Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Universe
REINAR EN EL INFIERNO Parte3
Escrito por Sikileia / Portada: Chee Yang Ong
CAP 6 EL SEÑOR DE LA GUERRA
Esa noche, Khan Noonien Singh, rememoró en forma de pesadilla las Guerras Eugenésicas cuando siendo Señor de la Guerra devastó importantes ciudades a su paso, dejando un rastro de muerte y destrucción.
Corría el año 1995 en el Valle del Swat, Pakistán.
Siendo ya uno de los importantes señores de la guerra en Asia le presentaron a una cordada de prisioneros con las cabezas cubiertas con sacos negros frente a él y con la pluma de pavo real de su cetro iba señalando los que llevaban a fusilar, o a torturar o se convertían en esclavos. Éste era el eterno drama de las guerras y los vencidos.
Entonces mientras los soldados se llevaban a los que iban a fusilar a los por él condenados al azar, se levantó y de dirigió con sus soldados al lugar de la ejecución.
Un oficial corpulento y de aspecto asiático ordenó levantar el arma y abrir fuego contra los pobres e injustamente condenados.
Uno a uno cayó bajo el fragor de las balas hasta quedar completamente inertes en el suelo. Entonces, Khan se acercó a los cuerpos sin vida de los fusilados y uno a uno fue destapando la capucha negra que cubría las cabezas.
De repente, fue cuando vio entre los caídos a dos mujeres fusiladas con la cara de horror y los ojos abiertos e inertes y se echó atrás horrorizado.
¡Eran su madre, Sarina Kaur y su amada esposa, Marla McGuivers!
Gritó como un poseso.
Levantado y sudoroso gritaba el nombre de su madre y de Marla. Entonces en ese momento llegó su asistente Otto con una especie de espada en la mano.
-¿Estás bien?
-Si, tranquilo, Otto… ha sido una pesadilla. No ha pasado nada.
*****
Furtivamente y al amparo de la oscuridad una figura femenina se acercó hasta donde estaba la convaleciente Marla McGuivers. Tenía un bisturí de factura terrestre que puso en la manga derecha de la esposa de Khan mientras le susurraba lo siguiente.
-¡Matarás a tu esposo, Khan Noonien Sing cuando dé una palmada al aire! ¡Asegúrate de clavársela bien honda en el corazón!
Marla gruñó un poco entre sueños y cambiando de postura en la cama volvió a recuperar el sueño profundo.
*****
Khan fue el primero en entrar en el dispensario para ver a su esposa y su retoño. Marla estaba apoyada en una almohada. Parecía estar un poco más recuperada.
-¿Recuerdas el cuadro que te hice… amor… a bordo de mi antigua nave? Halima… tráelo, por favor… y dáselo.
Khan recibió el dibujo de manos de la enfermera y lo miró lentamente. Estaba representado a sí mismo con los atributos de un maharajá oriental, con su turbante y su pluma de pavo real y una túnica de rica seda.
-Siempre te idealicé así, Khan, siempre para mí tendrás esa imagen de realeza y de exotismo como en el primer día en el que te conocí…
Se oyó una palmada desde una sala contigua.
Un dolor la hizo estremecer y cerrar los ojos…
-¡¡Aaaahhhh!!
-¡Marla! ¡Noooo!
-Siento que es hora de que digas adiós a este mundo, amor mío…ha sido… tan épico… tan romántico… -dijo cambiando el tono de su voz y sacando el bisturí de su manga derecha. Se abalanzó sobre su esposo arma en mano. –Pero tú no puedes ser el líder de los super-humanos si sigues con esa ‘inferior’.
Khan la agarró fuertemente del brazo derecho hasta que el bisturí cayó al suelo. Entonces Marla le dio un codazo con su brazo libre y agarró de nuevo el arma.
-No puedo matarte… Khan… No puedo hacerlo…
Entonces cogiendo el bisturí se lo clavó a si misma en el pecho.
-¡Aaaaah!! –dijo cayendo de rodillas. -Es lo mejor que puedo hacer por ti… ¿Porque… he querido… matarte?
-¡¡Noooo, amor mío!! ¿Qué te has hecho?
-Alguien… me ha usado para asesinarte…
Entonces el doctor Klein vino corriendo y examinó la herida del bisturí.
-Khan, no puedo hacer nada, la herida le ha perforado el pulmón y la vena cariótida.
Marla poco a poco perdía la consciencia en brazos de su amado.
-Te quiero, Marla… Tú has sido la única cosa hermosa que han visto mis ojos en este Infierno de planeta ¿Lo sabes? –Afirmó Khan entre lágrimas.
-Has reinado libre en este infierno… Ahora te espera… tu camino… Te quiero, amor mío… Nos veremos pronto… Cuídame a Bahadur…
Las manos de Marla se aflojaron entre los dedos de Noonien Khan.
Marla había muerto.
Entonces, el eugenésico cayó sobre el regazo de su amada, de rodillas al borde del lecho. Y puso su cabeza a modo de almohada.
Khan Noonieng Sing se alzó y puso las manos de su amada forma de cruz sobre el pecho. Comenzó a destrozar el mobiliario del dispensario.
El doctor Klein ante esa reacción, ordenó desalojar la sala.
Entonces el asiático sacó una especie de ballesta pequeña de su bota.
-Te voy a matar, Klein… Has matado a mi esposa… Lo poco bueno que tenía en este jodido mundo. ¡Ya te lo advertí antes!
-No he sido yo… ¡Maldita sea! Tus hombres y yo mismo te hemos acompañado al destierro… Ella no ha sido la única en perecer en este mundo, Khan, casi una veintena de tus hombres han muerto a lo largo de estos años y ahora nos hemos de preparar para lo peor… ¡El Cometa!
-¿Y ese bisturí, qué… es de tu instrumental?
-Sí, pero te aseguro que no he sido yo.
-Dime quién está detrás de esto… Sé que lo sabes.
El médico hizo una señal a Khan, hacia donde estaba su retaguardia.
-Ha sido él.
-En ese momento entraban Karal y Khalil armados hasta los dientes.
-Khan Noonien Singh, -replicó con ironía Khalil -¡qué ganas tenía de ver este momento… humillado a mis pies! Ríndete , que poco tenéis que hacer tú y tu bastardo Bahadur en este planeta. YO seré a partir de ahora quien gobierne este infierno, Khan… Estás hecho prisionero… príncipe destronado.
-¡Eso nunca! -dijo Khan apuntando y disparando con su mini-ballesta.
La flecha atravesó el pecho del traidor que cayó de bruces sobre el suelo con los ojos abiertos.
Karal todavía blandía el arma, Khan se acercó y con una llave de artes marciales desarmó a la conspiradora que quedó arrodillada en el suelo.
En ese momento entraron Joaquím, Ling y Otto que la sujetaron pese a que se resistía.
- Y aquí delante de testigos, Karal…Por matar a mi esposa te condeno a que se te haga lo mismo que a ella. Que te lleven al desierto, te metan una de esas babosas cetianas en tu oreja y te dejen a tu suerte sin comida ni agua. Mi esposa te ha demostrado que es más super-humana que tú y los que os burlabais de ella. Ha dado la vida por mí… y tú me darás la tuya a cambio de tu marido.
-¡No….. Maldito tirano… Púdrete en el Infierno!
-Joaquin! ¡Otto! Aseguráos que se cumpla esto a rajatabla. Y quien no lo haga también recibirá el mismo castigo que a los traidores.
-Esa es la ley del más fuerte, Noonien…Si sobrevives… -Prosiguió el médico eugenésico. –Entonces podrás vengar a tu esposa… y vengarte de aquellos que te y nos hicieron el daño mayor: James T. Kirk
-Si… ¡eso haré! –Dijo con rabia contenida mientras se mordía el labio inferior.
Recogiendo el bisturí con el que Marla se había quitado la vida se hizo una herida y estampó su mano llena de sangre en el vestido de su esposa que yacía al lado. –Marla, juro odio eterno a mis enemigos y en especial a aquel que me quitó lo más preciado, lo más dulce… TÚ. Y si consigo salir de aquí, Kirk, te perseguiré a través de las lunas de Rigel, a través de Antares y allí donde esté tu nave. Yo descansaré hasta haber vengado mi esposa.
*****
EPÍLOGO: Tragedia y acto final.
Entonces, como un desastre anunciado en el Apocalipsis, el día de la gran hecatombe planetaria llegó al planeta vecino.
Y llegó en forma de una fuerza gravitatoria que empujó al planeta Ceti Alfa V a una órbita lejana.
Refugiados
en el interior de las cuevas, convenientemente selladas, los 54 miembros aún
supervivientes de la expedición del SS Bahía Botánica
aguardaron en su especie de Arca de Noé durante meses. Dentro pudieron sentir
los temblores tectónicos del planeta cambiado de órbita, pero las sólidas estructuras
construidas por los hombres de Khan las soportaron bien.
Los sistemas hidropónicos de cultivo y el reciclaje del agua aseguraron la supervivencia de los colonos durante casi quince más.
Pero no todos sobrevivieron tras muchos años, los rayos Berthold y en otros casos las alimañas del planeta, acabaron enfermar y matar a la mitad del grupo de Khan. Muchos de ellos presentaban síntomas de parálisis y pérdida de la capacidad motora. Para ellos diseñó prótesis y artilugios para permitir la movilidad de los miembros atrofiados.
15 años después, los sensores telemétricos indicaron una estabilización planetaria de temperaturas y placas tectónicas. Sin embargo, había una fuerte racha de temporal y las temperaturas habían bajado considerablemente al alejarse el planeta de su órbita solar.
La capa de ozono había desaparecido y entraban por doquier las radiaciones Berthold y ultravioletas a la superficie del planeta.
A la sazón, Khan y varios de sus hombres fueron los primeros en salir a explorar el mundo post-catastrófico que les aguardaba.
El líder eugenésico diseñó para ellos una vestimenta y un equipamiento antiradiaciones que consistía en un antifaz especial y protecciones para las manos y como complemento llevaban un mono espacial.
Entonces abrió la puerta que comunicaba con el mundo exterior, un poco de polvo desértico penetró al interior de la cueva. A su lado, un joven Bahadur, acompañaba a su padre en su primera salida porque Khan pensaba que sólo uno podría hacerse un hombre si conocía y sabía hacer frente a la furia de los elementos que le esperaba.
Era como la antigua disciplina espartana o un rito de entrada al mundo de los adultos, pero trasladada al futuro.
El paisaje era desolador, aquello parecía la superficie de Marte, el sol estaba oculto detrás de una polvareda roja.
Khan miró los índices de rayos ultravioletas y berthold, eran mucho más altos de lo que podía soportar un humano común, pero no un eugenésico.
Y entonces allí los vio, en medio de la niebla enrojecida por el polvo en suspensión del suelo planetario. Dos figuras humanas exploraban el planeta. Y allí al acecho desde detrás de unas rocas los vigilaba.
Nada hacía presagiar lo que vendría después y que un capítulo épico para la vida de Khan se habría de iniciar.
Continuó en Star Trek II: La Ira de Khan…