”Explora todos los rincones del mayor universo de ciencia ficción de todos los tiempos, su pasado, presente y su futuro.
Bienvenido al mañana...”
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Universe
ADIOS
(una triste despedida trek)
Escrito por Diego E. Gualda
( www.joven-argentino.com.ar )
Durante la guerra con el Dominio, cuando los recursos eran pocos y las bajas
eran muchas, el Holograma Médico de Emergencia se volvió una de las "herramientas"
más populares a bordo de las naves de
A pesar de que, en un acto de narcisismo casi vulgar, el Dr. Lewis Zimmerman
creó al Modelo
La tripulación de
Algunos médicos trataban a sus hologramas con un sentimiento de superioridad
aún más desagradable que el que tienen reservado para sus pacientes. Como si
se trataran de bestias de carga o de simples herramientas. Para muchos, un holograma
no era mucho más valioso que un bisturí láser o un tricorder. Otros, un poco
más emotivos, o quizás un poco más afectados por el stress post-traumático,
los trataban como si fueran personas; inclusive -muchas veces- con el respeto
con el que se trata a un colega. Algunos hasta les dieron nombres, una sutileza
omitida por el Dr. Zimmerman en el diseño original. El Dr. Stewart había bautizado
al Holograma Médico de Emergencia de
Suzie era joven. La modelo que le dio el cuerpo debería tener unos treinta o
treinta y dos años. Rubia, no muy alta, agradable sonrisa, ojos claros, cuando
empezó a operar, su carácter no difería mucho del huraño estilo Zimmerman.
Sin embargo, como estos programas aprenden tanto como la capacidad
de su holomatriz les permita almacenar, en algo más de dos meses había adquirido
más velocidad y destreza; un repertorio de lugares comunes con los que reconfortar
a un oficial herido (a falta de consejero a bordo, cualquier paliativo era bueno);
un cierto gusto por la ópera Klingon e inclusive una respetable serie de respuestas
ingeniosas bastante aproximada a lo que los humanos conocen como sentido del
humor.
El Dr. Stewart se había encariñado con su asistente holográfica. Inclusive,
solía hacerle bromas con una connotación ingenuamente sexual. Suzie, con el
tiempo, aprendió también a responder al flirteo de su superior con la gracia
y elegancia de una dama. Pese a la patética situación, en la enfermería de
Una noche, mientras el doctor dormía, la alerta roja sacudió a la nave. El encuentro
accidental con dos naves Jem'Hadar había iniciado un ida y vuelta de phasers
durante el cual
El doctor tomó un tricorder y un maletín de emergencias y se dirigía a la puerta
cuando escuchó la voz de Suzie:
- ¿Vas a dejarme, doc? - sonaba preocupada
- No puedo llevarte conmigo, Suzie
- Pero...
- No hay suficiente tiempo para descargar toda tu holomatriz - se disculpó
balbuceando Stewart
- Voy a extrañarte, doc - ahora el holograma sonaba legítimamente triste
- Yo también, Suzie
El médico apoyó el maletín en el suelo y abrazó a Suzie. Ella lo acarició. Él la besó. Se separaron despacito, tratando de aprovechar cada segundo. Cuando el Capitán hizo el último anuncio de evacuación, el Dr. Jonathan Stewart salió de la enfermería corriendo, dejando olvidado su maletín en el piso y sin mirar atrás.
Una pesada lágrima holográfica rodó por la mejilla se Suzie.
QUE ASÍ SEA
(un relato bajorano sobre la inevitabilidad de las cosas)
Escrito por Diego E. Gualda
( www.joven-argentino.com.ar )
No había sido fácil conseguir una entrevista.
su entrevista con
"Viniste a preguntar por tu marido", le
dijo
"Mi marido es Klingon", comenzó Geria,
pero
Las dos mujeres bajaron por una larga escalera de
peldaños de roca hasta llegar a una habitación subterránea, a un templo bajo
tierra. Geria no había escuchado nunca de la existencia de este lugar, aunque
se le ocurrió que, si
"Que la paz de los Profetas nos ilumine y que
su luz nos marque el camino de lo que vendrá", oró la guía espiritual,
mientras abría un cofre empotrado contra el muro de piedra. El cofre abierto
dejó ver el Orbe. Geria había visto una vez el Orbe del Tiempo... en realidad,
no lo había visto... le habían mostrado una reproducción en una holosuite. También
tenía presente la imagen del Orbe de
La carta no decía mucho. Sólo decía que se iba. Que temía. Que el matrimonio había sido un error. Que nunca debía haber sucedido. Geria pedía disculpas, aunque sin precisar del todo porqué. ¿Pedía disculpas por abandonarlo? Quizás, aunque no estaba del todo segura qué efecto podía tener sobre un Klingon un pedido de disculpas. Sólo decía que se había ido para siempre, recomendándole su destino a los Profetas.
La colonia minera de Sigma III era un lugar pacífico, por no llamarlo sencillamente aburrido. La escasa población era mayoritariamente humana (muchos de ellos, ex maquis fugitivos), aunque había algunos bolianos, un denobulano y una pequeña colectividad vulcana. No había un sólo Klingon, eso sí... y ese hecho la tranquilizó. El recurso humano era escaso en un lugar tan poco amigable del cuadrante, por lo que había conseguido empleo en la planta purificadora de agua de la colonia inmediatamente.
Varios meses de tranquilidad en el exilio pasaron sin que nada digno de ser contado sucediera.
Hasta que una noche, mientras dormía, el ruido de metal retorcido la despertó. Se incorporó rápidamente y vio cómo la puerta de su cuarto se deformaba y destrozaba, dejando ver por entre los jirones de duranium la figura de un Klingon enfurecido que azotaba la puerta con un bat'leth. Pronto, mucho antes de que ella pudiera reaccionar, mucho antes de que ella pudiera alcanzar el disruptor romulano que tenía en su mesa de luz para su protección personal, su ex esposo había acabado con la puerta y se había instalado en la penumbra del cuarto. La miraba con odio. La escudriñaba y la estudiaba como un depredador a su presa. Geria temblaba del pánico y no atinaba a moverse de la cama.
"Un Klingon no perdona la deshonra", ladró el intruso, "Y tu has me has deshonrado a mi, a mi casa y a mi pueblo al abandonarme, maldita... ¡BL'HEGH!" (*)
El bat'leth cortó el aire de la habitación con un ruido sordo. El filo llegó veloz al cuello de Geria. La sangre corrió rauda por la almohada y chorreó hasta llegar al piso.
La profecía del Orbe estaba cumplida.
(*) BL'HEGH: "You will
die" o "Morirás", en Klingon.