” Explora todos los rincones del mayor universo de ciencia ficción de todos los tiempos, su pasado, presente y su futuro.

Bienvenido al mañana...”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Universe

Escrito por Luis Capote.

Dos historias cortas realizadas por este autor.

La Última Cacería

Lo había rastreado durante varias semanas. Esta vez no escaparía. Demasiado tiempo había pasado desde la última vez en que había tenido a su adversario al alcance de sus armas. Por fin, había localizado una estación de seguimiento operativa, con la cual había rastreado a Lokai, pues tal era el nombre de su adversario, cerca del ecuador. Encontrar un transporte terrestre funcional había sido misión casi imposible. El abandono de la civilización era ya patente, y casi había sucumbido en tres ocasiones, a los ataques de fieras salvajes que, cada vez tenían más lejano el recuerdo de que debían mantenerse alejadas de las ciudades y, consecuentemente, se volvían más osadas. El medio negro pagaría también por eso.

El consejero Bele hizo aterrizar su transporte tras unas colinas, fuera de la vista de la ciudad de la que procedía la señal de Lokai. Con sumo cuidado, ocultó el vehículo y aprestó sus armas. Normalmente, alguien como él no utilizaría instrumentos tan bastos, pero los milenios de persecución lo habían vuelto, muy a su pesar, inseguro. Él, que se mostraba siempre orgulloso de sus orígenes y posición, no había sido capaz de doblegar a aquel ser inferior, que había corrido de planeta en planeta, buscando aliados para su perversa rebelión, forzándole a actuar muchas veces con violencia, llegando a la comisión de actos de piratería, como cuando, no ha mucho, había secuestrado a aquella nave de la Federación, la Enterprise, para llevar por fin a Lokai a la justicia. A eso se veía reducido, a la condición de bucanero estelar. El medio negro pagaría también por eso.

Esperó a que la estrella rectora de su mundo se ocultara y avanzó, siguiendo un camino paralelo a la vieja y ya casi borrada ruta de entrada a la ciudad. No pudo evitar pararse un instante para contemplar la ruina en la que se había convertido aquella urbe. Siempre había hablado con su esposa de visitarla, en otro tiempo y otro lugar que cada vez estaban más borrosos en su memoria. Luego se convirtió en un asentamiento para los otros, los primeros conflictos... Creía que podría disfrutar de la larga vida de su raza y de su posición, pero ellos se lo arrebataron... Él siempre se había preciado de ser abierto y progresista, de manera que apoyó la política de asentamientos de los medio negros en sus propias ciudades. Una pequeña concesión en nombre de la concordia, habían sido sus palabras. Aunque supusiera perder una maravilla como la que había sido aquella hermosa urbe. Las palabras se le atragantaron. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo y borrarlas, pero no podía. El medio negro pagaría también por eso.

El domo de energía que recubría la ciudad por las noches ya no estaba, así que pudo introducirse en las callejuelas exteriores y avanzar hacia el centro, al origen de la señal. Sus pasos se hicieron más cautos. Evitó transitar por las zonas de mayor penumbra, donde acechaban los predadores nocturnos. Al doblar una esquina, lo vio: allí estaba Lokai. Dormitaba, apoyado en la pared de un edificio derruido. A su lado reposaban sus escasos enseres. Por un momento estuvo a punto de gritar, pero sosegó sus nervios y avanzó un poco más. Pronto todo habría terminado. La muerte de Lokai marcaría el fin de los medio negros y él quedaría como único habitante de su mundo natal. Cumpliría la misión encargada diez milenios antes por unos gobernantes fenecidos largo tiempo ha. Tales eran sus pensamientos cuando apuntó con una de sus armas a la cabeza de su dormido adversario. Acarició el disparador y flexionó las piernas para hincar una rodilla en tierra. Al hacerlo, sus pies resbalaron y derrapó, asumiendo la posición deseada. Sin embargo, el ruido despertó a Lokai. Disparó, pero su enemigo había logrado alzar un campo mental que le permitió desviar el tiro. La última cacería volvía a empezar otra vez, y el medio negro pagaría también por eso.

Cuento para dormir

- Papi ¿me contarás un cuento para dormir?

- Claro que sí, pequeña ¿Cuál quieres que te lea?

- Oh, papi. No quiero que me leas. Ya soy mayor y sé leer muy bien. Cuéntame uno de los tuyos. El de los caballeros del rey, porfa.

-Cielos ¡pero si ya te lo sabes de memoria!-contestó el padre con una amplia sonrisa- Te lo he contado muchísimas veces.

- No me importa. Es mi preferido. Y además, tú lo cuentas muy bien.

- Bueeeeeno - respondió el padre, halagado por el comentario de la pequeña - Érase que se era un grupo de caballeros que, bajo el mando de un valiente capitán, cumplían las órdenes de su rey, de viajar por países muy lejanos...

- ¿Muy, muy lejanos? - inquirió la pequeña, pese a que conocía de sobras la respuesta.

- ¡Mucho! - Viajaban por tierras que estaban más allá del horizonte del cielo, llenas de misterio y de peligros. Pero el capitán era muy valiente y - su firme tono de voz vaciló levemente - sus caballeros siempre salían bien parados de mil y una aventuras.

- El capitán era muy querido ¿verdad, papi?

- Claro que sí, pequeña. Todos le querían mucho. Especialmente sus mejores amigos, el brujo blanco y el hechicero rojo... los tres eran grandes camaradas, aunque los dos magos discutían constantemente para demostrar cual de sus habilidades mágicas era la mejor. En el fondo, también se estimaban mucho, aunque no lo demostraran.

- Pero no eran los únicos soldados del rey ¿verdad, papá?

- No, mi amor. Había muchos, y el capitán recordaba siempre sus nombres y ellos confiaban en él como en un padre y un amigo. Cada uno desempeñaba una misión: estaba el hábil herrero escocés, a quien nadie superaba en la forja de las armas y armaduras; la barda de piel oscura, cuya voz alcanzaba a los más remotos confines del mundo conocido; el joven cosaco, siempre dispuesto a salir en defensa de sus amigos...

- Pero papi, te has olvidado de mencionar al más importante, al mosquetero. Ya sabes que es mi preferido.

- ¡Qué impaciente eres! - dijo el padre mientras acariciaba la mejilla de la niña - Además - dijo para pincharla un poco - el mosquetero no era tan importante...

- ¡Sí que lo era! - chilló contrariada - ¡Siempre intentas cambiar el cuento en esta parte! Eso se llama mentir y mami y tú me habéis dicho muchas veces que hay que decir siempre la verdad.

- ¡Perdona, perdona! A veces me olvido, pequeña mía...

- ¡Eres un tramposo! ¡Si vuelves a hacerlo me enfadaré contigo y no te querré más! ¡Cuando sea mayor seré mosquetero también!

- No lo haré más - sonrió el padre, mientras volvía la cabeza para que su hija no lo viera reír- Todos eran muy valientes y se distinguieron en la lucha contra los enemigos de su rey: las malvadas águilas, el viejo emperador y sus guerreros, los feroces luchadores con escamas en el pecho...

El hombre miró a su hija. Estaba profundamente dormida. Siempre le sorprendía esa capacidad que tenía la pequeña para albergar tanta vitalidad un momento y quedarse sin ella al siguiente. La contempló durante un largo rato y besándola en la frente, la arropó.

- Que tus sueños sean dulces, mi pequeña Demora - dijo susurrándole al oído y besándola en la mejilla. Apagó la luz y dejó la puerta entreabierta, como hacía todas las noches.

Notas del Autor:

La trama de la última caceria tiene una explicación muy especial. Se trata de retomar a los dos personajes que aparecían en el episodio de la tercera temporada de la Serie Original.  Que este sea su último campo de batalla, que puede contarse entre los mejores de una serie que en esta etapa final tuvo bastante altibajos. Se trataba de un alegato sobre el racismo y el apartheid con bastante mala leche, pero muy adecuado para unos tiempos en los que la situación de los afroamericanos y, por extensión, de muchos no blancos, anglosajones y protestantes en determinados estados de la Unión, no parecía tan distinta de lo que sucedía en la Sudáfrica de Pieter Botha y compañía en los ochenta. Los habitantes de Cherón, el planeta donde se desarrolla la persecución, está habitado por humanoides que son medio blancos y medio negros. Lokai es un medio negro, porque su mitad diestra lo es; Bele es un medio blanco por idénticas razones. El segundo pertenece a la élite gobernante de Cherón, en tanto que el primero es un rebelde que se niega a aceptar la situación discriminadora e intenta una y otra vez sublevar a sus conciudadanos, huyendo del planeta para buscar aliados en su causa. Bele recibe la orden de perseguirle y lleva a cabo esa tarea durante diez mil años. Cuando por fin se encuentra con su adversario a bordo del Enterprise y consigue desviar la nave hacia su planeta, perseguidor y perseguido descubren que la guerra civil ha exterminado a todos sus congéneres, pero deciden continuar con el conflicto. Como curiosidad, el personaje de Bele estaba interpretado por el actor Frank Gorshin, recientemente fallecido y mucho más popular por su papel de Edward Nigma, el Acertijo, en la serie sesentera de Batman.

Cuento para Dormir va dedicado a los friquis... digo, triquis, digooo, trekkers, que alguno hay en la sala, con el fin de que adivinen quién o quiénes son los protagonista de la historia. El nombre de la niña es una buena pista, así que el del padre no presentará muchos problemas.