“Tras su largo viaje de vuelta
a casa,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan:
STAR TREK VOYAGER
Escrito por Dr. Banner/ Portada: Ramón Rosanas.
Fecha Estelar: 56946
En el episodio anterior:
Tras deliberar, deciden que
1
- ¿Quiere dejar de pararse a cada momento?- Observó malhumorado Worf que no dejaba de mirar a un lado y a otro, como esperando que algo surgiese de la maleza y se arrojase sobre ellos.
El Doctor se encontraba examinando atentamente las hojas de una planta autóctona.
- Mmm Este planeta parece rico en plantas con posibles aplicaciones medicas ¿sabe?
El klingon gruñó entre dientes y movió la cabeza negativamente.
- No tenemos tiempo que perder. Tenemos que encontrar un lugar seguro para activar el transmisor subespacial y esperar que vengan refuerzos. Hay que ir con cuidado, al anochecer esto estará infestado de soldados jem’hadar.
El holograma resopló.
- Esta bien, esta bien, caminaré más deprisa, si eso le hace sentir mejor.- Dijo el Doctor de mala gana.
Worf se quedó con la mirada perdida durante un momento.
- ¿En que piensa, señor Worf?- Preguntó Seven of Nine mientras examinaba el transmisor con detenimiento.
- Me preguntaba por mi tripulación. He estado prisionero de los jem’hadar y no es algo agradable.- Apuntó Worf.
- Encontraremos la manera de ayudarles.- Dijo Seven.- Y sin olvidarnos que aún tenemos una misión que cumplir.
Seven no dejaba de darle vueltas
al resultado de los experimentos realizados por el doctor Shaun, experimentos
posibles gracias a muestras suyas robadas durante su cautiverio justo al llegar
a
- Bien, será mejor que nos pongamos de nuevo en marcha.
- Nuestro destino tendría que ser la cima de esa montaña.- Dijo Seven señalando una montaña que destacaba por encima de los altos árboles.- Es un punto aceptable para emitir la señal del transmisor.
- Estupendo, ahora tendremos que escalar.- Comentó el Doctor elevando la mirada al cielo.- ¡Soy un Doctor, no un alpinista!
Continuaron caminando durante un buen rato, hasta que de improviso, Worf se detuvo e hizo un gesto para que guardasen silencio y permaneciesen en sus posiciones. El klingon se adelanto entre los árboles, y con sigilo, observó con sus prismáticos. Cuatro soldados jem’hadar se encontraban ante un numeroso grupo de alienígenas. Sus cuerpos eran pequeños y fuertes, provistos de placas óseas similares a los de un armadillo terrestre. Tenían una cola prensil, también recubierta por placas óseas. Seguramente serán nativos- pensó- ¿pero por que no se defienden? Superan en número a sus oponentes.
- Bien ¿Cuál es el plan?- Dijo la voz del Doctor a su lado.
El rostro del klingon era todo un poema. Parecía dispuesto a lanzarse sobre el cuello del holograma.
- ¡Baje la voz! Creí ordenarles que se mantuviesen atrás.- Dijo Worf enfurecido en tono bajo.
- No vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras usted se divierte.- Observó el holograma con una medio sonrisa.- ¿Cómo les ayudamos?
- De ninguna manera. Nuestra prioridad es pedir refuerzos e intentar rescatar a nuestros compañeros, no ayudar a la población local.
- No puede decirlo en serio, comandante, no podemos dejar a esa pobre gente en manos de esos soldados sedientos de sangre. He visto informes de cómo actúan los jem’hadar. No conocen el significado de la palabra piedad.- Dijo el Doctor.
- Podría ser beneficioso para nuestra misión el ayudarles.- Comento Seven con tranquilidad.- Si les rescatamos, puede que puedan ayudarnos de algún modo. Conocen el terreno mejor que nosotros y cualquier ayuda nos seria de mucha utilidad.
- Esta bien, ustedes ganan.- Dijo finalmente a regañadientes el klingon.
- Necesitaremos una distracción para poder reducirles.- Dijo Seven.
- ¿Y cual será esa distracción?- Preguntó el Doctor intrigado.
Tanto Seven como Worf se volvieron a mirar al holograma médico. Este puso cara de sorpresa.
- ¿Yo? Estaréis de broma.
- En absoluto ¿no quería diversión? Pues ahora la tendrá.- Dijo Worf con la sombra de una sonrisa en su pétreo e impenetrable rostro.
2
- B'elanna, desvía toda la potencia a los motores… Aunque tengas que sacarlo del soporte vital… Si no estamos muertos.- Ordenó Chakotay a través del intercomunicador.
- Haré lo que pueda, capitán.- Dijo B'elanna Torres desde la sala de ingeniería.
La situación no podía ser más
desesperada. Tras seguir a la nave arconte a través del vórtice subespacial,
habían aparecido en medio de una inmensa flota de naves enemigas. Por si no
fuese suficiente, los sensores establecían que se encontraban fuera de los límites
de
Las explosiones cercanas sacudían a la nave estelar. De momento, sólo el tener a un piloto de la capacidad de Tom Paris les estaba salvando de ser alcanzados de gravedad por alguno de los disparos. Chakotay sabía que era sólo una cuestión de tiempo. Él les había metido en esta situación de peligro y él les tenía que sacar, costase lo que costase.
- Señor Barclay ¿encuentran los sensores de astrometría algún lugar donde podamos…
-Empezó a decir Chakotay, pero tuvo que callarse cuando en medio de un sonido atronador, la cubierta comenzó a inclinarse y tuvo que sujetarse a su silla para no caerse.- despistar a nuestros perseguidores.- Prosiguió Chakotay.
- S-seguimos b-buscando, c-capitán.- Contestó con voz temblorosa Barclay desde Astrometría.
- Infórmeme en cuanto hallen algo.
- Nuestros escudos de babor han bajado al cuarenta por ciento.- Informo Harry Kim.
- Es hora de devolver el fuego. Phasers a máxima potencia ¡fuego!
La andanada de descargas de los
phasers de
- Solamente les hemos causado daños mínimos. Las mejoras en el sistema de armamento funcionan a la perfección, si nos enfrentásemos a una o dos naves igual podríamos ganar, pero con tantas…- Observó Harry.
Un fuerte impacto hizo que la nave se escorase. El puente se estremeció. El olor y el humo de las consolas y los circuitos ardiendo hicieron toser a la almirante Janeway. Allí donde Janeway volvía la vista, veía consolas dañadas que echaban chispas.
Sin lugar a dudas, la situación era de las más desesperadas a las que se habían enfrentado.
- Hemos sufrido daños en la integridad estructural. Este ha estado cerca, muy cerca de partirnos en dos, capitán.- Comentó Tom con la inquietud reflejada en sus ojos.
De varias naves arcontes salieron una nube de diminutos
objetos en dirección a
- Nos han lanzado algún tipo
de artefacto que se han acoplado a la estructura de
- Capitán.- Comenzó a decir B'elanna desde la sala de ingeniería.- Sea lo que sean esas cosas, están drenando la energía de la nave. Si no conseguimos deshacernos de ellas, al ritmo actual, en menos de treinta minutos habrán acabado con todo nuestro suministro energético.
- Estupendo. Como si no tuviésemos ya suficientes problemas.- Dijo Chakotay cruzando una mirada con Kathryn.
3
El doctor Zeir Shaun se sirvió un poco de Kanar cardassiano en una copa y se dispuso a pasear por su laboratorio mientras saboreaba la deliciosa bebida. Llevaba varios meses en estas instalaciones y aún no se había acostumbrado del todo a la presencia de los jem’hadar.
Eran una raza salvaje y aguerrida, la moralidad o los sentimientos no tenían lugar dentro de su sistema de vida, sólo el luchar, el combatir hasta el último aliento. En su nuevo orden no tendrían lugar seres semejantes. Sonrió al pensarlo. Desde muy joven estudio las enseñanzas de Khan Noonien Singh(2) y el sueño del Khan se transformó en el suyo propio. El crear una nueva especie de humanos mejorados genéticamente, capaces de crear un imperio estelar que dominaría por completo la galaxia. Esta vez no serian derrotados por los infelices humanos no mejorados, incapaces de alcanzar todo el potencial y de asumir que su tiempo estaba acabando, esta vez el sueño de Khan perduraría para siempre. Y lo más irónico era que todo seria gracias a la ayuda de un humano normal y corriente, del almirante Stoner.
El sonido del comunicador le sacó de sus pensamientos. En el pequeño monitor, apareció el rostro impenetrable y tosco de un jem’hadar.
- Doctor, le traemos al vulcaniano.
- Hacedle pasar.- Dijo Shaun.
Los jem’hadar empujaron a un asustadizo Tuvok que se derrumbó en el frío y metálico suelo del laboratorio. Cuando se cerraron las puertas tras los guardias, el doctor Shaun se acercó al vulcaniano y se le quedó mirando con curiosidad.
- Pareces estar aterrado, pero tu especie tiene un completo control sobre sus emociones, así que eso no es posible ¿verdad?
- ¿Es usted el doctor Shaun? – Preguntó el vulcaniano incorporándose.
- ¿Nos conocemos?
De pronto, Tuvok experimento un súbito cambio, de ser una persona llena de miedo, paso a estar lleno de ira y de rabia. Con un gritó desafiante, se lanzó sobre el doctor.
Shaun lo agarró en el aire y le sujeto con fuerza por el cuello, levantándole varios palmos del suelo.
- ¿Creía que estaba indefenso? No podía estar más equivocado. Si es verdad que sabe de mí, sabrá de mis estudios genéticos. ¿Acaso pensaba que no los aplicaría en mí?
Sin apenas esfuerzo, lo arrojó a varios metros, chocando con varias estanterías que se derrumbaron por el impacto. El vulcaniano se levantó y se quedó mirando a Shaun. Tuvok pareció recobrar su semblante habitual, como si de repente hubiese recuperado la cordura.
- ¿Para que nos retiene aquí? ¿Qué es lo que quiere de nosotros?
- Mmm curioso, ahora parece un vulcaniano normal. Sin duda su caso es de lo más interesante. Quiero saber como me han localizado, como han llegado a descubrir mi base.
- Si esta mejorado genéticamente, asumo que es usted tan inteligente como fuerte, ¿no lo averigua?- Dijo Tuvok con serenidad.
- Sólo el almirante Stoner sabe de mi trabajo, pero el sigue creyendo que lo tiene todo controlado y que trabajo para él, así que esta descartado…- Se quedó un momento pensativo y entonces una luz pareció encenderse en sus ojos.
- No pueden ser más que mis viejos socios de la sección 31. Es propio de ellos manipular a otros para sus propios fines ¿sabe?
- Sabemos de sus planes y hemos venido a detenerlo, doctor Shaun, es indiferente de donde hemos obtenido la información de sus planes. Tiene que ser detenido.
- Jugar a los juegos de la sección 31 es peligroso. Créame, si supiera todo lo que yo sé, si hubiese visto lo que mis ojos han visto, jamás aceptaría su ayuda.
- ¿Cómo es posible que se haya aliado con el Dominion?
- Señor Tuvok, a diferencia de
Shaun apretó un control de un panel y un mecanismo se activó, dejando al descubierto una serie de tanques de un material transparente semejante al cristal. En cada uno de ellos, había seres grotescos, deformados y retorcidos. Flotaban en una solución liquida, parecían dormir, pero Tuvok sabía que estaban muertos y dio gracias por ello. En algunos de ellos adivinaba rasgos de razas conocidas, klingons, andorianos, ferengis, cardassianos y otras tantas especies diferentes.
- Estos son mis primeros experimentos. Antes de probarlo en seres humanos, pensé que seria interesante probar mis teorías con otras especies similares al hombre, con resultados de lo más dispares.
- Es usted un demente, doctor Shaun.
- Ah, recuerde que eso se dijo de muchas de las más grandes mentes de la historia del cuadrante, señor Tuvok. Me informaron de que varios tripulantes de la nave huyeron usando el transportador. Uno de ellos es Seven of Nine ¿verdad?
- Seven of Nine no venia en esta misión. Sabe que los vulcanianos no podemos mentir.- Dijo Tuvok con calma.
- Tampoco nunca había observado a uno que se dejase dominar por la ira o por el pánico. Sí, se que ella esta en este planeta. La encontraremos y cuando lo hagamos, tengo grandes planes para ella. Me encantará diseccionarla personalmente.
Con un gruñido gutural, Tuvok alargó la mano para intentar golpear al doctor, pero este, con rapidez inusitada, le esquivó para después sacar un pequeño dispositivo que emitió una descarga sobre el vulcaniano. Este cayó totalmente inconsciente.
- No me cabe duda de que diseccionarle a usted será también una experiencia enriquecedora, señor Tuvok.-Comentó Shaun esbozando una sonrisa.
Llamó a los guardias y estos devolvieron a Tuvok a su celda. Shaun se sentó de nuevo en su escritorio y observó un monitor donde se podían ver varias señales moviéndose por un mapa de una zona concreta del planeta. Satisfecho, Shaun se volvió a llenar la copa con Kanar.
Las puertas de la celda húmeda y sucia, sumida en la penumbra se abrieron. El anciano klingon miró con su único ojo como volvían a traer a su compañero de celda. Martok se levantó de la incomoda litera que usaba para dormir y fijo su vista en Tuvok.
- Dime, vulcaniano ¿te encuentras bien? He visto cosas extrañas en mis largos años de vida, pero jamás un orejas picudas asustado o rabioso como un targ enloquecido.
Tuvok se quedó en silencio por un momento y después se volvió hacía el ex-canciller del Imperio Klingon.
- Hace poco tiempo mi mente, mi misma alma estuvo en contacto con una mente alienígena. Su fuerza era tal que destruyo todas mis defensas psíquicas sin apenas esfuerzo. Al principió no fui consciente, pero su presencia en mi mente había acabado con mi autocontrol, con mi completo control sobre las emociones que todos tenemos. (3)
- ¿Todos? Siempre pensé que los de tu pueblo eran seres fríos y calculadores, sin alma que los guiase por la senda de la vida.- Comentó Martok con escepticismo.
- Muchos creen que no tenemos emociones, pero si que las tenemos, sólo que las ocultamos, las aprisionamos bajo la lógica, para que no nos arrastren en un mar de emociones desbocadas y nos veamos sumergidas por ellas.
- Así que ahora eres igual que cualquiera de nosotros. –Masculló Martok sin poder evitar una mueca que podría ser una sonrisa.- Bienvenido a este nuevo mundo, donde podrás reír, enfurecerte, entristecerte y odiar, descubrirás, mi amigo vulcaniano, que no están malo como parece.
- ¡No lo entiendes! El desequilibrio
psíquico en mi mente, debido a la perdida del control de mis emociones puede
acabar matándome. Pensé que podría recobrar de nuevo el control, no fue así.
En el ataque a
- Conseguiremos salir de este pozo inmundo, amigo mío. Palabra de Martok.- Afirmó el klingon pensando realmente en que posibilidad tenían un anciano y un vulcaniano enfermo de poder salir de allí con vida.
Uno de los nativos, que se llamaban numeneanos estaba arrodillado con los ojos cerrados. Era el más joven de todos ellos, apenas un niño. Sus compañeros observaban asustados los acontecimientos, rezando a sus dioses para que salvasen al chico.
- Reza tus últimas oraciones, muchacho, por que te vas a reunir con tu creador.- Dijo el jem’hadar apuntando con su rifle la cabeza del numeneano.
Los demás soldados se pusieron a reír ante el comentario de su superior.
-Acaba con él y regresemos a la base.- Dijo el segundo al mando.
El jefe de escuadrón se giró y agarró con fuerza del cuello a su congénere.
- Nos marcharemos cuando yo lo diga, no antes. ¿Entendido?- Dijo el jem’hadar apretando los dientes. - El doctor quiere adultos para sus pruebas, los niños no son necesarios.
El sonido de una rama partiéndose bajo el peso de un pie hizo volverse a todo el escuadrón.
- ¡No disparen, por favor! ¡Estoy desarmado!
El Doctor salió de entre los árboles levantando las manos.
Los jem’hadar apuntaron hacía el holograma.
- ¿Quién se supone que eres tu y por que no te deberíamos disparar?- Preguntó el jefe de escuadrón.
- Soy alguien muy importante, si me lleváis ante vuestro líder os recompensará generosamente.- Dijo el Doctor.
Los jem’hadar se miraron entre ellos escépticos.
-No tienes aspecto de ser nadie importante, pareces un humano corriente y vulgar. Creo que te vamos a matar.
-¿Corriente? ¿Vulgar? ¡Ja! ¡Soy una de las personas más importantes de lo que llevamos de siglo en la galaxia!- Exclamó el Doctor con aire de indignación.
Un preciso disparo del phaser de Seven derribó a uno de los jem’hadar con rapidez.
Antes de que les diesen tiempo a reaccionar, Worf salió de la espesura y golpeó a un jem’hadar con su bat'leth(4), que abrió una herida en pleno torso del soldado, haciendo que este cayese al suelo. Uno de los soldados disparó al Doctor, y las ráfagas de su arma atravesaron al holograma sin más inconveniente que una oscilación en la imagen del médico.
Worf rodó por el suelo de tierra con inusitada rapidez para alguien de su envergadura y peso y su pierna hizo caer velozmente a otro soldado, una vez en el suelo, el klingon asesto un mortal golpe con su bat'leth que acabo con su vida de inmediato. Worf no solía tener piedad con sus enemigos, y mucho menos con uno a quien consideraba tan despreciable.
Seven esquivó los disparos del jefe del escuadrón jem’hadar, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, hizo una llave que lanzó al enorme jem’hadar contra uno de los árboles. El aturdido soldado se dispuso a sacar su puñal, para enfrentarse a Seven cuerpo a cuerpo, esta eludió la afilada cuchilla y con un rápido golpe de su pie le hizo soltar el puñal.
Con un gritó de rabia el jem’hadar se dispuso a arremeter contra ella, cuando esta le arrancó el tubo que todo los de su raza llevaban en el cuello. El ketracel blanco, la sustancia que los alimentaba y sin la que no podían sobrevivir saltaba a chorros del pequeño tubo que se lo suministraba. El soldado se derrumbó, haciendo un gran estruendo al golpear contra el duro suelo de piedra y tierra.
Worf se acercó a Seven.
- Combates como una auténtica guerrera, Seven of Nine.- Comentó el klingon.
- Viniendo de un klingon, es todo un halago.- Dijo Seven.
- ¿Era necesario matarlos a todos?- Preguntó el Doctor con expresión de confusión en su rostro holográfico.
- Con enemigos tan poco honorables como estos, es lo único que funciona.- Afirmó Worf.
- Tiene razón, Doctor. No podíamos hacer otra cosa.- Dijo Seven mirándole con pesar.
- Me crearon para proteger cualquier tipo de vida, no para acabar con ella.- Dijo el Doctor mirando con tristeza a uno de los jem’hadar caídos, cuya herida inflingida por el arma de Worf le cruzaba todo el pecho.
Se acercaron a los numeneanos, que les miraban con desconcierto y temor.
- No os vamos a hacer daño.- Dijo Seven en un tono tranquilizador.- Los que os atacaron son también nuestros enemigos.
Uno de ellos reunió todo su valor y se adelantó, acercándose a Seven.
- Me llamo Brathar. Ellos se llevan a nuestros hermanos y hermanas, a nuestros padres, a nuestros abuelos y nunca los volvemos a ver. Llegan en medio de la noche, como demonios a los que no les importan las suplicas ni los llantos.
- ¿Y como es que no os defendéis? Estoy seguro de que sois muchos más que ellos. Por la fuerza del número podríais derrotarles.- Observó Worf a Brathar.
- Mi pueblo no cree en la violencia. Nos dedicamos a la reflexión espiritual, a rezar a Oathac, el creador. Rezamos mucho en estos días, pero nuestro creador no responde nuestras oraciones …
- ¡Blasfemo! No vuelvas a decir nada semejante, Oathac vela siempre por sus hijos. Soy Elach. Os agradecemos vuestra ayuda, pero tenemos que regresar a nuestro poblado, estarán preocupados.
- ¿Dónde se encuentra vuestro poblado?- Preguntó Seven.
- Por allí, en lo alto de la montaña.- Dijo Brathar ante la mirada de desaprobación de Elach.
- Nosotros también vamos a la cima de esa montaña ¿os importa que os acompañemos? Os podemos proteger si vuelven a atacaros.- Dijo Seven.
A Worf no le hacía mucha gracia el tener que ir junto a los nativos, pero aún así no dijo nada.
- Al b’agorian no le hará gustará que llevemos a extraños.
- Nos han ayudado, mi hermano ha sobrevivido gracias a ellos, todos nosotros, es lo menos que podemos hacer.- Dijo Brathar tajante.
Elach estuvo apunto de replicar, pero finalmente permaneció en silencio.
- En ese caso, movámonos rápido antes de que aparezcan más jem’hadar.- Dijo Worf con el ceño fruncido.
- Y algunos dicen que yo soy gruñón.- Comentó el Doctor en voz baja al oído de Seven, que no pudo menos que esbozar una leve sonrisa, casi imperceptible, para después volver a su expresión habitual.
4
En el interior de la gigantesca estructura alienígena, el grupo de exploración compuesto por Rial Elbrun, Melora Pazlar y Robert Mccreed se encontraba apostado al lado de la vaina de asalto arconte que habían localizado recientemente.
- Voyager, aquí el teniente comandante Rial Elbrun ¿Nos reciben?
Mccreed pego un puñetazo a la pared de silicio.
- Déjalo ya, esta claro que nos han abandonado.- Afirmó el oficial con la desesperación reflejada en el rostro.
-
- Hemos de considerar la posibilidad de que una nave enemiga los haya abatido o se encuentren con graves daños y no puedan socorrernos. Tenemos que averiguar una manera de salir de aquí por nuestra cuenta.- Comentó Rial Elbrun.
- ¿Y que hacemos con eso?- Dijo Mccreed señalando la vaina de asalto.- Podemos tener a una de esas cosas rondando por aquí.
- Una que sepamos, este lugar es tan inmenso que podría estar plagado de enemigos. Quien sabe si no lo construyeron ellos.- Observó Rial al tiempo que calibraba su phaser.
- Lo dudo. Si fuese así ¿Por qué lanzar vainas de asalto para penetrar en su interior?- Apuntó Melora.
- Sea como sea, les aconsejo que mantengan su arma dispuesta para disparar. Nos queda mucho terreno que cubrir si queremos averiguar los misterios de este lugar y una forma segura de salir.
Tanto Melora como Mccreed asintieron y siguieron al kylesiano, que se situó al frente del grupo. Se adentraron por uno de los cientos de pasadizos que parecían recorrer la estructura donde se encontraban. Las formas que tomaban los cristales de los que se componían el suelo y las paredes no dejaban de sorprenderlos. De pronto, el pasadizo se ensancho, descubriéndoles una impresionante sala, llena de cristales azulados y brillantes, que colgaban del techo de la bóveda, como estalactitas en una cueva.
- Este sitio no deja de asombrarme.- Dijo Melora abriendo la boca entusiasmada por la belleza de la estancia.
- ¡Yo lo odio! ¡Nos perderemos en este laberinto de cristales brillantes!- Exclamó Mccreed evidentemente alterado.
Los cristales del techo, cambiaron repentinamente de color, a un rojo intenso.
Melora escaneó los cristales con su tricorder y sonrió.
- He detectado un cambio de fluctuación en la señal energética de los cristales. Creo que de algún modo son empatitos, reaccionan a las emociones que les rodean. Supongo que la reacción hostil de Mccreed ha hecho esto.
- ¿Y a quien le importa? ¡Lo único real es que moriremos en esta prisión de cristal!
Los cristales se iluminaron más intensamente.
- ¿Quieres tranquilizarte? Os sacaré de aquí ¿entendido?- Dijo Rial Elbrun atravesando con la mirada a Mccreed.
- Lo siento. Este sitio me da claustrofobia, no volverá a pasar.- Dijo con voz temblorosa el oficial.
Melora se apoyó un instante en una de las paredes. Se agotaba mucho más rápidamente que cualquier otra persona. Aunque el exoesqueleto le ayudaba a moverse por otras gravedades diferentes a la suya natural, le agotaba en exceso.
- ¿Te encuentras bien?- Preguntó Rial Elbrun.
Cuando la elaysiana le iba a responder, una pared de silicio creció con rapidez entre los dos, separándolos. Notaron un sonido por toda la estructura, como si todo se estuviese moviendo, cambiando de lugar, recolocándose de manera inesperada.
Melora golpeó el mudo de cristal sin ningún éxito. Cuando se dio por vencida de que no la escuchaban se fijo en que ya no se encontraba en la misma sala. De algún modo se encontraba en alguna otra parte de la estructura. Quizás a cientos de metros de sus compañeros. Decidió explorar un poco el lugar donde se encontraba. Fuese como fuese, ahora estaba sola, no podía contar con nadie más. Aferró con fuerza su bastón de madera y empezó a explorar.
- ¿Qué es lo que ha ocurrido? Es como si todo este maldito lugar se hubiese desplazado, como si todas las salas y cámaras ahora estuviesen en otro lugar.- Dijo Rial Elbrun.
- Tienes toda la razón.- Dijo Mccreed.- El pasadizo por el que hemos entrado aquí parece distinto, creo que no podemos volver por nuestros pasos.
- Maldita sea. ¿Ha donde habrá ido a parar Melora?- Se preguntó Rial Elbrun.
5
El poblado numeneanos era bastante grande, con casas de unos dos pisos de altura, construidas con la materia prima que tenían a su alrededor, madera en su mayor parte.
Las gentes caminaban de un lugar a otro, despreocupadas, en su mayoría vestían unas túnicas sencillas de diferentes colores. Sólo un edificio destacaba sobre las demás construcciones. Worf imaginó que se trataría del santuario donde oraban a su creador.
Con sigilo, salieron al descubierto. Delante de ellos caminaban los nativos que habían rescatado.
Varios de los habitantes del poblado, corrieron al encuentro de sus familiares. Cuando la alegría de volver a ver a sus amigos y conocidos hubo pasado, se dieron cuenta de los extraños que les acompañaban.
- ¡No temáis! ¡Venimos en son de paz!- Exclamó el Doctor.
- Si venís en paz ¿Por qué traéis armas?- Dijo un numeneano de aspecto más anciano que el resto y al que todos miraban con una mezcla de especto y temor.
- B’agorian, ellos nos salvaron la …- Empezó a decir Brathar.
El anciano hizo callar al joven con un gesto.
- No somos una amenaza. Nuestras armas son para defendernos, nada más.- Dijo Seven al anciano.
- La fe es suficiente para proteger a las personas de almas puras.- Indicó el b’agorian.- Somos gente hospitalaria, y aunque no aceptamos la violencia os dejaremos pasar la noche si es vuestro deseo. Solo exigimos respeto por nuestras costumbres, nada más.
- Aceptamos vuestra amable hospitalidad.- Dijo Seven.- No os molestaremos lo más mínimo.
El b’agorian se marchó sin mirar atrás el resto de numeneanos que le acompañaban le siguieron.
- Me alegro de que os quedéis por aquí, me sentiré más seguro.- Dijo Brathar.
- Brathar, tu no comulgas del todo con las costumbres y normas de tu gente ¿verdad?- Dijo el Doctor al joven numeneano.
- No creo que debamos permanecer impasibles mientras acaban con nosotros. Y no soy el único que lo piensa. No somos muchos, aunque cada vez somos más los que pensamos de la misma forma. Tengo que marcharme, os veré más tarde.
Observaron como se adentraba en el poblado y después Worf se acercó a Seven.
- ¿Crees que podrás emitir la señal de auxilio antes de que amanezca?- Preguntó el klingon a la ex-borg.- Ya esta anocheciendo.
- Haré todo lo que este en mis manos, comandante. Me alejaré un poco del poblado, para evitar cualquier interferencia que pueda hacer perder fuerza a la señal.
- Te acompañaré. –Dijo El Doctor.
- No, Doctor, es mejor que miré por si alguien necesita atención médica, si atiendes a sus enfermos puede que se relaje la tensión entre los nativos y nosotros.- Observó Seven.
- Buena idea. Mientras tanto yo examinaré los alrededores, para asegurarme de que el perímetro esta asegurado.
- Ten cuidado, Seven.- Dijo El Doctor.
- Se cuidarme de mi misma, Doctor.- Dijo ella al tiempo que se encaminaba hacía las afueras del poblado.
- Vamos, señor Worf, seguro que esta gente aún practica medicina de la época medieval.
Seven colocó el transmisor subespacial en posición y lo activó. Las luces parpadeaban y fluctuaban, lo que indicaba que estaba preparado para lanzar la señal. El transmisor estaba preparado para alinearse para que su señal atravesase el agujero de gusano y pudiese llegar al cuadrante Alpha. Apretó el control y el transmisor comenzó a emitir la señal.
Ya se había hecho de noche y el viento empezaba a soplar con fuerza. Durante el combate con los soldados jem’hadar se la cayó una de las orquídeas que sujetaban su cabello formando su peinado habitual. Decidió soltarse el cabello por completo. Miró a la luz que provenía del poblado y se preguntó como se las apañarían Worf y el Doctor. ¿Aguantarían tanto tiempo sin pelearse? Ella tenía sus dudas al respecto. Pensó que ya esperaría unos minutos más y regresaría con ellos.
Sintió una sensación extraña, como si unas presencias la estuvieran observando. Apuntó con la luz de su linterna, acoplada a su muñeca, sin éxito, no había nada. ¿Seria su imaginación? O probablemente las horas que llevaba sin regenerarse se dijo a si misma.
Desconecto el transmisor, con la esperanza de que la señal hubiese llegado a su destino, y viniesen a rescatarlos lo antes posible. De nuevo esa extraña sensación de que la estaban observando. Cerró los ojos y escuchaba como unos siseos, unas voces que la llamaban. El sonido del viento meciendo las ramas de los árboles, los pájaros cantando, cualquier otra cosa desapareció, sólo estaban los siseos, la llamada.
No podía dejar de sentir que esa llamada era familiar, muy familiar y a la vez era completamente desconocida.
Abrió los ojos y se incorporó. Se puso a caminar siguiendo los siseos, los murmullos que llenaban su mente, siguiendo el rastro que la llevarían frente a lo que le producía esa sensación tan familiar y ajena al mismo tiempo.
Un poco más tarde, Worf y el Doctor se acercaron a buscar a Seven, al ver que se retrasaba.
- ¡Seven!- Gritó el Doctor.- ¿Dónde estas?
Worf examinó con minuciosidad el terreno alrededor del transmisor. No había nada más que el rastro de las pisadas de Seven of Nine, ningún signo de que hubiese habido nadie más en ese lugar.
- No hay rastro de nadie más. Por otra parte, si hubiesen sido jem’hadar ¿Por qué habrían dejado intacto el transmisor?- Dijo Worf al holograma.
- Me importa muy poco quien haya sido, la cuestión es que no esta.- Dijo el Doctor visiblemente alterado.- Tenemos que salir a buscarla, comandante.
El klingon miró al cielo, estaba comenzando una tormenta.
- Si han sido los jem’hadar, nos llevaran mucha distancia y con esta oscuridad y este tiempo jamás podremos seguirlos.
- ¡Tenemos que ir tras ella!- Exclamó el Doctor.- Puede estar en peligro.
- Yo sé donde los llevan.- Dijo una voz a sus espaldas.
El holograma médico y el klingon se volvieron para contemplar a Brathar.
- ¿Sabes donde esta la base de los jem’hadar? Preguntó Worf con impaciencia.
- Os ayudaré a buscar a vuestra amiga, pero yo iré con vosotros.
- Puede ser peligroso.- Indicó el klingon.
- Lo sé, es lo menos que puedo hacer. Algunos de los que están en contra de nuestras costumbres querrán acompañarnos.
- ¡No tenemos tiempo que perder!- Gritó el Doctor.
- Doctor, sé que esta preocupado, tranquilícese. Necesitaremos a todos los hombres que puedan venir por nosotros si tenemos que internarnos en una base repleta de soldados jem’hadar armados hasta los dientes. No es la mejor opción ni están lo suficientemente preparados, pero es la única solución viable.
El médico asintió sin dejar de mostrar preocupación en su rostro.
- Brathar, reúne a tus hombres, nos iremos de inmediato.- Dijo Worf al numeneano.
El Doctor miró al solitario transmisor subespacial, el único testigo de lo ocurrido a su amada.
-Oh, Seven ¿Dónde estas?- Pensó el holograma con pesar.
6
Durante los siete años que habían permanecido en el cuadrante Delta, estuvieron enfrentamos a mil amenazas, a decenas de peligros sin apenas posibilidad de éxito, pero aún así, consiguieron sobreponerse a las adversidades y salir triunfantes. Esto era a lo que se agarraba el capitán Chakotay para pensar que esta vez no caerían derrotados.
Las luces del puente parpadearon durante unos segundos, para luego volver a su habitual luminosidad habitual. Por si fuera poco, además las naves arcontes no dejaban de bombardearles con todo el arsenal que tenían a su alcance.
- ¡Informe, Harry!- Gritó Chakotay con premura en su rostro.
- Los niveles de energía continúan bajando con rapidez, dentro de poco no podremos responder al fuego enemigo.- Comentó Harry sin dejar de mirar los controles de su consola.
- Hagamos un último disparo pues. ¡Fuego a discreción, venderemos cara nuestra derrota!
Todos los phasers de
- Nos hemos quedado sin energía para los phasers, capitán. Solo nos quedan los torpedos.- Indicó Harry.
- Si esos artefactos arcontes siguen absorbiendo nuestra energía como sanguijuelas espaciales, creo que dará igual.- Dijo Chakotay a Kathryn, que se encontraba a su lado.
- Estoy segura de que B'elanna encontrará una solución.- Dijo Kathryn.
- Eso espero, cariño, estamos por completo en sus manos.- Dijo Chakotay mirando al monitor principal, donde se podía contemplar las naves arcontes que estaban a punto de darles caza.
Sala de Ingeniería.
- Vorik ¿Cómo va el desvió que te he pedido?
El vulcaniano levantó apenas un segundo la mirada del panel que tenía abierto y miró a B'elanna Torres.
- Si deja de distraerme, teniente, puede que consiga tenerlo a tiempo.- Dijo Vorik con su tranquilidad habitual, sin alterar lo más mínimo las facciones de su rostro.
- Touche, Vorik, no te distraigo más.- Dijo B'elanna.
B'elanna sabia que sólo tendrían
una oportunidad de parar a los artefactos arcontes que estaban drenándoles la
energía de
Tenían que hacerlo todo de manera coordinada y sin desviarse lo más mínimo de su plan para poder lograrlo, pero ella confiaba que diese resultada. Las vidas de su marido, su hija y sus amigos estaban en juego y no podía fallarles.
- La conexión esta ya lista, teniente Torres.- Exclamó con cierto temblor en su voz la alférez Dillard.
No puedo culparla-pensó B'elanna al tiempo que terminaba la parte de su trabajo necesaria para que el plan saliese adelante como ellos habían calculado.
La klingon miró a Vorik que con un simple asentimiento le indicó que su parte también estaba finalizada.
Había llegado el momento. B'elanna abrió la comunicación con todas las cubiertas de la nave.
- Soy la teniente B'elanna Torres.
Mi equipo de ingenieros y yo hemos elaborado un desesperado plan para poder
liberarnos de los artefactos que nos dejan sin energía. Es arriesgado y peligroso,
pero no hay tiempo para otro tipo de acción. Vamos a lanzar una descarga de
iones concentrados que barrera todo el casco de
La jefe de ingenieros miró uno a uno a los hombres bajo sus órdenes y después activo el control de su consola.
Por un instante, la forma de
Las naves arcontes se cernieron
sobre
En el puente de
- Los sistemas se están reinicializando. Los motores warp están encendiéndose de nuevo.- Dijo Harry Kim.
- ¡Tom, sácanos de aquí lo más rápido que puedas!- Gritó Chakotay con urgencia.
Los impactos de los disparos, hicieron que la nave se detuviese por completo.
- Nos inutilizado el motor warp. Sólo nos queda los motores de impulso.- Dijo desde la sala de ingeniería B'elanna.
- Es el fin.- Pensó Chakotay con desesperación.
De repente, una descarga de energía hizo estallar en pedazos una de las naves arcontes y de la nada, apareció como un fantasma destelleante la forma de una gigantesca nave. Su tamaño era tal, que el resto de naves parecían niños frente a un adulto. Un adulto colérico, que descargó el fuego de sus disruptores sobre las naves arcontes, que se batieron en retirada.
En el puente de
- Señor, no cantemos victoria tan pronto.- Observó Harry Kim.- Esta abriendo sus compuertas centrales.
Observaron como las compuertas se abrieron como enormes fauces metálicas que parecían dispuestas a devorarlos. La nave comenzó a temblar.
- ¿Qué ocurre, Harry?- Preguntó Janeway.
- Algún tipo de rato tractor nos atrae a su interior. Su potencia es mayor que cualquier otro rayo tractor que jamás haya visto, no tenemos suficiente energía para poder liberarnos.
Hemos salido de la sartén para
caer en las brasas.- Pensó el capitán Chakotay al contemplar como
En ese instante, le vinieron
a la mente las palabras que le dijo Benjamín Sisko en la visión onírica que
tuvo en
”Cuando el leviatán os engulla, obtendrás las respuestas a las preguntas que se formulan en tu interior”
¿Será este el leviatán del que le habló Sisko?-Se preguntó Chakotay.
Pudieron observar como las compuertas de metal se cerraban tras ellos, dejándolos atrapados en el interior de la bestia de metal.
- Que los equipos de seguridad se armen y se distribuyan por las diferentes cubiertas. Hay que prevenir un posible asalto.- Indicó el capitán Chakotay.
- ¿Quienes crees que son? Ataco a los arcontes y estos huyeron con el rabo entre las piernas.- Dijo Kathryn.
- Nos podemos esperar cualqui…
Mientras Chakotay hablaba, se produjo un zumbido y el capitán comenzó a brillar, a parpadear hasta desaparecer.
- ¡Chakotay!
Próximo Número: ¡Sigue la espiral Descendente!
¿Cuál será el destino de Chakotay? ¿Quién o quienes serán la tripulación de
la misteriosa nave? ¿Lograrán el Doctor y Worf rescatar a la tripulación de
Otros fan fictions escritos por Doctor Banner en Action Tales hasta Julio del 2007:
- Star Trek Voyager#1-16, anual#1
-Star Trek
-Star Trek Universe#6
-Invasores#1-5, 10-13, anual#1
-Thor#1-11
- Crepúsculo de los Dioses #1
- New Defenders# 1-3
-Hulk #9-10-11
-Club de los Perdedores #1-2
- Monologo,
historia corta en el Umbral de
- Hijo de Satán: Sombras en el cementerio en AT Visions Especial Navidad 2005
- Star Trek Valhalla: Reflexiones de Shyla Kell en AT Visions Especial Navidad 2005
1) En ST Voyager# 1-2
2)
Khan fue un lider de toda asía en el siglo
20, era un superhombre, un producto de la ingeniería genética y los experimentos
eugénicos. Se hizo con el control de asía. Participó en las guerras eugénicas,
una guerra entre hombres con mejoras genéticas y humanos normales. Khan fue
derrotado y huyó de
3) En ST Voyager#13
4)
La " espada tradicional del honor "
preferida por los guerreros de klingon peritos en los artes marciales con esta
arma. Es una especie de espada larga y formada como doble-semicírculo con cuatro
puntas (que se asemejan a una cimitarra de forma semicircular), se transporta
el bat'leth a lo largo del interior del brazo y manejado usando dos asaderas
en el borde exterior del arma. Un bat'leth moderno tiene típicamente
5) En el ST Voyager#14.