“Los nuevos tiempos siempre acarrean nuevos peligros. La tripulación de la USS Valhalla, al mando del Capitán Eric Winters se deberá enfrentar la nueva era de la Flota Estelar y hacerle frente a nuevos y desconocidos desafíos”

Cuaderno de Bitácora /fecha estelar: 58257.6: Llevamos varios días en el sistema seronia. Estamos recorriendo la ruta comercial que atraviesa el sistema para ver si ocurre algo fuera de lo normal. Para parte de la tripulación empieza a ser algo desesperante. Todo está en calma, demasiado en calma.
- ¿Cuál es el último informe, señor Kayron?
- Algunass partículasss de polvo sub-espacial, restos de meteoros, nada más sseñor. Contesto el impasible Gorn.
El capitán suspiró. Las largas horas patrullando este sector comenzaban a hacer mella en él.
- Haga otro barrido con los sensores de largo alcance. ¿Qué opina, número uno?.-Le dijo a la primer oficial Ro. Esta volvió su hermoso rostro hacia Winters.
- Francamente señor, no se lo que hacemos en este lugar, parece el sitio más tranquilo de la galaxia.
- Capitán, puede que este no sea un lugar tan tranquilo.- Comentó Friedman desde su consola científica.
Tanto el capitán como su primer oficial se acercaron al rincón donde Friedman pulsaba los controles en su terminal. En la pantalla comenzaron a verse datos y diagramas de cientos de naves.
- ¿Qué es todo esto, Friedman?.- Pregunto el capitán.
- Según los informes de los últimos cien años en esta parte del sector han desaparecido cerca de doscientas cincuenta naves. No llaman a este sitio “la zona fantasma” por nada. Naves del Imperio Klingon, Romulanas, Tellarites, Vulcanas, de la federación. Comerciales, de guerra, exploradoras, cruceros, de todo tipo, tamaño y capacidad. Sin discriminación. Todas ellas desaparecieron como si nunca hubiesen existido.
- ¿Y si eso es así como es que sigue siendo una ruta transitada?.- Pregunto Ro.
- Porque sigue siendo una de las mayores rutas comerciales del sector. Ya sabes, se puede perder alguna nave, pero si hay beneficios...
- Permaneceremos en esta posición durante unas horas más, después pondremos rumbo a la estación Delfos .-Dijo el capitán.
Ni él mismo estaba seguro de que encontrasen nada en esa zona perdida del espacio. ¿Estaba totalmente seguro de Bowers?¿podía creer en su teoría de la conspiración? ¿cuánta era la confianza que tenía en el antiguo mentor de Selima?. Todas estas preguntas rondaban su mente durante los últimos días. Bowers había demostrado que quería a Selima como la hija que nunca tuvo, y siempre le pareció un hombre justo, honrado y leal. Sin embargo, el que la Federación unida de planetas pudiera ser objeto de una traición en su seno, era algo que le costaba admitir. Si fuese verdad, era algo que amenazaba todo en lo que creía. Si su padre le viera en este momento, dudando de la flota y la federación seguramente diría con voz severa “ya te lo dije”.
En la sala de ingeniería. Cerca del núcleo de materia-antimateria se encontraba Sorack pensativo. El vulcano repasó unos números de la consola del teniente Kovalswki.
- Teniente Kovalswki. Voy a trasladarme al Puente, encárguese de que todo
permanezca en orden.
- Claro, señor Sorack, no se preocupe.
Mientras Sorack entraba en el turboascensor, nadie se percató de un rostro que pareció atravesar una de las paredes de la sala. El rostro pareció gritar en silencio y después desapareció. Ninguno de los oficiales había visto nada...
El Doctor Xizor gruñó entre dientes al ver como sus ayudantes no habían ordenado el material médico según sus instrucciones precisas.
- ¡ Maldita sea! ¡el día que encuentre a un ayudante competente me retiraré junto a mis hermanos caitianos!
Al ver al caitiano enfurecido y refunfuñando a Nyon Shimoda le dieron ganas de regresar por donde había venido.
- ¡Tú! .- Dijo Xizor señalándole con una de sus garras.
- ¿Sseññor?.- Dijo este con voz asustada y débil.
A partir de ahora tu vas a ser mi ayudante personal. Stevens y Dorna si es por mi pueden regresar a la academia en una lanzadera.
- ¿Yo, señor? no se si estaré capa...
- Tu estarás todo lo capacitado que yo te diga, muchacho.
Le entregó una lista.
- Esta es una lista con el material tal y como yo lo quiero, y no quiero ver nada fuera de su sitio ¿entendido?.
El alférez Shimoda con cara de susto comenzó a leer la lista.
En el rostro de Xizor se vislumbró una medio sonrisa. Sería un buen ayudante, el se encargaría de ello. Le recordaba a cierto caitiano jovenzuelo y asustadizo que con el tiempo se volvió en apariencia malhumorado y cascarrabias, pero que en el fondo seguía siendo aquel mismo muchacho. Ese joven caitiano que se marchó de su mundo y se unió a la flota estelar solo por molestar a su familia, una de las familias más nobles y ricas de su planeta.
En el puente, el capitán Winters ha tomado una decisión.
- Alférez Arístides, ponga rumbo a la estación Delfos a velocidad factor warp 6 1
Jennifer sonrió. Por fín empezaría la acción, Pensaba que permanecerían en este lugar perdido de la mano de dios eternamente. Desde que era niña en Ferrus IV y observaba las estrellas sabía que su destino estaba entre ellas. Ferrus IV era un mundo tremendamente duro y hostil. El clima del planeta era desértico y la vida era una completa lucha por la supervivencia. Con este difícil ecosistema y la superficie del planeta sacudido constantemente por terribles tormentas de arena, la vida era verdaderamente difícil. En cuanto tuvo edad para abandonar el planeta e ingresar en la academia de la flota, no se lo pensó dos veces. Aún dejando atrás a sus padres y sus dos hermanas. Se prometió a sí misma que no volvería hasta ser una de las mejores oficiales de la galaxia. Y su sueño empezaba aquí y ahora.
Tecleo las coordenadas indicadas y la Valhalla movió su inmensa masa en dirección a su nuevo rumbo
- Número uno, queda al mando, me voy a retirar a mis habitaciones, avísenme cuando lleguemos a la estación.
- Si, capitán.
La primer oficial se sentó en el sillón de mando. A Ro le gustaba la sensación de ser el oficial de más alta confianza del capitán. Quién le hubiese dicho hace años que se encontraría en esta posición. Después de la vida que había llevado no dejaba de ser sorprendente, muchos, incluida ella misma, hubiesen apostado a que estaría en alguna cárcel de algún rincón perdido de la galaxia o muerta en lucha contra algún invasor de su mundo. El destino a veces tenía decisiones insospechadas, desde luego.
El capitán salió del turboascensor y cruzó uno de los pasillos hasta llegar a su camarote.
Necesitaba descansar unas horas, que es lo que tardarían en llegar a la estación. Necesitaría todos sus sentidos en plena forma si llegaban a encontrar algún problema.
No podía olvidar que se había perdido todo contacto con la estación. Podía deberse a algún fallo de comunicación, pero si no era así, solo significaban problemas.
- Computadora, baja la luz.
Se deshizo del uniforme y se tumbó en la cama. No tardó mucho tiempo en caer rendido y entrar en el reino de los sueños.
Tras un tiempo algo le despertó. Un ruido. Notó algo ¿viento? ¿dentro del camarote?. Eso era imposible.
Un viento sopló, parecía salido de la nada.
Un remolino de polvo cruzo el camarote en su dirección, una rueda en continuo movimiento, hecha de aire seco y cálido. El remolino cambió, se hacía cada vez más denso, hasta convertirse en una sombra plateada.
Comenzó a tomar forma humana.
Se convirtió en una mujer. Parecía una chica joven. Su cabello, rubio plateado, flotaba tras su rostro como una telaraña de gasa. Su piel era dorada, y sus ojos eran blancos, sin pupilas visibles.
Parecía ser sólida pero, a su vez, daba también la impresión de ser insustancial. Su rostro era muy hermoso.
El gesto de su rostro era de tristeza, abrió la boca, y de ella surgía un alarido triste y agónico...
Después desaparece, como si nunca hubiese existido. En ese instante suena el comunicador de la insignia.
- Capitán, ya llegamos a la estación.
El capitán entró en el puente con cara de preocupación. ¿Qué había sido esa extraña visión?. Sin duda habría problemas, su sexto sentido se lo decía.
- En pantalla, señor Sorack
En la pantalla apareció la inmensa estructura de la estación de investigación de la federación.
- Abra un puerto de comunicación con la estación, señor Kayron.- Dijo el capitán mientras se acercaba a Friedman.- Sorack, sondee la estación, posibles daños y averías.
- Friedman, ¿ha habido alguna señal energética, o alguna distorsión anómala extraña?
- Enseguida lo averiguo, capitán ¿ocurre algo?. Dijo el oficial científico con extrañeza.
- No estoy seguro.
- Los sensores detectan un enorme campo energético de taquiones que ya comienza a dispersarse. Los taquiones se concentraban en la cubierta 3, en su camarote...
¿Qué ha pasado, señor?.
- Creo que he tenido una visita.... Señor Kayron ¿hay alguna respuesta?
- Negativo ssseñor.- Dijo el reptiliano oficial. El Gorn observaba con atención la pantalla principal. Había algo en ese lugar que hacía que todos sus sentidos estuviesen alerta. Todos esos sentidos le decían que huyera y que se escondiese. El miedo no era algo muy común en un Gorn, pero si no sentía miedo, sentía lo más parecido que puede sentir su raza.
En la base estelar, el almirante Bowers observaba desde una de las ventanas de la base como se ponía a punto su nave, la Nexus. Un alférez se le acerco.
- Señor, me informan desde el puente de la Nexus que todo está en orden, cuando quiera puede embarcar.
- Gracias alférez.- Dijo despreocupadamente. Mientras se dirigía a la sala de transporte más cercana, los pensamientos del almirante estaban centrados en otros problemas más importantes que la puesta a punto de su nave. Todos sus últimos movimientos los había realizado con la máxima discreción y sigilo posibles. No tenía que llamar la atención en su figura más de lo debido. La próxima reunión podía ser de los más reveladora.
Entró en la sala de transporte y se subió a la rampa. Se produjo un tenue zumbido mecánico y el almirante se desmaterializó, para materializarse en la Nexus un instante más tarde. Tras subir al puente se instaló en la silla de mando.
- Comandante Bronan, ponga rumbo al sistema Argus y cuando estemos a varios años luz, ponga rumbo al planeta Bajor.
Bronan sonrió. Era un oficial de total confianza de Bowers y estaba enterado de todos los planes del almirante. Daría su vida por él, sin pensárselo.
- Entiendo, una táctica de distracción, bien pensado, almirante. En cuanto estemos a distancia segura activaremos el sistema de camuflaje. 2
El almirante hizo un gesto de asentimiento.
La Nexus salió del dique espacial y entró en velocidad warp. En la distancia, oculta a miradas indiscretas, una nave vigilaba la partida de la Nexus. En cuanto la nave del almirante se perdió en el horizonte comenzó a seguirla.
En la estación espacial Delfos.
Dos grupos habían descendido a la estación. Uno, dirigido por Ro Laren, y compuesto por el Doctor Xizor, y los alférez Mcstevens y Flint estaban explorando el interior de la estación. Mientras tanto un grupo de técnicos encabezados por Sorack y Friedman intentaban restablecer la energía en la inmensa estructura. Los sensores de la Valhalla no habían detectado formas de vida. Y la estación estaba casi completamente sin energía. Solo funcionaban los sistemas de soporte vital, y no en todas las secciones.
El capitán observaba todo esto desde el puente, siguiendo los comentarios de sus hombres. A su lado se había incorporado la consejera Niesha.
- Es increíble, más de 2000 personas no pueden haber desaparecido sin dejar rastro.- Comentó el capitán.
- Esto me recuerda a las historias terrestres de barcos fantasmas, barcos que encontraban a la deriva en el mar, con la tripulación y los pasajeros desaparecidos.- Comento Niesha.
- Número uno ¿cómo va todo? ¿han encontrado algo? ¿alguna pista?. Comentó el capitán a través del comunicador.
El grupo de Ro caminaba por lo que era el centro de operaciones de la estación. Se iluminaban con linternas. Estaba completamente vacía. Como si nunca hubiese estado habitada. Solo que más de 2000 seres vivos estaban destinados a esta estación. Y ya no estaban.
- Capitán, no hemos encontrado a ningún superviviente. Estamos intentando analizar...
Ro dejo de hablar. Le pareció ver algo en uno de los rincones de la sala. Un sombra vagamente humanoide que se desvaneció de inmediato. Producto de su imaginación, seguramente.
-¿ Número uno?.
- Comentaba que en cuanto Sorack y su grupo haya hecho las reparaciones y reestablecido la energía, intentaremos comprobar si en los ordenadores hay alguna cosa que nos de una pista, señor.
Se maldijo a sí misma por tener imaginaciones que la distraían de su trabajo.
- Manténgame al corriente, número uno.
- Entendido, capitán.
- Esto no me gusta... Me pone el vello de punta.- Dijo Xizor.
En el exterior de la estación, cuatro figuras caminaban por el casco metálico. Iban con trajes espaciales. Adam Friedman no se encontraba muy bien. Lo que más odiaba de la academia de la flota eran las clases de gravedad cero. La sensación de que las botas magnéticas podían fallar y podía quedar flotando en el frío espacio para toda la eternidad no era muy agradable. Era algo superior a él, un miedo antinatural que se adueñaba de él. Intentaba centrarse en otras cosas, en las distintas fases de la reparación que iban a realizar, en sus compañeros, en cualquier cosa que lo distrajese. Lo conseguía a duras penas.
- ¿Le ocurre algo, señor Friedman?.- Dijo con frialdad Sorack.
- Nada, no se preocupe.- Contestó titubeante.
En ese momento llegaron a la estación de energía que tenían que reparar. Los técnicos la rodearon y empezaron a analizar los daños y a sacar conclusiones.
Friedman se había quedado un poco apartado de sus compañeros, seleccionando las herramientas oportunas e intentando olvidarse de su miedo. De repente, a Friedman le pareció ver algo con el rabillo del ojo, se giro pero no vio nada.
Siguió con lo suyo, hasta que de nuevo algo pareció moverse cerca suyo.
Sin embargo, esta vez si había algo. Unas formas, vagamente humanoides flotaban atravesando el casco, su piel era extremadamente pálida, sus ojos hundidos, sus razas diversas, aunque sus uniformes los delataban como miembros de la flota estelar. Parecían vagamente insustanciales e incluso irreales.
- ¡Miren! Grito Friedman. Y hasta Sorack se volvió hacía donde gritaba el científico.
- Fascinante.- dijo levantando una ceja el Vulcano. Con aparente tranquilidad uso el comunicador para hablar con el puente.
- Capitán, le ruego que ponga en la pantalla principal la zona donde nos encontramos.
Siguiendo las indicaciones de su jefe de ingenieros, el capitán ordeno que se pusieran en pantalla.
Más de una exclamación se escuchó en el puente al ver lo que estaba ocurriendo. La espectral comitiva flotaba atravesando el casco de la estación. Un reguero de miles de formas, aparentemente fantasmales, se perdía en el infinito.
- Fantasmas.- Dijo con voz asustada la alférez Arístides, y no era una persona fácil de asustar. - Los fantasmas de la tripulación de la estación...
- Los fantasmas no existen.- Dijo con decisión el capitán.- Señor Sorack, análisis .-
- Según el tricorder, parecen alguna clase de energía en fases, señor.
- Vaya al grano, señor Sorack.
- Al parecer, existen en impulsos. Están aquí y no lo están. No se trata de energía como nosotros la definimos. Se parece más a algún tipo de protoenergía. Tiene algunas de las propiedades de la energía y la materia, pero a veces ninguna de ellas. Parece algo totalmente desconocido para nuestra ciencia.
Interrumpiendo las explicaciones de Sorack, se escuchó un gruñido de extrañeza. Era Kayron.
- He detectado algo al límite de nuestros sssenssores, ssseñor.
Al momento, el Gorn abrió su inmensa y grotesca boca llena de afilados dientes. Era lo más parecido a mostrar sorpresa que su rostro permitía.
- Ess imposible, sea lo que sea, esta absorbiendo las ondas de los sensores.
- Eso no puede ser, Fuerce los sensores, señor, Kayron, fije a los dos grupos de bajada por si es necesario su transporte. ¡ Alerta amarilla!.
Winters tenía un mal presentimiento de todo esto.
- Ssseñor, ¡ Ahora se lee la señal con toda claridad¡ ¡ Dioses de Argon! Su señal energética es enorme... ¡ Estará aquí en setenta segundos, sseñor !
- En pantalla.
Casi al instante se arrepintió de esa orden. En la pantalla principal del puente se veía algo que hizo estremecerse a todos sus ocupantes.
Era una forma energética de algún tipo que jamás habían visto. Era al menos tres veces más grande que la estación Delfos. Vivos colores resaltaban en el mar de energía, parece compuesta de fuego, de electricidad, y de ninguna cosa. Su brillo era cegador. Tenía una forma alargada, como la de un gusano.
- ¿Qué demonios es eso?. Señor Kayron transporte a los equipos de bajada de inmediato. Pongan la alerta roja.
- Equipos transsportados, sseñor.
- Bien, suba los escudos y alejémonos de esa cosa de inmediato...
Casi no le dio tiempo a terminar lo que estaba diciendo. La criatura era sin duda más rápida de lo que pensaban. La cosa se les había echado encima.
Miles de diminutos estallidos recorrieron los escudos. Descargas electrocinéticas recorrieron la nave. Abarcando a cada tripulante de la Valhalla, que parecieron gritar al unísono.
Continuara en el próximo número: El depredador
1 El Factor Warp es la unidad de medición de la velocidad en las naves estelares en el universo Trek.
Warp 1 es la velocidad mínima(la velocidad de la luz) y warp 9.2 es la máxima.
2 La Nexus es una nave clase Defiant. El único tipo de nave de la Flota estelar con sistema de camuflaje incorporado. El sistema de camuflaje le permite no ser detectado por otras naves. Este sistema es usado por los Romulanos y los Klingons habitualmente. La primera nave de esta clase, la Uss Defiant estaba asignada a la estación espacial Espacio Profundo Nueve.