”Explora todos los rincones del mayor universo de ciencia ficción de todos los tiempos, su pasado, presente y su futuro.

Bienvenido al mañana...”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Universe

Star Trek Espacio Profundo Nueve:

Regreso al filo de la frontera

Escrito por Dr. Banner

Fecha Estelar: 57918.4

Nota del escritor y editor:

Este episodio esta ambientado varios años después del final de la serie de TV de Star Trek Espacio Profundo Nueve, por lo que si no quieres leer Spoilers de la serie, es mejor que no leas este número. No digas que no te avisé.

En este número mi intención es presentar en sociedad a la tripulación de la Espacio Profundo Nueve en la línea Trek de Action Tales. Hay altas y bajas en el grupo de personajes, debido al tiempo transcurrido.

A estos personajes los veréis a menudo por otra serie de la línea, Star Trek Voyager. Permaneced atentos…

                                                               1

Muchos pensamientos cruzaron por la mente de Worf, hijo de Mogh, al cruzar el umbral de la compuerta que hizo que el klingon pisase la estación por primera vez en varios años. Se quedó quieto, observando lo que le rodeaba, sin inmutarse lo más mínimo por el resto de pasajeros que entraban en la estación.  Este lugar le traía infinidad de recuerdos, la mayoría de ellos agradables, pero algunos sin duda terriblemente dolorosos.

- ¡Comandante!

El rudo rostro del klingon se giró al escuchar una voz familiar.

Una mujer bajorana, con una corta melena de color castaño oscuro y penetrantes ojos de tonalidad almendrada. Una sonrisa sincera y agradable cruzaba su hermoso rostro.

- Mayor Kira.- Dijo Worf sin dar muestras de alegría en su rostro al ver a su antigua compañera. A Worf siempre la costó exteriorizar sus emociones ante sus compañeros.

- Ahora soy la teniente comandante Kira, comandante Worf.- Dijo ella sin dejar de sonreír.

Worf recordó la reciente unión de Bajor  a la Federación, después de varios años de trámite para entrar en ella. Ello había hecho que la milicia bajorana, a la que perteneció anteriormente Kira, se integrase en la Flota Estelar.

- Me alegro de verla. Me trae muchas sensaciones extrañas estar aquí de nuevo.- Admitió el klingon.

- Encontrará que la estación apenas ha cambiado, comandante. Será mejor que nos vayamos de aquí.- Comentó la bajorana.

En unos minutos, se encontraban en la Promenade, el centro de la vida social y comercial de la estación. Era tal y como Worf la recordaba, el lugar bullía de gente, viajeros, comerciantes, personas  que vivía en la misma estación o que estaban de paso.

Restaurantes, puestos con mercancías de todo tipo, bares, tiendas, casinos y el tradicional y concurrido templo bajorano.

Su vista se detuvo en el ruidoso y estridente local llamado Quark’s. Clientes entraban y salían del establecimiento, seguramente a participar en el Dabo o cualquiera de las diversiones que su dueño preparaba.

- Vaya, vaya, mira a quien tenemos por aquí de nuevo.- Dijo alguien a la espalda del oficial klingon.

Worf resopló. Esa voz estridente la reconocería en cualquier lugar. El ferengi que respondía al nombre de Quark. Este sonreía con cierto desden, dejando ver sus afilados dientes.

- Veo que aún sigues por aquí.- Dijo Worf en un tonó nada agradable.

- Venga, Worf, no me diga que no se alegra de verme. – Comentó irónicamente el ferengi.- Cuando tenga un momento pasé por Quark’s  y le invitaré a una copa, por los viejos tiempos.

- No molestes al comandante, pequeño troll.- Exclamó Kira al ferengi.

- Usted también esta invitada, Teniente Kira. He de decirle que ese nuevo uniforme de la Flota le sienta de maravilla.- Dijo mirándole de arriba abajo.

- Guárdate tus halagos empalagosos para quien quiera escucharlos, Quark.- Respondió la bajorana.

El ferengi observó marcharse a los dos oficiales. Quark decidió regresar a su local, para ver si sus ineptos empleados habían sido capaces de ordenar los nuevos suministros traídos del cuadrante gamma en el último carguero estacionado en la estación. – Pobres- Pensó- Sin mi no sabrían ni atarse los cordones de los zapatos.

Kira Nerys acompañó a Worf hasta la puerta de su camarote.

- Le veré más tarde en operaciones, comandante.- Dijo ella.

- Por supuesto, tengo que ponerme al día y conocer al personal. Habrá muchas personas nuevas desde que me marché. Hasta luego, teniente.

 

 

                                                               2

Al entrar en su camarote no pudo evitar una cierta incomodidad. Las estancias de la Federación siempre le habían parecido demasiado lujosas y acogedoras. Los klingon estaban acostumbrados a lugares más incómodos y espartanos, la comodidad era un lujo que un guerrero no se podía permitir. Llegó a pensar en exigir un lugar más modesto, pero recordó que ahora era el comandante en jefe de esta estación y de la Defiant, y tenía unas responsabilidades, entre las que se encontraban tener que alojarse en este lugar.

Sacudió la cabeza y empezó a sacar sus cosas de sus petates de lona. Colocó con cuidado en la pared el bat’leth (1) que había pertenecido durante generaciones a su familia, una estatua de Kahless (2) y varias cosas más. Se detuvo un instante para contemplar dos fotográficas que siempre llevaba consigo. Una era suya con su hijo Alexander. Era de muchos años atrás, pero él la conservaba desde entonces. La otra era de su boda con Jadzia. (3)

Siempre la llevaría en su corazón y esperaba que cuando le tocase ir a Sto-vo-kor (4) la encontrase para volver a encender la pasión de su amor por toda la eternidad.

En toda su vida, nadie la había comprendido como ella. Desde que el oficial de la Flota, Sergei Rozhenko le rescatase de las ruinas del destacamento klingon de Khitomer, después de un ataque romulano, Worf se crió con los Rozhenko como uno más de la familia. A pesar de ser un klingon, lo trataron como un hijo, y para Worf fueron como unos padres. Sin embargo, pronto vió que le costaba adaptarse al mundo de los humanos y sus costumbres, tuvo una infancia y una adolescencia muy dificiles y muchas veces pensó en regresar con su raza. Hasta que decidió hacer algo que ningún otro klingon

K'Ehleyr

había hecho antes, unirse a la Flota Estelar.

Se graduó con honores en la academia, mantuvo un romance en aquella época con K'Ehleyr, la hija del embajador klingon, que era medio humana y medio klingon, pero la relación no prosperó.

Poco despues, entró en la tripulación de la Enterprise. Sus principios no fueron fáciles, pero acabo ganándose el respeto de sus compañeros y de su capitán.

 

No obstante, el ser un oficial de la Flota Estelar y de la Federación, hizo que no levantase muchas simpatías entre los miembros de su raza. Ni su hermano, que también sobrevivió a la masacre de Khitomer, le acabo comprendiendo nunca. Acabo reencontrándose con K'Ehleyr y su amor volvió a florecer, de ese amor, nació su hijo, Alexander.

La felicidad duro poco, Duras, hijo de un traidor que hizo que los romulanos atacasen el destacamento klingon donde murieron sus padres, asesino a K'Ehleyr al descubrir esta que su padre fue un traidor a su pueblo. Contradiciendo las ordenes de su capitán, Worf combatió y dió muerte a Duras.  Tras esto, decidió que Alexander se marchase con sus padres adoptivos. Muchos conflictos hicieron ver a Worf que era un extraño para los dos mundos, para la Federación y para los klingon. Sirvió durante siete años en la Enterprise, para después ser requerido en la espacio Profundo Nueve por el capitán Benjamin Sisko. Allí fue el jefe de operaciones y convivió con sus nuevos compañeros, primero añorando a la Enterprise, y después sintiéndose completamente aceptado en la Estación.

Al principio no se percató del interés que Jadzia Dax tenia en él, pero pronto ambos iniciaron una relación y Worf  se enamoró como nunca antes. Jadzia era encantadora, amable, muy inteligente, y una gran guerrera respetada por los mismos klingon por el tiempo que pasó su anterior anfitrión Curzon en el Imperio Klingon.

Jadzia Dax

Finalmente ocurrió lo ambos deseaban, se unieron bajo matrimonio klingon. El general Martok, honorable klingon cuya casa lo había adoptado como propio, tras ser despojado del honor de su casa por el canciller Gowron, propicio el ritual de boda klingon, en la Espacio Profundo Nueve, junto a su hijo, su capitán y todos sus amigos. Recordaba perfectamente las palabras que pronuncio Sirella, la esposa de Martok para unirlos en matrimonio:

“Con fuego y acero los dioses forjaron el corazón klingon, tan fieramente latió, tan fuerte era el sonido que los dioses gritaron:

- En este día hemos creado el corazón mas fuerte en todos los cielos, ninguno puede estar frente a el sin temblar ante su fuerza.

Pero después el corazón klingon se debilitó. Su constante ritmo fallo y los dioses dijeron:

- ¿Por qué te has debilitado si te hemos hecho el más fuerte de toda la creación?. Y el corazón dijo:

- Estoy solo

Y los dioses supieron que habían errado, así que regresaron a su forja y crearon otro corazón.

Pero el segundo corazón latía más fuerte que el primero y el primero estaba celoso de su poder.

Mientras Sirella pronunciaba este discurso, él y Dax simulaban una lucha con bat’leth.

- Afortunadamente el segundo corazón estaba templado con sabiduría...

- Si nos unimos nada podrá detenernos.- Dijeron ambos al unísono.

- Y cuando los dos corazones empezaron a latir juntos llenaron los cielos con terribles sonidos. Por primera vez los dioses sintieron miedo. Trataron de huir pero era muy tarde, los corazones klingon destruyeron a los dioses que los crearon y convirtieron los cielos en cenizas.

Hasta este día, nadie puede oponerse al latido de dos corazones klingon.

- Worf, hijo de Mogh, ¿late tu corazón solo por ésta mujer?

¿Y juras unirte a ella y enfrentar con ella a todo aquel que se les oponga?

Worf miró a su compañera y asintió.

- Lo juro por mi honor.

-Jadzia, hija de Dax ¿late tu corazón solo por éste hombre?

¿Y juras unirte a el y enfrentar con el a todo aquel que se les oponga?

-Lo juro por mi honor.- Contestó ella sin apartar la mirada de Worf.

Entonces, ¡que todos los presentes hoy aquí, sepan que este hombre y esta mujer están casados !- Proclamó Sirella en voz alta a todos los presentes en la ceremonia.

Parecía que la felicidad al fín no se le podía escapar, que vivirían juntos para siempre, hasta el fin de sus días.

 El destino fue cruel con él y se la arrebató cuando ella llevaba a su hijo en su vientre. La agonia que sintió fue indescriptible. Ni siquiera tuvo el honor de poder vengarla. Jamás sintió por nadie lo que había sentido por ella y ni siquiera cuando ella regreso con otro anfitrión, como Ezri Dax (5), pudo desvanecerse ese dolor. Aunque en parte eran la misma persona, no era la Dax que conoció. La mujer que cautivó su espiritu y su alma, la que le comprendia como si fuesen almas gemelas se marchó para siempre.

Ezri Dax

Tras terminar la guerra con el Dominion, le ofrecieron ser embajador de la Federación en el Imperio Klingon. Aceptó, aunque pronto observó que la vida de diplomático no era la suya, él era un guerrero, un soldado, no un negociador, así que decidió volver al servicio activo.

No fue hasta hace unas semanas, que recibió una comunicación de la comandancia de la Flota, del almirante Akaar, indicándole que había pensado en él para liderar la estación.

Dado su pasado en la estación, y su destacado papel en la guerra, pensaba que era el indicado para llevar a cabo ese cometido.

En un primer momento, pensó en rechazarlo, pero después recordó a su antiguo capitán.

Y fue su recuerdo, y el pensar en honrar su memoria, teniendo el inmenso honor de ocupar el lugar que su superior ocupó con tanta gloria durante años.

¿Estaba preparado para esa responsabilidad? No lo sabía con certeza. Cada esquina y rincón de esta estación le recordaba su perdida, sin embargo, como un buen guerrero klingon que era, no podía huir de sus miedos, tenía que hacerles frente y derrotarlos.

Solo Kahless sabía si su decisión había sido acertada o no.

 

 

                                                               3

 

Kira Nerys se quitó la parte superior de su uniforme y lo dejó encima del sofá. Tenía unas horas antes de volver a su turno y podría descansar un poco hasta entonces. Cogió su insignia intercomunicadora  para dejarla cerca de la cabecera de su cama, por si la necesitaban para alguna urgencia. Al contemplarla sintió una sensación curiosa. Aún no se había acostumbrado a estar dentro de la Flota Estelar, ni a que su planeta natal, Bajor, estuviese dentro de la gran familia de la Federación.

La Kira Nerys contraria a recibir la ayuda de la Federación, la que pensaba que era una intrusión en su mundo, tras la ocupación cardassiana, se antojaba muy lejana.

Tras décadas de ver como los invasores cardassianos esclavizaban y explotaban a los habitantes y los recursos de Bajor, nunca creyó que la mejor decisión fuese que la Federación viniese a ayudarlos. Por fortuna, pronto fue comprendiendo que ese era el mejor camino que pudiese recorrer su gente, para salir adelante y prosperar. Gracias a la Federación y al capitán Benjamin Sisko, Bajor paso de ser un lugar desconocido en el cuadrante a ser uno de los centros estratégicos, tanto para las rutas comerciales, como para las misiones militares. Bajor ahora era algo importante, y le pesase a quien le pesase, era gracias a la Federación.

Sonrió al pensar en que sin darse cuenta, ella también había cambiado, de ser una componente de la resistencia bajorana, considerada por los cardassianos poco menos que una terrorista, a una respetable oficial de la Flota Estelar

En ese instante, deseó que el capitán Sisko, su antiguo oficial superior y  su amigo, estuviese allí, para ver su sueño hecho realidad.

Estaba agotada, y nada más su cabeza tocó la almohada, se quedó placidamente dormida.

“Caminaba por los pasadizos de la estación, mirando por todos lados, intentando encontrar a alguien. Nada. Todo estaba vacío, no se escuchaban los ruidos, las voces y las risas típicas de los habitantes de este lugar. Buscaba desesperadamente sin éxito. Todos habían desaparecido sin dejar rastro.

Gritó con todas sus fuerzas, llamando a sus amigos. Nadie respondió.

Algo chocó contra su pie. Era una pelota, una pelota de béisbol terrestre. La recogió del suelo. Era la misma pelota de béisbol que el capitán Sisko tenía siempre en su despacho.

- A veces no es necesario buscar para encontrar algo.

Apoyado en una pared, se encontraba una figura muy familiar para ella.

- ¡Capitán Sisko! ¡Emisario! (6)

Su capitán la miró directamente a los ojos.

- Se acercan tiempos aciagos para los hombres y mujeres de Bajor, y también para la Federación y sus aliados.

- ¿A que se refiere?- Preguntó ella.

- Nos moldearon como el artista moldea el barro para dar forma a sus obras. Y como el artista que no esta contento con su creación, furioso, romperá sin ningún remordimiento a sus creaciones.

- No comprendo sus palabras.

- La sangre de innumerables inocentes mancha sus manos.  Vienen de más allá de las estrellas conocidas y proceden de la estrella más cercana.

Sisko agarró a Kira de las manos con fuerza.

- La salvación empezara en el momento en el que abracéis al enemigo reciente más mortal. Habrá momentos de desanimo, y de desesperación, el dolor os llegará, pero también la esperanza. Sed fuertes.”

Kira despertó cubierta de sudor y con las sabanas pegadas al cuerpo.

Se levantó y miró la hora. Le quedaban veinte minutos para que comenzase su turno en Operaciones. Se sirvió un vaso de agua.

No había sido un sueño casual. El emisario, el capitán Sisko se le apareció a través de sus sueños. Cuando llegó a Bajor, Benjamín Sisko era un oficial de la Flota corriente, cuando contacto con los profetas, en el agujero de gusano, al que los bajoranos llamaban el templo celestial, se convirtió en el emisario de los profetas con el pueblo que los adoraba. Pesé a que el mismo Sisko consideraba a los profetas alienígenas de gran poder y sabiduría que construyeron el agujero de gusano, para toda la población de Bajor, era el portavoz de la voluntad de sus dioses. Ellos se comunicaban con él a través de sueños y visiones, los profetas lo eligieron para ser el que trasmitiese su mensaje. Cuando Sisko desapareció luchando contra los enemigos de los profetas, este pasó a otro nivel de existencia, ascendió hasta ser uno con los profetas. Para los bajoranos, pasó a ser una figura mítica que viviría para siempre en el templo celestial.

¿De que trataba de advertirles? ¿Qué peligro podría ser tan terrible para que el emisario les tratase de avisar? ¿Y seria digna de recibir tal mensaje?

El doctor Julian Bashir estaba ordenando sus notas y repasando mentalmente la vacuna para la gripe rioreohana que tenía que administrar en los próximos días.

- ¿Doctor Bashir?- Le preguntó una agradable voz femenina a sus espaldas.

Distraídamente volvió su atención hacía la persona que había entrado en la enfermería.

Era una hermosa oficial de la Flota la que le sonreía desde el umbral de la entrada a las instalaciones de Bashir.

- El mismo ¿usted es …

- La teniente Robin Lefler. Acabo de llegar a la estación, este será mi destino los próximos meses.- Dijo ella mientras miraba con curiosidad los monitores y consolas donde estaba trabajando Bashir.

- Encantado de conocerla.- Dijo él sonriendo.

- Vengo por el examen médico rutinario.- Comentó ella.

- Oh, no tiene que preocuparse, no es necesario que se lo haga ahora mismo ¿ ha podido ver algo de la estación?

- Apenas he visto mi camarote.

- Será un placer ser tu anfitrión y enseñarte el lugar como merece.

- No quiero molestar, yo …

- No es ninguna molestia, querida. Empezaremos por el recorrido por el Replimat.

Julian pensó en la idea de que la teniente Lefler podría ser un buen objetivo a medio plazo para ser una de sus conquistas.

Esto le hizo acordarse de Ezri. Durante un tiempo fueron parejas, pero finalmente la relación se rompió amistosamente. Sin embargo, conservaban una buena amistad, y Julian mantuvo la esperanza de que con el tiempo, se curarían las heridas y podrían volver a ser de nuevo más que amigos. Sus esperanzas se truncaron cuando Ezri decidió pedir el traslado a la Enterprise. Un pensamiento inquietante le sobrevino ¿y si no era casualidad que ella se marchase al enterarse del regreso de Worf?

Aunque Ezri era el nuevo huésped del simbionte Dax, la personalidad y memoria, recuerdos y sentimientos de Jadzia estaban en su interior. Quizás no quiso reavivar viejos y dolorosos recuerdos, ni tener la tentación de romper el tabú de los trill, de no volver a tener relaciones con amantes de huéspedes pasados.

Era mejor hacerse a la idea de que la vida de ambos habían tomado caminos separados.

Se sentaron en una de las mesas del Replimat, que como era habitual, estaba lleno de clientes.

- Un té tarkeleano, por favor.- Dijo la teniente Lefler.

- Buena elección, yo creo que tomaré lo mismo.- Comentó risueño el médico mientras se dirigía al replicador.

Robin estaba expectante sobre que le traería el futuro en su nuevo lugar de trabajo. Desde que se graduó en la academia, había trabajado duro para ser una buena oficial. El poco tiempo que pasó en la Enterprise, le sirvió para ver como trabajaban algunos de los mejores oficiales de la Flota, además de tener una breve relación con el alférez Wesley Crusher (7).

Después estuvo un tiempo en la estación Júpiter, donde por una temporada fue ayudante del doctor Zimmerman, probablemente uno de los mayores especialistas en holografía del cuadrante (8), pero una persona con un mal humor y unos modales que hacían insoportable la convivencia.  Tras su traslado, su siguiente destino fue en la sala de ingeniería de la Uss Grissom, donde estuvo como ayudante del jefe de ingenieros, hasta que fue ascendida a teniente y trasladada al puente, como oficial de operaciones.

Aunque la posición de operaciones le planteaba nuevos desafíos, Robin habría preferido permanecer en ingeniería, por lo menos un poco más mientras ganaba en experiencia, antes de tener que servir en el puente. Aún así, cumplió perfectamente en su nuevo puesto. Cuando se enteró de que había una vacante en operaciones en la Estación, decidió probar suerte. Para su sorpresa, su petición fue admitida y aqui estaba, en la frontera del espacio conocido, esperando nuevos retos que resolver.

- ¿Sabe, teniente? Su rostro me es familiar ¿estas segura de que no hemos coincidido en ninguna nave?

- ¿Intenta flirtear conmigo, señor?

- ¿Yo? Mis relaciones se cuentan a docenas, me llaman el Rodolfo Valentino intergaláctico, ninguna dama se resiste a mis encantos naturales.- Contestó socarronamente el doctor Bashir.

Robin empezó a reír.

- Ley #52 de las leyes de Lefler: Nunca subestimar la capacidad de un hombre de hacerte reír.

- ¿Leyes de Lefler?- Preguntó intrigado el doctor.

- Oh, una manera de recopilar información esencial para mi vida social y practica, acabará conociéndolas todas, paciencia, doctor.- Dijo ella mientras bebía su té.

En la Uss Defiant , que permanecia atracada en la estación. El recientemente nombrado jefe de ingenieros Nog, intentaba ponerlo todo a punto para cuando el comandante Worf revisase la nave.

Nog ya conocía lo suficiente al klingon como para saber que no esperaría menos de lo excelente en cuanto al rendimiento de la Defiant.

El ferengi terminó de repasar los chips isoliniares del panel y se acercó hacía su compañera.

- ¿Has terminado ya de alinear los sensores?- Preguntó el ferengi.

Una joven andoriana de ojos de un color gris-verde, y un largo cabello de color blanco, trenzado a imagen y semejanza de una flor zletha de su Andoria natal asintió rápidamente. Thirishar ch'Thane se acercó al ingeniero.

- No te preocupes, Nog, el comandante Worf encontrara a la Defiant mejor que nunca.- Dijo la andoriana con tranquilidad.

Nog rió con una carcajada estridente, muy típica de él.

- ¿Nunca te pones nerviosa por nada?

Las antenas de la cabeza de Thirishar se acercaron entre ellas, lo que era el equivalente andoriano a un encogimiento de hombros.

- En cuanto terminemos, te invitaré a un plato de larvas entubadas.- Dijo el ferengi.

- ¿Un ferengi invitando a alguien? ¿No serás un humano disfrazado?- Se burló ella.

- Recuerda que soy el único ferengi en la Flota Estelar, no soy un ferengi al uso.- Comentó Nog orgulloso.

Y era verdad. Su tío Quark se escandalizo cuando Nog decidió que se alistaría en la Flota, su padre, sin embargo, lo apoyo. Para un ferengi, el pensar en hacer cualquier cosa que no le permitiese tener beneficios era prácticamente un sacrilegio. A pesar de ello, y de las burlas de muchos de sus congéneres, entró en la academia, se graduó  y sirvió con eficacia en la Defiant y en la Espacio Profundo Nueve en la guerra con el Dominion. Ahora se ocupaba del puesto que anteriormente ocupaba el jefe O’Brien, y deseaba llegar estar a su altura.

- Venga, será mejor que revisemos el campo factorial antes de marcharnos.

Thirishar suspiró resignada y siguió a su compañero hasta ingeniería.

 

 

                                                              4

Worf  junto a Kira, subió en el turboascensor hasta Operaciones.

 

El klingon observó lo que se consideraba el corazón de la estación. El lugar donde se controlaba las comunicaciones centrales, apoyo vital e informático,  defensas, armamento, controles tácticos y el teletransportador.

Contempló como varios oficiales bajoranos y de la Flota Estelar, se concentraban en sus obligaciones. Eso le satisfacía.

- Comandante en Operaciones.- Anunció Kira.

Instintivamente, Worf miró hacía la consola de operaciones estratégicas, su antiguo puesto en este lugar.

- Me alegro de volver a verle por aquí, Worf.- Dijo el doctor Bashir con una sonrisa sincera.

El klingon le devolvió el saludo con un movimiento de su cabeza.

- Esta es la teniente Robin Lefler, la oficial de operaciones.- Dijo Kira.

Robin se acercó al comandante. Worf se percató que no le extendía la mano para saludarlo como solían hacer habitualmente los humanos. Estaba claro que sabia de las costumbres y gustos klingons.

- El comandante y yo ya nos conocimos, aunque dudo que se acuerde de mi.- Dijo Robin.

Worf meditó un instante.

- Mmm, si, la recuerdo, la novia del joven Wesley Crusher.

La teniente Lefler pareció sonrojarse ante el comentario.

- ¡Comandante! ¡Comandante! ¿Se acuerda de mí?- Era la voz estridente y chillona del teniente Nog, el sobrino de Quark.

El klingon frunció el ceño.

- Te … Recuerdo.  Ahora eres el ingeniero en jefe, has progresado, eso es muy gratificante.- Dijo Worf casi como si le costase que las palabras surgieran de su garganta. Para ser un ferengi, Nog era un buen chico, sin embargo era tan… Cargante.

- ¡No se imagina la de cosas que se hacer! ¡Quedará totalmente impresionado cuando ve las modificaciones que he estado haciendo en la Defiant y en la estación, comandante!

- No lo dudo.- Dijo mientras resoplaba ante el parloteo del ferengi.

Kira se acercó a él, junto a una joven andoriana.

- Le presento a nuestra oficial científica, la alférez.

- Tengo muchas ganas de trabajar con usted, señor.-Comentó la andoriana.

- Estoy seguro de que tendrá oportunidades de demostrar su valia.- Indicó el klingon.- Vuelvan a sus ocupaciones.- Dijo en voz autoritaria Worf.

Rápidamente todos devolvieron sus atenciones a las tareas que estaban desarrollando antes de su llegada.

No parece tan rudo y severo como había oído- pensó Thirishar mientras manipulaba el panel de control de su consola.

Robin Lefler casi no recordaba lo grande e imponente que era el klingon. Años atrás, cuando permaneció en la Enterprise, era apenas una niña recién salida de la academia y muy impresionable. Le gustaría trabajar en la Espacio Profundo Nueve, estaba convencida.

Worf y Kira subieron los escalones hasta llegar al despacho. La puerta se abrió, dejando ver un despacho que el klingon conocía muy bien, innumerables veces había entrado en este despacho para conversar con el capitán Sisko. Parecía exactamente igual que la última vez que lo vio, incluso la pelota de béisbol favorita del capitán.

- Es extraño ¿verdad? Es como si aún siguiese aquí, se adivina su presencia.- Dijo la bajorana.

- Era un hombre de los que deja huella, un gran guerrero y cualquiera se sentiría contento y orgulloso de haber servido a sus ordenes.- Contestó Worf.

Kira dudó si comentarle a Worf el sueño donde se le apareció el capitán Sisko. Finalmente, pensó que debería saberlo. El klingon escuchó con atención el relato de su primer oficial y finalmente dijo:

- No sé que pensar, soy consciente del papel como emisario que ostentaba el capitán, pero la idea de que se comunique a través de sueños me resulta algo difícil de aceptar.

- Sé que no comparte nuestras creencias religiosas, comandante, sin embargo, sabe que Sisko se comunicaba con los profetas de algún modo ¿y si él puede hacer ahora lo mismo con nosotros?

- Tendré en cuenta lo que dice e intentare dilucidar el significado de las palabras que dijo el capitán en su experiencia onírica, teniente Kira.

- Gracias, señor. Si no me necesita para nada más, tengo obligaciones que atender.

-Puede retirarse.- Dijo Worf.

Se sentó en la mesa de su despacho y se puso a mirar varios PADD con trabajo pendiente. Se hizo una nota mental de repasar la lista de posibles candidatos a sustituir como jefe de seguridad al teniente bajorano Rem Barel (9). Era un puesto de especial relevancia, como él bien sabia, ya que lo ocupo en la Enterprise durante siete años. En la Espacio Profundo Nueve durante mucho tiempo se encargo el agente Odo, con quien no coincidía en muchos de sus métodos, pero que reconoció que hizo un trabajo impecable mientras estuvo en la estación.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por una señal, era una señal que indicaba que estaba recibiendo una comunicación subespacial. Se encaró hacía la pequeña pantalla situada en su escritorio.

Apareció el escudo de la Federación de Planetas Unidos, para después ser sustituido por el rostro de un hombre. Worf lo reconoció de inmediato. No aparentaba más de unos cincuenta y tantos años, aunque superaba los cien años, tenía un cabello rubio, lo llevaba más de lo reglamentario para un oficial de la Flota, y más para ser un almirante.

-¡Qapla'!comandante Worf.- Dijo el almirante Leonard James Akaar (10) con voz serena.

- ¡Qapla'!- Contestó Worf.

- Dígame, comandante ¿Qué tal el regresó a casa?

Su casa. Nunca lo interpretado de ese modo, pero sin duda, en los años en los que estuvo de servicio en esta estación, fue su hogar lejos del hogar, más que ningún otro lugar, excepto quizás la Enterprise.

- Todo ha ido bien.- Dijo tras una breve pausa.- ¿Qué es lo que le hizo pensar en mi para dirigir esta estación? Estoy seguro de que es un puesto muy deseado por una mayoría de oficiales, seguramente más cualificados que yo, almirante. Y mi historial de indisciplinas le será conocido.

- Oh, seguro, muchos de ellos oficiales estirados y que creen que darán un giro definitivo en sus carreras. No te subestimes, Worf. Ha desobedecido ordenes, si, pero siempre que lo ha hecho ha sido por cuestiones de honor o del corazón. No quiero hombres que cumplan ordenes ciegamente o que no tengan sentido del honor, los oficiales que respeto son los hombres como tu, Worf. Tú eres un guerrero honorable, no hay mejor persona a quien confiaría uno de los puestos más importantes de la Flota.-Comentó Akaar.

A Worf le pareció que sin duda el almirante Akaar era un hombre de honor, y como él, tenía alma de guerrero.

- Espero que coincidamos alguna vez en combate, almirante.- Dijo el klingon.

- Quizás algún día, comandante.  Ahora me temo que otros asuntos reclaman mi atención. Espero poder visitarle alguna vez en persona y tomarnos una copa de vino de sangre mientras contamos viejas historias de guerra.

- Seria un placer, señor.

 

 

                                                                5

A la mañana siguiente, Worf  entraba en Quark’s. Se abrió pasó por la sala, estaba llena de humo y de mesas abarrotadas de jugadores y clientes tomando una copa. Alguien pasó a su lado, era un enorme luriano que reconoció como Morn, uno de los clientes más antiguos del local de Quark. Le saludo escuetamente, ya que el luriano tenía prisa, prometiendo tomar una copa juntos y hablar de los viejos tiempos.

Worf apoyó una mano en la barra y se fijo en el ferengi, que estaba preparando unas bebidas.

Quark se percató de la presencia del oficial de la Flota y se volvió hacia él, con una pérfida sonrisa.

Le sirvió una bebida en un vaso.

- Zumo de ciruela fresco, supongo que sigue bebiendo este mejunje humano y no vino de sangre klingon, comandante.

Worf gruñó entre dientes, pero no dijo nada y bebió el zumo de un solo trago.

- ¿Qué tramas, Quark?- Dijo Worf.

- ¿Yo? Ya sabe que solo soy un honrado trabajador, comandante.- Contesto el ferengi casi con aire ofendido.

- Eso espero, ahora que yo estoy al mando de la estación, no te pasaré ni una.

- Oh, vaya, habla como Odo. No se preocupe, comandante, evitaré meterme en ningún lío.

El klingon le fulminó con la mirada y se levantó de su asiento en la barra.

- Tengo que marcharme. No olvides mis palabras, Quark.

- Que tengo un buen día, comandante Worf.

El ferengi sacudió la cabeza. Desde que el anterior jefe de seguridad, Odo, había abandonado la estación, los negocios sin lugar a dudas mejoraron para Quark. Odo le sometía a un marcaje férreo, era un juego del gato y el ratón que ambos jugaron durante años. Los sustitutos del jefe de seguridad no habían sido ni de lejos la molestia continua que significo Odo para él durante años, era casi como un insecto revoloteando a su alrededor y vigilándolo día y noche.  A veces casi echaba de menos aquellos tiempos con Odo, casi.

En Operaciones, la teniente Robin Lefler detectó desde su panel de control, como se abría el agujero de gusano. (11)

- No hay ninguna visita desde el cuadrante gamma programada, ni ninguna nave comercial a la que estemos esperando.- Comentó Kira Nerys.

- ¡Salen varias naves del agujero! La configuración de las naves es… Del Dominion. (12)

Tras escuchar las palabras de la teniente Lefler, todos en la sala se miraron, la palabra Dominion aún causaba pánico. La guerra estaba demasiado reciente.

Justo en ese momento, entró Worf y de inmediato empezó a dar órdenes.

- Suban escudos. Preparen armas.

- Tenemos un acuerdo de paz, no lo romperán.- Afirmó Kira.

- Son un enemigo sin honor alguno.- Proclamó Worf mirando fijamente a las naves jem’ hadar.- Situación de las naves, teniente Lefler.

- Cuatro naves de guerra parecen perseguir a un crucero liguero. El crucero tiene diversos daños.

Worf  examinó con rapidez la situación. No sabia quien o quienes iban a bordo de ese crucero, pero no dejaría que los jem’ hadar acabasen con ellos.

- Kira, Lefler, Nog, Thirishar, doctor Bashir, acompáñenme.

Cuando todos estuvieron subidos en el turboascensor, el comandante dijo a la computadora:

-A la Defiant.

La nave estelar soltó los anclajes magnéticos para separarse de la Espacio Profundo Nueve, y despegó veloz al encuentro de las naves de guerra.

- Abra un canal con el crucero que esta siendo perseguido.

- No contestan, quizás tengan algún problema con el sistema de comunicaciones.- Contestó Kira.

- No importa, prepare la batería de phasers y abra fuego a discreción.

La Uss Defiant era una nave mucho más pequeña y maniobrable que la mayoría de clases de naves estelares de la Flota. Muchos pensaban que por su menor tamaño no era una amenaza. Gran error. Su armamento  y su potencia de fuego era enorme. Muchos enemigos caídos en combate podrían atestiguarlo- Pensó el comandante Worf.

- ¡Fuego!

De la Defiant surgieron ráfagas de phasers lanzadas a gran velocidad.

J

Los disparos acertaron en dos naves que explotaron en el acto. 

Una de las naves de guerra jem’hadar abandonó la persecución del crucero y viró para devolver el fuego.

- ¡Impacto directo! ¡Perdemos escudos e  integridad estructural!- Gritó el teniente Nog.

- ¡Maniobra de ataque omega!- Ordenó con rapidez Worf.

La nave desplegó todo su arsenal ofensivo, e impactando en la nave jem’hadar que literalmente se partió en dos.

De repente, varias formas se materializaron en el puente, eran humanoides de piel grisácea, con protuberancias óseas  y fuertemente armados. Eran los temibles soldados jem’hadar.

 Esquivando disparos que llenaban el puente, y con un gritó de rabia, Worf sacó su d’k tagh, su daga klingon, que llevaba siempre guardada en la bota de su uniforme, y con una tremenda velocidad seccionó el cuello de uno de los soldados antes de que este pudiese reaccionar.

Kira disparó a bocajarro un phaser en el estomago de un sorprendido jem’hadar, uno de los oficiales cayo derribado bajo el fuego enemigo, Nog devolvía los disparos sin mucho éxito, hasta que la alférez Thirishar ch'Thane demostró por que siempre ganaba en las clases de tiró de la academia.

En unos minutos, el puente estaba sembrado de cadáveres y de heridos. Dos miembros de la tripulación habían perecido, y uno más estaba herido levemente.

- ¡Lleven a los heridos a la enfermería!- Gritó un Worf que aún estaba embriagado por la adrenalina del reciente combate.

- Comandante, la nave de guerra superviviente, va en rumbo de colisión contra el crucero.- Dijo la teniente Lefler.

El klingon, con restos de sangre de varios jem’hadar en su uniforme se volvió hacía la joven de oficial de operaciones.

- ¡Teletransporte a los pasajeros!

En la pantalla principal observaron el impacto entre las dos naves, que estallaron envueltas en una nube de fuego.

- Había dos formas de vida, están en la sala de transporte uno, señor.

- Bien, retiren estos cadáveres y reparen los daños del puente, teniente Kira, acompáñeme.

Una vez en la sala de transporte, los dos no pudieron contener una expresión de sorpresa al contemplar quien era uno de los supervivientes del crucero. Era parecido a un humano, pero era imperfecto, como si no estuviese del todo definido. Sus rasgos asemejaban planos, en dos dimensiones. En ese instante, no había rostro más hermoso para los ojos de Kira, que pronunció una palabra:

- ¡Odo! (13)

Hasta el normalmente impasible klingon se mostró sorprendido de ver a alguien a quien pensaba que no volvería a ver jamás.

- Nerys.- Dijo Odo con una voz que denotaba una tremenda dulzura al decir el nombre de su antiguo amor.

Ambos se fundieron en un apasionado y tierno beso. El beso de dos enamorados que se reencuentran tras largo tiempo.

Ante la sorpresa de volver a ver al agente Odo, Worf no se había fijado en su acompañante. Al darse cuenta de lo que era, gruño y se lanzó sobre él.

Antes de que pudiese alcanzarlo, Odo se tornó en una forma líquido gelatinosa, creando una barrera protectora entre el klingon y su acompañante.

Odo rehizo su forma corpórea y se interpuso entre ellos dos.

 

- Viene conmigo, señor Worf.- Advirtió el multiforme.

- Pero… ¡Es un jem’hadar!- Gritó Worf con rabia.

- No tiene que temer más de él que de mí, se lo aseguro, comandante. Tenemos muchos temas de los que hablar en cuento lleguemos a Espacio Profundo Nueve.- Dijo Odo contundentemente.

 

 

                                                              6

- Es extraño, no pensé que volvería tan pronto.- Exclamó Odo observando la sala de reuniones de Operaciones y las personas que le rodeaban.

- No tengo palabras… Comenzó a decir Kira mirando con ojos tiernos al multiforme.

Odo se volvió hacía el doctor Bashir.

- ¿Y Ezri? ¿No se encuentra aquí?

El rostro normalmente jovial y alegre del doctor se ensombreció durante un leve instante.

- No, se traslado hace poco tiempo.- Indicó Bashir mientras pensaba que la marcha de Ezri quizás le había afectado más de lo que pensaba.

- Estamos todos contentos de volver a verle, agente.- Interrumpió  bruscamente Worf.

- Siempre al grano, ¿he, señor Worf? No es una visita de cortesía. Como sabéis, mi pueblo fue perseguido durante eras hasta casi extinguirse. Para protegerse crearon el Dominion y se hicieron llamar los fundadores. Mediante ingeniería genética crearon dos razas, los vorta para ser sus mensajeros y dirigir  y los jem’hadar para ser su brazo armado.

Se extendieron creando un enorme imperio por todo el cuadrante gamma, un imperio basado en el poder y en el miedo. Tras las primeras intromisiones de la Federación en sus territorios, se interesaron en este cuadrante y declararon la guerra, una guerra larga y con muchos costes en vidas en todos los bandos implicados (14).

 Cuando me uní al gran vínculo (15), con la cura a la enfermedad que nos estaba matando y que fue creada en un laboratorio de la Federación, se firmo un tratado de paz y durante un tiempo el gran vínculo estuvo en calma.

Sin embargo, para algunos de mi especie no fue fácil cambiar hábitos y costumbres arraigadas en ellos desde muchas generaciones atrás. Y abandonaron el gran vínculo, con la idea de que el Dominion siguiese tal y como siempre había sido.

- ¿Una guerra civil entre los fundadores?- Preguntó Bashir visiblemente intrigado.

- No exactamente, recuerda que un mutante no mata a otro mutante (16). Por ello, la mayoría de mis hermanos los dejaron ir en paz, y no hicieron nada ante el hecho de que siguiesen con el Dominion. La mayoría de mis semejantes ya no quieren saber nada de los sólidos, como os llamamos, no le interesan esos asuntos tan mundanos y triviales ante las maravillas del gran vínculo y la paz en la que están inmersos en estos momentos.- Prosiguió Odo.- Yo no podía quedarme al margen. Reuní a unos pocos y estamos intentando cambiar las cosas.

- ¿Crees que corremos peligro de que rompan el tratado de paz?- Preguntó Worf con aire preocupado.

- No a corto plazo, comandante. Ahora mismo están centrados en volver a recuperar con mano de hierro el férreo control que mantenían en el cuadrante gamma, y que se había relajado mientras llevaban la guerra contra las fuerzas de este cuadrante. No obstante, no es descartable que tarde o temprano vuelvan su atención de nuevo hacía este lado de la galaxia.

- ¿Para eso has venido? ¿Para advertirnos?

- No solo para eso, Nerys. Los jem’hadar han sido criados siempre como una raza de esclavos que son usados como carne de cañón en los conflictos de los fundadores. Criados solo para combatir y sin poder llegar a tener una vida propia, creyendo que los fundadores son dioses a los que tienen que obedecer y por quienes tienen que morir. Esa es una afrenta que tiene que terminar. Además de detener a los de mi pueblo, mi objetivo es que sean un pueblo libre, que pueda elegir su propio destino.

Por eso he traído a Taran'atar, él no es adicto al ketrazel blanco como sus congéneres.

- ¿Qué? – Exclamó con sorpresa el doctor Bashir. –Pero eso no es posible, el ketrazel blanco lleva una enzima sin la cual  un jem’hadar moriría en pocas horas.

- Así era, hasta ahora. Espero que Taran'atar sea el primero de muchos jem’hadar que no sean esclavos ni una maquina sanguinaria. Por eso le he traído aquí, quiero que conviva en este estación, que comprenda que hay más cosas en la vida que combatir por falsos dioses.

- ¿Cómo? ¿Quieres que se quede en la Espacio Profundo Nueve?- Exclamó Worf.

- Sé que su adaptación será difícil, sin embargo, si lo consigue, podrá volver y hacer comprender a otros de su raza que hay otras formas de vivir.- Explicó Odo.

- Son sanguinarios, crueles y sin moral alguna.- Dijo Worf encarándose con Odo.

- Eso es lo que muchos de la Federación pensaban de los klingon siglos atrás. Usted más que nadie debería saber que no se debe juzgar a nadie por los prejuicios que se puedan tener contar su raza ¿acaso no le miraban por encima del hombro, con temor y desconfianza cuando vivía entre los humanos?

Worf torció el gesto y se mordió la lengua. En el fondo sabía que lo que Odo le estaba diciendo era verdad. Pero el tener a uno de esos jem’hadar a sus ordenes, eso era más de lo que nunca pensó tener que soportar.

- Yo misma me ocuparé de enseñarle.- Dijo Kira.

- ¿Lo harías, Nerys?

- Por supuesto, si Odo confía en él y cree que debe de estar aquí, yo le apoyo.

- Yo creo que puede ser buena idea, comandante, la oportunidad de estudiar  el comportamiento y la biología de jem’hadar  de esta manera, no se tiene todos los días.

- Esta visto que estáis todos contra mí, bien, maldita sea, pero juro que si alguna vez nos traiciona de algún modo, yo mismo le mataré con mis propias manos.- Advirtió el klingon.

- No me cabe la menor duda, comandante.- Contestó tranquilamente el cambiante.

- Quiero conocerlo en persona.- Dijo Worf e indicó a uno de los oficiales que estaba la puerta que hiciese entrar al jem’hadar.

El jem’hadar entró en la sala, custodiado por dos guardias armados.

Taran'atar contempló con ojos curiosos a las personas que tenía delante. Los miró uno por uno, como si los estuviese analizando.

Era algo natural en su raza, observar al enemigo, ver sus debilidades y usarlas en su contra en el combate. Sin embargo, no sentía hostilidad hacía ellos, solo curiosidad.

- ¿Cómo te llamas?- Preguntó Worf acercándose al soldado jem’hadar.

- Taran'atar. Tu eres un klingon.- Dijo el jem’hadar.

Worf frunció el ceño.

- Sois buenos guerreros. Luchasteis bien en la pasada guerra.- Comentó Taran'atar.

- Lo hicimos.- Contestó el klingon algo perplejo.

- ¿Cuál será mi función en este lugar, señor?- Preguntó Taran'atar mirando a Odo.

- No es a mi a quien tienes que preguntar, si no al comandante Worf, él será tu superior desde este momento, pero recuerda, no eres su esclavo, ni su siervo, ni de nadie de este lugar. Eres un hombre libre.

- Eso es algo que los jem’hadar no sabemos hacer, ser libres.

- Nosotros te ayudaremos y te enseñaremos a vivir en libertad.- Dijo Kira apoyando una mano en el hombro del jem’hadar.

Taran'atar la miró y notó el vínculo que existía entre ella y Odo.

- Tenemos un puesto bacante en el puesto de jefe de seguridad.- Dijo Worf de mala gana.- Quizás pueda ocuparlo a prueba, si lo hace bien, se podrá quedar con el puesto.

- No se me ocurre mejor puesto para comenzar, a ambos nos fue bien.- Dijo Odo mirando al klingon.

 

 

                                                               7

Quark acababa de cerrar el local y mientras sus empleados se esforzaban en recoger todo y limpiar, él se entretenía contando el latinio que había conseguido a lo largo de la jornada.

Una sombra cayó sobre el montón de latinio amontonado en la barra, cuando levantó la mirada para ver a quien pertenecía, dio un salto para atrás, haciendo que se le cayesen la mayoría de barras de latinio por el suelo.

- ¿Has visto algún fantasma, Quark?

-  ¡Odo! ¿Qué haces tú aquí? ¿No te habías marchado al cuadrante gamma?

- Estoy de visita, y quería acercarme para ver que sucios negocios te traías entre manos.

- ¡Ja! – Exclamó el ferengi.- ¿No irá a regresar a la estación?

- Por un instante me ha parecido ver en tus ojos que te alegrabas de verme, Quark, han debido de ser imaginaciones mías.

- ¿Yo alegrarme de verte? ¡Antes regalaría mis posesiones a fines benéficos, agente!

- Te aviso de que un amigo mío ocupará mi viejo puesto, y le he avisado de que no te quité el ojo de encima.- Dijo Odo mientras se marchaba del local.

Quark suspiró. Seria muy malo para sus negocios tener de vuelta a Odo por este lugar, por otra parte, el dejarle en evidencia y hacer negocios ilegales en sus mismas narices de nuevo volvería a ser divertido, si se quedase… ¡Nah! Mejor que volviese son su gente y dejase a los honrados ferengis como él trabajar  tranquilos.

Sonó el timbre de la puerta.

- Pasé.

- Nerys.

Odo miró a Kira Nerys con una mirada tierna. La misma mirada que la contempló durante muchos años atrás. Odo fue encontrado en Bajor cuando era un bebé. Sin saber de donde procedía, ni de que raza era. Fue aceptado por los bajoranos e incluso por los opresores cardassianos cuando invadieron Bajor.

Durante todos esos años, él se enamoró de Kira, poco a poco fue descubriendo que en verdad él también podía enamorarse, pero por temor al rechazo, a hacerle daño a ella, nunca fue capaz de decírselo. Ella fue uno de los motivos que le hizo rechazar a su gente cuando finalmente los encontró, los sentimientos tan profundos que sentía por ella le impidieron abandonar este lugar y a sus habitantes. Hasta que un día se decidió y le confesó sus sentimientos, para su sorpresa, ella no lo rechazo y ambos vivieron un apasionado romance. Hasta que la guerra terminó y él decidió regresar con los suyos.

- No fue como imaginabas ¿verdad? El estar con los tuyos.- Dijo ella acariciándole con una mano su mejilla.

- Al principio fue todo lo que había pensado y mucho más. Pero después, cuando mi gente se dividió… Fue algo terrible.

- Siempre me admiré de tu elevado sentido de la justicia, pesé a no ser humanoide, a veces parecías comprendernos mejor que nosotros mismos.

- No fue fácil, créeme.

- Tengo que contarte algo, Odo.

Kira le contó la experiencia onírica que había tenido con el capitán Sisko y la advertencia que le trasmitió a ella.

- Interesante ¿crees que lo de  “la salvación empezara en el momento en el que abracéis al enemigo reciente más mortal” se refería a Taran'atar?

- Piénsalo, Odo, tiene sentido, los jem’hadar son nuestro enemigo más reciente.

- Mmm Y también mi pueblo, así que la amenaza inminente no creo que sea el Dominion.

- Sí, eso también lo he pensado. Dime, Odo ¿volveré a verte?- Dijo mirándolo directamente a los ojos.

- Espero que si, Nerys, lo ansió más de lo que nadie podría imaginar, pero sabes que no puedo permitir que parte de  mi gente siga con sus planes. Mi conciencia no se quedaría tranquila si lo dejase pasar.

- Lo sé.- Dijo ella abrazándole.

Él se apartó de ella y dijo:

- ¿Recuerdas esto?

Odo moldeó las moléculas de su cuerpo para que pareciese que había cambiado de traje y que llevaba un elegante esmoquin.

- Como podía olvidarlo.- Dijo Kira sonriendo. Fue la noche que se le declaró en la holosuite.

Ella lo abrazó de nuevo, esta vez más intensamente.

- No digas nada más, solo abrázame.- Dijo ella mientras apoyaba su cabeza en su pecho.

 

 

                                                               8

En la parte superior de la Promenade, apoyado en una barandilla, el comandante Worf observaba como la gente paseaba. Odo ya se había marchado, dejando al klingon con la preocupación de que en cualquier momento pudiese aparecer una flota de naves jem’hadar dispuestos a borrarles del espacio. Por si fuera poco, ahora tenían a uno de ellos en la estación. Confiaba en el criterio del antiguo jefe de seguridad de la estación, pero no confiaba tanto en que el jem’hadar no se dejase dominar por sus instintos violentos, aún así, y recordando sus primeros días en la Flota Estelar, se mercería al menos el beneficio de la duda. Tomó nota mental de que debía programar simulacros para un posible ataque y doblar el personal de seguridad por la estación.

- ¿En que piensa, comandante?- Dijo el doctor Bashir.

- Repasaba los últimos acontecimientos y pensaba en posibles planes de acción. Tenemos que estar preparados para cualquier posible eventualidad, doctor.

- Claro ¿Qué opina de los nuevos tripulantes?

- Mmmm es pronto para una evaluación, sin embargo, creo que en cuento se integren, serán gente muy valida para esta estación y para la Defiant.- Comentó el klingon.

- Supongo que sabe que Ezri estará en la Enterprise.

Worf pareció perturbado por la mención del nombre de Ezri durante un momento.

- Encajara muy bien en la tripulación de la Enterprise, y sin duda sustituirá con acierto a la consejera Troi.- Dijo Worf.- Me extrañó que no pidiese el traslado para estar junto a ella.

- Ya no estamos juntos.-  Ahora el que parecía incomodo con la conversación era el doctor.

- No… Lo sabía.

Cuando Ezri comenzó una relación con el doctor Bashir, se sintió mal. Ezri llevaba dentro al simbionte Dax, parte de la esencia, de la conciencia y la personalidad de su esposa fallecida estaba dentro de ella, sin embargo, Ezri no era del todo Jadzia, además de que los trill tenían leyes que le impedían volver a relacionarse con personas que amaron en anteriores vidas. Por lo que una relación entre ellos era imposible. En ese momento, centró su rencor hacía el doctor, pensando en que él se había aprovechado de todo ello para estar con Dax, ya que no pudo estar con Jadzia.

Ese rencor ya era cosa del pasado. Su esposa estaba muerta y Ezri Dax tenía todo el derecho a vivir su vida.

- Miré, Kira con el nuevo jefe de seguridad.- Interrumpió Bashir, quizás para poder cambiar de tema de conversación.

Los dos miraron como el fornido soldado jem’hadar caminaban por la Promenade.

- No me lo puedo creer, Kira lo lleva a Quark’s. Pagaría por ver la cara que se le queda a Quark al ver aparecer a un jem’hadar por la puerta de su bar.- Y tras decir esto el doctor comenzó a reír.

Hasta Worf se contagió de la risa del doctor y empezó a reír en ruidosas carcajadas.

Próximo número: Una historia protagonizada por el embajador Spock y el almirante Leonard Mccoy.

1)      La " espada tradicional del honor " preferida por los guerreros de klingon peritos en los artes marciales con esta arma. Es una especie de espada larga y formada como doble-semicírculo con cuatro puntas (que se asemejan a una cimitarra de forma semicircular), se transporta el bat'leth a lo largo del interior del brazo y manejado usando dos asaderas en el borde exterior del arma. Un bat'leth moderno tiene típicamente 116 centímetros de largo y pesa 5,3 kilogramos, y se compone del metal  baakonite.

2)      Kahless, el gran guerrero que unió al Imperio  hace aproximadamente 1500 años. Cuenta la leyenda que el mesiánico Kahless había luchado con el tirano Molor, quien fue muerto con el primer Bat'leth o la espada del honor. Los guerreros Klingons a menudo rezan a Kahless antes de una batalla.

3)      Jadzia Dax, oficial científico de la espacio Profundo Nueve. Jadzia era una trill, los trill se unen simbióticamente con un huésped, el huésped mantiene la memoria y la personalidad de todas sus encarnaciones.

4)      Lugar mitológico donde los guerreros muertos con honor van luego de morir. Se menciona que cuando un Klingon muere honorablemente sus compañeros de combate abren sus ojos y emiten un fuerte gruñido avisando que un guerrero klingon va en camino. Éste entrará en Sto'vo'kor y permanerá por siempre al lado de Kahless.

5)      Ezri es el siguiente huésped del simbionte Dax.

6)      Benjamín Sisko, primero comandante y después capitán de la Espacio Profundo Nueve. Tras contactar con los creadores del agujero de gusano, los bajoranos lo llamaron el emisario, creyendo que era el emisario de los profetas, sus dioses.

7)      En la 5 temporada de la serie de Star Trek la Nueva Generación.

8)      Y tanto, como que es el creador del HMA, el holograma médico de emergencia, y por extensión del Doctor de Star Trek Voyager.

9)      En la serie de Star Trek Stealth de AT.

10)  Almirante James Leonard Akaar:
Akaar era el líder hereditario de las diez tribus del planeta Cappella IV, y llamado James Leonard por quienes salvaron su vida y la de su madre: James T. Kirk y Leonard Mccoy. Tras un golpe de estado en su planeta, Akaar se exilio en la Federación.Sirvió como jefe de seguridad en la Uss Excelsior al mando del capitán Sulu, donde coincidió con Tuvok, a quien tendría a su mando años después en la USS Wyoming. Fue uno de los promotores de que Bajor entrase finalmente en la Federación. Aunque tiene alma de guerrero, también se le conoce como un gran negociador
.

11)  Agujero de gusano (distorsión espacio temporal que comunica lugares alejados entre si), al cruzar el agujero de gusano  se puede cruzar desde el Cuadrante de la Federación(cuadrante alpha) hasta el remoto e inexplorado Cuadrante Gamma(sin el agujero de gusano se tardarían 70 años en cruzar esa distancia). Este agujero de gusano es el único estable conocido.

12)  El Dominion es una fuerza procedente del cuadrante gamma y compuesta por los Fundadores, los Vorta y el brazo armado del Dominion: Los Jem’Hadar. Debido a las interferencias de la Federación en el cuadrante Gamma decidieron tomar cartas en el asunto y intentar dominar el cuadrante Alpha(donde se encuentra la Federación y imperios como el Klingon y el Romulano entre otros)

13)  Odo, antiguo jefe de seguridad de la estación y compañero de ambos. Es miembro de la raza de los fundadores, pesé a ello, luchó contra ellos en la guerra del Dominion. Como todos los fundadores, es un multiforme, pudiendo adoptar cualquier forma.

14)   La guerra del Dominion, que se desarrolló desde la temporada 2 a la 7 de la serie de Tv de Star Trek Espacio Profundo Nueve.

15)  El gran vínculo es un lugar donde los fundadores regresan a su forma liquida original y se funden, mezclando sus esencias y sus mentes.

16)  Mutante, cambiante, metamorpho, muchas maneras diferentes de llamar a un fundador.