”Explora todos los rincones del mayor universo de ciencia ficción de todos los tiempos, su pasado, presente y su futuro.

Bienvenido al mañana...”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Universe

Redención Parte4

Escrito por Escrito por  Diego E. Gualda

( www.joven-argentino.com.ar )

Episodio V

Marius

La casa de la calle Plummet, en New Berlin, era amplia y las ventanas miraban a los jardines de una de las más antiguas colonias humanas en la luna. Allí, el Señor Fauvok se había instalado con su hija, a la que ahora llamaba familiarmente C'Seth, en un intento un tanto desprolijo de que el nombre andoriano sonara realmente vulcano.

Ambos vivían una vida licenciosa y despreocupada, a costas del lathinium que el fugitivo Val Shan, convertido en Madik, había acumulado antes de convertirse en Fauvok. El caballero disfrutaba de sus larguísimas horas de meditación en su cuarto. La damita, adoraba los eternos paseos por los jardines, tomada del brazo de su padre. Porque la joven, que de alguna manera sospechaba que no había conexión genética alguna entre ella y Fauvok, lo sentía como su padre. Intentaba honrarlo con una lógica vulcana. Pero lo amaba con una pasión completamente andoriana.

En estos paseos por el parque, era inevitable que los oficiales de la Flota Estelar que recalaban en New Berlin repararan en la inexplicable y exótica belleza de C'Seth. La caminata por el parque implicaba que varias decenas de cabezas flotando por encima de decenas de uniformes rojos, azules y dorados, se dieran vuelta a su paso. Val Shan se sentía orgulloso. Madik temía que tanta exposición pública pudiera atraer la atención sobre ellos peligrosamente. Fauvok, en cambio, confiaba en que, quizás más pronto de lo que él hubiera querido, su hija encontraría el camino a seguir en brazos de otro hombre. En cierto sentido, tenía una amable pero amarga sensación de "misión cumplida". "He criado una gran dama", se repetía, "es hora de dejarla volar".

C'Seth no era del todo consciente de cuán atractiva era. Sin embargo, había notado que ella también estaba desarrollando ciertos gustos personales en materia de hombres. Hasta que una tarde, en una de sus caminatas, vio a Marius y sintió que la síntesis de todos sus gustos en materia de especímenes del sexo opuesto finalmente se concentraba en un solo ser.

Esa tarde, la que dio vuelta la cabeza para seguir mirando fue ella. Las miradas se cruzaron y, desde ese cruce de miradas, ya no podrían despegarse el uno del otro.

El Teniente Comandante Marius Pontmercy -hijo del famoso Capitán Pontmercy, de la USS Waterloo- era un joven y atractivo oficial de la Flota Estelar, con muy poco pelo en el pecho y demasiados ideales en la cabeza. A bordo de la USS Hugo, había patrullado la Zona Desmilitarizada que separaba a la Federación Unida de Planetas de la Unión Cardassiana durante los últimos meses y, sin quererlo del todo, había comenzado a simpatizar con la causa Maqui.

"La tierra debe ser de quién la cultiva", se repetía para sí mismo permanentemente, como si hubiera descubierto la pólvora, la penicilina o la propulsión warp. Pero, en el fondo, más allá de una cierta filiación política con los Maquis, más allá de los ideales, se sentía tremendamente atraído -justamente él, un chico formal y correcto, de una familia tradicional de exploradores del espacio, entrenado en la Flota Estelar- por el romanticismo de la cruzada. Veía a los Maquis no tanto como una banda de forajidos y terroristas descastados, sino como una legión de héroes que luchaban por la libertad.

En muchos aspectos, tenía razón. En muchos otros, se equivocaba tremendamente. De todos modos, no había tenido el valor para abandonar su vida, para romper el molde que la tradición familiar le había impuesto, y unirse a los Maquis. Hasta que conoció a C'Seth.

Cuando Fauvok vio la cara del temible Gul J'Vert en las noticias, sintió que iba a desmayarse. Y se lo veía tan sonriente, con esa mueca cínica, tan típica de los dictadores, saludando a un montón de Almirantes de la Flota Estelar, que no pudo evitar que una sensación gélida le recorriera cada hueso.

Hacía ya un tiempo considerable que los Maquis asentados en la Zona Desmilitarizada se habían vuelto quizás no exactamente una amenaza, pero por lo menos una molestia, tanto para la Federación como para Cardassia. Las bajas empezaban a contarse en cantidades considerables, tanto del lado carddie, como entre la flota, que aún intentaba superar el duelo de la reciente desaparición de la USS Voyager, que se extraviara, justamente, tratando de cazar una nave Maqui. Una cooperación entre ambas partes para eliminar a los Maquis hubiera sido una utopía sangrienta y los más conservadores dentro de la Federación jamás lo habrían aceptado. Pero un fluido intercambio de información podía ser beneficioso para todos... salvo para los Maquis, por supuesto. Exactamente eso fue lo que llevó al Gul J'Vert a visitar la Tierra y entrevistarse con el almirantazgo.

Para Fauvok, que vivía una vida relajada en la colonia lunar, la amenaza más directa a su fachada, a ser descubierto como Val Shan, el prófugo bajorano, estaba demasiado cerca.

El Café del ABC era un pequeño e íntimo -y, por lo tanto, muy mal iluminado- bar de estilo parisino en Greenwich, el barrio más bohemio de New Berlin. En el ABC se daban cita universitarios, artistas, exploradores e intelectuales de distintas especies y calañas. En sus mesas se debatía política interestelar, ideología social, historia de las civilizaciones, tendencias artísticas y mil temas más de esos que estimulan el alma, ejercitan la mente y contribuyen tan poco a cuestiones prácticas.

Marius, como todo un romántico, era cliente frecuente del ABC y, cada vez que su comisión con la Flota Estelar lo llevaba a la luna, no perdía la oportunidad de tomar un Calypso y reencontrarse con viejas amistades. C'Seth, en cambio, de una extracción social notablemente más humilde, y criada en el bajísimo perfil de los fugitivos, jamás había visitado el café parisino. Hasta que un día, el Teniente Comandante Pontmercy, ese muchacho cuyo nombre ni siquiera sabía, al que sólo tenía grabado en sus sueños a fuerza de cruzarse "accidentalmente" en los jardines e intercambiar miradas, le deslizó furtivamente una nota con las tres letras: ABC.

A C'Seth le tomó un tiempo entender qué significaba el mensaje. Pero, en cuanto lo supo -LCARS mediante- no lo dudó. Inventó una excusa inverosímil, que por cierto Fauvok no creyó, y se fue inmediatamente al encuentro de su príncipe azul.

- Marius Pontmercy - dijo una voz al oído de C'Seth.

- ¿Cómo? - preguntó ella desconcertada, al tiempo que se daba vuelta para quedar frente a su interlocutor. Era él.

- Teniente Comandante Marius Pontmercy, oficial táctico de la USS Hugo, un placer conocerla, Mademoiselle - se explayó el caballero al tiempo que le besaba la mano - Pero aún no sé su nombre.

- Mi nombre es C'Seth - respondió sonrojándose como la niña que en el fondo era.

- Tu nombre suena a poesía, C'Seth... Simplemente, no sé más que decir.

- Entonces, no digas nada.

Marius y C'Seth abandonaron rápidamente el Café del ABC y se dedicaron a una larga caminata por el parque. De esa caminata, de esa eterno y empalagosa conversación, nacería una devoción mutua tan romántica que era prácticamente enfermiza. Después de aquel encuentro, sabrían los dos perfectamente que nunca más podrían volver a separarse.

Mientras tanto, en el bar, un trill joven y apuesto llamado Enjoll Rex recibía la noticia de la llegada del temible Gul J'Vert a la tierra y planeaba una rápida huída.

Continuará