“Tras su largo viaje de vuelta
a casa,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan:
STAR TREK VOYAGER
Escrito por Dr. Banner/ Portada: Roberto Cruz.
Fecha Estelar: 57000.4
En el episodio anterior:
Seven, el Doctor y Worf se mueven por la superficie
del planeta Nume, intentando eludir a las patrullas jem’hadar, se encuentran
con un grupo de nativos que están a punto de ser ejecutados, los rescatan
y estos les conducen a su poblado, descubriendo que son una raza pacifista
que rechaza la violencia. Cuando Seven of Nine esta montando el transmisor
subespacial para tratar de pedir ayuda a
1
Chakotay apenas tuvo un segundo
para darse cuenta de que ya no se encontraba a bordo de
Cerró los ojos intentando librarse de los colores y el efecto visual alienígena que le estaba volviendo del revés toda la mente. Se tapó los oídos y aún así seguía escuchando el horrible sonido tan alienígena e inhumano que amenazaba con destruir su cordura
El aire mismo era denso e irrespirable, un olor ajeno y alienígena penetró por sus fosas nasales. Se dobló, teniendo arcadas y vomitando en el suelo. Su cuerpo temblaba, sobresaturado visualmente y auditivamente todo su cortex cerebral, parecía que se estuviese ahogando entre el mar de nuevas sensaciones y verse sumergido por sonidos e imágenes que estaban llevando al limite de la locura. Reuniendo toda su fuerza de voluntad para aislarse el entorno hostil, se concentró para recurrir al mundo de los espíritus que veía cuando rezaba, centrando sus sentidos sólo en los rostros de sus ancestros. Sus labios pronunciaron las palabras sagradas como tantas veces en su vida desde que apenas tuvo consciencia. Aunque no podía escuchar su propia voz, las palabras le insuflaban fuerza para superar la adversidad.
- A-koo-che-moya.
Con los ojos cerrados, seguía viendo los vivos colores y las formas extrañas que le producían tal malestar. Hasta que las luces se fueron extinguiendo y fueron apareciendo uno por uno los rostros de los ancestros de su tribu. Poco a poco fue aislando el ambiente alienígena y centrándose en sus ancestros. Podía observar el rostro de su padre sonriéndole, indicándole con mirada que resistiese, que aguantase.
Esa visión es lo último que vio Chakotay antes de derrumbarse inconsciente.
En el puente, Kathryn Janeway estaba sentada en el sillón del capitán. Aunque estaba abrumada e inquieta por la desaparición de Chakotay, no podía venirse abajo, tenía que permanecer serena o no saldrían del lugar donde se encontraban ni sabrían lo ocurrido a Chakotay.
- Informe, señor Kim.- Indicó Janeway mirando al oficial de Operaciones.
- No funcionan las armas, ni los motores warp, ni las comunicaciones y mucho menos los sensores. El sistema vital y la energía mínima para el mantenimiento de la nave.
- Nos mantienen vivos, pero indefensos.- Dijo Tom Paris sin dejar de mirar el monitor donde podían contemplar el interior majestuoso e intimidante de la nave alienígena. De pronto, se le ocurrió una idea.
- ¿Y salimos de
- ¿A que te refieres, Tom?- Preguntó intrigada Janeway.
- Podríamos salir a explorar con trajes de gravedad cero, si sabemos más del lugar donde nos encontramos, puede que hallemos una manera de liberarnos. Creo que no tenemos nada que perder.- Dijo Tom.
- En eso tiene razón. Esta bien, usted mismo comandara un equipo con la misión de explorar y analizar la nave. Vayan con mucha cautela y tengan mucho cuidado.
Tom Paris asintió al tiempo que se dirigía al turboascensor.
Kathryn se quedó pensativa observando como su oficial de navegación se marchaba del puente. ¿Qué sería de ellos? Aunque consiguiesen liberarse, se encontraban muy lejos de su hogar, mucho más lejos que cuando fueron transportados al cuadrante Delta y sin saber como podrían regresar. Y encima se habían llevado a Chakotay. Le resultaba muy duro concentrarse en otras tareas sin saber que es lo que podían estar haciéndole en estos mismos momentos. Suspiró y se incorporó del asiento, decidida a que hallarían a Chakotay y volverían a casa, no descansaría hasta lograr ambos objetivos, costase lo que costase.
B'elanna Torres, Tom Paris y el teniente Jelain se hallaban en una cámara de descompresión, donde habían terminado de ajustarse los trajes de gravedad cero y preparar todo el equipo necesario antes de salir al exterior.
- Recordad, Las unidades impulsoras que he añadido a nuestros trajes tienen capacidad limitada.- Apuntó B'elanna.
Jelain movió las antenas azules de su frente. El modo andoriano de asentir- Pensó Tom mientras sonreía.
- Despresurizando la escotilla. Prepárense.- Anunció Tom.
Las compuertas se abrieron y
los tres salieron hacía el casco de
Al llegar allí, magnetizaron sus botas, para poder caminar sin peligro por el casco.
B'elanna tocó con la punta de sus dedos enguantados la superficie metálica al mismo tiempo que con la otra mano sujetaba el tricorder que la analizaba.
- Los metales y la aleación de los que esta compuesto son desconocidos. No he analizado jamás nada semejante.- Dijo la klingon.
- No veo nada que pueda parecer una compuerta o algo similar para acceder a los habitáculos o al puente donde se encuentre la tripulación.- Dijo Jelain.
- ¿Qué te hace pensar que esta tripulada? Estamos en otra galaxia, podemos esperar cualquier cosa inesperada.- Comentó Tom sin dejar de mirar a un lado y a otro.
- Esto es enorme, si tuviese tripulantes podrían estar en cualquier lugar de esta gigantesca nave, daría un brazo por poder observar la sala de motores.- Observó B'elanna.
- Mejor no, te prefiero tal y como estas.- Dijo Tom sonriendo a su mujer.
Jelain estaba absorto en su análisis, por lo que no se percató de que algo se le había adherido a uno de sus brazos. El andoriano movió el brazo para ampliar el espectro de su análisis con sus tricorder y entonces se dio cuenta. Era una especie de diminuta criatura, semi-transparente, con un color azulado y varios tonos claros y oscuros.
- Teniente Torres, Teniente Paris, será mejor que miren esto.- Dijo el andoriano con gesto de preocupación.
Antes de que pudiesen observar detenidamente la criatura, varias de ellas se pegaron a sus trajes. Con un gesto de sorpresa, vieron como una nube de esas minúsculas criaturas se acercaba flotando a gran velocidad. Intentaron arrancárselos sin éxito, continuaban llegando y pegándose a sus trajes de gravedad cero.
- Creo que son una especie de anti-cuerpos de la nave.- Dijo B'elanna.- Algún tipo de forma de vida artificial generada por la misma nave. Muy sorprendente e imaginativo.
- ¿Creen que somos una especie de virus?- Dijo Tom sacando su phaser.- Pues este virus no esta para nada indefenso.
Tom disparó contra parte de la nube de anti-cuerpos que amenazaba con cubrirlos por completo. El haz del phaser causó un curioso efecto, haciendo que los anti-cuerpos se duplicasen haya cuando eran alcanzados.
- ¡Para! ¡No servirá de nada!- Gritó B'elanna sin dejar de intentar quitarse de encima los anti-cuerpos artificiales que ya tenía adheridos a gran parte de su cuerpo.
- N-No p-puedo a-a…
Jelain cayó desplomado, cubierto casi por completo por los organismos. Tom y B'elanna se acercaron para intentar auxiliarle, pero ellos mismos tenían los anti-cuerpos por todos lados.
Tom y B'elanna se miraron, con los organismos cubriéndoles parte de los cristales de los cascos del traje. Cuando pensaban que era la última vez que se verían el uno al otro, sintieron como todo ondulaba a su alrededor, notaron como sus cuerpos salían de un espacio y emergían en otro. Después sólo vieron oscuridad.
2
Worf, el Doctor, acompañados de Brathar y una veintena de numeneanos se internaban en la selva, caminando lo más rápidamente que podían. Worf quiso ir directamente hacía la base jem’hadar, pero Brathar insistió en que tenían que enseñarles algo antes.
El klingon no dejaba de darle vueltas a las escasas posibilidades de éxito que tenían. Un grupo de nativos pacifistas que casi ni sabían lo que era un arma y mucho menos manejarla, un médico holográfico, esa era la ayuda que tendría para poder entrar en territorio enemigo e intentar rescatar a sus amigos y compañeros. Solo Kahless [1] sabía si no morirían todos en el intento.
El Doctor al contrario de lo que era en él habitual, apenas había dicho palabra desde que salieron del poblado numeneano. Estaba ensimismado, pensando en si Seven estaría a salvo en estos momentos. Sabía que ella podía cuidarse perfectamente sola, pero eso no evitaba sentirse preocupado por su bienestar. Si le ocurría alguna cosa, jamás podría perdonárselo. El holograma se acercó a Worf y se puso a caminar a su lado.
- ¿Cree que es buena idea traerlos con nosotros? Pueden caer heridos o muertos.- Dijo en voz baja el Doctor.
- Si no aprenden a defenderse acabaran muertos de todas manera, puede que no ahora, pero más adelante los jem’hadar acabaran con ellos cuando ya no les sean de utilidad. Créame, si aprenden a luchar, puede que tengan una oportunidad para que su raza no sea exterminada.
- Klingons- Resopló el Doctor.- Solo espero que no llevemos a esta gente como a los corderos al matadero.
- Hemos llegado.- Dijo Brathar señalando la boca de una pequeña cueva. Era tan estrecha que solo podrían pasar de uno en uno.- Seguidme.
Worf caminó detrás del joven numeneano de mala gana, empezando a creer que había sido un error todo esto. El grupo se internó por la gruta subterránea, hasta llegar a una red de túneles, Brathar iba en cabeza, con decisión, como si hubiese recorrido este mismo camino muchas otras veces antes.
Finalmente, se metieron por otro túnel, hasta llegar a un inmenso espacio abierto. Worf y el Doctor que asombrarse ante el lugar donde les habían llevado los nativos.
Oculto bajo roca y tierra, se encontraba lo que fue en algún momento una gran y magnifica ciudad. Los edificios y las calles estaban deteriorados por el paso del tiempo y por el efecto de algunos derrumbes, pero aún así, se podía atisbar que en algún momento del lejano pasado fue una esplendorosa construcción. Mientras caminaban por las antiguas calles, examinaban la arquitectura y las estructuras que aún permanecían en pie.
- ¿Una civilización desaparecida? Puede que otra raza que habitase este planeta antes que los numeneanos.- Comentó Worf.
- Cabe la posibilidad de que fuesen sus antepasados. – Apuntó el Doctor.
Worf se agachó y recogió algo del suelo.
- No lo creo, miré, tenían armas. Dudo mucho que fuesen gente tan indefensa y pacifica.- Dijo sujetando una afilada y oxidada espada curva.
- Otras culturas tienen a sus espaldas un pasado violento y sangriento, los humanos tuvieron milenios de barbarie documentada en su historia, los mismos vulcanianos fueron salvajes antes de descubrir el control de sus emociones y abrazar la paz. No es descartable que les ocurriera lo mismo a esta gente.- Dijo el Doctor.
Siguiendo a Brathar por las ruinas de la ciudad, habían llegado a un alto edificio que en su parte superior esta totalmente destruida. Al entrar, Worf inmediatamente supo en que clase de lugar estaban.
- ¡Una armería!
- Aquí hay armas que nos podrían ser útiles.- Dijo Brathar cogiendo una especie de fusil de fotones entre sus manos.
Worf evaluó en poco tiempo el contenido de la sala. Disruptores, granadas de protones, bombas de fragmentación, armas de filo, chalecos protectores, pistolas de proyectiles y multitud de armamento diverso.
- Estoy seguro de que este lugar debe de ser lo más parecido al paraíso para un klingon.- Comentó el Doctor cogiendo torpemente un arma.
- Sin armas no podremos ganar. Aunque son viejas, creo que la mayoría aún nos pueden servir.
- ¿No estará pensando en un asalto directo? ¡Eso seria un suicidio!
- No se preocupe, Doctor, sé lo que me hago. Entraremos sigilosamente, sin llamar la atención, con cautela. Rescataremos a nuestros amigos y saldremos antes de que se den cuenta.
- Sigilo ¡ja! Un klingon es tan sigiloso como un rinoceronte en una chatarrería.- Comentó el Doctor.
Seven of Nine abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba apoyada en el tronco de un árbol en un claro del bosque. Los recuerdos anteriores eran confusos, mezclados y envueltos en una neblina que lo nublaba todo. ¿Qué le había ocurrido? Se incorporó y miró a derecha e izquierda. Estaba sola aparentemente, aunque notaba algo que no alcanzaba a comprender, una presencia que no conseguía identificar, pero estaba allí presente, como si le estuviesen vigilando. Sintió una punzada de dolor y notó como si una descarga eléctrica le sacudiese, una debilidad que le embargaba y que le hizo apoyarse en el árbol para no caerse.
La estaban mirando, podía notarlo. Se giró y vio a lo que parecía un muchacho. Era rubio, atractivo y musculado, el culminen de la perfección física. Sus ojos eran extraños, con las pupilas de un color plateado, casi metálicos. Detrás suyo se encontraban dos soldados jem’hadar.
El muchacho se adelantó, y le miró fijamente. Sintió de inmediato que parecía mucho más mayor de lo que aparentaba, su manera de moverse, la fuerza e inteligencia que veía en sus ojos no eran los de un muchacho.
- ¿Quién eres?
- No pensaba que fueses tan hermosa.- Dijo el muchacho.- Mi designación es Adam-IX, Seven of Nine.
¿Designación? Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Hablaba como un borg.
- Sin duda eres uno de las creaciones del doctor Shaun.- Dijo Seven.- ¿Cómo me has atraído aquí?
- Te he llamado y has acudido. Se activó un mecanismo en tu interior que te condujo hasta mí. Debes unirte a nosotros, el futuro esta en seres como tu y como yo, no me rechaces, Seven of Nine.- Dijo Adam-IX extendiendo la mano hacía ella.
Seven dudo durante un instante para luego apartar la mano del muchacho con un manotazo, uno de los jem’hadar, interpretándolo como un gesto hostil, se dispuso a disparar sobre ella.
- ¡No!- Exclamó Adam IX y alargó la mano hacía el soldado.
La mano y el brazo del muchacho se descompuso y se transformó en media docena de seudópodos biomecánicos que envolvieron al jem’hadar, clavándose en varias partes de su anatomía, hasta que el jem’hadar cayó inerte, completamente muerto. El muchacho recompuso su brazo y miró a Seven.
- Sientes en tu interior lo que tienes que hacer. Puedo notar como dentro de ti hay un conflicto. Una parte se inclina a acompañarme dócilmente y otra piensa en luchar con todas sus fuerzas para impedirlo. No luches contra tu naturaleza, Seven of Nine.
Tenía razón, dentro de si misma se libraba una batalla, una lucha que amenazaba con destruirla por completo. Su raciocinio, su mente analítica y racional le indicaban que huyese, que no dejase enredar por las palabras del muchacho, pero otra parte desconocida hasta ese momento, le arrastraba a marcharse con Adam IX.
Empezó a temblar ostensiblemente y a sudar, su rostro se tornó pálido y la temperatura comenzó a subirle. Punzadas de dolor se le calvaban en su mente. Estuvo a punto de desfallecerse y Adam IX la sujetó, impidiendo que se cayese.
- La tensión esta a punto de colapsar tu mente. El doctor Shaun debe verte.
Quiso decirle que la dejase, que le devolviese con sus amigos, pero la fiebre y el delirio se apoderaron de ella y no pudo impedir que se la llevasen. Lo último que vio antes de que sus parpados se cerrasen fueron los ojos plateados y casi hipnóticos de Adam IX.
3
Melora se paró un instante a recobrar el aliento. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que perdió el contacto con sus dos compañeros de equipo? Aquí dentro las horas y los días parecían perder cualquier significado. De repente, uno de los cristales se desplazó, mostrando una especie de cámara o habitación. Se dispuso a entrar con mucha precaución. Una rápida mirada en su interior le dejo claro que esta sala no era como las otras. En el centro había un panel, con alguna clase de consola con manos e instrumentos. ¿Seria una sala de control? Lo ignoraba. Examinó con cuidado el panel, que tenía símbolos dibujados que desconocía. Suponía que se trataría del idioma de los creadores del artefacto alienígena donde se encontraban. Reuniendo todo su valor, se decidió a pulsar uno de los controles, lo pulsó y cerró los ojos, preparándose para lo peor. Escuchó un pequeño zumbido y al abrir los ojos, observó como un esquema holográfico se había materializado frente a ella. Diferentes pantallas holográficas, con cosas que no alcanzaba a comprender. Vio la representación holográfica del artefacto y alargó la mano instintivamente para tocarlo. Al hacerlo, se desplegó un complejo mapa de la galaxia donde brillaban se podían ver docenas de artefactos alienígenas similares al que se hallaban explorando. Unos pocos brillaban, parpadeando como luces, el resto no lo hacían.- Puede que indique los que están en funcionamiento y los que no. Están desplegados por todos los cuadrantes y sistemas. ¿Para que servirían y cual era su verdadero origen?
- Ojala pudiese tener toda la información necesaria para comprenderlo todo.- Dijo en voz alta Melora.
En ese momento escuchó un nuevo zumbido y delante suyo apareció una figura semitransparente, un holograma con forma humanoide, que representaba a una raza desconocida para Melora. Empezó a hablar, pero no conseguía entender nada de lo que decía.
- Análisis del idioma completado. ¿Cuál es la información que desea?
En otra parte de la estructura alienígena, Rial Elbrun y Robert Mccreed seguían buscando a su compañera perdida.
- Llevamos buscando horas y no sabemos si estamos más cerca o más lejos de ella. Deberíamos darla por perdida e intentar salir de aquí lo antes posible.- Dijo Mccreed.
Elbrun lo agarró del cuello de su camiseta y lo atrajo hasta él.
- Aquí no se abandonará a nadie ¿Entendido? Yo nunca dejo atrás a mis hombres.- Dijo Rial enfurecido.- Mientras tengamos un aliento de vida, la buscaremos.
Los dos oficiales que discutían no podían intuir que dos ojos oscuros y negros, que asemejaban sin vida, como dos agujeros negros, les observaban con interés. El arconte se mantenía suspendido sobre ellos, sujetado con sus manos y sus piernas al techo cristalino. Su objetivo estaba claro, debía deshacerse de ellos antes de que averiguaban donde se encontraban. Decidió actuar deprisa, antes de que llegasen más como ellos.
Con un espectacular saltó, cayó sobre ellos de manera implacable. El impactó lanzó a Rial con fuerza contra una de las paredes de cristal dejándole sin aliento.
Mccreed puso sentir un cosquilleó cuando la garra de la criatura se introdujo en su pecho, atravesándolo como si fuese intangible. El oficial aulló de dolor al sentir una indescriptible agonía que lo atravesaba por completo.
El arconte se apartó del cuerpo inconsciente de Mccreed y se rostro se volvió desafiante ante Rial Elbrun.
Este se había levantado y sacado su vara de guerra de shibanka, que desplegó en toda su longitud, dispuesto para el combate.
- Ahora veremos de que pasta estas realmente hecho, amigo.- Dijo Rial con una sonrisa en su rostro, sin miedo a enfrentarse a su oponente.
4
-¿Sigue sin haber comunicación con el grupo de exploración?- Preguntó Janeway con preocupación.
Harry Kim movió negativamente su rostro.
- ¿Envió otro grupo a buscarles?
Janeway suspiró y se odio a si misma por lo que iba a decir.
- No. No perderé a nadie más en este sitio. Tendremos que esperar que se encuentren a salvo.
Chakotay se despertó con la extraña y agradable sensación de estar descansando encima de una nube. Cuando abrió los ojos se sorprendió al observar que se encontraba encima de una masa gaseosa semi-sólida en la que se hallaba como si fuese un asiento. La masa gaseosa flotaba por encima del suelo, pensó en saltar y bajar al suelo, y como si le hubiese leído los pensamientos, descendió hasta que Chakotay pudo poner sus pies en el suelo. La nube gaseosa cambió de forma, hasta tornarse en una forma vagamente humanoide. Chakotay comprobó como trababa de imitar su aspecto. ¿Seria algún tipo de extraña forma de vida alienígena?
- Soy el capitán Chakotay, de
La nube imitó a la perfección la expresión de su cara, pero no pronunció palabra alguna.
Puede que no tenga un lenguaje que yo pueda comprender-Pensó Chakotay.
Contempló el entorno que le rodeaba. Se encontraba en una sala hecha de un material translucido, donde como las venas en un cuerpo, se podían observar conductos de vivos colores, que iban brillando paulatinamente. Miró hacía arriba y aguanto la respiración al darse cuenta de que había interminables construcciones apenas comprensibles para su mente. Sus formas y tamaños eran tan extraños que a duras penas podía aguantar mirarlas más de unos pocos segundos antes de que comenzase a dolerle la cabeza.
- Lamentó tu malestar. Tuvimos que adaptar tus sentidos limitados para poder siquiera atisbar el entorno sensorial en el que vivimos. Tan diferente al de su especie que casi pierde su cordura.- Dijo una voz detrás suyo. Aunque comprendió las palabras, la voz eran tan armónica y musical que le sonaba del todo irreal, como si estuviese en un sueño.
La criatura que tenía ante si media más de dos metros de altura. Era delgado, con brazos alargados, cuatro dedos muy largos en cada mano, ojos saltones y dorados, un rostro vagamente anfibio y que denotaba placidez. Llevaba una sencilla túnica de color marrón, con algún tipo de símbolo en la parte del pecho
- Mi denominación en tu atrasado lenguaje seria Xentiac.
- ¿Por qué motivo retiene a
Xentiac detuvo su mirada, mirándolo con cierta curiosidad.
- Nunca había visto una especie como la tuya. ¿Cómo os denomináis?
- Yo soy humano, pero en la tripulación
de
- Ciertamente admirable. No se os retiene, podéis marcharos cuando así lo queráis.
- Si eso es verdad ¿para que nos habéis traído?- Preguntó Chakotay. ¿Y que clase de ser es este? Dijo señalando a la nube gaseosa que ahora había adoptado una forma intermedia entre la de Chakotay y Xentiac.
- Es solo una mascota. Los criamos para que nos hagan compañía, es inofensivo, no tienes de que preocuparte.- Dijo Xentiac.
- No me has contestado.
- Veo que la impaciencia te empieza a dominar, humano-Chakotay. Procedéis de otro lugar, de otra galaxia, como ellos.
- ¿Ellos?
- Vuestros perseguidores. Os interceptamos para poder comunicarnos con vosotros y poder saber si realmente provenís de más allá del cúmulo de Bzzitkhaht.
-Desconozco de que me hablas, Xentiac.
- Te lo enseñaré, humano-Chakotay.- Dijo Xentiac, para después soltar una sonora nota musical que resonó por todo el lugar.
De improviso, todo alrededor suyo comenzó a desvanecerse, hasta que quedaron flotando en la inmensidad del espacio. Podía observar las estrellas y el vacío, el polvo cósmico, el movimiento de los cuerpos estelares. ¿Se encontraban realmente en el frío espacio o era una mera ilusión?
Xentiac alargó una de sus delgadas manos y Chakotay observó como la galaxia nacía y se expandía, hasta que la vida comenzó a brotar de la nada.
La vida se abrió paso y dio origen a varias especies s inteligente de la galaxia. Una de ellas era una especie de científicos, de poetas y filósofos, de mentes brillantes y gran saber. Alcanzaron cotas inimaginables en todos los campos conocidos. La otra era despiadada, cruel y terriblemente hostil. Una raza ansiaba poseer el conocimiento absoluto, la otra lo único que deseaba era la conquista y la sublevación de todo ser vivo ante su mera presencia.
Inevitablemente entraron en conflicto, desatándose una guerra que amenazó con destruir la joven y recién creada galaxia. La raza de pacíficos científicos consiguió derrotarlos, y en su benevolencia, no acabo con ellos, solo les hizo exiliarse fuera de las fronteras de la galaxia.
La pacifica y sabia raza fue decayendo, su civilización murió por falta de iniciativas y ganas de vivir, alcanzaron la inmortalidad y perdieron las ganas de vivir, así que desaparecieron, dejando un gran legado tras ellos.
La raza hostil y salvaje viajó a otra galaxia, donde se encontraron con otra especie dominante autodenominados los Bzzitkhaht. Estos eran totalmente pacíficos e intentaron establecer lazos de paz. Los intrusos iniciaron hostilidades hasta que estallo la guerra entre las dos razas.
Chakotay pudo observar la terrible guerra que asoló esta nueva galaxia, mundos enteros fueron destruidos por los fuegos de la guerra
La guerra duro cientos, tal vez miles de años y acabo con la derrota de la raza nativa de la galaxia. Su cultura quedó convertida casi en un recuerdo de lo que fue, casi exterminada en su totalidad.
Chakotay estaba totalmente asombrado
- Los intrusos son los arcontes.- Dijo Chakotay.- ¿Ellos exterminaron a los tuyos?
- Estuvieron a punto de conseguirlo, humano-Chakotay. El cúmulo de Bzzitkhaht. Así llamábamos a nuestra galaxia ante de la llegada de los que tu llamas arcontes. Ahora ese nombre casi no tiene un significado para nadie, excepto los míos.
- Tenéis que ayudarnos. Ahora han regresado a nuestra galaxia, de donde proceden, y esta vez la raza primigenia que los expulsó antiguamente ya no existe.
- Mi pueblo no os ayudara. Las guerras con los arcontes casi acabaron con nosotros. Nos refugiamos en el borde exterior de la galaxia, donde ellos no se internan, pero otro conflicto podía significar el fin de nuestra civilización, humano-Chakotay.
- ¡Entonces para que demonios nos has traído aquí!- Gritó Chakotay.- No veo el sentido a todo esto.
Xentiac le observó, sin alterar apenas la expresión de su rostro alienígena.
- He observado que mi pueblo no os prestará apoyo, pero no he dicho que no pueda ayudaros. Acompáñame, humano-Chakotay.
5
- Los creadores de mi programa eran una raza, cuya traducción en tu lengua sería “Progenitores”. Esta es una estación táctica que forma parte de una línea de defensa situada por los cuatro cuadrantes de esta galaxia. Fueron usados en la gran guerra entre esta mis creadores y una raza hostil que convivía con ellos en los primeros tiempos, cuando la galaxia era joven e inestable.
Melora escuchaba con mucha atención e interés lo que el programa holográfico le estaba contando.
- ¿Puedes enseñarme el aspecto del enemigo al que se enfrentaron los Progenitores?- Preguntó Melora con interés.
El holograma no dijo nada y una nueva imagen holográfica se formo delante de ella. Melora no pudo menos que estremecerse cuando vio su aspecto. Era un arconte.
- ¿Cuál es el actual estado de la estación? ¿Esta plenamente operativa?
- La mayoría de sistemas están dañados e in operativos. Solo los sistemas automatizados de defensa y otros secundarios siguen activos.
Las distorsiones quánticas que rodean la estación- Pensó Melora- Debe de ser su sistema defensivo contra intrusos.
- Por otra parte, debo advertirle que seria mejor que abandonase lo antes posible esta estación. El sistema de auto conservación se ha activado al detectar un miembro de la raza enemiga de mis creadores a bordo de la estación.
- ¿Auto conservación? ¿Te refieres a una autodestrucción?
- Afirmativo.
- Maldición ¿Cuánto tiempo nos queda?
-Unos treinta minutos.- Dijo el holograma fríamente.
Melora tuvo una idea.
- ¿Puedes localizar todas las señales vitales a bordo de esta estación?
- Afirmativo.- Dijo el holograma.
- Es la mejor noticia en lo que llevo de día.- Dijo Melora esbozando una sonrisa.
6
Kira miró como se abría la puerta
de la celda donde llevaban retenidos desde que fueron capturados en
- ¿Cuál es su estado, Julian?- Preguntó preocupada Kira ayudando a poner al jem’hadar en su camastro.
- Sobrevivirá, al menos de momento. Pero si sigue recibiendo este tipo de castigo durante mucho tiempo…
Kira sintió pena por Taran'atar y recordó como le
prometió a Odo cuidar de él mientras estuviese con ellos [2]
. Sus congéneres no le perdonaban que hubiese abandonado las filas
del ejército del Dominion y se hubiese refugiado con
- Pronto nos tocará a nosotros. Esperemos ser tan fuertes como él.- Dijo el doctor Bashir sin dejar de limpiarles las heridas a Taran'atar con un trozo de la camisa su uniforme.
El doctor Shaun se encontraba tremendamente satisfecho. Le acababan de avisar del regreso de Adam IX. Y traía a Seven of Nine con él. El poder experimentar con ella era vital en sus planes a largo plazo. La ex-borg era sin duda un sujeto único con el que poder realizar todo tipo de pruebas y poder evaluar los siguientes pasos a seguir.
Al entrar en el laboratorio pudo contemplar a Seven of Nine sudorosa y con no muy buen aspecto, parecía enferma. Adam IX estaba a su lado, observando con curiosidad a la nueva paciente del doctor Zeir Shaun.
- No sabes lo que he esperado este momento. Trabajar con muestras de tejido y sangre no es lo mismo que hacerlo con un ejemplar como tu.- Dijo el doctor mientras abría un maletín y sacaba todo tipo de instrumentos.
- ¿Qué es lo que me ha hecho?- Consiguió decir con voz débil Seven.
- Oh, no es nada, querida. Cuando el almirante Stoner te capturo, te hicieron innumerables pruebas. Un miembro de mi equipo consiguió inyectarte una serie de enzimas artificiales en tu organismo totalmente indetectables. Ni tu querido doctor holográfico podría encontrar el más mínimo rastro en tu cuerpo. Esas enzimas hacen que sientas una irresistible atracción hacía mis nuevas creaciones, hacía la nueva raza que sustituirá a la humana.
En el rostro de Seven se pudo observar su desesperación al escuchar esas palabras.
- ¿Por qué? ¿Qué es lo que quiere de mí realmente?
- Querida, eres más especial de lo que piensas. Adam IX es el primer ejemplar estable que he conseguido crear. Es infinitamente más inteligente, más fuerte y resistente que cualquier humano o humano alterado por ingeniería genética que jamás se haya visto. Además en su organismo tiene una variante de las nano-sondas borg que le permiten ser prácticamente invencible. Tus propias nano-sondas reaccionan ante la presencia de Adam IX, de un modo que no puedes controlar tus propias reacciones. Juntos seréis los padres de una nueva raza. Siéntete afortunada, Seven of Nine, ya que tu nombre será recordara en los libros de historia como quien contribuyo a la extinción de la raza humana y al nacimiento de una nueva fuerza que gobernará la galaxia en los próximos siglos.
- ¡No! ¡Es usted un demente! ¡No dejaré que lo haga!- Gritó Seven intentando incorporarse.
Antes de que pudiese reaccionar, el doctor le inyectó algo con un hipospray. Seven tuvo una serie de convulsiones, para después cerrar los ojos, con una expresión de sufrimiento.
- Apenas te dolerá, en unos minutos no sentirás nada, querida.- Observo Shaun al tiempo que hacía un gesto a los guardias jem’hadar, que trajeron a alguien a la fuerza.
- ¡Seven!- Exclamó Tuvok con sorpresa al ver a su compañera.
- Señor Tuvok, creo que dejamos nuestra conversación pendiente.- Dijo el doctor Shaun
Los jem’hadar sujetaron al vulcaniano a un sillón, con argollas metálicas para impedir que Tuvok pudiese liberarse.
- Va a tener la oportunidad de asistir en primera fila a una prueba que quiero hacer, señor Tuvok.
- Seven ¿Quieres venir aquí, querida?
Para sorpresa de Tuvok, Seven of Nine se levantó y se situó a un lado del doctor Shaun.
- ¿Qué es lo que desea, doctor?- Dijo Seven con enorme serenidad, como si estuviese relajada.
- Le ha hecho algo, no es realmente ella.- Dijo Tuvok.
- Le he inyectado una formula de mi invención, señor Tuvok. Su adorable compañera es ahora muy “receptiva” a mis sugerencias. Además he anulado la parte de su cerebro que regula su ética y su moral. Es capaz de hacer cualquier cosa que le diga, sin pestañear, créame.
- Seven, escúchame, sé que estas hay, en algún lugar, tienes que luchar contra lo que te domina.
Shaun no pudo evitar reírse ante las palabras del vulcaniano.
- Seven, ocúpate del interrogatorio del señor Tuvok. Puedes utilizar el instrumental que te he preparado.- Dijo Shaun dejando una bandeja a su alcance.
En la misma se encontraban toda clase de utensilios a cada cual más dañino. Afiladas cuchillas, cortadores láser, drogas, bisturís de cirujano entre otras muchas herramientas de tortura.
Cuando Tuvok vio a Seven of Nine agarrar una de las afiladas y brillantes cuchillas empezó a sentirse invadido por el pánico.
- N-no, Seven, n-no lo hagas, por f-favor.- Alcanzó a decir el vulcaniano con voz temblorosa.
Próximo Número: ¿Hasta donde llegará Seven controlada por el doctor Shaun? ¿Llegarán Worf y el Doctor a tiempo de salvar a Tuvok y a Seven?
Todo esto y mucho más en la apasionante conclusión
de
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[1] Kahless, el gran guerrero que unió al Imperio hace aproximadamente 1500 años. Cuenta la leyenda que el mesiánico Kahless había luchado con el tirano Molor, quien fue muerto con el primer Bat'leth o la espada del honor. Los guerreros Klingons a menudo rezan a Kahless antes de una batalla.
[2] En Star Trek Universe #6