“Tras su largo viaje de vuelta a
casa,

Fecha Estelar: 59427
1
El Doctor entró en el
comedor de oficiales tarareando una aria familiar de una ópera romántica.
Estaba realmente contento y se le notaba, incluso se podía decir que su humor
había mejorado, lo que era mucho decir para el holograma médico. Acababa de
regresar de una misión junto a Seven y Paris que había sido de lo más
estimulante. Había sido un gran viaje de tres días en un planeta llamado Seroid
XI. Analizando unos posibles depósitos de dilitio en ese mundo deshabitado y
sin vida inteligente. Él y Seven podido disfrutar de una comida campestre al
lado de un río, mientras Tom Paris exploraba la zona. Sin duda fue relajante y
divertido. Y traía cientos de fotos hechas con su cámara holográfica, tras el
cantar, la holo fotografía era su más grande afición fuera de su trabajo.
—Vaya, Doctor, se le ve de buen humor esta mañana. —Observó Neelix que se hallaba preparando los desayunos para la tripulación.
—Hmmm si, se puede decir que mis subrutinas están especialmente alegres en estos momentos, Neelix. —Comentó el Doctor. — ¡Me dan ganas de cantar en alto ahora mismo!
El talaxiano no pudo menos que esbozar una sonrisa ante los comentarios del Doctor. Una de las más agradables sorpresas que se encontró al regresar con sus antiguos compañeros fue averiguar que el Doctor y Seven of Nine eran pareja. Era una pareja de lo más inusual, y aúna si, se notaba que se querían realmente. Esto le hizo encogerle el corazón al acordarse de su esposa y sus hijos, masacrados a manos de los Borg no hacía tanto tiempo. Era una herida que sabía que tardaría en cicatrizar, si alguna vez lo hacía realmente.
—Si pudiese ingerir liquido, le invitaba a una copa, Doctor.
—Yo me tomaré esa copa.
El comedor se quedo casi en silencio por unos segundos, para después volver a su bullicio habitual. Quien había provocado todo eso efecto era la persona que acababa de pisar la sala. Era un hombre alto y musculoso, con una barba algo descuidada y un cabello castaño revuelto. Se trataba del teniente comandante Adam Clayborne, el oficial al mando de los llamados Elite Force, el escuadrón de militares que la nueva reglamentación obligaba a llevar toda nave estelar de la Flota.
Clayborne se acercó a la barra y miró a un lado y a otro con resignación.
—Algo me dice que no soy bienvenido aquí.
El Doctor torció el gesto.
— ¿Y que esperaba? ¿Qué le recibiesen con una orquesta y una fiesta de bienvenida?
—Observó el Doctor con ironía nada disimulada.
Clayborne se le quedó mirando fijamente.
—Tú eres el programa médico que se cree una persona ¿Verdad?
El Doctor abrió mucho los ojos.
— ¡Soy una persona!
— ¿Si? Yo pensaba que tenía tanta personalidad como una lámpara de noche.
— ¡Soy un Doctor, no una lámpara de noche!
El Doctor estaba a punto de saltar sobre Clayborne, que no sonreía divertido, cuando apareció B’elanna Torres.
—Tranquilo, doc., creo que le necesitan en enfermería, la doctora Selar ha vuelto a hacer inventario…
La mención de Selar y el que la vulcana le ordenase según su lógica todo el material médico hizo que el Doctor diese media vuelta y saliese corriendo hacía la enfermería.
—Es divertido ese doctor vuestro. —Comentó Clayborne mirando a Neelix.
La medio klingon se cogió un plato de creeps de plátano y se dispuso a sentarse en una de las mesas.
— ¿Le importa si le acompaño?
Torres le miró un momento y después asintió.
—No veo por qué no.
— ¿Creeps de plátano? Nunca hubiese imaginado que ver a un klingon comiendo algo que no se retorciese, la verdad.
Torres se le quedó mirando.
—Soy medio humana. —Observó Torres. —Mi madre me los hacía de niña.
El teniente comandante miró a su alrededor.
—Creo que no aprueban que comparta mesa y hable conmigo ¿Por qué lo hace?
La jefe de ingenieros le miró atentamente.
— La tripulación me echó el mismo discurso al poco de llegar aquí. No confiaban en mí, era una Maqui, una terrorista para muchos. Si yo conseguí adaptarme a la vida en la Voyager usted también podrá.
Clayborne rió.
—Así que soy como un intruso aquí. Pertenezco a la Flota Estelar, como vosotros, ni más ni menos.
Torres frunció el ceño.
—No se ofenda, pero en operaciones especiales, se dispara primero y se pregunta después. Esta no es una nave de guerra, lo que parece que han olvidado los que mandan.
Clayborne se encogió de hombros.
—Yo solo soy un soldado, solo cumplo ordenes.
Torres se incorporó.
—Eso dicen siempre los soldados en todas las guerras ¿verdad?
Clayborne observó cómo se marchaba.
—Y pensaba que habíamos comenzado con buen pie.
2
— ¿Está seguro de esto? No quiero que se haga daño. —Observó Seven of Nine.
Se encontraban en una de las areas de entrenamiento de la Voyager. Frente a ella, el capitán Bowers, que le había pedido poder enfrentarse a ella en combate cuerpo a cuerpo. Aunque Bowers se mantenía en buena forma, llevaba tiempo fuera de la primera línea de acción, oculto en el papeleo de su despacho en el cuartel general de la Flota. La maldición de los almirantes, lo llamaban muchos capitanes antes de ascender. Años atrás, Bowers había sido un capitán tan intrépido y aventurero como el que más, y quería averiguar si aún era capaz de entrar en acción en situaciones de riesgo como antaño.
—No te preocupes, Seven. Activa el programa de entrenamiento que has creado sin ningún temor.
La
oficial de astrometría de la Voyager activó un mecanismo y varios paneles de
las paredes se abrieron, soltándose varios enjambres de dispositivos de ataque
con forma ovalada, no más grandes que pelotas de golf, que inmediatamente
descargaron ondas de energía fotonica intentando dar contra ellos.
Seven of Nine rodó por el suelo con una facilidad que a Bowers le resulto pasmosa, esquivaba los rayos fotonicos como si pudiese proveer exactamente donde impactarían.
Claro que sus implantes borg le daban una ventaja a sus sentidos que casi nadie podía igualar. Sus reflejos eran casi inigualables.
La mujer con gran habilidad, contraataco disparando con su phaser y acabando con una docena de objetivos con extrema rapidez.
—Parece tan sencillo viéndola—Pensó Bowers moviéndose con más dificultad que la ex-borg. Varios haces de fotones estuvieron a punto de alcanzarle de plano, sudando por el esfuerzo, dio un saltó disparando en el aire y destruyendo varios de los blancos.
En el momento de aterrizar, el suelo se abrió bajo sus pies, mostrando un foso al que cayó.
En el último segundo, consiguió asirse con una mano al borde. Notó el crepitar de las llamas del plasma encendiéndose bajo él. Si salía rápido de allí, el plasma le abrasaría por completo. Finalmente, consiguió salir del foso, justo para ver como Seven le atacaba con una vara metálica en sus manos. Apenas tuvo tiempo de evitar que el arma le diese un golpe leve en el costado. Bowers dio una voltereta para apartarse de Seven.
La mujer le lanzó una vara de combate.
—En guardia, capitán. —Dijo Seven lanzándose hacia Bowers.
El capitán de la Voyager paró el primer golpe con su vara. La fuerza de los golpes de Seven a duras penas podía resistirlos Bowers. Este. Tomó una decisión, esquivó con una finta el siguiente golpe y se lanzó al suelo, agarrando a Seven con sus dos piernas, con una llave perfecta que derribó a la joven, poniéndose encima de ella y apoyando su vara metálica en su cuello.
—Buen movimiento, capitán. Para un hombre de su edad, se mantiene en una forma física envidiable.
Bowers se puso a reir.
—Para una vieja gloria como yo, ese es todo un halago, Seven.
La señal del comunicador les interrumpió.
—Aquí el capitán Bowers.
—Capitán, será mejor que suba al puente, hemos detectado algo que debe ver. —Indicó Rial Elbrun. —Una señal de emergencia en el subespacio.
Bowers y Seven se miraron.
—Subimos de inmediato.
Bowers y Seven salieron del turboascensor y entraron en el puente de la nave.
Rial Elbrun se hallaba en su consola de operaciones. Tom Paris estaba sentado en navegación, como de costumbre, Montgomery Scott se hallaba examinando algunos datos en su terminal y Tuvok de pie mirando la pantalla central.
—Informé, señor Elbrun. —Dijo Bowers.
—Una señal intermitente ha sido detectada por nuestros sensores subespaciales. Es una señal de emergencia automatizada con los códigos de la Flota Estelar. —Indicó El Kylesiano sin apartar apenas la vista de su consola.
Seven of Nine puso una expresión de extrañeza en su rostro.
—No hay ninguna colonia o estación de la Federación en el sistema de Vagra, en el sector de Zed Lapis.
— ¿Puede ser una capsula de salvamento o una nave accidentada? —Preguntó Bowers.
—Negativo. La señal procede de algún punto de la superficie del planeta Vagra II. —Comentó Tuvok.
—
¿Vagra II? Según los informes actuales, esta planeta fue puesto en cuarentena
hace casi veinte años atrás, para ser evitado por las rutas de transito de las
naves. —Informó Rial Elbrun.
— ¿Cuarentena? ¿Por qué motivo? —Preguntó intrigado Bowers.
—No sé indica, por algún motivo, la información no está disponible.
El capitán Paul Bowers se quedó pensativo unos instantes.
— ¿Quién o qué hay en ese planeta prohibido por la Federación tanto tiempo atrás y por qué se ocultó el motivo para ponerlo en cuarentena?
—Muchos enigmas sin resolver. —Observó Tuvok.
—Y muchas preguntas que deben ser contestadas. ¿Estamos muy lejos a máxima potencia, señor Scott? —Dijo Bowers dirigiéndose al veterano ingeniero.
Scotty se rascó la barbilla antes de contestar.
—En unas pocas horas podremos estar allí sin problemas, capitán.
— ¿Cree que es buena idea romper la cuarentena, capitán? Sin saber que podemos encontrarnos y sabiendo que es una señal automatizada. —Comentó Tuvok.
—Alguien se ha tomado muchas molestias para que no se sepa que se oculta en ese planeta y quiero averiguar exactamente qué es lo que ocurre y por qué. —Dijo Bowers.
—Señor Paris, de la potencia a los motores warp, rumbo a Vagra II.
3
«La música era muy agradable a los oídos de Kathryn, era una de sus canciones favoritas y cuando la escuchaba, los pies se iban detrás de ella. La fiesta estaba llena de gente, la mayoría eran caras desconocidas. No conseguía recordar cómo había llegado a este lugar ni si estaba esperando a alguien. Llevaba su mejor vestido de noche y maquillada y arreglada para triunfar.
Por
fin recordó a quien esperaba y sonrió cuando lo vio descender por la escalera.
Llevaba un elegante esmoquin y copas de champán para ambos. Se dieron un profundo beso y se sentaron en uno de los escalones de la escalera.
Chakotay le sonrió y la miró profundamente.
—Kathryn…Sigue al espíritu guía… Te llevará hacía las señales, allá donde el corazón unió a la familia.
—No comprendo, Chakotay.
El piel roja le agarró tiernamente la barbilla y esbozo una sonrisa.
—Lo entenderás cuando llegue el momento, cariño… »
Kathryn Janeway despertó sobresaltada en su habitación de su departamento en el cuartel general de la Flota Estelar, en la Tierra.
Se levantó de la cama y se lavó la cara con agua fría. El reflejó de su rostro en el espejo no era muy agradable. Apenas había conseguido conciliar el sueño desde la muerte de Chakotay en la guerra con los Borg. [1]
¿Había sido un sueño o algo más? Chakotay tenía a menudo visiones oníricas y espirituales, y aunque ella no llegó realmente a comprender del todo sus creencias, era algo evidente en él. ¿Qué significado tendrían estos sueños? ¿Era solo su subconsciente reflejando la terrible perdida?
El sonido del comunicador le interrumpió sus pensamientos. Se puso un albornoz y en la pantalla del monitor apareció el rostro del asistente personal de Janeway, el señor Drexler.
—Siento molestarla a estas horas, almirante Janeway, pero tengo una comunicación importante para usted.
—No se preocupe, señor Drexler, ya estaba despierta.
—Nos llegan noticias inquietantes de nuestros informantes en Rómulo.
Janeway mostró preocupación.
— ¿Cuáles son esas noticias?
Drexler mostro algo de inquietud.
—El embajador Spock ha desaparecido. No se sabe de él desde hace un tiempo y se teme por su seguridad.
4
El capitán Bowers observó desde su silla de mando el monitor principal, donde un planeta anaranjado y grande se recordaba en el vacio espacial.
—Hemos llegado a Vagra II. Iniciando orbita estándar. —Indicó Tom Paris.
Seven Of Nine analizó los datos que salían en su monitor.
—Planeta con atmósfera tolerable mínimamente para los estándares humanos, casi estéril, sin vegetación y sin apenas vida animal. —Dijo Seven.
— ¿Origen de la señal? —Preguntó el capitán.
Scotty arrugó la frente.
—Hay algún tipo de campo energético distorsiona nuestros sensores y apenas podemos encuadrar la zona de procedencia. Me temo que ese mismo campo impedirá el uso de los transportadores.
—Habrá que hacerlo a la vieja usanza. Bajaremos a la superficie en la Argo.
Tuvok alzó una ceja.
— ¿La Argo?
Tom Paris dijo un ¡Bien! Que fue perfectamente audible para todos.
Bowers con rostro divertido miró al piloto.
—No se ponga tan contento, señor Paris, he deseado poder probar el nuevo Argo desde que me enteré que la Voyager-A disponía de él. Esta vez seré yo mismo quien pilotará.

La Argo descendía por la atmosfera del planeta en dirección a la superficie. El vehículo de inspección planetaria Argo fue desarrollado unos años atrás como complemento para las naves estelares en la exploración planetaria. La lanzadera llevaba un vehículo todo terreno, bajo el mismo nombre igual que el transbordador que lo alberga. El diseño se había mejorado con el tiempo y la Voyager-A llevaba el modelo más moderno y nuevo del Argo.[2]
Una vez situados cerca de la superficie, el capitán Bowers, Scotty, Tuvok, Seven of Nine, B’elanna Torres, Tom Paris, el Doctor y varios oficiales de los Elite Force se encontraban en el interior del vehículo todo terreno con el que esperaban llegar al puesto de la Federación que habían detectado desde la órbita.
— ¿Está seguro de que quiere usted conducir el Argo, capitán? —Preguntó Tom Paris que ardía en deseos de poder ponerse al volante.
Bowers dibujó una sonrisa en su rostro.
—No he estado más seguro de nada en mi vida, señor Paris. —Dijo Bowers accionando unos mandos que hicieron descender a una distancia segura para que la parte trasera de la lanzadera se abriese y el vehículo todoterreno Argo saliese despedido hasta el suelo rocoso y arenoso del planeta.

El Argo rodó con sus potentes ruedas, rugiendo sus motores y levantando una nube de humo.
El Doctor se agarró como pudo para no caerse.
— ¿No podía ir más despacio? Mi matriz holográfica se desestabilizará si sigue corriendo tanto. —Observó con disgusto nada disimulado el holograma. —Por no hablar del detalle de que podríamos tener un accidente…
—Cálmese, Doctor. Cuando era joven fui piloto de carreras en la Tierra y era una de mis pasiones antes de unirme a la Flota.
— ¿Y se puede saber cómo se le daba?
Bowers rió.
—Normalmente acababa rompiendo los vehículos por el ímpetu con el que conducía.
El Doctor movió negativamente la cabeza.
—Me tranquilizan sus palabras…
—Nunca he comprendido la motivación de ponerse en riesgo en deportes o situaciones límites de los humanos, desafía toda lógica. —Observó Tuvok.
—La adrenalina, el riesgo, Tuvok, esa es la motivación para experimentarlas, amigo. —Añadió Tom Paris que estaba disfrutando de la experiencia.
El vulcaniano miró a Seven y dijo:
—Humanos.
Montgomery Scott se hallaba en la parte de atrás del vehículo blindado, junto a Keenser, su ayudante. Observaba como Clayborne y sus hombres revisaban el abundante armamento del que disponían.
— ¿Creen que serán necesarias tantas armas realmente? —Preguntó Scotty con curiosidad.
Un soldado enorme, de más de metro noventa de estatura, con la cabeza afeitada y el rostro impenetrable lo miró fijamente.
—Cuando las cosas se ponen difíciles, querrás tener a esta belleza de tu lado, abuelo. —Dijo divertido mientras acariciaba el rifle phaser de gran calibre.
—Realmente espero que no haga falta usarlas. Sería buena señal.
—No se preocupe, señor Scott, ojalá no haga falta, pero si es así…Somos los mejores en lo nuestro, créame. —Dijo Clayborne con cierto orgullo.
Scotty asintió.
—No lo he dudado ni un instante.
Bowers movió el volante del Argo y por el visor pudieron ver cerca de una colina una estructura que no podía tratarse más que puesto de avanzada.
—Fin del trayecto. —Indicó Bowers. —Será mejor que bajemos.
Bowers colocó el Argo cerca del edificio y lo paró.
Los ocupantes del vehículo, salieron al exterior, y observaron la estructura que se alzaba ante ellos. Sin duda era una base de la Federación.
¿Qué es lo que hacían realmente en este planeta prohibido?—Pensó Bowers.
Clayborne se acercó al capitán de la Flota Estelar.
—Desplegaré a mis hombres en un perímetro de seguridad y patrullaremos los alrededores.
Bowers asintió.
—Exploremos el lugar. —Ordenó Bowers.
Las compuertas se abrieron con facilidad, y se internaron en la base.
El interior estaba oscuro y sumido en las tinieblas.
Apenas una leve luz intermitente iluminaba algunas zonas concretas de las instalaciones.

—Los sistemas energéticos deben de estar dañados o desconectados. —Indicó B’elanna Torres.
Tuvok se dirigió a Bowers.
—Capitán, las dimensiones de esta base son extensas, creo que sería buena idea dividirnos en dos grupos para abarcar más terreno.
—Estoy de acuerdo, Seven dirige a Torres y un grupo a la zona de maquinas, a ver si conseguís ponerlo todo de nuevo en funcionamiento y restablecer todos los sistemas. El resto iremos a la sala de control a intentar obtener alguna información de la base y su cometido en este planeta.
El Doctor miró a un lado y a otro con una sombra reflejada en su rostro.
— ¿En qué piensas, Doctor? —Preguntó Seven.
—Me preguntó donde esta toda la gente de la base. Este lugar debe albergar más de un centenar de personas ¿Dónde están todos?
Nadie supo contestar la pregunta del holograma médico.
El grupo del capitán Bowers llegó a lo que parecía la sala de control de las instalaciones situadas en el planeta. En esta zona había más iluminación, quizás algún tipo de célula energética de reserva pensó Scotty mientras examinaba con atención el instrumental y la maquinaria situada en la sala. Asemejaban más unos laboratorios de alto rendimiento que cualquier otra cosa a ojos del Doctor; se preguntó si el complejo era un laboratorio ¿Qué era lo que investigaban con tanto celo? Estaba todo revuelto y desordenado, como si hubiese habido una pelea o un forcejeo, incluso alguna mancha de sangre seca se podía observar aquí y allá.
—Puede que fuesen atacados por intrusos. —Comentó Bowers. —Estas instalaciones no son recientes, creo que algo lleva gestándose largo tiempo en este planeta.
—Y a alguien no le va a hacer mucha gracia que la hayamos descubierto. —Observó el Doctor mientras examinaba las capsulas de muestras que le resultaban extrañas. Una sustancia negro-azulada se hallaba en el interior de varias de ellas.
—Mmmm no me es familiar.
—Examine las muestras, Doctor, y lea las notas e informes que hayan dejado los científicos que estuvieron aquí antes que nosotros. —Indicó Bowers.
Scotty se sentó en una consola y desactivo un mecanismo que no dejaba de emitir pulsaciones.
—La señal automatizada que nos ha traído aquí.
Keenser se puso a trastear en unos paneles y soltó un chispazo.
— ¡Pedazo de alcornoque! ¡No toques nada!
Inmediatamente, varias imágenes tridimensionales fluctuaron durante unos segundos para luego desaparecer.
Scotty se situó en las consolas que el pequeño Achanti había estado trasteando.
—Parece que has dado con algo, pequeño. Puede que tengamos un diario o cuaderno de notas en forma de holo-grabaciones, capitán.
—Excelente, señor Scott, quizás de esa forma logremos sacar a la luz los hechos acontecidos aquí.
El soldado Nielsen se colocó el visor para protegerse los ojos del sol que aún brillaba con intensidad en ese paraje desolado y árido. Se preguntaba que se le había perdido a nadie en la Federación en este planeta sin duda no habitable ni con nada valioso.
El pesado traje protector que llevaba, un nuevo polímero que en teoría desviaba gran parte del daño de las armas energéticas en los impactos, no le hacía más fácil el moverse bajo el calor intenso y el aire cálido que soplaba.
Se paró un instante para abrir su cantimplora y dar un buen trago, apoyando su fusil phaser en una roca. La calma tensa era lo que más le molestaba, prefería mil veces el combate abierto que esta espera inútil.
Nielsen no fue consciente de que una sustancia negro azulada fluía por las rocas y el suelo árido, formándose un charco viscoso alrededor suyo. La sustancia comenzó a trepar por sus piernas y antes de que pudiese darse cuenta estaba inmovilizado de pies y manos y el líquido viscoso lo engullía casi por completo, envolviéndolo en apenas unos instantes como una segunda piel. Su carne y sus huesos se abrasaron y se quemaron, deshaciéndose entre la agonía de Nielsen, mientras intentaba gritar ya sin voz…
5
B’elanna
Torres se arrastró por el tubo de ventilación todo lo deprisa que podía. El
calor era sofocante en toda la base de la Federación, probablemente el sistema
medio-ambiental estaba estropeado, era lo primero que arreglaría una vez
pudiesen averiguar qué era lo que había ocurrido en ese lugar. Se limpió el
sudor de su frente y se imaginó que debía tener un aspecto horrible sudorosa y
llena de grasa. Salió del tubo y le pareció escuchar algo. Un silbido cómo de
metal cortando el aire.
No vio nadie y pensó que serian imaginaciones suyas.
Cuando una mano se posó en su hombro, se volvió rápidamente y dispuesta a atacar a lo que fuese, hasta que vio que era Seven of Nine.
— ¿Estas loca? ¡Podría haberte hecho daño! No me vuelvas a dar esos sustos, Seven. —Comentó malhumorada la klingon.
Seven of Nine apenas mostró ningún cambio en la expresión aparentemente serena de su rostro.
—Es altamente improbable que pudiese hacerme daño, teniente Torres, mis implantes borg me hacen muy superior físicamente.
Torres frunció el ceño.
—Sorpréndeme de nuevo de esa forma y lo pondremos a prueba, Seven. — Dijo B’elanna sacando su tricorder. —He reiniciado los sistemas lo mejor que he podido, pero parece como si todo el personal se hubiese esfumado ¿Donde estará Tom?
Seven of Nine notó el nerviosismo en la actitud de su compañera en la Voyager.
—Estas inquieta. —Apuntó Seven. —Tu respiración agitada, tus señales corporales todo indica que estas nerviosa, con los latidos del corazón acelerados, como si estuvieses a punto de tener un ataque de pánico.
Torres se mordió el labio.
—Si…Este sitio me da escalofríos.
Para su sorpresa, entendía a la jefa de ingenieros. Por alguna razón, desde que pusieron un pie allí, se sentía intranquila y con todos sus sentidos gritando que saliesen de la estación urgentemente. Era algo irracional y no estaba acostumbrada a dejarse llevar por ese tipo de emociones y sensaciones. Y eso no le gustaba.
El inter-comunicador de sus insignias sonó haciendo que se sobresaltasen.
Enfadada por sentirse de esa manera, Seven contestó.
—Aquí, Seven ¿Qué ocurre, señor Paris?
—Será mejor que bajéis a la planta-C y veáis esto.
Unos minutos más tarde, Seven of Nine y B’elanna Torres se adentraban en la cubierta donde se encontraba Tom Paris, Tuvok, el alférez Weber y el teniente Cheung.
Lo que parecía que fue un almacén de algún tipo, era ahora lo más parecido al infierno que jamás habían contemplado. Las paredes y el suelo estaban cubiertas por manchas de sangre incrustadas en el metal. Entonces vieron los cuerpos, o mejor dicho, lo que quedaba de ellos. Había restos de cadáveres dispersados por todas partes.
Hasta Seven se quedó impactada ante la escena.
—Esto ha sido una carnicería. —Comentó Tom Paris. —Ni los Jem’Hadar o los Hirogen serian capaces de algo semejante.
—Debemos volver al centro de control de la estación y reunirnos con los demás, me pregunto para qué serian estas instalaciones. —Indicó Seven. —Por lo que he visto, creo que es algún tipo de laboratorio o estación de investigación.
Un escalofrío repentino recorrió a Tom Paris.
— ¿Y si tenemos una emergencia médica entre manos?
—Antes de dar nada por sentado, deberíamos averiguar exactamente lo que investigaban, y si hay supervivientes. —Inquirió Seven mientras pensaba que hubiese deseado tener al Doctor a su lado... Si estaban ante una infección vírica, quizás ya estuviesen expuestos…
El vulcaniano Tuvok comenzó a analizar los restos con su tricorder sin perder la compostura.
—Las heridas denotan una muerte violenta y salvaje, como si unas bestias enloquecidas hubiesen desatado su ira contra ellos. —Apuntó Tuvok.

—Preparen sus armas, puede que estemos ante un ataque de algún tipo que desconozcamos. —Dijo Seven.
Tom iba a replicar, cuando escucharon un ruido. Por uno de los pasillos levemente iluminado, apareció una persona. Era una mujer, con el uniforme de la Flota desgarrado aquí y allá, su andar era dubitativo, como si estuviese herida, caminaba con la cabeza agachada y su cabello revuelto no dejaba ver su rostro.
Cheung se acercó de inmediato a intentar socorrerla.
— ¿Se encuentra bien?
Antes de que Seven pudiese advertirle de que tuviese cuidado, la mujer levantó el rostro, dejando ver unos ojos inyectados en sangre, su boca llena de sangre y babas.
Con un gruñido gutural, se lanzó sobre el alférez de la Flota Estelar, hincando sus dientes en su cuello y desgarrando la carne con saña. La sangre saltó en todas direcciones.
Fue en ese instante cuando se dieron cuenta de que por el pasillo y por otros adyacentes se acercaban más criaturas.
Ya habían encontrado al resto del personal de la estación.
Seven apuntó con su phaser y derribó a la enloquecida mujer que había atacado al pobre Cheung, que se retorcía en el suelo dando los últimos estertores de vida.
Un
boliano con la espuma resbalando por la comisura de sus labios se acercó a Tom
Paris, fue a disparar con su fusil phaser cuando inesperadamente se atascó y no
pudo abrir fuego.
Maldijo entre dientes y golpeó en su cabeza con su culata. El boliano, con el rostro desencajado y una brecha en la frente, pareció no verse afectado y trato de clavar sus dedos en Paris. Rasgó su uniforme, y Tom se revolvió y le golpeó de nuevo en la cabeza hasta que dejo de moverse.
No tuvo tiempo de lamentarse por su víctima, pues otro atacante intento abalanzarse sobre él.
Un espigado y delgado muchacho se lanzó sobre Weber y sus mandíbulas se cerraron con fuerza sobre su brazo destrozándolo. B’elanna Torres disparó hasta tres veces sobre el muchacho, convertido en un animal rabioso ávido de sangre, hasta que este cayó derribado.
Weber gritó de dolor mirando el amasijo de carne en el que se había convertido su extremidad.
Uno intentó saltar sobre la espalda de Seven of Nine, que con rapidez lo sujetó y lo arrojó con todas sus fuerzas contra uno de los muros, partiéndole el espinazo y quedando inmóvil en el suelo.
La ex-borg se movió, y disparó varias ráfagas con su arma.
Miró a sus compañeros y decidió el siguiente paso a seguir.
— ¡Retrocedan! ¡Márchense por el corredor de la derecha, yo les contendré!
Entre Torres y Tuvok llevaban al malherido alférez Weber, y Tom Paris disparaba a todo aquel que se le ponía a tiro.
La horda salvaje se movía hacía ella. Seven pudo ver que cualquier rastro de conciencia y raciocinio había desaparecido por completo en ellos.
Una oleada de miedo irracional le inundo al observarlos como animales rabiosos y hambrientos, con eficacia mecánica, casi como un bisturí, su phaser se movió, derribando a un buen número de asaltantes mientras retrocedía. Estaban por todas partes, parecían salir de la nada, como si su número no tuviese fin y entonces, casi
Por misericordia ante lo que estaba contemplando, las luces se apagaron a su alrededor, quedando sumida en la más completa oscuridad.
6
EL Doctor observaba con incredulidad los resultados obtenidos de las muestras que había estado analizando durante un buen rato.
— ¡Es increíble! —Exclamó el holograma médico.
Bowers se volvió hacia el jefe médico de la Voyager.
— ¿Qué ha descubierto, Doctor?
El Doctor señaló el monitor donde la estructura molecular de la sustancia negro azulada era observada a nivel microscópico.
—Esta sustancia es algo que jamás he tenido la suerte de analizar. Sus propiedades son inimaginables, está viva, de algún modo que no puedo llegar a explicar y su material genético y su composición… Creerá que estoy loco o mis engramas cerebrales están defectuosos, pero juraría que no hay nada similar en este universo…
Bowers reflejó la sorpresa en su rostro.
— ¿Quiere decir que sea lo que sea no es de nuestro universo?
—Es sólo una teoría. Nunca he visto nada semejante. Aunque una de las cualidades que he averiguado, es que emana unas feromonas que estimularían los centros del cerebro de cualquier ser vivo que controlan el miedo, el temor irracional.
— ¡Capitán! ¡Creo que ya lo tengo! —Advirtió Scotty.
Bowers y el Doctor corrieron al lado de ingeniero escocés.
Scotty manipuló los controles y comenzó una proyección en tres dimensiones mostrando un científico con el uniforme de la Flota y una bata azul, de mediana edad, cabello canoso y una incipiente barba.
«Anotaciones del profesor David Hartwall, el primer año de investigación. Como nos indicaron los informes clasificados obtenidos por la Uss Hades, con el encuentro con los llamados Mortial, la criatura se encontraba en el planeta[3]. Pudimos capturarla tras varias bajas en los primeros intentos. Es una criatura asombrosa y formidable, en cierta manera, una maravilla de la evolución. Los estudios nos han dado unos datos fuera de cualquiera de nuestros cálculos más optimistas. Sin duda, los progresos nos ayudarán en desarrollar el arma para poder defender a la Federación de nuestros enemigos »
Bowers torció el gesto. La facción conservadora de la Federación que veía enemigos detrás de cada sombra. Así que de eso se trataba. Unas instalaciones secretas donde desarrollar armas bilógicas y mortales para defender a la Federación costase lo que costase. Sus peores temores comenzaban a tomar forma.
«La criatura tiene una serie de habilidades innatas que si conseguimos es reproducir, tendríamos unas aplicaciones armamentísticas formidables. Como demostró en su primer encuentro con la Uss Enterprise décadas atrás, puede emitir un campo energético que inhibe las comunicaciones, los transportadores y los sensores alrededor suyo hasta cubrir grandes distancias. Puede emitir descargas energéticas capaces de hacer daño
sináptico en humanoides, y a su alrededor produce unas feromonas que insuflan un profundo miedo a todo ser vivo. »
— ¿La Enterprise? —Preguntó Scotty en voz alta.
Y entonces recordó algunos viejos informes que leyó muchos años atrás, tiempo antes de convertirse en almirante de la Flota. Durante su primer año en el espacio, el capitán Jean Luc Picard perdió a su jefe de seguridad, la teniente Tashar Yar a manos de una criatura que representaba el mal encarnado. Esa criatura se llamaba…[4]
«Armus. Ese es el nombre con el que se autodenomina la criatura. Es inteligente y sin embargo, no intenta establecer contacto con nosotros. Es como si nos estudiase a nosotros y no nosotros a él…»
La sustancia negro azulada hervía de vida, fluía por cada poro del suelo y de la tierra. Durante muchos años había estado solo y abandonado en esta infecta bola de barro que se transformó en su cárcel, y entonces los llamados seres humanos volvieron. Se dejo capturar y estudiar para analizarlos, observarlos…
Y poder sentir de nuevo su miedo, su terror en sus rostros…. Divertirse con su dolor, con su miedo… Ver la sorpresa en sus ojos cuando vieron que ellos no eran los cazadores, si no la presa…
La sustancia formó un cuerpo humanoide de imponente y aterrador aspecto.
Armus miró con satisfacción como sus nuevos objetos de estudio se habían unido al juego. Pronto averiguarían el verdadero significado del miedo…

Continuará….
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-Los 4 Fantásticos: Crepúsculo#1-2
-Alpha Flight#1-4
-Guardianes del Infinito#0-1
- Club de los Perdedores #1-4
-Mythic Age (Parte 1: Tras la Tormenta)
- Hijo de Satán: Sombras en el cementerio en AT Visions Especial Navidad 2005
- Star Trek Valhalla: Reflexiones de Shyla Kell en AT Visions Especial Navidad
[1] Como vimos en el ST Voyager#25
[2] Primer modelo visto en Star Trek Nemesis
[3] En ST Universe 29 al 33
[4] En la ya lejana y mítica primera temporada de Star Trek la Nueva Generación