“Tras su largo viaje de vuelta
a casa,
Fecha Estelar: 56915.4
12 Números de Star Trek Voyager:
Parece que fue ayer mismo cuando se me ocurrió la idea de hacer una serie de Star Trek Voyager. Acababa de terminar de ver las 7 temporadas en DVD de la serie de TV, y me apetecía mucho contar nuevas aventuras ambientadas tras la serie. Era un proyecto que no pensé que gustase demasiado. Los personajes y la serie en si son prácticamente desconocidos para los no habituales al universo Trek, así que no le auguré mucho futuro. Para mi sorpresa, y para mi satisfacción, la serie y los personajes gustaron mucho más de lo que creí posible. Con cada número que pasaba, le cogía más el truco a estos personajes a los que les tengo un gran cariño y a los que creo conocer muy bien.
Casi sin darme cuenta, he llegado al final de la temporada 1 en Action Tales, la 8 cronológicamente hablando. 12 números y un anual, no esta nada mal, no señor.
Espero que todos los que habéis seguido esta serie, lo sigáis haciendo en las sucesivas temporadas que están por venir, el viaje apenas ha comenzado, y espero que todos vosotros estéis ahí conmigo para completarlo.
Dr.Banner
Las Aventuras del Capitán Protón: ¡Entra en
escena
Escrito por John Schneider
Hace una semana
- Aunque no estuviera ocupada, Tom, que lo estoy no me metería en la holocubierta a desbaratar uno de esos estúpidos planes.
- No son estúpidos, son simples y peligrosos.
B'Elanna Torres ofrece su mejor gesto de incredulidad.
- ¿Peligrosos? Si le podrías parar con los ojos cerrados. Yo necesito auténticos retos, que supongan un auténtico desafío, no aventurillas auto indulgentes.
- No me hagas hablar de tus experiencias en la holocubierta.
- Vale, esas sesiones fueron excesivas, pero esto también lo es a su manera. Comprendo que te guste revivir el serial de las aventuras del Capitán Protón pero si quieres que participe tendrás que crear nuevas historias que puedan interesarme.
- Bonito forma de chantaje. Hay un pequeño problema, si yo hago la nueva historia sabré el plan del villano y volvemos al punto de partida
- No te preocupes por eso, conozco a la persona indicada para esto.
Hoy
Harry Kim intenta reprimir la risa mientras ve que la oficial Torres se dirige a su mismo destino, la holocubierta. Al llegar junto a ella no puede evitar preguntarle.
-¿Al fin te ha convencido Tom? Creía que pasabas de sus juegos infantiles.
- Digamos que le he añadido interés.
- Con interés espero que no sean criaturas de tres metros ansiosas de arrancarnos los brazos ni meternos en una nave a punto de estrellarse con una supernova.
B'Elanna ríe abiertamente.
- Pues mira, lo apuntaré para la próxima. Ahora en serio, no es nada tan dramático.
Tom Paris se acerca a ellos con una gran sonrisa.
- ¿Estáis listos para la nueva aventura del Capitán Protón y sus fabulosos ayudantes?
- ¿Ayudantes? Protesta Torres,
- Socios, lo que mejor te suene. Por cierto, ¿qué podemos esperar de esta velada?
- ¿No vamos a hacer el episodio que tocaba?
- No Harry, será una nueva historia, no sé ni quien es el autor.
- No te preocupes, Tom, lo sabrás. No os puedo decir gran cosa porque el autor ha preferido guardar todos los detalles en secreto menos dos, que conocerás un nuevo y mortal enemigo y dos, el nombre, la trampa mortal del maléfico doctor.
- Suena prometedor.- Reacciona con entusiasmo Tom.
- Pues a mí me da mala espina.
- Vamos, Harry, ¿dónde está tu espíritu aventurero?
- Tom, ¿realmente no te preocupa el no saber quién ha escrito esta aventura?
- No, ¿qué es lo peor que nos puede pasar, unos arrásanos y el orgullo algo tocado?
- Si tú lo dices, pero yo sigo sospechando.
- Pues entonces vamos allá.
- Ya era hora, empezaba a pensar que os habíais rajado.
El planeta Calipso es una pequeña bola rocosa que gira en torno a un sol diez veces más grande que el nuestro. Sin cascos polares la presencia del agua se reduce a unos pequeños mares que jalonan el ecuador. El Capitán Protón toma tierra en una llanura cercana a la base de una expedición arqueológica.
Un pequeño comité de recepción
sale a su encuentro. Visten ropas plateadas y se mueven con nerviosismo. Gesticulan,
cuchichean y se llevan continuamente las manos a la cara. Tom ya metido completamente
en su papel pone al tanto de cómo funciona la diplomacia interplanetaria a la
teniente Torres, con ayuda de Harry Kim. Además le convencen de que escoja un
nombre exótico, al final el elegido resulta ser
Con una amplia sonrisa el Capitán Protón se acerca al grupo, que parece absorto en sus cavilaciones, como si hubieran olvidado el propósito por el que habían salido del edificio.
- ¿A qué tipo de crisis se enfrentan? Hemos venido en respuesta a su petición de ayuda.
Uno de ellos, que parece el más anciano, da un paso al frente.
- Nuestros ruegos han sido finalmente escuchados., debéis actuar sin dilación. En las excavaciones hemos descubierto un laberinto que parece esconder un tesoro de valor incalculable. El problema es que lo custodian unas repugnantes criaturas que tacan a todo los que osan entrar en el laberinto.
- Entonces la solución es bien sencilla. Olviden el laberinto. Ningún tesoro vale tanto como sus vidas, además seguro que hay otros lugares más interesantes por aquí sin sorpresas desagradables. Y no nos olvidemos que esas repugnantes criaturas pueden estar defendiendo lo que es suyo. Algo perfectamente razonable.
-Esta última afirmación cae como una bomba entre los emisarios. Miran al Capitán Protón estupefactos, como si estuvieran ante un loco peligroso. Pero se recomponen con rapidez y gritan al unísono.
-¡Queremos el tesoro! Y ustedes lo conseguirán para nosotros o jamás podrán salir de aquí.
Sus ojos están enrojecidos de
furia y las venas les palpitan.
- ¿Qué hacemos ahora intrépido líder? Parece que la búsqueda del tesoro los ha vuelto locos.
- Ya me ocupo yo. Queridos amigos, ¿puedo hablar con vuestro superior?
La rabia de paso al desconcierto.
- ¿Nuestro superior?
- Sí, necesito hablar con él para planear la táctica a seguir para obtener el tesoro.
Se apartan y cuchichean acompañándose de gestos exagerados. Un rato más tarde vuelve junto a nuestros héroes.
- Acompañadnos, no se os ocurra intentar nada raro, nuestro superior se toma esta misión muy en serio.
Buster Kincaid ( Harry Kim) se acerca a Protón mientras siguen al comité de recepción al edificio.
- Creo que estos no son los encargados de la expedición, sino unos piratas que se han apoderado de la misma.
- ¿Y las criaturas los encargados que se han hecho fuertes en el laberinto?
- Esa es mi opinión.
- Es posible.
El edificio es sorprendentemente amplio, con alas que se interseccionan en amplias salas. Más que un edificio de una humilde expedición parece un palacio, aunque su aspecto exterior lo oculta con maestría. Tras una buen rato caminando llegan a lo que parece la sala principal. Un grupo de unas doce personas, todos ellos con armas disimuladas en ropas holgadas alrededor de su jefe, que está sentado en un trono.
Al principio no pueden distinguir el rostro del líder pero cuando se gira para saludarles Protón sonríe. Es el Doctor. Revestido con una capa púrpura como un emperador romano y tomando unas diminutas frutas azules que les sirven dos doncellas con poca ropa.
- Al fin ha llegado nuestra salvación
- No sé quien es usted pero deje la actuación, no entraré en ese laberinto.
- ¿No quiere ayudarnos a conseguir el tesoro?
- ¿Tesoro? El que haya bichos no quiere decir que haya un tesoro, esto no funciona como el humo y el fuego. Y lo sé por experiencia.
-¿Y qué piensa hacer? Son nuestros, somos más.
-Los números no lo son todo.
Con un gesto da órdenes precisas
a
- Le tenemos, vamos a descubrir que es lo que tiene aquí.
- Usted no respeta a sus superiores, ¿no es cierto?
- El día que alguien como usted sea mi superior las ranas tocarán el violín.
- Supe que usted, el Capitán Protón vendría y que sería una elección fabulosa para mi amo. Y que bien que haya traído compañía, así no quedará con hambre.
Un rugido es el único aviso. Al darse la vuelta, una enorme criatura de aspecto vagamente humanoide le golpea con sus zarpas.
-AHHHHHHH
Al abrir los ojos Tom Paris ve la enfermería y escucha la voz de la capitana, ¿no os habéis pasado? El doctor y Torres agachan la cabeza como niños pillados en una falta.
- No sea duro con ellos, capitana, hacía tiempo que no me pillaban por sorpresa. Eso sí quiero volver ahí y patearle el culo a ese bicho.
CORRE, SEVEN, CORRE
Escrito por Lucía Pladenas
El planeta estaba situado en un sistema solar con dos soles, pero sin embargo y para sorpresa de Seven of Nine, estaba continuamente a oscuras. ¿Podía ocurrir? Claro, había cientos de maneras, aunque todas sobrepasaban toda lógica. Había cientos de maneras, pero era algo muy poco probable. Un planeta oscuro durante años con tan solo algún intervalo donde los rayos de uno de los soles le alcanzaban y rápidamente la oscuridad de nuevo y aún así, Seven pudo comprobar que había una flora bastante rica y prácticamente desconocida para ella.
Recordó que el Doctor le había dicho que tuviera cuidado y que en cuanto les avisara, estarían allí. Siempre preocupándose en demasía, pensó Seven en aquel momento, pero paseando por el planeta y recogiendo muestras de la extraña flora y fauna, sintió que el peligro podía surgir de cualquier sitio, de cualquier rincón, de cualquier esquina.
Recogió varias extrañas plantas luminosas y de color morado y las metió en una probeta creada para ese uso específico. Siguió andando por el extraño paraje que se tornaba cada vez más espeso y oscuro. Notaba como a más oscuridad, mayor número de extrañas plantas que poseían luz propia. ¿Cómo era posible que en un planeta oscuro hubiera tanta vegetación? ¿A qué se debía la luminosidad de las plantas?
Seven of Nine prosiguió su misión de recolección y exploración mientras procesaba las diferentes respuestas a un planeta tan extraño, sobre todo en lo referido a su flora. Podía contener luz, tras haberla recogió y procesado rápidamente en los pocos días en los que había algo de luz solar
Tras un buen rato recopilando datos y especimenes, Seven of Nine se percató que no había visto por el momento ningún animal y por su experiencia, eso no era algo bueno. Sí, sabían que en el planeta habitaba alguna que otra raza, todos seres inferiores y con el mínimo de inteligencia e instinto, pero no había visto ninguno, cuando lo normal, en un planeta de oscuridad casi perpetua, era que si las plantas se habían aclimatado y evolucionado en él, los animales también lo hubieran hecho. ¿Animales rodeados de oscuridad constante? Había tenido un par de experiencias con seres acostumbrados a la oscuridad total y no le inspiraban ninguna confianza y él no haber visto ninguno durante el rato que llevaba allí, no le daba buenas vibraciones en absoluto.
Llegó hasta una especie de claro, donde había una especie de pequeño lago. El agua parecía estar llena de pequeña luces azules que le conferían un aspecto mágico y a la vez tenebroso en contraste a toda aquella oscuridad. Recogió una muestra de agua y justo cuando iba a irse de allí, observó un pequeño animal acercándose al lago, presumiblemente y por lo que pudo ver, para beber.
Tenia una cara pequeña, no parecía tener nariz, sino dos pequeños agujeros entre los ojos, grandes, marrones y de aspecto curioso. No podía ser más grande que un perro, aunque sus orejas eran demasiado grandes para su tamaño. Poseía cuatro patas cortas y su pelaje era de color marrón claro con algunas manchas blancas. Se dio cuenta que profería unos suaves sonidos que parecían tranquilizarla, por lo pensó que merecía la pena estudiar al ser o al menos, tomar alguna muestra de él.
Se acercó al animal lo más sigilosamente que pudo, pero la capacidad auditiva del animal era excepcional, por lo que al dar un par de pasos Seven, la descubrió. El animalillo la miró, olisqueó y sus ojos se iluminaron con un brillo amarillo, como si fuesen dos linternas. Miró de nuevo a Seven y tras olisquear de nuevo, comenzó a correr a través de la oscura selva. Seven maldijo en voz baja y salió corriendo tras él, sabiendo que podía estar cometiendo un grave error.
Apartaba matojos y matorrales mientras iba tras el pequeño ser, que auque era rápido, extrañamente, miraba de vez en cuando hacia atrás, como si quisiera que Seven le siguiera.
En pocos minutos y tras haber cruzado lo que le pareció que había sido toda la selva del planeta, el extraño ser se paró, en un claro, aunque realmente no era un claro hecho por la naturaleza, sino más bien un claro echo tras un accidente...accidente que Seven of Nine estaba viendo en ese mismo instante.
-Doctor...- susurró a su comunicador-. Doctor...
Las interferencias eran tales que prácticamente no se escuchaba nada, lo cual no gustaba nada a la ex-borg. Y mucho menos si era algo que tenía que ver con lo que estaba viendo.
La nave era enorme y parecía bastante antigua o al menos, su diseño así lo dejaba entrever. Su morro se encontraba enterrado en la tierra, la vegetación de su alrededor estaba toda destrozada, aunque había plantas que se habían acostumbrado a la nave y trepaban por su carcasa. Tenía varios agujeros producidos seguramente por el choque y uno de sus grandes motores estaba medio caído sobre el terreno. Por esa zona si que no había nada de vegetación y seguramente no la habría en bastante tiempo: el fuego de los motores la habría quemado para siempre.
Seven of Nine notó que la falta de vegetación luminosa, hacía más difícil ver allí, así que cambió su espectro de visión, una cualidad bastante útil, sobre todo en situaciones como esa. Pudo contemplar aún mejor la gran destrucción a la que había sido sometida la nave, así como sus terribles desperfectos. Se acercó al morro y vio un enorme agujero en la zona de pilotaje. Comenzó a inspeccionarlo y una gran sospecha se cernió sobre ella: el agujero parecía haber sido hecho desde dentro.
Salió de allí con cuidado y de repente vio al ser que la había llevado hasta ese lugar. El animalillo se acercó a ella, con sus ojos como linternas y se frotó contra sus piernas. Seven sonrió, se agachó y le acarició. El ser ronroneó de forma extraña y de repente, sus ojos se apagaron, se volvió hacia unos setos cercanos y echó a correr en dirección contraria. Seven se levantó y prestó atención a lo que le había hecho huir.
Escuchó un leve gruñido, un siseo y vio algo bastante grande moverse entre la maleza. Algo que siseaba, con una cola oscura que podía verse desde donde estaba. Era algo muy grande. Seven pudo escucharlo gracias a sus increíbles capacidades auditivas, sino, esa cosa, fuera lo que fuera, se la habría acercado sin casi saberlo.
Seven of Nine sacó su arma, pero antes de que pudiera reaccionar, aquella cosa enorme y oscura la atacó con una rapidez que ni ella podía igualar. Cayó sobre ella y aunque Seven se apartó con velocidad, su arma cayó de sus manos. Miró a la bestia en la oscuridad y comenzó a correr por donde había llegado, sabiendo que era demasiado grande y rápida para vencerla por pura fuerza bruta.
La mujer corría con todas sus fuerzas, apartando plantas, lianas, matorrales, pero aún así, aquel ser corría más que ella e incluso podía escucharle saltando de árbol en árbol y gruñendo furiosamente.
Seven of Nine llegó al pequeño claro con el lago, le dio la vuelta y escuchó como algo caía en el agua. Miró el lago y la luz brillante que salía de él, la hizo ver a la criatura, nadando gracilmente hacía ella. La mujer tuvo el pensamiento de que sería una gran criatura para estudiar y saber más de ella, ya que le era desconocida a primera vista, pero supo que no era el mejor momento para pensar en eso, así que siguió corriendo mientras el ser llegaba hasta donde ella estaba.
Siguió corriendo aceleradamente mientras intentaba ponerse en contacto con el Doctor, pero las interferencias, aunque menores que al lado de la caída nave, seguían dificultando la comunicación.
-¡Doctor...Doctor!- gritaba sin recibir una clara respuesta.
Siguió corriendo hasta dar sorprendentemente con otro claro, que aunque en un principio creyó que era donde la habían dejado, luego vio que no era así, sino que era uno bien diferente.
Había varias grandes piedras y tras ella, pudo ver lo que parecían tres cápsulas de éxtasis, muy, muy antiguas, según sus datos. Tan antiguas que prácticamente no pudo comprobar a que nave podrían pertenecer aunque tenía una idea en mente. Alrededor de la cápsula, había tres esqueletos sin nada de piel y sus ropas destrozadas.
-Son de personas- murmuró Seven of Nine agachándose para comprobarlo.
Al lado de uno de los esqueletos, pudo ver una especie de arma que tampoco supo identificar. La cogió con una mano y comenzó a pensar si le sería o no útil con aquella criatura, aunque tendría que aprender a usarla y no tenía tiempo apenas. Al escuchar el siseo del ser detrás suya, supo que ya no tenía tiempo para nada más.
Saltó hacia delante, a la vez que el ser intentaba cogerla con una de sus garras. Dio una voltereta sobre si misma en el suelo y apuntó a la criatura, apretó lo que era el gatillo y el arma disparó varias veces con varias detonaciones que resonaron en la zona. La criatura recibió de lleno los disparos, cayendo muerta al suelo.
Seven se levantó, miró el arma y la guardó para estudiarla. Se acercó a la criatura muerta para observarla. Era negra, grande, tenía una cabeza estirada hacia atrás, una larga y mortal cola y no parecía poseer ojos a simple vista. Vio las heridas de balas y la sangre que manaba de ellas, verde y con una fea tonalidad. Acercó una probeta a uno de los agujeros para recoger muestras de sangre y la sangre traspasó la probeta. Seven la miró y pudo ver que aquello era un potente ácido
-¿Seven?- escuchó por el comunicador.
-Doctor...he tenido problemas. Recogedme.
-¿Estás bien?
-Sí, pero recogedme- no le gustaba estar allí-. Tengo muestras interesantes que recoger pero antes debemos hablar.
-De acuerdo- dijo el Doctor con su habitual tranquilidad-. Espera en el mismo claro donde te dejamos.
Seven of Nine comenzó a andar hacia la nave caída, para comprobar ciertas cosas, ya que suponía que ese extraño alienígena había salido de allí. Ya en el lugar, en uno de los lados, Seven pudo leer el nombre de la nave aunque en realidad no le dijo nada. Las interferencias seguían igual, así que decidió irse para el claro y terminar con aquella visita a ese extraño y peligroso planeta. Vio como el ser de ojos de linterna se acercaba hasta ella y comenzaba a restregarse de nuevo contra su pierna.
-Vamos- dijo la mujer sonriendo y cogiendole en brazos-. Creo que conmigo estarás más seguro.
Seven of Nine se alejó del lugar, aunque antes echó un último vistazo al nombre de la nave.
-Nostromo- murmuró-. No la conozco.
Y se dirigió hacia el claro donde sus compañeros iban a recogerla.
El legado de Sheila
Escrito por Sikileia
Dedicado a mis amigos de AT, Star Trek Origins y Star Trek New Voyages Usa e italia que si supieron creer, con cariño, Sikileia.Era un planeta extraño, tan extraño como si
La imagen del planeta, ingrávido
y majestuoso apareció en la pantalla de
-Bien, Valtane, mantenga órbita Standard y paralela al ecuador.
-Sí, señor.
-¿Composición del planeta?
-19% Oxígeno, 78% Anhídrido Carbónico y el resto del porcentaje hasta completar 100%, diversos tipos de gases raros.
-De acuerdo. Janice, -Le comentó a su primer oficial. Quiero enviar un equipo de descenso a la superficie. Que en una hora estén preparados en el Transportador 2.
-Sí, capitán.
Desde su puesto en la estación científica un joven vulcaniano de tez negra monitorizaba unos datos que iban apareciendo en la pantalla de su Terminal en forma de gráficos multicolores.
-Señor, creo que puede ser interesante esto, junto
a las ruinas de la vieja colonia los sensores de la nave han detectado una
estructura rectangular mucho más pequeña. A unos
-Buen trabajo, Tuvok ¿Tiene que
ver con la vieja colonia de
-No, señor. De hecho, según los datos que estoy recibiendo parece una construcción posterior.
-Hmmm ¡qué raro! Tendría que estar deshabitado… -Se extrañó Hikaru Sulu-. Si estuviera aquí un paisano suyo que yo me sé, diría que “Es fascinante”
-Supuestamente, señor. Ya que sólo hay flora y no fauna… Recuerde si no, por qué tuvo que ser evacuada la colonia hace varias décadas. –Aseveró con su compostura seria el oficial vulcaniano.
Una hora después, el equipo de salida o away team estaba preparado en la sala de Transportación 2. Lo formaban Sulu, Tuvok y el médico de la nave, un boliano de nombre Altos Viger. Los tres se subieron a la plataforma, cada uno a su transportador.
-Energice, Magnus.
-Sí, señor.
Los hábiles dedos del Jefe de Transportadores se deslizaron sobre el panel configurando la potencia de energía cuántica necesaria para asegurar un buen viaje a la superficie del planeta. Delante de sus ojos desaparecieron disueltos en motas brillantes para reaparecer instantes después en la superficie del planeta.
El tiempo era apacible, sin nubes.
El paisaje era verde con multitud de plantas extrañas de hojas afiladas, una
extraña mezcla de palmera y helecho que crecía sobre un manto de musgo, flores
y hierba. Este manto multicolor fue lo primero que pisaron las botas de los
tres expedicionarios de
Sulu respiró profundamente pero notó que le faltaba el aire y que empezaba a marearse.
El médico boliano sonrió levemente y de su maletín portátil sacó un líquido que puso en un hipospray.
-¿Qué es eso, Altos?
-Tri-Oxig y dos dosis, una para usted y otra para
mí. Con un 19% de oxígeno en la atmósfera a no ser que usted y yo vivamos en
los Andes de
-¿El qué?
-Un oxigenante para adaptar sus limitados pulmones al escaso oxígeno del planeta. A los vulcanianos no le hace falta… ¿Sabe ahora porque se dice por ahí “Te mareas como en Vulcano”?
-Entiendo… -Sonrió Hikaru Sulu.
Tuvok levantó una ceja por toda respuesta.
Sulu asintió y el médico de la nave inoculó, vía intradérmica, en el cuello el contenido en su cuerpo y en el de su capitán. Pasados unos instantes, Hikaru Sulu inspiró una gran bocanada de aire como nunca lo había hecho en su vida.
-¡Qué! ¿Qué tal se encuentra, capitán?
-Me siento rejuvenecido, casi como cuando vine aquí por primera vez.
-Pero entonces, el porcentaje de oxígeno era del 23%.
-Lo sé, si no hubiera sucedido aquel desastre planetario…
Tuvok se había alejado unas decenas de metros y estaba en lo alto de una colina sondeando el terreno con ayuda de un tricorder que llevaba colgado a su cuello. Sus ojos divisaron en lontananza algo que le llamó la atención.
-¡Allí, señor! ¡La estructura que detectamos desde la nave!
Sulu y su médico corrieron hasta lo alto de la colina.
-Pero si es… -Dijo el médico sin salir de su asombro.
-¡¡…Es una cabaña…!! –Exclamó Sulu.
A unas decenas de metros, al lado de un pequeño arroyo, se elevaba una pequeña construcción hecha de madera, techo de paja y adobe.
-No es lógico. –Aseveró Tuvok.-
Según los informes de
-No es del todo cierto… Quedó una persona que fue considerada desaparecida.-Respondió muy serio el capitán.
-¿Cómo es que lo sabe…? –Le inquirió el médico.
-Lo sé… Es una intuición.
Los tres se encaminaron hacia la cabaña toscamente construida. Algunas partes por efecto del tiempo estaban derruidas.
-¿Tuvok?
-La estructura aunque se ha derrumbado en algunas partes es increíblemente consistente. Podemos entrar.
-De lo que no hay duda es de que su factura es humana.-Confirmó Tuvok. –Miren esa estructura circular. –Dijo señalando una especie de construcción hecha en adobe con forma de iglú.
-Parece un horno. –Dijo Hikaru Sulu.
Los tres tripulantes de
-Si mis conocimientos de arte no me fallan, creo que son esculturas con una cierta influencia de Rodin.
-Capitán, -dijo Tuvok mientras escaneaba con su tricorder. –Esta casa fue construida poco después de la evacuación del planeta.
-¿Quién vendría aquí después de aquel desastre planetario?
El médico, que estaba explorando otro ángulo de la casa , había enfocado con su linterna y sobre una mecedora vio algo que le hizo dar un breve grito y dar un paso atrás:
-Creo que ahí tiene su respuesta…
Sobre la mecedora descansaba un esqueleto humanoide, con los brazos caídos a los lados de los reposabrazos. El galeno de la nave sacó su tricorder médico y comenzó a sondear al esqueleto.
-No hay duda, por la forma de la pelvis diría que es una mujer, de baja estatura. Con un gran deterioro de los huesos a causa de la descalcificación y de los altos índices de plomo. Hikaru, esta mujer ha debido morir hace cinco años.
-Hasta que lo comprobemos con su hijo, sólo puedo aventurar quién es.
-¿Sí? ¿Y de quién se trataría?
-Sheila… Sheila Evans.
-¿Cómo está tan seguro? Estamos hablando de hace cuarenta años…
-Porque yo estuve allí hace cuarenta años.
El médico no supo que responder. Tuvok enarcó sus cejas y Hikaru Sulu, mientras miraba el esqueleto de Sheila se dejó llevar por los recuerdos cuarenta años atrás de su vida.
*****
La tempestad subespacial magnética arreciaba, afectando a la composición subatómica de los anillos del planeta. Como consecuencia de ello, la atmósfera del planeta comenzó a ionizarse y a perder oxígeno.
Todos los colonos habían sido evacuados mediante el uso de los transportadores pero en la superficie del planeta quedaban tres personas, Richard Evans, su esposa Sheila y su hijo Garth, de seis años.
Richard Evans era el representante elegido por los
colonos ante
Richard esperaba en las coordenadas asignadas a ser transportado y esperaba ansioso la llegada de su familia.
En el puente de
Un pitido sonó en la consola del asiento de mando.
-Señor, aquí Scotty, -dijo una voz en tono preocupado. –tenemos a todos los habitantes de la colonia evacuados menos a tres. Y se me está haciendo más difícil fijar la señal en el transportador.
-Bajo enseguida a Transportación. Kirk fuera. –dijo desconectando comunicador. –Sulu, Spock y el Doctor McCoy vendrán conmigo… Bajaremos ahí con una lanzadera.
-¿Y yo, señor? –reaccionó de manera efusiva el temperamento juvenil de Pavel Chekov.
-Usted nos es más valioso arriba. –Indicó el capitán de Iowa. –Tomará el mando de la nave en mi ausencia, hasta que le releve Scotty
-¡Si, kepitán! –Respondió el ruso con gran alborozo. .
-Uhura, ordene a los que he nombrado que se presenten en diez minutos en el transportador tres.
-Sí, señor.
-Y ahora, tome el mando, Pavel. Seguro que encontrará este asiento más cómodo.
Pavel Chekov se levantó de su Terminal y se sentó despacio en el sillón del capitán. Efectivamente, el respaldo y el interior eran mullidos y ergonómicos. Se retrepó contra el respaldo y dejó caerse con gusto sobre el asiento.
-Así está mejor, y ahora disfrútelo. Manténgame informado cada 30 minutos solares de Ondara. –Dijo Kirk mientras desaparecía por la puerta del turboascensor.
*****
Las nubes comenzaban a adquirir extrañas tonalidades violáceas, aunque era media tarde parecía que era ya de noche. Sólo una ligera franja de cielo señalaba el espacio aún no conquistado por las huestes de la tormenta magnética.
La ciudad estaba bajo ese aparato eléctrico eléctrico, rayos globulares violáceos caían con violencia mientras Sheila y su hijo, montados en su auto-grav [1] , huían de la amenaza cósmica. El vehículo iba cargado de fardos cuidadosamente embalados llenos de esculturas que Sheila había ido esculpiendo durante más de 10 años. Para ella eran sus bienes más preciados.
Las nubes iban arremolinándose encima de ellos como si fueran enfurecidas olas de un océano celestes dispuestas a tragarse un minúsculo barco. Garth, a pesar de su corta edad, gritaba y lloraba de miedo, mientras veía cómo su madre intentaba esquivar con su vehículo aéreo los primeros rayos globulares que se abalanzaban sobre ellos como antaño lo hacían sobre los héroes antiguos los dardos de fuego de Zeus, padre de dioses y hombres.
*****
Mientras tanto, el padre miraba desde el claro que hacía de punto de evacuación hacia el cielo. En su área todavía el cielo estaba despejado pero las nubes de la tormenta iónica comenzaban a aparecer. Pudo distinguir en lontananza en el cielo y en dirección este el vehículo de su esposa dando tumbos esquivando los rayos amenazantes.
*****
Del hangar número tres salía la lanzadera Aristarco llevando en su interior a Sulu, Spock, McCoy y Kirk.
-Jim,¿ otra de sus misiones kamikazes?- Preguntó con sarcasmo el doctor Leonard McCoy.
-Doctor, estamos aquí salvando
vidas… Nosotros hemos jurado al ingresar a
-Spock, a usted no le he pedido que me dé ni su opinión ni sus famosos sermones. –protestó el médico.
-Bones, -Medió Kirk para intentar poner un poco de paz. –Ahí abajo le recuerdo que tenemos las vidas de tres personas en peligro y hemos de hacer lo que sea por salvarlas y si alguna está herida necesitaremos los conocimientos de quien mejor domina el tema: Usted.
Un pitido se escuchó de uno de los altavoces de
-Aquí, Kirk. Dígame, Scott.
-Señor, estamos teniendo problemas en Transportación la fuerza de la tormenta magnética se está haciendo más intensa y está interfiriendo con el transportador. Sólo puedo irlos trayendo de uno en uno.
-¿Quiénes faltan?
-La familia Evans: Richard, Sheila y su hijo Garth…
-¡Garth! –respondió alegrándose para sí Sulu. -¡Como Garth de Ízar!
Kirk le miró por unos instantes, enarcó su frente sorprendido mientras sonreía y prosiguió la conversación con Scotty:
-¿Entonces qué me sugiere?
-Empezar por el padre. Está en el punto de evacuación acordado. Tengo fijada la señal.
Kirk dudó unos instantes y decidió:
-Transpórtelo, es una orden.
-Pero, Jim, por el Gran Pájaro
de
-Doctor, sé cuán confuso está con esta situación pero en ciertas situaciones hay que tener ciertas prioridades y ésta es una de ellas.
-Señor, -dijo Sulu- la tormenta iónica está arreciando
e interfieren los sensores de
-Haga lo que sea, Sulu, necesito
transportarles a
-Si, señor.
La lanzadera se posó en el lugar de evacuación de los colonos, el mismo en el estaba Richard Evans. La compuerta se abrió y una gran ráfaga de aire entró en el interior de la lanzadera. Como pudieron, salieron por la puerta Sulu, McCoy y Kirk. Los tres con el viento huracanado en su contra subieron una pequeña colina para otear el horizonte y allí vieron el anti-grav de Sheila acercándose.
Sulu se quedó un poco más atrás sondeando con su tricorder la formación gaseosa que se precipitaba.
-Señor, -gritó como pudo para hacerse oír sobre el silbido del huracán. –Hemos de salir en tres minutos si no queremos perecer aquí. Es lo que estimo que puede tardar en llegar la tormenta iónica.
-Jim, hemos de irnos… No podemos hacer más de lo que humanamente podemos. –Sugirió el doctor McCoy.
-Bones, esa familia… Necesitan nuestra ayuda. No me pienso rendir tan fácilmente ante ese monstruo.
-Señor, -insistió de nuevo Hikaru Sulu. –quedan menos de dos minutos y le aseguro que corremos un grave riesgo quedándonos aquí.
-Está bien, -se resignó Jim Kirk. –Vámonos y que la suerte favorezca a los locos.
Los tres entraron de nuevo en
-Señor, he logrado fijar la señal sobre los tres supervivientes pero no tengo el suficiente radio como para trasportarlos juntos de golpe, necesitaré hacerlo de uno en uno. El padre va a ser ya transportado.
-Bien hecho, Scotty.
-Gracias, capitán y una sugerencia… Salgan inmediatamente de ahí, señor, corren el riesgo de ser destruidos por uno de esos rayos omicron.
-Gracias por su consejo, Scott, pero tenemos que salvar el mayor número de vidas posibles aunque sea eligiendo quien vive y quien muere y eso le disguste al Dr. McCoy. –Tras una pausa continuó. -Scotty, el niño… quiero que fije la señal en él cuando haya transportado al padre.
-¿¡Y la madre, maldición!? –inquirió con voz de enfado el doctor de la nave Enterprise.
*****
En la superficie del planeta, Richard Evans se desesperaba viendo cómo el aeromóvil de su mujer esquivaba las nubes tormentosas que como un ejército iba en pos de ellos.
-¡Sheila! ¡Garthie! –Gritó como nunca lo había hecho en su vida.
De pronto notó un extraño zumbido y una sensación de cosquilleo comenzó a expandirse desde la médula hacia fuera. Richard Evans notó que se descorporeizaba poco a poco.
-¡Noooo! ¡Sheilaaaa, Gaaaarth! –gritó mientras vio como se hacía invisible entre dos haces azules.
Sheila vio desde lejos cómo su marido se desvanecía en el aire. Sonrió. Estaba a salvo en la nave del capitán Kirk.
Miró unos instantes hacia atrás, la gran nube iónica y sus rayos cumulares estaban encima de ella. Era como una inmensa mole gaseosa de color violáceo y negro que trataba de engullir en un efecto parecido al de un tornado todo cuanto encontraba a su paso. Como podía mantenía en un delicado equilibrio el aeromóvil.
Garth comenzó a lloriquear mientras sostenía entre sus pequeños brazos de niño de 6 años un par de esculturas pequeñas de su madre.
De repente un rayo descendió justo enfrente de ellos y Sheila viró bruscamente su aeromóvil que comenzó a hacer trompos en el aire. La escultora había perdido el control de su transporte y éste se precipitaba al suelo. Ahora o nunca había que hacer un aterrizaje de emergencia.
Un segundo rayo iónico dio al vehículo aéreo por su parte trasera, ahora el aeromóvil estaba tocado de muerte y las probabilidades de sobrevivir a un accidente eran mínimas y más con la tormenta precipitándose sobre ellos.
Sheila vio una zona despejada sobre una colina y al lado de un río, y hacía allí movió el vehículo que caía en picado echando humo por atrás.
-¡Mamaaaá, mamaaaaá!… -Gritó el niño. -¡Nos vamos a estrellar!
-Hijo, mamá te sacará de esta situación, ya verás cómo sobreviviremos.
-Mami, comienzo a sentirme raro… yo…
Sheila vio cómo poco a poco su hijo comenzaba a desvanecerse ante la vista de ella; sin duda le estaban transportando desde el Enterprise.
-¡¡Hijo, te quiero!! ¡¡Recuerda siempre a mamá y sujeta bien esas esculturas!! –Le gritó antes de que desapareciera.
“¡¡Mamiii, socorro!!” fueron las últimas palabras que Sheila oyó de labios de su hijo.
Los ojos de la madre estaban llenos de lágrimas, ahora la supervivencia era vital, tenía que mantener el control de la nave, levantar el morro y aterrizar de emergencia.
Y lo logró. La aeronave logró posarse sobre la tierra encima de la meseta. El vehículo quedo embarrancado en una especie de torrentera.
Sheila intentó salir del vehículo siniestrado como pudo. El cinto de seguridad había hecho su cometido. Cuando abrió la puerta para intentar salir notó que la tierra comenzaba a ceder y el aeromóvil comenzaba a caer más y más, hacia el fondo de un abismo.
Se fijó por última vez en el escaso cielo despejado. Vio la lanzadera federal alejarse del planeta. Intentó zafarse del cinturón de seguridad que la agarraban como los hilos de una telaraña imposibilitando su escapada.
Y las arenas de la torrentera engulleron el vehículo para siempre.
*****
-Señor, señor…¿Está ahí? -Insistió una vez más Scotty a través del altavoz de la lanzadera Aristarco.
Kirk y el resto de la tripulación miraba por la pantalla lo que acababa de suceder con el aeromóvil de Sheila.
-Aquí Spock, señor Scott, dígame.
-Señor, había logrado fijar su señal para el transporte pero de repente… la perdí de vista en la pantalla.
-Usted no tiene la culpa, señor Scott. El vehículo de Sheila Evans ha sido literalmente engullido por unas arenas movedizas. No se preocupe, comandante: Ha hecho lo que ha podido.
-Sí, señor. Scotty fuera.
Jim Kirk estaba en su asiento cabizbajo con las manos puestas en su cabeza. Entonces McCoy cortó y le increpó en tono de crítica.
-Capitán, ha sido testigo como yo de la muerte de una vida humana, usted es… inhumano… Tendrá que vivir con esa muerte en su conciencia el resto de sus días.
-Doctor, no atormente al capitán… Además esas palabras suenan a insubordinación.-Le cortó Spock secamente.
-Ni qué insubordinación ni qué leches, Spock. Aunque lleve puesto este uniforme azul, soy un civil de corazón y ante todo un médico.
-Me da igual lo que usted piense desde su ética lineal terrestre, pero desde la perspectiva de la lógica vulcaniana, el capitán ha actuado muy certeramente.
-¿En serio? Ahora no me diga que va a hacer de Abogado del Diablo en este tribunal celeste presidido por el capitán. Porque usted y sus orejas puntiagudas son el mejor reclamo para tal papel.
-El capitán eligió entre los dos al más joven ya que es quien tiene más posibilidades de sobrevivir y una mayor capacidad de aportación a la sociedad el día de mañana.
-¿Qué me está diciendo, Spock?
Sheila Evans era una de las mejores escultoras en este brazo de
-Doctor, Spock se lo ha dicho todo… -interrumpió serio el capitán James T. Kirk.-Y ahora cállese si no quiere que le abra un expediente por insubordinación.
-Está bien, Jim… No quería ofender… -se humilló el médico de Georgia.
-Acepto sus disculpas, Bones. ¿Cree que este asunto no me va a acompañar el resto de mis días? ¡Lo hará, doctor! Por eso creo que durante un tiempo tendré que psicoanalizarme con usted.
Leonard McCoy sonrió levemente y continuó:
-Cuando lleguemos pásese por Enfermería a las 18:00 hora solar. Empezaré con usted la primera de las sesiones.
*****
Mientras la lanzadera Aristarco se dirigía al hangar del Enterprise, en la plataforma del puente reapareció el pequeño Garth Evans. Su padre, Richard, llevaba esperando desde hacía varios minutos junto al panel del control de Transportación acompañado por Scotty y un guarda de seguridad.
Un par de haces lumínicos azulados recompusieron entre destellos la figura del niño que sujetaba firmemente las dos esculturas que le había pasado su madre. El padre, entre lágrimas, se abalanzó sobre su hijo subiendo a la plataforma y cayendo de rodillas a su lado.
-¡¡Hijo, hijito mío!! –gritó sollozando mientras le abrazaba.
Montgomery Scott presenció aquella escena familiar tan llena de ternura que comenzó a llorar en secreto. La familia estaba reunida pero faltaba desgraciadamente uno de sus miembros.
-No puedo fijar la señal de Sheila, la tormenta iónica es demasiado fuerte y está interfiriendo todo intento. No puedo hacer nada. –dijo un cabizbajo y abatido Scott.
Richard Evans bajó corriendo
la plataforma junto con su hijo y se enconó con el Ingeniero de
-¡Maldita sea, mi esposa ha muerto por su culpa, Sr. Scott!
Y precipitándose sobre el oficial escocés lo derribó al suelo. Estaba por darle un puñetazo al pobre Scotty cuando un miembro de seguridad sujetó por los brazos al compungido padre.
-¡Cálmese! –Le ordenó el guardia de seguridad.-Enfadándose no va a conseguir nada, además no está dando un buen ejemplo a su hijo..
-Está bien. Déjeme por favor…
El guarda de seguridad miró a Montgomery Scott que estaba en el suelo. El escocés asintió con la cabeza y el guardia de seguridad dejó libre al exgobernador colonial.
Scotty se incorporó y se puso de pie.
-Entiendo lo que es perder a un ser querido. –Intentó confortarle como pudo. –Sé de alguien que le puede ayudar ante las pérdidas: El capitán Kirk y el doctor McCoy.
-Gracias. Agradezco sus palabras de afecto. Y disculpen mi actitud.
-No se preocupe, como diría nuestro primer oficial [2] , es “una actitud muy humana”.
Un pitido se oyó en la consola del transportador. Era Uhura desde el puente.
-Señor, la lanzadera Aristarco se aproxima a la nave. Han conseguido escapar de la tormenta iónica.
-Gracias, oficial, dígales que voy a recibirles en el hangar de la nave. Me alegra ver que la familia del Enterprise está reunida de nuevo.
*****
Varias decenas de años después en el futuro, Tuvok y Sulu continuaban explorando la superficie de Ondara V. Viendo el agradable tiempo que hacía cualquiera se imaginaba la magnitud de un desastre cósmico ocurrido en el planeta años atrás. Ambos estaban fuera de la cabaña. En ese momento salió de la casa el médico de la nave, el boliano Altos Viger.
-¿Y bien? –Inquirió Sulu.
-Es efectivamente Sheila Evans, señor. Su ADN coincide 100% con el que conservamos de su hijo Garth que se conservó en los biofiltros del transportador del USS Enterprise.
-Gracias por su informe, señor Altos.
De pronto un pitido se oyó en el comunicador del capitán, ése lo abrió y una voz se oyó desde su interior.
-Señor, aquí el oficial de seguridad…
No se va a creer lo que hemos encontrado en unas cuevas, a unos
-Vamos allá. –Ordenó Sulu.
Con la lanzadera en cuestión de segundos se presentaron en las coordenadas que les había pasado el oficial de seguridad. Como los escanners detectaron una masa arcillosa inestable aterrizaron en una loma rocosa a pocos metros de allí.
En la entrada de una cueva un joven oficial de cabellos largos y amplia frente les esperaba con una linterna en la mano.
-Oficial Akaar, informe.
-Señor, es un auténtico museo… No se lo va a creer. Les aconsejo que cojan de la lanzadera uno de los iluminadores quánticos, porque lo vamos a necesitar.
Sulu sonrió, sin duda era una gran sorpresa lo que se iba a encontrar dentro. El jefe de seguridad era un viejo conocido del japonés y lo había conocido en una de sus misiones con el capitán James T.Kirk.
Leonard James Akaar era nada menos que el bebé
capellano que su antiguo capitán, Spock y McCoy habían salvado una vez decenios
atrás [3]
. Su madre, una vez que fue joven decidió llevárselo a
Akaar fue el primero en entrar en aquella cueva desconocida seguido por Tuvok, Altos Viger y Sulu.
Tuvok sondeó el terreno con su tricorder científico.
-Tengan cuidado por donde pisan, el suelo es muy frágil, en estas décadas ha sufrido varias filtraciones. –Sugirió el vulcaniano.
-Gracias por sus consejos, Tuvok. Vayan con cuidado, señores.
Al final de la galería se abría una entrada a lo que parecía ser una enorme cavidad.
-Bien, casi hemos llegado. –Confirmó Leonard James Akaar. –Aquí es, capitán.
Sulu encendió su iluminador quántico. La luz devolvió a ese oscuro antro algo de vida y calidez. Lo que vieron ante sí les dejó con la boca abierta y los ojos como platos.
-¡¡Intrigante!! –dijo Tuvok alzando una ceja.
-¡¡Por el Gran Pájaro de
Apiladas por tamaños en varias estanterías y en el suelo, millares de esculturas: bustos, estatuas y reproducciones de edificios y paisajes cósmicos, parecían haber cobrado vida iluminadas por la potente luz del aparato de Sulu formando con sus sombras extraños y desconcertantes claro oscuros. Hasta las paredes de la cavidad estaban talladas formando bajorrelieves.
-Esto parece un santuario… -Exclamó un admirado Altos Viger.
-Es más que eso… Es
-Ella era escultora, capitán.-Recordó Tuvok. –Me parece que la opción más lógica es considerarla como autora de esto.
-Sheila Evans sobrevivió a la tormenta cósmica. No sé como, señores, pero lo hizo y seguro que los años siguientes ella estuvo viniendo aquí a esculpir, a recrear con sus manos el mundo del que ella formó parte una vez. Y creo que fue la mejor de las terapias para ella, capitán… Créame que la soledad es un dolor insuperable.
-Si, leí en los informes redactados entonces por el capitán Kirk que Ondara fue declarado en cuarentena y que Sheila Evans fue considerada muerta.
-Nada de eso fue verdad, capitán. –Añadió el médico boliano. –Las altas concentraciones de kelbonita la protegieron de las radiaciones que siguieron días después a la tormenta. Recuerde que ella cayó con su aeromóvil justo en esta zona.
-Entiendo… Kelbonita... –Repitió Sulu cabizbajo. –Por eso no la pudo localizar Scotty con su rayo transportador y por eso también ella sobrevivió.
-Dentro de la cueva surgen varios manantiales subterráneos, capitán. –Interrumpió el oficial de Vulcano. –Así que aunque no pudiera comer sí disponía de grandes cantidades de agua como para sobrevivir varios días.
-¿Qué fue entonces de ella? ¿Doctor?
-Ella debió morir de una leucemia décadas después, capitán. Cuando escaneé su esqueleto con mi tricorder médico hallé en sus huesos grandes trazas de silvanio y uranio radiactivo.
-Mi tricorder está detectando estos elementos radiactivos –Señaló Tuvok- además de otros en menor medida. No son para nosotros nada nocivos aunque sí con una exposición muy prolongada.
-Como a la que estuvo nuestra
protagonista. –Dijo Sulu con una pequeña sonrisa. -Está bien, avisen a
-Creo que sé a quien le podemos comunicar esta noticia.-Sugirió Altos Viger.
*****
La estación espacial 32 estaba en la órbita de Baten
Kaitos III [5] , el ahora llamado “Planeta-museo de
La nave USS Excelsior acababa
de llegar con su preciado tesoro a bordo. Durante varios días con el transportador
los encargados de logística de la nave bajaron una por una la gran colección
escultórica que Sheila había dejado en herencia para
Por fin la nueva sala del museo estaba abierta al
público. Era el día de la inauguración. En la entrada a modo de dosel estaba
puesta en letras federales “SHEILA EVANS,
Una figura solitaria y envuelta en una larga capa se acercó en silencio hasta donde estaban Sulu y sus hombres tomando unos aperitivos y unas bebidas. Era un hombre que rozaba los cuarenta años. Sus ojos miraron las esculturas que le rodeaban durante unos instantes y comenzaron a brillar como soles por el efecto de las lágrimas.
Su brazo derecho sacó de debajo de su capa lo que parecían ser dos viejas esculturas: una que representaba a Alejandro Magno a caballo tal cual aparecía en el mosaico de Pompeya y otra un pequeño busto de mujer. Entonces el desconocido tomó la palabra y se dirigió hasta Sulu:
-Creo que faltaba a la colección este par de viejas esculturas, capitán… Sulu. Sheila Evans podría estar orgullosa de ver por fin su obra expuesta en un lugar tan prestigioso como Baten Kaitos III. Es un honor que ella nunca habría soñado y les estoy agradecido por ello, créanme, la han devuelto a la vida.
-No me debe nada… Era nuestra misión,
Sulu cogió con sumo cuidado y veneración las figuras que le estaban siendo confiadas. El hombre de la capa en ese momento se dio vuelta e hizo ademán de irse.
-Gracias… Pero…¿Quién es usted? –titubeó Hikaru Sulu.
El desconocido se paró y se dio la vuelta dirigiendo su mirada al capitán del USS Excelsior.
-Soy… Garth Evans, capitán. Gracias de nuevo por reencontrar a mi madre. –Dijo con voz baja mientras observaba el busto de mujer que había Sulu dejado en la columna vacía. –Ella no murió en balde.
Fue entonces cuando Sulu se dio cuenta de que el busto donado era un autorretrato de aquella madre que perdió a su hijo años atrás.
Instantes después, aquel hombre se dio la vuelta y se arropó en su capa…
Sobre la columna, silencioso, el busto de mujer miró con sus ojos eternamente abiertos a Garth mientras éste se perdía en el gentío. Dos épocas y dos pasados se habían reencontrado allí unos instantes. Era por fin la despedida, silenciosa y hecha piedra, entre una madre y su hijo.
FIN
Yo Q, tu Janeway (7)
Escrito por Dr.Banner
Kathryn Janeway se relajaba tomando un baño de burbujas.
Estiró las piernas y apoyo los pies en el borde la bañera. Hacía un día que
habían regresado de Risa, donde ella y Chakotay vivieron unos días inolvidables.
No podía quitarse de la cabeza la noticia que recibió durante su estancia en
el paradisíaco mundo. La ascendían de capitán a almirante de
Durante los siete años que permanecieron en el cuadrante Delta, estuvieron aislados, perdidos en el infinito. Aún así, vieron cosas que nadie más ha visto, maravillas que muchos humanos hubiesen pagado cualquier precio para poder contemplar. Eso precisamente es lo que temía perder. Acabar convertida en una simple burócrata del sistema, sin poder llevar la vida que siempre había llevado.
Notó algo que la rozó y la sacó de sus pensamientos. Era un pie que sobresalía del agua en su lado, miró hacía adelante, y reprimió un grito de sorpresa al ver que allí había alguien que se estaba bañando con ella. De la sorpresa pasó a la rabia.
- ¡Sal inmediatamente de aquí, Q! (8)
- Katy ¿no me digas que no te
alegras de verme?- Dijo Q al tiempo que chasqueaba los dedos y desaparecía en
un resplandor del luz, para volver a aparecer fuera de la bañera y vestido con
el uniforme de
- No estoy de humor para ninguno de tus juegos, Q.- Exclamó la capitán Janeway.
- ¿Juegos? He venido a felicitarte por tu ascenso. Almirante Janeway, ¡Picard chupate esa!- Gritó Q, y su traje se transformó en el de un mariachi mexicano.
- Ohh, Katy, de mi corazón, ¡oh, dulce Katy!- Cantó mientras detrás suyo aparecieron un grupo de mujeres que le hacían el coro.
-¡¡Basta!!
- Desde luego eres toda una aguafiestas, Katy.- Observó el ser omnipotente.
Q se puso a dar vueltas alrededor de la capitana Janeway, que había salido de la bañera y estaba tapada por una toalla.
- Creo que ya sé que es lo que te ocurre. Piensas que al ascenderte te volverás alguien solitario y aburrido, como esos almirantitos de tres al cuarto que abundan en tu querida Flota Estelar ¿verdad?
- ¿No te ha hecho falta nada de tu poder infinito para averiguarlo?- Dijo irónicamente Kathryn.
- Me ofendes, querida, ni siquiera te he dicho nada de que ahora tú y el salvaje con tatuaje seáis pareja. Una lastima, podríamos haber sido tan felices tú y yo…
Comenzó a sonar una lenta y triste melodía de violines.
Kathryn se llevó las manos a la cabeza.
- Arght, eres irritable.
- Creo que ya sé lo que te hace falta.- Y chasqueó nuevamente los dedos y ambos desaparecieron en un estallido de luz.
Janeway apareció junto a Q, en
el comedor de
- Estamos en el cuadrante Delta.- Exclamó Janeway.
- ¡Premio!
- ¿Por qué demonios me has traído aquí, Q?- Inquirió Kathryn con evidente enfado.
- Para recordarte tus meritos,
querida ¿Cuántas veces tuviste la oportunidad de regresar a casa por la vía
fácil? Varias veces, yo mismo te ofrecí estar en
- ¡A cambio tenía que acostarme contigo y ser la madre de tu hijo!
- Detalles, detalles.- Comentó Q moviendo las manos.- tu integridad y tus valores siempre permanecieron intactos, pese a las dificultades, siempre hiciste lo correcto, con la esperanza de poder traer de nuevo a tus chicos a casa ¡y lo conseguiste! Esa misma tenacidad conseguiría mejorar el alto mando de tu adorada Flota. Sin tu liderazgo, tu tripulación hubiese perecido docenas de veces, pero ahí estabas tú para salvarlos. ¿Cuántos cadetes y oficiales se salvarían de tener un superior de tu valía, querida?
- No sé que pretendes trayéndome de nuevo a este episodio de mi pasado, ¡sácame de aquí!
- Tus deseos son órdenes para mi, Katy.
Desaparecieron de nuevo. Esta vez, apareció en
un despacho, llevaba puesto un uniforme con los galones de almirante. Q no estaba
por ningún lado. Se levantó de su asiento y miró por la ventana. Se encontraba
en
- ¡Icheb! ¡Que alegría de verte!- Dijo ella con una sonrisa.
- Es lo menos que podía hacer,
capitán, después de lo que ha hecho por mi.- Dijo el brunali.- Nunca podré pagarle
el que me haya recomendado para ir a
-¿A
- Sin sus informes positivos
y su influencia como almirante, nunca podría haber salido adelante en
¿Seria el futuro? ¿Q la había trasladado adelante en el tiempo?
- Estoy segura de que la confianza
depositada en ti será ampliamente recompensada con una larga carrera como oficial
de
Cuando se marchó el muchacho, apareció Q.
- ¿Qué me quieres decir con esto?
- ¿No esta claro? Mmm debo estar perdiendo mi encanto con cada billón de años si no soy capaz de hacerme entender con claridad. Si nunca llegas a ser almirante, Icheb no tendrá nadie que lo apadrine, que lo proteja, No llegará a ser nunca la persona que debería ser, a alcanzar todo su potencial.
Kathryn estalló en carcajadas.
- ¿De que te ríes? ¿He dicho algo gracioso?
- Lo gracioso aquí es que tú me hables a mí de potencial. Cuando desperdicias tus poderes ilimitados en hacer el bufón por todo el universo.
- Hmmm eso me ha dolido, Katy, sabes donde golpear, eso te lo admito. Creo que hay algo más que tienes que ver.
Cuando apareció, se sintió distinta, como si su cuerpo fuese el mismo, pero cambiado, diferente. Se observó las manos y soltó una exclamación al ver que sus manos estaban llenas de arrugas causadas por la edad. Rápidamente corrió al baño de su camarote, para ver su reflejó en el espejo. La mujer que le devolvió la mirada era ella misma, pero su juventud era un mero recuerdo del pasado. Los rigores de la edad habían hecho mella en su aspecto. Aunque es un rostro que ya había visto con anterioridad, no dejaba de ser extraño contemplarse como seria una misma en un futuro. (9)
A su lado apareció Q, que tocaba su cabello con extrañeza.
- Vaya, vaya, aún siendo una anciana, conservas tu belleza, Katy.
- Esta bien, seré la almirante Janeway dentro de unas décadas, eso no quiere decir que este sea el momento preciso para ello. No sé si estoy preparada… Me da miedo perder lo que estoy viviendo en estos momentos.
- ¡Aja! No es solo que temas convertirte en una burócrata sepultada por documentos, si no que temes que tus nuevas obligaciones te hagan perder a tu nueva pareja.
Kathryn se quedó en silencio. Las lágrimas afloraron en su rostro.
- Tu no puedes comprenderlo, durante los siete años que estuvimos perdidos a miles de años luz de nuestro hogar, nunca pude bajar la guardia, no podía darme el lujo de enamorarme. Era la única en toda la nave sin el lujo de un alma a fin, de alguien con quien compartir las alegrías y las tristezas, una persona con quien despertarte y ver juntos el amanecer. No quise implicarme emocionalmente con nadie de mi tripulación. Mi único objetivo era traerlos de vuelta a casa. Ahora tengo la oportunidad ser feliz con Chakotay, puedo permitirme finalmente bajar la guardia y ser una mujer como cualquier otra.
Q le acercó un pañuelo.
- Sabia que eras especial desde el primer instante en que me aparecí en tu nave, Kathryn Janeway. ¿Cómo si no hubiese dejado de darle la tabarra al capitán Jean Luc Picard para aparecer en tu nave?
Este comentario hizo que hasta ella sonriese.
- Así me gusta, querida, no quiero verte triste.- Y con un gesto, un ramo de hermosas flores apareció en su mano.
- Si él realmente la ama ¿no
creé que seguirá con usted sea cual sea su cargo? ¿O a caso esta enamorado de
su capitanía y no de usted? ¿Temes la respuesta? Citando a un famoso capitán
de
Q le puso las manos encima de sus hombros.
- Miré lo que hay encima de la mesita, querida.
- ¿Qué es lo que…?
- Hágalo.
Kathryn le hizo caso y se acercó a la mesita. Encima de ella, había una foto holográfica donde podría verse a ella misma y a Chakotay abrazados. Chakotay estaba también envejecido.
- ¿Este es el futuro real que nos espera o uno de tantos?- Dijo sujetando con fuerza la holofotográfia.
- ¿No lo son todos? Este puede ser tu futuro, si así lo deseas, solo tienes que hacer lo correcto para poder llegar a tu destino. Y en cuestión de viajes largos tienes una amplia experiencia.
- ¿Sabes? En algunas ocasiones resultas hasta soportable, Q.
- ¡Vaya! ¿Quiere decir eso que dejaras a tu primer oficial por mí?
- Devuélveme a
- Como desees, querida.
De nuevo se encontraba en la
bañera de su camarote en
En otro lugar, más allá del tiempo y el espacio. En lo que los mortales denominaban el continuum Q.
- Me hubiese gustado saludar a la tía Katy.
- Ya tendrás ocasión, hijo mío. (10)- Contestó Q.
- ¿No le mostraste los peligros que le acecharan? Están por venir tiempos difíciles para ellos.- Dijo Q Júnior y chasqueó los dedos.
El lugar donde aparecieron los dos seres no podía ser más desasosegante. Flotando, en el vacío espacial, había innumerables objetos de gran tamaño. Si uno observase de lejos, podría llegar a pensar que se trata de un campo de asteroides, si se acercase, contemplaría con horror que no eran asteroides, si no fragmentos y esqueletos de naves estelares, una flota como no se había visto nunca esta parte de la galaxia había quedado reducida a meros escombros.
Q Júnior paró con un gestó uno de los fragmentos metálicos que flotaban en el espacio. En el ennegrecido metal se podían leer unas letras: Uss Voyager.
- ¿Crees que tía Katy conseguirá evitar este futuro?
- De ella y de su tripulación depende que esto no se haga realidad. Me temo, Júnior, que tendrán que afrontarlo ellos solos. Se nos es negado intervenir en los acontecimientos venideros, pesé a que, aunque ellos se sorprendiesen, les tengo cierto apreció a los humanos.
- No podemos intervenir, pero has ayudado a que tía Katy a tomar su decisión para ser almirante. Lo que puede ayudar a que haya emprendido el camino correcto para que nunca ocurra esta gran tragedia.
- Bueno, siempre hay maneras de esquivar las reglas, pero no se lo digas a nadie.- Observó guiñándole un ojo a su hijo- Espero que Kathryn Janeway y su tripulación sobrevivan a la tormenta que azotará sus vidas… Nosotros estaremos allí para observar su triunfo o su fracaso…
¿Fin?
Como estes es un número especial, para celebrar el llegar al fin de la primera temporada de Voyager, he pensado que serie interesante, poner varias curiosidades al respecto de la serie.
![]() |
![]() |
| La tripulación inicial de Star Trek Voyager, con Neelix y Kes. Seven of Nine no llegaria hasta el final de la tercera teporada. | Los Ángeles de Voyager: Roxann Biggs-Dawson(B´elanna Torres), Kate Mulgrew(Kathryn Janeway) y Jeri Ryan (Seven of Nine) |
![]() |
![]() |
| Seven of Nine de soldado borg y Seven tras ser liberada del colectivo borg | Seven of Nine y Xena (no es un fotomontaje, fueron objeto ambas de un reportaje en una revista y posaron juntas) |
[1] Coche sin ruedas movido por la fuerza antigravitatoria.
[2] Alusión a Spock.
[3] Episodio de TOS, “El Hijo del Viernes”.
[4] La estrella más brillante de la constelación de Virgo.
[6] “Relics” (TNG)
7) Referencia a famosa frase de Tarzán: Yo Tarzán, tu Jane.
8) Q es un miembro
del llamado Continuum Q, otro continuó fuera de nuestra realidad. Todos sus
habitantes poseen poderes aparentemente ilimitados en nuestro plano de existencia.
Q se ha encontrado (y molestado) a varios capitanes de
9) En el episodio doble final de la serie de TV de Star Trek Voyager “End’Game”
10) No, no es hijo de Janeway y Q, finalmente Q encontró otra candidata, una de su propia raza.