“Tras su largo viaje de vuelta a casa, la Uss Voyager afronta nuevos retos, nuevas exploraciones y nuevos peligros ahora en el cuadrante Alpha y más allá...”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan:

STAR TREK VOYAGER

Ritos parte 2: Sombras en Kylesia Prime
Episodio 8X09/ Temporada 8

Escrito por el Dr. Banner.

Fecha Estelar: 55940.4

En el episodio anterior:

La capitán Janeway, Tuvok, Harry Kim y el Doctor se encuentran en Kylesia Prime en una misión. Janeway estuvo destinada años atrás en este planeta y conocido a el padre de Mandala, la futura líder de todos los clanes de Kylesia. Mandala, quiere cumplir la voluntad de su padre e integrar la confederación kylesiana en la Federación de Planetas Unidos. Lo cual es una tabú en la sociedad kylesiana. Para intentar que no ocurra nada extraño y Mandala pasé la ceremonia que la convertirá en la líder de Kylesia, la Flota ha enviado a Janeway y la Voyager.

 Mandala y Janeway recuerdan juntas los buenos momentos que vivieron años atrás.

Mientras tanto, Harry Kim y el Doctor, visitan la ciudad, donde sin querer son testigos de la reunión de unos misteriosos personajes que parecen conspirar para matar a Mandala. Harry y el Doctor son alcanzados por un disruptor, el Doctor es dañado y desaparece y Harry cae inconsciente.

Al mismo tiempo, en la Voyager detectan una señal energética proveniente de una de las lunas de Kylesia. Chakotay envía a un grupo a investigar bajo el mando de Seven of Nine…

Y ahora la conclusión.

                                                               1

El antiguo y prestigioso palacio Tokay se arregló y se adorno sin escatimar en gastos para el banquete en honor a la Arsah Bredell. La música tradicional, era acompañada por la letanía de las hermosas voces de las kubasas, sacerdotisas expertas en las dotes de la canción, escuchar su voz era considerado todo un privilegio en la cultura kylesiana. Soldados de la guardia simulaban combates como espectáculo para los comensales. Los más ricos y variados manjares de la cocina kylesiana eran puestos a disposición de los invitados por los sirvientes.

Mandala había invitado a buena parte de los jefes de otros clanes kylesianos. Era un gesto y una tradición que debía seguir, si quería mantener buenas relaciones con todos ellos, una vez fuese nombrada gobernante de su mundo.

Hesse Ctha era un hombre con exceso de peso, manos regordetas y un ansía por llevarse a la boca cualquier cosa comestible. Sus días como gran guerrero eran cosa del lejano pasado. Su gusto por la buena vida era conocido por todos los miembros del clan Ctha y criticado en algunos sectores.

Naga Lokhar era un hombre de mediana edad, su manera de vestir era impecable y cabello gris estaba recogido en varias trenzas, adornadas con ornamentos de diversos colores. Se decía de él que era asustadizo y que le gustaba la paz y la tranquilidad más que nada en este mundo.

Zarzo Karo parecía todo lo contrario, decidido, joven y fuerte. Tenía la insensatez que solo daba la juventud. Era considerado muy atractivo por las mujeres, y sus correrías con el sexo femenino estaban en boca de todos, lo cual no parecía importarle demasiado.

Nume Elbrun, sin duda, era la atracción de la mesa. Aunque ya no era joven, seguía siendo una mujer hermosa. Sin embargo, estas cenas de compromiso no eran de su agrado y evidenciaba que le gustaría estar en otro lugar.

Grokal Key se sentaba a la izquierda de Mandala, como amigo de la familia, Kathryn Janeway se encontraba a la derecha de Mandala. A su lado, Tuvok observaba impasible toda la parafernalia de la cena.

- Y dígame, Janeway ¿esta usted aquí para proteger los intereses de la Federación?

- Dijo  Hesse Ctha mientras devoraba con saña un muslo de phung.

- Lord Ctha, no le consiento...- Comenzó a decir Mandala enfadada.

- No te preocupes, Mandala. Lord Ctha, estoy aquí para velar por la seguridad de Mandala y que todo transcurra sin ningún incidente.

- ¿Esta diciendo que teme por la vida de la Arsah Bredell? ¿Acaso insinúa que somos unos bárbaros incivilizados? La Federación siempre mirando por encima del hombro con desprecio a los mundos que no pertenecen a su club exclusivo...

- Nadie ha dudado de los kylesianos, lord Ctha, pero tiene que admitir que algunos sectores no verían con muy buenos ojos que Mandala siguiese los designios de su padre, y siempre puede haber alguien que vaya más allá y decida que su vida es un pequeño precio por preservar los valores kylesianos.

- ¿Y usted que opina, Janeway? ¿Cree que será bueno para nuestro mundo ingresar en su Federación?- Preguntó Naga Lokhar.

- Los beneficios son evidentes, podrán compartir los amplios recursos que dispone la Federación, participar en sus diversos programas, podrán alistarse en la Flota Estelar, siempre contarán con el apoyo del consejo de la Federación, las ventajas serían interminables.

- Estoy seguro de que podría ser capitán de una nave estelar en un tiempo record.- Comentó Zarko Karo con una sonrisa.

- ¿Así compran nuestro mundo? ¿Nuestra cultura? Los niños jugaran mezclándose con los niños de otros planetas, perdiéndose la identidad, las raíces. Y encima de nosotros, agitándose la bandera de la Federación, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas.

- No tiene que ser tan alarmista, lord Ctha. Piense en que nuestra cultura se enriquecerá con las aportaciones de otros mundos, los kylesianos somos un pueblo orgulloso, pero el orgullo no debe de cegarnos cuando el futuro de nuestra gente esta en juego.

- Bien dicho, lord Key.- Dijo Janeway.

- Con el tiempo, la mayoría verán que esta nueva situación solo puede traernos bienestar y aprenderán a aceptarla. Mi padre siempre pensó que unirnos a la Federación de Planetas Unidos sería un gran avance para nuestro mundo, y eso es algo que yo también comparto.

- Un brindis en honor a lord Orek Tokay.- Dijo Janeway levantando su copa.

Todos ellos imitaron su gesto.

- ¡Por Orek Tokay!

Un rato después, cuando ya estaban con los postres. Janeway y Tuvok se disculparon un momento y salieron fuera del salón.

- Estoy preocupada por Harry y el Doctor, no responden a mis llamadas.

- Quizás sus intercomunicadores estén estropeados.

- Puede ser, aún así, ya tendrían que estar aquí. Es posible que se hayan metido en algún lío.

- No seria de extrañar, capitán. Daré una vuelta por la ciudad para ver si doy con ellos.

- Hagon te acompañará.

Era la voz de Mandala, que se había acercado para ver que ocurría.

- No he podido evitar escuchar vuestra conversación. Señor Tuvok, es mejor que se lleve a Hagon con usted, le ayudará a encontrar a sus compañeros.

- De acuerdo.- Dijo el vulcaniano.

Janeway observó marcharse a Tuvok y a Hagon.

- No te preocupes, los encontraran, seguro que están bien. Los placeres de kylesia son muy atrayentes para los forasteros, Katy.

- Espero que tengas razón, Mandala.

Horas después, cuando la cena había concluido y todo el palacio estaba sumido en el silencio más absoluto, Kathryn paseaba por sus pasillos. Vio luz en la habitación de Mandala, y tocó en la puerta.

- ¿Se puede?

- Pasa, Katy.

La joven se encontraba sentada, frente a unas formas de luz. Eran hermosas, con diferentes colores y composiciones.

- Holoescultura. No sabía que eras aficionada a ella.

- Me sirve de distracción. No podía dormir, no dejaba de recordar a mi padre.

- Le hecho tanto de menos, Katy.- Dijo ella con lagrimas en los ojos.

- Yo también, cariño, yo también.

Su mente retrocedió años atrás, cuando recorría entre mismo palacio.

Kathryn esperaba en el umbral de la puerta del despacho del Arsah Bredell, Orek Tokay.

- Pasé, alférez Janeway, quiero hablar con usted.- Dijo  Orek

En cuanto los sirvientes cerraron las puertas, ambos se dieron un cálido abrazo.

- No sé si esto esta bien, si se entera el capitán Paris me expulsarán de la Flota, Orek.

- ¿Y que te crees que pensarían mis compatriotas si descubren que tengo una relación con una forastera, y además miembro de la Flota Estelar?

Kathryn le dio un besó en los labios, a modo de respuesta.

- Ojala fuese libre, pero la sociedad de Kylesia no esta aún preparada para algo así.

- ¿No has pensado en abandonarlo todo y marcharte? Estoy seguro de que alguien de tu talento y sabiduría no tendría problemas en ser bien recibido en el seno de la Federación.

- ¿Marcharme? Eso es lo que mis rivales esperan, que algún día renuncie a mis convicciones. ¿Y que sería de Mandala? Obligada a crecer lejos de su mundo. No, no puedo hacer eso, jamás me lo perdonaría.

- Mi misión aquí, se acaba en unas semanas ¿Qué haremos entonces?

- Mi corazón se romperá. Desde que murió mi dulce esposa Addeta, no había conocido la felicidad, hasta que te conocí, Kathryn. Tú has sido una luz en mi corazón durante el tiempo que has permanecido a mi lado y jamás te olvidaré.

- Yo tampoco, Odek, nunca podré olvidarte, no creo que haya otro hombre como tu en el universo.

- Oh, mi preciosa, Kathryn, claro que los hay, y te estarán esperando con los brazos abiertos.

Los dos se abrazaron tiernamente y así se durmieron.

Los ojos se le humedecieron al recordar esa escena.

- ¿Qué te ocurre, Katy?

- Recordaba a tu padre, Mandala. Era un hombre inolvidable.

Las dos se abrazaron.

- Tenemos que ser fuertes, Mandala, tu padre lo hubiese querido así.

 

 

                                                               2

 

- Estamos entrando en la orbita de la luna.- Dijo Seven.

- La m-modificación e-esta r-realizada, l-los s-sensores d-de los k-kylesianos o de c-cualquiera q-que este c-cerca n-nos d-detectaran.- Dijo Barclay.

- Es lo adecuado. Los kylesianos consideran sagradas sus lunas y visitarlas esta prohibido por sus leyes, si nos detectasen podríamos causar un incidente que pudiese estropear las futuras negociaciones entre Kylesia y la Federación.- Añadió Seven.

- Si, lo mejor es ser prudentes.- Comentó Melora.

Melora estaba sentada en su consola, con el bastón de madera de de madera de árbol garlánico apoyado a un lado. Nunca se separaba de él, era como llevar a su familia siempre con ella. Aunque hacía mucho tiempo que esperaba una oportunidad para poder salir en misión, en parte estaba inquieta. Confiaba en sus posibilidades, aún así, odiaría que sus compañeros la considerasen un estorbo para ellos.  Pensó en Harry, lo añoraba, ardía en deseos de poder hablar con él. Naturalmente, era algo imposible, los dos estaban en distintas misiones, así que tendría que esperar.

El sonido de alarma de los sensores la sacó de sus pensamientos y la hizo regresar al puente de la Delta Flyer.

En la pantalla apareció una señal procedente del interior de la luna

- Hay esta, la misma signatura nucleónica. Procede de algún punto por debajo de la superficie.- Dijo Seven.- Los sensores no pueden penetrar a tanta profundidad, hay depósitos de benamita que distorsionan la señal.

- ¿Quizás la señal energética es de origen natural? Si las lunas son un lugar vetado, no puede haber nadie en ellas.- Apuntó Melora.

- Tendremos que comprobarlo. Teniente Barclay ¿puede aislar alguna zona segura cercana a la señal energética para poder teletransportarnos?- Preguntó Seven.

- S-si, p-pero e-es u-una l-locura, n-no s-sabemos l-lo q-que p-puede h-haber a-allí a-abajo, n-no e-es s-seguro.

- Tiene razón, bajar sin saber lo que nos podemos encontrar es muy arriesgado.

- Quizás prefieran quedarse aquí, protegidos dentro de la Delta Flyer. Según tengo entendido, hace tiempo que ambos deseaban ser elegidos para una misión en el exterior. Creía que ya estaban preparados para ello, esta claro que me equivoque en tal afirmación...

- No se equivoca. Estamos capacitados como el que más y le demostraremos que podemos hacerlo.- Dijo Melora.

- ¿Señor Barclay?

- C-calculando l-las c-coordenadas d-de t-transporte.

- Bien, preparen el equipo para bajar.- Ordenó Seven.

 

 

                                                               3

 

Harry despertó con un tremendo dolor de cabeza  y una molestia en el lugar donde le habían disparado con el disruptor.  En lo primero que se fijo, es que llevaba una especie de muñequeras metálicas, con una luz roja parpadeante que indicaba algún tipo de mecanismo.

Se incorporó, intentando ver el lugar donde se encontraba. Era una celda de aspecto tosco y anticuado, sucia y descuidada.

- Veo que ya te has despertado.

Se dio cuenta de que no se encontraba solo en la celda. Al otro lado de la misma, tumbado en una litera, había un kylesiano. Era alto, corpulento, con un aspecto no demasiado tranquilizador. Tiene barba de varios días, lleva el cabello muy corto, casi al cero.

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?- Preguntó Harry.

- Estas en la peor cloaca de toda Kylesia, chaval. Llevas horas durmiendo, pensé que no ibas a despertar y ya estaba pensando en quedarme tus botas...

Harry se estremeció durante un momento.

Su compañero de celda sonrió.

- Era una broma, ahora mismo soy el menor de tus problemas, me temo. Me llamo Rial Elbrun de Mordeaun. O mucho me equivoco, o no eres de por aquí ¿verdad?

- Provengo de la Tierra. Soy Harry Kim.

- ¿Y que hace un terrestre en Kylesia? ¿Cómo has acabado aquí?

- Es una larga historia...

- Tómate tú tiempo, chaval. No se por qué te han metido en este lugar, pero no esperes que sean muy amables contigo.

- ¿Y tú? ¿Qué es lo que hiciste para que te encerrasen?

- No te engañaré, chaval. No soy ningún santo,  he ido haciendo enemigos durante varios años y ahora han decidido cobrárselo con intereses.

- ¿No hay nadie que te eche de menos fuera? ¿Que pueda venir a ayudarte? 

Rial se apoyó en las rejas y en su mirada se dejaba ver una cierta tristeza.

- Nadie me espera, nadie llorará mi muerte, Harry Kim.

Harry le miró pensativo. ¿Podría confiar en él?  Por lo que sabia, podía ser un delincuente peligroso, quizás un asesino o un terrorista. Sin embargo, sin saber el motivo, le inspiraba cierta confianza. Fuese como fuese, tenía que arriesgarse si quería salir de este lugar inmundo. Le habían arrebatado la insignia intercomunicadora, su phaser y su tricorder, y el Doctor...

En ese momento se acordó de que el holograma no estaba. ¿Qué fue de él? Recordó ligeramente como antes de caer inconsciente pudo guardarse el emisor holográfico móvil del Doctor. Empezó a buscar en sus bolsillos, no estaba.

- ¿Buscas esto?- Dijo Rial Elbrun moviendo el emisor de una mano a otra.

- ¡Eso es mío!

- Tranquilo, chaval. Conseguí que el guardia me dejase quedármelo, a cambio de un buen precio, él no sabia que demonios era y yo tampoco ¿para que sirve?

- A ti no te servirá de nada, devuélvemelo.

- No tan deprisa. Cuéntame por que estas aquí y quien eres realmente y me lo pensaré.

- Parece que no tengo opción. Esta bien, soy un oficial de la Flota Estelar en misión en Kylesia.

- La Flota Estelar, esto se pone cada vez más interesante...

Harry le explico a Rial, la misión que había llevado a este planeta, de cómo fueron a visitar la ciudad y de que por casualidad, tropezaron con una conversación que no debían escuchar y por la cual estaban en esta situación.

Rial Elbrun, que había escuchado atentamente la historia de su compañero de celda, miró con curiosidad el emisor holográfico móvil.

- ¿Así que tu amigo esta aquí dentro? ¿Y dices que es un holograma?

 - En efecto. ¿Me lo devuelves?

Rial se lo lanzó y Harry lo pilló al vuelo.

- Muchas gracias, Rial.

- De nada, chaval ¿crees que tu amigo nos puede sacar de aquí?

- Mmm si consigo que funcione, es posible, el emisor esta dañado, necesito ver si puedo arreglarlo. Ah, y no me llames chaval, llámame por mi nombre.

- Esta bien, chaval.- Y tras decir esto estalló a reír en escandalosas carcajadas.

- ¿Qué es lo que te parece tan divertido?

- Estaba pensando que si salimos de aquí, te enseñare los placeres y la diversión que puede ofrecer mi pueblo. Uno no sabe lo que es estar vivo, sin saborear la cerveza kylesiana y disfrutar de la belleza de las mujeres de mi mundo. Te lo aseguro, la cerveza de aquí es mil veces mejor que el sintehol (1) ese que bebéis en la Flota, y las mujeres, ah, que decir de las mujeres de Kylesia.

- Si salimos de este lugar, te invitaré a un barril de cerveza kylesiana y ambos nos emborracharemos hasta caer inconscientes en el suelo.- Dijo Harry con una sonrisa mientras examinaba el emisor móvil.

Rial miró hacía fuera de la celda.

- Parece que tenemos visita.

Harry escondió rápidamente el emisor debajo de la manta de la litera.

Dos guardias abrieron la celda y le hicieron un gesto a Harry para que les acompañase.

- ¿Dónde me lleváis? Exijo hablar con alguien que...

Uno de los guardias activó un pequeño dispositivo y una tremenda y dolorosa descarga de energía sacudió a Harry. Dolorido y casi sin fuerzas, se lo llevaron prácticamente arrastras.

Rial Elbrun observó en silenció como se lo llevaban.

 

 

                                                               4

 

- ¿Cree que sus compañeros se habrán metido en algún lío? Quizás una pelea o…

- No es muy probable. El señor Kim es una persona responsable, aunque del Doctor no estoy tan convencido. Aún así, las probabilidades de que tuviesen problemas es  demasiado baja para tenerla en cuenta.- Respondió tranquilamente Tuvok.

- Espero que no se ofenda ni se sienta insultado, pero un miembro de su Flota Estelar no sobreviviría mucho tiempo por algunos rincones de la ciudad.- Comentó Hagon.

- Es imposible insultarme, no tengo ninguna respuesta emocional a las críticas o a cualquier comentario respecto a mis habilidades o a las de mis compañeros. Por lo tanto,  no puedo ser adulado ni insultado.- Dijo Tuvok.

- Una gente curiosa los vulcanianos, siempre lo he dicho.- Dijo Hagon sonriendo.

El jefe de seguridad de la Voyager levantó una ceja y volvió su atención hacía su tricorder.

- ¿Esta seguro que con su aparato podemos localizarlos?

- He modificado este tricorder para localizar el rastro fotónico que va dejando el Doctor.

El rastro puede durar días antes de desaparecer, así que no podemos perderlo.

- ¿Ha detectado algo?

- Sí, por aquí.- Dijo Tuvok Desviándose hacía la izquierda y entrando en una calle cercana.

Tuvok se detuvo y examinó atentamente su tricorder.

- Allí.- Dijo Tuvok señalando lo que parecía un almacén.

- Entremos.- Dijo Hagon.

El almacén estaba bien provista con artículos de todo tipo. Comida, objetos de regalo, antigüedades, ropa, herramientas y hasta artículos religiosos.

Un cliente estaba siendo atendido por el dueño del almacén, en cuanto el cliente hizo su compra y se marchó, ambos se acercaron para hablar con el dueño.

- Saludos, ciudadano, tenemos unas preguntas que hacerle.- Dijo Hagon.

- ¿En que puedo servirles? ¿Buscan quizás alguna reliquia exótica del continente de settra? Cualquier cosa que deseen se la puedo conseguir, no lo duden.

- Buscamos a dos amigos míos.- Dijo el vulcaniano.- Un chico joven, acompañado de un hombre de mediana edad, ambos son extranjeros, quizás lo notase en sus modales o en sus expresiones.

- Mmm no, no recuerdo a ningún extranjero últimamente. Si me disculpan, tengo cosas que hacer, lamento no poder ayudarles.

- Miente.- Afirmo con rotundidad Tuvok.

- ¿Qué?

- Su lenguaje corporal le traiciona, esta nervioso, esta ocultando algo.

- N-no ¿pero que esta diciendo? ¿Cómo se atreve?

- ¿Estas seguro?- Preguntó Hagon.

- Sí, no se que sabe exactamente, pero estoy seguro de que sabe más de lo que dice.

- ¡Miente! ¡Esta mintiendo!

- Los vulcanianos no podemos mentir.- Indicó Tuvok.

- Por lo poco que sé de ellos, tiene razón.- Dijo Hagon mientras sacaba su cuchillo.

- ¿Q-que h-hace?- Dijo con la voz temblorosa el dueño del almacén al ver el cuchillo en las manos de Hagon.

- Vas a decirme donde están sus compañeros, por las buenas o por las malas…

- No será necesario. Hay una manera más efectiva de lograrlo. Una fusión mental.

- ¿Qué es eso? No estoy familiarizado con sus costumbres.- Comentó Hagon.

-  Es un antiguo ritual vulcano, mediante el cual dos personas se conectan telepáticamente. Nuestras mentes se unirán y sabré lo que él sepa.

- N-no p-por favor, no se lo permita.

- Le aseguro que es un método totalmente indoloro.

El vulcaniano, bajo la curiosa y atenta mirada de Hagon, sujeto con una mano la cabeza del hombre y con los dedos de la otra mano, presionó la parte izquierda del rostro, casi punzándolo con ellos. Mientras lo hizo, cerró los ojos, como concentrándose.

-  No alce la voz, les atenderé enseguida, espere un momento.

Hagon observó sorprendido como los dos habían hablado a la vez y con las mismas palabras, como si fuesen uno.

- Tengo unos clientes, unos extranjeros, no consigo que se marchen, en cuanto me libre de ellos, podremos proseguir con la reunión, milord.

De repente, el haz de luz de un disruptor impacto contra el dueño de la tienda, que cayó fulminado en el suelo, con una herida humeante en la espalda.

Hagon reaccionó de inmediato, y lanzó su cuchillo instintivamente al lugar de donde había surgido el disparo. Para su sorpresa, el cuchillo se clavó en el aire, donde no se veía nada, sin embargo, se escuchó un gemido de dolor y unas gotas de sangre surgieron donde estaba el cuchillo, dejando ver levemente que algo o alguien estaba allí, aunque no pudiesen verle. El Cuchillo cayó al suelo y dos ráfagas de disparos de disruptor, hicieron que Hagon tuviese que esquivarlos. Cuando se dio cuenta, ya no veía la sangre de la herida, fuese quien fuese se había marchado. El asesino invisible cumplió su trabajo, el dueño de la tienda estaba muerto y no podría hablar.

¿Y Tuvok? Se encontraba tendido en el suelo, con una expresión de dolor en su normalmente inexpresivo rostro, tenía los ojos en blanco y le temblaban las manos.

Hagon no tenía ni idea de lo que podría haberle ocurrido al vulcaniano al morir la persona con quien realizaba la fusión mental. No podía permitir que muriese. Si lo hacía, quizás se llevase a la tumba los secretos del destino de sus amigos y puede que alguna cosa que afectase a la seguridad de su señora Mandala.

Sacó un comunicador, y avisó a palacio para que enviasen una unidad médica.

Esperaba que no fuese demasiado tarde para el vulcaniano.

 

 

                                                               5

 

Tres formas comenzaron a materializarse.

El teniente Reginald Barclay empezó a resoplar.

- ¿Se encuentra bien, señor Barclay?- Preguntó Seven.

- S-si, s-solo n-necesito u-un s-segundo. – Dijo él en voz baja. Usar el transportador era un mal necesario con el que había convivido durante toda su carrera en la Flota. Solo de pensar que todos sus átomos se disgregaban para volver a juntarse de nuevo, le ponía los pelos de punta. Odiaba tener que usarlo y no le inspiraba nada de confianza, pero su trabajo exigía ese sacrificio.

El sitio donde se encontraban era un pequeño túnel situado bajo la superficie de la luna.

Había varias galerías que parecían llevar a más cavernas y cuevas.

- Estas cuevas no son naturales.- Comentó Melora.- Han sido creadas artificialmente.

- Será mejor que exploremos a fondo el lugar.- Dijo Seven mientras sacaba su tricorder.

Caminaron durante un buen rato por la red de túneles subterráneos. Hasta que Seven les hizo un gesto para que se detuviesen.

- He detectado una señal energética, es similar a la que detectamos desde la orbita del planeta.  Tenemos que seguir por el túnel de la derecha, hasta el lugar de origen de la señal.

Avanzaron lentamente por el túnel, hasta que encontraron algo. La roca y la piedra terminaron, para dar paso a un pasillo metalizado. Parecía el inicio de algún tipo de instalación artificial.

- Esta claro que no estamos solos. Hay alguien viviendo en el interior de esta luna.- Dijo Melora con rostro preocupado.

- ¿N-no s-seria m-mejor p-pedir a-ayuda?

- Antes tenemos que hacer un reconocimiento previo, entonces, volveremos a la Voyager y el comandante Chakotay decidirá que hacer.- Comentó Seven.

Melora examinó detenidamente las puertas y el mecanismo de apertura.

- Esta sellada. Seguramente usan algún dispositivo que abre el control de las puertas. Si la forzamos probablemente activaremos alguna alarma.

- No hará falta.

Seven miró minuciosamente los paneles cercanos a las puertas y retiró la cubierta de uno de ellos. De su mano izquierda surgieron dos apéndices metálicos que se introdujeron en el panel.

En un segundo, las puertas se abrieron, sin activarse ningún tipo de alarma.

El contemplar los tubos asimiladores borg de Seven of Nine, hizo que Melora no pudiese reprimir un escalofrío. Esos mismos mecanismos eran los que inoculaban el virus borg en sus victimas, asimilándolas y trasformándolas en poco tiempo en uno de ellos. El verlos, aunque fuese en una acción inofensiva, le ponía los pelos de punta.

- Extrememos las precauciones.- Dijo Seven sacando su phaser.- Síganme, yo iré delante.

Con mucho sigilo, fueron avanzando por las instalaciones. Llegaron a lo que parecía un enorme almacén, con montones de contenedores, bidones y recipientes.

No parecía haber nadie. Seven abrió uno de los contenedores.

- Benamita. Estas lunas son ricas en ese mineral. Parece que alguien se lo esta llevando.

- Y no solo eso, en estas cajas hay algo más…- Dijo Melora enseñando en la palma de su mano una especie de cristal azulado.

- Cristal azul, es una droga muy adictiva, y muy letal para la salud. Esta prohibida en todo el cuadrante. Su precio en el mercado negro es muy alto.- Dijo Seven.

- Q-quizás s-sean c-contrabandistas.- Comentó Barclay.

Escucharon un ruido. Pasos que se dirigían hacía el lugar donde se encontraban.

- Ocultémonos.- Ordenó Seven.

Cerraron las cajas y contenedores y se escondieron detrás de una fila de contenedores de gran tamaño.

- ¡Estupido! ¡Tu estupidez e inoperancia nos puede salir muy cara! Demasiada cerveza romulana te ha hecho más torpe si cabe, por tu culpa se ha estropeado la fuente de alimentación, provocando un escape de energía que puede hacer que nos detecten.

- ¡No fue culpa mía! ¡El equipo es defectuoso! Son aparatos viejos y caducos.

Eran tres personas. Un humano,  de mediana edad, con barba y cabello castaño, que eran con quien discutían, un nausicaano de aspecto aterrador y un roviliano que jugaba con un arma mientras hablaba.

- El sindicato de Orión no tolera errores, Ker, acaba con él.

Antes de que el humano pudiese hacer nada, el nausicaano le disparó en plena cabeza.

- Llévate a esta basura.- Dijo el roviliano mirando a un lado y a otro.

Los dos se marcharon, llevándose el cadáver de su compañero con ellos.

- El sindicato de Orión.- Dijo Melora con voz temblorosa.

Hasta Seven sabía de la existencia de esa organización. En el colectivo borg se había asimilado a muchos miembros del sindicato, por lo tanto, era consciente de lo que significaba encontrarse con ellos.

El sindicato de Orión era una organización criminal dedicada a todo tipo de negocios turbios e ilegales. Trafico de influencias, compra y venta de armas, drogas, sobornos, asesinatos. El sindicato operaba por todo el cuadrante, y los pertenecientes a sus filas eran personas sin ningún escrúpulo, carentes de moral y que solo buscaban su propio beneficio por encima de todo. La Flota Estelar llevaba detrás de ellos desde hacía muchas décadas, sin demasiado éxito.

¿Qué es lo que hacía en este lugar? Si estaban en Kylesia, había que avisar a su gobierno para que estuviesen alerta.

- Tendremos que dividirnos. Mientras vosotros buscáis la sala de control de estas instalaciones, yo iré que no arreglen la avería que tienen y sabotearles todo lo que pueda. En cuanto lo haga, nos transportaremos de vuelta a la Delta Flyer ¿de acuerdo?

- Será muy peligroso…

- Son oficiales de la Flota, su entrenamiento les hace estar preparados para situaciones similares a esta. Intenten entrar en su computadora y averiguar todo lo posible de sus intenciones en Kylesia.

Tras decir esto, la ex-borg se encamino hacía su destino.

- S-suerte.- Dijo Barclay.

- Venga, será mejor que nos pongamos en camino.

Seven of Nine entró en lo que parecía la sala de ingeniería de las instalaciones del sindicato. No había nadie a la vista. Mientras examinaba uno de los paneles de control, a Seven le vino a la mente la imagen del Doctor. Apenas llevaban separados unos días y ya lo añoraba. Estaba claro que la relación entre ambos estaba progresando y cada vez los dos se encontraban más a gusto con la mutua compañía. Para su sorpresa, una relación sentimental podía ser algo muy gratificante.

Apartó momentáneamente esos pensamientos, para centrarse en su tarea actual. Las instalaciones estaban rodeadas por un campo de energía que impedía que fuesen detectados por los sensores planetarios de Kylesia por cualquier nave que pasase por las inmediaciones de la luna. Si no fuese por la avería producida y el escape de energía, seguramente nunca habrían sido descubiertos por los sensores de la Voyager.

El escudo de energía impedía también que nadie pudiese transportarse dentro de la base del sindicato. El daño estaba casi reparado, si quería que saliesen de este lugar, tenía que hacer que no pudiesen arreglarlo tan fácilmente.

- Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí? Levanta las manos, guapa.

Seven se maldijo a si misma por su incompetencia. Estaba tan centrada en el análisis del panel que no se había percatado de que tenía compañía.

Eran dos y estaban armados con fusiles de plasma.

Seven disparó con precisión y rapidez, derribando a uno de los hombres antes de que pudiesen reaccionar. Su compañero disparó su fusil de plasma, Seven rodó por el suelo con gran habilidad, para después impactar y dejar sin conocimiento a su oponente.

Se incorporó rápidamente, resuelta a completar su cometido y salir de allí lo más pronto posible, cuando detrás de ella empezó a escucharse unas carcajadas profundas y desagradables. Dos puños grandes como martillos la golpearon en la cabeza, haciendo que ella se desplomase con un fuerte ruido.

El nausicaano llamado Ker observó sus manos manchadas con la sangre de la joven.

 

 

                                                                6

 

- ¿Cómo se encuentra? ¿Cuál es el estado de Tuvok?- Preguntó Janeway con preocupación.

- Su estado es estable. Necesita reposo.

- Muchas gracias por su ayuda y por haber traído a su mejor shirander(2), lord Key.

- No hay de que, Mandala. Como bien sabes, es un placer ayudarte a ti y a tus amigos.- Dijo Grokal Key con una reverencia.

- ¿Puedo verlo?- Dijo la capitán.

- Por supuesto, pero sea breve.- Dijo el shirander de Key.

Kathryn entró en la habitación donde descansaba su viejo amigo. Tuvok descansaba con los ojos cerrados y respiraba muy lentamente. El vulcaniano era su más antiguo y viejo amigo en la Flota, además de su mano derecha y en muchos momentos, su confidente.

En ese momento, se despertó.

- Capitán.

- ¿Cómo te encuentras, viejo amigo?

- Una ruptura de una fusión mental debido a la muerte de la persona con quien compartes la mente, es traumática, en algunos casos, hasta mortal. He tenido suerte.

- ¿Valió la pena? ¿Conseguiste averiguar algo? 

- El dueño del almacén estaba al cargo de alguien, un hombre, posiblemente un kylesiano y había alguien más,  creo que un tellarite. Puede que Harry y el Doctor están vivos, aunque no pude adentrarme en lo más hondo de su psique para averiguar donde se encontraban.

- Al menos sabemos que no están muertos, algo es algo.

- Hay algo más, planeaban atentar contra Mandala, ignoró que plan seguirán, pero eso estaba claro en su mente.

- Informaré a Mandala de todo esto.

- ¿Pudieron detener a quien asesino al dueño de la tienda?

- No, según Hagon era alguien al que no podía ver, sabia que estaba ahí, por que veía los disparos y la sangre de una herida que le hizo, pero fue incapaz de poder verle.

- Fascinante ¿quizás una raza con algún sistema natural de camuflaje?

- O puede que algún nuevo mecanismo de alta tecnología, a saber. Será mejor que te deje descansar. Recupérate pronto, viejo amigo.

- Los vulcanianos nos recuperamos más pronto que los humanos de cualquier daño.- Apuntó Tuvok.

Tras salir de ver a su jefe de seguridad, Kathryn se reunió con Mandala, Hagon y Grokal Key.

- Tuvok dice que ese hombre y otros dos, conspiraban para asesinarte, Mandala. Te tengo que pedir que suspendas la ceremonia, hasta que los encontremos y estés a salvo.

- ¡Imposible! En toda la historia de Kylesia, nunca se suspendió o se retraso una ceremonia.- Dijo Grokal Key

- Lord Key tiene razón, Katy, no puedo suspenderla. Seria un enorme deshonor para nuestra familia y un insulto al resto de clanes.

- Permíteme entonces que traiga a más hombres de la Voyager para poder  garantizar tu seguridad.

- Yo y mis hombres daremos nuestra vida por nuestra señora.- Dijo Hagon con rostro de pocos amigos.

- Estoy segura de ello, pero…

- No estaría bien visto tener a guardias de la Flota Estelar pululando por aquí. Ya ha costado que tú y tus hombres fueseis aceptados en el lugar de la ceremonia.

- Esta bien, veo que por ahí no hay nada que hacer.- Dijo Kathryn con el ceño fruncido.

- ¿Estáis listas para el rito de K’vath?- Comentó Grokal Key.

- Sí, Kathryn será mi dohad.- Dijo Mandala.

Grokal Key no pudo evitar reflejar la sorpresa en su rostro.

- Si Mandala te ha elegido, no veo a nadie más adecuado para ser su dohad.- Dijo Grokal Key sonriendo levemente.

- Antes tengo que comunicarme con mi primer oficial. Nos vemos en la nave de transporte.

- Te esperamos allí, se puntual.- Le dijo Mandala.

- No me lo perdería por nada del mundo.

Se marchó, entrando en su habitación, para tener un poco de intimidad.

Activó su insignia intercomunicadora.

- Aquí la capitán Janeway. ¿Cómo va todo por la nave, comandante?

- Una tranquilidad pasmosa. Si no aparecen los borg o los hirogen pronto creo que me voy a volver loco.- Dijo socarronamente Chakotay.

- No tientes a la suerte, Chakotay.

- Todo va como la seda. La única anomalía es una pequeña señal energética que detectaron los sensores de largo alcance en una revisión rutinaria. La señal provenía de una de las lunas de Kylesia Prime. Seven se llevó a Barclay y a Melora para investigar su procedencia.

- Que extraño. Los kylesianos jamás pondrían un pie en una de sus lunas, se les consideran sagradas, el profanarlas es impensable para su cultura y su religión.

- Si, es raro. Puede que sea algún tipo de fenómeno natural que haya confundido a los sensores.

- No creo que sea casualidad. Aquí abajo hemos tenido más movimiento, no hemos estado tan relajados como allí arriba.

- ¿Si? explícame lo que ha pasado.

Kathryn le explicó a Chakotay todo lo ocurrido desde su llegada a Kylesia.

- Estoy de acuerdo contigo, creo que puede haber alguna conexión. ¿Quieres que te ayudemos a buscar a Harry y al Doctor?

- No, quiero que lleves a la Voyager cerca de la luna, pero recuerda, hay que tener cuidado, como se enteren los kylesianos, al diablo la admisión de su mundo en la Federación.

- Contactaré con Seven y de inmediato nos trasladaremos allí. De todos modos, mantendremos los canales abiertos por si necesitáis refuerzos. Cuídate Kathryn.

- Tu también. Nos vemos pronto, cariño. Un besazo.

- Espero que pronto puedas dármelo en persona. Chakotay fuera.

Con una sonrisa cruzándole el rostro se embarco en la nave transporte, no sin antes dejar un PADD con varias instrucciones para su jefe de seguridad.

 

 

                                                               7

 

- ¿Vendrán más naves estelares a Kylesia?

- Ya se lo he dicho, lo desconozco.

Harry recibió un golpe durísimo que hizo que su nariz sangrase. El guardia kylesiano se rió, satisfecho con el daño que le había inflingido a su prisionero.

- No sé lo que quiere de mí.

- Queremos encontrarte alguna utilidad, estoy seguro de que tienes información que nos puede servir para algo.

- No estés tan seguro. Aunque quizás podamos sacar algo por él en el mercado de esclavos de derius V.

En el umbral de la puerta, estaba un tellarite que Harry reconoció como el que vieron en el almacén. Le llamaron Fregak.

- Si no me dejan marchar, mi capitán no cejara hasta encontrarme.

- Tu capitán pronto estará fuera de combate. Lo cual nos hará todo mucho más sencillo.

 La confederación Kylesiana es un territorio virgen e inexplorado, con muchas riquezas por explotar, me froto las manos solo de pensar en los beneficios que podemos sacar de todo esto. Cuando todo esto termine, la Federación será nombrada non grata por Kylesia, y nosotros tendremos vía libre para extender nuestros lazos por todo el territorio de la confederación.

- ¿Qué le hace pensar que todo le vendrá tan de cara?

- Estupido, no sabes quienes somos ¿verdad? Estas en manos del sindicato de Orión. El sindicato no hace las cosas al azar. Esta es una gran oportunidad para ampliar nuestros negocios que no vamos a desaprovechar.

El sindicato de Orión. La organización de criminales organizados más grande de todo el cuadrante. Ahora todo empezaba a cobrar sentido para Harry. Si Kylesia no entraba en la Federación, no estaría sujeta a sus leyes ni protegida por la Flota. El sindicato podría usar el territorio kylesiano para ampliar fronteras en sus negocios. Era un gran negocio, se mirase por donde se mirase.

El tellarite se acercó a Harry y le sacudió un golpe con su enorme manaza.

- Llévatelo. Acabará sus días como esclavo en algún mundo lejano, tengo contactos, creo que podré sacar un buen dinero por esta escoria.

Momentos después, era arrojado al interior de su celda. Rial Elbrun le ayudo a levantarse.

- Tienes mal aspecto, chaval.

- He pasado experiencias peores. Tenemos que salir de aquí lo más pronto posible. El sindicato de Orión son quienes nos tienen prisioneros y quienes están detrás de todo esto.

- ¿El sindicato? He oído hablar de él, incluso aquí han llegado historias sobre esa organización. ¿Son tan fieros como los pintan?

- Hacen cualquier negocio, por turbio que sea, para obtener beneficios, y no se detienen ante nada, si alguien se pone en su camino, lo asesinan, venden armas, trafican con drogas ilegales, mercancías, incluso con esclavos, cualquier cosa. Extienden sus redes por docenas de planetas.

- Pero no en la confederación Kylesiana.

- No, hasta ahora. Sospecho que alguien de tu pueblo os ha traicionado, para el sindicato, vuestros mundos, Kylesia Prime y sus colonias, son como un paraíso inexplorado. Millones de habitantes con los que hacer negocios, vender su mercancía, las posibilidades para ellos no tienen límites…

- El panorama que presentas no es nada alentador. Aunque no se si debería importarme demasiado.

- ¿Cómo puedes decir eso? ¡Es tu mundo! ¡Tu hogar!

- Dicen que el hogar es donde esta el corazón, y mi corazón hace años que murió.

- No te comprendo.

Rial se subió las mangas de su camisa, dejando ver su hombro derecho. Tenía algo marcado a fuego, era un símbolo desconocido para Harry.

- ¿Ves esta marca? Es la marca de un Ar Kadur, un desterrado, un sin clan.  Para un kylesiano, es algo peor que la muerte.

- ¿Cómo ocurrió?

El kylesiano suspiró profundamente.

Hacía muchos años, en las marismas de Mordeaun vivía la familia de Rial, del clan Elbrun. Rial fue cazador en las marismas, y era el destinado a liderar a su familia, sustituyendo a su padre como consejero del Aksah Bredell de su clan.

Sin embargo, Rial renuncio a esa vida, alistándose en el ejercito, a partir de ese momento, para su padre, Rial había muerto. Tras pasar diez años en el ejército, donde llego a ser Mayor, conoció a Elora. Elora pertenecía al clan Karo, un clan rival históricamente del Elbrun, eso no les importo. Rial, que hasta ese instante, había sido un pendenciero, un vividor y un mujeriego, sentó la cabeza y  se caso. De la unión de ambos nacieron dos hijos: Turik y Chani. Durante su etapa como soldado, Rial había hecho cosas de las que no se sentía orgulloso y cuyas imágenes le atormentaban cada vez que dormía, con Elora consiguió la paz para su alma y su espíritu. Elora era la cosa más hermosa y dulce que jamás hubiese visto Rial, ella y sus hijos eran toda su vida.

Pero nada dura para siempre, durante un altercado, entre hombres de la guardia personal del Arsah Bredell del clan Elbrun, y un grupo de insurgentes, Elora y sus dos hijos fueron muertos en el fuego cruzado. Rial, enloquecido por el dolor, intentó matar al Arsah Bredell, que mando disparar pese a que su mujer e hijos estuviesen en medio y corriesen peligro de ser alcanzados.

En ese instante, en el momento que su familia abandonó este mundo, una parte de Rial se fue con ellos. Ya nunca fue el mismo. No le importó demasiado que le castigaran, que le nombrasen un Ar Kadur, un desterrado, sin clan, un estigma para el resto de kylesianos. Fue como si se lo hiciesen a otra persona, como si él ya no viviese, fuese un muerto en vida.

Desde entonces, vivió al límite, arriesgando su supervivencia muchas veces sin necesidad, como si la vida careciese ya de sentido para él. Se dedico a ser multitud de cosas, mercenario, guardaespaldas, y todo tipo de trabajos que nadie quería hacer.

Ya nada tenía verdadera importancia para él. Solo el recuerdo de su familia le mantenía vivo.

Rial Elbrun se quedó pensativo, con la mirada perdida. Contar su historia le traía recuerdos que hubiese preferido no revivir.

- Yo… Lo siento mucho, Rial, has sufrido enormemente.

- ¿Qué te hace pensar que me interesan en lo más mínimo? Se refugian en ritos y costumbres ancestrales, sin darle importancia a las cosas que realmente la tienen. Es posible que se merezcan lo que les viene encima.

- Puede. ¿No has pensado en mostrarles lo equivocados que están? En hacerles ver, que aunque te han repudiado, tú puedes arriesgarte por salvarles, por impedir que el sindicato y los conspiradores triunfen. Mandala Tokay quiere cambiar las cosas en Kylesia, dar un salto hacía adelante. Hay gente que lo quiere impedir a toda costa ¿dejarás que lo hagan? ¿Permitirás que se salgan con la suya y todo permanezca igual?

Rial gritó de rabia y golpeó con sus puños la pared de la celda.

- Esta bien, maldita sea. Salgamos de aquí y démosles lo que se merecen a esos bastardos.

- Así me gusta. No te arrepentirás, amigo.- Dijo Harry sonriendo, mientras manipulaba los controles del emisor holográfico del Doctor para intentar repararlo.

 

 

                                                               8

 

- ¿Puedes ayudarme?

El guardia no daba crédito a lo que estaba contemplando. Una hermosa chica, rubia, de alguna raza que no conseguía identificar, estaba enfrente suyo. La chica llevaba encima de su traje, una especie de exoesqueleto mecánico.

Detrás de él escuchó algo. Reginald Barclay tenía que dejar inconsciente al guardia con el phaser, mientras Melora lo distraía, sin embargo no contaba con que se le atascase el botón de disparo del arma.

- Pero que…

No le dio tiempo a decir nada más, Melora le golpeó con todas sus fuerzas con su bastón de madera.

- Se suponía que tenías que inutilizarlo tú, Reg.

- L-Lo s-siento, n-no s-se q-que e-es l-lo q-que h-ha p-pasado, s-se h-ha a-atascado.

- Es igual, entremos.- Dijo Melora, mientras caminaba con dificultad, apoyándose en su bastón.

Rápidamente, Melora y Barclay observaron con atención todos los monitores y procedieron a  intentar acceder a la memoria de la computadora.

- N-no v-va a s-ser f-fácil, e-esta f-fuertemente p-protegida.

- Si fuese sencillo, no nos lo habrían asignado, Reg.

Melora comenzó a mirar uno por uno los distintos monitores, deteniéndose en uno en concreto.

- ¡Reg, mira!

En el monitor se podría ver a un nausicaano y a dos guardias, el enorme nausicaano arrastraba por un brazo a Seven of Nine. Esta parecía inconsciente, y podían observar rastros de sangre en su cabeza.

- L-la h-han c-capturado. T-tenemos q-que b-buscar a-ayuda.

- No podemos avisar a la Voyager, Reg. Han vuelto a activar el campo de energía, no podremos volver a la Delta Flyer ni comunicarnos con la Voyager. Su mecanismo de control es independiente y no esta controlado por esta computadora.

- ¿Y-y q-que p-podemos h-hacer?

- Estamos solos. Nos toca a nosotros rescatar a Seven of Nine.

Próximo episodio: ¿Conseguirán Barclay y Melora rescatar a Seven of Nine de las garras del sindicato? ¿Podrá Harry reparar al Doctor y escapar de la prisión donde se encuentra? Todo esto y mucho más en Ritos 3 parte: El legado de los Arsah Bredell.

1)      El sintehol es un sustituto de las bebidas alcohólicas , sin los efectos nocivos de estas en el organismo.

2)      Shirander es el terminó que le dan los kylesianos a sus doctores y curanderos.