“Tras su largo viaje de vuelta a casa, la Uss Voyager afronta nuevos retos, nuevas exploraciones y nuevos peligros ahora en el cuadrante Alpha y más allá...”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan:

STAR TREK VOYAGER

La Espiral Descendente Parte 4: Instintos Primarios
Escrito por Dr. Banner/ Portada: Iván García
Episodio 9x06/ Temporada 9

Fecha Estelar: 59091.2

En el episodio anterior:

Chakotay aparece en el interior de la nave alienigena que ha capturado a la Voyager y conoce a Xentiac, el capitán de la gigantesca nave. Xentiac les habla de que los que llaman arcontes, provienen de la Vía Láctea, donde fueron expulsados por otra raza primigenia, acabando en la galaxia donde se encontraban ahora. Allí se enzarzaron en una nueva guerra con las razas nativas, llevando a la raza de Xentiac casi al exterminio.

Tom, B’elanna y el teniente Jelain son enviados a explorar el interior de la nave donde están atrapados, con trajes de gravedad cero. Allí son atacados por una especie de defensas interiores de la nave, y cuando parece que van a acabar con ello, son transportados fuera de allí.

Seven conoce a Adam-IX, el primer resultado de los experimentos del doctor Shaun con nanosondas borg y con ingeniería genética, Adam le lleva a la base Dominion.

Mientras tanto, el Doctor, Worf y varios nativos numeneanos intentan llegar hasta el interior de la base, para rescatar a Seven y al resto de la tripulación de la Defiant.

En la estructura alienígena, Melora encuentra la sala de control de la estructura, descubriendo que es una estación táctica de una raza llamada los Progenitores, antiguos enemigos de los arcontes.

Por otra parte, el doctor Shaun le inyecta a Seven una sustancia que le altera la mente, siendo susceptible a sus manipulaciones y ordenándole interrogar a su compañero Tuvok…

 

                                                               1

 

Brathar sentía que estaba haciendo realmente algo bueno para su raza y para su pueblo. Seguramente la mayoría de su gente lo trataría de demente o incluso de blasfemo. La reflexión espiritual, a rezar a Oathac, el creador, ya no surtía efecto ¿Cómo podía creer en un dios que dejaba que fuesen diezmados por estos salvajes invasores? Habían visto desaparecer en la noche a muchos amigos, hermanos y hermanas secuestrados o sencillamente asesinados sin piedad alguna. No se quedaría quiero viendo como todo esto ocurría, mientras sus líderes religiosos no movían un dedo para impedirlo.

La base de los jem’hadar fue construida sobre un antiguo asentamiento sagrado de los numeneanos, y para suerte de Worf y el Doctor, Brathar sabía de la existencia de una red de  túneles subterráneos que se hallaba bajo ella. Podrían entrar sin ser vistos por los numerosos soldados que custodiaban la base. Al menos eso era lo que pensaban.

- ¿Estas seguro de que los jem’hadar no saben de la existencia de estos túneles?- Dijo Worf.

- Muchos de mi pueblo ni saben de su existencia. Yo lo sé por mi abuelo, que era uno de los vigilantes del sagrado lugar de Oathac cuando era joven.- Contestó Brathar.

El comandante klingon se volvió hacía el Doctor.

- ¿No se arma, Doctor?

- Ni hablar, señor Worf. Soy un doctor, no un soldado. Me las apañare con mis hiposprays. – Dijo el holograma sonriendo.

Worf resopló y agarró firmemente su bat'leth de combate y hizo un gesto para que avanzasen hacía el interior de la base enemiga.

A pesar de los gritos de suplica de su compañero y amigo, la mujer llamada Seven of Nine, siguiendo las ordenes del doctor Shaun inicio una sesión de interrogatorio que no tenía como objetivo sonsacarle información alguna, si no sólo poner a prueba el acondicionamiento impuesto por Shaun a la ex-borg

Tuvok notó como la afilada hoja del bisturí rasgaba su piel, haciendo que la sangre verde característica de los vulcanianos cayese por la comisura de la herida del brazo.

- Dígame, señor Tuvok ¿Cuál es el umbral de dolor de un vulcaniano?- Dijo Seven sin apartar la mirada del primer oficial de la Voyager.

- Tu realmente no quieres hacer esto.- Empezó a decir Tuvok.- Te han lavado el cerebro,

Seven le dio la espalda mientras hablaba, rebuscando entre los diferentes utensilios de tortura facilitados por el doctor Shaun. Sonrió pérfidamente cuando encontró lo que buscaba.

- Vamos, señor Tuvok ¿No querrá que acabe tan rápidamente la diversión?- Dijo Seven apuntándole con un pequeño dispositivo.

El vulcaniano sintió una agonía como nunca antes, tan indescriptible como dañina. Los gritos de dolor de Tuvok se pudieron escuchar en las instalaciones cercanas al laboratorio. Un dolor agónico y lastimoso de alguien que estaba sufriendo una agonía sin igual y que hacía sentirse a Tuvok como si no sólo su cuerpo, si no su misma mente estuviesen a punto de sumergirse en los mares del dolor y del tormento.

Desde la litera donde descansaba,  Martok pudo escuchar los pesados pasos de los guardias que venían a su celda. Se incorporó velozmente. Si tenía que morir, moriría de pie, como un verdadero klingon.

- Acompáñanos.- Dijo el jefe de la patrulla de jem hadar que había entrado en el habitáculo.

El veterano klingon analizó sus posibilidades. Eran tres guardias armados y él era uno y estaba desarmado. Una parte suya deseaba abalanzarse sobe sus gargantas y romperles sus cuellos, pero otra parte, la más sensata, pensó en que era probable que lo llevasen ante el jaghla' [1] . Sus labios se curvaron en una mueca que podía haberse interpretado como una sonrisa. Si llegaba a tener en frente al doctor Shaun, el responsable de todo esto, acabaría con su vida aunque tuviese que hacerlo con sus propios dientes y aún a  coste de la suya propia. Con ese pensamiento en su mente, se dejo sacar de la celda por los guardias.

Un jem’hadar empujó sin ningún miramiento al klingon mientras caminaban por los pasillos de la base.

- Date prisa, anciano.- Dijo el soldado sonriendo.

- Hab SoSlI' Quch! [2] - Exclamó Martok en su lengua natal.

- ¡Maldito perro!- Gritó otro de los jem’hadar disponiéndose a golpear al klingon con la culata de su arma.

De repente, el suelo bajo los guardias se tornó en una especie de charco de un líquido gelatinoso que los envolvió, ahogándolos hasta dejarlos sin sentido. Ante el único ojo de Martok, dejó caer pesadamente a los guardias y se fue formando una forma humanoide.

- Por mis ancestros ¡Tú!- Exclamó un sorprendido Martok.

 

 

                                                                2

 

 

Chakotay había seguido a Xentiac por una serie de largos e interminables pasillos hasta que el extraño alienígena hizo un gesto con uno de sus delgados brazos para que se detuviese. Se hallaban ante algo que parecía un líquido azul y cristalino, similar al agua, que fluía por las paredes hasta formar una especie de portal.

- Cruza sin ningún temor, humano-Chakotay.- Dijo Xentiac.

Chakotay tocó la superficie del portal, era como estar metiendo la mano en un río o un mar. Con mucha curiosidad y a la vez precaución, cruzó el umbral del portal. Para su sorpresa, apareció en una habitación donde un gran ventanal ocupaba toda la pared. Más allá del ventanal había algo asombroso: Un valle lleno de árboles, campos de cultivo y estructuras semiocultas que se extendían dentro de una especie de cilindro inmenso. Es un habitad espacial.- Pensó Chakotay.

- Capitán ¿esta usted aquí?

Al darse la vuelta, se encontró con la inesperada sorpresa de ver a Tom Paris, B'elanna Torres y el teniente Jelain. Los tres llevaban puesto sus trajes de gravedad cero, excepto el casco, que llevaban en las manos.

- ¿Cómo habéis llegado aquí?- Preguntó Chakotay a Tom.

- Salimos a explorar el interior de la nave alienígena, y mientras estábamos analizando el casco nos atacó algún tipo de defensa interna de la nave, cuando pensábamos que estaba todo perdido, sentimos como nos transportaban y acabamos aquí.- Explicó Tom.

- Ya estáis todos juntos, humano-Chakotay.- Dijo Xentiac que apareció de repente, sin que se hubiesen dado cuenta de su presencia.

Tom, Jelain y B'elanna se pusieron a la defensiva.

- No os preocupéis, no es hostil. Se llama Xentiac.- Dijo Chakotay tranquilizando a los miembros de su tripulación.

- ¿Qué es este lugar?- Preguntó B'elanna mirando hacía arriba, para poder ver bien el rostro del alienígena,

- En la guerra con la raza que vosotros llamáis arcontes no sólo fuimos diezmados, si no que nuestro mundo natal fue completamente destruido por ellos. Ahora somos un pueblo sin patria, sin más hogar que nuestras naves, cada una de ellas convertidas en pequeñas colonias con los descendientes de los supervivientes que consiguieron escapar con vida de semejante catástrofe.

- ¿Conocéis a los arcontes?

- Luego te lo explico, B'elanna .Ahora comprendo por que esta nave es tan inmensa, es un auténtico mundo en miniatura.- Añadió Chakotay

- ¿Tanto poder tienen que pueden destruir planetas enteros?

- Su poder, así como su ferocidad y su falta de escrúpulos es legendaria entre mi gente. Aunque no podemos sumarnos a vuestra lucha, si que os podemos dar medios para ayudaros.- Dijo Xentiac al tiempo que algo se materializaba en la palma de su mano.

Era una pequeña esfera de metal que flotaba por encima de la mano del alienígena.

- Con este aparato podréis comunicaros con mi persona cruzando la distancia que separa nuestras galaxias. Sólo debéis hacerlo en contadas ocasiones, ya que su uso continuado podría hacer que fuese rastreada la señal por los arcontes.

- Te agradezco lo que estas haciendo por nosotros, Xentiac.- Dijo Chakotay

- No desearía ver desaparecer más mundos y más razas de las que he visto extinguirse ya, humano-Chakotay. Hay algo más que puedo ofreceros.

Con un destelló azulado, apareció ante sus ojos una capsula transparente que contenía algo en su interior.

- ¡Es un arconte!- Exclamó Tom asombrado.

- No tenéis nada que temer de él. Falleció mucho tiempo atrás. Su cuerpo esta en éxtasis desde entonces. Os ayudará a comprender mejor contra que es enfrentáis realmente.- Dijo Xentiac pasando sus largos dedos por la superficie de la capsula.

- ¿Y no podrías pasarnos todos los datos simplemente?- Observó B'elanna.

- B'elanna…- Comenzó a decir Chakotay.

- Ya estoy incumpliendo varias normas y leyes de mi pueblo con todo lo que os he informado. No puedo hacer más por vosotros.

-Es más que suficiente, muchas gracias, Xentiac. No me gustaría abusar de tu confianza, pero ¿No hacer que regresásemos casa?

- En cuanto regreséis a vuestra nave, os liberaré y creare un vortice subespacial. Sólo tendréis que cruzarlo y estaréis de vuelta en vuestra galaxia de origen. Ya es hora de que os marchéis, buena suerte, humano-Chakotay.- Dijo Xentiac dirigiéndose al capitán de la Voyager

Chakotay quiso preguntarle algo más, pero empezaron a brillar y parpadear hasta desvanecerse. El alienígena se quedó sólo en la habitación y se quedó contemplando  en silencio el paisaje del hábitat especial, preguntándose si volvería a saber más de los misteriosos viajeros de otra galaxia.

En el puente de la Voyager observaron con sorpresa como se materializaban Chakotay y los otros miembros de la tripulación desaparecidos.

- ¡Chakotay!- Exclamó sorprendida Janeway.- Me alegro tanto de verte sano y salvo.

- Yo también estoy contento de verte, Kathryn.

- Estamos recuperando uno a uno todos los sistemas, capitán. Volvemos a tener operativos los motores warp y el haz tractor hace que nos movamos.- Dijo Harry Kim.

- Prepárense todos, nos vamos de aquí.- Dijo Chakotay.

- ¿Qué es eso que tienes en la mano?- Preguntó Kathryn señalando la esfera metálica que sujetaba Chakotay.

- Un regalo de un capitán a otro.- Dijo Chakotay sonriendo.

- Recibo una señal de transporte en la enfermería.- Dijo Harry.

- Ese es un regalo para el Doctor.- Añadió.- Tengo muchas cosas que contaros sobre mi experiencia en el interior de la nave.- Observó el capitán de la Voyager.

La Voyager se desplazaba con rapidez  hacía las gigantescas compuertas metálicas de la nave que se comenzaban a abrir para dejar salir a la nave estelar. Una vez que salieron del interior de la enorme nave alienígena se comenzó a formar un vórtice subespecial.

- Diríjase al interior del vortice, es nuestro billete de vuelta a casa.

Cuando el vórtice subespacial se termino de formar,  la Voyager cruzó el umbral del vórtice, desapareciendo en su interior.

- Será mejor que vayamos a mi despacho y te cuenta lo que me ha ocurrido mientras he estado fuera de la Voyager.- Le dijo Chakotay a Kathryn.

 

 

                                                              

 

Un soldado jem’hadar hacía su ronda habitual tras haberse tomado su ración de ketracel blanco, la sustancia que debían tomarse regularmente si no querían morir y que era distribuida por los vorta, los siervos de los Fundadores, a los que los jem’hadar adoraban como dioses. El estar encerrado en esta base, al servicio de un humano no era del agrado del aguerrido guardia, que ansiaba entrar en combate. Pero los dioses ordenaban y ellos obedecían. Así fue y así sería siempre, hasta el fin de los días. Para desgracia de este jem’hadar, su fin ya había llegado. No advirtió como Worf se ponía detrás suyo para poner su poderoso brazo en su cuello y rompérselo con un brutal chasquido. El klingon le arrebató su arma y se la dio a uno de los numeneanos que le acompañaban.

Mientras Worf, Brathar y el resto de numeneanos se quedaban vigilando que nadie les interrumpiese, el Doctor se acercó a una terminal, para intentar encontrar el lugar donde estaban prisioneros sus amigos.

El holograma accedió a través del panel de control, hasta que consiguió que en el pequeño monitor apareciesen unos extraños símbolos.

- ¿Lo ha conseguido, Doctor?- Preguntó Worf sin dejar de mirar a un lado y a otro y sin soltar su arma.

- Lamentablemente para usted soy un Doctor, no un lingüista, mis conocimientos de la lengua jem’hadar son inexistentes.

- ¡Alto!

El Doctor y Worf se volvieron justo a tiempo para observar como uno de los guardias los había descubierto y los apuntaba con su arma.

-  Soltad las armas inmediatamente.

Los numeneanos dudaron, pero tras un gesto de Worf dejaron las armas en el suelo.

- El doctor Shaun estará satisfecho de usaros como cobayas, una vez os haya sacado al información de como os habéis conseguido introduciros en la base.- Dijo el jem’hadar con cara de satisfacción.

- Creo que no.- Dijo una voz a sus espaldas.

El guardia se dio la vuelta con rapidez y disparo su arma, en la centésima de segundo que el rayo de energía tardó en alcanzarlo, el torso de su misterioso atacante se tornó líquido, abriendo una circunferencia por la que pasó el rayo energético. El jem’hadar se lanzó para atacarlo antes de que pudiera rehacerse, pero se recompuso y se puso a luchar cuerpo a cuerpo, hasta conseguir reducirlo. Desde donde se encontraba Worf, pudo contemplar los rasgos físicos e inacabados y planos de alguien que conocía muy bien.

- ¡Odo! [3] - Exclamó el klingon.

- Me alegro de verle, señor Worf.- Comentó el multiforme.

Detrás de él apareció el familiar rostro de Martok que recogió el arma del guardia que había sido neutralizado.

- Vaya, esto comienza a parecer una reunión de viejos amigos.- Inquirió el Doctor que estaba impaciente por encontrar a Seven.- Tenemos que darnos prisa si queremos rescatar a nuestros compañeros.

- Worf, viejo amigo.- Dijo Martok.- sabia que no nos abandonarías a nuestra suerte.

- ¿Cómo ha llegado aquí, Odo?- Preguntó intrigado Worf.

- Llegó a mis oídos que en una base secreta del Dominion se realizaban experimentos para crear un super soldado más eficiente aún que los jem’hadar. Tras indagar averigüe que algunos individuos de mi gente habían dado acomodo a un científico humano que quería experimentar con métodos genéticos y con nanosondas borg. No podía quedarme de brazos cruzados viendo como algunos de los míos seguían actuando de esa forma y cogí una nave y vine hacía aquí. Una vez conseguí introducirme en las instalaciones, cual fue mi sorpresa cuando descubrí que tenían prisioneros a la tripulación de la Defiant. En ese momento, mi prioridad fue liberarlos.

- Una suerte para nosotros.- Apuntó Worf.- ¿Puedes ayudarnos con la terminal?

Odo asintió y sin decir nada más, se puso enfrente del panel de control de la terminal y manipulo los controles hasta que en la pequeña pantalla comenzaron a salir diagramas de las instalaciones de la base Dominion.

- Lo zona de prisioneros se encuentra en la tercera planta, podremos acceder a través de los tubos de ventilación.- Dijo el cambiante señalando con un dedo la pantalla.- Esperad, aquí hay algo más.

En la pantalla aparecieron varios símbolos totalmente irreconocibles para todos excepto para Odo.

- He captado una transmisión de datos interna, una orden de traslado de un prisionero, un vulcaniano a un laboratorio que se encuentra en esta misma planta. Y algo acerca de una mujer que fue capturada en el bosque.

- Seven.- Dijo el Doctor. – En ese laboratorio tienen a Tuvok y a Seven, tenemos que sacarlos de allí.

- El laboratorio donde se encuentran es el lugar de trabajo del doctor Zeir Shaun.- Comentó Odo sin dejar de mirar la pantalla.

- A saber lo que les están haciendo.- Dijo alarmado el Doctor.- ¡Vamos de inmediato!

- ¿Y la tripulación de la Defiant?- Dijo Worf con rostro más serio de lo que en él era habitual.

- No es todo. Por lo que puedo discernir, hay activo uno de los experimentos del doctor Shaun.

- ¿Qué podemos esperar, Doctor?- Dijo el klingon mirando al holograma.

- En teoría, un ser muy superior a cualquiera de nosotros, una combinación de un super hombre modificado genéticamente y un borg solo puede ser algo realmente terrible.

- Una abominación.- Dijo Martok.

- No tenemos tiempo que perder, cada minuto puede contar.- Dijo el Doctor visiblemente alterado.

- El Doctor y yo iremos a por Tuvok y Seven of Nine. Vosotros intentad liberar a la tripulación.

- No temas, amigo mío, no te fallaremos.- Dijo Martok poniéndole una mano en el hombro a Worf.

- Queremos ser útiles.- Dijo Brathar, que había permanecido en silencio hasta ese momento.- Les ayudaremos.

Todos los numeneanos asintieron,

- Ese gesto demuestra que sois un pueblo honorable.- Comentó Wof.

- ¿Esta seguro de que no quiere que le acompañemos?- Dijo Odo.

- Estaremos bien.

- Pues no se hable más, nuestros camaradas nos esperan.- Inquirió Martok.

Abrieron el acceso al sistema de ventilación y uno por uno se fueron introduciendo en la red de ventilación. Los últimos en entrar fueron Odo y Martok, que lanzaron una última mirada hacía ellos.

- Marchémonos.- Dijo Worf.

 

                                                                

                                                              

                                                               4

 

 

Los guardias jem’hadar permanecían impasible e inmóviles en sus posiciones, como dos estatuas de piedra, flanqueando la entrada a los laboratorios. La mirada fija y sujetando fuertemente sus armas.

Desde un sitio cercano alejado de las miradas de los guardias, se encontraban el Doctor y el comandante Worf, que observaban a los jem’hadar, pensando en cual sería su próximo movimiento.

- Usted los distrae y yo los reduzco.- Dijo  en voz baja, casi un susurro el klingon con semblante serio, pero con mirada alerta, preparado para entrar en combate en cualquier instante.

- ¿Otra vez yo?- Observó el holograma torciendo el gesto.

- ¿Acaso quiere encargarse de los guardias? Si es así, yo haré de señuelo y usted los incapacitará…

El Doctor miró con detenimiento a los implacables jem’hadar que se interponían entre sus compañeros y ellos.

- Vale, usted gana… ¡Esperé! Se me ha ocurrido otra opción para poder entrar. Este aparato de aquí.- Dijo señalándose el emisor holográfico móvil que tenía adosado a uno de sus brazos.- No sólo me permite poder moverme fuera de los limites de la enfermería, si no que gracias a las modificaciones hechas hace un tiempo por B'elanna, puedo cambiar mi imagen holográfica por cualquier otra. [4]

- ¿Y ahora me lo dice?- Observó Worf con el ceño fruncido.

- No preguntó.- Dijo el Doctor encogiéndose de hombros.

Los soldados movieron sus impenetrables rostros cuando escucharon pasos que se acercaban por uno de los pasillos.

Lo que vieron los guardias apostados ante la entrada, fue a uno de los suyos trasladando a un klingon con uniforme de la Flota Estelar y que parecía estar atado.

- ¡Alto! ¿Qué haces aquí? El doctor Shaun no puede ser molestado.

- Tengo órdenes de trasladar a este prisionero al laboratorio. El doctor desea hacer unas pruebas con él.

Los jem’hadar se miraron entre ellos haciendo una mueca, como divertidos ante la posibilidad de que el doctor experimentase con una nueva victima.

- No se nos ha comunicado ningún traslado. Tenemos que confirmarlo.- Dijo el guardia.

Este se dio la vuelta para accionar un comunicador al lado de la puerta, y aunque su compañero no les quitaba el ojo de encima, Worf aprovecho ese momento para sacar un phaser de mano que llevaba escondido y disparar contra el guardia que les había dado la espalda. El otro jem’hadar abrió fuego contra ellos, Worf rodó por el suelo con gran habilidad y con su phaser hizo un certero disparo que fulminó al guardia en el acto.

- He aprendido la lección, la acción y la lucha se los dejo a gente como usted.- Dijo el Doctor ayudando a levantar al klingon.

Worf regresó corriendo por el pasillo, para buscar el equipo que habían dejado allí.

Se guardo el phaser de mano y se hizo con su bat'leth, además llevar otro colgado de la espalda.

- Estoy seguro que también es muy hábil con eso.-Comentó el Doctor observando la afilada hoja del arma klingon.

- Creo que ha perdido el conocimiento, querida.- Dijo divertida Shaun.

Seven deposito el instrumento que había usado en la tortura y que había llevado a la inconsciencia a Tuvok en una bandeja, y volvió de nuevo su atención al vulcaniano.

- Sin duda, la resistencia de su raza esta muy sobrevalorada, doctor Shaun.- Dijo Seven of Nine.- Le dejaré descansar unos minutos, para después seguir con el tratamiento que le estaba administrando.

- Eres deliciosamente cruel. Dime, querida ¿No sientes el estar haciéndole esto a tu amigo? ¿No sientes ni un poco de remordimiento?

- En absoluto. Es una experiencia realmente gratificante y enriquecedora.- Comentó fríamente Seven.

- Esa funcionando mucho mejor de lo que esperaba.- Pensó Shaun.- No le cabía duda de que analizar psicológicamente y físicamente a este sujeto le daría datos realmente únicos para sus investigaciones.

Adam IX observaba con especial atención todo lo que estaba sucediendo. Desde que tenía recuerdos de su existencia, apenas había tenido contacto con nadie más allá del doctor Shaun. Para él, la presencia de Seven of Nine era hipnótica, le fascinaba de una manera que no podía siquiera imaginar, sentía interés por todo lo que hacía.

Sonó un zumbido y Shaun se acercó a un panel.

- ¿Sí? ¿Qué es lo que ocurre?- Preguntó Shaun algo molesto por que interrumpiesen lo que estaba haciendo.

- Hemos capturado al comandante de la Defiant. Lo traemos ante su presencia.- Dijo una voz que Shaun imaginaba de uno de sus guardias.

Los ojos de Shaun se iluminaron.

- Excelente. Seven, creo que tendremos otro invitado al que podrás “atender”- Dijo Shaun sonriendo burlonamente.

Seven sonrió a su vez, satisfecha con la idea de poder poner las manos encima a otra persona para sonsacarle información.

Shaun se giró para fijarse en el aspecto de su nuevo conejillo de indias, cuando su rostro mostró una ligera sorpresa.

El Doctor, con su habitual apariencia recuperada y Worf entraron en el laboratorio. El klingon llevaba un phaser con el que les apuntaba.

- Así que han venido a rescatar a sus compañeros. Adelante, si se quieren ir, son todo suyos.- Dijo Shaun.

- Ven conmigo, Seven y…

- NO.- Dijo secamente Seven mirando con despreció al holograma.

El rostro del Doctor pareció palidecer.

- Seven ¿Qué es lo que te ocurre?

En ese momento, Worf se dio cuenta de la situación de Tuvok. Parecía vivo, pero malherido.

- Tuvok, le han torturado, no tienen honor.- Dijo Worf mirando con despreció al doctor Shaun.

- Yo no le he tocado ni un cabello de su cabeza, Su amiga es la responsable de su actual estado.- Dijo Shaun.

- ¿Qué?- Exclamó con sorpresa el Doctor.- No es posible, Seven, dime que no es verdad.

- Realmente lo he disfrutado. Nunca hubiese pensado que infligir dolor a otro ser vivo fuese tan “estimulante”.

- N-no, esa no eres tu, no es la Seven que yo conozco.

- La Seven que conocía ha muerto, Doctor.- Dijo Seven of Nine.

- ¡Deshaga lo que le ha hecho! ¡Y libere a Tuvok!- Dijo Worf apuntando a Shaun.

- Adam, atiende a nuestros invitados.

Hasta ese instante, no se habían percatado de la presencia de un muchacho, de cabellos rubios y extraños e inquietantes ojos plateados. El muchacho se fue adelantando, dirigiéndose hacía Worf.

- Detente, no quiero tener que dispararte.- Dijo Worf.

Adam-IX no se detuvo ante el aviso y Worf disparó. El phaser estaba modulado en aturdir, pero para sorpresa del comandante klingon, el haz del phaser fue dispersado por una especie de aura de luz que rodeaba al muchacho, como si este tuviese algún tipo de campo de fuerza a su alrededor. Adam fijo su mirada en el arma de Worf y esta comenzó a calentarse con rapidez, hasta hacer que la soltase. El phaser empezó a arder y a soltar humo una vez tocó el suelo. Enrabietado, Worf levantó el bat'leth que llevaba en su otra mano y con todas sus fuerzas lo lanzó contra el doctor Shaun. Con unos reflejos sobrehumanos, esquivó el arma, que acabó clavarse en la pared. 

Seven of Nine se acercó y agarró el bat'leth, arrancándolo de la pared.

- Pensaba realizar pruebas contigo, klingon, pero has colmado mi paciencia. Seven acaba con ellos.

Seven sujetó la afilada espada klingon como si fuese toda una experta y se volvió contra ellos.

- Será un placer.- Dijo Seven.

Martok se arrastraba como podía por los estrechos túneles del sistema de ventilación de las instalaciones donde se encontraban. – Me estoy haciendo mayor para cosas como esta-pensó el veterano klingon- Ya no eres un muchacho precisamente- Se dijo a si mismo. Brathar se sentía algo inquieto, aunque había deseado largamente que llegase esta momento, empezaba a estar nervioso e inseguro. Como el resto de los congéneres que la acompañaban, jamás había empuñado un arma anteriormente, por lo que todo esto era una nueva experiencia para él.

Odo iba delante de ellos, de pronto, se paró e hizo un gesto para que se detuviesen. A través de la rejilla metálica podían espiar el interior de la cámara donde se hallaban las celdas que retenían a la tripulación de la Defiant. Cuatro guardias fuertemente armados vigilaban la estancia.

- Crearé una distracción, aprovechad la confusión para salir con rapidez de aquí y atacad por sorpresa.- Dijo Odo.

- Cumple tu parte, y nosotros haremos la nuestra.- Dijo Martok.

La forma humanoide de Odo se fue tornando en una masa gelatinosa que empezó a filtrarse por las rejillas.

Cuando toda su masa hubo salido del túnel de ventilación, desapareció y su lugar lo ocupó una espesa niebla que en apenas unos segundos llenó la habitación por completo.

 Los jem’hadar se vieron sorprendidos por esta niebla, que les impedía ver prácticamente nada. Martok le hundió sin ningún miramiento la culata de su arma en la cara a uno de los guardias. Brathar y varios numeneanos se echaron literalmente encima de otro de los jem’hadar, que se vio superado por el número de oponentes que tenían enfrente, el guardia dejó inconsciente a un par de ellos antes de caer reducido. La niebla desapareció cuando Odo recobró su forma humanoide ante los ojos de los dos jem’hadar que quedaban en pie. Se quedaron paralizados durante unos segundos al contemplar al multiforme, ya que para ellos era la apariencia de un Fundador, un ser que toda su raza seguía ciegamente como si fuese un dios. Estos momentos dubitativos fueron aprovechados por Martok y por Brathar para acabar con ambos guardias.

Brathar se quedó mirando el cadáver aún caliente del jem’hadar que acababa de matar, no se sentía nada bien con lo que había hecho, se sentía violento y extraño.

Martok le dio una fuerte palmada en el hombro.

- Eran enemigos sin honor, no sientas lastima por ellos.- Comentó Martok.

Odo accionó el mecanismo que abría las celdas y con un simple zumbido, se abrieron todas al mismo tiempo, dejando salir a sus ocupantes, que observaron con sorpresa a sus salvadores. Entre la multitud de personas, buscaba a una en especial. Kira Nerys no pudo menos que salir corriendo a los brazos de Odo en cuanto sus miradas se cruzaron.

- No puedo creer que estés aquí.- Dijo ella tiernamente.

- ¿Estáis bien?- Preguntó Odo con preocupación.

-  Tenemos algunos heridos que han sido interrogados. Entre ellos Taran'atar.

El doctor Julian Bashir la ayudaba a caminar, estaba magullado y dolorido, pero cuando sus ojos contemplaron a Odo, Taran'atar pareció revivir.

- Fundador.- Dijo el jem’hadar con respeto casi reverencial en su tono.

- Te he dicho mil veces que me llames simplemente Odo, Taran'atar. Quiero que sepas que estoy orgulloso de lo que estas haciendo. Tú serás un ejemplo para tu gente, y quizás algún día sigan tus pasos.

- ¿Has venido tu solo?- Preguntó Bashir sin dejar de agarrar a Taran'atar.

- El comandante Worf y el Doctor están también aquí. Están intentando rescatar a dos prisioneros que se encontraban en los laboratorios de Shaun. Creo que ahora que estáis bien, iré con ellos. Puede que necesiten de mi ayuda.

- Ten mucho cuidado, Odo.- Dijo Kira acariciando la mejilla del cambiante.

 

- Salid de aquí por el sistema de ventilación, nos volveremos a ver más tarde.- Afirmó Odo.

Kira y Bashir asintieron, mientras observaban como su antiguo compañero regresaba a su forma gelatinosa y salía por debajo de las compuertas de los calabozos.

Tras recuperar la apariencia humanoide, Odo se aseguro de que no había nadie a la vista.

Algo en su interior le decía que tanto Worf como el Doctor se encontraban en peligro, por lo que el tiempo apremiaba. Adoptó la forma de un pequeño, pero veloz halcón tharano, y agitando sus alas, se fue en busca de sus amigos.

 

 

                                                               5

 

Rial Elbrun se preparaba para el que podía ser muy probablemente su último combate. En el anterior enfrentamiento con una de estas criaturas no pudieron detenerle ni entre varios oficiales de la Flota ¿Qué posibilidades tenía él solo? Lo único que tenía claro era que vendería muy cara su derrota, si quería acabar con él, tendría que ganárselo.

De la garganta del arconte surgieron palabras  ininteligibles para el kylesiano y fuera del alcance del traductor universal que llevaba en su insignia.

Rial no espero más y se lanzó contra el alienígena, la vara de combate golpeó en su pecho, el arconte se retorció y escurriéndose como una serpiente, realizó un salto por encima de Rial hasta quedar tras él. Antes de que pudiese evitarlo, el kylesiano estaba sujetó por una fuerte presa que amenazaba con destrozarle todos los huesos del cuerpo, el dolor amenazó con consumirlo. Con considerable esfuerzo consiguió echar hacía atrás uno de sus brazos hasta poner su mano sobre el rostro del arconte. Apunto de perder el conocimiento, hundió sus dedos en uno de los ojos de la criatura. Con espasmos de dolor, el arconte soltó su presa y Rial Elbrun quedó libre finalmente.

Aprovechando ese instante de desconcierto de su oponente, el kylesiano golpeó con su vara, haciendo tambalearse al alienígena.

- Sin tus trucos de intangibilidad no eres tan duro ¿he?- Dijo Rial sin dejar de golpearle.

El arconte, de cuya cuenca no dejaba de manar un liquido amarillento, se lo quitó de encima con un movimiento de su poderoso brazo. Rial cayó al lado de donde seguía sin sentido Mccreed.

El arconte masculló algo en su lengua alienígena, escuchándose claramente un zumbido que Rial conocía perfectamente. A duras penas esquivó por poco los primeros disparos procedentes del arma de su muñeca similar a un guantelete.

Rial Elbrun buscó su phaser y respondió a los disparos del alienígena. Los rayos del phaser lo atravesaban por completo, sin hacerle daño alguno.

- ¡No es justo!- Exclamó Rial Elbrun contrariado.

El arconte sigue disparando, hasta que finalmente un disparo roza la pierna del kylesiano, haciéndole rodar por el suelo y caer de manera estrepitosa. Rial se sujeta la pierna malherida y puede ver como el alienígena se acerca, sin dejar de apuntarle con el arma de su muñeca.

- ¿A que esperas, maldito? ¡Hazlo!

Cuando el arconte iba a volver a dispararle, exclamó unas palabras de sorpresa en su idioma cuando contempló que tanto Rial Elbrun como Mccreed empezaban a desmaterializarse delante suyo.

Rial se quedó anonadado al darse cuenta de que había sido transportado a otro sala del artefacto alienígena, y que encima, Melora se encontraba allí, junto a lo que parecía otro a otra persona, de una raza que le era totalmente desconocida.

- ¿Qué es lo que ha ocurrido?- Preguntó Rial, cuando recibió un pinchazo de dolor proveniente de su pierna.

- Estamos en uno de los centros de control de esta estación.- Dijo Melora.

- ¿Estación?

- En efecto. Nos encontramos en una estación táctica de una raza ya desaparecida llamada los Progenitores. La forma que ves ante mi es solo una proyección holográfica del ordenador de a bordo. Al parecer los Progenitores eran enemigos de los arcontes y libraron una batalla con ellos hace milenios. [5]

- Realmente interesante… Ahora ¿Cómo demonios salimos de aquí?

- La mayoría de sistemas están estropeados o fuera de cobertura. A duras penas os ha podido localizar a vosotros y al arconte. Aunque hay noticias peores.

- ¿Más?

- Según parece, se ha disparado automáticamente una cuenta atrás para destruir la estación y evitar así que caiga en manos enemigas.

 - ¿Cuánto nos queda?

- Apenas un cuarto de hora. No hay manera de detenerla una vez se ha puesto en marcha, así que si no…

- Un momento.- Dijo el holograma del ordenador.- Los sensores exteriores detectan una nave acercándose.

- Lo que nos faltaba, más arcontes.- Dijo Rial Elbrun.- ¿Cómo nos podrían ir peor las cosas?

De repente, por una de los muros cristalinos surgió el rostro del arconte, que atravesaba como un fantasma la estructura del mismo.

- Yo y mi bocaza.- Dijo Rial Elbrun apuntando con su phaser al alienígena.

Melora retrocedió asustada, hasta ponerse al lado de Rial y Mccreed.

El arconte pareció no prestarles demasiada atención y su mano cuyos dedos acababan en largas garras intentó alcanzar al holograma del ordenador, dándose cuenta de que no era realmente un Progenitor si no una recreación holográfica.

- No estoy en muy buena forma, Melora, no se si podré contenerle mucho tiempo.- Observó Rial apoyándose en su vara de combate.

- Creo que eso ya no importa demasiado, la cuenta atrás esta apunto de cumplirse.- Dijo Melora.

El alienígena los miró fijamente con su único ojo sano y exclamó algo que no pudieron comprender, mientras los apuntaba con el arma de su muñeca.

Melora cerró los ojos y sintió el familiar cosquilleó y ondulación de sus moléculas que le indicaba que estaban siendo transportados. Cuando los volvió a abrir, vio con alegría que se encontraban en una de las salas del transportador de la Voyager.

- Justo a tiempo.- Dijo Melora sonriéndole a B'elanna Torres que se encontraba en el panel de control del transportador.

- Capitán, El equipo de exploración se encuentra ya a bordo.- Dijo Harry Kim.

- Salgamos de aquí, ¡máxima velocidad, señor Paris!- Ordenó Chakotay.

Las barquillas de la clase Intrepid se elevaron para después activarse los motores warp y alejarse a gran velocidad, justo cuando la estación estalló creando una onda de choque que sacudió todo lo que había cerca de ella.

- Estamos totalmente fuera de peligro, capitán- Indicó Tom.

- Bien. Pon rumbo a Espacio Profundo Nueve.- Dijo Chakotay.

 - Casi no puedo creerme  que acabemos de regresar de un viaje que nos ha llevado  a más de 160.000 años luz de casa.- Dijo Kathryn a Chakotay.

- Una nueva cosa que contar a nuestros nietos algún día.- Dijo Chakotay sonriendo.

- ¿Nietos? Mmm No adelantemos acontecimientos, cariño.- Observó Janeway.

- Ahora debemos meditar sobre toda la información que hemos reunido en esta misión, el futuro del cuadrante y puede que de toda la galaxia esta en juego.- Dijo Chakotay borrando la expresión divertida que tenía momentos antes y adoptando una expresión más seria y preocupada.

Kathryn se abrazó a Chakotay, pensando en que les depararía el destino próximamente.

 

 

                                                                6

 

Worf a duras penas pudo parar el primer golpe descargado contra él por Seven of Nine. La ex-borg manejaba el arma curvada de cuatro filos con gran pericia, como si fuese un  klingon. El arte del manejo del bat'leth no era nada fácil para los que no eran auténticos guerreros klingon, pero eso no parecía tener ninguna importancia para Seven.

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Worf  trazó un arco con su bat'leth, que Seven evitó con una finta, para después con un movimiento de su brazo, hacerle una herida al klingon en el pecho, de la que comenzó a brotar sangre. Esto pareció enfurecer aún más a Worf, que apretó sus afilados dientes e intentó golpearla, intentando no darle en ningún punto vital, ya que Worf sabía que de algún modo tenía la mente alterada y no era responsable de sus actos, aunque ella no tendría esos miramientos.

Seven bloqueó la acometida y le dio un duro revés en la mandíbula con la parte no afilada de la espada, Worf escupió sangre.

- Los klingon siempre han sido una especie inferior. ¿Sabes cuantos de tu raza asimile cuando pertenecía al colectivo borg?- Comentó Seven preparándose de nuevo para atacar.

Trata de enfurecerlo para que no piense con claridad.-Pensó El Doctor, que asistía incrédulo al duelo que libraban los dos. Tenía que detenerlo de algún modo, antes de que alguno acabase herido o algo peor.

- ¡Detente, Seven! Tu voluntad es muy fuerte, resiste, enfréntate a lo que te domina.

Seven se encaró hacía el Doctor y volviendo el bat'leth contra él, la afilada hoja de metal atravesó al holograma sin hacerle daño alguno, solo una leve oscilación en su forma holográfica. Sin embargo, para el Doctor fue mucho peor que si le hubiese atravesado el corazón. El acto de atacarle sin ningún miramiento era mucho peor que cualquier daño físico.

- ¿Debo intervenir?- Preguntó Adam-IX al doctor Shaun.

Este respondió negativamente.

- Disfrutemos un poco más del espectáculo.- Dijo Shaun sin dejar de prestar atención a lo que estaba sucediendo.

Adam no dijo nada, pero se quedó pensativo, sin comprender cual era realmente el sentido de todo esto.

Worf desvió un mandoble de Seven y aprovechó para hacerle una presa en forma de pinza con sus piernas, arrojándola al suelo. El klingon atacó y Seven lo esquivó con facilidad, aprovechando para ponerse de nuevo en pie.

Tuvok recobró la consciencia muy lentamente, al abrir los ojos lo veía todo levemente borroso, para después verlo todo con claridad. En un primer momento no recordaba donde se encontraba ni que había pasado, hasta que recordó el intenso dolor sufrido por su cuerpo debido al castigo inflingido por Seven of Nine. Observó el enfrentamiento que estaba teniendo lugar, y tomando fuerzas de flaqueza, decidió que tenía que ayudar de algún modo. Notó el frío metal de las argollas que le encadenaban a la silla donde estaba y apretó con todas sus fuerzas. A pesar de su apariencia, la fuerza y resistencia de un vulcaniano superaba a la de un ser humano normal, y aunque estaba agotado y muy dolorido, consiguió aflojar una de las argollas. Apretando los dientes por el esfuerzo, y con grandes gotas de sudor cayéndole por la frente, arrancó la argolla de la silla, liberando el brazo. Una vez con una mano libre, no fue difícil quitarse la otra argolla.

Tanto Shaun como su creación estaban distraídos por el combate y no se habían dado cuenta de que se había liberado. Respiraba con pesadez y le costaba mantenerse en pie, pero cerró los ojos y se concentró. Momentos después los volvió a abrir.

Seven se hallaba encima de Worf, al que había desarmado y se disponía a asestar un golpe mortal con su arma. El vulcaniano saltó hacía Seven, pillándola desprevenida y poniendo sus manso a ambos lados de su cabeza.

- Libera tu mente.- Dijo Tuvok.

La descarga psíquica siguiente, hizo que Seven gritase y se derrumbase a un lado.

- ¡Seven!- Gritó el Doctor alarmado.

- Maldito vulcaniano.- Gritó Shaun golpeando con fuerza al malherido vulcaniano, que cayó derrumbado ante el ataque del humano mejorado genéticamente.- Tenía que haber acabado contigo cuando pude.- Añadió al tiempo que sacaba un disruptor y apuntaba a la cabeza de Tuvok. Worf seguía aún aturdido por la pelea y el Doctor estaba al lado de su amada.

Nadie fue consciente de que una pequeña ave cruzaba el umbral de la puerta, hasta que acabo se transformó en la familiar forma de Odo, que alargó uno de sus brazos, convertido en un auténtico ariete que impactó contra Shaun, golpeándole violentamente, haciéndole que volcase varias mesas de instrumentales y ordenadores.

Al ver a su creador siendo atacado, Adam-IX se puso delante del metamorpho.

- ¿Quién eres tu?- Preguntó Odo temiéndose la respuesta.

El muchacho clavó su mirada en Odo y de la nada surgió una barrera de energía que lo envolvió, aprisionándolo. Odo golpeó inútilmente el campo de energía.

- ¡Sácame de aquí!- Gritó Odo.

Tambaleándose, Worf se incorporó y sujeto uno de los bat'leth.

- ¡He, bastardo!- Dijo el klingon desafiante a Adam.- Hoy puede ser un gran día para morir.

En orbita  estándar alrededor del planeta se encontraba la Uss Defiant, custodiada por dos naves de guerra Dominion. En su interior, en el puente, se encontraban varios soldados jem’hadar ocupando los diferentes puestos.

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Rajach era el vorta [6] que estaba al mando del destacamento de jem’hadar destinado a Nume. En cuanto reparasen los daños causados en su asalto de la Defiant, la trasladarían a un astillero Dominion para su estudio. Sentado en la silla de mando normalmente ocupada por un capitán de la Federación, Rajach  pensaba en lo que serian capaces de hacer los Fundadores con un nuevo ejército de guerreros más temibles que los jem’hadar, que formarían un nuevo brazo armado del Dominion.- Con ellos dominaríamos la galaxia por completo- Pensó el vorta- Y nos vengaríamos de nuestra derrota en el cuadrante Alpha, por fin nos resarciríamos de esa afrenta.

La voz de uno de los soldados le devolvió al puente de la Defiant.

- Comandante, una nave esta saliendo de velocidad warp.

En el puente de la nave que acababa de llegar a la zona, el capitán Eric Winters se levantó de su silla para contemplar mejor la ofensiva que estaban a punto de iniciar.

Tras recibir la señal subespacial enviada por la tripulación de la Defiant, habían avisado al cuartel general de la Flota, para después venir a máxima velocidad para auxiliarlos.

- Señor Foreman, fuego a discreción.- Ordenó Winters.

El jefe de seguridad y de operaciones de la Uss Valhalla accionó los controles y varios torpedos de fotón salieron a gran velocidad en dirección a las naves enemigas.

Las naves de guerra Dominion, tomadas por sorpresa, no pudieron reaccionar a tiempo y fueron alcanzadas por los disparos de la Valhalla, creando graves daños en su estructura.

Tras la sorpresa inicial, devolvieron el fuego enérgicamente.

- Han perdido los escudos en nuestro primer ataque, capitán.- Anunció Adam Friedman.

- Excelente. Foreman dispare a sus motores, eso las dejará totalmente a nuestra merced.

Rajach se giró nervioso hacía su primer oficial.

- ¿Esta restablecido el sistema de armamento de esta nave? ¿Podemos defendernos?

El primer oficial jem’hadar negó moviendo la cabeza.

- Los dioses nos asistan.- Alcanzó a decir Rajach.

Un haz de luz azulada hizo materializarse a un buen número de oficiales de la Flota Estelar fuertemente armados. La comandante Ro Laren apuntó con su phaser a la cabeza del vorta.

- Ríndanse ahora o aténganse a las consecuencias.- Dijo con voz autoritaria la bajorana.

En la pantalla de la Valhalla se podía contemplar a las naves jem’hadar totalmente a la deriva, tras ser totalmente neutralizadas.

-Capitán, recibo una comunicación desde la Defiant.- Indicó Friedman.- La nave esta totalmente controlada, la operación ha sido un completo éxito.

- Buen trabajo. Que custodien a los prisioneros y aseguren la nave.- Dijo Winters.- Señor Foreman, prepare un grupo para descender al planeta.

El Doctor sujetaba a Seven, ajeno al caos que se desarrollaba a su alrededor, con todos los sentidos de su programa centrados en el bienestar de su amada.

El esfuerzo y la tensión de la lucha interior que se debatía dentro de su mente se reflejaba en el rostro de la joven. Ayudada por la fuerza psíquica de Tuvok, parecía estar ganando la batalla contra el control mental al que había estado sometida.

- Lucha, Seven, sé que puedes salir triunfante. Yo creo en ti.- Dijo el holograma intentando que sus palabras le diesen fuerza.

Odo había probado de adoptar todo tipo de formas diferentes para poder liberarse del campo de energía que le aprisionaba, sin ningún éxito. Sólo podía observar los acontecimientos y esperar que sus compañeros saliesen triunfantes.

Worf tenía parte de su fiero rostro amoratado y empezando a hincharse por el reciente daño sufrido a manos de Seven of Nine, pero ni sus magulladuras ni sus heridas evitaron que lanzase su ataque sobre Adam-IX, el bat'leth del klingon golpeó violentamente y con fuerza, seccionando el brazo derecho de su oponente a la altura del codo. Worf no pudo evitar un pequeño grito de triunfo. Para su sorpresa, Adam-IX no movió ni un músculo por la herida causada y de improviso, del muñón del brazo comenzaron a surgir filamentos bio-mecánicos que en apenas un segundo recrearon el brazo tal y como estaba anteriormente.

El klingon se quedó paralizado un instante ante lo que acababa de contemplar, lo que aprovechó Adam-IX para poner sus manos sobre él, y alzarlo por encima suyo, lanzándolo contra un grupo de paneles que estallaron al chocar el cuerpo del klingon contra ellos y dejándolo inconsciente.

- ¡Worf!- Exclamó Odo al ver a su antiguo compañero en la Espacio Profundo Nueve malherido.

El doctor Zeir Shaun sentía punzadas de dolor de su pierna y de su brazo. A pesar de su fisiología superior a la de un ser humano corriente, el impacto recibido a manos de Odo había sido tan terrible que estaba empezando a verlo todo borroso. No podía permitirse perder la consciencia cuando su triunfo estaba tan cercano. A duras penas consiguió alcanzar un hipospray e inyectarse un calmante.

El Doctor acariciaba el cabello de Seven, cuando de repente, ella abrió sus hermosos ojos de un azul eléctrico y le miró.

El holograma no observó en ellos la irracionalidad ni la violencia que la habían dominado por completo, hasta volverla contra sus amigos. Veía de nuevo la Seven que conocía y amaba con gran ahínco.

- D-doctor.- Dijo ella con dificultad.

- Descansa, Seven, solo descansa.

- Parece que ya no me vas a ser útil, querida.- Dijo el doctor Shaun caminando con dificultad hacía ellos.- Tendré que completar mi proyecto sin tu ayuda.

El Doctor se incorporó y se puso delante de Seven, interponiéndose entre Shaun y ella.

- No le volverá a poner una mano encima, carnicero.- Dijo con firmeza el holograma médico.

Odo golpeó con rabia el campo de energía, no dispuesto a ver como los asesinaban a sangre fría.

- Enternecedor, pero inútil, Doctor. Adam, deshazte del programa médico y después acaba con Seven. Es una lastima, pero me conformare con diseccionar y examinar sus restos.

Adam puso los ojos en el Doctor y en Seven y luego volvió su mirada hacía Shaun. Parecía dubitativo. Algo se revolvió en su interior, el doctor era su creador, le debía su mera existencia, todo lo que era y todo lo que podía llegar a ser. Sin embargo, no deseaba acatar el deseo del doctor y terminar con la vida de Seven of Nine. La duda se reflejó en su rostro y en sus ojos plateados.

- ¿A que esperas para cumplir mi orden? No debes de preocuparte, tendrás otras compañeras que estarán a tu lado, en cuanto acabes con ella ¡Hazlo de una vez!- Gritó Shaun a su creación.

Adam miró de nuevo a Seven y después se volvió hacía el doctor Shaun.

- Lo siento, doctor.

Zeir Shaun sintió un terrible dolor y su vista bajó hasta su pecho. Este estaba atravesado por varios metálicos que habían salido de los dedos de las manos de Adam, empalándole literalmente. Shaun escupió sangre y mientras la vida se le escapaba dijo:

- ¿Por que?

- No soy un mero objeto que usted pueda controlar, no quiero ser un esclavo que haga su voluntad sin pensar, como si fuese un autómata. Soy mucho más que eso. Ahora comprendo que debo encontrar y trazar mi propio camino, puede que sea el primero de una nueva raza, pero seremos nosotros quienes elijamos la senda a que recorreremos y el como.

Shaun se derrumbo, exhalando su último aliento de vida.

Adam fijó de nuevo su atención en Seven y el Doctor.

Tendió la mano hacía ella.

- Ven conmigo, Seven of Nine, huyamos lejos de estas formas de vida inferiores y juntos descubramos todas las maravillas del universo conocido.

Seven, apoyada en el hombro del Doctor negó con la cabeza.

- No, Adam, yo ya tengo un sentido para mi vida, mi lugar esta con los míos, con quienes quiero y aprecio. Si quieres buscar un nuevo sentido a tu vida, deberás hacerlo sólo.

Adam pareció dispuesto a replicar, cuando una docena de formas comenzaron a materializarse en el laboratorio. Eran oficiales armados de la Flota Estelar que de inmediato apuntaron al muchacho.

- No se mueva y ponga las manos donde pueda verlas.- Dijo Harper Foreman apuntando con un phaser a Adam.

El muchacho intercambio una última mirada con Seven, como despidiéndose.

- Volveremos a vernos.- Anunció Adam-IX.

A continuación, su forma empezó a envolverse en un resplandor plateado hasta que desapareció.

- ¡Maldición, se ha teletransportado! - Dijo Foreman para después mirar a los inconscientes Tuvok y Worf.

- Nunca me he alegrado más de ver a nadie, como la caballería, han llegado a tiempo para el rescate.- Observó el Doctor.- Será mejor que traiga asistencia médica, oficial, hay varios heridos que atender.

El jefe médico de la Voyager se acercó a examinar con atención a Tuvok.

- ¡A que demonios esta esperando! ¿No me ha escuchado, oficial? ¿Quiere traer esa asistencia aquí abajo?

- En seguida.- Dijo Foreman de la mala gana ante la reprimenda del holograma.

Seven se quedó un instante pensativa. ¿Qué sería de Adam? ¿Encontraría su lugar en la creación? Y si era sí, esperaba que no acabase evolucionando en lo que realmente tenía planeado el doctor Shaun. Un escalofrío la recorrió al pensar en las consecuencias negativas que estarían por venir de ser ese el resultado final de la nueva forma de vida creada por Shaun, y si en verdad volvían a encontrarse, en como reaccionaria ella ante su presencia.

 

 

                                                               7

 

Horas más tarde, en la enfermería de la Valhalla.

El Doctor realizaba un chequeó general sobre Seven, comprobando que estuviese en perfectas condiciones. Físicamente se encontraba perfectamente, apenas unas magulladuras, era psíquicamente lo que le preocupaba al holograma. La prueba a la que había tenido que someterse Seven, debido a las manipulaciones mentales de Shaun, sin duda fue extremadamente dura. Esperaba que las secuelas derivadas de esa experiencia no fuesen más que unos terribles recuerdos que olvidaría con el tiempo.

- ¿Cómo te sientes, Seven?- Preguntó el Doctor sin dejar de escanearla con su tricorder médico.

- Algo desorientada.- Contestó la ex-borg.- Y un agotamiento más mental que físico.

- No te preocupes, es algo normal, durante unos días tendrás ligeras migrañas y periodos de desorientación, pero remitirán hasta desvanecerse por completo.- Apuntó el Doctor.

- Lo peor son los recuerdos, Doctor, las cosas que me hizo hacer, hacerle daño a mis amigos, a ti…- Dijo Seven con pena en sus bellos ojos.- Perdóname, yo no sé si jamás podré perdonármelo a mi misma.

- No eras realmente tu Seven, no tengo nada que perdonar.- Dijo el Doctor sonriendo.- Cualquiera sometido al tratamiento que te hizo el doctor Shaun hubiese reaccionado de manera similar.

Las manos de Seven y el Doctor se entrelazaron.

- El doctor Shaun representaba todo lo negativo, todo el mal que un ser humano puede llegar a hacer, el lado oscuro que todo ser humano lleva en su interior. Personas como él son las que me hacen sentirme orgulloso de ser un programa holográfico.

Seven esbozó una leve sonrisa ante ese comentario. Aunque lo más le inquietaba es la posibilidad de que sí fuese realmente ella, de que Shaun sacase a la luz una parte de Seven of Nine que nadie hubiese visto hasta entonces.

Se escucharon unas voces en alto que discutían. El Doctor se volvió y observó al comandante Tuvok hablando con el doctor Xizor, el médico jefe de la Valhalla.

- Le he dicho que tiene que permanecer en reposo durante unas horas antes de levantarse ¿Acaso esas orejas puntiagudas son solo de adorno?- Dijo malhumorado el caitiano.

- Me encuentro perfectamente, doctor Xizor. Asumo totalmente la responsabilidad.- Dijo calmadamente el vulcaniano.

- ¡Esta bien! ¡Haga lo que quiera! ¿He dicho alguna vez que odio a los vulcanianos? – Comentó gruñendo Xizor a su ayudante Shimoda mientras daba la espalda a Tuvok y se dirigía a su despacho.

Tuvok observó marcharse al médico, para después acercarse hacía donde se  encontraban sus compañeros

- Me alegro de que ya se encuentre bien, Seven.- Dijo Tuvok

- Gracias a usted, comandante. Sin su ayuda jamás hubiese conseguido librarme de la influencia del doctor Shaun.- Observó Seven of Nine.- Lamentó que le inflingí, mis más sinceras disculpas.

- Usted no era responsable de sus actos, no se preocupe. La comprendo a la perfección. En los últimos tiempos he tenido periodos en los que he estado dominado por completo por las emociones, controlando la mayoría de mis actos. No he sido yo mismo.

El holograma frunció el ceño.

- ¿A que se refiere? ¿Qué es lo que le ha ocurrido?

- El contacto con la mente del arconte, en nuestro primer encuentro con esta raza destruyo las barreras psíquicas y el autocontrol y la disciplina que todo vulcaniano tiene sobre sus emociones. [7]

- Oh, muchas gracias por informarme, señor Tuvok. Se supone que soy su médico.- Dijo el Doctor con indignación.

- Sólo en mi mundo pueden ayudarme. En cuanto regresemos, pediré un permiso para regresar a Vulcano para sanar mi mente y revertir mi estado actual.

- Esta bien, pero le agradecería que la próxima vez me avisase si tiene algún tipo de problema, si no hiere a su orgullo vulcaniano.

- Los vulcanianos no tenemos orgullo, Doctor.- Dijo Tuvok arqueando una ceja.

Puente de la Valhalla.

- ¿Cómo se encuentra, comandante Worf?- Preguntó el capitán Eric Winters al observar que el klingon salía del turboascensor y entraba en el puente.

- Perfectamente.- Dijo Worf más herido en su orgullo por caer derrotado ante Seven of Nine que por ninguna otra cosa.- Le estamos muy agradecidos de que haya acudido en nuestra ayuda, capitán.

- Cualquiera de ustedes hubiesen hecho lo mismo, comandante. Aunque por lo que he leído en su informe, se las arreglaron bastante bien antes de nuestra llegada.- Apuntó Winters sonriendo.

- Debido a nuestra situación, era la única cosa que podíamos hacer. Sólo espero que los numeneanos no se vean afectados por represalias del Dominion por su ayuda.

- No lo veo probable. Hemos expulsado al contingente que tenían en el planeta para ayudar al doctor Shaun en sus investigaciones, y tras la desaparición de este y la incautación de sus notas y grabaciones, no creo que les interese este mundo en lo más mínimo.- Observó el capitán Winters.

- En cuanto mi tripulación se encuentre en condiciones, me gustaría regresar a la Defiant.- Dijo Worf.

- Por supuesto, comandante. Les escoltaremos hasta la Espacio Profundo Nueve. Nunca la he visitado y me han dicho que es un sitio de lo más interesante.

- Si que lo es.- Dijo Worf.- Estoy seguro de que le resultará muy satisfactoria su estancia en ella.

En uno de los camarotes.

- ¿Vendrás con nosotros? ¿O regresas de nuevo con los tuyos?

Odo miró fijamente los ojos de Kira Nerys y no pudo evitar sentirse muy bien, Al lado de la bajorana se sentía completo, con una paz y una serenidad que no conocía cuando se mantenía alejado de ella.

- No tengo más remedio que hacerlo, Nerys. Hasta que las facciones de mi pueblo que desean seguir siendo belicosas no sean convencidas de su error y acepten vivir en paz, no puedo volver. Me siento en la obligación de reconducirlos.- Dijo el multiforme.

- No esperar menos, si no, no serias la persona de la que me enamore perdidamente.

Ambos se abrazaron calidamente y después Kira apoyó su cabeza en el pecho de Odo.

                                                               Epílogo

En el laboratorio se hallaban una especie de cubos holográficos que mostraban un número infinito de mundos: Andor, Rigel IV, Romulus, Tellar, la Tierra, Vulcano, Bethazed, Trill y una infinidad de mundos conocidos y desconocidos.

Las puertas del laboratorio se abrieron y alguien entró y observó lacónicamente las imágenes que se mostraban.

Un arconte se acercó a un holocubo que mostraba el interior de una nave gorn, donde otro arconte supervisaba con minuciosidad el trabajo de los gorn.

- “Es hora de intensificar las acciones. El tiempo se esta terminando. “ [8]

Las palabras resonaron en el interior de la mente del arconte que se encontraba en la nave gorn.

- “Lo comprendo. Los fuegos de la guerra incendiaran hasta el último sistema de esta galaxia, nada quedará impune ante nuestra justa venganza.”

Próximo Número: La calma antes de la tormenta, los tripulantes de la Voyager se toman un merecido descanso.

Otros fan fictions escritos por Doctor Banner en Action Tales hasta Noviembre del 2007:

- Star Trek Voyager#1-18, anual#1

-Star Trek Valhalla#1-7

-Star Trek Universe#6

-Invasores#1-5, 10-14, anual#1-2

-Thor#1-13

-New Defenders#1-3

-Hulk# 9-11

- Crepúsculo de los Dioses#1-2

-Club de los Perdedores#1-3

- Monologo, historia corta en el Umbral de la Noche#2

- Hijo de Satán: Sombras en el cementerio en AT Visions Especial Navidad 2005

- Star Trek Valhalla: Reflexiones de Shyla Kell en AT Visions Especial Navidad 2005



[1] Se podría traducir como comandante enemigo.

[2] Un insulto intraducible del idioma klingon.

[3] Odo, antiguo jefe de seguridad de la estación y compañero de ambos. Es miembro de la raza de los fundadores, pesé a ello, luchó contra ellos en la guerra del Dominion. Como todos los fundadores, es un multiforme, pudiendo adoptar cualquier forma.

[4] En el Star Trek Voyager#2

[5] Como vimos en el número anterior.

[6] Los vorta son una raza creada, al igual que los jem’hadar , para servir a los Fundadores. Los vorta son los negociadores y los que se encargan de liderar a las tropas del Dominion.

[7] En el Star Trek Voyager# 13

[8] Traducido del idioma arconte.