“Tras su largo
viaje de vuelta a casa,
STAR TREK VOYAGER
Una cuestión de tiempo
Escrito por Dr.Banner/ Portada: Julio Nieto
Fecha Estelar: 30782
Nota: Esta historia
esta ambientada en el año 2350. Casi 30
años antes de la serie de Star Trek Voyager en AT. Cuando un Jean Luc Picard
más joven dirigía su primera nave estelar:
Con esta historia, Star Trek Voyager pone su granito de arena para celebrar el 40 aniversario de Star Trek.
1
- Parece que
nosotros no disfrutaremos de este permiso en
- El almirante McAteer no nos dejara descansar ¿verdad? pensaba que después de ese asunto en el sistema Debennius nos darían unas merecidas vacaciones, Jean Luc.- Comentó Jack Crusher con aire ausente.

- Piensas en Beverly ¿verdad?
- A todas horas. Quería pasar unos días con ella y con el pequeño Wesley. Otra vez será.- La añoranza por su esposa y su vástago se reflejaba en el rostro del oficial científico.
- ¿Cómo lleva ella la separación?
- Creo que
mejor que yo. Terminar su carrera es
importante para ella, y yo lo respeto. En cuanto acabe en la academia de
medicina de
- ¡Esa seria una excelente noticia, Jack!
- Esperemos que llegue pronto ese momento, amigo mío.
- Ya estamos llegando, Jean Luc.

Jean Luc
Picard observó desde el interior de la mini lanzadera en el que ambos viajaban,
la forma recortada en el espacio de
Tras aquello, fue ascendido a capitán de la nave. Desde entonces había conseguido reunir una excelente tripulación de los que se sentía extremadamente orgulloso.
- Capitán, tiene una comunicación del almirante McAteer.
- Pásemela a mi despacho, señor Zoma.
Jean Luc se sirvió
una taza de té y se sentó. En el monitor
de la mesa de su despacho, apareció el símbolo del alto mando de

- Me alegro de verle de nuevo, almirante.
El almirante sonrió.
- Como sabes, os he asignado una nueva misión. Se que tu tripulación esta cansada tras el suceso con los terroristas thallonianos en el sistema Debennius, pero es una tarea relajada y sencilla, tras realizarla, podréis tener dos semanas de permiso, tienes mi palabra, Jean Luc.
- Vayamos al grano, almirante ¿de que se trata esta vez?
- Vuestra nave será el hogar de un grupo de cadetes en prácticas de la academia, durante quince días, los jóvenes estudiantes sabrán de primera mano lo que es servir en una nave estelar. Será una experiencia enriquecedora para vosotros y para ellos.
- ¿Qué? ¿Quieres
convertir
- Vamos, Jean Luc, los cadetes podrán aprender mucho de un capitán experimentado como tu, podrías llegar a ser un modelo a seguir para muchos de ellos.
Picard se había levantado de su silla y caminaba a un lado y a otro de su despacho.
- Esta bien, almirante, haré de niñera de jóvenes cadetes. Sin embargo, eso le costara cinco días más de permiso y no es negociable.- Dijo Picard
- Hecho, Jean Luc. En cuento regreses del viaje de adiestramiento, pásate por el cuartel general y nos tomaremos algo mientras charlamos.
- Como no, almirante. Picard fuera.
El rostro de Picard mostraba su enfado. La sola ida de tener su nave llena de chicos, apenas unos niños, indisciplinados y sin experiencia, le irritaba. Nunca había podido soportar demasiado bien a los niños y los adolescentes, y ahora tendría que compartir su tiempo con ellos durante quince largos días.
En otro lugar.
- Recibimos una señal de emergencia, capitán- Rumbo 026, marca 397.- Dijo Wheaton.
- ¿Cuál es su configuración?- Preguntó la capitán Lorea.
- Una nave de mediano tamaño, un carguero. Parece tener algún problema con el motor warp.
- ¿Qué opina, señor Scare?
El caitiano se removió inquieto y frunció el ceño.
- Prudencia. Podría ser una trampa.

- Nuestro deber es intentar ayudarles. Trace un rumbo de intercepción, señor Stegman.
Una alarma empezó a sonar.
- ¿Qué ocurre?- Preguntó la andoriana Lorea.
- Una nave romulana descamuflandose a popa. Es un pájaro de guerra.
En el monitor principal, apareció la amenazadora silueta de la nave.

- ¡Alerta roja! ¡Todos a sus puestos de combate!
- Cargan sus armas.- Dijo Stegman.
- Maniobras de evasión, señor Scare.
El impacto hizo que la nave virase sin control, haciendo que algunos oficiales chocaran contra sus consolas.
- Impacto en las cubiertas 3, 5 y 6. Tenemos una brecha en la cubierta 3, escudos al 40%.- Dijo Wheaton.
- ¡Fuego a discreción! Dispare torpedos de fotón y los haces de phasers.- Ordenó la capitán.
- Impacto en la nave romulana, daños mínimos
El pájaro de guerra contraataco y dos torpedos de fotón sacudieron la nave. Uno de los paneles estalló, derribando al señor Wheaton.
- Estamos sin escudos, el núcleo de antimateria se ha sobrecargado, ¡va a explotar!- Dijo el señor Scare.
- Hemos terminado. Felicidades, cadetes, han fallecido y su nave ha sido destruida.
Todos los cadetes se volvieron hacía el instructor. Tuvok les había estado observando durante todo el ejercicio, tomando notas de las reacciones de sus alumnos. (1)

- Tienen que recordar que las operaciones en el puente dependen de la pericia de cada oficial, son ustedes los oídos, ojos y manos de su capitán.
- ¿En que hemos fallado? Hemos actuado según el procedimiento estándar.- Comentó Lorea aún sentada en el sillón de mando de la sala de simulación de la academia.

- ¿No pensaron en retirarse? A veces la retirada a tiempo es la opción más lógica.- Apuntó Tuvok.
- ¿Retirarse? Eso nunca, seria deshonroso y de cobardes.- Dijo la andoriana con evidente indignación.
- ¿Tendremos una nueva oportunidad?- Preguntó Scare al vulcaniano.
- Sí, pero no
en esta sala de simulación. Nos trasladamos durante unas semanas a
- ¿Vamos a una nave estelar? ¡Viva! – Exclamo Stegman.
Los jóvenes estallaron de alegría y empezaron a reír y aplaudir.
- No muestren tanta efusividad y alegría, cadetes. No es un viaje de recreo ni una excursión. Tendrán que poner a prueba sus conocimientos y habilidades para salir exitosos de la prueba. Confío en que se apliquen con seriedad y lo consigan.
- ¿Cuándo nos vamos?
- En cuanto
salgan de aquí, recogerán su equipaje y nos marcharemos en un transporte que
nos llevara a
Los cadetes
asintieron y comenzaron a abandonar la sala. Tuvok se quedó solo en ella,
pensativo. Esperaba que esta experiencia sirviera para estimularles, para poder
asumir todo su potencial. En el fondo él sabia que podrían llegar a ser
excelentes oficiales de
2
- Dígame ¿queda mucho de viaje?
- Ya se lo he dicho antes. Tres días.- Dijo Yog apartando un momento la vista de los controles de la nave, para atender a su impaciente pasajera.
- Si llegamos tarde, le pagare menos créditos, amigo.

- ¿Qué? Ese no era el trato. No dijo nada de represalias por retrasos.- Dijo con enfado el yridiano.
- Amigo, si no llego a tiempo a Derus IV, no podré asistir a la ceremonia de matrimonio de Jarus, mi primo decimotercero por parte de madre. Y si eso ocurre, Jarus me pondrá la cabeza como un bombo y no me dejara vivir el resto de mis días. Así que dale potencia a este trasto y asegúrate de que llegaremos justo a tiempo.
El yridiano masculló entre dientes pero no dijo nada, volviendo su atención a pilotar el carguero.
Guinan (2) regresó a su camarote. Pensando en si había sido buena idea haber cogido este carguero yridiano para llevarla a su destino. Tampoco tenía muchas más opciones, cuando su marido la dejo tirada en ese planeta donde estaban pasando las vacaciones, tuvo que buscarse la vida para encontrar una nave.
Se juro a si misma no volver a cometer el error de casarse, claro que es lo mismo que había dicho en los veintiún matrimonios anteriores y siempre acababa tropezando en la misma piedra.
La el-auriana se sirvió un poco de licor sauriano en una copa mientras examinaba el regalo de boda que le había comprado a Jarus. Su rostro se ensombreció al darse cuenta de que en la ceremonia se reencontraría con su padre. Ya no era la jovencita que se ocultaba en mundos alienígenas para eludir a su padre, aún así, su relación distaba mucho de ser buena. Llevaba varios siglos sin verle y no sabía como reaccionaria al tenerlo enfrente. Siempre le quedaba el consuelo de que volvería a ver a su tío Terkim, la oveja negra de la familia, pero con quien se llevaba de maravilla, contrariamente al resto de sus familiares. El recordar a su tío Terkim le hizo esbozar una sonrisa.
Un malestar repentino le hizo tambalearse, se apoyo en la mesa y notó una especie de nausea. Esta sensación no le era ajena, algo no iba bien, lo presentía.
La nave se sacudió violentamente. Guinan salió de su camarote a duras penas.
- ¿Qué es lo que ocurre?- Preguntó al dueño del carguero.
- ¡No lo sé! Una onda energética ha aparecido de repente y ha golpeado la nave.
- ¿Una onda energética? ¿Y de donde…?
El yridiano no pudo responder, una nueva onda energética golpeó la nave. Varios sistemas saltaron por los aires y se inicio un fuego en el puente.
-¡Maldita sea!- Gritó Yog.- El motor se ha sobrecargado, va a estallar. Tenemos que salir de aquí.
- ¿Cómo? ¿No hay nada que pueda hacer?
- Nada me gustaría más que salvar mi carguero, pero no tenemos opción, hay dos capsulas de escape, tenemos que subirnos en ellas y abandonar la nave. Es nuestra única posibilidad de sobrevivir.
Guinan asintió y observó como Yog contemplaba por ultima vez su nave, casi como despidiéndose de ella.
Accedieron a las capsulas de salvamento, y una vez en ellas, fueron disparadas al espacio. Un momento después, el carguero estalló en una violenta explosión.
Una de las capsulas fue alcanzada por la explosión y también fue destruida en el acto.
Desde la mampara de la capsula, Guinan se sintió entristecida por la muerte del yridiano y pensó en cual seria su suerte, flotando en la inmensidad del frío espacio.
3
Diario del
capitán: “Hemos pasado a recoger a los cadetes y al
instructor con los que conviviremos la tripulación y yo durante las próximas
semanas. Espero que todo salga bien y que no se altere la paz y tranquilidad
que se respira normalmente en
Cuando el capitán Jean Luc Picard entró en el salón de oficiales, los cadetes se encontraban todos en fila esperándole. El acto protocolario indicaba que tenía que pasar revista de los nuevos cadetes al pisar la nave. Su instructor, el señor Tuvok, se acercó a Picard.
- Larga y prospera vida, capitán Picard.- Dijo el vulcaniano levantando una de sus manos, haciendo el saludo tradicional vulcano.
- Larga y prospera vida para usted también, señor Tuvok. Así que estos son sus cadetes. Parecen unos jóvenes muy vitales. Estoy seguro de que llegaran a ser unos oficiales excelentes.
- Eso esperamos todos, capitán.
Picard se acercó a uno de los cadetes.
- Me he fijado en que en su rostro se refleja el aburrimiento, cadete.
Tuvok levantó una ceja.
- Cadete Lorea, debe…
- Déjeme a mi, señor Tuvok.
La andoriana trago saliva y puso cara de pánico al ver en la situación en que se encontraba.
- Sea sincera, cadete.
- Considero todos estos actos insulsos y cansinos, señor.
- ¿Para que se
alisto en
- Para poder
vivir aventuras sin igual, señor. Disfrutar de emociones sin igual ver mundos
exóticos y poder navegar entre las estrellas y combatir con los enemigos de
Picard sonrió.
- Es joven e impulsiva. La típica persona que es capaz de meterse en problemas a ella misma y a todos los demás a su alrededor.
- Es poco racional y bastante ilógica, capitán. Aún así, si se le reconduce, llegara a ser una excelente oficial.
- Yo mismo fui como ella, señor Tuvok. Con el tiempo aprenderá que no todo son aventuras y acción. No se preocupe, cadete, a mi también me parecen aburridos en ocasiones estos actos.- Le dijo con una sonrisa conciliadora en el rostro.
Lorea le respondió con una tímida sonrisa.
Tuvok fue presentando uno por uno al resto de cadetes al capitán Picard. Tras ello, Picard le indicó a su primer oficial, el señor Zoma que les enseñase la nave a los cadetes.
Jack Crusher se puso al lado de Picard y le dio un pequeño codazo amistoso.
- ¿Qué tal lo he llevado, Jack?
- Fenomenal, pronto serás un experto en tratar con niños, Jean Luc.- Dijo Jack con una mirada divertida.
Un rato después, Jean Luc Picard llamaba a la puerta del camarote del instructor Tuvok.
- Adelante.- Indicó el vulcaniano.
Al entrar en el camarote, el capitán se fijó en que la iluminación del camarote era tenue. Unas velas eran la única luz en la estancia. En el centro, tumbado y vestido con una túnica ritual vulcana se encontraba Tuvok. El vulcaniano abrió los ojos y se sentó.
- Tome asiento, por favor.- Le indico amablemente Tuvok.

- Espero no molestarle.- Comentó Picard
- No se preocupe, ya había terminado la meditación, capitán. Siéntese, por favor.
Picard se sentó al lado de Tuvok.
- ¿Qué le
parece
- Es una buena nave, y las instalaciones son adecuadas. En ese momento algunos cadetes están tomando contacto con el puente y con ingeniería. Le recomiendo que les trate como a cualquier oficial de la nave. Deben aprender a trabajar bajo las órdenes de un superior e intentar resolver las distintas situaciones que se presenten.
- Sin duda
usted es un buen instructor para ellos, señor Tuvok. Me he tomado la libertad
de leer su expediente. Me ha llamado la atención que esta sea su segundo
ingreso en
El oficial vulcaniano se incorporó y se puso a observar las estrellas que pasaban por la mampara de su camarote.
- La primera
vez que me aliste fue por influencia e insistencia de mis padres. Ambos habían
servido durante mucho tiempo en
- El asesinato del canciller Gorkon.- Apuntó Picard con interés.
- Si, viví
esos hechos transcendentales en primera persona. Y precisamente fueron los
desencadenantes de mi renuncia a
- ¿Y sigue opinando igual respecto a el tratado de paz?- Preguntó Picard intrigado.
- Con el tiempo alcance la sabiduría necesaria para ver los beneficios de dicha unión. Era la opción más lógica para ambos bandos, sin duda.- Dijo Tuvok mirando fijamente al capitán francés.
Picard se levantó, acercándose al replicador.
- Té Earl Grey. Caliente. ¿Quiere algo, señor Tuvok?- Dijo Picard mientras se materializaba la taza de té en el replicador.
- No, gracias, capitán, estoy bien así.
En ese
momento, algo pareció impactar con
Tuvok iba a
decir algo, cuando de pronto, ya no se encontraba en el camarote de
- ¿Y bien, joven Tuvok? ¿Sigues sintiendo esa emoción? Tienes que desterrarla de tu mente, el amor es la emoción más peligrosa de todas.
Quien hablaba era un maestro vulcano, dedicado a intentar enseñarle el control total de las emociones. En esa época, se enamoro de una diplomática terrellian. Era muy joven y no alcanzaba aún a comprender las ventajas de la lógica y la supresión de emociones.
- Yo te enseñare a apartar las emociones que hacen que tengas comportamientos ilógicos, joven Tuvok.- Dijo el maestro vulcano.
Iba a
responderle, cuando todo desapareció y regreso de nuevo a
Jean Luc Picard estaba de nuevo en la base estelar Earhart. Era un joven cadete, inmaduro, atrevido y que se quería comer el mundo.
Él y un compañero, retaron a un grupo de nausicaanos a una partida de dom-jot. Su compañero amaño la mesa de dom-jot, y los alienígenas se enzarzaron en una lucha con los dos. En un momento de la pelea, uno de los nausicaanos le clavo un cuchillo por la espalda.
Sintió de nuevo la sensación de tener la fría hoja de acero atravesándole el corazón. Notó como este dejaba de latir y se desplomaba en el suelo del bar. (6)
Abrió los ojos y suspiro con alivio al ver que estaba de nuevo en el camarote de Tuvok. Se toco el pecho, notando el corazón artificial que llevaba desde el incidente en Earthart y que le llevó a cambiar su aptitud hacía la vida.
- Es evidente que ha ocurrido algo extraño, He tenido una visión de mi pasado que ha resultado… Perturbadora.- Comentó el vulcaniano.
- No podría estar más de acuerdo, señor Tuvok, Subamos al puente para intentar averiguar que es lo que ocurre.
Cuando entraron en el puente, Picard se sorprendió al ver a algunos cadetes ocupando varios puestos. Le costaría acostumbrarse a su presencia.
Tuvok se fijo en los gestos del capitán, aunque el vulcaniano no comentó nada al respecto.
- Capitán, tenemos informes por toda la nave de extrañas visiones relacionadas con el pasado o el futuro de los tripulantes.- Le informó el primer oficial Zoma.
Una mujer alta, de cabello rubio, se acerco al capitán Picard. La mujer le lanzó una mirada hostil al instructor vulcaniano.
- Teniente Idun, ¿Qué es lo que impacto contra la nave?

- Una onda de
energía de nivel
- Hay que realizar una telemetría para rastrear esa señal hasta su punto de origen.- Dijo Tuvok.
Idun frunció el ceño y miró a su capitán.
- Hágalo, teniente.- En cuanto la teniente Idun regresó a su terminal, Picard le dijo en voz baja al vulcaniano:
- No se lo tenga en cuenta. Idu fue criada junto a su hermana, pese a ser humanas, por un klingon y aunque en su apariencia exterior sea humana, en su interior tiene alma de klingon
- Entiendo.
- Capitán, los sensores detectan restos de partículas cronométricas en la onda de energía, así como una fluctuación en el continuo espacio-tiempo.- Dijo el cadete Scare.
- Fascinante.- Exclamó Tuvok.- Es posible que eso explique los episodios temporales que hemos padecido, capitán.
- Capitán, ya hemos encontrado el lugar de procedencia de la señal energética. Proviene del sistema Udrum. Es un sistema pequeño, con ningún de sus planetas habitados. Estamos cerca de allí.- Dijo Jack Crusher mientras observaba su terminal científica.
- Mmm ¿Qué opina, señor Tuvok? ¿Nos desviamos del rumbo y echamos un vistazo?
No olvidemos que este es un viaje de prácticas, con cadetes sin experiencia.
- Creo que deberíamos observar este fenómeno y averiguar su origen. Somos la nave más cercana, la lógica indica que nos acerquemos para tratar de averiguar lo que ocurre.
- ¡Señor! ¡Tenemos un objeto dentro de nuestro alcance!- Gritó el alférez Cole Paris. (7)
- En pantalla.- Ordenó Picard.
En la pantalla principal se podía ver una nave de pequeño tamaño flotando a la deriva en el espacio.
- Una capsula de escape. Detecto una forma de vida en su interior.
- Transpórtela
a la sala de transporte 5. – Mientras Observaba a uno de lo cadetes, Lorea, la andoriano con quien había hablado
nada más llegar los alumnos a
- Cadete Lorea. Póngase al timón.

- ¿Y-yo?- Dijo con voz temblorosa.
- Alguna vez tiene que empezar. Y si quiere capitanear una nave como esta un día, el timón de la nave es el lugar más indicado para ir cogiendo confianza y experiencia.
- Gracias, señor.- Dijo ella con los ojos iluminados por la alegría.
- Rumbo al sistema Udrum, a factor 6.
- Rumbo fijado, señor.
- Señor Tuvok, acompáñeme. Nos reuniremos en la sala de transporte con el doctor Greyhorse. – Indico el capitán Picard.
4
Guinan se sintió reconfortada y segura mientras el doctor la examinaba con su tricorder médico.
- Le digo que estoy bien, doctor.
- Eso déjemelo a mi criterio, señora.- Contestó el doctor Greyhorse con el gesto torcido y algo molesto por que su paciente no se estaba quieto ni un instante.
Las puertas se abrieron, y por ellas entraron el capitán Picard y Tuvok.
Picard observó al doctor examinando a la persona que habían rescatado de la capsula. Era una mujer, de edad indefinida, quizás entre los treinta y los cuarenta años.
Llevaba un sencillo traje de color azul, cuyo diseño era claramente alienígeno. En su cabeza lucia un curioso gorro o sombrero.

Ella miró fijamente a Picard, durante un instante que pareció eterno. Entonces ella le miró directamente a los ojos.
- Tienes pelo.- Dijo ella en un tonó divertido.
Tuvok alzó una de sus cejas. Picard y Greyhorse se miraron con cara de sorpresa.
El capitán se paso la mano por la cabeza, tocándose su cabello.
- Si, así parece ¿nos conocemos?- Le respondió él sonriendo.- Me resulta extrañamente familiar
- ¿No recuerdas?
- ¿Recordar que?- Preguntó Picard con extrañeza.
Los ojos de Guinan bajaron con tristeza.
- No.- Dijo ella con una voz que apenas era audible.- Por supuesto que no.
Al verlo, casi había olvidado que no era hasta dentro de algunos años, que se conocerían, y entonces ambos se reirían a carcajadas de este encuentro mientras tomaban un té.- Pensó Guinan (8)
- Quizás haya resultado dañada durante su estancia en la capsula.- Comentó Tuvok.
- Estoy perfectamente, orejas picudas.- Dijo Guinan mientras sus labios se fruncían hacia arriba en una sonrisa que no era exactamente una sonrisa.
- ¿Orejas picudas?- Repitió el vulcaniano con el rostro totalmente serio.
- Ah, estos vulcanianos y tan simpáticos como siempre. Me llamo Guinan.
- Yo soy el capitán Jean Luc Picard, este es el doctor Greyhorse y él es el señor Tuvok.- Dijo Picard señalando al instructor.- ¿Qué es lo que le ha ocurrido?
- Iba en un transporte, en un carguero yridiano que había alquilado para llevarme a un Derus IV, cuando una onda de energía nos golpeó, el motor del carguero se sobrecargo y tuvimos que huir en capsulas de salvamento.
- En este momento nos dirigíamos a investigar ese fenómeno.- Apuntó Tuvok.
- ¿Qué tal se encuentra nuestra invitada, doctor?
- Perfectamente para ser una mujer sana de más de quinientos años, capitán.
- Soy el-auriana.- Aclaro Guinan con una sonrisa.
- Será mejor que te llevemos a sus habitaciones, Guinan.- Dijo Picard cortésmente.
Unas horas después, en el puente de la nave estelar.
- Detecto una enorme estructura artificial, señor.- Indicó el cadete Scare al capitán.
- En pantalla.- Ordenó Picard intrigado.
En la pantalla
principal apareció un gigantesco objeto. Era al menos tres veces más grande que
- Fascinante. Es algún tipo de estación orbital, su diseño
es totalmente desconocido en la base de datos de
- Análisis táctico.- Ordenó Picard.
- Una fluctuación energética impide el correcto funcionamiento de los sensores, señor.- Dijo Lorea
- Las fluctuaciones tienen la misma firma energética que la onda de choque que cruzó el cuadrante. Recomiendo salir de este lugar de inmediato, capitán.
Antes de que el capitán Picard pudiese responder, todos notaron un tremendo impacto y fueron envueltos por una ola de energía que pareció sumergirles en el olvido…
5
Tuvok se
despertó con un ligero dolor de cabeza. Inmediatamente, se percató de que ya no
se encontraba en
Un ruido lo puso en alerta, tres esferas de metal flotaban por el camarote, las tres se movían en sincronía.
- Sujeto: Tuvok. Acompáñenos.- Dijo una voz fría e impersonal que salió de una de las esferas.
El vulcaniano siguió a las esferas por un pasadizo fabricado en algún tipo de polímero transparente. Mientras caminaba podía ver como había secciones diferenciadas, con todo tipo de criaturas y formas de vida de diversos mundos diferentes. Reconoció a algunas: Targs klingons, perezosos de las cavernas alvanianos, rapaces tarkaleanas, tigres kryonianos, hasta un diablo de fango denebiano.
¿Una colección de especies exóticas? Interesante.- Pensó Tuvok.
Tras salir del pasadizo, entraron en una sala amplia, con una iluminación azulada. Tubos de ensayo, ordenadores, grandes contenedores, camillas y todo tipo de instrumental. Sin duda se trataba de algún tipo de laboratorio.

- Espero que le gusten las humildes instalaciones de las que dispongo.- Dijo una voz.
De detrás de uno de los contenedores, salió una persona. Era un hombre, de cabello castaño y ojos penetrantes. Vestía elegantemente, y a su lado caminaba un humanoide de más de dos metros de alto, tenía una piel rosada, con abundantes arrugas, sobre todo alrededor de los ojos y de la boca. A sus pies había una extraña criatura cuadrúpeda, oscura y de aspecto fiero. De sus ojos y del interior de su mandíbula, se desprendía una luminosidad.
- Es un sabueso lereakano. Una especie rara, casi extinguida. Se llama Deigor.
- Nunca había visto criatura semejante.- Dijo Tuvok intrigado.
- Este es el señor Udgah.- Dijo señalando al gigantesco humanoide de rostro afable que le acompañaba.
El señor Udgah hizo una referencia al vulcaniano.
- Oh, perdone mis modales. Me llamo Siruuk Asim Belcor y se encuentra en mi estación de investigación.
- ¿Dónde esta
el capitán Picard y la tripulación de
- Son mis drones personales, son muy celosos con mi seguridad personal. Mis múltiples áreas de conocimiento incluyen también la robótica y la cibernética. No se preocupe, sus amigos están descansando en sus aposentos. No sois prisioneros, al contrario, sois mis invitados.
- ¿Qué es lo que hace en esta estación? ¿Qué tiene que ver con la onda energética que ha atravesado el cuadrante?
- Todas las preguntas serán contestadas, amigo mió, tiempo al tiempo. Usted es el señor Tuvok ¿verdad?
- ¿Cómo sabe mi nombre?- Preguntó Tuvok.
- He escaneado el ordenador de su nave, señor Tuvok. Le ruego que me acompañe, le están esperando sus compañeros.
El vulcaniano pensó en intentar reducir a Siruuk. Confiaba en que sus habilidades en el combate cuerpo a cuerpo le diesen la ventaja necesaria para dejarle inconsciente. Sin embargo, la amenaza de sus drones defensivos y el aliciente de averiguar el origen de las ondas de energía, capaces de alterar el continuo espacio tiempo, pararon su mano.
En otra parte de la estación.
- Tenemos que encontrar una manera de salir de aquí y encontrar el resto de la tripulación.- Dijo Picard a las personas que estaban alrededor suyo.
- Oh, venga, disfrutemos de la comida, tiene una pinta excelente. –Dijo Guinan mientras se servia un poco de licor sauriano en una copa de cristal.
Estaban sentados alrededor de una mesa, con fuentes llenas de comida de todo tipo. Varios drones flotaban alrededor de ellos, como si estuviesen observándoles.
Jack Crusher, Lorea, Scare, la teniente Idun, acompañaban a Picard y Guinan en la mesa.
Todos habían despertado en sendos camarotes y conducidos a este comedor por los extraños drones.
Por ello, se vieron con la sorpresa de ver a Tuvok entrando por la puerta, acompañado de dos desconocidos.
- Espero que les agrade el banquete en su honor, suelo comer solo, así que el poder tener compañía es un lujo.- Dijo Siruuk.
- ¡Yo te conozco!- Exclamó Guinan casi en un grito.
- Mmm mis sospechas eran ciertas, eres Guinan, la ultima vez que nos vimos, apenas eras una adolescente.
- ¿Quién es, Guinan?- Preguntó Jack Crusher.
- Su nombre es Siruuk Asim Belcor, y en su momento fue la más grande de las mentes el-aurianas, uno de nuestros mayores científicos. Lo debamos por muerto en la catástrofe que destruyo nuestro mundo natal.
Siruuk frunció el ceño, y sus ojos miraron fijamente a Guinan, para después sonreír como si no hubiese escuchado nada.
- Como ya le he dicho al señor Tuvok, sois mis invitados y seréis tratados como tales, no tenéis nada que temer de mí.
- ¡¡ ¿Donde esta mi nave?!! – Gritó Picard levantándose.
Varios drones se acercaron al capitán deteniéndose a pocos centímetros de su rostro.
Siruuk hizo un gesto con la mano, y los drones se apartaron.
- Aquí esta su nave, capitán.
Siruuk pulsó uno de los controles de un dispositivo que tenía en la muñeca
y una pantalla holográfica de desplegó mostrando una imagen de
- ¿Contento?- Dijo el el-auriano mientras se sentaba en la mesa.
- En parte ¿y el resto de la tripulación?
- Se encuentran custodiados por drones en sus camarotes. ¿Saben? Han llegado justo a tiempo para observar el mayor descubrimiento que jamás se haya hecho. Es perfecto, tendré testigos de mi investigación.- Mientras hablaba se le iluminaban los ojos, como si estuviese emocionado.
- Siento curiosidad, señor Siruuk ¿cual es ese descubrimiento?- Preguntó Tuvok.
- Imagínese una fuente de energía tal, que fuese capaz de plegar el espacio tiempo para poder reestructurarlo a tu voluntad.- Dijo Siruuk mientras el señor Udgah le servia una bebida en un vaso de cristal.
- Eso es imposible.
- No hay nada imposible, señor Tuvok. Imagine las injusticias que podíamos evitar, las muertes que nunca llegaran a producirse, las vidas que salvaríamos….
- Eso es una locura, no se puede alterar el equilibrio, no podemos convertirnos en Dios y decidir cual es la línea temporal que nos conviene por capricho.- Dijo Picard con dureza.
- No haga un juicio por adelantado, capitán, no soy ningún loco. Les enseñaré de lo que hablo.
Se subieron a un elevador que los llevó a una de las secciones inferiores de la estación.
Siruuk les acompañó hasta una enorme estancia, donde una gran mampara dejaba ver una vista bella y hermosa del planeta en el que trazaba la orbita la estación.
- Este planeta se llamaba Rashan. Sus habitantes eran una raza de filósofos, científicos y visionarios. Llegaron a crear una sociedad casi perfecta, sin guerras, sin enfermedades, sin hostilidades entre ellos. Su única obsesión era mejorar ellos mismos y a todo lo que les rodeaban. Su tecnología llegó a puntos inimaginables para el resto de la galaxia.
- Parece que les admiraba.- Apuntó Tuvok.
- Sus logros fueron admirables, no cabe la menor duda. Llevaron el conocimiento a sus últimas consecuencias. Por desgracia, nada dura para siempre, y un día, su cultura, su saber, todo lo que eran, desapareció.- Dijo casi con tristeza.
- ¿Qué ocurrió?- Preguntó Picard.
- Nadie lo sabe con exactitud. Una plaga, una catástrofe natural, quien sabe. Fuese como fuese, se extinguieron. Dejando tras de si un legado inacabado, pero con un potencia inmenso. Vuestra llegada coincidió con una de las pruebas de mis experimentos con el legado de los rashan. Sin embargo, me alegro de tenerlos por aquí, amigos. Contemplarán con sus propios ojos mi triunfo y el mayor logró que un ser vivo haya conseguido jamás. Yo lo llamó el Ominacron.
- ¡Has enloquecido! La locura ha anidado en ti.- Exclamó Guinan con expresión de enfado en su rostro.
- ¡No eres nadie para juzgarme!- Gritó Siruuk apartando a Guinan de un empujón.
Picard se adelantó hacía el el-auriano, y el corpulento señor Udgah se interpuso entre ambos, sin cambiar la expresión rocosa de su rostro.
- Disculpadme, trabajo día y noche y tengo mucho estrés. Será mejor que el señor Udgah os acompañe a vuestros aposentos para que descanséis.
- ¿Cuáles son sus planes, Siruuk? ¿Nos dejara marchar?
- Por supuesto, señor Tuvok, en cuanto terminen las reparaciones de su nave, son libres de marcharse. Mientras tanto, son mis invitados, y podrán disfrutar de mi mayor logro. Después de contemplar sus efectos, estoy seguro de que no querrán marcharse.- Dijo él con una mueca que podría asemejar una sonrisa.
El gigantesco señor Udgah les hizo un gesto para que le siguiesen.
Guinan sintió una mano en su hombro.
- Quédate, Guinan, tenemos cosas de las que hablar.
Picard y Tuvok le lanzaron una mirada interrogante a la el-auriana.
- Estaré bien, no se preocupen.- Dijo ella con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora.
- Seré un perfecto anfitrión.- Dijo Siruuk.
6
- ¿Recuerdas nuestro mundo, Guinan?- Preguntó Siruuk.
- Como si fuese ayer, sus ríos, sus cielos, sus bellos paisajes, sus océanos. Jamás lo olvidaré, al igual que ninguno de los el-aurianos. Nuestro planeta estará siempre grabado a fuego en nuestros pensamientos y en nuestro corazón.- Dijo Guinan. Con cierto aire de melancolía al recordar su hogar.
- ¿Dónde estabas cuando ocurrió el desastre?
- Me encontraba fuera de nuestro mundo en ese momento. Nunca pude contemplarlo una última vez.
- Yo estaba allí. Lo vi todo.- Dijo él con firmeza.
Lo recordaba todo con una claridad meridiana. El pánico y el miedo que se apodero de todos, la desesperación que se podía ver en sus ojos y en sus rostros descompuestos por el terror. Y por encima de todas las cosas, la terrible sombra que se extendía sobre sus cabezas. Las naves que representaban todos los temores y pesadillas de los el-aurianos , el mal puro encarnado en esas naves con forma de cubo, desafiando todas las leyes de la aerodinámica y del que surgían seres sin piedad alguna que se llevaban a los seres queridos, sin verse afectados por los gritos y las lagrimas. Para ellos no significaban nada. (9)
- Lo perdí todo, mi mujer, mis padres, mis hijos. Eran toda mi vida. Ellos se los llevaron para siempre.- Comenzó a decir Siruuk con voz casi temblorosa.- Sin ellos estoy vacío. En aquel instante, jure que haría cualquier cosa para que recuperarlos y a nuestro querido y añorado mundo.
- No hay nada que podamos hacer, todos perdimos a seres queridos en el ataque a nuestro mundo por parte de ellos- Replicó Guinan.
- Ellos. Hasta nos da miedo nombrarlos, es como si pensásemos que al decir su nombre aparecerán para acabar el trabajo de exterminar a nuestra raza. ¡Maldigo a todos y cada uno de los borg por lo que hicieron! ¡Los nombrare una y mil veces si hace falta!
- Por los dioses, ya se lo que pretendes hacer. El objeto de tu experimento es el de alterar el espacio tiempo para que recuperar a tu familia.
- No solo a mi familia, Guinan, si no también a todo nuestro planeta. Nuestro glorioso pasado, nuestra historia, lo que somos ya no existe, solo somos un puñado de refugiados de un mundo muerto, de una raza prácticamente extinguida. Yo cambiare eso, volveremos a tener nuestro mundo y a todos nuestros seres queridos ¿no te gustaría volver a ver a tu madre? ¿A tus hermanos? ¿Tus amigos?
Guinan golpeó la pared con su pequeño puño.
- ¡Maldita sea, Siruuk! No pasa un solo día de mi vida que no piense en ellos, ¡pero esto no esta bien! ¡No puedes cambiarlo todo! Esto es demasiado grande para ti! A pesar de que tenemos una extrema longevidad, solo somos mortales, no somos ni seremos nunca dioses.
- No sabes hasta donde he llegado, Guinan, estoy tan cerca… Nada me impedirá lograrlo ¡nada!
Hacía un rato que el sirviente de Siruuk se había marchado. Tuvok estaba meditando en silencio cuando abrió los ojos. Decidió que era el momento de actuar. Se puso a examinar detenidamente el mecanismo de la compuerta de su camarote. Lo abrió y comenzó a manipularlo. Tras unos minutos, la compuerta se abrió con un chasquido.
Con extrema precaución y cautela, salió del camarote.
Estuvo caminando por los corredores de la estación, cuando escuchó un ruido que se acercaba. Rápidamente se ocultó tras una columna. Pudo observar como varios drones parecían estar haciendo una ronda, asegurándose que todo estaba en calma.
Permaneció totalmente inmóvil, pausando su respiración, para intentar que los drones no le detectasen. Durante unos minutos, los drones de vigilancia escudriñaron la zona, para después marcharse por otro lugar.
Tenía que intentar liberar a sus compañeros e intentar juntos detener a Siruuk.
Lorea no dejaba de dar vueltas a un lado y a otro de su camarote. Era como
un animal enjaulado. Su primer vuelo en una nave estelar, fuera del simulador,
y acababan en las garras de un científico loco. Desde niña quiso ingresar en
Le pareció escuchar un ruido que provenía de la compuerta. Agarró una especie de jarrón que adornaba la mesa, para poder usarlo como arma y espero a que se abriese la compuerta. Justo cuando estaba a punto de golpear, reconoció el rostro de Tuvok.
- Instructor.- Exclamó aliviada la andoriana.
- Cadete Lorea, acompáñeme, tenemos que liberar a los otros.
Antes de que su alumna pudiese decir nada, una enorme mano agarró al vulcaniano y lo levantó varios palmos del suelo. El señor Udgah sujetaba con una sola mano a Tuvok, sin apenas esfuerzo. Lorea intentó ayudar a su profesor, pero el sirviente la apartó con facilidad y esta quedó aturdida.
Tuvok sabía que si no actuaba con rapidez, perdería el sentido y entonces estaría perdido. Con un hábil movimiento, golpeó al unísono con ambas manos a la cabeza de Udgah, que con un quejido estridente soltó por fin al vulcaniano. Este se llevó la mano al cuello e intentó recuperar el aliento, justo antes de que Udgah volviese al ataque.
Tuvok usó una llave tradicional de la lucha vulcana para derribar al
gigante, desde el suelo Udgah lo agarró de su pierna y le hizo tambalear, lanzándolo
contra uno de los muebles del camarote con fuerza. El impacto fue tremendo, el
mueble se rompió en mil pedazos y Tuvok quedó levemente desorientado, lo cual
aprovechó el gigantesco sirviente de Siruuk para lanzarse sobre él como un
mastodonte enrabietado. El oficial de
- Por favor, no quiero herirte.- Dijo Tuvok en tonó conciliador.
El gigante se quedó inmóvil durante in instante, para después lanzar un golpe contra Tuvok, con una finta evitó el primer golpe, pero el siguiente golpe lo descargó en pleno rostro del vulcaniano, que cayó al suelo dolorido. Cuando el señor Udgah se preparaba para dar el golpe de gracia, todo comenzó a temblar ostensiblemente. El sirviente se quedó mirando a un lado y a otro, sorprendido por lo que estaba ocurriendo.
Momento de desconcierto que aprovechó Tuvok para hacerle un pinzamiento vulcano (10) que hizo que el gigantesco sirviente cayese completamente inconsciente.
En cuanto comprobó que su enemigo estaba fuera de combate, se acercó a Lorea, a la que ayudo a incorporarse.
- ¿Se encuentra bien?- Preguntó Tuvok a su alumna.
- Algo aturdida, pero bien.- Contestó ella.- ¿Qué fue eso? ¿Qué hizo temblar la estación?
- Me temo que el experimento de Siruuk es inestable y que corremos un gran peligro.- Dijo Tuvok mientras registraba a Udgah. En uno de los bolsillos encontró algo.
Era un pequeño mecanismo electrónico.
- Nuestro anfitrión esta jugando con fuerzas más allá de su comprensión. Tenemos que encontrar una terminal de la computadora antes de que se de cuenta de que nos hemos escapado.
Cuando empezaron los temblores, Guinan se acurrucó en un lado, mirando con temor a su alrededor. Siruuk simplemente parecía desconcertado, como si esto fuese algo que no estaba dentro de sus planes. En cuanto terminó de temblar toda la estructura de la estación orbital, Siruuk se acercó a Guinan.
- Levántate, querida, tenemos que marcharnos.
- ¿Que ocurre? – Preguntó ella al científico.
- Las emisiones cronométricas comprometen la estabilidad de la estación. Esto no debería de suceder, tengo que averiguar que es lo que sucede.
- Siruuk, ponle fin a esto ahora que puedes.
- ¿Me estas amenazando?- Preguntó algo incrédulo Siruuk.
- Nada de eso, es una señal de que debes de parar. – Apuntó Guinan con una mirada penetrante.
- Todo seguirá según lo planeado, y tu y tus amigos veréis el mayor logró alcanzado jamás por un científico.
Lorea miraba con cautela por encima del hombro de Tuvok, que estaba concentrado en descifrar los códigos de acceso de la terminal de la computadora.
- ¿Para que sirve esto?- Dijo la joven andoriana examinando el mecanismo que le habían quitado a Udgah.
- Cadete, le ruego que se mantenga en silencio, esto requiero concentración.- Dijo Tuvok con una mirada de reprobación.- Creo que es sirve para controlar a los drones, espero que no tengamos que comprobarlo. Ahora que he satisfecho tu curiosidad, permanece callada, por favor.
Lorea asintió en silencio. El vulcaniano manipulaba los controles de la terminal con rapidez. Tras numerosos intentos, en el pequeño monitor de la terminal empezaron a aparecer diagramas de la estación. Otro temblor obligó a ambos a sujetarse fuertemente para no caer.
- Ha sido más fuerte esta vez, esta empeorando.- Comentó Tuvok.- Tenemos que darnos prisa.
Un rayo de energía paso rozando la cabeza de Lorea. Un grupo de drones estaban disparando contra ellos. Tuvok empujó a la andoriana e hizo que ambos rodasen por el suelo evitando los disparos. El instructor agarró el mecanismo de la mano de Lorea y apuntó a los drones mientras accionaba varios de los controles. Al principio no ocurrió nada, hasta que de repente los drones cayeron al suelo como si se hubiesen quedado sin energía.
Lorea estaba temblando, Tuvok se arrodilló a su lado.
- Lorea, tienes que tranquilizarte, el peligro ha pasado.- Le dijo Tuvok agarrándola de las manos.
- Y-yo…
- Cierra los ojos, Lorea. Respira pausadamente, piensa en un mar de tranquilidad, sumérgete en él, muy lentamente…
Tras unos minutos, la joven cadete andoriana abrió los ojos, ya calmada y tranquilamente.
- Gracias, nunca me había enfrentado a una situación real de riesgo ¿Qué es lo que me ha hecho?
- Es un viejo ritual de relajación vulcano.- Observó Tuvok.- He podido averiguar donde esta nuestro equipo personal, iremos allí y después liberaremos al capitán Picard y a sus hombres.
Siruuk apretó uno de los botones del dispositivo que tenía en la muñeca y se activó un mecanismo desplegó un diagrama holográfico de una de las cubiertas. Dos puntos de calor caminaban por los corredores.
- Parece que tus amigos se han escapado. Enviare a más drones para que los detengan. No puedo dejar que interfieran. Cuando apareció su nave y fue afectada por la prueba del Ominacron, pensé que era la oportunidad de tener unos invitados, unos espectadores capaces de admirar mi logro. Ahora veo fue un error, ellos con su sentido del bien y del mal lo estropearan todo, acabaran con el trabajo de todos estos años, y eso no lo puedo permitir.- Dijo Siruuk casi gritando.
- ¿No pensaras en hacerles daño?- Preguntó Guinan.
- No soy un bárbaro. Solo quiero retrasarlos para poder activar el Ominacron y que mis propósitos lleguen a buen término.
Siruuk manipuló otro control del dispositivo de su muñeca y un campo de fuerza se formó frente a Guinan.
- ¡Déjame salir!- Exclamó ella contrariada.
- Esto retrasara a tus amigos. Si todo funciona como debería, nos volveremos a ver pronto… En nuestro mundo.
- ¡No! ¡Escúchame, Siruuk! ¡No lo hagas!
El el-auriano sonrió a Guinan mientras cruzaba una compuerta, acompañado de Deigor, su mascota.
Jean Luc
Picard, Tuvok y Lorea caminaban por el pasadizo donde se encontraban los
habitad de las exóticas criaturas y animales de docenas de mundos distintos.
Tuvok y Lorea habían liberado a la tripulación y Picard había ordenado a sus
hombres que preparasen a
- Según el tricorder, la fuente de energía del Ominacron se encuentra en alguna parte del laboratorio de Siruuk.- Comentó Tuvok con tranquilidad.
- Le doy las gracias de nuevo, señor Tuvok.- Dijo Picard, que llevaba un phaser en una mano y miraba un lado y a otro alerta ante cualquier ataque.
- No lo podría haber conseguido sin la ayuda de la cadete Lorea.- Contestó el vulcaniano mirando a su alumna.- Ha demostrado un valor admirable para alguien de su edad.
- Y-yo, no se que decir, señor Tuvok.
- En otro momento, cadete, entremos con precaución en el laboratorio. No sabemos que podremos encontrarnos.- Dijo Picard en voz baja.
Entraron en el laboratorio, y en lo primero en lo que se fijaron fue que Guinan se hallaba delante de un campo de fuerza de energía. Al ver que ellos estaban allí, camino con rapidez hacía donde estaban.
- ¿Se encuentra bien? ¿Dónde esta Siruuk?- Preguntó Picard.
- En la sala que hay tras este campo de fuerza. Hay que detenerlo, quiere alterar las líneas del tiempo para crear una donde nuestro mundo no fuese destruido y su familia hubiese sobrevivido.- Dijo ella con preocupación.
- Lo detendremos.- Exclamó Picard poniéndole una mano encima del hombro.
- No es una mala persona, solo es alguien al que el dolor ha trastornado, Jean Luc.
Picard la miró y no pudo evitar la extraña y perturbadora sensación de que la conocía, de que se habían visto antes. Eso era imposible, la recordaría, aun así, no podía evitar esa familiaridad con ella.
- Haremos lo posible por no hacerle daño, te lo prometo.
- Capitán, debemos desactivar el campo de fuerza.- Advirtió Tuvok.
El capitán Picard sacó su tricorder y empezó a examinar el campo de fuerza. Durante unos minutos pasó el tricorder por todo el campo de fuerza con lentitud.
- ¿Ha que espera?- Preguntó Lorea.
- Esta buscando la frecuencia adecuada para atravesar el campo.- Comentó Tuvok.
Picard manipuló su phaser y disparó un rayo concentrado a través del campo de fuerza, este lo atravesó e hizo que un dispositivo encima de la compuerta estallase. El campo de energía desapareció de inmediato.
- El generador del campo de fuerza.- Explicó Tuvok a su alumna.
- Cadete, será mejor que se quede con Guinan.- Ordenó Picard.
- Pero yo…
- Es una orden de un oficial superior, cadete, no lo olvide.- Dijo Tuvok con voz autoritaria.
Lorea asintió y permaneció callada.
- Si en diez minutos no regresamos, vayan a
7
Al cruzar el umbral de la compuerta, pudieron observar como Siruuk se encontraba ante un panel de control, trabajando con prisa, como si se le acabase el tiempo.
- ¡Siruuk! ¡Deténgase!- Gritó Picard.
El científico se volvió hacía ellos con expresión de sorpresa.
- Estoy apunto de lograrlo, no pueden detenerme.
- Esta apunto de hacer una locura, hay cosas con las que no se puede jugar, Siruuk.- Dijo Tuvok.
- ¡No me detendrán!
De una de las zonas menos iluminadas de la cámara, algo saltó velozmente sobre Tuvok. Era Deigor, la mascota de Siruuk. El vulcaniano se revolvía, luchando con la bestia alienígena.
- No se preocupe por mí, capitán ¡deténgalo! – Gritó Tuvok.
Picard apuntó con su arma al el-auriano. Siruuk manipuló su muñequera y de ella salió un haz de plasma que Picard esquivó a duras penas.
Mientras tanto, Tuvok intentaba contener al sabueso lereakano como podía, intentaba mantenerse alejado de la mandíbula del animal, aunque sus garras ya habían perforado la piel de su brazo, la sangre de color verde comenzó a manar de las heridas del vulcaniano.
- ¡Siruuk! ¿No se da cuenta? ¿No ha pensado que su descubrimiento podría ser la razón por la que los rashan desaparecieron? Ellos intentaron hacer lo mismo que usted y eso acabo con ellos, si se equivoca, no solo no salvara a su familia, si no que condenara a toda la galaxia.- Gritaba Picard mientras eludía los disparos de su enemigo.
- ¿Acaso no vale la pena arriesgarse? Yo creo que si.- Dijo Siruuk mientras disparaba.
- Acabemos con esto de una vez.- Exclamó Picard al tiempo que derribaba al científico de un certero disparo de su phaser.
Tras comprobar que Siruuk estaba inconsciente, volvió su atención hacia Tuvok.
Este estaba de pie, frente a la figura inconsciente de la mascota del científico.
- No es muy diferente que amaestrar a un Le-matya (11) – Apuntó Tuvok.
- ¿Esta herido?- Preguntó Picard al observar las manchas verdes en la manga del traje del vulcaniano.
- No es nada grave, capitán. Tenemos que desactivar el Ominacron.- Dijo Tuvok sacando su tricorder.
Se acercó al panel de control donde estaba trabajando Siruuk
Tuvok manipulaba el control de una de las puertas. Tras unos minutos, y una luz intensa y hermosa casi los cegó, haciéndoles entrecerrar los ojos.
En el centro de la cámara, rodeado de un campo de fuerza de algún tipo, había un artefacto que brillaba con la intensidad de un pequeño sol.
- ¿Qué demonios es eso? – Exclamó Picard
- Las lecturas son demasiado complejas para el tricorder. La señal energética es desmesurada. Lo que hay en el interior del contenedor es materia isotópica extradimensional. Si mis datos son correctos, si entra en fase critica, podría estallar.
- ¿Y que sucedería entonces?- Preguntó Picard.
- Es solo una teoría, pero lo más probable es que se colapsase sobre si mismo el tejido del continuo espacio tiempo, haciendo desaparecer toda nuestra realidad en una explosión de semejante magnitud a la que tuvo que ser el big bang.- Aclaró el vulcaniano.
Un nuevo temblor, esta vez de más intensidad, sacudió toda la estación.
- Tenemos que darnos prisa.- Comentó Tuvok sin apartar la vista del artefacto que Siruuk había bautizado como el Ominacron. Empezó a intentar averiguar como estabilizarlo. Miles de ecuaciones y formulas científicas se formaron en su mente en pocos segundos.
- Creo que lo he logrado.- Dijo finalmente el vulcaniano.
El artefacto que una vez perteneció a los rashan dejó de brillar con tanta intensidad, sin embargo, empezó a emitir pequeños destellos intermitentes y Picard y Tuvok contemplaron con sorpresa como la misma estructura de la estación empezaba a alterarse, como si estuviese desvaneciéndose discontinuamente.
- ¿Qué es lo que ha ocurrido?
- Es posible que haya evitado la explosión, pero parece que toda esta estación esta teniendo un colapso temporal, las emisiones del Ominacron están desplazando toda la masa de la estación por la corriente espacio tiempo. Tenemos que salir inmediatamente de aquí o seguiremos el mismo camino.- Afirmó Tuvok.
- Cojamos a Siruuk y…
Sin darse cuenta, mientras hablaban, el científico se había colocado cerca del Ominacron. Siruuk activó el mecanismo de su muñeca, y un campo de fuerza se interpuso entre él y ellos.
- ¡No lo haga! ¡Morirá!- Gritó Picard.
- Márchense. Es mi decisión.- Dijo con total calma Siruuk.
- No podemos dejarle.- Dijo Picard.
- Capitán, no tenemos tiempo que perder, debemos regresar de inmediato a
Sabia que el vulcaniano tenía razón, aún así, hecho una ultima mirada a Siruuk antes de marcharse.
En cuanto los oficiales de
- Vuelvo con vosotros.
Cuando por la puerta del turboascensor, salieron el capitán Picard, Tuvok y la cadete Lorea, el resto de la tripulación respiró con alivió al contemplar que se encontraban perfectamente.
- Tenemos que salir de aquí de inmediato.-Ordenó Picard mientras ocupaba su lugar en el asiento de mando.
Lorea se sentó
frente al timón de
- ¡Máxima velocidad! ¡Adelante!
La nave viró envuelta en una estela de colores al entrar a velocidad warp mientras se alejaba de la estación.
Por la pantalla principal, pudieron observar como la estructura metálica de la estación se desvanecía, hasta no dejar rastro de ella, como si jamás hubiese estado allí.
- Fascinante.- Exclamó Tuvok.
Picard resopló y se levantó.
- Pensé que esta vez no lo lográbamos.- Dijo el capitán.
Unas horas después, en el despacho del capitán Picard, este se encontraba sirviendo unas tazas de té a sus invitados. El señor Tuvok y Guinan.
- En poco tiempo podrá ver a su familia. ¿No esta contenta?- Comentó Picard.
- No conoce a mi familia.- Dijo Guinan antes de darle un sorbo a la taza de té.

- ¿Cree que Siruuk seguirá vivo?- Preguntó Guinan al señor Tuvok.
- Es difícil decirlo con seguridad. Aunque estuviese vivo, podría estar en cualquier lugar del continuo espacio tiempo.- Apuntó el oficial vulcaniano quien tuvo un pensamiento para el sirviente de Siruuk, que había corrido idéntico destino que su señor.
- Quien sabe, quizás este reunido de nuevo con su familia, en algún lugar.- Dijo Guinan sonriendo.
- Quien sabe.- Repitió Picard.- Creo que es hora de despedirnos, Guinan. La esperan en la sala de transporte para bajar al planeta.
- Cuídate, Jean Luc. Nos volveremos a ver, tenlo por seguro. – Dijo ella con dulzura.
Y de algún modo, él supo que así seria. (12)
- Hasta otra, señor Tuvok, mejore ese sentido del humor.
Tuvok levantó una ceja ante el comentario de Guinan.
Una vez ella se hubo ido, Picard dijo:
- Es hora de retomar nuestro rumbo, hay una clase entera de cadetes de cuyo futuro estamos encargados, señor Tuvok.
-En efecto.- Contestó el vulcaniano.
Una vez en el
puente, Picard se dirigió de nuevo a la timonel temporal de
- Marchémonos de aquí, cadete Lorea.
- ¿Rumbo, señor?- Preguntó la andoriana.
- A su libre albedrío, cadete, lejos de aquí.
1) Tras regresar a
2) Guinan fue una secundaria habitual en la serie de
Star Trek
3) Como se pudo ver en Star Trek VI Aquel País Desconocido y el episodio de la 3 temporada de Star Trek Voyager “Flashback”
4) Kolinahr (pronunciado: ko·li·naar) es el ritual vulcano por el que todos los vestigios residuales de emociones son eliminados; También se denomina así a la disciplina que permite mantener la mente libre de emociones. Después de un riguroso entrenamiento para el Kahs-wan durante la infancia, un Vulcano Maduro está preparado para hacer su viaje final hacia la lógica pura. La duración del cual puede variar de entre dos (2) a seis (6) años (o más).
5) Esto se pudo ver en el episodio Gravity de la 5 temporada de Star Trek Voyager, donde Tuvok recordaba este episodio de su pasado.
6) Como se
vio en el episodio Tapestry de la 6 temporada de Star Trek
7) El abuelo del oficial Tom Paris de Star Trek Voyager.
8) Picard y
Guinan se conocieron por primera vez en los episodios Time Arrow de la 5
temporada de Star Trek
9) Los borg
fueron quienes destruyeron el planeta de los el-aurianos.
Aunque estos no aparecieron hasta la segunda temporada de Star Trek
10) Presión neuronal en un punto nervioso en el que el individuo afectado cae completamente inconsciente. Es una técnica habitual de los vulcanianos.
11) El Le-matya es un felino nativo del planeta Vulcano.
12) Esto ocurrirá cuando Picard este al mando de