.
- Doctor, en esa ocasión usted tenía mis conocimientos, ya que....
- ¡Venga ya, maldito testarudo! ¡No voy a dejar que su maldita falsa modestia nos haga salir ni un minuto tarde! ¡Váyase a su puesto si no quiere que yo mismo lo arrastre hasta allí!
Spock levantó su ceja derecha y abandonó el puesto de Oficial Científico, McCoy se sentó en su silla y él hizo lo propio en la del Almirante Kirk. Por fin había llegado el momento de la partida.
- Señor Sulu, prepare los impulsores.
- Impulsores preparados, señor Spock.
- Uhura, transmita el mensaje que se encuentra programado.
- ¿Qué...? Transmitiendo, señor Spock.
- Señor Sulu... En Marcha.
Como un gigante que se despierta, el Enterprise empezó a moverse por el muelle, buscando los portones de salida. El mensaje que Uhura había transmitido decía así:
>>Uss Enterprise dispuesto para la partida... "para levantarse contra un océano de problemas y plantarles cara y derrotarlos con la voluntad". <<
Algunos de los versos más conocidos de Hamlet, que debían expresar el ánimo con el que la tripulación se enfrentaría a su misión... La que seguramente sería la última.
Todos los que en aquel momento se encontraban en la estación tenían fijos los ojos en la partida de la nave, contemplaron con nostalgia cómo atravesó los portones y se perdió en la oscuridad del exterior. Las puertas se cerraron y los ojos se volvieron, pero la atención de todos seguía en el Enterprise y su tripulación.
Una vez fuera de la base, la nave se detuvo un momento, el instante preciso para calcular el rumbo, y luego se perdió en el hiperespacio, con un breve destello de luz, aunque totalmente en silencio.
- WARP uno y acelerando, señor Spock.
- Bien, señor Sulu, pronto llegaremos a nuestro destino. Velocidad factor cuatro hasta el cinturón de asteroides, desde allí trazaremos un nuevo rumbo hacia el lugar del incidente.
- Si señor.
- Aquí estamos, en nuestra última misión juntos -dijo McCoy.
- Cierto, aquí estamos... otra vez -Scotty recordaba muy bien todas sus "últimas misiones"
En cuestión de segundos quedó atrás Marte, y sin tiempo para respirar, la nave había cambiado su rumbo tras pasar el cinturón de asteroides. Acababan de salir del Hiperespacio para proseguir más lentamente cuando la voz de Uhura resonó alarmada.
- ¡Señor Spock!
- ¿Sí, Uhura?
- Capto una transmisión algo extraña
- Informe de sensores, doctor.
- No hay señales de ninguna nave, debe ser un pájaro de presa, y está camuflado.
- Bien, veamos entonces qué quieren. En pantalla.
Al momento apareció un rostro familiar, y todos exclamaron a la vez:
- ¡General Korrd!
- Saludos. Nada más enterarnos del fallecimiento del Almirante nos pusimos en camino. Solicito permiso para escoltarlos hasta el lugar de su desaparición.
- ¿Por qué se ha mantenido camuflado hasta ahora?
- Perdónenos, Spock, pero queríamos darles una sorpresa. Vamos a hacernos visibles.
Korrd dio una orden en Klingon, y en seguida Bones gritó:
- Spock, son treinta pájaros de presa, en perfecta formación detrás de nosotros.
- ¿Comprende ahora, señor Spock?
- Ha sido usted muy prudente, General. En nombre de mis compañeros le agradezco su gesto... Porque debo entender que la iniciativa fue suya.
- Tiene usted razón, fue el Almirante Kirk el que me rehabilitó ante el alto mando, y aunque no nos guste reconocerlo, tiene una gran fama de estratega entre nosotros. Fue por eso por lo que decidieron enviar esta representación de la flota... Corto.
- Uhura, mande un mensaje a la Flota Estelar, dígales que una representación del Imperio Klingon nos acompañará en la primera etapa de nuestro viaje.
- Transmitiendo, señor Spock.
- Señor Chekov, envíeles nuestro plan de vuelo hasta el punto de homenaje al Almirante.
- Jamás me imaginé algo así -dijo Scotty- ¿Y usted, Doctor?
- Scotty, creo que si ahora mismo Jim apareciera por esa puerta ni me inmutaría.
Nada podría haber expresado mejor cómo se encontraban todos después de éste último milagro.
- Señor Spock, -intervino Uhura- creo que deberíamos hacer algún tipo de recepción, al menos para los capitanes de las naves de Klingon.
- Muy bien, encárguese usted misma, tenemos ciertas reservas para casos así.
- ¿Incluyen esas "reservas" por casualidad, algo de cerveza romulana?
- Todo es posible, Doctor, todo es posible...
Sulu cambió de tema:
- Supongo que dadas las circunstancias, aunque metamos a cien Klingons en nuestra nave no le pasará nada.
Todos rieron salvo Spock, que permaneció con el rostro impasible.
Y así se produjo una circunstancia histórica: Los Klingons escoltaban al Enterprise en lugar de atacarlo. Aparentemente, atrás habían quedado las disputas e incluso el juicio a Kirk y McCoy.
- Ojala el Almirante estuviera aquí - dijo Scotty mientras contemplaba el insólito espectáculo.
- Lo está, Scotty -contestó Uhura- si no fuera por él, nunca llegaríamos a ver algo así.
Continuará…